martes, 27 de octubre de 2026

Puzles (2)

 


Hoy vuelve a tocar adivinanza. Me tienes qué decir de dónde es esta singular fachada conformada por 126 piezas de piedra caliza portuguesa de 2,70 metros de alto, medio metro de ancho y 850 kilos de peso cada una. Parece un puzle pero fíjate bien, algunas piezas encajan y otras no en acaso sutil referencia al protagonista del edificio, artista colosal que comenzó siendo académico y acabó haciendo lo que le salía del alma. Fíjate lo que escribía en 1792: "No hay reglas en la pintura (...). La opresión u obligación servil de hacer seguir a todos por un mismo camino es un grande impedimento", cita de, tiene guasa, un informe que redactó para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a la que pertenecía. Casi más filósofo que pintor, "antropólogo, psiquiatra, psicólogo y sociólogo a la vez" según Caro Baroja, huyó de "preceptos mecánicos" y no tuvo empacho en herir sensibilidades ("descubrió su genio el día que se atrevió a dejar de complacer", señala Malraux) ni en desbaratar un orden caduco incapaz de reflejar su época, brutalmente convulsa, que ya barruntaba la angustia moderna, el "mundo desencantado" de Max Weber. Ser un genio, uno de verdad, es lo que tiene. 




domingo, 18 de octubre de 2026

Puzles

 


Hoy, sin que sirva de precedente, sincronizaremos texto y fotos. Como habrás adivinado, se trata de la ampliación del Museo Sorolla, último trabajo de Nieto y Sobejano que acaba de abrir sus puertas en Madrid. Más pequeño de lo que esperábamos, el que fuera taller de automóviles se ha reconvertido en un espacio luminoso, como no podía ser de otra manera tratándose de un espacio dedicado al maestro valenciano de la luz, una pieza encajada a la perfección bajo un edificio de viviendas de 6 plantas y sobre un párking de dos niveles y que se unirá próximamente a la casa del pintor, donde hasta ahora estaba el museo. Haciendo honor al reciente discurso de ingreso en la RABASF de Fuensanta Nieto que ya comentamos (El museo en mutación. Memoria e invención), el estudio madrileño dicen haber buscado "un equilibrio entre memoria e invención de modo que la ampliación contemporánea surge, en cierto sentido, como un reflejo de nuestra interpretación de la casa original", así las cubiertas a dos aguas con tragaluces que reinterpretan el taller del pintor, un patio acristalado que recuerda el patio andaluz de la casa histórica o los nuevos jardines sobre la azotea, un guiño a los recoletos parterres inspirados en el Alcázar de Sevilla y la Alhambra y que sólo podrán ver los vecinos del inmueble situado sobre el antiguo taller. 

Lo que más nos gustó es el potente contraste que se establece entre el largo pasadizo inmerso en una buscada penumbra, que funciona como vestíbulo del recinto, y la entrada propiamente dicha a las nuevas salas, inundadas de luz gracias al patio y los lucernarios. ¿Recuerdas cuando hablábamos este verano del Museo da Luz pensando que nos íbamos a encontrar un museo dedicado a la luz del Alentejo y luego resulta que se llamaba así por el nombre del pueblo (Luz)? Pues al final lo logré: la ampliación de Sorolla sí que es un espacio dedicado a la luz. El nuevo recinto cuenta también con un salón de actos, que lleva el nombre de la esposa y mecenas del artista, Clotilde García del Castillo, un almacén y un taller de restauración. Falta, con todo, conectar esta nueva pieza como decimos con la mansión, que ahora está en proceso de restauración y mejora de las instalaciones. Dicha delicada intervención, también llevada a cabo por por Nieto y Sobejano, dotará al edificio histórico, entre otros, de un ascensor, una cafetería y accesos mejorados. La entrada principal seguirá siendo, como antes de la ampliación, por este edificio, que da a la calle Martínez Campos, quedando la nueva entrada, en Zurbano, para grupos y carga y descarga. De hecho la escueta fachada del nuevo espacio, elegante pero áspera, puede querer recordar su antiguo uso industrial. Yo casi habría preferido éste como el acceso principal (de esa manera además se evitaría tocar los bellos jardines de la casa). En el interior de este nuevo museo de bolsillo puede verse la puerta, acristalada por ahora, que conectará ambas piezas, verdadera prueba de fuego del proyecto aunque parece evidente que el nuevo recinto, dispar pero al mismo tiempo vinculado al edificio original, pasará la prueba con nota. De todas formas quedan dos años aproximadamente para comprobarlo.

