miércoles, 19 de julio de 2023

Colisiones

 


Pues vamos a darle una vuelta a la Galería de Colecciones Reales, ya visitada, como prometíamos en la pasada entrada. La repetición obsesiva está en la base de este soberbio museo que al fin podemos disfrutar en Madrid. Empecemos, si te parece, por el exterior por aquello de dejar lo mejor para el final. 

Si te sientas en uno de los bancos del Campo del Moro que miran a la fachada y le dedicas cinco mínimos minutos acabarás rayado, nunca mejor dicho. Esa interminable sucesión de columnas (?) y huecos, ese acantilado pautado que pareciera diseñado por un matemático insomne, perturba los sentidos especialmente visto de cerca. Además, tiene su truco. Lo que desde la M-30 nos parecía una sucesión idéntica de columnas y vanos tiene en realidad sutiles variantes: la fachada está dividida en cinco partes longitudinales que varían la altura de las columnas y la disposición vano-columna. Si te digo la verdad, pues mira me sobra tanta columna. Igual no es casual que las primeras piezas que se instalaron en la galería fueron cuatro señoras columnas salomónicas de Churriguera de 6 metros de alto que colisionan con los interiores rectilíneos de las salas, más adelante hablaremos de otras interesantes fricciones (acaso la galería es tanto de colisiones como de colecciones: la más impactante quizá el pedazo susto que te llevas cuando, subiendo la Cuesta de la Vega, te topas con el empalme imposible entre el edificio de Tuñón y Mansilla y la Almudena: el flamante museo mira al Palacio Real pero pasa olímpicamente de la catedral como no podía ser de otra manera). Volviendo a la columnata, me da que la modernidad no ha digerido bien este elemento clásico, vamos que no sabe muy bien cómo reconfigurarlo para que no quede rancio. Moneo nos coloca unas anémicas en Logroño (como Chipperfield en Berlín), pero las sobredimensiona hasta casi lo grotesco en el aeropuerto de Sevilla (las que coloca, en ladrillo, sobre la fachada que envuelve al claustro de los Jerónimos en El Prado también son para echarles de comer aparte). No hablaremos de las columnas posmo, un muestrario de las cuales se mostró en plan freak parade en aquella Strada Novissima de la primera Bienal de Venecia. Habrá, seguro, unas cuantas muy buenas excepciones (como la sede de Johnson de Wright) pero como comprenderás nosotros las desconocemos así que ahí lo dejo (como ves, la condición de simple aficionado nos permite tirar la piedra y esconder la mano. Penoso).  

Siguiendo con comentarios personales, from lost to the river, habría preferido que Tuñón y Mansilla hubieran replicado para la fachada su museo de Zamora o Castellón o se hubieran marcado un siza o un navarro baldeweg (uno de los profesores que, junto a Moneo, más les influyó): esto es, dejarse de historias (nunca, de nuevo, mejor dicho) y colocar un paralelepípedo brutal apenas horadado por tres o cuatro potentes huecos rectangulares tipo Gobierno Civil de Tarragona (¿el mejor edificio moderno de España?) de Alejandro de la Sota, el arquitecto que quedara prendado por aquel comentario de Coderch sobre la belleza calva (e hipnótica) de Nefertiti, o sea, la renuncia tajante a todo ornamento. Pero esta pelambrera pixelada, me digo, tiene que tener un sentido. Me pillo el Textos críticos de Tuñón en la tienda del museo (junto al Maestros españoles 3 de Fernández-Galiano y un imán para la nevera con la fachada rayante) y le entro con fruición dejando el libro que me estaba leyendo a medias (¿cómo es posible adquirir un conocimiento mínimamente coherente así?). Encima lo estoy leyendo a saltos, gracias a que es una recopilación de artículos para una revista (CIRCO) que Mansilla y Tuñón editaron hasta hace pocos años. El título de uno de dichos artículos ya me da la primera pista: Geometría oculta de la memoria. Va la primera cita: "En estos escenarios de voluntades, complejos y contradictorios, el arquitecto recurre a una continua alteración del lenguaje mediante la yuxtaposición de elementos conocidos en combinaciones nuevas y diferentes de tal modo que las cosas ordinarias se presenten con un aspecto poco habitual; un proceso intelectual y cognoscitivo, en constante transformación, que se caracteriza por la identificación temporal y la proyección del sujeto sobre las cosas, ambas respuestas aprendidas como resultado de experiencias culturales personales que suelen estar ligadas a experiencias culturales colectivas". La experiencia cultural a la que aluden los arquitectos (que escribían los textos al alimón, igual que diseñaban sus edificios) es, entre otras obvio, la obra minimalista de Donald Judd, a la que dedicaron otro artículo en su revista. Su trabajo, que se basa en la creación de espacio a base de la repetición seriada de una misma forma casi ad nauseam, es evidente inspiración de la fachada que nos ocupa. Judd llegó a diseñar muebles de difícil acomodo con el mismo principio, aunque el muy salado los que utilizaba en su casa eran los mucho más ergonómicos de Aalto. 

La fractura, se nos ocurre, sería otro posible referente que habría llevado a los arquitectos a sajar su fachada con tanta saña. Nada hay más moderno que la fragmentación de la secuencia lineal, del orden clásico. Ni tan desasosegante, como lo es nuestro tiempo, que si algo nos enseñan Tuñón y Mansilla es a abrazarlo con ahínco rechazando nostalgias tóxicas. Marchando otra cita: "Si hubo un tiempo en que la arquitectura tenía algo de disminuir las tensiones, de dulcificarlas, de establecer correspondencias o acordarlas, y hubo un momento en el que esas tensiones se hacían presentes, ahora es necesario hacer presentes las fricciones en un estado aún más exagerado, convirténdose en material para ser procesado creativamente. Así, no hay solo una aceptación de las contradicciones, sino la asunción optimista de esas fricciones como auténtico rastro del inconsciente colectivo. El verdadero material ya no son las obsesiones privadas, sino la ansiedad colectiva oculta". Byung-Chul Han habla de la "sacralización de lo pulido" en La salvación de lo bello, renegando de una belleza despojada de toda contradicción (o colisión) que al cabo es la que logra conmovernos y conducirnos a la reflexión. Esta modernidad por tanto no aspira, como la de Mies, a suturar las heridas del caos (acaso porque el nuestro es un caos más llevadero), sino a mostrar sus cicatrices sin pudor, exponiéndolas, con un punto sádico, en medio de un entorno aparentemente ordenado para que resalten aún más: "Es dentro de lo uniforme, de la continuidad, dentro de la repetición, donde cobra interés la excepción y la discontinuidad". En Mansilla y Tuñón el orden se anhela y se refleja pero siempre dejando entrever que es una batalla perdida (un poco lo que le ha pasado a Marie Kondo, la gurú japonesa del orden que ha tirado recientemente la toalla al tener un tercer hijo: cuando se le hagan adolescentes se arrojará a las vías del tren bala); la entropía, admitámoslo, siempre gana: "El globo es una esfera amnésica, donde la entropía impone su ley testaruda, arruinando la construcción, descomponiendo la materia y borrando los rastros, que en un parpadeo del tiempo geológico se habrán desvanecido como un rastro de humo", no son los arquitectos madrileños los que aquí hablan sino Luis Fernández-Galiano en el final del discurso que dio con ocasión de su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando allá por 2012 (Arquitectura y vida, el arte en mutación). 

Es posible buscar una posible metáfora más en esta fachada tan insospechadamente metafísica y en sus sistemáticos surcos. Es seguramente la más bella. Su origen es la naturaleza, a la que Mansilla y Tuñón aspiran, como tantos otros, a replicar sin ocultar su condición de artificio. En los 90, cuando ambos arquitectos se desplazaban cada semana a Zamora y León desde Madrid para trabajar en sus primeros edificios en solitario tras trabajar diez años en el despacho de Moneo, contemplaban con atención los campos castellanos, arados en ordenados surcos que desventraban la tierra con precisión milenaria: "Cuando bajábamos la vista y observábamos esos inmensos campos arados con su orden tan estricto dentro -la distancia entre un surco y otro- y (...) su perímetro desordenado -pequeño, grande, recto, irregular- y allí había vida, tanta vida, nosotros nos preguntábamos... ¿se podría hacer un edificio así? Y quizás ahí empezó todo; y el resto son solo palabras..." . 

