domingo, 26 de enero de 2020

Resilvestración (2)



"La proximidad a las cosas y a los otros no se aviene con las abstracciones. Resulta curioso que, hoy más que nunca, andemos faltos de concreción. De ahí que sea imperioso un nuevo materialismo: el de las manos que toman y tocan; el de los olores que sentimos y el de los colores -fuera de las pantallas- que vemos. Casi equivalente al esquema marxista: sin las manos, las figuras de la imaginación se convierten en tan abstractas que pierden su significado. El materialismo del que andamos faltos no es el teórico -casi contradictorio en sus términos- sino el más concreto, y, por tanto, el más verdadero de todos. Si no lo recuperamos, entonces la era digital sí será, sobre todo, la era de la evasión, el opio renovado para el pueblo. En  forma imperativa se podría decir: "Por favor, tocad tanto como podáis". Tocad la tierra, los troncos de los árboles, las piedras, la fruta, los cuerpos deseados... acariciad el aire y abrazad a los hijos y agarrad las mantas y haceos la comida. (...) 
Sencillez no equivale a banalidad.(...) Lo que llena el día a día, así como el paso de los meses y los años, podría considerarse de poca monta, mediocre, en nada sobresaliente, como una vida muda, "materialista", de vuelo raso... Pero esta manera de ver sería, en realidad, corta de miras. No sólo porque es posible hacer un análisis serio de todas las excelencias (fama, notoriedad, honor...) y descubrir en ellas mucha banalidad y apariencia, sino también porque hay una indiscutible dignidad en la vida sencilla de la gente". (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima).

"Se cuenta que el arquitecto sueco Sigurd Lewerentz (1885-1975) llegaba a las obras de sus iglesias de St. Mark en Björkhagen (1956-1960) y St. Petri en Klippan (1963-1966) muy temprano por la mañana, cuando los albañiles comenzaban su jornada de trabajo y, sentado en una silla, señalaba con su paraguas un ladrillo de la pila y después el lugar donde iba destinado en el muro que se estaba construyendo. En los muros y en las bóvedas de Sigurd Lewerentz, tendidos con gruesas juntas de mortero, cada ladrillo mantiene su individualidad y la aspereza de la obra de fábrica expresa la cualidad física del trabajo; casi puede sentirse el olor a sudor de los albañiles y escuchar sus charlas." (Juhani Pallasmaa, La mano que piensa).

domingo, 19 de enero de 2020

La casa (2)



Esta semana hemos visto fotos de la casa que Pawson se ha hecho en los bellos Cotswolds y de inmediato hemos deseado replegarnos en ella como dice Esquirol en el libro que me estoy leyendo, La resistencia íntima, y que te citaba en la última entrada. El filósofo catalán cita mucho a Heidegger, que como todos sabemos se replegó en una aislada cabaña para escribir y decía aquello de que "en una noche cerrada de invierno cuando una salvaje y poderosa tormenta desata su furia alrededor de la cabaña y oculta y cubre todo, ése es el momento perfecto para la filosofía". Muchos otros pensadores obraron igual, demostrando acaso que la creatividad solo es posible en soledad, ahí van algunos: Mahler, Grieg, Knut Hamsun, Wittgenstein, Strindberg, Dylan Thomas, Lawrence de Arabia o Virginia Woolf (quien afirmara: "una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción" en A Room of One´s Own). Eduardo Outeiro señala en Cabañas para pensar: "La cabaña es la cueva hecha acto de de pensar. O el pensamiento hecho estructura. Parece ser el armazón-materialización de un deseo, de una pulsión arrolladoramente intensa. El exoesqueleto de una actividad. Como la armadura de Quijote. Sale de dentro afuera". 

Pero qué bonito. Ahora bien: ¿podremos algún día todos los mortales, y no solo cuatro intelectuales, gozar de los beneficios de la casita aislada? Pues no, entre otras razones porque nuestra maltrecha Tierra no da para tanto. Nuestra época reclama nuevos modelos de habitar y nuevas formas de construir. El proyecto Entresitios, en el madrileño barrio de Usera, es un buen ejemplo. Como explica su arquitecto, Iñaki Alonso, el edificio, construido parcialmente en madera, tiene una vocación socializadora ("cohousing") que haría feliz a Andrés Jaque: así, el ático, en lugar de reservarse a unos pocos vecinos acaudalados se dedica a zonas comunes, lo cual no deja de tener su lado oscuro en forma de posibles fricciones vecinales (la puertourraquización de la que hablaba Jaque). Un sistema similar sería según la arquitecta Paz Martín ideal para enfrentarnos a las necesidades de vivenda adaptada para el tsunami gris que se avecina. Otras formas de construir como decíamos son también necesarias. Esta misma semana Oliver Wainwright, tras afirmar que el sector de la construcción en Gran Bretaña emplea el 60% de los materiales producidos y emite el 45% de todo el CO2 que genera el país, se hace la siguiente pregunta: ¿Y si no se construyeran nuevos edificios sino que se reciclaran los ya existentes? Y nos presenta a Thomas Rau, un arquitecto holandés que trabaja en la catalogación de materiales presentes en edificios para su posible reutilización: "Hay que pensar en los edificios como depósitos de materiales". Holanda es puntera en estos planteamientos circulares, con propuestas como eliminar el concepto de propiedad (que mata la innovación según Rau) por el de alquiler de los materiales (desde la fachada hasta las bombillas) obligando a las grandes empresas a ofrecer planes de mantenimiento y lograr acabar, por ejemplo, con la obsolescencia programada. En la misma línea, la urbanización danesa Resource Rows (en la foto de arriba) reutiliza fragmentos de fachada de la destilería Carlsberg en Copenhague, recientemente demolida, reduciendo las emisiones de CO2 en su construcción en más de un 50%. Estas drásticas medidas son mucho más efectivas que los actuales certificados de sostenibilidad que, como Eduardo Prieto señalaba en otro artículo aparecido esta semana en El Mundo, se otorgan a edificios que parecen todo menos sostenibles: "Este modo sostenible -este modo contable- de entender la relación de los edificios con el medioambiente no tendría nada malo si no fuera porque resulta rudimentario en su afán por reducir la complejidad de la arquitectura a datos numéricos. La medida de la sostenibilidad arquitectónica la dan hoy certificados emitidos por empresas especializadas que, acreditando la condición ecológica de un edificio, lo dotan también de un prestigio ético que muchas veces produce perplejidad: ¿cómo es posible -nos preguntamos- que tantas construcciones completamente vidriadas y herméticas puedan blasonar de certificados verdes pese a refutar el más chato sentido común?". Lo mismo puede decirse de esos SUV premium híbridos de 450 CV, 3.000 kilos y distintivo medioambiental ECO. Prieto por cierto, filósofo y arquitecto, acaba de publicar libro sobre el tema: Historia medioambiental de la arquitectura. Y podemos ampliar la escala: en The Guardian de nuevo un interesante artículo propone volver a las ciudades low-tech "tontas" ante la posibilidad cierta de que las ciudades "inteligentes" donde todo queda controlado y registrado telemáticamente acaben resultando demasiado costosas y complejas de gestionar (y por cierto, ¿adónde irá tanto dato? ya hay quien habla de"surveillance capitalism"; el capitalismo de la vigilancia). El artículo propone una resilvestración de las ciudades siguiendo ejemplos de arquitecturas vernáculas que han demostrado su eficacia.  

Todos los pre-pre-millennials educados con Heidi (puro Heidegger, por cierto), sufrimos un shock emocional sólo comparable a la muerte de la madre de Bambi cuando nos enteramos de que las vacas, esos animales bucolizados y de inocencia primigenia (Loos comparaba precisamente su ruda belleza con la de la casa), podían ser también nocivos y contaminantes, en concreto sus flatulencias. Otra de las batallas que se está librando en la guerra sin cuartel contra el cambio climático se centra en la reducción o incluso eliminación del consumo de carne. Y no sólo porque evitaría que se aliviaran hacia una atufada atmósfera ingentes cantidades de metano, sino porque ello liberaría terreno para uso agrícola. George Monbiot tiene un documental sobre el tema de título Apocalypse Cow. Puede haber otras soluciones: ¿Recuerdas a Philip K. Dick preguntando si los androides soñaban con ovejas eléctricas? Ya se han hecho experimentos hibridando robots mínimos con células animales, así que podemos soñar con tener en un futuro animales que aporten carne para consumo pero que sin embargo, y me vas a perdonar, no se pedan. Mientras tanto, la resilvestración (que ya adelantara nuestro César Manrique) se impone, llegando incluso a los museos, así la exposición Narciso o la floración de los mundos que puede verse ahora mismo en el MÉCA de Burdeos (el centro cultural diseñado por BIG), tendencia que puede llegar a extremos delirantes como el taller que Zhang Bo planteó en la última Bienal de Venecia (Plant Sex Workshop): cómo tener sexo con una planta (¿con paciencia?). 