La ampliación del museo, como ves, ha funcionado como un pequeño puzle que por un lado ha encajado a la perfección con el denso tejido urbano donde se inserta y por otro conectará como decimos con el señorial casón histórico del pintor, diseñado, justo es mencionarlo, en 1910 por el arquitecto Enrique Repullés y Vargas en estrecha colaboración con Sorolla. En la pequeña exposición que aloja el nuevo espacio pueden verse cartas del artista, entonces en Nueva York, dirigidas al arquitecto con detallados dibujos de distintas partes de la casa. Repullés, prestigioso profesional madrileño que llegaría a dirigir las obras de la Catedral de la Almudena y conoció a Berlage y Cuypers en el congreso de arquitectos celebrado en Madrid en 1904, fue también académico de la RABASF y experto en el diseño de edificios escolares, aunque quizá su obra más significativa sea el edificio de la Bolsa de Comercio de Madrid. Puede verse un retrato realizado por el valenciano en la exposición. 

El tema del puzle tiene su enjundia. Me ha recordado una cita que a modo de prólogo introduce Luis Fernández-Galiano en el segundo volumen de Las Grandes Esperanzas, una antología de piezas escritas por el crítico, profesor y director de Arquitectura Viva entre los años 1976 y 1992. La cita que te digo está tomada de La vida, instrucciones de uso (1978) de Georges Perec, novela dedicada a la memoria de Raymond Queneau, cofundador del grupo OuLiPo, en el cual Perec desarrolló su pasión por los juegos de palabras, anagramas y puzles. El libro, que puede recordar a aquel mítico cómic nuestro (13 Rue del Percebe), se estructura en torno a la vida en un laberíntico bloque de viviendas parisino y está planteado como un rompecabezas según nos cuenta el propio autor ("Todo el libro se ha construido como una casa en la que las habitaciones se unen unas a otras siguiendo la técnica del puzzle"). Pero vayamos a la cita que nos elige Fernández-Galiano: "Al principio el arte del puzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheorie: el objeto considerado (...) no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, una forma, una estructura: (...) no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen (...): solo cuenta la posibilidad de relacionar esa pieza con otras (....): solo las piezas que se hayan juntado cobrarán un carácter legible, cobrarán un sentido: considerada aisladamente, una pieza de un puzle no quiere decir nada, es tan solo pregunta imposible, reto opaco; pero no bien logramos (...) conectarla con una de sus vecinas, desaparece, deja de existir como pieza (...): las dos piezas milagrosamente reunidas ya sólo son una, a su vez fuente de error, de duda, de desazón y espera". 

Es curioso que en uno de los fragmentos que como te comentaba encontré en internet de The Sniper´s Log de Alejandro Zaera-Polo, nuestro francotirador confeso, nos topamos con un planteamiento que puede recordar al de Perec. En el inicio de un artículo sobre Herzog y de Meuron (el libro es otro compendio de escritos aparecidos en distintas revistas) dice lo siguiente: "Este texto no es ni una descripción ni una interpretación, juicio ni manifiesto. Creo que la función más productiva que puede tener una crítica arquitectónica es actuar como una máquina desterritorializadora, utilizando la arquitectura como pretexto para hablar de otra cosa, para crear ensamblajes que establezcan redes con otros territorios, ampliando las zonas de influencia de la arquitectura, transgrediendo sistemáticamente los límites de otras ciencias en busca de nuevas metáforas". Cómo nos recuerda también a Teoría General de la basura de Agustín Fernández Mallo. Como buen francotirador, el autor de la desterritorializada estación de Birmingham, inspirada por el dinamismo del ferrocarril y la distorsión producida por la velocidad, es una pieza difícil de encajar (como su estación): "El francotirador se oculta y ataca sigilosamente, evitando la confrontación directa con el enemigo y eludiendo las reglas de combate del campo de batalla. Cuando la corrección —ya sea política o moral— se convierte en el camino más rápido hacia el conformismo, la ambigüedad moral del francotirador constituye un modelo prometedor para una nueva forma de teoría que nunca cae en la complacencia". Como ves, Zaera-Polo escribe como proyecta, sin hacer rehenes. 