Vamos cerrando, siempre agradeciendo tu paciencia, otro día seguimos (ya te adelanto que la fragmentación sigue en el interior de la galería, con sus pros y contras). Acabo de nuevo con Emily Dickinson, acaso la primera poetisa moderna (T.S. Eliot mostró gran interés por la reclusa de Amherst viendo en ella su misma pulsión por fracturar el orden, por romper la sintaxis creando una poesía minimalista de endiablada sencillez): "La Magia mayor es Geometría / Para el espíritu del mago - / Sus actos comunes, proezas / Para pensar la humanidad -." 


domingo, 2 de julio de 2023

En ocasiones veo a Rossi

 


Pues como sin duda has adivinado, el edificio del que hablábamos en la pasada entrada es el museo de arte contemporáneo Helga Alvear en Cáceres de Emilio Tuñón, que visité como aperitivo del megamuseo que el mismo arquitecto diseñó junto al desparecido Mansilla y estos días se acaba de estrenar en Madrid, la Galería de las Colecciones Reales tras más de 25 años de gestación, 170 millones de euros invertidos y con 40.000 metros cuadrados de espacio expositivo (prácticamente el mismo que El Prado). Un edificio que se encaja en el zócalo de la famosa Cornisa donde se encuentran el Palacio Real y la catedral de la Almudena, subsumido moneísticamente entre ambos, pudiéndose decir -ojo que se viene ocurrencia- que lo mismo que el gimnasio del Colegio Maravillas nos maravilló por su cercha habitada, la galería podría calificarse como una suerte de monumental zapata visitable. De todas formas para mí que la tal Cornisa no tiene arreglo, principalmente por culpa de la catedral de la Almudena, que siempre nos pareció un pastiche insufrible. Sé que mi opinión no vale un pimiento, pero si no lo digo reviento. Tras pareada parida, diremos como conclusión de párrafo que hoy no toca hablar de la galería, tras la próxima visita que le hagamos amenazo quizá con algún comentario más. Pero sí que seguiremos con Tuñón, siempre por supuesto con tu permiso.  

El reciente premio nacional de arquitectura, que últimamente nos tenía acostumbrados a proyectos exquisitos pero de escala más bien reducida, ganó hace algunas semanas un concurso de calado en Maastricht (la ciudad del tratado, otro más ¿será porque Holanda es la bisagra de Europa?) junto al estudio belga Dhoore Vanweert. Las imágenes, rénderes obviamente como el que abre nuestra entrada hoy, nos muestran un potente complejo que alcanzará los 40.000 metros construidos (como la Galería madrileña, por cierto); aquí tienes más fotos. El tejado a doble vertiente que los poderosos edificios lucen hacen referencia a la arquitectura vernácula neerlandesa, que otros arquitectos han replicado quizá con menos éxito (Dhoore Vanweert, el estudio que como te decía trabajará junto a Tuñón, proyectó en 2015 un complejo parecido, con tejados aún más puntiagudos, en Hasselt). En La Haya sin ir más lejos, esa ciudad de bizarro pero resultón skyline, Michael Graves, arquitecto posmoderno de postín, perpetró hará ya sus tres décadas el edificio Castalia, que también luce un desaforado tejado doble a doble vertiente. Te enlazo a fotos. Lo mejor de todo es que el edificio reutilizó la estructura de una antigua torre de 1965 sobre la que se colocaron los dos capirotes penitenciales (y aguantó). Como la nueva edificación, encargada por el gobierno holandés para alojar el ministerio de Sanidad, pronto se quedó pequeña, el arquitecto local Sjoerd Soeters -apropiadamente posmoderno también- le adosó otra monumental construcción a base de slabs de ladrillo que en una de sus fachadas lleva inserto en alumnio la silueta del edificio Chrysler neoyorquino, a saber a ton de qué (los 90 eran así), aquí tienes más información y fotos del propio estudio, que desde 2016 se denomina PPHP, acrónimo de Pleasant Places Happy People: "lugares agradables gente feliz", un gran lema por cierto. Como no hay dos sin tres el masterplan donde se sitúa el complejo hayense de oficinas ministeriales fue diseñado por Rob Krier (sí, el hermano de Léon) que como no podía ser de otra manera es también un posmoderno militante y en Bilbao nos dejó el edificio Artklass en la plaza Euskadi, otro pastiche infumable que dialoga a palos con los edificios de Carlos Ferrater y la torre de Iberdrola de Pelli (quien en la Haya por cierto tiene también torre singular, la Zurichtoren, apodada el exprimidor con razón). Aunque las estridencias posmo hoy nos pasmen, no deberíamos olvidar que surgen de la necesidad imperiosa de romper con el rectilíneo e impoluto aburrimiento que la modernidad más ortodoxa (la heroica) impuso sobre la práctica arquitectónica durante más de 40 años. 

Pero volvamos a Maastricht. En la ciudad donde Tuñón (junto a su nuevo socio Albornoz) dejará su impronta se encuentra el curioso museo de uno de los arquitectos que lideró dicha rebelión antimoderna. Inspirado acaso por el cohete de Méliès, el museo Bonnefanten, erigido también en los 90, se alza, divertido y burlesco (o agradable y feliz, como el lema de Soeters), dando color a una ciudad que recuerdo seria y recatada. Es de Aldo Rossi nada menos, el autor del canónico La arquitectura de la ciudad, que en España tiene el Museo del Mar en Vigo realizado con César Portela (observa sus tejados). Rossi, junto a Venturi, dinamitan la abstracción aséptica y apátrida del movimiento moderno, que a su vez hay que entender en un contexto caótico de guerras salvajes, nacionalismos tronados y utopías imposibles. El propio Mies, que escapó por los pelos de la Gestapo (el consulado alemán precisamente de La Haya le hizo in extremis un pasaporte con el que pudo huir a Estados Unidos) lo expresará palmariamente en el discurso que pronunció durante la cena de gala para celebrar su nombramiento como profesor en el Armour Institute of Technology de Chicago (donde Wright nada menos le presentaría), en noviembre de 1938: “Mi único objetivo es crear orden en la desesperante confusión de nuestros días”. Pero 30 años después la arquitectura, asfixiada por tanta ordenada abstracción, reclama una vuelta a la memoria. Y así llegamos a los capirotes de Graves. 

El posmodernismo arquitectónico, devenido caricatura risible o directamente horripilante, cayó pronto en desgracia, pero su impronta no murió. Tras el lógico impasse provocado por semejante borrachera neoclásica-pop, arquitectos de renombre supieron conjugar tradición y modernidad en complejo equilibrio ya en los primeros años del nuevo siglo (o incluso antes). Así, Herzog y de Meuron, fieles seguidores de Rossi, recuperaron el tejado a doble vertiente cuando de nuevo resultaba casi reaccionario en numerosos proyectos de gran elegancia como la casa en Leymen, la Vitrahaus o el edificio Feltrinelli en Milán, la ciudad natal de Rossi. Los bloques de Tuñón en Maastricht son sin duda herederos de esta línea de respeto al pasado sin estridencias (y sin complejos). En la misma ciudad de Maastricht tenemos un ejemplo de esta arquitectura equilibrada, moderna pero agradable, con guiños a lo vernáculo, en los edificios gubernamentales donde se firmó el tratado de adhesión al euro (el llamado Gouvernment aan de Maas) del arquitecto local Gerard Snelder, que datan de 1986, demostrando que no toda la arquitectura de los 80 y 90 cayó bajo el influjo alocado de los posmodernos más heroicos. Situado a horcajadas sobre el Mosa, el complejo gubernmental puede recordar con muchísima imaginación a una versión popular del castillo de Channonceau en el Loira. Puestos a comparar a lo loco, santo y seña de este tu blog, podemos también relacionar el complejo moseno con edificaciones similares donde el cálido ladrillo se conjuga con formas que recuerdan a arquitecturas pasadas sin renunciar como decíamos a un espíritu moderno, así la bellísima bodega Caves Raventós de Bach y Mora, curiosamente también de 1986, y donde vemos tejados de doble vertiente a destajo o los edificios de Heliodoro Dols como el complejo de Torreciudad o la Choricera junto a Curro de Inza (seguramente la única fábrica de embutido del mundo para la que se ha pedido protección patrimonial), que descubro en el libro que sigo leyendo, Arquitectura y fotografía de Bergera. Allende fronteras podríamos citar la Bristish Library en Londres de Colin St John Wilson y MJ Long (que bien podría ser de Moneo), proyecto titánico que tardó en gestarse aún más que la Galeria de Colecciones Reales madrileña. Con todo, estos tres últimos proyectos datan de los 70 (o incluso antes), con lo que más que adscribirlos a un posmodernismo "sereno" habría que ligarlos acaso a a esa modernidad "impura" y heterodoxa de la que aquí ya hemos hablado y que a su vez enlazaría, quizá, con Aalto. Llegados a este punto decir que me he metido en un jardín del que no sé muy bien cómo salir. Así que cierro párrafo sin miramientos y aquí paz (solo apuntar que tenemos un edificio bipolar en Madrid que podría aunar ambos posmodernismos, el exacerbado y el sensato: el Ruedo de Sáenz de Oiza: Rossi por fuera y Graves por dentro). 