En fin, reiremos por no llorar. El tema lo permea todo, y no es para menos. Hasta Manuel Rodríguez Rivero en su columna de Babelia, glosaba ayer mismo un libro sobre ello, Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros de Jorge Riechmann: "Riechmann parte de que ya no se puede detener la catástrofe, porque la lógica y la evolución del capitalismo "fosilista" desde los años setenta del siglo XX hacen sospechar que ya no habrá tiempo "para transiciones socioecológicas razonables". Ya estamos, viene a decir (...) en "tiempo de descuento". (...) El Titanic -Riechmann reutiliza el símil- ya se ha topado con el iceberg, y lo mejor que podemos hacer es aceptar lo inevitable y organizar el salvamento, sin autoengaños ni mixtificaciones: de eso va el libro". Pues eso, que hay que aprender a "colapsar mejor". Te invito a acompañar esta dolorosa apreciación con el nostálgico tema central de Blade Runner 2049 de Hans Zimmer, en la estela de la mítica banda sonora de Vangelis (en él suena, alto y claro, el legendario sintetizador CS-80). 

En bucle melancólico, acabamos como empezamos: con filósofos, cruciales en estos tiempos acaso terminales. Esta semana, Joseph Scruton se nos ha ido. Solo le conocía por sus sonadas polémicas como director del organismo británico Building Better, Building Beautiful (te prometo que la primera vez que leí el nombre de esta comisión gubernamental me pareció una coña del articulista), pero resulta que era un destacado filósofo conservador. También activo ecologista, arrimaba el ascua a su sardina ideológica afirmando que la lucha por el medioambiente, tradicionalmente considerada de izquierdas, se basaba en la preservación a ultranza, el equilibrio y la oikofilia ("el amor al hogar") y era por tanto en esencia conservadora. Lo que está claro es que dicho amor al hogar debe salir del reducto de la casa y extenderse al planeta entero como ya hace varias décadas afirmaba Buckminster Fuller: no somos sino pasajeros en la nave espacial Tierra

domingo, 12 de enero de 2020

La casa


"En algunos juegos infantiles como el de pillar, cuando pasa el peligro y el chico o la chica consiguen llegar a una zona segura exclaman:"¡Casa!" o "¡Salvado!". Merece la pena fijarse en la cara de satisfacción que ponen al pronunciar estas palabras. Reveladora equivalencia: la casa salva. Pero ¿de qué nos salva? Nos salva, por de pronto, de la inmensidad. De la inmensidad que espanta a Pascal o que, tomada como imagen, sirve a Nietzsche para acentuar en un momento dado nuestra insignificancia. Minúsculos granitos de arena perdidos en el océano del infinito, listos para su inminente desaparición-disolución; esta imagen recurrente tiene el contraste de la casa. La poderosa inmensidad, con talante de abismo, cede -por lo menos provisionalmente- ante la protección que la casa le ofrece al mortal. En un universo de dimensiones inimaginables, la casa actúa como el centro del mundo. De ahí que la casa modesta sea más casa que el gran palacio. El centro requiere más delimitación, más definición, y, sobre todo, más calidez (...)

La separación dentro-fuera determinada por las paredes y por el tejado, además de relativa, no supone ni cierre ni aislamiento, sino, al contrario, la condición de posibilidad de la salida. ¿Acaso sería posible coronar la cima de la montaña más alta sin pasar la noche en la tienda de campaña o en el refugio? De ahí que hayamos señalado que la resistencia como recogimiento no se opone a la idea de proyecto; más bien, desde ese punto de vista, se revela como su condición de posibilidad.(...)

La casa es la concavidad del cobijo, de la misma manera que el cuenco formado con las manos lo es del don. El tejado de la casa se parece a la figura de las manos juntas mirando hacia abajo; las palmas serían el techo. El cuenco se hace con las mantos juntas hacia arriba. Con el cuenco se da y se ofrece; con el techo se guarda y se ampara. El cobijo lleva al don. Se da en casa y se sale en casa para dar. (...)

"Casar equivale a unir. Recoger y replegarse son gestos de quien dona. Donde Deleuze hace una filosofía de los pliegues, nosotros ensayamos aquí una filosofía del repliegue, que no es una variación de aquélla sino una alternativa. Los pliegues no suelen tener centro; el repliegue, sí. Los pliegues proceden de los planos y permiten pensar la multidimensionalidad; el repliegue, de la acción de replegarse. Los pliegues son composición, el repliegue, sencillez. Los pliegues, exterioridad; el repliegue, apartarse ("apartamiento", retirada). El repliegue es, a la vez, prólogo y epílogo del don". (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad).


sábado, 4 de enero de 2020

Jaque y la gata Niebla (2)


Seguimos hoy comentando Mies y la gata Niebla, que ya acabé. Lo trans y lo escalar son conceptos clave en el libro de Andrés Jaque, que en sus últimos ensayos gana en interés. Así, bajo el título de Urbanismo transmediático, el arquitecto madrileño nos presenta el que es, en mi opinión, el mejor ensayo de su libro. Ofrece un estudio realmente interesante y documentado (y a ratos espeluznante) de cómo Berlusconi consiguió convertirse en una figura todopoderosa en la Italia de no hace tanto. Resulta que su imperio audiovisual, el que a la postre le ayudaría a alcanzar la presidencia del gobierno de su país, se forjó en la promoción inmobiliaria, en concreto de la inmensa urbanización Milano 2 iniciada en 1968, que llegaría a convertirse en mucho más que una simple ciudad satélite de Milán. Diseñada por la inmobiliaria que presidía (Edilnord Centri Residenziali) como un proyecto dirigido a un target poblacional específico (jóvenes profesionales urbanos que trabajaban en grandes multinacionales: su lema era la città dei numeri uno), acabó convertida en un ghetto glamuroso y autosuficiente no solo en lo tocante a servicios y bienes (provistos por empresas afines a Berlusconi) sino también en el ocio. Es lo que Jaque llama urbanismo transmedia. En esta urbanización il cavaliere dirigirá Tele Milano, germen de Mediaset, el imperio televisivo que en los 90 desembarcaría en España con las icónicas mamachicho, poderosas afroditas que elevaron el pulso y el impulso transarquitectónico del español medio (¿Quién dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor? Porque aquí no aplica). Los estudios subterráneos de Mediaset en Milano 2, el "componente arquitectónico" más importante de la ciudad, son "el núcleo de coordinación política de Berlusconi, una arquitectura que necesita ocultarse para maximizar su eficacia política". Eficaces no solo como altavoz publicitario de los productos patrocinados por Berlusconi y amigos, sino también como creadores de productos televisivos especializados, siempre al servicio de aquellos. Si la RAI ofrecía una programación que homogeneizaba a la sociedad italiana con programas genéricos, Tele Milano segmentaba a sus televidentes gracias a sus programas diferenciados (algunos de ellos de juzgado de guardia). Tele Milano pronto se convertiría en Canale 5 y acabaría retransmitiendo en todo el país, globalizando nuevos formatos publicitarios inéditos hasta entonces (los productos, lejos de limitarse a la tradicional publicidad de los interminables intermedios, invaden sin empacho las narrativas catódicas) e innovadoras tipologías televisivas entre las que merecen citarse esos ya olvidados programas musicales donde se emitían sesiones discotequeras con los DJ´s más punteros del momento, como Claudio Cecchetto (es mi penoso deber enlazarte a una muestra de su trabajo, tú veras si clicas o no) y los mareantes efectos de Valerio Lazarov (¿le recuerdas?), el rey del zoom, sumergiendo al ciudadano de a pie en experiencias de corte psicodélico que de otra forma quizá nunca hubiera experimentado. En este impresionante documento gráfico puedes ver un buen ejemplo del trabajo de Lazarov en su primer paso por TVE, antes de ser contratado por Berlusconi (en los primeros 70 el régimen franquista trajo al realizador de su natal Rumanía para dar un barniz de modernidad a una España gris y alienada; tras su etapa italiana volvería a nuestro país como directivo de Tele 5). Jaque acaba así su sobrecogedor ensayo: "Los efectos que en su momento empezaron en Milano 2 el comienzo de lo que el control de internet disparó, las dinámicas de reconstrucción de lo humano como el dominio de los mercados sociotecnológicos. La forma de existencia de la que los humanos, en las extensiones transmateriales que nos constituyen, intentamos ahora repensar lo político".  Entre nosotros, yo me he perdido (igual Jaque está experimentando aquí con la sintaxis, acaso instrumento reaccionario también digno de estudio cosmopolítico, porque creo que la gramática mira a Cuenca que lo flipas), pero puede ser que todo sea culpa de mis neuronas, perjudicadas tras los desgoznados zooms de Lazarov (aquí tienes el texto completo del estudio con fotos de Milano Due). Sea como fuere me parece un ensayo, como decía, de gran interés que puede explicar muchas cosas, a veces inauditas, que pasan en la actual Tele 5. Por cierto, ahora que tanto se habla de la resilvestración en el ámbito político y social como una estrategia idónea de
management ciudadano me pregunto si en lo televisivo las dinámicas de abajo arriba de Mediaset frente a las de arriba abajo de las primeras televisiones públicas generalistas no nos han conducido a un desastre cultural y conductual de cuyas alarmantes dimensiones solo ahora empezamos a darnos cuenta.