Te traigo aún una tercera antología de artículos (microensayos) de otro autor que también mencionábamos en la anterior entrada. Se trata de Filosofía mundana de Javier Gomá, que acabo de empezar. Su autor es director de la Fundación Juan March (aquí le puedes ver trabajando duro en su despachazo) y de la cátedra de Ejemplaridad en el CUNEF (cargo que debe ser chungo, a la mínima que cometas un desliz siempre habrá un graciosillo para recordarte que no estás dando buen ejemplo). Es también, y principalmente, un prolífico escritor de temas filosóficos con una variopinta formación (licenciado en Filología Clásica y Derecho, doctor en Filosofía) y una marcada vocación literaria que le ha llevado a componer varias obras de teatro, te recomiendo que te des una vuelta por su página web. La verdad es que estoy disfrutando de sus textos, profundos pero al mismo tiempo accesibles, escritos con verdadero primor y a menudo un fino sentido del humor. Permíteme una pequeña muestra que también tiene algo que ver con el tema de hoy; en un artículo de nombre Reconciliados con la imperfección, afirma: " Lo imperfecto del mundo es, en efecto, triste si se compara con esa jovial plenitud del cosmos que las Musas celebraban. Pero hay otra perspectiva que prescindiendo de comparaciones libera las potencialidades positivas de la imperfección. No deberíamos nunca dejar de asombrarnos de que exista el ser y no la nada, porque, como dice Fernando Savater, la muerte nunca podrá arrebatarnos la victoria de haber vivido. Además, a veces uno conoce experiencias iluminadoras -pasión, ternura, belleza sorprendida, epifanías de la vida cotidiana- en las que pareciera que se eleva en éxtasis por sobre los fragmentos de la existencia y se proyecta a una totalidad de significado en el que por un momento las piezas parecen encajar otra vez". Y dichas "experiencias iluminadoras", efectivamente, no hace falta que sean grandes momentos, a mí me bastó con ver el otro día, por enésima vez, Mejor...Imposible. 


