sábado, 20 de agosto de 2016

lunes, 15 de agosto de 2016

Ílhavo


Ílhavo es un pequeño pueblecito volcado al mar al lado de Aveiro donde un café cuesta 75 céntimos de euro. Y qué café. Frente a las ampulosas (aunque mínimas) casas que florecieron en los primeros años del siglo pasado en su más conocida y rica vecina,  magníficos ejemplares del llamado Arte Nova (como se dio en llamar el Modernismo en Portugal) y cuya vista con sus gabletes y tejadillos flamencos, al borde de los varios canales que la atraviesan, puede llegar a confundirte y creer que te encuentras en alguna recoleta ciudad holandesa, Ílhavo contrapone sus famosos palheiros, construcciones de madera con tejado a dos aguas y  vivos colores utilizado en tiempos por los pescadores para guardar sus redes y demás aperos. La parte mas importante de la localidad  está asentada al lado interior de la ría de Aveiro, pero los palheiros se encuentran en la estrecha franja costera que se encuentra entre la ría y el Atlántico, algo así como nuestra Manga del Mar Menor, en lo que se conoce como Costa Nova, una vasta extensión de bellas e interminables playas enmarcadas por dunas donde en pleno verano puedes sentirte náufrago de ti mismo enfrentado a un bravío mar que convierte el baño en apto sólo para valientes.

Ílhavo tiene tres interesantes ejemplos de arquitectura reciente a cargo por cierto del mismo estudio, ARX de los hermanos José y Nuno Mateus (no confundir con los también hermanos Aires Mateus). El más importante es el Museo Marítimo, construído en 2002 y ampliado por los mismos arquitectos hace tres años para alojar un pequeño acuario dedicado al bacalao, pez estrella de Portugal. En el museo, en salas de altura considerable, podemos ver los mouliceiros, barcos que se utilizaban como medio de transporte en los canales en toda la zona de Aveiro (y que hoy en día aún se usan para pasear turistas), así como modelos más grandes para el transporte de la sal obtenida en las cercanas salinas.

Las formas del museo, llenas de aristas cortantes, santo y seña de ARX, contrastan con las del miniacuario, plagado de curvas. En ambos hay, también aquí, rampas, la de la ampliación la más llamativa con sus sinuosas formas que nos conducen al piso inferior donde está propiamente dicho el acuario, aunque desde la rampa e incluso a través de ella por medio de un tragaluz en el suelo, podemos ver, debajo, las evoluciones de los bacalhaus. Aun así las aristas puntiagudas no dejan de hacer aparición también en el acuario, en concreto en el interior del tanque de agua, como artificiosas rocas entre las que navegan, circunspectos, los peces. El mendelsohniano recorrido culmina, tras otra curva vertiginosa, en la loja (tienda) de rigor.

Desde el exterior quizá lo más reseñable sea el pasadizo volado que conecta museo y acuario; tampoco deberiamos dejar de reseñar como curiosidad las citas que cubren buena parte de los amplios ventanales del museo, sacadas del libro Mar de Afonso Cruz, y por tanto de especial pertinencia en un recinto al mar dedicado. Todas tienen interés, pero me quedo con dos, una encuentra acomodo en la ventana del pasadizo que como comentábamos da acceso al acuario: "Se dice que todo hombre es una isla, pero más bien es un náufrago", o esta otra que otorga sentido a una ventana aparentemente inútil (enfrenta un muro) y que reza así: "Ha três cosas no universo que considero inescrutalvemente profundas, os mistérios divinos, o abismo do mar e o meu primeiro beijo". ¿Que qué es beijo? Pues beso, qué si no. De pasada decir que Afonso Cruz es un premiado escritor e ilustrador luso, autor entre otros títulos de La muñeca de Kokoschka, relato basado en la morbosa relación entre el pintor y Alma Mahler, esposa del afamado compositor. Pero prosigamos con nuestro relato arquitectónico que aún queda tela por cortar.

¿Cómo dices? ¿Que de qué va la historia? Perdona pero esto es un blog de arquitectura y no puedo detenerme en estas digresiones, un poquito de rigor, por favor.  ¿Que qué hay de las ya legendarias vocación transversal y espíritu heteróclito de AÚ? De verdad te lo digo, por más que intento hacer de este blog algo serio, no hay forma. En fin, por ser tú, sea.  Invocaremos la mirífica laxitud del verano, qué remedio.

Te cuento. El Kokoschka del título no es otro que Oskar, el pintor expresionista austriaco (1886-1980) y enfant terrible de la Viena de Freud y Klimt, autor incomprendido de retratos agónicos y protegido nada menos que de Adolf Loos. Uno de sus cuadros más famosos es Windsbraut (La novia del viento, te pondría un enlace pero es que ando casi siempre offline), pintado en 1914, donde el pintor aparece con el gran amor de su vida, Alma Mahler, que como te adelantaba debe su apellido al célebre compositor Gustav Mahler, con quien estuvo casada. Su pasión era tan enfermiza que finalmente Alma, harta del obsesivo pintor, aprovechó la circunstancia de que Oskar fuera movilizado en la Primera Guerra Mundial para dar boleto a la relación. Destrozado el pintor (para más inri, resultaría herido en la cabeza en la contienda) e incapaz de olvidar a Alma, quien por cierto casaría nada más y nada menos que con Walter Gropius (que a la sazón pugnaba por introducir un lenguaje arquitectónico radicalmente moderno con la fábrica Fagus), no se le ocurrió otra cosa que encargar a una fabricante de marionetas la construcción de una muñeca articulada de tamaño real que representara a su añorada amada. Se conservan las pormenorizadas instrucciones que el amante despechado daba a la diseñadora para que la muñeca fuera lo más parecida posible a su Alma. Una vez concluído tamaño encargo, Oskar no se limitaba a tener a la muda réplica escondida en su casa, sino que la sacaba a la calle a pasear e incluso se la llevaba a la ópera, faltaría menos. Como todo cansa, el engendro sin alma acabó como, nunca mejor dicho, juguete roto tras partirle el desalmado pintor una botella de champagne en la cabeza en mitad de una reunión con amigos. Resulta increíble pensar que Kokoschka encontrara más adelante otra compañera (con la que incluso llegaría a casarse) capaz de aguantar a semejante maromo.