No tenemos tiempo para comentar otros tantos notables ensayos de Jaque que nos muestran realidades que pueden relacionarse con lo arquitectónico, daremos apenas unas breves pinceladas. Así, en su estudio sobre Nueva York (Sex and the [So-Called] City), con puntos en común con el dedicado a Berlusconi, Jaque no tiene pelos en la lengua al relatar lo que está pasando en la ciudad de los rascacielos (este ensayo bien podría servir como epílogo de Delirious New York): "Sexo en Nueva York anticipó lo que más tarde se convertiría en un urbanismo sanitario post-2008, una forma de urbanismo que dio prioridad a incentivar el valor de los inmuebles y que cambió la ciudad física y territorialmente. (...) Nueva York ya no es una ciudad. (...) Se ha convertido en una composición transescalar de realidades estratificadas. Una recreación transurbana concebida colectivamente para producir, reproducir y albergar valor en una nueva forma social: la lujocracia". ¿Sabías que el color del cielo que se ve desde el hiperlujoso rascacielos residencial del 432 de Park Avenue (a 95 millones el ático) no es real? Es un color inventado como "realidad renderizada" por el estudio de arquitectura DBOX para la publicidad del edificio, color que luego fue imitado en el edificio real gracias al vidrio Eckelt Lite-Wall de fabricación austriaca que cubre las 2.136 ventanas de 3x3 metros de la torre, "un vidrio diseñado para polarizar la luz natural e intensificar la fracción azul de su espectro de color". Además, las ventanas del edificio son todas fijas, por lo que sus inquilinos no podrán nunca descubrir la diferencia. Los "edificios-periscopio", como los llama Carol Willis, autora de Form Follows Finance, "son una elocuente representación material de los flujos monetarios inmateriales que han fracturado dramáticamente la sociedad contemporánea, exacerbando la desigualdad económica hasta extremos de caricatura, concentrando la riqueza en cada vez menos manos y liquidando las expectativas de progreso de unas clases medias empobrecidas que han visto debilitarse tanto las estructuras del estado de bienestar como la movilidad social basada en el talento y el esfuerzo", en palabras ahora de Fernández-Galiano, quien dedicó al fenómeno de los últimos supertall neoyorquinos el Arquitectura Viva 179. ¿Y sabías que para que Nueva York tenga un cielo más limpio, casi como el de los renders, gracias a la progresiva sustitución de viejas calderas de gasolina por otras de gas, es necesario que la vecina Pensilvania, principal suministradora de dicho gas, haya sufrido un destacado aumento de contaminación por culpa del fracking?

En otro de sus ensayos (Desconocidos íntimos), Jaque se acerca al fenómeno de Grindr, una red de contactos diseñada para usuarios homosexuales: "Grindr es un arquiurbanismo online que permite la irrupción en el espacio offline de la interacción online. Crea un tipo de espacio multiplicado donde coexisten, y a menudo colaboran y entran en conflicto, configuraciones tecnohumanas diversas, pero simultáneas. (...) Más de 360 millones de personas en todo el mundo las usan [las numerosas redes sociales de contactos] a diario como parte de las dinámicas en las que la construcción de uno mismo toma el protagonismo arquitectónico que en el pasado tuvo la construcción de edificios, y en las que lo urbano ya no ocurre en el espacio público, ni en las calles y plazas, sino que se reinventa como una forma de intimidad que se produce entre desconocidos". Grindr ha empoderado al colectivo gay, aunque no sin tener que pagar un precio por ello: "Los urbanismos de lo gay, en el pasado santuarios del queer y alternativa al reduccionismo heteronormativo y patriarcal, están siendo reconstruidos y mercantilizados como activos financieros, y se rediseñan para retener valor, alinearse con las lógicas de mercado y convertirse ellos mismos en mercados. Por su normalización, lo gay ha pagado un precio en forma de normatividad". 

Mucho se puede aprender en Mies y la gata Niebla. Quizá lo más obvio, como ya decía Hollein en su manifiesto de 1968, es que todo es arquitectura, que la arquitectura va más allá de lo material y hoy los mundos virtuales también necesitan de lo arquitectónico para dotarse de una forma coherente y útil, por mucho que los marcos normativos parezcan cuadrar poco con el discurso del arquitecto madrileño. Desearíamos tan solo ver un remate más cabal de sus teorías (al cabo aquí represento al lector medio), y es que tanto vaivén escalar, como el psicodélico zoom de Lazarov, impide acaso a Jaque afinar un poco más sus conclusiones.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Jaque y la gata Niebla


Pues sí, estoy leyéndome Mies y la gata Niebla. Ensayos sobre arquitectura y cosmopolítica de Andrés Jaque. Hacía ya meses que el libro rondaba por casa sin encontrarme en el ánimo adecuado para enfrentar un texto que imaginaba inaprensible, impoluto aún en su envoltorio plástico. Pero ha sido ver el restaurante Run Run Run diseñado por él y lanzarme de inmediato a sajar con encono el retractilado, tan en shock me había dejado esa tecnogranja urbana con ambición de erigirse en manifiesto político. ¿Qué esconde la cabeza del arquitecto de tamaño delirio marciano?, me preguntaba sin cesar, dando a mis días tormento.

Si Fernández-Galiano hablaba de hipermodernidad al comentar la obra de Koolhaas, quien se dedicó a tomar principios y formas modernas para llevarlos a un extremo surreal, bien podría decirse que Jaque hace lo propio con la posmodernidad. La lucha contra la uniformidad moderna toma en nuestro arquitecto cosmopolítico dimensiones dantescas, en una mezcolanza caníbal de churras y merinas. Y lo que es más importante: en el viaje alucinado de Jaque, la posmodernidad, tradicionalmente amiga del poder económico, se arma con un mensaje político subversivo en una maniobra acaso contraria a Koolhaas, que desmontó la utopía moderna rellenándola de verborrea, esta sí, inaprensible, para acabar convertido en el hombre que vestía de y a Prada.

La hiperposmodernidad (o, si lo prefieres, posposmodernidad) de Jaque está trufada de conceptos incisivos y desorbitados. Veamos algunos. Así, cuando relata su proyecto junto a Miguel de Guzmán y Enrique Krahe para la reconversión de un antiguo seminario en casa sacerdotal diocesana en Plasencia (en la foto), habla de puertourraquización, término extremo y desafortunado en nuestra opinión (ya puestos proponemos en su lugar madmaxización) que pretende reflejar la voluntad de crear en la residencia para sacerdotes jubilados un ámbito de confrontación de ideas evidenciando a su vez la falta de uniformidad de una institución como la Iglesia ("el catolicismo es la tensión entre la perspectiva única y centralizada, y una trama fragmentada de alianzas, controversias y subversiones cotidianas"). La nueva residencia ha de enfrentarse a "la necesidad de pasar de producir soldados a contribuir a generar ciudadanos". 

Algo similar sucede en su concepto de Rolling House, la casa compartida de los jóvenes millennial en la que todas las decisiones demandan una "acción política permanente" por parte de los que viven en ella. Los distintos espacios "activan socializaciones diferentes y especializadas, cada uno es una puerta de entrada, una clavija de conexión a una red de interacción". La casa se convierte así en "un ensamblaje de puertas de acceso a una maraña de espacios de socialización que se ha construido a partir de una mezcla de accidentalidad, confianza y vínculos afectivos que persisten en la distancia y en la tecnología (como Easyjet, Messenger [este texto es de 2013], sofá-cama, cristal o descargas furtivas de narrativas atmosféricas) para la teleconvivencia. Todo es público, todo es político, todo es personal" (flipo con lo de las narrativas atmosféricas). La casa es una carcasa vacía, es solo una "parada" en medio del trasiego real y virtual de unos jóvenes abocados a la interinidad permanente y al desarraigo corpóreo, devenidos ya seres quasivirtuales."'No me identifico con el gotelé de las paredes, pero sí con las postales que pincho en ellas'" (por cierto, yo también tengo gotelé en casa). La casa como "photocall", una máquina no ya para vivir que dijera ese antiguo de Corbu, sino "para producir y disponer imágenes de nosotros mismos con fondos inadecuados", para "presentarnos con una actitud", para "descolocar" a sus inquilinos, recordándoles "que estamos en transición y que nuestro empoderamiento depende del tránsito y el abandono de la inclusión en lo colectivo actual. La casa es lo que no es".  Una casa para la postvida, "el lugar que queremos dejar de habitar".  

En el siguiento ensayo, IKEA disobedients, continuación lógica del anterior, Jaque llama a desobedecer el "mandato" de IKEA de "contener la interacción social en lugares apolíticos y luminosos", promoviendo en su lugar, claro está, un replanteamiento de lo doméstico "no como un espacio de consenso, sino como uno que alberga la controversia y el desacuerdo", tras lo que nos cuenta una serie de microhistorias de hogares que retan a los más tradicionales reflejados en los mencionados catálogos de la compañía sueca. El texto aquí presente acompañaba a una instalación/performance que el MoMA adquirió para su colección permanente, siendo la única de género arquitectónico presente en el museo neoyorquino. 

