viernes, 30 de septiembre de 2016

Operación Yoda (Finale)




SANTORINI, NOVIEMBRE 2039

Un viejo coche, ajado y sucio, llega exhausto a la plazoleta de Ia en el extremo norte de la isla. Es un C3 del año 2017, así que los más de 20 años que carga a sus espaldas no son de gran ayuda a la hora de ascender a la cima de la rocosa montaña en la que se asienta el pueblo. De él sale no sin esfuerzo un alto individuo de tez tostada, probablemente septuagenario, que exhibe una luenga y descuidada barba, coleta beatnik y florida túnica con lamparones que apenas oculta un marcado abdomen. Recuerda enormemente a aquel famoso icono camp que fuera Demis Roussos, el de Triki-Triki-Triki Mon Amour (escúchalo aquí y sumérgete en una demoledora nostalgia de la que acaso ya nunca regreses). Suda como un pollo, y es que aunque es pleno invierno y ya pronta está la anochecida, el termómetro marca 58º a la sombra. Son las cosas del Antropoceno. Se acerca, como todos los días en un ritual que no ha dejado de hacer en los ocho años que lleva en la isla, al emplazamiento donde se encuentra el famoso molino sobre el acantilado que congrega a turistas y locales en laica liturgia para observar la puesta de sol convenientemente protegidos con crema solar de factor 500. Se sienta en el bareto de siempre donde pide, como de costumbre, una botella de ouzo. Tras apurar hasta la última gota del abrasivo licor se acerca, entonado, al borde del vertiginoso acantilado sobre la caldera del antiguo volcán que, en brutal deflagración, destruyera la próspera isla que allí se asentaba (para algunos se trataba de la legendaria Atlántida) dejando en su lugar los despojos abrasados que hoy llamamos Santorini, Thirasia y Nea Kameni. Desde allí, como cada día, nuestro misterioso personaje declama a voz en grito y en griego el poema Ítaca de Cavafy (aquí recitado por Sean Connery con música de Vangelis). Nunca lo acaba, las lágrimas ahogan su voz. En alguna rara ocasión es capaz de rehacerse tras el impasse lacrimógeno y se pone a cantar, también con emoción apenas embridada, el Asturias patria querida.

Por cierto, ¿recuerdas a los esforzados protagonistas de la Operación Yoda? Ya hace nueve años que descansan plácidamente en el hospital que Aalto levantó en Paimio, al sur de Finlandia, reconvertido en residencia de larga duración especializada en desórdenes mentales incurables. Allí les mandaron cuando, tras 338 días de reclusión, como recordarás, en la Life House de Pawson en Gales, se descolgaron con una propuesta desquiciada basada en una performance que el artista japonés Haruhiko Kawaguchi realizara allá por 2016, consistente en embutir a una pareja en una gran bolsa de plástico para después succionar el aire al objeto de dejarles al vacío, como si de mojama se trataran, vamos. La idea era transmitir la importancia del amor (fou), dando de paso al concepto de horror vacui un nuevo significado. Te parecerá ocurrencia absurda del abajo firmante, pero es rigurosamente cierto, haz click aquí y alucina pepinillos. Pues bien, los cuatro desesperados jóvenes lo sugirieron para nuestros políticos, alegando en surrealista rationale que al meter en la misma bolsa a Toro Salvaje y Pantera Rosa, o Nacido Libre junto a El gato sobre el tejado de zinc caliente, podría así lograrse, al fin, que llegaran a acuerdos para la investidura de marras. Desde las terrazas de sus habitaciones en el estilizado sanatorio ya centenario, en una imagen como de cuadro de Edward Hopper, gozan nuestros sufridos patriotas de unas impagables vistas sobre extensiones inmensas de páramos agostados y de unas envidiables temperaturas que ahora en invierno apenas sobrepasan los 45°. ¿Que qué fue de Vader? Pues está de cajero de un Ahorramás el buen hombre. No lo lleva bien. Ni que decir tiene que la investidura nunca se consumó, para desesperación y cabreo del pueblo llano. En las últimas elecciones que se celebraron, en 2031, no votó ya ni el tato. España, como Santorini, implosionó. En pocos meses, empezando por Cataluña, que declaró la independencia ipso facto sin referéndum ni historias, el país se fue desgajando hasta seccionarse en 61 territorios independientes. Es lo que los historiadores dieron en llamar la Desconexión masivaEspaña era ya Expaña (Xpain).