Si el puzle existencial es a menudo complicado, pero apasionante, de completar, no es menos complejo el puzle que podríamos llamar social. En una época de feroz individualismo pocos están dispuestos a limar asperezas para encajar en una "estructura" que decía Perec, preferimos permanecer "reto opaco" que devenir tibios gregarios, porque, como decía aquel anuncio, yo lo valgo. Volvemos al francotirador, al hombre-isla de John Donne. Gomá da buena cuenta de esta obsesión moderna en Filosofía mundana, no creo sea casualidad que el primer apartado de los 10 en los que está dividido el libro lleve por título Individualidad. En el texto llamado Tú eres muy especial habla del cambio crucial que se produjo en el Romanticismo, cuando se pasó de creer en una "realidad acabada y normativa" que el hombre sólo podía atreverse a copiar, a valorar por encima de todo la subjetividad personal según la cual "ser hombre es ser distinto del mundo y de los demás hombres", un genio excelso que lleva a gala no encajar, y apunta: "Hay dos maneras de distinguirse sobre la "indistinta" medianía: siendo excepcional o siendo extraordinario. Es excepcional quien se singulariza saliéndose de la norma común, como hacen la mayoría de los extravagantes héroes de las novelas modernas; es extraordinario quien sigue esa norma pero destaca sobre los demás al llevarla a un rango superior de perfección y cumplimiento". En La domesticación del Romanticismo parte del relato Tonio Kröger, una obra de juventud de Thomas Mann, para volver sobre lo mismo: "Tonio Kröger señala una dirección contraria: no anular el yo romántico -por supuesto que no: está en el origen de nuestra individualidad- sino educar sus excesos y civilizarlo. La era del conflicto irrebasable ha terminado; ahora se trata de desbrozar la escondida senda que conduce a una reapropiación consciente y voluntaria de los límites inherentes a la convivencia". Deja que en este punto te recomiende otro libro verdaderamente interesante: La memoria del orden, de José Ignacio Linazasoro, el arquitecto de las Escuelas Pías de Madrid. Viene a querer decir, en somero resumen, que el hombre y la mujer modernos han renunciado al orden de manera voluntaria porque lo consideraban un corsé agobiante y antiguo y han preferido la libertad de los caminos inexplorados. Loable, pero hay un precio que pagar. El orden era armonía, proporción y equilibrio, la individualidad es desconcierto, azar y ansiedad. Y, para más inri, el ansia de totalidad, de alguna clase de orden o sistema, está ahí, nos espolea aunque a la par nos incomode, pues somos conscientes de que al cabo es necesario para no andar como vacas sin cencerro. Lo que parece claro es que hoy pocos se atreven a ser abiertamente normativos. Equivale a ser un perfecto muermo cuando no un señoro reaccionario. Ser normal, palabra a menudo utilizada erróneamente para excluir al otro, pero que significa simplemente seguir unas normas mínimas de convivencia, no está de moda. Con excepciones, claro. En un reciente informe médico del marcapasos que le colocaron a mi padre hace algún tiempo el médico señala que el dispositivo es, ojo al palabro, normofuncionante. Es obvio que no querríamos tener un marcapasos original o creativo, pero por supuesto hablamos de una máquina, no de un ser humano. ¿Y si te doy a elegir entre un conductor de autobús dado a las extravagancias al volante y otro normofuncionante, cuál prefieres? Ya, pero ¿y los artistas?, me espetas, ellos sí que tienen que ser originales y romper con furia todas las normas. Pues ahora voy y te cito al Goethe de Natur and Kunst (1802): "Quien aspire a grandes cosas debe concentrar sus fuerzas; en la limitación se revela el maestro y solo la ley puede darnos la libertad". Me dirás, infatigable, que este señor es muy antiguo.Vamos a ver, antes mencionamos al grupo OuLiPo, y aquí ya estamos en lo más creativamente rabioso y subversivo del siglo XX. Uno de los principios de la que denominan "literatura potencial" (la Ouvroir de littérature potentielle, de ahí lo de OuLiPo) se basa en las llamadas constricciones (contraintes), normas que el propio autor se impone en el momento de la creación. Dos de los casos más conocidos de escritura con constricciones son las novelas La Disparition (1969) y Les Revenentes (1972), de nuestro Georges Perec, el del arte del puzle. La primera está escrita sólo con palabras que no incluyen la letra e, la más frecuente en el idioma francés. La segunda es su contrapunto: no incluye ninguna vocal más que la e (¿no me crees?). Y en su primera edición tiene ¡126 páginas! ¡Y sin IA! Pero vayámonos aún más cerca. En un arrebato de furor intelectual, en 1984 Luis Fernández-Galiano escribe un artículo de corte apocalíptico que ya hemos citado aquí varias veces pues nos dejó noqueados, lo descubrimos en el Arquitectura Viva 169  y lo volvió a incluir en Las grandes esperanzas, el libro que te mencionaba antes donde aparece la cita del "arte del puzle" de Perec. Fernández-Galiano, un hombre de orden, tras decir en resumidas cuentas que esto es un sindiós, se lía la manta a la cabeza y propone en dicha revista, como continuación al artículo, nada menos que la creación de un nuevo orden. Sugiere reconstruir la disciplina arquitectónica a base de descomponerla y luego recomponerla siguiendo un orden arbitrario, que don Luis decide sea el orden del alfabeto. Crea un "diccionario de fragmentos" que acompaña de un "racimo de textos" de géneros diversos que los sitúen en el espacio y el tiempo. Y así busca en los clásicos cercanos tanto literarios como académicos (Machado, Bachelard, Giedion, Benevolo, Alberti -los dos-, García Lorca, Aleixandre, Semper, Jencks y así hasta 126) citas referidas al elemento o fragmento en cuestión (el cimiento, el muro, el balcón, la alcoba y así hasta 32), para acabar apuntando que todo es un empeño inútil, poco más que un juego intelectual: "Y, por consiguiente, ante nuestro dilema pedagógico: construyamos un sistema ficticio, convencional sin duda, pero exacerbado en su voluntad simétrica, un remedo de sistema en su exagerada sistematicidad, un sistema ensimismado y descreído que nos permita, como quería Borges, 'perseguir los lúcidos placeres del pensamiento y las secretas aventuras del orden'". 

Necesitamos referentes. Y especialmente nuestros jóvenes, más perdidos aún que nosotros, presuntos adultos. Uno se pregunta, mezclando ya churras con merinas, si el desastre de PISA, más allá de los chivos expiatorios de rigor (el móvil, la IA, que también), radica en algo mucho más profundo y complejo: que ya nadie quiere formar "estructuras", un orden, un marco de vida en el que (y contra el que) nuestros adolescentes puedan desarrollarse, rebelarse y por tanto crecer. No tenemos tiempo, por favor, no voy a derrochar mi genio maravilloso en algo que no sea yo mismo. McLuhan ya hace un puñado de décadas hablaba del "aula sin muros", todo y todos enseñamos, no sólo el sufrido profe abandonado a su suerte, y de mucho antes es el conocido proverbio africano según el cual Para educar a un niño hace falta la tribu entera. ¿Y cómo anda la tribu? Responde tú mismo. 