Qué feliz hubiera sido el tronado pintor en Los Ángeles de 2019 (según Philip K. Dick -y Ridley Scott). Su Alma replicante podría haber sido fabricada con memorias tuneadas a voluntad, habría podido interactuar con ella a un nivel más sofisticado que con la primitiva réplica de la marionetista, y a los cuatro años, si te he visto no me acuerdo. De todas formas, qué años más locos los primeros del siglo XX. Igual te crees que la modernidad es exclusiva del siglo XXI y que antes de ti la gente del siglo pasado y no digamos en el XIX era vetusta y amuermada. Qué equivocado estás, rey. Ya en 1818 una tal Mary Shelley con una biografía también de aúpa escribió Frankenstein o el moderno Prometeo, donde ya proponía la idea de hacer un muñeco animado reciclando cuarto y mitad de aquí y allá, y con la portentosa potencia de la recién descubierta electricidad darle al tal un chute que lo pusiera en órbita. La historia como todos sabemos acabó como el Rosario de la Aurora, y es que la autora romántica reflejaba ya los miedos ante los avances tecnológicos de la Revolución Industrial que sin embargo devendrían imparables.

Dichos miedos, querido lector que te piensas que la Ciencia-Ficción empezó con Flash Gordon, quedaron recogidos en verdaderos best-sellers de la época en los que maquinólatras y sus contrarios, los luditas, reflejaban sus encontradas teorías: así, del bando pro-maquinista Looking Backward, 2000-1887 (1888) de Edward Bellamy, y del bando naturista, News from Nowhere (1890), de William Morris, insigne discípulo de Ruskin (en un término medio se situaría la no menos singular Erewhon o al otro lado de las montañas de Samuel Butler).

Poco después H.G. Wells escribiría la mucho más conocida por nosotros The Time Machine (1895), y ya en el siglo pasado un tal Carel Capek planteaba nada menos que una rebelión de esos torpes muñecotes metálicos a los que se les dio en llamar robots en su novela R.U.R. de 1920. (Por cierto, estoy leyendo el fascinante libro, con prólogo de Moneo, La ley del reloj. Arquitectura, máquinas y cultura moderna, del filósofo y arquitecto Eduardo Prieto. A ver de dónde te crees que he sacado tanto dato).  El miedo por las máquinas devendría respeto y finalmente fascinación, convirtiéndose en santo y seña de la modernidad (a veces hasta rayar en sonrojantes paranoias). Marinetti, el futurista italiano que dijo que un automóvil era más bello que la Victoria de Samotracia y estaba empeñado en destruir Venecia, "cloaca máxima del pasatismo", se dio un buen morrón conduciendo su automóvil, que acabó inserto en una cuneta. Otros hubieran abjurado de las máquinas, pero para el iluminado utópata el momento zanja fue toda una epifanía al más puro estilo James Joyce, llegando a escribir (en 1909): "¡Oh, cuneta materna, casi llena de agua embarrada! ¡Hermoso desagüe de una fábrica! Tragué tu nutritivo fango y recordé el bendito pecho de mi nodriza sudanesa" (cito del libro de Prieto). Todo esto te parecerá muy gracioso, pero bajo estos modernos prometeos se escondía la estética de la violencia y el ideal del Superhombre nietzscheano que acabaría dando soporte ideológico a los fascismos.

En la contemporánea Rusia de los sóviets tampoco andaban a la zaga, y allí la voluntad de rechazar el pasado y crear una sociedad nueva, dinámica y enérgica a imagen y semejanza de las máquinas les venía al pelo tras cepillarse en un despeine a zares, zarinas y demás. Así se las gastaba el pintor Malévich allá por 1919: "Lamentamos mucho más el desprendimiento de una tuerca que la demolición de la catedral de San Basilio". Cuántas tuercas y tornillos sueltos en aquellos locos años, y cuánto de lo que somos, con nuestras luces y sombras, les debemos a ellos. Hoy afortunadamente somos modernos pero viendo lo visto con bastante más tiento, así inicia Fernández-Galiano el último número de Arquitectura Viva, con el subtítulo Continuidad e Invención, dedicado a los últimos proyectos de Herzog y de Meuron: "La modernidad entendía la ruptura como un valor indiscutible, pero un siglo de experiencias traumáticas nos ha hecho apreciar la continuidad".

Acabo ya regresando tras esta inquietante excursión de nuevo a Ílhavo. Como probablemente hayas olvidado, te decía que había dos trabajos más de ARX en la pequeña localidad, la rehabilitación de un edificio del siglo XVIII para convertirlo en biblioteca municipal (no llegué a verlo), que nos viene de perlas para ilustrar el concepto muy H&dM de modernidad sin rupturismo, y un centro cultural en Costa Nova en el que los Mateus han deconstruido el típico palheiro para dotarle de las puntiagudas aristas tan del gusto del estudio portugués. ¿Qué? ¿Que me ha quedado una entrada farragosa y dispersa? Lo que hay que oír. Cría cuervos.



viernes, 5 de agosto de 2016

Aveiro


"Me gustan las bibliotecas antiguas.
(...) La biblioteca moderna ha perdido esa atmósfera "como de desván" y también el valor simbólico, glorificado con las cúpulas, los cilindros, los techos altísimos y modulados. Ha perdido esa plovareda de luz dorada, materializada gracias a cierto polvo que flota en el aire, que llega de las ventanas a una altura inesperada, siempre insuficiente para iluminar con eficacia, solicitando el apoyo de las lámparas verdes. Ha perdido del mismo modo la posibilidad de ser como era, en sus diversas versiones, y sin duda y definitivamente, se ha distanciado de los caminos de la nostalgia.
Todo se ha ido haciendo práctico, ergonómico, higiénico, codificado en el Neufert, con luminosidad constante (...).
Pero ha empezado a faltar "alguna cosa".
El proyecto de la biblioteca de Aveiro refleja, aunque nunca podría resolver, la búsqueda de esa "alguna cosa" latente en el siempre renovado encantamiento de leer, de ver, de escuchar, dentro de los ojos, en la intuición de lo dorado.
Aveiro, 25 de abril de 1995. Álvaro Siza". (L. Carratalá, A. Siza, Álvaro Siza y la arquitectura universitaria).