A ver cómo concluímos semejante embrollo. Lanzo pregunta y termino: ¿Son los tejados a doble vertiente que empezamos a ver cada vez con más frecuencia (te agavillo varios en un despeine: aparte del mencionado complejo en Maastricht tendríamos este proyecto de Fujimoto, este otro de OMA para un banco en Múnich -más capirotes- o esta mini-casa de BIG) simples coincidencias o síntomas de cansancio tras los artefactos de Hadid, Gehry y compañía? ¿Acaso, como en los tiempos convulsos de Mies -pero por otras causas-, necesitamos una vuelta a las formas simples y ordenadas agotados tras las complejidades paramétricas? ¿Buscamos la sencillez de las formas primigenias, las de los juegos de construcción infantiles, porque añoramos la simplicidad en un mundo cada vez más enrevesado? ¿Tú que prefieres, el simple paralelepípedo de Adega Mayor o las convulsas formas, por seguir con bodegas, de la de Marqués de Riscal? Te dejo con dos citas contrapuestas que acaso te ayuden en tu elección: "Cualquier obra arquitectónica que no exprese serenidad es un error" (Luis Barragán); "Saber observar como extraños nos ayuda a ver como artistas. Lo que nos enajena nos inspira" (Jean Rostand). Y una más de regalo: "Si zozobra en un Banco Mental / ¿Cómo será con el Mar? / La única Nave exenta / Es la segura -Simplicidad-" (Emily Dickinson). 

sábado, 24 de junio de 2023

Marcos (y 4)

 


Desazonados por la despedida de Sálvame, necesitamos una entrada terapéutica. Menos mal que el programa seguirá en formato similar en Netflix. A la plataforma de streaming le perdonamos todo desde que adquirió a Arquia las entrevistas a señeros arquitectos moderadas por Fernández-Galiano y, ya puestos, nos ha regalado la soberbia temporada 6 de Broken Mirror (el episodio Cocodrilo tiene de protagonista a una arquitecta muy chunga). Te prometo que hoy acabo con nuestra ya cansina serie de Marcos Comparables y es que, pardiez, la ventana fantasma de Corbu me sigue persiguiendo (hoy la foto que te subo no es de Adega Mayor para no ser, si cabe, tan repetitivos, a ver si adivinas de qué se trata, va la primera pista: esa especie de bloque marrón -es acero corten- en el suelo a la derecha es obra de Richard Serra nada menos). En un libro que compré allá por Pascua en la misma ciudad donde se encuentra dicho edificio, en acaso la librería más bella de España (La puerta de Tannhäuser, sí, es una cita de Blade Runner) me topo con esto: "La multidisciplinar caracterización del paisaje contemporáneo (...) trabaja no tanto desde la formalización y composición del jardín (...), sino como una reinterpretación escenográfica  de las condiciones originarias de los ecosistemas naturales, geológicos o biológicos de referencia. La Petite Maison de Le Corbusier en el lago Leman no es una casa, es un terreno desde el que contemplar el paisaje. En una esquina del jardín, Le Corbusier quiere explícitamente construir el paisaje y en el muro, bajo un frondoso árbol, abre una oquedad. Un tablero de hormigón hace de mesa y dos sillas completan el espacio íntimo, el lugar desde el que construir el paisaje de agua y tierra. Termino, así, con tres citas. La primera es de Giacometti: 'La realidad nunca ha sido para mí un pretexto para  crear obras de arte, sino el arte un medio para darme un poco más de cuenta de lo que veo'. Walter Benjamin, por su parte, afirmaba que seremos recordados por lo que dejemos a nuestro paso. Y Fernando Pessoa apuntaba que 'lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos'" (Iñaki Bergera, Fotografía y arquitectura). Hablando de fotografía, el edificio que me tienes que adivinar expone dos fotografías que retocan digitalmente el pabellón alemán de Mies en Barcelona y son obra de Thomas Ruff, fotografías por cierto que Bergera menciona en su libro: "La fotografía, en su deriva mental, se transforma en fantasma de sí misma, un universo monocromo, virtual y onírico que en su cruzada iconoclasta rechaza lo descriptivo para reinventar nuevamente el objeto desde la memoria. No está lejos de ese empeño la serie de fotografías "L.M.V.D.R." de Thomas Ruff, realizadas por encargo sobre la obra de Mies". En el museo, al lado de las fotos, se recoge a su vez esta cita del propio Ruff: "Nuestros modelos de imagen son las imágenes que aparecen en los medios. Por esa razón mis imágenes no son representaciones de la realidad, sino que muestran una especie de segunda realidad, la imagen de la imagen". No es la única vinculación del fotógrafo germano con la arquitectura, Ruff ha trabajado con Herzog y de Meuron y de hecho su estudio en Düsseldorf, compartido con otros fotógrafos de renombre, fue rehabilitado por los suizos a partir de una estación eléctrica (¿te suena?). 




lunes, 1 de mayo de 2023

Marcos (3)

 


" - (...) A veces dices que hay un sentido irónico no sólo en tu escultura, sino también en tu arquitectura. Introduces episodios en tu obra que indican acontecimientos, casi parecen observaciones al recorrido. Propones recorridos muy claros, espacios definidos, y, de repente, aparece un hueco, digamos una ventana, donde es como si dijeras: "¡Mira!, ¡mira por aquí!". Por ejemplo, en la Facultad de Arquitectura, aquí en Oporto, en el acceso, nos encontramos con una suerte de pequeño portal exento, justo en el vértice desde el que se abre el espacio abierto del conjunto, donde unos escalones permiten asomarse, encuadran una visión panorámica... Entonces te preguntas: "¿Qué es esto?".

-De color rojo. 

-Sí, de color rojo en su interior, casi una cita de Barragán.(...)

-Es que me parece que, en arquitectura, es muy difícil mantener un equilibrio, y volvemos al tema de la continuidad y la ruptura. Un proyecto sigue una línea -y yo te hablaba de la duda en el proceso del proyecto-, que para consolidarse depende mucho de la irrupción de la duda. Esa continuidad no puede prescindir de rupturas o minirrupturas". 

Seguimos con coincidencias. Ya casi da grima esto. El sábado me acerqué a ver la exposición (también con un punto inquietante) Dioses, magos y sabios. Las colecciones privadas de los artistas, en el Caixaforum madrileño, tras la que hice la sacrosanta visita a la magnífica tienda. Allí me topé con un librito, casi un folleto, de nombre Una conversación, que recoge una entrevista informal que Juan Miguel Hernández León hizo a Álvaro Siza durante un fin de semana de noviembre de 2018. De ahí es la cita que te incluyo con pasmo y que parece responder a nuestras entradas anteriores. 

Y eso no es todo. El viernes Pet Shop Boys suben a Youtube uno de los temas de su último EP (Miracles), y observa lo que aparece. Pues sí, en el soberbio video, grabado en Lisboa, podemos ver el Pabellón del Conocimiento de Siza, edificio que representó a su país en la Expo 98 y fue marco portentoso (plagado de rupturas) de la muestra como recuerda Luis Fernández-Galiano: "Me acuerdo de la Expo 98, del escepticismo con que esperábamos la habitual cosecha de pabellones y del deslumbramiento causado por la lona de hormigón del de Portugal, sólo unos meses después de terminarse la extraordinaria iglesia de Marco de Canavezes, que nos obligó a conceder a Siza dos portadas seguidas". 

Estupefactos nos despedimos hoy. 


domingo, 16 de abril de 2023

Marcos (2)

 


Seguimos con preguntas, qué cansino. ¿Reconoces este dibujo? Pues sí, es la no-ventana de Le Corbusier en la casa de su madre que comentábamos en la entrada anterior. Sí, la que enmarcaba de manera teatral un bello paisaje suizo poniéndolo en valor (mira, léete la entrada y te enteras mejor). ¿Y sabes quién se autorretrata dibujándola? Pues el mismo arquitecto, consumado dibujante, del edificio que te traía en dicha entrada (Siza, obvio) y del que te subiré alguna foto más hoy. Igual estás pensando que estaba todo preparado, pero para qué te voy a mentir, es puro fruto de la serendipia, si me permites la pedantez. Resulta que a la vuelta de las vacaciones acompañé a mi hija a devolver un libro en la biblioteca del barrio y mientras ella elegía otro yo me di una vuelta a ver qué me encontraba (en esta misma biblioteca por cierto es donde hallé el primer libro de arquitectura que leí, uno sobre Ando). Y de pronto me veo un añejo libro con una anodina cubierta gris (y una no menos descorazonadora fotografía) de nombre Álvaro Siza. Obras e Projectos. El título, como ves, en la misma línea insustancial. La última vez que había sido prestado fue en mayo de 2019, o sea que llevaba durmiendo el sueño de los justos cuatro años casi completos (el hecho de que esté escrito en portugués tampoco lo habrá hecho muy popular imagino). A punto estuve de dejarlo en aquel anaquel para que siguiera su plácido descanso pero finalmente me lo llevé (bien hecho). Tienes una copia (usada) a la venta en Amazon por 250 dólares. 