Llegados a este punto ya nos hemos perdido sin remedio así que toca cerrar de manera taxativa. Vuelvo al museo Sorolla de Nieto y Sobejano, que nos trae luz y orden y sabe encajar sin aspavientos. Casi nada. Compárese con esta ocurrencia que te enlazo no sin antes avisarte de que las imágenes pueden herir gravemente tu sensibilidad (luego no me vengas llorando). Ahí va. 









martes, 6 de octubre de 2026

Rubbish in, rubbish out

 


Entre ruina y basura la línea es fina. No pocas veces la ruina deviene escombro. Y sin embargo, a veces se produce el milagro por el que la piedra desechada encuentra nueva vida. El último, en Gante de la mano del estudio londinense Carmody Groarke en colaboración con ATAMA y RE-ST, quienes insertan sin complejos una nueva ala en el Museo de Diseño de la ciudad al objeto de otorgar unidad a tres edificios de épocas dispares (el Hotel de Coninck del siglo XVIII, la Huis Leten del XVI y un edificio erigido en los 90 del siglo pasado) donde hasta ahora la institución se desparramaba de manera algo caótica. En tan delicado y fragmentado tejido la nueva construcción crea un centro de gravedad según Lena Brandt que además amplía el espacio expositivo en más de un 30%, convirtiéndolo en el museo de diseño más importante de Bélgica (reabrió este sábado) y lo hace sin timidez, alzando sus seis pisos sobre el bello skyline gantés y dialogando con él mediante un perfil que remite a los hastiales típicos de la región pero de manera más sutil que el dramático mercado que en la misma ciudad diseñaron Robbrecht en Daem y Marie-José Van Hee, que vaya susto. El nuevo inmueble "completa más que compite" en palabras de Brandt, quien compara la intervención con la de Zumthor en la Fundación Beyeler de Basilea o la de Chipperfield en el Neues Museum de Berlín, donde "nueva construcción y ruina coexisten sin pretender encajar con perfecta fluidez". Pero a lo que iba, la aportación quizá más interesante de la nueva ala es el material con el que está construida, 82.000 ladrillos de cal hidráulica elaborados a partir de material de desecho y que además tienen hasta nombre propio, el "Gent Waste Brick for DING", DING son las siglas de la nueva ala del Museo de Diseño de Gante, acrónimo de Design in Ghent y a la vez apropiado juego de palabras ya que ding en neerlandés significa "cosa". Dicho ladrillo se desarrolló como un prototipo específicamente pensado para el nuevo edificio con una tonalidad que armonizara con el resto de las construcciones de la zona. Se compone de un 63 % de hormigón y vidrio reciclados procedentes de los residuos de la ciudad (obtenidos en un radio no mayor de 8 kms) con cal local como aglutinante. Los ladrillos no se cuecen sino que se curan, sí, como el jamón, primero durante dos semanas en un ambiente húmedo y luego al aire libre durante 60 días, minimizando así el consumo energético. El material adquiere su resistencia mediante la carbonatación mineral, un proceso en el que el carbonato de calcio reacciona con el dióxido de carbono del aire. Según los fabricantes, a lo largo de sus 60 años de vida útil el Gent Waste Brick produce solo un tercio del carbono que un ladrillo de arcilla belga convencional, por lo tanto, el uso de este material en el nuevo edificio del Museo del Diseño ahorraría 107 toneladas de CO₂. Tienes más información en este artículo de BauNetz. Junto a ello, la empresa belga BC materials desarrolló un procedimiento limpio y sencillo para cortar el ladrillo que puede realizarse in situ en una unidad de procesamiento móvil, incluso por residentes y visitantes del museo que aprenden así de manera práctica los beneficios del reciclaje también en arquitectura. Dicha empresa ha realizado otros proyectos similares partiendo de algas para el Lot 8 de Arlés (donde trabajaron junto al estudio Assemble para renovar un antiguo edificio ferroviario) o de conchas para la rehabilitación del edificio EcoHanok para la Bienal de Gwangju en Corea del Sur con el mismo equipo que en Francia y donde echaron mano del famoso verso de John Donne (No man is an island, ningún hombre es una isla), tuneado para la ocasión como No building is an island para expresar que ninguna construcción existe aislada de su entorno, sino que interactúa de manera directa con su contexto. 