Desvelado el misterio que te mantenía insomne, deja que te comente  a mi modo la biblioteca de Siza, terminada en 1994,  justo antes de comenzar otro equipamiento universitario para la universidad de Alicante que aquí también retratamos. Lo que más me ha sorprendido en un arquitecto tan supuestamente sobrio ha sido su carácter como juguetón, lleno -por fuera, el interior está pensado, como debe ser en toda biblioteca, para la introspección y el estudio- de guiños arquitectónicos. Así, esa fachada posterior que fácilmente te puedes perder pensando que va a ser tan rectilínea y anónima como la que enfrenta los demás edificios de esta inesperada universidad (a tan solo 60 km de las de Coimbra y Oporto),  te sorprenderá con unas marcadas ondulaciones marinas quién sabe si referenciando el bravío mar cercano de la agreste y bellísima Costa Nova o la ría de Aveiro con sus salinas milenarias ya apenas explotadas, anómala coda en un autor tan entregado al ángulo recto, aunque es cierto que últimamente, un poco como con el furor del converso, le vemos entregado a la curva en sus soberbias obras coreanas.

Y qué me dices de esa suerte de monumental toldo pétreo que cae sin mucha gracia sobre la entrada y que por un momento parecería que pudiera levantarse con algún artilugio mecánico. Sobre el grávido velo aparece un misterioso código de letras, como un crucigrama esotérico, en el que después de un rato -las letras están descolocadas y en medio de un abecedario- descubrirás las palabras Universidade Aveiro...
También podríamos hablar de los engañosos niveles del edificio. La biblioteca se encuentra en el centro del campus, justo en el punto donde la disposición de los edificios cambian de dirección culminando en ese tótem minimalista que es el depósito de agua -quizá el más bello del mundo- también de Siza. En este eje del campus los edificios (de otros conocidos arquitectos lusos como Byrne, los Aires Mateus o Souto de Moura -su facultad en estado de conservación calamitoso-, sin olvidar la pasarela de Carrilho da Graça) están también situados a mayor altura, por lo que la biblioteca, convertida en una especie de bisagra, tiene que salvar esa diferencia de rasante. Para ello, en lugar de una simple escalera, Siza monta una ceremoniosa rampa como de película de ciencia ficción de los 60, sensación a la que ayuda las columnas del nivel inferior, que parecen las patas de una nave espacial de ese mismo film. Mediante dicha rampa se accede a la entrada de la biblioteca (no la busques en la planta inferior, o subes la rampa o no entras) y al rasante elevado de las facultades en esta parte del campus.
Y para acabar, la fachada trasera que mira a Aveiro y a la ría,  casi invisible desde el campus, pero referente desde fuera de éste, tiene también su cosa. Si la ves desde lejos tiene la forma de una enorme U (en lo que bien podría ser otro juego de letras como en la fachada principal): ¿U de Universidad?



sábado, 30 de julio de 2016

Esa polvareda de luz dorada

"...el siempre renovado encantamiento de leer, de ver, de escuchar, dentro de los ojos, en la intuición de lo dorado".
Hoy toca examen, ya te vale tanta molicie veraniega. A ver, ya me vas diciendo, tú que sabes tanto, dónde he hecho esta foto. ¿Cómo? ¿Pistas? A ver, esto es un blog serio y de nivel, con las que ya te he dado te tienen que sobrar. A ver, que te lo estoy diciendo.

sábado, 23 de julio de 2016

lunes, 18 de julio de 2016

Operación Yoda (Redux)

"Todas las miserias humanas derivan de no ser capaces de sentarse en una habitación en silencio a solas" (B.Pascal)

LLANBISTER, NOVIEMBRE 2029.

En España sigue sin haber gobierno. Tras 12 elecciones en las que el pueblo, empeñado en votar mal, ha otorgado prácticamente sin diferencias el mismo número de escaños a los partidos en todas las ocasiones, y tras otros tantos intentos inútiles por parte de los cuatro partidos principales de llegar a acuerdos para la investidura, el gobierno en funciones, con un ajado Rajoy a la cabeza, sigue a verlas venir. Durante todos estos años hemos sido carne de escarnio a nivel global, pero las principales potencias mundiales, hartas ya del espectáculo y la inestabilidad del país en un mundo cada vez más volátil y convulso, quieren poner fin a tanto despropósito democrático. El presidente americano, Donald Trump, recientemente de visita oficial a Madrid durante dos semanas, se entrevistó con todos y cada uno de los líderes políticos españoles (hasta el del PACMA) por separado durante 8 horas (con cada uno), para, aparte de ponerles a caldo, transmitirles que o hay acuerdo para la investidura o España saldrá de la ONU, la OTAN y la UE. Lo de salir de la UE no es que importe mucho (solo la componen ya, aparte de España, el Benelux, Portugal y la República Unida de Escocia e Irlanda del Norte), pero el Spainxit no deja de tener un punto simbólico que escuece. Y no ha sido la única visita: otros mandatarios, de la altura de Ángela Merkel, presidenta de Alemania, la presidenta francesa Marine Le Pen,  Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido de Inglaterra y Gales o el presidente de la Comisión Europea, Rem Koolhaas, han venido para pulsar la situación y mayormente ver en primera persona de qué vamos. Hasta el Papa Francisco se aprestó a venir para dar un simpático tirón de orejas literal a Rajoy que encabezó los noticiarios de todo el mundo y fue trendic topic tres semanas. En este contexto, tras el primer intento allá por las navidades de 2015 que aportó agudas propuestas, se decide reeditar la Operación Yoda con las mismas premisas y los mismos actores, aunque, teniendo en cuenta lo delicado de la tesitura, se han introducido ciertas variaciones para incentivar este secretísimo think tank político.