El nombre del libro (Mies y la gata Niebla) tiene su origen en otro de los ensayos en él recogidos, que en este caso tiene como objetivo de análisis cosmopolítico el Pabellón alemán de Mies van der Rohe en Barcelona. Refleja la contradicción de un edificio que se presenta como permanente e inmutable cuando lo cierto es que fue el resultado incierto de un gran "ecosistema de realidades" que se encontraban en pleno tránsito ideológico, social y económico: "El pabellón fue un proyecto comercial promovido por un grupo de empresarios alemanes para que la República de Weimar, que por aquel entonces tenía grandes restricciones para comerciar con sus vecinos europeos, pudiera aprovechar la coincidencia de la exposición de Barcelona con la Exposición Iberoamericana de Sevilla para atraer a Barcelona a los contratistas de las florecientes ciudades latinoamericanas, que viajarían excepcionalmente a España. La dictadura de Primo de Rivera veía en la exposición de Barcelona la oportunidad de culminar su transición de un modelo bancario (...) a otro que fomentase el comercio internacional desde Cataluña. El pabellón fue diseñado por arquitectos en tránsito hacia la modernidad, que a su vez trabajaban para construir una sociedad que comenzaba a distanciarse de la posguerra. El edificio en sí estaba construido con materiales que habían viajado a Barcelona desde Argelia, Italia y Suiza (...). El pabellón fue inaugurado por un rey a punto de abandonar el país para siempre". Pero quizá lo más novedoso (para mí) es que Jaque propone que la reconstrucción de 1986 tuvo también una dimensión política y transitoria, ya que se quería dejar atrás una determinada imagen de Barcelona asociada al abandono durante el franquismo para iniciar un intenso peregrinaje en busca de la modernidad perdida (prueba conseguida). El arquitecto madrileño se dedica a desmontar como decíamos ese supuesto carácter inmutable del pabellón, que funcionaba "como un  dispositivo para gestionar el cambio haciéndolo invisible", poniendo en valor la "performatividad" del edificio. Su estudio se centra en el sótano que la reconstrucción de los 80 llevó a cabo (el pabellón original tenía uno mínimo), un lugar desconocido de difícil acceso para la mayoría gracias una escalera de caracol adrede angosta donde se guardan objetos variopintos que quedaron así "cajanegrizados". Jaque los saca a la luz en forma de microrrelatos: el más curioso, el de la gata Niebla del título, felino que vivía en dicho sótano para evitar que los malditos roedores llegaran al piso noble y que debe el nombre a su extraña mirada, provocada por una atrofia ocular desarrollada en la oscuridad del neosótano. Jaque se torna casi poético al recordar al único morador del inframundo postmiesiano, una suerte de Segismundo gatuno: "Hace dos años murió la gata Niebla. Niebla vivió casi toda su vida en el sótano del pabellón. Formaba parte de otro proyecto cosmopolítico: evitar que el ecosistema del pabellón contuviese roedores.(...) Mientras que los conocedores de Mies son ciegos al sótano, Niebla era ciega a Mies. No era capaz de ver en el piso de arriba". 

Y hasta aquí ha llegado mi lectura por el momento. Aún me quedan varios ensayos por leer, no puedo esperar a alcanzar los agrupados bajo el epígrafe Sex and the non-city (entre los que se incluyen Hogares pornificados). De todas formas no me resisto en este punto a dar algunos apuntes subjetivos, por lo que te invito a dejarlo aquí si mi opinión juzgas baladí. Para empezar decir que veo a Jaque pues un pelín pasado de vueltas, lo cual nos parece hasta cierto punto necesario en un pensador extremo de la arquitectura que en la actualidad dirige el programa Advanced Architectural Design de la Columbia University neoyorquina nada menos, su acelerada vida transcurriendo a caballo entre Madrid (donde sitúa la sede de su Office for Political Innovation) y Nueva York. Supongo es de sobra conocedor de la obra de Pallasmaa, aburrida si la comparamos con la ruidosa narrativa del madrileño, pero le propondría releyera con calma al arquitecto finlandés, sin ir más lejos esta cita de La mano que piensa: "Personalmente he aprendido a estar agradecido por los días terriblemente interminables de mi infancia durante la II Guerra Mundial en la pequeña granja de mi abuelo y la corroyente experiencia del aburrimiento, resultado de la falta de estímulos externos que podrían haber proporcionado los amigos, las aficiones, el entretenimiento o los libros que, por otro lado, no estaban disponibles en la vida solitaria de una granja finlandesa de hace siete décadas. Agradezco el sentido de la curiosidad y el hambre de observación evocados por la ausencia de estímulos cotidianos deliberadamente programados. Como sostiene Odo Marquard, en el mundo actual hemos perdido en gran parte "el arte de la soledad". La experiencia del aburrimiento en la primera infancia enciende la imaginación y pone en marcha la observación independiente y automotivada, el juego y la imaginación. Esta situación también nos conduce a que nos percatemos de las causalidades esenciales que existen entre las cosas. La tendencia actual de padres y profesores a sobreestimular a los niños puede tener consecuencias catastróficas para su capacidad de imaginar, inventar y para su propia identidad. En la vida cotidiana actual, los equipos y artilugios mecanizados, automatizados y electrónicos, con sus mecanismos y funciones invisibles, pueden debilitar el sentido de las causas físicas incluso en los adultos, por no hablar del impacto final de los juegos de entretenimiento sobre la interacción humana y social y el sentido de la compasión". 

También podríamos confrontar las excitantes teorías de Jaque sobre su algo desquiciante Rolling House con la visión totalmente contrapuesta de Santiago de Molina, ese sutil estudioso del hogar, en Hambre de arquitectura"Desde la casa, el hombre se asoma al mundo. La casa es el origen de cada viaje: de todos los viajes. La casa es pues ese invento humano al que uno vuelve, como un Ulises a su Itaca, como un toxicómano reincidente. O como un sonámbulo. Esto se debe a que en la estructura mítica de la casa se encierra el mito de volver a ella. Hasta el punto que se podría definir la casa como aquello a lo que volvemos bajo la implícita promesa de la protección. Sin la casa no hay viaje posible. Como un caparazón que nos atrae hacia su centro, que nos cautiva e infecta con la sustancia de lo doméstico, la casa nos encadena con una goma elástica invisible, que nos obliga a volver, porque en su interior ofrece el ensueño de descanso, del reposo interior". Y compárese también con su opinión mucho más pesimista sobre lo virtual que la mostrada por Jaque: "Hoy que contemplamos ediciones sin fin de realities televisivos en versiones y formatos impensables, hoy que nos relacionamos con más seres humanos que nunca antes, gracias a las tecnologías sociales, hoy que parece que la virtualidad está cobrándose el mayor número de víctimas posibles en almas sin cuerpo, reclamamos la realidad con el ansia del que reclama una pausa en un descenso sin frenos. Si T.S.Eliot dijo en el siglo pasado que los seres humanos no pueden soportar demasiada realidad, le faltó vivir este tiempo. En el siglo XXI parece que la necesidad de recobrar ese contacto con la realidad-real es cada vez más acuciante. Hoy parece necesitarse una arquitectura capaz de aportar una dimensión sensible a la vida. Sin más". 

Más interesante nos parece la llamada de Jaque a una suerte de rearme político desde los ámbitos más modestos, algo muy similar a lo que George Monbiot llamaba resilvestración de la política en el último artículo que ha escrito para The Guardian. Por cierto que el alegato que hace el articulista británico de la labor del periodista en su página web  (como agente que debe enfrentarse siempre al poder y a la mentira) me recordó el discurso que no hace mucho ofreció Javier Cercas ante los reyes tras la concesión de un premio periodístico, un texto que debería enseñarse en las escuelas. En su visión cosmopolítica, Jaque pone el énfasis en la confrontación de ideas y en la recuperación de  perspectivas tradicionalmente despreciadas, algo ciertamente imprescindible, pero se olvida de decirnos cómo hacerlo, quizá porque está fuera de su alcance o porque es alérgico a la normatividad. Llámame, querido lecteurreaccionario, rancio o pequeño burgués formalista, pero creo que lo hands-on, tan americano, sin el acompañamiento de un mínimo de estructura, teoría, marco o como queramos llamarlo, está llamado a darse de bruces con la tozuda realidad. La performatividad por sí sola, máxime en un país como el nuestro en el que impera un porqueyolovalguismo narcisista y autoreivindicativo según el cual todos tenemos razón, está abocada al caos, y el caos, por muy creativo que sea, no construye nada. En un reciente artículo para El País de nombre Las formas, Fernando Savater recordaba con bochorno el espectáculo de nuestros políticos acatando con fórmulas surrealistas la Constitución: "Las fórmulas extravagantes de los nuevos parlamentarios al asumir su cargo revelan una puerilidad terminal, pero también algo peor: un narcisismo tan centrado en la autoafirmación  que reniega de la función pública. Imposible representar la soberanía popular si no se es capaz de dejar las ganas de lucirse a un lado mientras se dicen cuatro palabras como es debido". 