Llegados a este punto acaso te estés preguntando que pinta tras semejante introducción el título de la entrada de hoy, porque contradice lo que acabamos de plantear. Rubbish in, rubbish out (Basura dentro, basura fuera) es una expresión del mundo de la informática que viene a querer decir que si introduces información o datos de mala calidad en un ordenador, por muy avanzado que sea, lo que obtendrás seguirá siendo basura. Me chiva la IA que el primer uso público de dicha expresión puede ser un artículo publicado el 10 de noviembre de 1957 en The Times en torno a los matemáticos del ejército estadounidense, quienes en su peculiar jerga utilizaban la expresión "Garbage in-Garbage out" (Garbage es basura en inglés americano) en su incipiente trabajo con los monumentales ordenadores de la época, expresión que de hecho devino acrónimo (GIGO). Ya en su tiempo Charles Babbage (1791-1871), pionero de la informática, había planteado esta cuestión. Desconocía la expresión y curiosamente, aunque como vemos en arquitectura no aplica, la descubrí hace unos días utilizada por un arquitecto, Bjarke Ingels en concreto, en una charla con Norman Foster que albergó Ivorypress, evento premium que estuve a punto de perderme a pesar de llegar con tres cuartos de hora de antelación. Con tu permiso paso a modo chascarrillo (breve) por aquello de sazonar la entrada y darle un toque personal. Tras varios parones en el lento avance de la interminable cola, especialmente largo el último ya casi a las puertas, y cuando empezábamos a perder la esperanza de poder entrar, admitieron a un pequeño grupo más que acabamos alojados en una sala de reuniones localizada en una especie de mezzanine sobre el salón de actos. No veíamos directamente a los ponentes pero teníamos un pedazo plasma desde donde pudimos seguir perfectamente el evento, además de estar cómodamente sentados en unas sillas de diseño y rodeados de un ambiente soberbio, todo en blanco nuclear, con un aire retrofuturista ligeramente high-tech que me recordó de pronto a la Skybreak House, que hiciera tremenda aparición en La naranja mecánica. Además fue Elena Ochoa in person la que nos condujo al espacio. Más no se puede pedir. 

Te decía que la expresión que da título a la entrada fue introducida por Ingels en una conversación que mantuvo con Foster tras presentar varias de sus obras, entre las que por cierto no estaba el GOe donostiarra y eso que es uno de sus últimos trabajos. Hablando sobre el reto de la IA en arquitectura el danés venía a decir que, sin menospreciar el avance que suponía (al igual que lo había supuesto el paso del dibujo a mano al diseño por ordenador), le preocupaba que el uso de la inteligencia artificial iba a suponer ejercitar cada vez menos el "músculo" del cerebro. Y ahí, creo recordar, es cuando sacó a relucir lo de Rubbish in, rubbish out: sin ejercitar la mente difícilmente seremos capaces de plantear los prompts adecuados a la formidable máquina. Ante una pregunta pobre, la respuesta también será pobre por muy sofisticada que sea la IA. Es obvio que a ambos arquitectos, a los que separan 39 años como recordaba con cierto humor Ingels, les une un optimismo desbordante y una afición por los retos (había algo de rey y delfín viéndoles juntos), como cuando el Lord arquitecto señalaba que en un momento determinado en su estudio se decidieron a diseñar edificios de atención sanitaria atraídos por el hecho de ser un campo en el que nunca habían trabajado, lo que a su vez les permitía aportar una perspectiva mucho más "fresca" a esa especialidad. Es justo ahí, añadía, cuando se encara un trabajo sin experiencia ni lastres previos, el momento en el que surgen las "grandes preguntas" y se pueden introducir valiosas innovaciones. Decir por último que precisamente hoy se estrena la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao que ha llevado a cabo el estudio de Foster, tan distinta a la del DING (quizá porque en el entorno del Bellas Artes no había nada con lo que mereciera la pena dialogar) y en cuyo concurso, por cierto, compitieron BIG (el estudio de Ingels), Moneo o Nieto y Sobejano, Fuensanta Nieto también estaba presente en el acto de Ivorypress. De paso diremos que está a punto de reabrir el Museo Sorolla en Madrid, que Nieto y Sobejano han ampliado, vaya octubre de interesantes reaperturas que tenemos. 