El libro está editado por la Câmara Municipal de Matosinhos (el pueblo cercano a Oporto donde nació Siza) y el Centro Galego de Arte Contemporánea, sito por cierto en un edificio diseñado por el arquitecto portugués en Santiago. Es el catálogo de una exposición celebrada en 1996 y comisariada por entre otros Carlos Cantanheira, quien también le hace una entrevista para el libro, el nombre te sonará porque ha colaborado con Siza en sus recientes proyectos asiáticos. Contiene interesantes textos (el primero de William J.R. Curtis, curtido crítico), dibujos del arquitecto y fotos y descripciones de sus proyectos. 

Curtis hace interesantes comentarios de la obra del portugués que valen también para el proyecto que te he traído en foto aunque sea diez años posterior, la bodega Adega Mayor en Campo Maior, ciudad del Alentejo muy cercana a la Raia, la que dicen es la más antigua frontera de Europa. Comenta el crítico que la arquitectura del portugués "es a veces conducida por una ironía melancólica", que encuentra una fuente directa de inspiración en la tensión entre la antigua sabiduría vernácula y la modernización cosmopolita de la ciudad. Los edificios de Siza, prosigue, son en realidad "campos de espacio y luz que fueron insertados en la topografía", "esplanadas de acontecimientos donde perspectivas e interiores se juntan", y realiza una singular analogía en imágenes entre las plantas de Leça da Palmeira, Taliesin West y una pintura cubista de Picasso. El propio Siza habla de la "severamente controlada sensualidade das formas geométricas". En una antología de 28 textos propios, Siza, ya hablando por sí mismo, nos ofrece más comentarios jugosos. El que más me ha llamado la atención es este, escrito en 1986, en el que que parece presagiar la bodega alentejana: "Me gustaría construir en terreno abierto, en la Pampa, o en Macao, sobre los terraplenes, donde no se hable ya de centro o de periferia. Pero hay una sola caja para cada uno en estos prudentes muebles de cajas rigurosamente dimensionadas, donde mal cabe un paralelepípedo de cemento". Se da además la circunstancia de que aterros (terraplén) también puede referirise a vertedero, que es donde en realidad se asienta la bodega, un montículo artificial sellado e inútil como tierra de cultivo. Siza pudo al fin construir en Campo Maior su paralelepípedo libre, de nada menos 120 por 40 metros. También tiene su enjundia otro comentario en el que señala que le gusta diseñar en los cafés. ¿Será por eso que Rui Nabeiro, dueño de la empresa cafetera más importante de Portugal (Delta Cafés), le encargó la bodega, también perteneciente a su grupo empresarial? Nabeiro, que empezó pasando café de contrabando a España con 13 años, es oriundo de Campo Maior y nunca ha querido marcharse ni vender su empresa, fundada en 1961, aunque grandes consorcios como Nescafé o Kraft mostraron interés en adquirirla. Casi un tercio de los habitantes de la ciudad alentejana trabajan en alguna de sus 23 empresas que abarcan variopintos sectores y donde se cuidan especialmente las condiciones laborales de los trabajadores. De hecho es la única localidad de la zona que no ha perdido habitantes; Nabeiro tiene hasta estatua allí, donde fue alcalde en varias ocasiones. Decir por último que nuestro local hero falleció hace apenas un mes. 

Nos despedimos ya con una última cita (de Siza, claro): "E então reinam as cosas e as pessoas que se agitan de mais (é estranho que de un discurso deva resultar o silêncio, no sentido de serenidade o de disponibilidade -mas assim é)". Si tienes curiosidad por el libro, está en la madrileña biblioteca Elena Fortún.




viernes, 7 de abril de 2023

Marcos

 


Seguimos juguetones. A ver si me adivinas qué es esto. Parece querer enmarcar un paisaje de verdor inaudito y nos recuerda a esa ventana absurda en un muro no menos innecesario que Le Corbusier diseñó en la casa para su madre junto al lago Léman. El bello paisaje se extendía poderoso frente a la casa pero al enmarcarlo se le daba un valor casi escenográfico. Hernández Correa lo explica mucho mejor en su blog: Las montañas y el lago suizos "lo presiden todo y llega un momento en que se hacen invisibles para los habitantes de esa zona. ¿Cómo volver a darles interés? Tapándolos; y, una vez tapados, abriendo un agujero que permita mirarlos. Ya no es ver, sino mirar. Ya no es recibir pasivamente el paisaje en los ojos, sino buscarlo con la mirada, que es una cosa muy distinta". Tienes la entrada completa aquí. También puede recordar a Neutra, que igualmente gustaba de teatralizar las áridas vistas desde sus casas californianas con, no sé cómo llamarlo, una especie de pórticos que podían actuar de solemnes marcos, así en la casa Chuey. Límites porosos como las tierras mestizas donde se enclava nuestro edificio. 

Ahora diremos lo evidente, que la arquitectura enmarca nuestras vidas. Y no solo paisajes heroicos como los que aquí presentamos, sino también los cotidianos y por tanto más importantes, como nos recuerda Santiago de Molina en su último libro, La arquitectura de las pequeñas cosas, que estos días de asueto por estas acogedoras tierras leo con absoluto deleite, no solo por su esclarecedor contenido sino también por sus abundantes muestras de amor por el lenguaje, sorprendente quizá para algunos en un no-filólogo (ahí estuvo Fernández-Galiano en el congreso gaditano de la RAE). Te pongo muestra y me despido, que estoy haciendo la entrada con el móvil y esto no da para más: "Reducir la franja de la vida y la arquitectura a una zona donde no haya aparentemente lugar para "lo sublime" puede suponer para muchos una pérdida. Pero ¿quién ha dicho que no sean precisamente esas profundas llanuras de lo cotidiano las que hacen posibles otros paisajes? ¿ Quién ha dicho que no haya posibilidades de encontrar nuevos y refrescantes manantiales de sensibilidad bajo lo cotidiano? "



sábado, 25 de marzo de 2023

Prueba de agudeza visual

 


Sí, vuelve hoy una de nuestras míticas secciones en una entrada urgente y alarmada. No, no te voy a preguntar qué es esto, tenemos un nivel A1+ en temas arquitectónicos pero eso sería demasiado tirado. La idea es que te fijes en la foto a ver si ves algo raro (haz clic sobre ella para verla más grande). No sigas leyendo por favor hasta que lo hayas encontrado (o le hayas dedicado al menos un par de minutos). 

Exacto. Algo le falta a la torre escandinava de Moneo, que para mí es tan símbolo de Madrid como pueda serlo Cibeles (cada uno elige sus referentes). Siempre he pensado que esta sobria construcción  parece querer contraponerse al cercano campanile italiano erigido en 1902 (BIC desde 1992) como parte del Pabellón de hombres ilustres, aunque hoy se encuentre atrapado en el patio de un colegio dominico y sea inaccesible salvo para intrépidos alumnos y latosas palomas, de hecho Patrimonio debe realizar limpiezas regulares para liberar al monumento de no menos monumentales montañas de excrementos (de las palomas, no de los escolares).  

Pero por favor, no nos desviemos del tema. En efecto, querido lecteur, al reloj de la torre le faltan sus manecillas. Recientemente la torre de la estación (que va a sufrir por cierto una cuarta remodelación) ha estado cubierta por andamios suponemos para limpiarla de poluciones y demás suciedades provocadas por el tráfago insomne de este enclave madrileño, y ahora que los han quitado parece que se han olvidado de volver a colocar las manecillas. Dos semanas calculo que llevamos ya con el reloj de tal guisa, que muchas son ya. 