¿Y qué pasó con nuestros refractarios políticos? Toro Salvaje es el único que no se autoexilió. Se estableció en Cangas de Morrazo, devenido Condado Galaico Independiente, del que llegó a ser presidente. A imagen del Poundbury del Principe Carlos, contrató a Léon Krier para que levantara un poblado de arquitectura tradicional con toques paladianos. Allí sigue. Pantera Rosa se estableció en California, en Palm Springs en concreto, donde hasta no hace mucho enseñaba en un high school. Hizo una modesta fortuna gracias al éxito global que cosecharon varios libros suyos, en concreto No y mil veces no, y sus secuelas Qué parte de NO no entiendes y el profundamente filosófico La negativa que emana del NO no admite interpretación, ingresos con los que adquirió la casa Miller de Richard Neutra, una de las típicas "máquinas en el jardín" del arquitecto vienés (compatriota y contemporáneo por cierto de Kokoschka y su muñeca articulada), que allá por 1937 construyera para Grace Lewis Miller, una culta y atractiva viuda de mediana edad. Grace enseñaba el sistema Mensendieck de autoconocimiento mental y físico que se lograba ejercitando el cuerpo, desnudo, frente a un espejo. Quién sabe si se lo enseñó a Neutra. Lo que sí sabemos es que el arquitecto diseñó in situ la sencilla vivienda zen (inspirada por un reciente viaje a Japón) mientras su mujer Dione, consumada violonchelista, tocaba con brío su voluminoso instrumento. La enjundia que esconde esta casa. Sigo deprisita que este relato ya se me está haciendo cansino. El gato sobre el tejado de zinc caliente, curtido en negociaciones mil, amasó una pingüe fortuna en Wall Street y vive junto a la espectacular hija de Paris Hilton (46 años más joven que él) en el angosto rascacielos que Viñoly levantara en Nueva York (a 75.000 $ de 2016 el m2, esta cifra es verídica), donde posee las últimas siete plantas. Nacido Libre se hizo anacoreta y vive en una cueva en Meteora. Se alimenta de miel silvestre y saltamontes mutantes. Se le ha visto en varias ocasiones levitando.

De quien nada se sabe es de su Majestad el Rey. Luchó hasta el final para evitar el desmembramiento del reino, mas en vano. Hasta 29 veces llegó a llamar a consultas a los representantes de los partidos y otras tantas nombró inútilmente candidato, que una vez y otra se estrellaba en el Congreso. Las élites sonámbulas (según el célebre término acuñado por Fernández-Galiano) pasaban olímpicamente mientras, incautas, conducían el país a su acabamiento. El último discurso real, en el Congreso de los Diputados, cuando ya todo se veía perdido sin remedio, quedará registrado en nuestro imaginario colectivo por generaciones sin término. Dejó a los diputados clavados en sus escaños sin habla durante más de una hora. En un alarde genial de síntesis contenía solo una frase, como una suerte de haiku ibérico. Tras pronunciarla, el monarca marcharía para nunca más ser visto. Decía así: Iros todos a tomar por sa... La última sílaba quedó en suspenso porque su alteza desconectó justo en ese momento el micrófono. Durante seis meses 26 filólogos de las universidades más prestigiosas trataron de dilucidar cuál había sido la última palabra pronunciada por el rey. Tras mucho debate resolvieron que se trataba de sal, y es que tomar por sal está documentada como expresión idiomática del siglo XV en la zona de Alcañiz como fórmula para desear suerte a alguien.  Es obvio dada la cultura de su majestad, que el rey la conocía y la usó como frase lapidaria en su postrera comparecencia pública.

