martes, 8 de septiembre de 2009

Cajas

Tras el vértigo volumétrico de Libeskind, echemos un vistazo a formas más simples ahora que se ha desvelado el sencillo (aparentemente) proyecto de OMA en Singapur: una aglomeración de cajas apiladas en lo que podríamos llamar estilo Ikea hasta completar 1040 viviendas:


Hay cajas arquitectónicas divertidas y cajas aburridas. En la primera categoría podemos situar las de los también holandeses MVRDV, ver por ejemplo su Edificio Wozoco en Amsterdam (una version actualizada de nuestras Casas Colgantes de Cuenca):


o el Edifico Mirador en Madrid en Sanchinarro (con Blanca Lleó), camino de convertirse en un símbolo de la ciudad:

Más cajas que nos gustan: las del cordobés Rafael de la-Hoz, por ejemplo, su auditorio Rafael del Pino en Madrid:


Entre las cajas soberanamente aburridas podemos destacar al británico David Chipperfield, aquí tenemos la Ciudad de la Justicia de Barcelona:

O al cántabro Juan Navarro Baldeweg, que parece empeñado en copiar los diseños de los centros comerciales de El Corte Inglés tanto en el Teatro del Canal de Madrid:

como el conjunto de equipamientos culturales del "Solar de Caballería" en Burgos, actualmente en construcción.

Aunque como siempre no se puede generalizar: me gusta mucho más el bloque de viviendas sociales en Villaverde (Madrid) de Chipperfield que el anodino edificio Celosía también en la capital de MVRDV (con Blanca Lleó):



Dejamos para el final nuestra caja favorita, de nombre precisamente The Box ("La Caja") y que a principios de los años 40 construyó el arquitecto anglosueco Ralph Erskine a las afueras de Estocolmo. Recién licenciado, idealista, con muchos proyectos y poco dinero, Erskine decidió visitar Suecia desde su natal Inglaterra porque le convencía la filosofía arquitectónica (y vital) de ese país... y allí se quedó. Construyó The Box en mitad de un idílico bosque aislado de cualquier zona habitada y donde en invierno se alcanzaban los -20 grados. Su mínimo presupuesto le llevó a tener que construirla con sus propias manos, con materiales que encontró en la zona y de un tamaño muy reducido (tenía unos 20 metros útiles), sin agua corriente, luz ni equipamientos sanitarios, y sin embargo, allí vivió con su esposa, y pronto con su primer hijo, durante cuatro años y allí también encontró espacio para dibujar no pocos proyectos. Se las arreglaron a base de mucha imaginación, luchando contra el frío con aislamientos naturales y una ingeniosa chimenea y contra la falta de espacio con curiosos artilugios como el sofá-cama, que mediante un sistema de poleas podía elevarse hasta el techo para dejar diáfano el salón -la cuna tenía también el mismo sistema- o una mesa de trabajo plegable: volvemos a Ikea, que no por casualidad es una marca sueca.... La casa quedó en estado de abandono tras marcharse los Erskine pero ha sido restaurada. Esto sí que es "sostenibilidad" y lo demás son tonterías.


The Box mereció una exposición monográfica en las Arquerías de Nuevos Ministerios de Madrid en 2005, año en el que murió Erskine.

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