Acabo. La "erosión del otro" (en palabras ahora de Byung-Chul Han en La agonía del Eros) junto a la sobrecarga presuntamente informativa que imponen las redes virtuales impiden la política de verdad. Hacen falta acaso más orden y menos ruido, no para amordazar opiniones, sino para aclararnos y llegar a puntos de acuerdo. Y por cierto, un entorno arquitectónico neutro, seco, moderno, igual ayudaría en el proceso. Termino con Byung-Chul Han: "La ciencia positiva, basada en los datos (la ciencia Google), que se agota con la igualación y comparación de datos, pone fin a la teoría en sentido amplio. Esa ciencia es aditiva o detectiva, y no narrativa o hermenéutica. Le falta la constante tensión narrativa. Así se descompone en informaciones. Ante la proliferante masa de información y datos, hoy las teorías son más necesarias que nunca. Impiden que las cosas se mezclen y proliferen. Y de este modo reducen la entropía. La teoría aclara el mundo antes de explicarlo. Hemos de pensar sobre el origen común de la teoría y las ceremonias o los rituales. Todos ellos ponen el mundo en forma. Dan forma al curso de las cosas y lo enmarcan, para que estas no se desborden. En cambio, la masa actual de la información ejerce un efecto deformativo. La tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio". 

lunes, 23 de diciembre de 2019

Resilvestración



"Formado como arquitecto, el trabajo del artista francés Jacques Villeglé se convirtió en el de una suerte de arqueólogo callejero, una mano anónima que hurtaba coloridas capas de restos sobrantes, pósters mutilados de las paredes de París (el "periódico de la calle" de los años 30, como le gustaba llamarlos). El ornamento espontáneo y colectivo exhibido públicamente en la calle se arranca, se sujeta sobre un lienzo y se enmarca, siendo su título tan solo el lugar y la fecha del hallazgo: 122, rue du Temple, 1968, es la imagen de cubierta de este número. 

Capturando un instante congelado, Villeglé trata las paredes de la ciudad como si de un museo en desarrollo se tratara y nos presenta fragmentos de evidencia como reflexiones sobre la cultura popular, documentos que atestiguan el paso del tiempo. (...)

El proceso de selección es el primer paso de la conservación. Al elegir lo que preservamos, escribimos nuestras propias historias. (...) "Seremos juzgados no por los monumentos que erigimos sino por los que hemos destruido", escribía Ada Louise Huxtable.(...) 

La manida distinción entre viejo y nuevo del Movimiento Moderno ha quedado atrás, y muchos proyectos de reutilización flexible entablan una animada conversación entre lo existente y la nueva vida, reconociendo el incrementalismo antes que la dualidad. Todas las arquitecturas están evolucionando de manera gradual y constante: "Es necesario considerar el pasado como un presente histórico, todavía vivo", decía Lina Bo Bardi. Los edificios absorben el mundo a su alrededor, los hábitos humanos sedimentados en sus paredes y grabados en sus pieles. (...)

La dualidad entre lo natural y lo artificial se desdibuja; como alternativa radical a la preservación tradicional, la resilvestración [rewilding] pone en duda la superioridad humana sobre la naturaleza y propone tratar los paisajes con imaginación y curiosidad: "Tenemos una perversa idea de la preservación que dice "esto es lo que tenemos, así que es lo que deberíamos conservar", en lugar de decir "esto es lo que podríamos tener así que esto es a lo que deberíamos aspirar", señala  George Monbiot.

Desafiar viejos marcos intelectuales ensancha nuestra comprensión de la conservación para incluir lo "desagradable" o lo "indigno", excluido por las narrativas oficiales, en lugar de restaurar el viejo estado de algo que ha quedado definitivamente obsoleto. Los edificios son solamente parte de una fotografía mucho más amplia. Aunque pueda sonar contrario al sentido común, se trata de mirar al futuro, más que al pasado." (Manon Mollard, The right to inherit -El derecho a heredar-, editorial del último número de The Architectural Review).



sábado, 14 de diciembre de 2019

Arquitectura parlamento

Jaque mate a Mies
"El desafío que asumimos en nuestro trabajo consiste en explorar cómo desarrollar una arquitectura de anfitrionazgos, el diseño de dispositivos materiales que permitan restituir sin consenso el día a día, como un ensamblaje de actores diferentes que no liman sus asperezas. Una constitución de humanos y no humanos, de generaciones presentes y otras por venir, de lo hortera, lo cursi y lo afectado, junto con lo austero y lo optimizado. Una arquitectura parlamento que, en lugar de garantizar la supervivencia de lo mejor o de lo normativo, lo haga de aquello desposeído de prestigio, de lo subversivo y lo repulsivo, y que, en lugar de eliminar las disputas -lo que solo puede ocurrir por simplificación, control e imposición-, medie en ellas y construya una cotidianeidad problemática.

(...) Durante un tiempo se ha pensado que la arquitectura debía fabricar nuevos territorios, nuevos espacios, nuevas realidades desde cero; sin embargo, en mi opinión, la reinvención depende de la capacidad de rearticular los parentescos entre los fragmentos de realidad ya existentes que podemos llegar a detectar y movilizar. Colocar en primer plano, en el mundo de las cosas que importan, lo que antes permanecía en la marginalidad, y relacionarlo, con garantías, con lo que ya estaba allí instalado. La democracia parece ser el marco en el que, en lugar de buscar la optimización de los procesos colectivos, se construye un espacio para la simultaneidad y la coexistencia de lo diferente. La arquitectura es en estos momentos más política que científica, y en lugar de optimizar, creo que es el momento de construir simultaneidad". (Andrés Jaque, Mies y la gata Niebla. Ensayos sobre arquitectura y cosmopolítica. En la foto, el restaurante Run Run Run diseñado por Jaque).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Reciclajes


Leyendo el artículo Remote Control: Álvaro Siza in South Korea de Philip Christou en The Architectural Review he descubierto que el recién terminado pabellón de arte en el Parque Saya surcoreano (en la foto) es una réplica de un proyecto no realizado que el portugués diseñó en 1992, el año que ganó el Pritzker, para el Parque del Oeste madrileño con el fin de alojar a dos Picassos, uno sobre el nacimiento (Mujer embarazada) y otro sobre la muerte (el Guernica nada menos). Al parecer fue el cliente, a lo que se ve todo un conoisseur arquitectónico, quien pidió a Siza que realizara dicho proyecto, para lo que el arquitecto, junto a su colaborador Carlos Castanheira, redujo sus dimensiones y lo ajustó a la orografía de la zona. Siza, que se habría mostrado escéptico con la petición, comentó al cliente que el edificio estaba hecho para el Guernica, y que estaba seguro que el cuadro no iba a estar disponible, a lo que el resuelto promotor respondió que hiciera dos esculturas para el pabellón y problema resuelto. Siza, ni corto ni perezoso, ha diseñado una pieza en acero Corten suspendida del techo en uno de los extremos de la horquilla que conforma el edificio y para el otro ha creado un enorme huevo de mármol blanco. La primera escultura, según el autor del artículo, simularía un ángel flotando o una abstracción de la figura de Cristo (representando la muerte), el huevo de mármol haría referencia al nacimiento, de tal forma que el sentido original del edificio se mantendría. En sus explicaciones sobre el proyecto coreano, Castanheira no menciona el museo madrileño.

Este reciclaje de proyectos arquitectónicos no es infrecuente. Todos sabemos por ejemplo que la Casa da Música de OMA en Oporto fue un diseño en un principio pensado para una vivienda particular en Rótterdam finalmente no construida (a la que se había dado por nombre Y2K en referencia a la obsesión del cliente con los desórdenes informáticos previstos para el año 2000, cuando fue diseñada). Fernández-Galiano, en un artículo de la época (incluido en el segundo volumen de Años Alejandrinos), menciona el desconcierto ante tan tajante decisión en el estudio de Koolhaas, quien señaló sin empacho cómo sus colaboradores "no podían creer que fuésemos tan cínicos". Don Luis alega también que el holandés se encontraba de un "humor hipereficaz" tras un viaje a Nigeria donde "había entrado en contacto con el pragmatismo expeditivo  de las economías de supervivencia", a lo que se unía la urgencia de los promotores lusos, que pedían un proyecto en sólo tres semanas. Como sabemos, Koolhaas ganó el concurso: "la varita mágica del arquitecto transformó la calabaza en carroza" (es obvio que aquí, al contrario que Siza en Corea, se hizo necesario ampliar las dimensiones del proyecto).