Tercer y último tema de hoy. Si recuerdas, en la entrada anterior hablábamos de un artículo de Alejandro Zaera-Polo y de un libro suyo publicado en 2012, The Sniper´s Log. The Architectural Chronicles of Generation-X ("El diario del francotirador. Crónicas arquitectónicas de la Generación X"). He encontrado por internet fragmentos del libro que me han dejado claro que está bastante fuera de mi alcance intelectual aunque como nos atrae lo de pelearnos con un texto abstruso, lo he encargado (no es un libro fácil de encontrar). Nos ha recordado al S,M,L,XL de su mentor Koolhaas, que también nos obligó a sudar la camiseta (no pocas veces fantaseaba, durante su farragosa lectura, en arrojarlo por la ventana de mi piso, algo poco adecuado porque el libro pesa 3,2 kilos y vivo en un 5º), mucho más recomendable es, también de Koolhaas, el Elements of Architecture, otro tochazo en el que por cierto participó Zaera-Polo, en el capítulo dedicado a las fachadas. En la introducción a The Sniper´s Log explica el madrileño con estudio en Londres (AZPA, hasta hace muy poco AZPML) el curioso título : "Aquí es donde el francotirador vuelve a ser un modelo. A diferencia del filósofo o el científico, el perfil inconformista del francotirador se presenta como un mejor protagonista para una epistemología contemporánea del presente. Disparando desde posiciones cambiantes a objetivos en constante movimiento, siguiendo una implacable trayectoria de movimientos tácticos sin necesidad de alineación con otros agentes, interactuando directamente con un terreno en permanente transformación..." (Zaera-Polo parece pasar olímpicamente del No man is an island de Donne) y se dice perteneciente a la Generación X en su "afición por las travesuras" y su carácter relativista, cínico y nómada, ilustrando el texto con fotos de celebrities pertenecientes a dicha generación, que estaría embutida entre los boomers y los millenials (aunque Zaera-Polo, nacido en 1963, sería técnicamente un boomer según la categorización "oficial", debe molarle más ser X). Para entonarme me he releído, en diagonal, Generación X (1991, 1995 primera edición en español) de Douglas Coupland, libro que los treintañeros de entonces leímos con fruición (sí, yo también estoy entre boomer y X) y está prologado por Daniel Verdú nada menos, quien califica el texto del americano de "libro insignia de los 90". Zaera no hace alusión al libro de Coupland en la introducción del suyo, ¿lo habrá leído? No creo que estuviera de acuerdo con esta afirmación que Verdú hace de los "Gen X": "Los X carecen de furor reivindicativo", sí seguramente aprobaría estas otras: "No se han gestado como rebeldes sino como residuos. No se sienten solidarios sino individuos. No son piña; son la peña. No tienden a manifestarse sino a desaparecer. No constituyen un movimiento, se encuentran, en su mayoría, parados". Hombres/mujeres isla, por tanto. Y aquí podemos conectar, en oblicuo, con el tema de hoy. Efectivamente, los X, los de Coupland al menos, tienen una cierta obsesión por el residuo y el bajofondismo (downshifting, imagino) como traduce Mariano Antolín Rato, un histórico de la traducción, acaso el último beat y primer underground español, alumno del tremendo Gustavo Bueno, compañero de viajes de Antonio Escohotado, traductor de no pocos malditos como Burroughs, Baudelaire o Kerouac y experto en la cultura americana (descubre su alucinante vida aquí). La ruina/basura aparece no pocas veces de forma casi poética en el libro de Coupland, a menudo como oposición a los pijos yuppies, generación (más bien categoría cultural bajo el paraguas boomer) que a su vez reflejara con verdadera mala baba Easton Ellis en American Psycho. Hablando de los yuppies dice Andy, el narrador de Generación X: "¡Qué pagados de sí mismos! Se consideraban águilas que construían nidos formidables con ramas de roble y cañas de mimbre, cuando en vez de eso eran más bien como las águilas de aquí de California, que construyen sus nidos con trozos de coches abandonados que parecen coles de Bruselas cogidas de un sandwich -silenciadores oxidados y cintas de ventilador herniadas-, objetos abandonados en la carretera que encuentran descoloridos en los arcenes de la carretera de Santa Mónica  -sillas de jardín de plástico, tapas de poliuretano de neveras portátiles y esquíes rotos-, objetos baratos, vulgares, tóxicos que o bien se descomponen en cuestión de minutos o se mantendrán esencialmente en el mismo estado hasta que nuestra galaxia se convierta en supernova". El trío de inadaptados que presenta Coupland huyen de la ciudad para refugiarse en el desierto (Palm Springs), viven abrumados por la amenza nuclear (Chernóbil queda cerca), trabajan en Macjobs (trabajos basura) y odian todo lo que huela a consumismo, representado por los centros comerciales (invento estadounidense para más inri) mientras, como en una versión posmoderna de los Canterbury Tales, se narran unos a otros historias a cuál más surrealista para matar su tedio existencial. El libro, para mí por lo menos, ha envejecido mal. Aunque es más probable, obvio incluso, que el que ha envejecido sea yo. 