Nos vamos pues a Llanbister, en Gales. En mitad de la nada se encuentra la casa elegida para el encuentro que es, como en aquella ocasión trece años atrás, uno de los minihoteles que Living Architecture  ha propuesto a arquitectos de prestigio para goce de archfreaks y post-hipsters. De nombre The Life House, fue diseñada por John Pawson, quizá el más minimalista de los arquitectos ingleses (y probablemente del mundo), e inició su andadura un ya lejano 18 de julio de 2016. Se eligió esta casa en concreto para conseguir una mayor concentración de los participantes ya que la anterior ubicación (la House for Essex) como veíamos originó cierta disrupción a causa de su errática decoración. Por el contrario, The Life House, descrita por Alain de Botton (filósofo tras la iniciativa de Living Architecture), como una casa atemporal de belleza sencilla profundamente influida por el mundo oriental y la arquitectura de los monjes benedictinos proyectada al objeto de lograr un recogimiento espiritual donde la serenidad, la contemplación y la recuperación anímica fuesen esenciales, parecía ciertamente ideal para el objetivo, asaz complejo, que se pretendía alcanzar.



Nuestros protagonistas, los mismos cuatro millenials de Essex y con los mismos nombres en clave (te los recuerdo: Obi-Wan, Amidala, Han y Luke), llevan ya 97 días concentrados en la casa. Pero dejémonos ya de tanto preámbulo y entremos sin más dilación en este monasterio secular. En una habitación sin ventanas, sobre cuyo suelo puede leerse una cita de Pascal ("Todas las miserias humanas derivan de no ser capaces de sentarse en una habitación en silencio a solas"), con paredes de ladrillo danés pintadas de negro y en la que el único mobiliario son dos camastros como medievales, hablan dos hombres. Uno, sentado en una silla CH4 diseño del propio Pawson, viste pantalones y turtleneck rigurosamente negros de Prada; el otro, de pie, lleva vaqueros y una camiseta raída. La tensión se puede cortar con cuchillo (con este mismo, también de Pawson).
"-¿Qué tienes que decirme al respecto, Han?", dice el de negro con voz meliflua y gestos exquisitos.
-"¿Pero quién te lo ha dicho, quién? Estoy...", responde el otro con desesperación rayana en violencia. 
-"Calma Han", interrumpe el otro con voz pausada mientras levanta la mano izquierda con los dedos abiertos en símbolo de paz lo que le permite de paso lucir su reloj de Issey Miyake diseño de Jasper Morrison, "sabes que estoy de tu lado.  Me lo dijo uno de tus compañeros, como sabes el que reporte algún comportamiento irregular de un peer recibe una gratificación: un capítulo de la novena temporada, recién estrenada, de Mr Robot".
-"Chivatos de mierda", dice Han, regodeándose fonéticamente en la erre.
La palabra malsonante provoca un respingo en el de negro, que intenta mantener el tono neutro. "Lo siento Han, pero ya sabes las normas. Tengo que dejarte sin la magdalena de los viernes".
-"Eso no Vader, la magdalena del Condis no!!!", cae de rodillas implorando.
-"Vamos, Han, que no es para tanto".
-"Pero qué me estás contando, si nos matas de hambre. Todos los días hamburguesa de tofu y quinoa para comer y leche de soja y cereales biológicos para desayunar, por no hablar de la ensalada mixta con cúrcuma de cena, así tres meses, eso no hay quien lo aguante, sueño con cervecitas con patatas bravas y pulpo a la gallega o gigantescos Big Macs con Coca-cola todas las santas noches. Déjame la magdalena Vader, por tu padre!!"
-"¿Aún no lo has entendido Han?", su voz es más meliflua que nunca, le pone una mano en el hombro. "Todo lo que hago aquí va dirigido al mismo objetivo: potenciar vuestra mindfulness para incrementar vuestra capacidad de introspección y diálogo constructivo. Tenemos una misión histórica en la que debemos concentrarnos en cuerpo y alma, no puede haber distracciones, la austeridad es la norma principal, bien que os lo avisé el primer día. La dieta vegana cumple esa función, como las sesiones de Tai-Chi a las 6 de la mañana o la lectura mántrica en grupo del Tao-Te-King. ¿Quieres que nos echen de la ONU? ¿Quieres que seamos unos parias como en los 50? Seguro que no. Sé fuerte, Han".
-¿¡Pero te parece poco haberme metido seis horas en esta celda de castigo?! ¿¿No es ya suficiente..."
Vader levanta ahora las dos manos con los dedos extendidos y abre los ojos exorbitadamente, interrumpiéndole de inmediato."¿Celda de castigo? Creo que eres tremendamente injusto. Estamos en la Cámara de Contemplación cuyo objetivo, y cito aquí al gran Alain de Botton, autor de bestsellers como La arquitectura de la felicidad o Cómo pensar más en el sexoes purificar y entrenar la mente en los true essentials. ¿Sabes lo que le costó a John Pawson, el arquitecto de esta casa (y de varias abadías e iglesias), diseñarla junto con Alain? Cinco años. Toda la sabiduría del Feng-shui y el Císter está sintetizada aquí. Un poco de respeto Han, y recuerda a Lao-Tse: 'A la mente que está en quietud, todo el universo se rinde'".
Han intenta retomar su argumentación en calma. "Volvamos al principio, lo siento, no volverá a pasar, tienes que entenderlo, esas sesiones de música atmosférica son tan rayantes..."
-"Volvemos a lo mismo. Me cansas, Han". Vader junta las yemas de sus dedos y parece mirar al infinito. "Os ponemos música planeadora de grupos tan innegablemente históricos como Popol Vuh,  Ash Ra Tempel o el mítico Klaus Schulze junto a otros representantes de la Escuela de Berlín para que vuestros cerebros puedan alcanzar el estado alfa de máxima introspección y relajación profunda que os predisponga para la gran tarea que debéis asumir como equipo diariamente, las 20 propuestas que mando a Madrid a las 20.20 cada día".
-"Nunca he dejado de trabajar en ellas, ha habido días que les he dedicado más allá de las 7 horas reglamentarias, lo sabes Vader, curro como el que más".
Vader sonríe casi imperceptiblemente. "Oh sí, como aquella creativa propuesta tuya que consistía en que a siete diputados del PSOE se les impidiera la asistencia el día de la investidura de tal manera que sin su voto saliera adelante la candidatura de Toro Salvaje con el apoyo de los de El Gato sobre el tejado de zinc caliente. Llegabas a proponer cosas tan bizarras como estropearles el coche, simular un secuestro exprés de uno de sus hijos, atiborrarles a laxantes para que se pasaran la sesión de investidura obrando sin solución de continuidad, o cito literalmente:", Vader ha encendido su iPad Pro Plus de 15 pulgadas," 'ser interceptados por un pibón/cachas -según proceda- de camino al Congreso', no se me ha olvidado tanto despropósito, Han".
-"No me seas rencoroso, eran los primeros días, cuando aún estábamos un poco de coña y ya pagué por ello: dos días en la celd...Cámara de Contemplación. Perdóname esta vez, al fin y al cabo ha sido una chorrada".
-"No tengo alternativa y lo sabes, Han. Pero cómo pudiste. Destrozaste el ethos de este lugar".
-"Lo hice pensando en la operación. Necesitaba un revulsivo, un estímulo musical...."
-"Pero por favor Han" se quita las gafas de Dsquared2 con calculados movimientos y mira al techo poniendo los ojos en blanco, "Paquito el Chocolatero, que cantabas y bailabas como un poseso".
-"Tenía morriña!!!"
-"Dos viernes sin magdalenas". Vader se levanta y sale con paso marcial de la habitación.
-"Noooooo....!".