Pues como la entrada se me queda algo corta, sigo con Koolhaas. Acabé Delirio en Nueva York como te decía, en esta última parte del libro destaca el capítulo dedicado a la visita de Dalí y Le Corbusier (por separado, al parecer no se podían ni ver) a Nueva York a mediados de la década de 1930, con momentos desopilantes provocados por los desbordantes egos de estos dos creadores extremos. Para empezar te pongo una cita que encabeza el capítulo sacada de un texto en inglés fonético -el pintor no dominaba el idioma- realizado por el propio Dalí para un discurso al poco de llegar a la ciudad: "BIUER! AI BRING OU SURREALISM. AULREDI MENI PIPOUL IN NIU YORK JOVE BIN INFECTID BAI ZI LAIFQUIVING AND MARVELOUS SORS OF SURREALISM". Te lo traduzco: "Beware, I bring you Surrealism. Already many people in New York have been infected by this (?) life-giving and marvelous source (?) of Surrealism" (tienes el resto del texto aquí). Otra anécdota de traca es el momento en el que el ampurdanés desembarca por primera vez en la urbe, y, al objeto de épater le bourgeois, manda hacer al cocinero del transatlántico una descomunal barra de pan de 15 metros (el cocinero le responde que con 2,5 va que chuta) con la que pretende presentarse ante los medios que le esperan a su llegada. Pero entonces sucede algo imprevisto: ninguno de los periodistas presentes le hace ni una sola pregunta sobre la enorme barra que blande ostensiblemente ("el desconcertador queda desconcertado"). Y es que es difícil superar a Coney Island. De Dalí se cuentan otras divertidas excentricidades de su paso por Niu York, a cual más marciana (esta la cuenta el propio pintor aquí). Es obvio que a Rem le fascina Dalí y su "método paranoico-crítico" (MPC), entendido como una conquista de lo irracional (la "explotación consciente del inconsciente"), una suerte de reciclaje del mundo racional desde la paranoia: "Cuando todos los hechos, ingredientes, fenómenos, etc, han sido clasificados y catalogados (...) gracias al reciclado conceptual, el contenido gastado y consumido del mundo puede recargarse o enriquecerse como el uranio". El MPC por tanto se dedica con ahínco a "cortocircuitar todas las clasificaciones existentes, volver a empezar". Pone ejemplos, como la relectura de El Ángelus de Millet en clave erótica; el propio Manhattan, visto a la luz del MPC sería "el retrato de una Venecia paranoica, un archipiélago de colosales recuerdos, avatares y simulacros que son testigos de todos los turismos acumulados -tanto literales como mentales- de la cultura occidental". Por cierto que aquí puedes ver a Koolhaas en una caótica conferencia sobre el tema en 1976 (sorprende su abundante melena), dos años antes de que el libro fuera publicado. Es evidente que en su obra arquitectónica Rem ha aplicado el MPC sobre la modernidad, dejándola hecha unos zorros.

Sobre Le Corbusier también hay jocosa anécdota a su llegada a la urbe en transatlántico allá por 1935: como los periodistas pasaban de él, dedicados a fotografiar a las celebrities que desembarcaban, su intérprete, mandado por el MoMA, da cinco dólares a un reportero gráfico para que le fotografíe al ver al arquitecto suizo demudado ante el desplante. El reportero le devuelve el dinero porque se ha quedado sin carrete, pero se apiada del apesadumbrado arquitecto y dispara su cámara vacía ante Le Corbusier, confortando así su ego moribundo. Ya centrado en temas arquitectónicos Rem menciona su "Ciudad Radiante", una reinvención de Nueva York, un anti-Manhattan descongestionado gracias a unos inmensos rascacielos de planta cruciforme (anda, como las columas de Mies), "cartesianos, límpidos, nítidos, elegantes y relucientes" como los define el propio arquitecto, que permiten liberar espacio a su alrededor. Le Corbusier propone un reciclaje extremo de la cuadrícula neoyorquina para crear un bosque de árboles cristalinos sin alma, un "no acontecimiento urbano" que es justo lo que los ubanistas neoyorquinos siempre habían tratado de evitar. Algo así como la belleza del caos inconexo frente a la aburrida perfección cartesiana. Obviamente nuestro arquitecto se fue como había venido.

Ahora ya puedo despedirme en paz, no sin antes volverte a recomendar el libro imprescindible de Koolhaas y de paso lamentar con enojo que Madrid se quedara por oscuros avatares sin una obra de Siza, al que por cierto se acaba de reconocer con el Premio Nacional de Arquitectura de nuestro país (interesante esa aparente contradicción que nos anima a borrar las fronteras).

domingo, 1 de diciembre de 2019

Más marcianadas


Noticia esta semana ha sido otra de las delirantes marcianadas de Elon Musk. El visionario que quiere llevar a Marte a cientos de colonos en 2022 en naves espaciales forradas de acero inoxidable totalmente reutilizables (su idea es fundar una ciudad estable en el planeta rojo en el 2050), ha desvelado el último modelo de su marca de automóviles eléctricos Tesla, el Cybertruck, una versión futurista de la típica pick-up americana. Según Xataca su lanzamiento justo en noviembre de 2019 en Los Ángeles, donde se encuentra la sede de SpaceX (la empresa espacial de Musk), no es coincidencia sino que querría rendir homenaje a Blade Runner y la estética cyberpunk. Nosotros diríamos que el último Tesla, más que diseñado por Syd Mead (creador del spinner de Deckard), parece salido directamente de Total Recall (Desafío total), película de la que aquí hablábamos hace un par de semanas, que además tiene a Marte como escenario principal y en la que, en medio de su violencia brutal y delirante, encajaría como un guante. Y es que el Cybertruck hace alarde de un diseño agresivo cuyas angulosas y amenazadoras formas le convierten acaso en el vehículo ideal para estos tiempos apocalípticos y deletéreos. Decíamos que la arista moderna ya no se llevaba (penosas pruebas seguimos viendo), pero al parecer ya hay 250.000 reservas según Musk, entre los interesados destaca la policía de Dubái, ya comentábamos también que allí se establecerá la Mars Space City con diseño de BIG, así que una buena flota de Cybertrucks les ayudará a irse ambientando. Y es que cuando de lo que se trata es de rebanar, cercenar o seccionar, la arista no tiene rival. Te metes en este engendro y ya pueden venir zombis, alienígenas o incluso constitucionalistas, que acabas con ellos en un acelerón. Desconocemos la opinión sobre el coche de Janette Sadik-Kahn, la experta en movilidad y espacio público a la que muchos consideran la nueva Jane Jacobs y que defiende las ciudades pacificadas mediante un urbanismo atento al peatón, pero probablemente haya puesto el grito en el cielo.

El Cybertruck me ha traido de pronto a la memoria las brutales aristas de la marciana Casa da Música de Koolhaas en Oporto o su no menos marciana biblioteca de Seattle. Y es que al holandés pocos le ganan en meter tajos, especialmente si es a la modernidad. Acabé Delirio de Nueva York y he vuelto con el segundo volumen de Años Alejandrinos (Tiempos de Incertidumbre) al terapéutico orden de Fernández-Galiano, que ya echaba en falta. Precisamente del holandés "errabundo y errátil", que tanto juego nos dahace don Luis otro de sus certeros retratos con ocasión de la concesión del Pritzker al arquitecto de Róterdam en 2000:"Periodista y cineasta [es obvio en el magnífico pasaje que citaba en mi entrada anterior] antes de ingresar en el campo de la arquitectura, Koolhaas ha empleado su talento literario y artístico para socavar con violencia sádica todas las certezas modernas, construyendo con libros, exposiciones y edificios un manifiesto hiperreal que resulta también ser hipermoderno. Ante la crisis del lenguaje áspero de las vanguardias, los años ochenta contemplaron el ascenso de las formas azucaradas posmodernas, una utopía amable ad usum delphini, pero en los noventa Koolhaas emergió como el ideólogo de una reacción radical que exacerbaba el idioma moderno hasta extremos surreales, para fabricar un universo imaginario tan fascinante como poco apto para menores". 

Los delirios deletéreos (adjetivo que he aprendido también de don Luis) nos tientan en estos tiempos que siguen siendo de incertidumbre, lo que permite a los agoreros del apocalypse now hacer caja con nuevas fronteras quiméricas. Ya hace casi veinte años, al hilo de una arquitectura casi gaseosa que tendía a disolverse, el director de Arquitectura Viva hablaba de la modernidad líquida de Bauman surgida, mira tú por dónde, de Marx y su frase "Todo lo sólido se desvanece en el aire". Dicha arquitectura de paisajes desflecados sería reflejo de una época, que sigue siendo esta, en la que un "individualismo narcisista y corrosivo está desatando la intricada trama de lazos sociales anudada por la continuidad tenaz de los tejidos urbanos". La arista acelera ese desmembramiento voraz.

La foto que abre la entrada no es, obviamente, del Cybertruck. Es del Citroën 19_19, el prototipo con el que la marca francesa quiere celebrar su centenario (sí, como la Bauhaus, fue fundada en 1919), y que, este sí (hasta en el color), parece rendir tributo al spinner. Quería traértelo porque, en mi opinión, ofrece una visión bastante más optimista del porvenir: sus formas alabeadas y su diseño acogedor (lo que no le impide transmitir fuerza) nos dicen que otro futuro es posible. La arista será acaso imprescindible para desbrozar los caminos, pero llega un punto en el que no queda otra que fluir con más tiento y elegancia.


domingo, 24 de noviembre de 2019

Delirios (3)




"Un hotel es ya una trama: un universo cibernético con sus propias leyes, que genera unos enfrentamientos fortuitos entre seres humanos que nunca se habrían conocido en otro sitio. El hotel ofrece una fecunda sección transversal de la población, una interrelación ricamente tejida entre las castas sociales, un campo para la comedia de costumbres en conflicto y un fondo neutro de operaciones rutinarias para dar relieve dramático a todos los incidentes.