La conexión entre The Sniper´s Log y Generación X parece evidente, aunque como decimos Zaera-Polo no hace referencia (en la introducción al menos) al libro de Coupland, publicado en 1991. Nos preguntamos si podríamos establecer alguna relación a su vez entre dicho libro y el ya mencionado S,M,L,XL (1995). No sé, ambos comparten el intento de reflejar una época, el dichoso Zeitgeist, uno desde una perspecitva más sociológica, otro arquitectónica, con un estilo pop y desenfadado. También en el diseño de página (con esas notas al margen que describen conceptos que supuestamente definirían esos tiempos, a menudo con rasgos cómicos) podríamos encontrar parecidos. No me suena que Koolhaas mencionara en su libraco a Coupland o la generación X (me da una enorme pereza comprobarlo como comprenderás), pero sí es cierto que hay un personaje que los conecta, aunque más bien a posteriori: Hans Ulrich Obrist, célebre crítico de arte, comisario de exposiciones, director artístico de la Serpentine londinense (desde 2006) y escritor suizo, autor junto a Coupland y Shumon Basar de The Age of Earthquakes (2015) con claras influencias de McLuhan y una maquetación también muy pop, y su continuación, The Extreme Self (2021). El mismo trío llevaría a cabo varias exposiciones que presentarían las ideas de dichos ensayos, así, Age of You,  Welcome to the Age of Present o The Extreme Present. También he encontrado, mira tú por dónde, una colaboración entre Coupland y Bjarke Ingels, BIG ART (la verdad es que la caudalosa web de Coupland es una verdadera caja de sorpresas). Más conocida es la cooperación entre Obrist y Koolhaas para numerosos proyectos, el suizo entrevistó al holandés en Rem Koolhaas. Conversaciones con Hans Ulrich Obrist y juntos han comisariado varias exposiciones ya desde los 90, así Cities on the Move, sobre las transformaciones de las ciudades asiáticas, de donde surgiría el libro Project Japan: Metabolism Talks (2011) o Mutations (2000), presentada en el arc en rêve de Burdeos y que también devino libro. Pero quizá la colaboración más importante entre Obrist y Koolhaas se haya producido cuando el holandés diseñó el Serpentine Pavilion de 2006, momento en el que Obrist acababa de asumir la dirección artística de la institución, y juntos organizaron la 24-Hour Interview Marathon, en la que, durante 24 horas, entrevistaron a arquitectos, músicos, científicos, etc. Restaría sólo, por tanto, cerrar el triángulo conectando a Koolhaas con Coupland, eso ya te lo dejo a ti. 

Terminamos ya, tendrás ganas (y yo). Casi se me olvida, la foto que preside la entrada de hoy no es del DING, como sería quizá lógico. Últimamente me ha dado por subir sólo fotos mías, así que, aunque bien que nos gustaría viajar a Gante, tengo que apañarme con inmuebles más cercanos como éste, esperamos que la tontería se nos pase pronto. Se trata del Palacio del Hielo y del Automóvil, un soberbio caserón centenario de fascinante historia que soportará una transformación similar al museo gantés y que dormía el sueño de los justos a la vera del hotel Palace en Madrid tras sufrir intervenciones de Muguruza y Fisac nada menos. El inmueble va a ser resucitado para convertirse en una suerte de segunda sede del Thyssen que albergará obras de la Colección TBA21 de Francesca Thyssen-Bornemisza, una colección con un marcado enfoque ecológico y una decidida voluntad de transformación social, así que no sería de extrañar que en un futuro veamos alguna exposición de Obrist y Coupland allí. Acabamos con artículo de Javier Gomá para El Mundo de nombre Libre y con compromiso que nos ha encantado, a ver qué te parece: "Sólo nos es posible vivir en primera persona del singular, pero hemos nacido de esa primera persona del plural que son los padres y vamos formando con el tiempo otras personas plurales de nuestra elección: una familia, una red de amigos, una empresa. Cada uno de estos nosotros surgió para alcanzar un bien que trasciende al individuo y que sólo disfrutan quienes se comprometen seriamente con sus fines superiores. El compromiso no se contrapone a la libertad, sino que, al contrario, la lleva a cumplimiento. Por eso declararse libre y sin compromiso denota el infantilismo psíquico de quien no está aún preparado para permanecer fiel a sus decisiones. Peor es el compromiso sin libertad propio de súbditos obligados a alienarse en el altar de algún colectivismo. El único estado que define debidamente al ciudadano en plenitud de facultades y señor de sus actos es el de libre y con compromiso". No man is an island, o sea.