Más fotos y un video con Pawson, aquí.

domingo, 10 de julio de 2016

Arquitectura selfie



Igual hay una arquitectura que para lo único que sirve es para hacerse selfies con ella. (Proyecto de fachada de aparcamiento en Miami perpetrado por J. Mayer H., sí, el de las setas sevillanas).

domingo, 3 de julio de 2016

De Prada al Prado


Pues ya sabemos los ocho equipos que van a competir para la rehabilitación del Salón de Reinos, el antiguo Museo del Ejército (reubicado en 2005 en el Alcázar de Toledo), que quedará incluido en el campus del Museo del Prado suponiendo un aumento del 16% de espacio expositivo y para la que se va a destinar un modesto presupuesto de 30 millones de euros. El edificio, al lado del Casón del Buen Retiro y la Real Academia de la Lengua, concluido en 1635 por Alonso Carbonel, es una curiosa mezcla de austeridad herreriana (recordando a la Plaza Mayor madrileña de Gómez de Mora o al burgalense Palacio de Lerma de Francisco de Mora, tío del anterior, con sus severas torres con chapiteles de pizarra) y festivo colorido (en un tono rosa con un punto portugués un poco alejado de su recia función como contenedor de glorias castrenses). Lo impulsó el famoso Conde-Duque de Olivares bajo el reinado de Felipe IV, que como su nombre (Salón de Reinos) indica quiso crear un recinto que celebrara la potencia de la monarquía hispana, en la que entonces aún no se ponía en sol, y dejara epatados a embajadores y visitantes ilustres de allende los Pirineos. A tal fin no se escatimó en presupuesto, destacando los imponentes cuadros encargados a Zurbarán (los trabajos de Hércules, no en vano los Habsburgo llevaban a gala descender de tamaño héroe mitológico) o a Velázquez (como la célebre Rendición de Breda), hoy todos ellos en el posterior edificio de Villanueva.  Lo que son las cosas, no mucho después Olivares caería en desgracia por intentar meter mano a los privilegios aragoneses (Cataluña incluso amagó con independizarse para regocijo de Francia, con quien el Conde-Duque también anduvo a la greña) hasta ser finalmente sustituido por otro valido, y la propia monarquía entraría en declive perdiendo por ejemplo Portugal en 1640 (aprovechando la distracción de la revuelta catalana) o la mismísima Breda del cuadro, recuperada para Holanda en 1637, ambas derrotas por cierto a poco de culminarse el Salón de Reinos (pues vaya mal fario el del palacete) que hoy nos ocupa.

Hablando de Holanda, hete aquí que lo mismo va a ser el holandés más famoso del globo al que acabemos rindiendo el Salón. Y es que Rem Koolhaas es uno de los ocho estudios preseleccionados para su rehabilitación. Literalmente no puedo esperar a ver la propuesta de este arquitecto de obras exquisitamente esquizofrénicas  (Luis Fernández-Galiano dixit en 2000) reinterpretando el orgullo hispánico-escurialense en clave post-15M (teniendo en cuenta su predilección por la provocación, no creo que dejara escapar la oportunidad de colarnos un gol por toda la escuadra). Qué morbazo. Para más inri Fernández-Galiano es uno de los miembros del jurado -Moneo es otro- que elegirá al ganador..., más atemperado en sus juicios últimos sobre el autor de S, M, L, XL, el catedrático de la ETSAM concluyó en el AV 178-179 (número monográfíco doble dedicado a él): "Rem Koolhaas exhibe la coherencia del que rehúsa permanecer inmóvil cuando los tiempos cambian, ofreciendo en cada trecho de su trayecto un retrato fidedigno del mundo alrededor". Pues a ver qué retrato nos deja en el Salón de Reinos: sería su primera obra en España tras el fiasco cordobés. Por cierto que, como aquí avisamos, hemos tenido a Koolhaas en el congreso arquitectónico de Pamplona y por supuesto no defraudó, la prensa ha destacado sus punzantes puntos de vista  (y eso que ha tenido duros competidores como Winy Maas y Bjarke Ingels, qué congreso más calvinista, por favor). Me quedo con su optimismo militante (crecer en una desventrada Rótterdam tras la Segunda Guerra Mundial, como él señala, ayuda: nos quejamos de vicio), su escandalizado rechazo a los populismos antieuropeístas (dice querer meterse en política para evitar un Nederexit) o su agudo análisis de una sociedad obsesionada por una comodidad que anula el riesgo ("en el viejo continente hemos cambiado la Igualdad, Libertad y Fraternidad por Comodidad, Seguridad y Sostenibilidad"), no te pierdas la entrevista que le hace Anatxu Zabalbeascoa. Curiosamente otro provocador nato, Michel Houellebecq, hace un diagnóstico muy similar en El País Semanal de hoy: "Hay que interrumpir el confort con sobresaltos" (Fernández-Galiano ya había comparado dieciséis años atrás el "talento tóxico" de ambos personajes en su artículo Los héroes amargos en Arquitectura Viva 74).