¿Es un problema administrativo? ¿Un tema de suministro? ¿Un descuido absurdo? Todo es posible pero nosotros, dados a las narrativas anómalas, buscaremos un relato alternativo que trate de demostrar que la creatividad humana aún tiene alguna oportunidad de vencer a la inteligencia artificial generativa. ¿Y si nuestros cultos próceres quisieran hacernos reflexionar? Un reloj que no marca las horas es como mínimo revolucionario. Es como si se nos estuviera conminando a una desaceleración o (e incluso y) a una desorientación libertaria auspiciadas por Byung-Chul-Han (ya sabes, ese señor que dice aquello de que "el sujeto actual del rendimiento se parece al esclavo hegeliano, si bien con el detalle de que no trabaja para el amo, sino que se explota de manera voluntaria a sí mismo"). El reloj, esa máquina excelsa convertida en símbolo de racionalidad a ultranza por los ilustrados ("el mundo ya no es un Dios, es una máquina que tiene sus ruedas, sus cuerdas, sus resortes y sus pesas", escribía Diderot) y que para Lewis Mumford era el verdadero símbolo de la Revolución Industrial más que la máquina de vapor, de nuevo no tanto por su aplicación industrial como por su significado metafórico (el capitalismo como máquina de precisos engranajes), ha regido nuestras vidas primero desde las torres de las iglesias para luego pasar a los edificios civiles, como las estaciones, donde las locomotoras, esas máquinas "de poder casi infinito" que decía Balzac, nos permiten logros sobrehumanos: "no dependo ni del tiempo, ni del espacio, ni de la distancia, el mundo está a mi servicio" decía el autor de Las ilusiones perdidas. Otro escritor, W.G. Sebald, describe en Austerlitz ese poderío de la estación en el siglo XIX , donde se representaban la Minería, el Comercio, la Industria o el Transporte como divinidades modernas. Sebald se fija en la estación de Amberes, donde destaca el símbolo que lucía por encima de todos los demás: el reloj: "El reloj en su calidad de gobernador de la nueva onmipotencia estaba situado aún más alto que el escudo del rey (...). Desde el punto central que ocupaba el mecanismo del reloj en la estación de Amberes se podían vigilar los movimientos de todos los viajeros y, a la inversa, todos los viajeros debían levantar la vista hacia el reloj y ajustar sus actividades por él". Si tienes más curiosidad sobre el tema, te recomiendo La ley del reloj de Eduardo Prieto (con prólogo de Moneo). 

Despedimos esta atropellada entrada haciendo votos para que la autoridad competente restituya con prontitud las manecillas al reloj de Moneo. O no. 

sábado, 18 de marzo de 2023

Retrofit

 


Retrofit parece ser la palabra de moda en la crítica arquitectónica anglosajona. Últimamente está en todas partes. Conocíamos revamp, refurbishment, renovation, upcycling, pero esta no, que viene a ser algo parecido, aunque con el énfasis puesto en la traída y llevada sostenibilidad. The Architects' Journal por ejemplo dedica al tema un interesante artículo de nombre Architect in the community: How do you mass-retrofit listed homes? (listed homes aquí viene a significar casas protegidas), donde explica cómo Andrew Gardner, arquitecto que trabajara en su día con Foster y WilkinsonEyre (los responsables del revamp de Battersea), está encarando una renovación a gran escala de la histórica villa de Saltaire, nombre que es una combinación de Salt, por el apellido del magnate que la fundó en el s.XIX y el cercano río Aire, en West Yorkshire, declarada patrimonio de la humanidad nada menos y que The Times incluyó recientemente en una lista de "los 22 pueblos más pijos de Gran Bretaña" (más aquí). Decir ya puestos que en la villa se expone el cuadro más grande de Hockney, de más de 90 metros. Pero volvamos a las casas (unas 900) del pueblo que tras sus bellas fachadas victorianas esconden un serio problema: ni con calefacción a todo trapo pueden sus inquilinos subir la temperatura interior más allá de 12 gélidos grados, problema que deviene ya alarmante en el contexto actual de costes de la energía en subida libre. Gardner ha montado una ambiciosa iniciativa (Saltaire Retrofit Reimagined) que aspira a implicar en el proceso de mejora de las viviendas a promotores, negocios locales, organizaciones no-gubernamentales (y gubernamentales) al mismo tiempo que intenta reivindicar la figura del arquitecto como coordinador de todo el complejo protocolo, que podría incluso utilizarse a escala estatal. 

Siguiendo con ejemplos recientes de retrofitting nos ha llamado la atención una torre en Sidney (la Quay Quarter Tower) diseñada por 3XN a partir de un edificio de oficinas levantado en los años 70. La flamante torre mantiene un 75% de las columnas y vigas existentes y un 95% de las paredes y encima les ha quedado un diseño espectacular que les ha valido, junto con el notable trabajo de upcycling, el premio al mejor edificio del mundo que otorga la WAF (espectaculares fotos aquí). Pero hay más. En Ontario el estudio ERA ha erigido el edificio residencial retrofiteado (si se me permite la expresión) más alto del mundo. En este caso, el edificio renovado era un bloque de viviendas sociales de 1967, más información y fotos en Dezeen.  En esta misma línea podríamos citar un ejemplo ya casi extremo: la torre de 100 metros que el estudio holandés Powerhouse Company ha erigido, sin cortarse un pelo, sobre un edificio brutalista de Maaskant diseñado en 1969 para la universidad de Eindhoven. Maaskant, constructor a destajo, seguro que estaría encantado con la brutal adición a su edificio (conocido como el Búnker), que además se ha restaurado ya que estaba en estado de calamitoso abandono. Te enlazo a fotos de cómo estaba el tal Búnker y de cómo luce ahora con el "gigante amable", como le han dado en llamar (no sé yo), sobre sus fornidas espaldas. Por aquí el retrofitting también nos da algún susto que otro, te presento este ejemplo murciano, el edificio Baltasar a cargo del estudio Santa Cruz, donde se han propuesto "generar diálogo y armonía" entre la arquitectura actual y la del siglo XIX. Juzga tú mismo. 

A todo esto, te estarás preguntando de dónde son las fotos que ilustran la entrada. Es otro ejemplo patrio del tema que hoy nos ocupa en un barrio a su vez totalmente retrofiteado al que por cierto se llamó el Manchester español por su poderoso pasado industrial. Tirado (solución en todo caso al final). 

Chipperfield, maestro retrofitter, ha ganado (al fin) el Pritzker, seguramente por eso mismo (como señala el jurado, se le concede por “abrazar lo preexistente, diseñando e interviniendo en diálogo con el tiempo y el lugar”). En una reciente entrevista para The Architects´ Journal, el arquitecto londinense señalaba: "Retrofit is not only the right thing to do, it´s the most interesting thing to do" y así lo ha demostrado en su intensa carrera, de Corrubedo a Berlín. Moneo, al que Chipperfield tanto se parece, respondía así a una pregunta sobre la arquitectura que se debía promover formulada por Fernández-Galiano en el encuentro celebrado en Arquia hace unos meses: "Debemos reconocer la violencia implícita en toda nueva actuación en el medio. De ahí el no demoler sin dolor, no despilfarrar, no tirar. Frente al consumismo, un cierto instinto de conservación". Una cita más, esta de un artículo de The Architectural Review de nombre El derecho a negarse: Bartleby, el escribiente escrito por Kristina Rapacki: "Hay muchas lecciones que pueden extraerse del relato enigmático y profundamente espacial de Melville. Pero es la "fórmula" de Bartleby, como la llama Deleuze, la que continúa teniendo un potencial radical para los arquitectos. ¿Qué significaría "preferir no hacerlo" cuando se diseñan y contruyen edificios en el contexto de una catástrofe climática? ¿Preferir el retrofit en su lugar o quizá no construir en absoluto? El trabajo de los arquitectos no es solo construir' , dijo Lacaton. 'La primera cosa que deben hacer es pensar, y solo después serán capaces de averiguar si se debería construir o no'". Ábalos, como señala Rapacki, ya había escrito en El País en 2007 que el protagonista del relato de Melville representaba la evocación más convincente de la dimensión estética de la sostenibilidad y apunta que la famosa frase del escribiente (preferiría no hacerlo) se había utilizado como lema en un congreso arquitectónico en la ETH de Zúrich en 2017 donde participó Lacaton. Por cierto que Fernández-Galiano también hizo una similar analogía arquitectónica en torno a Bartleby cuando comparó la renuncia de Fermín Vázquez a presentar su proyecto para la torre Agbar de Barcelona (en la que finalmente colaboraría junto a Nouvel) con el famoso dictum. 

Y cuando el retrofiteo es ya inviable y la demolición es la única salida, hay esperanza. Empiezan a existir empresas dedicadas a la minería urbana. Es el caso de New Horizon, con sede en Holanda, que tiene como lema "No demolemos, cosechamos". Desmantelan los edificios sentenciados para después almacenar sus trozos seccionados y reutilizarlos en futuros edificios: la economía circular es el objetivo. Echa un vistazo a su página web. 