Con el Waldorf, el propio hotel se convierte en una película, en la que se presenta a los huéspedes como estrellas y al personal como un discreto coro de extras con frac.

Al ocupar una habitación del hotel, el huésped compra su pase para un guión en continua expansión, adquiriendo así el derecho a usar todos los decorados y a aprovechar todas las oportunidades prefabricadas de interactuar con todas las demás "estrellas".

La película comienza en la puerta giratoria, símbolo de las ilimitadas sorpresas de la casualidad; luego se provocan tramas secundarias en los oscuros recovecos de las plantas inferiores, que se consuman -tras un episodio en el ascensor- en las zonas altas del edificio. (...)

Conjuntamente, el reparto interpreta una epopeya abstracta titulada Oportunidad, emancipación y aceleración. Una trama secundaria (sociológica) describe cómo un arribista ataja hasta lo más alto gracias a su estancia en el hotel. "Invertí mis ahorros en vivir en el Waldorf y en hacer todo lo posible por codearme con los grandes de las fianzas y los negocios [...]. Esa fue la mejor inversión que he hecho en toda mi vida", confiesa Forbes, el futuro magnate.

En otra parte de la intriga, las mujeres que allí se hospedan quedan libres para hacer carrera gracias a que el hotel se hace cargo de todas las molestias y responsabilidades que supone llevar una casa, lo que conduce a una liberación acelerada que desconcierta a los varones, repentinamente rodeados de "criaturas hiperemancipadas".(...)

En una historia más romántica, el muchacho de al lado se convierte en el hombre del piso de arriba, siendo su claqué medio de comunicación indispensable en el rascacielos: un código morse del corazón interpretado con los pies. (...)

Hasta 1800, en el terreno del primer Waldorf pastaban vacas de verdad. (...) Otros 35 años más tarde, el Waldorf presencia la (re)aparición final del concepto "vaca" en una de las tramas secundarias más ambiciosas del hotel. 

La cronista de sociedad Elsa Maxwell -que se define a sí misma como "peregrina de hoteles"- ha vivido en las torres Waldorf desde su inauguración. Para cultivar sus contactos, organiza una fiesta anual en algún lugar del edificio. 

Como le gusta poner a prueba a la dirección del hotel, el tema de cada uno de estos acontecimientos se escoge para que sea lo más incompatible posible con los interiores existentes. De hecho, "el vano y enloquecido empeño de sacar de sus casillas al capitán Willy" (que es el encargado del departamento de banquetes del Waldorf), llega a ser, al poco tiempo, "la única razón de la continua y siempre creciente extravagancia de mis bailes de disfraces". (...)

"-Capitán Willy, en este salón de baile de Jade voy a dar una fiesta campesina, un baile popular. Voy a poner árboles con manzanas de verdad, aunque las manzanas tengan que estar sujetas con pinzas.(...) Voy a poner tendederos de un lado a otro del techo, de los que colgará la colada familiar. Voy a poner un manantial de cerveza. Voy a poner establos con ovejas, vacas de verdad, burros, ocas, pollos y cerdos, y una banda de música country
-Sí, señora Maxwell -dijo el capitán Willy-, cómo no.
Para mi sorpresa, le espeté:
-Imposible. ¿Cómo va a llevar animales vivos a la tercera planta del Waldorf?
-Podemos encargar unas zapatillas de fieltro para los animales -dijo el capitán Willy con convicción. Un Mefistófeles con frac". 

El centro de la fiesta de Maxwell es Molly, la vaca Moët, una vaca que da champán por un lado y whisky con soda por el otro. 

La granja de Maxwell completa un ciclo: la superrefinada infraestructura del hotel, su ingenio arquitectónico y todas sus tecnologías acumuladas aseguran conjuntamente que en Manhattan el último grito es lo mismo que el primero". (Rem Koolhaas, Delirio de Nueva York. Cita Hotel Pilgrim de Elsa Maxwell).




domingo, 17 de noviembre de 2019

La belleza de las cosas inconexas (2)



Te traigo hoy el proyecto ganador para una terminal ferroviaria en Tallin a cargo de Zaha Hadid Architects. Impresionante cómo el nodo de comunicaciones enlaza con elegante fluidez y sin aparente esfuerzo tal maraña de líneas de ferrocarril, tranvía y autobús, sirviendo a su vez como puente que conecta los barrios separados por los raíles. Hub, puente e icono por el mismo precio.

La estación estonia viene a cuento, e incluso a colación, porque yo quiero una cosa igual. No solo para mi ciudad o España, sino para mi vida. Un puente elegante, sin un solo remache, sin el más mínimo aspaviento, que cruce aguas turbulentas como si nada. Ya lo decía Roland Barthes en su libro Mitologias de 1957 hablando del también fluido diseño del Citroën DS (el Tiburón): "Es bien sabido que la tersura es siempre un atributo de la perfección porque su contrario revela una operación técnica y típicamente humana de ensamblaje. La túnica de Cristo no tenía costuras, igual que las naves de la ciencia-ficción están hechas de metal continuo.(...) En el DS encontramos los inicios de una nueva fenomenología del ensamblaje, como si progresáramos desde un mundo donde los elementos están soldados a un mundo donde están yuxtapuestos y unidos por la sola virtud de su maravillosa forma, que por supuesto nos conduce a la idea de una naturaleza más benigna". 

Esta estación-puente, que puede remitir al pabellón-puente de Zaragoza también de Hadid, es toda una revelación y hasta acaso un signo de los tiempos. La arista ya no se lleva, la arruga dejó de ser bella y hasta el colegial más disruptivo ha oído hablar de la modernidad líquida de Bauman. En su lugar se impone el alabeo lábil, la costura invisible, la flexibilidad. Byung-Chul Han habla de la "sacralización de lo pulido" (y pone como ejemplo las esculturas de Koons) en La salvación de lo bello, aunque no está muy de acuerdo con una belleza despojada de toda contradicción que al cabo es la que logra conmovernos y conducirnos a la reflexión.

En estos tiempos de fragmentación extrema, donde todos reivindicamos, y mejor con gran alharaca, una determinada especificidad que nos distinga de la masa, el gregarismo conciliador es cosa del pasado. Es como aquella posmoderna Strada Novissima de la primera Bienal veneciana, todo un freak parade arquitectónico levantándose en armas contra la uniformidad moderna. Difícil, eso sí, encontrar un camino vertebrador en medio de esta imposible sinfonía unas veces apasionante, cansina otras, de voces disonantes. Algo parecido venía a decir Hannah Arendt en The Human Condition (cita que encuentro en una reciente conferencia de Kenneth Frampton): "Pero si no fuera relatado por los hombres y sin darles cobijo, el mundo no sería un artificio humano, sino un cúmulo de cosas inconexas al que cada individuo aislado podría arrojar un nuevo objeto. Sin el artificio humano para alojarlos, los asuntos humanos serían tan fluctuantes, fútiles y vanos como el deambular errante de las tribus nómadas".  

En este contexto inconexo la arista parece poco apropiada para lograr un mínimo común denominador, el artificio humano de Arendt, imprescindible para avanzar. Andrea Rizzi, en un interesante artículo de nombre Claves históricas, institucionales y culturales de por qué Italia ya tiene gobierno y España no, publicado en El País hace un par de meses, decía: "Ambos países son muy diversos y albergan diferentes matices culturales y sociales en su interior. Pero hay denominadores comunes. La dulzura del escenario natural italiano es el punto de partida de una línea que abarca Rafael y Botticelli, la elegancia del design italiano, plazas principales de forma redonda u oval y una actitud vital que busca soluciones no a través del choque, sino más bien a través de la maniobra. Los serios paisajes de la meseta castellana conducen a una austeridad plasmada en ciertos cuadros de Goya o Velázquez, en tantas plazas cuadradas en tantas ciudades, en una actitud humana a menudo directa y valiente, pero a veces ineficazmente obstinada". 

En nuestra realidad coral y a menudo disfuncional parecen ser más necesarios que nunca muñidores de extremos, capaces de convencer más que de vencer y de crear dúctiles artificios que puedan alojarnos a cuantos más mejor. Habrá con todo quien piense que el eclecticismo es refugio de indecisos y débiles y reclame nostálgicas aristas. No son mayoría. Sea como fuere mucho sería ya pedir que el artificio en cuestión quedara tan falsamente fluido como la estación estonia de Hadid. Será inevitable, y bastante más honesto, que costurones y cicatrices queden a la vista. 

domingo, 10 de noviembre de 2019

Moneo, siempre




"La primera labor de un arquitecto consiste en construirse a sí mismo por dentro. Nada le puede salir bien si el equilibrio y la resistencia de los materiales no empieza por el propio espíritu, un trabajo inicial que Rafael Moneo (Tudela, 82 años) ha realizado como una obra maestra. A mi juicio, este personaje tiene tres características singulares: la forma de hablar, la de moverse y la de vestir. Moneo habla a la manera de los profesores anglosajones, con un aparente esfuerzo dubitativo, balbuciente, como si las cosas, aunque las conoce a fondo, se le ocurrieran en el momento de pronunciarlas. Parece como si su pensamiento tuviera varias opciones para cada problema y él tratara de elegir la más atinada a su voluntad de convicción. Por eso al hablar aprieta los puños y cierra los ojos con un impulso hacia dentro y a veces se cubre el cráneo con la mano para que las ideas no escapen. Usa mucho la palabra coraje, sin duda muy adecuada a su personalidad, ya que él se mueve siempre entre la polémica y el proselitismo. En ambas batallas se crece.