Sorprende igualmente el nivel del resto de los estudios seleccionados. Tenemos nada menos que a Foster (me encantaría que ganara por sus estrechos vínculos con España y porque haría un trabajo serio, elegante y exacto con un punto justo pero marcado de modernidad como el que hizo para el British Museum, que para eso estamos en el siglo XXI), a Chipperfield (es el que haría un trabajo de restauración más minucioso, no olvidemos su excelente trabajo en el Neues Museum de Berlín, la pega es que con un edificio en un estado más que aceptable una intervención tan previsiblemente respetuosa quedaría prácticamente oculta; además sería como una reedición de la ampliación del Prado de Moneo, con el que el inglés tiene tanto en común, ¿no apetece algo más de mordiente? Saltémonos la dieta por un día), a Nieto Sobejano (un estudio que sabe mantener el difícil equilibrio entre el respeto a lo preexistente y una audaz modernidad), a Cruz y Ortiz (los del Rijksmuseum) o a Souto de Moura (representante de la exquisita arquitectura actual portuguesa que con muy poco es capaz de expresarlo casi todo). Completan la lista dos amalgamas de arquitectos: Garcés de Seta Bonet Arquitectes junto a Pedro Feducci Canosa, y Gluckman Tang Architects-Alvarez Sala junto a Arquitectura Enguita y Lasso de la Vega, menos conocidos pero que seguro pondrán toda la carne en el asador por la cuenta que les trae.

En fin, habrá que esperar al 30 de octubre a ver el proyecto que nos proponen, a final de año sabremos el ganador. El Otoño promete...



domingo, 26 de junio de 2016

In & Out


Te muestro hoy lo último de los neoyorquinos Diller Scofidio+Renfro (los de la High Line): el centro educativo Roy y Diana Vagelos en el prestigioso campus de Medicina de la Universidad de Columbia en Nueva York. Se estrenará en agosto y como ves resulta una curiosa estructura en la que, a base de un generoso uso de cristal, uno no va a saber si está dentro o fuera. En palabras de sus autores, el edificio, una suerte de "salón vertical", se estructura en torno a una escalera, la "Study Cascade", que se extiende por los catorce pisos de la construcción conectando distintas zonas de encuentro que favorezcan el aprendizaje colaborativo y la interacción entre los estudiantes, que han participado activamente en su diseño. Y digo yo que con las impresionantes vistas que debe haber, no sé hasta que punto los estudiantes lograrán concentrarse.

El Blur Building: estar y no estar
En una entrevista en 2005 con Vladimir Belogolovsky, Elizabeth Diller declaraba su necesidad compulsiva (masoquismo perverso eran sus palabras textuales) de desafiar expectativas y llevar la arquitectura a nuevos límites, mencionando también su interés en hacer edificios muy conceptuales que pongan el énfasis en la exhibición, la performatividad, la concienciación y la provocación, algo que podemos ver claramente en su último edificio, nacido (quizá) para el mucho ruido mediático y las pocas nueces arquitectónicas. Diller nos deja perlas como la siguiente: "Por ejemplo nos fascina el tema de la vigilancia, pero también nos interesa la post-paranoia en una época en la que hay tanta vigilancia que la gente acaba actuando conscientemente ante las cámaras", o esta otra, solo apta para doctores cum laude por Harvard o neoyorquinos de quinta generación: "Me gusta trabajar en una zona gris y producir acentos de desfamiliarización. Vemos cosas tan a menudo que acabamos cegados. Quedamos cegados por la absoluta visibilidad y disponibilidad. Así que nosotros, como arquitectos, deberíamos insertar un estímulo o catalizador y no tomar nada como una certeza. La arquitectura debería ayudar a construir nuestro yo ("Architecture should be self-constructing", a ver cómo lo traduces tú)". Es obvio que no podemos esperar claridad expositiva en la autora del edificio Blur (blur significa difuminar, ofuscar en inglés) para la Expo 2002 en Suiza, una estructura de acero sobre el lago Neuchâtel que quedaba difuminada hasta desaparecer gracias a la acción de 30.000 boquillas que, al expulsar partículas de agua a alta presión, envolvían la estructura en una fina niebla. En fin.