El edificio de las fotos es el museo Can Framis de BAAS arquitectura en el barrio barcelonés de Poble Nou (en concreto en el distrito tecnológico 22@), que acoge la colección privada de pintura catalana de la Fundación Vila Casas. No conocíamos ninguna obra del estudio aunque sí su excelente blog, HIC Arquitectura. Recomendamos la visita no sólo por el interesante ejemplo de, una vez más, retrofitting de una antigua fábrica textil del s.XVIII sino también por la excelente y abundante obra expuesta. Más información, fotos y video (de Pedro Pegenaute) aquí. Nosotros nos despedimos ya.  



sábado, 14 de enero de 2023

Yoyas

 


Somos seguidores fieles del blog de Santiago de Molina, ya lo hemos dicho aquí a menudo, los lunes lo son menos gracias a su invariable entrada. Nos gusta su lirismo ensimismado, su fino humor, y aún nos gusta más cuando baja al fango y reparte estopa. Nadie como él para expulsar a los mercaderes del templo. Ver en su blog la palabra "crítico" y aflojárseme los esfínteres es todo uno. Pues bien, este pasado lunes Molina ha sacado la mano a pasear con una entrada de nombre Tres retos de la próxima arquitectura. Uno de ellos es, por supuesto, cambiar la actual crítica arquitectónica, dado que la figura del crítico, antaño relevante, ya prácticamente no existe, crisis crítica lo llama: "Entre esos conflictos el chillido más histérico y hueco proviene de la "crítica". Adormecida ante su propio onanismo y falta de dedicación no muestra ni referencias posibles, ni casos ejemplares (o antiejemplares). Cada vez más ronca, permanece paralizada ante sus propios miedos. Como un perro viejo, aunque ladra, languidece castrado". Jobar. Además amplía su scope ya que si hasta ahora su objetivo habían sido los profesionales o medio pensionistas ahora ya dispara a todo lo que se mueve: "Ante esa esclerosis, el ejercicio crítico ¿en manos de quién queda? ¿del entrevistador, de los influencers, del oportunista sin formación, del comentarista de turno, intitulado como crítico, que escribe sobre lo que nunca ha hecho, incapaz de distinguir una obra de arquitectura de una berza? ¿Basta con exigir el desarrollo de una poderosa autocrítica?" O sea, que no basta, si eres comentarista intitulado como tu seguro servidor, dejar claro en el propio subtítulo del blog que eres no-arquitecto o autocachondearte de tus ocurrencias un día sí y al otro también. Ya solo nos queda pues no sé flagelarnos con cinturón por la parte de la hebilla y subirlo a Youtube. ¿La arquitectura entonces sólo puede ser entendida por arquitectos? Si la parte técnica fuera lo único importante en la disciplina, sería una ingeniería más. Es obvio que tiene un componente humano que la abre a muchas otras ramas de conocimiento, lo que también amplía ¿por desgracia? el rango de comentaristas intitulados que pueden hablar (no digo hacer crítica, por favor) sobre ella. En relación al tema berza o no berza ¿Sólo los arquitectos o los críticos titulados tienen buen gusto estético? ¿Todos los arquitectos o críticos diplomados lo tienen? ¿Sólo los arquitectos saben leer un plano o comprender las características de un edificio y cómo se ajusta al programa requerido? ¿Somos tan lerdos los no-arquitectos? ¿Quién sabe más de una casa, el arquitecto que la construyó, el crítico profesional o el intitulado inquilino que la lleva disfrutando/padeciendo 20 años (que le pregunten a la doctora Farnsworth)?

La entrada habla de otros dos retos que, cual "perros asilvestrados", acosan a la disciplina: la ecología y el "occidentalismo". Sobre el primero, evidente tema candente, ha habido curiosamente un arquitecto británico, Barnabas Calder, que anteayer también repartía sus buenos mandobles en Dezeen al hilo de la propuesta del ministro inglés de vivienda para crear una escuela de arquitectura que defendiera el estilo clásico, acaso para congraciarse con Carlos III. Calder dice que ya está bien de las Style Wars y que ahora en lo que toca concentrarse es en la sostenibilidad y en la lucha contra lo que llama Fossil Fuelism (artículo aquí). Sobre el segundo reto, el "occidentalismo", Molina se mete con singular valentía en espinosos jardines: "El canon "blanco, masculino y occidental" que ha dictado las reglas de la arquitectura durante siglos, ha aupado a sus congéneres "blancos, masculinos occidentales" y a una lista de obras maestras encargadas y construidas por "blancos, masculinos occidentales" en un ciclo que hoy se considera fraudulento e inmoral. La misma idea de lo canónico, ha dejado fuera de la historia tanto a las minorías como a sus legítimos relatos. El actual esfuerzo posmoderno que obliga a rebuscar en el cajón del pasado obras meritorias y referentes alternativos (en ocasiones inexistentes) hace que olvidemos que ese mismo esfuerzo se asienta en una cultura de puesta en valor de las diferencias que es fruto de un cancelado mundo "blanco, masculino y muerto". ¿Cómo superar y construir relatos que estén a verdadera altura?". Esta semana también he descubierto la reseña de un reciente libro de nombre Race and Modern Architecture que habla precisamente de esto (la lacra racista de los modernos heroicos es tema bien conocido) y cita a Viollet-le-Duc, quien llegó a decir lindezas como que Chichén-Itzá, Tulum o Uxmal eran obra de constructores blancos que habían llegado a América por el estrecho de Bering ya que le parecía imposible que los locales pudieran haber levantado semejantes obras; no te pierdas la reseña completa del libro aquí. 

Acabamos. Pero antes de proceder a fustigarnos sin piedad déjame que concluya con un par de preguntas más. ¿Y si otro de los retos acuciantes de la arquitectura fuera su visibilización? ¿Cómo es posible que algo que nos afecta tanto y en todo momento (prácticamente las 24 horas del día) pueda pasar tan desapercibido? El verdadero reto es trascender lo puramente visual, el asombro puntual ante el icono arquitectónico de turno, para conseguir que el común de los mortales valore la importancia de la arquitectura del día a día. ¿Y cómo se consigue eso? ¿Cómo popularizar esa arquitectura? ¿Con menos ruido o con más? ¿Expulsando a los mercaderes del templo o atrayéndoles a él? 

sábado, 24 de diciembre de 2022

Más aristas

 


Vamos con más aristas. Empezamos en Nueva York, en concreto en Brooklyn (es la foto que abre la entrada), donde OMA ha construido este anguloso complejo de viviendas de nombre Eagle and West que se compone de dos torres mellizas, como las define el estudio, que justifican su extrema angulosidad en la necesidad de no bloquear las vistas sobre Manhattan al otro lado del East River. Lo definen como "un zigurat y su contrario unidos por el vacío entre ellas", que viene a ser justo lo contrario de lo que hicieron en De Rotterdam, una pared brutal e implacable. Es lo que más nos gusta de Rem, cómo se contradice a sí mismo sin el más mínimo empacho. Para mí que en Róterdam el estudio pasa de complicarse la vida, algo así viene a decir Reineer de Graaf, socio del estudio, en un video presente en la exposición Amaneceres domésticos en el ICO al hilo de otro proyecto de OMA en la ciudad del Mosa (el Timmerhuis): Róterdam tiene ya tal profusión de arquitecturas contemporáneas ("cada cinco años hay una Róterdam distinta") que para el anodino bloque buscaron un perfil bajo: "un edificio que gustara al contratista" y poco más. A la vista está. Pero regresemos si no te importa a Nueva York; tiene su aquél que Rem construya en la Gran Manzana, no en vano el autor de Delirious New York (1978) ha encontrado frecuente inspiración arquitectónica en la ciudad de los rascacielos, donde curiosamente hasta hace poco (2019) no había construido nada. De ese año es la torre de East Street 122, ya en pleno Manhattan, también facetada en una de sus esquinas, acaso en lo formal la Eagle and West sea su continuación (de todas formas para aristas potentes me quedo con las del edificio de Coll y Barreu en Bilbao). Te enlazo a un breve video sobre la torre de East Street en el que el holandés hace estelar aparición comentando su primer proyecto manhattánico y sus vínculos con la ciudad que nunca duerme en su inconfundible estilo. 

Tengo más aristas para ti. Estas, pequeñas y repetitivas hasta la cargazón, son de BIG, el estudio danés que se acaba de estrenar en Sudamérica, en concreto en Quito, donde ha erigido un desaforado edificio de viviendas que como todo lo que hace últimamente lleva el píxel por bandera (ver las espectaculares Torre Telus de Calgary y la Vancouver House también en Canadá). Semejante fijación parta acaso de aquel diseño para la Serpentine Pavilion londinense de 2016 donde también jugaba con una fachada pixelada que creaba curiosos efectos visuales y que Oliver Wainwright, maestro de la metáfora, calificó de pirámide para la generación Minecraft. 