Moneo es un ser agónico de aeropuerto. En una semana puede habitar en Chicago, Estocolmo, Berlín o Milán, adonde quiera que le lleve la obra que esté construyendo simultáneamente. Dice que si uno cambia de sitio parece que no se repite y lo hace con la misma naturalidad con que en su estudio de Madrid se traslada de una a otra habitación y se asoma sobre la cabeza de cualquier ayudante para inspirar o vigilar el proyecto que está naciendo en el tablero o en la pantalla del ordenador.

Rafael Moneo presume de haber lucido un abrigo de cachemir, que en sus tiempos de Harvard sacó de un gancho por cinco dólares de las grandes cestas del ejército de salvación en Nueva York donde se encuentran las prendas exquisitamente ajadas que donan los multimillonarios. Jugar a vestirse así lo eleva a la máxima categoría estática, aunque solo fuera para divertir a Belén, su mujer. Los años de profesor de Harvard, aparte del premio Pritzker, el nobel de los arquitectos, le han dado un aire de elegante despistado que se fija en todo.

Bajo la luz de esta mañana de otoño, durante nuestro breve paseo desde su estudio de la calle Cinca hasta su casa de la calle Miño, en la colonia del Viso, recuerda los tiempos en Barcelona, cuando en 1970 ganó la cátedra en la Escuela de Arquitectura. Eran como hoy, días muy convulsos con la ciudad llena de barricadas, con la policía a caballo cargando contra los estudiantes. Pese a esta adversidad, en medio de los estertores del franquismo, fue un tiempo feliz compartido con sus amigos catalanes Bohigas, Correa y Rosa Regàs como en Madrid lo fue con los escritores Martín Santos y Juan Benet, sus contertulios del Gambrinus.

Si al terminar el bachillerato en los jesuitas de Tudela quiso estudiar filosofía para dedicarse al pensamiento honesto, desde su primer trabajo, una fábrica de transformadores en Zaragoza en 1963 hasta la creación del museo romano de Mérida, la reforma de la estación de Atocha, el cubo del Kursaal, el Museo del Prado, la honestidad la ha llevado a la arquitectura, al desafío y a la polémica. Moneo ha convertido el hangar de la vieja estación de Atocha en una sala de estar donde no es obligatorio ser viajero y ha despejado la plaza para que el sol entre desde el campo a la ciudad como un pasajero más. Con el edificio de Bankinter, realizado en colaboración con Ramón Bescós Domínguez, ha dado un ejemplo paradigmático de cómo pudo haberse salvado el Paseo de la Castellana de Madrid ya que ha asumido el palacio decimonónico del marqués de Mudela, sin dejar de ser una obra moderna adaptada a su función. En la Fundación Miró, una vez más, Moneo ha tenido que luchar contra un medio adverso, un barrio de Palma de Mallorca que ha ido creciendo convulsivamente hasta ahogar el estudio del pintor que levantó el arquitecto catalán Josep Lluís Sert en Son Abrines a mitad de los años 50. La creación de Moneo ha consistido en olvidarse del mar con un muro, convertir el espacio Miró en una isla interior para devolverle la primitiva inocencia y defenderla frente a la agresiva compulsión de alrededor.

Después de admirar la proporción racionalista con que el cubo del Kursaal se inmiscuye en la atmósfera de la ciudad de San Sebastián hay que reconocer el genio de Moneo para dialogar siempre con el paisaje y su poder para someterlo a su pensamiento. Moneo, maestro de arquitectos, ha hecho del eclecticismo una filosofía y de su forma de construir una dedicación al ingenio honesto. Tiene una huella digital muy personal por eso siempre se reconoce como un moneo cualquier obra que realiza. Su acción nunca grita, solo se limita a ejercer su espíritu didáctico y polémico, pero al final siempre conciliador. Conviene recordar que en medio del pesimismo agónico español existen todavía valores muy sólidos a los que agarrarse. Uno de ellos es Rafael Moneo". (Manuel Vicent, Rafael Moneo, un valor sólido donde agarrarse en El País de ayer). 


domingo, 3 de noviembre de 2019

Vente a Marte, Pepe


Hasta el 23 de febrero puedes ver en el Museo del Diseño de Londres una exposición de nombre Mudarse a Marte. Para la muestra se han diseñado habitáculos y mobiliario (creados por impresoras 3D), se expone un Mars Rover, el pequeño vehículo todo terreno que se mandó a Marte para recoger muestras de la superficie y hacer fotografías, se ha creado una fragancia marciana que acompaña al visitante con un olor según cuentan como a mosto seco y diferentes artistas y diseñadores han planteado propuestas ad hoc. Así, la empresa Hassell explica cómo se construirían las viviendas: en primer lugar una legión de robots levantarían las cáscaras protectoras (impresas en 3D in situ) y más tarde los habitáculos inflables que acogerían a los astronautas se insertarían en su interior (este video te lo explica mejor). Que conste que Foster ya tuvo esta idea. Alexandra Daisy Ginsberg propone a su vez colonizar Marte con plantas y bacterias resistentes que vayan dando una fisonomía menos agresiva al planeta (The Wilding of Mars lo llama). Un tal Christopher Raeburn ha diseñado incluso una línea de ropa y accesorios apta para lucir estilismo en el planeta rojo. Sin embargo parece que el comisario de la muestra no ha tenido a bien incluir algunas de las imaginativas ideas de Ridley Scott para Marte, la película que mucho nos tememos ha puesto el planeta de moda llevando al futuro la investigación que empezara la NASA en 2001 con la misión Odyssey (a la que puso música Vangelis). Por cierto que Rowan Moore reseña la exposición londinense en The Guardian sin demasiado entusiasmo, para finalizar citando el Contra natura de Huysmans: en dicho novelón crepuscular su protagonista se dispone a viajar a Londres desde París. Como preparación cena la noche anterior en un restaurante inglés en el que comen no pocos británicos, su tez de un rojo intenso al calor de los chuletones y el alcohol con el que generosamente los riegan. Al salir, una densa niebla y una pertinaz llovizna cubren la capital gala. El protagonista se percata entonces de que ya ha experimentado de manera suficiente a las gentes y el clima inglés así que decide ahorrarse el viaje, tal y como, señala Moore, deberíamos hacer nosotros con Marte.

Lo del planeta rojo será contra natura, pero lo está petando. Ahora resulta que en Madrid, un espectáculo de nombre Desafío total. Mueve tu culo a Marte, así mismo como lo oyes (digno heredero de los de Coney Island), te propone una experiencia de cine inmersivo, algo así como una mezcla de película y performance teatral con participación activa de los espectadores, que reproduce la conocida película de Paul Verhoeven. En la añeja (y hoy ya petarda) cinta, basada en un relato de Philip K. Dick, Schwarzenegger recibía implantes falsos de memoria que le permitían viajar virtualmente a los destinos más exóticos. Recordamos también, entre otros enloquecidos momentos que son santo y seña del director de Showgirls o Starship Troopers a una tremenda Sharon Stone pre-Instinto Básico repartiendo mandobles a mansalva y dejando al mismísimo Arnold postrado con certeros golpes, y todo ello mucho antes del Me Too y (algo menos) de aquello de que Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Tienes más información del evento marciano-madrileño aquí.

Todas estas crónicas marcianas, que diría Bradbury, te parecerán algo freak, pero que sepas que hay gente que se lo está tomando muy en serio. En Los Emiratos Árabes Unidos se está desarrollando el proyecto Mars 2117 que se plantea como objetivo construir en un plazo de cien años una colonia humana en el planeta rojo. A tal fin se ha ideado la Mars Space City a las afueras de Dubái, una ciudad que incorporará una gavilla de cúpulas interconectadas con diseño de BIG (quién si no) que reproducirán las condiciones de vida marcianas.

Marte se está convirtiendo en la nueva frontera, esperanza acaso para tantos oprimidos de opereta que se sienten incomprendidos en estados que juzgan represores. Quizá en el planeta rojo encontrarían acomodo todos esos descontentos de cuento que podrían fundar al fin la famosa república independiente de su casa en la que hacer lo que te venga en gana sin depender de nadie (el sueño burgués); la pena es que incómodo iba a ser un rato. Y es que no se puede tenerlo todo. O sí. Antonio Muñoz Molina dice que hay un lugar en el mundo donde se puede. No te lo pierdas.