Pero volvamos al edificio Vagelos. Ahora ya sabemos que Diller Scofidio+Renfro buscaban adrede esa lucha de contrarios entre lo exterior y lo interior, en plan performance conceptual y provocadora. Y aquí en rápidamente recogemos el guante. Para post-paranoia la que estará pasando ahora Camerón de la Isla en el 10 de Downing Street. En un ejercicio impecable de democracia participativa ha metido a su país y a Europa en un embolao de dimensiones cósmicas. Pero a ver, un poco de calma, que para la fontanería fina están (o deberían estar) los políticos: al final, tras el revuelo mediático y los ladridos de los populistas, la cosa quedará en un no estar estando (algo así como el Blur building), o estoy fuera pero en realidad estoy dentro (como el Vagelos), que los ingleses no van a permitir que se les escape un buen negocio. En un artículo publicado ayer en El País (Votar lo contrario de lo que parece), Juan Ignacio Crespo lo tiene claro: "En 1992, en Dinamarca, también en el mes de junio y también en referéndum, se expresó la oposición al Tratado de Maastricht. Veinticuatro años después, y tras otro referéndum en el año 2000 en el que decidieron que no querían formar parte de la eurozona, y por tanto, no utilizar el euro como moneda, la situación es que, aunque ellos no lo sepan, lo que tienen como moneda (la corona danesa) es en realidad una manera de hablar del euro con otro nombre: el banco central de Dinamarca tiene que hacer esfuerzos indecibles para que la corona se mantenga pegada al euro tanto cuando éste se aprecia como cuando pierde valor. ¿Por qué? porque sus relaciones comerciales con la UE así lo exigen. (...) ¿Quiere esto decir, razonando por analogía, que los votantes británicos que hoy creen que han votado contra la permanencia de Reino Unido en la UE no saben que, en realidad, han votado por quedarse? Sí. Lo más probable es que ese termine siendo el resultado. El comercio entre los pueblos no solo es un componente esencial del progreso, sino que fue siempre el motor del propio imperio británico". Si ya lo decíamos aquí hace un par de entradas, aquí el que se lleva el gato al agua es que el que nada y guarda la ropa, el que supera los contrarios uniéndolos con pasmosa naturalidad, la bigamia del malabarista Bjarke Ingels, que ha superado la dicotomía de otro danés, el Hamlet de ser o no ser, he ahí la cuestión, por un ser y no ser, he ahí la cuestión. Eso sí, con tanto empeño en desactivar los oxímoron vamos a acabar todos grillados (post-paranoicos, o sea).



"No estoy segura de que la verdad esté ahí fuera. Creo que las preguntas son bellas. Las respuestas están muertas" (Elizabeth Diller, de Diller Scofidio+Renfro, aquí en pose post-algo).



domingo, 19 de junio de 2016

Hazte el sueco


"Desde el principio, el modelo social sueco tuvo su reflejo en la vida cotidiana a través de un diseño accesible para el hogar y otros espacios de convivencia, basado en la sencillez y la funcionalidad —el mismo concepto de diseño que Ikea ha logrado impulsar globalmente—. En un discurso de 1928, Per Albin Hansson, futuro primer ministro socialdemócrata y padre del modelo sueco, se refería por primera vez a “folk-och medborgarhemmet” (“el hogar del pueblo y los ciudadanos”). Para Hansson, “el hogar es la base de la comunalidad y la pertenencia”. “El buen hogar no conoce de privilegiados y arrinconados, de niños mimados e hijastros”, decía Hansson, “en el buen hogar, nadie mira por encima del hombro a nadie”. La idea de Folkhemmet, clave para entender la socialdemocracia sueca, recoge a la vez que refuerza la importancia real que tiene el hogar en países como los escandinavos de inviernos fríos y noches largas. El hogar escandinavo es un espacio en el que se pasan muchas horas, conviviendo y haciendo cosas: arreglando un mueble, cosiendo cortinas, horneando bollos… Ello explica, en parte, la filosofía del “hazlo tú mismo” que abandera Ikea.
Para muchos, esta mentalidad práctica forma parte de la idiosincrasia sueca y explica, tanto la capacidad para dialogar y consensuar la construcción y permanencia de un Estado del bienestar ejemplar, como la materialización de sus ideales de igualdad y progreso social a través del diseño democrático de viviendas e infraestructuras. Antes incluso de que el partido socialdemócrata ganara las elecciones de 1932 y comenzara a consolidarse el modelo sueco, la Exposición de Estocolmo de 1930 supuso el triunfo del diseño y la arquitectura funcionalistas y la emergencia del arquitecto Gunnar Asplund como uno de los principales portavoces de este movimiento.(...)
Parafraseando a Weber, para quien, de modo muy resumido, la ética protestante contiene el espíritu del capitalismo, podría decirse que la estética escandinava encierra el espíritu de la socialdemocracia. Por ello, más allá de las razones esgrimidas por Podemos (que sea el programa electoral más leído), la apuesta por utilizar el catálogo de Ikea como envoltorio para presentar sus propuestas programáticas tiene todo el sentido dentro de la actual estrategia de la formación". (Olivia Muñoz-Rojas, Ikea y el espíritu socialdemócrata en El País de ayer. Fotos: la primera tienda Ikea del arquitecto Claes Knutson, creada en 1958 en Älmhult, que a partir del 30 de junio abrirá como museo de la marca). 









sábado, 11 de junio de 2016

Brick England

¿La Tyrell Corporation? No, la ampliación de la Tate Modern

Brick England es el título de la última canción de Pet Shop Boys en colaboración con Jean Michel Jarre, quien en el álbum Electronica 2: Heart of Noise al igual que en su predecesor, Electronica 1:The Time Machine, se ha puesto ha trabajar con viejas y no tan viejas glorias de la escena electrónica para delicia de los aficionados al género. Hay temas con Moby, Edgar Froese de Tangerine Dream (poco antes de fallecer), Armin van Buuren o Hans Zimmer, esperamos en una tercera entrega encontrar colaboraciones con Kraftwerk o Vangelis, verdaderos pioneros de los sintetizadores (aunque precisamente por ello no deberíamos hacernos muchas ilusiones). Como curiosidad, decir que en dicho álbum colabora también Edward Snowden cuya voz distorsionada hace un alto en un tema endiabladamente rítmico (Exit) defiendiendo claro está la transparencia informativa como virtud indiscutible. Volviendo al tema de los PSB, un anthem tan del gusto del veterano grupo, citar, y aquí enlazo, el estribillo: Walls, rise and fall / And now that buildings talk  / In the city / Brick England, y es que lo mismo estaba el dúo pensando en la pirámide retorcida (la ampliación de la Tate Modern) que Herzog y de Meuron están a punto de estrenar, el 17 de éste, en la ciudad del Támesis, un edificio soberbio y enigmático que ciertamente eleva sus potentes muros de ladrillo industrial hacia el cielo de Dickens y habla desafiante a un entorno de viviendas y oficinas de lo más posh