Hablando de Wainwright, en uno de sus últimos artículos para The Guardian se nos muestra en modo destroyer despellejando el Orange County Museum en California, también por cierto de formas angulosas e inconexas que parecen burlarse de los sufridos usuarios, quienes a menudo se pierden es sus intrincados espacios: "en ningún lugar es más evidente el abismo antre la promesa digital y la realidad física", comenta Wainwright. Un horror que se cae a trozos apenas inaugurado (algunas partes están sujetas con cinta aislante o tenazas, que el crítico fotografía para el sangrante artículo). Es de Thom Mayne (Pritzker 2005), fundador del estudio Morphosis, quien se justifica con asombrosa desfachatez diciendo que para él no tiene interés completar sus proyectos: "Un montón de cosas simplemente se mantienen en movimiento, se niegan a tener un borde, un límite, están en un cambio continuo". La directora del museo, Heidi Zuckermann, tampoco le hace ascos:"No me molesta [este sindiós], creo que hay una belleza en la imperfección. A veces sólo puedes apreciar algo acabado al experimentarlo inacabado". Este arquitecto por cierto es el mismo que en el barrio madrileño de Carabanchel nos dejó una promoción de viviendas sociales con un rosario de desperfectos que, tras juicio, obligaron al ayuntamiento de Madrid a pagar 760.440 eurillos del incauto contribuyente a los afectados, que al parecer no entendían que los parqués abombados o las humedades a gogó tenían una razón filosófica (menos quejarse y más leer a Derrida, por favor). Y aún hay más. Thom terminó en 2021 la estación del AVE de Vigo, con unas formas sinuosas que recuerdan al museo californiano. En este video de 2019 podemos ver al arquitecto de visita en la obra con el siempre entusiasta alcalde de la ciudad, Abel Caballero (el señor de las luces), quien afirmaba que siempre quiso un Pritzker para su estación y que Mayne es un genio (toma déjà vu). La estación, inaugurada en 2021, es la más grande de Galicia y acoge un centro comercial también superlativo. Crucemos los dedos. 

Terminamos como empezamos: en Nueva York. Para calmar los ánimos te dejo con un nostálgico tema de Moby y José James ideal para estos días de pie en charco. Feliz Navidad. 

lunes, 5 de diciembre de 2022

Aristas

 


Pasmado me ha dejado la angulosa terminación que Rafael de La-Hoz ha diseñado para el edificio de oficinas que Amenábar, la constructora donostiarra presente en no pocos proyectos de la zona, erige por Méndez Álvaro, en Madrid. De nombre Visionary Building (forma de periscopio tiene), el nuevo desarrollo muestra la querencia del arquitecto cordobés por este barrio donde también proyectó la sede de Repsol y, cruzando las vías de Atocha, el edificio que aloja la Junta Municipal del distrito de Retiro en los antiguos cuarteles de Daoiz y Velarde, donde además acondicionó uno de los antiguos pabellones como sala de exposiciones y teatro (prácticamente en desuso siete años después). 

La arista se lleva de nuevo, aunque me da que en este nuestro querido país se ha llevado siempre, qué cansancio. Aún más pasmado me ha dejado estos días la visión del tremendo proyecto de Libeskind para la torre Boerentoren en Amberes, un edificio protegido (?)  acabado en 1932 (con sus 92 metros se dice que es el primer rascacielos europeo, aunque la sede de Telefónica en la Gran Vía madrileña es un par de años anterior y tiene prácticamente la misma altura) al que el arquitecto del museo judío de Berlín va a encajar, muy en su línea, una torre cristalina de brutales ángulos donde se alojará la Phoebus Foundation, una fundación artística tras la que se encuentra el potente grupo empresarial belga Katoen Natie. Aquí tienes más información sobre el proyecto, juzga tú mismo. 

No muy lejos de Amberes, en Knokke-Heist, Steven Holl, otro deconstructivista feroz, propuso años ha algo parecido. En este caso el anguloso añadido se proponía sobre un casino y era aún más salvaje que el de Libeskind pero, eso sí, estaba inspirado en uno de los murales (The Ship that tells the Story to the Mermaid) que Matisse había pintado ex profeso para el glamuroso casino, el más importante del reino belga. Sobre el edificio, casi destruido por los nazis, una nueva deconstrucción iba a tener lugar en forma de desproporcionada intervención de nombre Sail Hybrid que incluía un bloque anguloso en forma de velamen y a sus pies otro edificio que rememoraba a la sufrida sirena. Mejor lo ves. No tenemos noticias de que se haya construido aún, asi que todavía hay esperanza (también para Amberes). 

Lo irracional, ahora que parecía desaparecido en combate en arquitectura por lo menos, sigue dando potentes coletazos, acaso porque el ser humano necesita de lo inexplicable, de lo artísitico, vaya. Es uno de los debates de fondo que se puede ver en el encuentro Tutor16 Sharing Experience que hace unos días tuvo lugar en la nueva sede corporativa de Arquia, en la calle Tutor 16 de Madrid (la calle alude a Agustín Argüelles, tutor de Isabel II, reina ya con 13 tiernos años). Aprovechando tan jugoso nombre, se pensó en invitar a otros tantos tutores arquitectónicos (ocho en esta primera edición, otros ocho el año próximo) para que dieran su visión del futuro de la arquitectura. Moderados por Fernández-Galiano en dinámico swing, arquitectos punteros se dieron cita en la sede diseñada por Tuñón, uno de los tutores. Como te decía, uno de los debates más agudos tuvo lugar entre los racionalistas (abanderados por Moneo y Ortiz) y los -digamos- irracionales, defensores del misterio, de la creatividad sin cortapisas (liderados por Pinós y Navarro-Baldeweg). No hubo vencedor, aunque si me fuerzas a proponer uno yo siempre diré Moneo, quien acabó su intervención reivindicando el respeto al pasado con una cita de T.S.Eliot: "Tiempo presente y tiempo pasado / se hallan quizá presentes en el tiempo futuro / y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado. / Si todo tiempo es eternamente presente / todo tiempo es irredimible" (aquí meto cuña y te enlazo a Parchment Works de Will Gamble Architects, un bello ejemplo arquitectónico de dicha cita). Hubo otros intervinientes también de prestigio entre el público asistente como Ferrater y Ángela García de Paredes (creo que era ella, sólo se la nombró como Ángela, pero la  referencia musical que hizo Fernández-Galiano me dio la pista; se agradecería que el video estuviera editado para no-arquitectos poniendo por ejemplo los nombres de los participantes). Herzog, tutor invitado, no pudo asistir, pero mandó elaborada carta en la que, en su enfática referencia a la sostenibilidad social, dejaba acaso traslucir la herida de Beirut. Me quedo también con la cita de Camus que traía Souto de Moura: hay que imaginar a Sísifo feliz, "no hay sol sin sombra y es indispensable conocer la noche", remataba el filósofo francés. El arquitecto, y todos nosotros, debemos ser optimistas mal que nos pese (no hay que cejar en la titánica lucha contra lo tóxico), y si hay que fingir, pues a ello con el mismo esmero que la orquesta del Titanic. Optimismo forzado que enlaza con la foto elegida para presentar el encuentro de Arquia: la biblioteca londinense de Holland House (donde por cierto Argüelles trabajaría cuando se exilió a Inglaterra gracias a su dominio del inglés), destruida por los bombardeos nazis, entre cuyos escombros varios flemáticos caballeros buscan libros en plan business as usual. Cerramos ya con muy sabio comentario de Pinós, una optimista apasionada: Lo posible es mejor que lo perfecto. Amén. 

domingo, 6 de noviembre de 2022

Bibliotecas

 


Hoy te traigo una nueva renovación que hemos descubierto estos días, de oficina de correos a biblioteca, en Utrecht. El edificio original, terminado en 1924, es obra de Joseph Crouwell Jr y se trata de una de las 19 oficinas de correos que diseñó como arquitecto de la agencia de edificios del gobierno holandés, donde trabajó hasta su jubilación en 1950. Esta magnífica oficina está influida por la conocida como Escuela de Ámsterdam, liderada por De Klerk y Kramer, que buscaba, dentro de esa modernidad "impura" e híbrida de la que hablábamos, una expresión arquitectónica contemporánea pero alejada de la aridez formal de la modernidad dogmática. En 1915, en el Stedelijk Museum de Ámsterdam, se presentó una exposición que contraponía precisamente ambas vías, representadas por Berlage y De Klerk, cuyas obras quedaban confrontadas en una misma sala (por cierto que Crouwell trabajó con Berlage entre 1914 y 1916). El diario Algemeen Handelsblad echaba leña al fuego y comentaba en sus páginas: "una joven generación de arquitectos ha rechazado la aplicación doctrinaria del racionalismo como algo que conduce a la monotonía y aridez, y ha llegado para restaurar la fantasía, la riqueza y lo pintoresco a su posición original", como cita David Rivera en La otra arquitectura moderna. Después, como todos sabemos, vendría la crítica oficial de Giedion y compañía para laminar las herejías y entronizar a Corbu y Mies como los únicos apóstoles válidos de la modernidad (Zevi incluso llegó a acusar a la Escuela de Ámsterdam de hipocresía y afán de individualismo), quedando dicho movimiento como poco más que la ocurrencia trasnochada de cuatro nostálgicos historicistas. Dicha crítica fue realmente efectiva porque durante sesenta años ninguna institución holandesa importante consideró necesario dedicar a la Escuela de Ámsterdam una exposición. Fue solo en 1975 cuando el Stedelijk (el mismo museo que puso frente a frente a Berlage y De Klerk en 1915) dedicó al movimento repudiado una importante muestra. En todo caso bien puede decirse que los utriqueses son muy afortunados de tener una biblioteca tan bella que, ahora que no nos oye nadie, diremos que preferimos a la que Wiel Arets tiene también en la ciudad del tratado. Tienes más fotos e información aquí. Por cierto, la renovación del edificio de Crouwell es de los estudios Zecc y Rijnboutt. 

El apellido Crouwell te sonará. Hay otro Crouwel (vivo) arquitecto, socio de un importante estudio holandés junto a Jan Benthem (Benthem Crouwel Architects), responsables del anexo del museo Stedelijk (sí, el que alojó sendas exposiciones sobre la Escuela de Ámsterdam) conocido como la bañera (descubre por qué) o las estaciones de Róterdam, La Haya o la misma Utrecht, probable razón por la que fueron seleccionados por Adif como uno de los 10 finalistas para la remodelación de la estación madrileña de Chamartín. Por alguna razón que se desconoce la entidad finalmente reculó, dejándoles fuera y admitiendo en su lugar a los también holandeses OMA del galáctico Rem Koolhaas, que habían quedado fuera en el primer corte. Habría que investigar la trastienda de este despiadado duelo neerlandés. 

¿Habrá relacion entre los dos Crouwels? Según Wikipedia Mels Crouwel sería sobrino nieto de Joseph Crouwell Jr; sí, la doble ele de Joseph puede despistar, pero es un añadido postizo. El abuelo de Joseph nació en un barco inglés y el capitán al registrar el nacimiento le plantó la segunda ele porque le sonaba más British. Estos ingleses. Joseph la mantuvo (aunque también firmó con una sola ele), de hecho en la base de datos del Het Nieuwe Instituut aparece con dos. Por cierto que el HNI no menciona el parentesco entre Joseph y Mels que dice Wikipedia. Esto de los nombres neerlandeses tiene su aquel. Aparte del nombre oficial a menudo tienen un diminutivo (Joseph Crouwell Jr aparece en algunas fuentes como Joop Crouwell -y sin el Jr- , y el nombre completo de Mels Crouwel es Willem Melchor Crouwel), con lo que el lío está asegurado. Por cierto que Rem se llama en realidad Rement Lucas. 

Acabamos con otra biblioteca, la New Library del Magdalene College de Cambridge, flamante ganadora del Stirling de este año. Era nuestro proyecto favorito de entre los finalistas, todos ellos de  perfil bajo (se acabaron los tiempos en que ganaban Rem o Norman), es además del único estudio que conocía, el del irlandés Níall McLaughlin, finalistas por cuarta vez y autores de una arquitectura de plácida belleza que quiere recordar los edificios clásicos de su entorno con un lenguaje actual en radical contraste con la "belleza convulsa" (que decía Breton: la única posible para él) de tantas arquitecturas últimas que nos ha acabado abotargando los sentidos. De todas las necesidades del alma humana ninguna más vital que el pasado, como decía Simone Weil según comentaba Fernández-Galiano en su discurso en San Fernando. Sea conservándolo o replicándolo con respeto, el pasado, como la lectura, nos cuenta historias fascinantes. Dedica cinco relajantes minutos a ver este video sobre la biblioteca comentado por el propio arquitecto, sí, es pedir mucho en estos tiempos raudos, pero no te arrepentirás. 

martes, 11 de octubre de 2022

Píldoras

 


Hoy encabezamos la entrada con foto de una bella rehabilitación, la de la cárcel vieja de Murcia a cargo de IH Arquitectos, que lograron imponerse en el concurso de ideas nada más y nada menos que a Martín Lejarraga, el Koolhaas vascomurciano, quien presentó un proyecto resilvestrador y disruptivo en forma de "red de micromundos naturales" (más aquí). Con el bello nombre de Muros Etéreos, la propuesta ganadora, acaso más conservadora, demuestra lo que un arquitecto es capaz de hacer con las llamadas preexistencias aunque tengan tan poco interés aparente como una cárcel fundada en 1929 y jubilada en 1981. Más información y fotos aquí. Siguiendo con rehabilitaciones, en Londres Wilkinson Eyre han acabado al fin (tras diez años) el profundo refurbishment de la emblemática estación eléctrica de Battersea, todo un icono pop como aquí te contamos en su momento. Aunque rodeada hasta casi la saturación por bloques de viviendas de arquitectos tan galácticos como Gehry o Foster, la antigua central sigue manejando el cotarro aunque algo desfigurada por los cristalinos apartamentos que ahora la coronan, a 9 millones de euros la pieza. Por cierto que en una de las chimeneas se ha instalado un ascensor que te llevará a un vertigionoso mirador por 23 eurillos de nada. Te enlazo a las reseñas de los dos críticos más punteros de las islas, Wainwright (cañero como es habitual) y Rowan Moore. 

Hace poco vimos el partido entre las selecciones de España y Portugal en las que nos jugábamos el pase a la Final Four de la liga de la UEFA en el magnífico estadio de Braga, de Souto de Moura, encajado en las abruptas laderas artificiales de una antigua mina al aire libre. En un breve viaje al norte de Portugal en agosto tenía intención de visitarlo, pero apenas pude vislumbrarlo desde la carretera (me pareció ver a Kahn) ya que mis acompañantes adolescentes, con la probable complicidad de su señora madre, se amotinaron, algo comprensible teniendo en cuenta que llevábamos vistos no sé cuantos sizas y soutos ya, por no hablar de las varias iglesias románicas del norte castellano en las que habíamos recalado durante el viaje (hay adicciones peores, como les digo a mis sufridos vástagos). Por cierto, ¿sabías que la iglesia de Santa María del Azogue en Benavente fue restaurada en los 80 por Fernando Higueras nada menos? De la restauración, centrada en el tejado, poco queda ya, en una intervención más reciente se quitaron las tejas y el cemento que el autor de la Corona de Espinas madrileña había añadido a las cubiertas. Dentro de la iglesia nos sorprendió la decoración de algunas de las columnas en forma de punzantes zigzags que igual inspiraron las agudas aristas del edificio de la Ciudad Universitaria o el ayuntamiento de Ciudad Real (sí, son anteriores a la restauración, pero igual conocía la iglesia de antes, oye, a saber), nosotros por elucubrar que no quede. Tienes fotos de la iglesia aquí. Volviendo a Portugal, admitir que con todo lo últimos que pretendemos ser, de lo que vi me quedo con el Mosteiro de Tibães, cerca de Braga. No es comparable a los tres grandes monasterios lusos de Alcobaça, Tomar o Mafra, pero su decadencia, de una belleza portentosa, te regala espacios de una fotogenia magnífica que además pueden disfrutarse, lujo acaso máximo, casi en total soledad. Pero que conste que también recomiendo el museo Nadir Afonso de Siza en Chaves (aunque no precisamente por la pobre obra expuesta). 

La energía nuclear está de moda. Y es que como reducir el consumo de energía es complejo de asumir hay que hacer de tripas corazón. Nada menos que Foster la defiende, al que se ha unido Oliver Stone con un documental que incorpora música póstuma de Vangelis (entrevista a Stone y tráiler del documental aquí). Las cifras cantan, es cierto, y en el caso de la energía nuclear son imbatibles. Con todo, habrá que seguir intentando reducir el consumo. La batalla en la arquitectura y la automoción serán claves para decidir nuestro futuro. Si el edificio más verde es el que ya existe, como decía Luis Fernández-Galiano ayer mismo en un discurso para inaugurar el curso de la Real Academia de San Fernando, el único coche que no contamina es el que no se conduce. Sin embargo, cuando la movilidad es imprescindible, hay marcas que afortunadamente han comprendido que la electrificación debe ir en otra dirección: en esta. 

Volviendo al discurso académico de don Luis, decir para acabar que agradecimos la referencia a la herencia maculada de los dos titanes arquitectónicos del s. XX, Mies y Le Corbusier, por sus devaneos con el nazismo. En unos momentos en los que asistimos con estupor a un peligroso relativismo entre intelectuales y gobernantes en temas que de relativos no tienen nada, el toque de atención del académico y profesor en una lección a la que asistía Felipe VI nos parece muy acertado.