Con esta suerte de Estrella de la Muerte facetada y opaca, los suizos vuelven a la Tate dieciséis años después de haber remodelado el edificio original, una central eléctrica diseñada por Giles Gilbert Scott (autor de la otra gran estación eléctrica londinense, la de Battersea, o de las famosas cabinas telefónicas rojas) que les condujo derechos al estrellato arquitectónico con un respetuoso proyecto, muy discutido en plena pujanza del efecto Guggenheim, que por fuera apenas variaba los lacónicos volúmenes de la central pero que supuso un éxito de público tan rotundo que gentrificó hasta límites exorbitantes el modesto barrio (Southwark) que le rodeaba: justo a su vera levantó Rogers el Neo Bankside, una exclusiva urbanización de viviendas que llegaban a alcanzar los 25 millones de euros. 

El nuevo edificio, denominado Tate Modern Switch House, aumenta el espacio del museo en un 60%, una necesidad acuciante ante la avalancha de visitantes que llegan a sus puertas (5,7 millones el año pasado, por curiosidad he mirado los que tuvo el Reina Sofía, colega madrileño de la Tate, que fueron 3,2, y los del Guggenheim bilbaíno: 1,1) y la única forma que tenía para expandirse era hacia arriba, como una suerte de furioso volcán que emergiera empujado por pulsiones tectónicas y telúricas de magnitud desmedida (vaya, hoy tengo el día poético). Aunque en un primer momento la ampliación iba a tener fachadas cristalinas, los arquitectos, con buen criterio, quisieron hacer toda una declaración de intenciones (bastante cristal tenían ya los modernos edificios adyacentes, bastante transparente es ya nuestra sociedad, que por mucho que le guste a Snowden ya agobia tanta exposure) y volvieron la mirada a la construcción original, de ladrillo puro y duro (justo al contrario que Snøhetta en San Francisco), envolviendo su pirámide de cemento con una piel cerámica que asemeja, en palabras de Oliver Wainwright, a una cota de malla (no te pierdas su artículo, con una foto del "bulevar vertical", una bella escalera que trepa por el interior de la pirámide y otra, con más morbo, de los cristalinos apartamentos del Neo Bankside -los de 25 millones- que quedan expuestos a las vistas de los curiosos desde la Switch House, a la que acompaña este demoledor comentario: "puedes observar las desoladas y vacías vidas de lujo encargado por e-mail tan estériles como una batería de depósitos apilados de Damien Hirst" o, ya puestos, una versión moderna de un cuadro no menos desolado y vacío de Edward Hopper). Quién sabe si, buscando otras similitudes, los suizos quedaron tan impresionados con el no menos imponente edificio de la LSE diseñado por O´Donnell+Tuomey también en Londres que se decantaron por el ladrillo para la ampliación. 

¿Gustará el severo, oscuro y opaco edificio? Rowan Moore da una respuesta que habría encantado al Breuer de Sol y Sombra: "El precedente del Tate Modern original, también severo por fuera, pero alegre por dentro, muestra que un edificio no tiene que ser grotesco y adular (¿lo dirá por la ampliación del SFMOMA?) para caer bien. En esta y otras obras, a Herzog and De Meuron les gusta presentar un momento protestante de negación previa al placer, de rechazo previo a la acogida, de severidad previa a la generosidad. Es parte de su visión del mundo, diferente de la mayoría de los arquitectos, en la que el deleite y la belleza coexisten con aspectos de la existencia más problemáticos o misteriosos". Casi nada. Wainwright lo tiene también claro: la presencia "inquietante" del edificio es un añadido poderoso a la ciudad, a la vez seductor y amenazador (también para él los contrarios se encuentran en la Switch House), "un contenedor adecuadamente desafiante para el trabajo que acoge en su interior".  Deyan Sudjic, en un artículo sobre la ampliación que hoy publica El País, es directamente entusiasta: "Es una obra extraordinaria desde todos los puntos de vista, como arquitectura, como creación de un espacio, como institución capaz de hacer que florezca el arte y atraer a todo tipo de públicos. Y sobre todo, es una reafirmación llena de optimismo sobre las posibilidades de la arquitectura".

La Serpentine de BIG
Menos sombrío pero no menos contradictorio también nos encontramos en Londres con ese arquitecto estrella, más cool imposible, portador de una envidiable pinta de juventud permanente y no menos permanente buen rollo, como si siempre acabara de volver de unas largas vacaciones en Ibiza. Nos referimos, claro está, a Bjarke Ingels, que acaba de estrenar (el viernes) su pabellón temporal de la Serpentine, una suerte de ola pixelada de fuerza desmedida llena de trampantojos: según como la mires parece opaca o transparente gracias a la estructura en forma de cubos huecos de fibra de vidrio. Es obvio su homenaje al ladrillo, que queda mágicamente desvanecido en transparencia: de nuevo una fábula arquitectónica que haría las delicias de Snowden. Y de nuevo los contrarios de Breuer y H&dM aunados pero en este caso sin angst calvinista, que a BIG lo que le va es el cachondeíllo ilustrado: ellos lo llaman bigamia, si no eres capaz de optar entre dos conceptos contrarios, pues oye, te quedas con los dos y punto. Pues cojonudo. Para mí que hay grupos políticos de por aquí que han tomado nota de la idea. Por cierto que a finales de junio tendremos a Ingels en Pamplona, en el cuarto congreso de Arquitectura y Sociedad con el título de Arquitectura: Cambio de Clima y donde tendrá ocasión de reunirse con su antiguo jefe, nada más y nada menos que Rem Koolhaas, y, con, lo que son las cosas, de Meuron (qué lujazo de congreso, lo que daría por poder ir): con semejantes agents provocateurs va a arder la capital navarra. 

Me despido descolgándome con frase lapidaria: Cada vez está más claro que el futuro es de aquellos que sepan surfear en los oxímoron.