Pero volvamos a Santorini. Tras despedir al astro solar, nuestro doble de Demis Roussos ha cogido su cochambroso coche y se ha lanzado a tumba abierta por la endiablada carretera que conduce al nivel del mar, trescientos metros más abajo de Ia. A velocidad de vértigo se adentra por un paisaje marciano de rojizas rocas volcánicas. Ruge el pequeño motor, que nuestro hombre lleva revolucionado a tope, y chirrían los agrietados neumáticos sobre el hirviente asfalto al encarar una curva tras otra. Suena a todo volumen en el coche el tema Supernature de Cerrone, un llenapistas de los 70 que hoy se antoja rancio no, lo siguiente, pero del que llegaron a venderse 8 millones de copias y cuya letra resulta ser un premonitorio alegato ecologista: "Érase una vez que la ciencia abrió la puerta / alimentando los campos hambrientos hasta que acabaron saciados / pero las pócimas que hicimos alcanzaron a las criaturas de los abismos / y crecieron de una manera nunca antes vista" . Cerrone, ludita sin saberlo, da en el clavo: La Madre Naturaleza ha devenido, tras tantas perrerías, madrastra feroz. Agárrate los machos. No sé si ponerte un enlace al videoclip, cutre que lo flipas, porque podría herir gravemente tu sensibilidad, pero teniendo en cuenta su indudable interés antropológico, creo que es un doloroso deber. Ahí va. Tras el trago, volvamos ya a la carretera de Ia. Un trompo amenaza con despeñar a hombre y vehículo al Egeo, pero el avezado conductor consigue enderezar el coche con singular maestría, es obvio que lleva haciendo esta carrera suicida mucho tiempo. Finalmente se desvía por un camino ya al borde del mar que conduce a una solitaria casa. Parece una mini-acrópolis, miesiana y vernácula a la vez, que se integra a la perfección en su árido entorno. Se trata una réplica de la casa que Aris Konstantinidis construyera en los 60 del pasado siglo cerca del cabo Sounion. Nuestro hombre frena el coche con brusquedad y sale sudoroso en mitad de una nube de polvo.

Es casi ya noche cerrada. Entra en la casa, decorada con sobriedad franciscana. Por todas partes hay libros desparramados y abiertos. En medio del desorden apenas alcanzo a distinguir La España mínima de Fusi, el tocho Carlos V, el César y el Hombre, de Fernández Álvarez y La España vacía de Sergio del Molino. Se sirve un whisky rebosante y se sienta en el porche de su refugio apocalíptico enfrentado al insondable vacío de la caldera volcánica. Se encaja unos cascos conectados a un voluminoso y desfasado sistema de sonido y escucha a la incierta luz de las estrellas el álbum Rosetta de Vangelis, estrenado allá por septiembre de 2016, en el que el maestro de los sintetizadores heleno, inspirado por una misión homónima de la agencia espacial europea, volvió al fin a sus orígenes electrónicos firmando un soberbio trabajo que vendió 260 millones de copias. A la par que da ávidos tientos al licor y escucha arrobado la música extraterrenal del griego, nuestro protagonista recuerda aquella famosa cita de Henry Miller sobre Santorini: "Todo habla en Santorini de fulgor. Aquí la luz penetra en el alma, abre las puertas, las ventanas del corazón, nos deja desnudos, expuestos y aislados en una alegría metafísica que aclara lo que nos es desconocido".


Cuando llega el minuto 1:10 del tema Starstuff,  momento en que la cálida caricia sintética del músico griego se hace especialmente intensa, el hastiado caballero cae en un profundo sopor del que ya nunca despertará.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Museo Machado de Castro (Gonçalo Byrne)


Seguramente lo más intersante de este fantástico palimpsesto arquitectónico de más de dos mil años de antigüedad que es el Museo Machado de Castro en Coimbra no sea la capa última (la rehabilitación acometida por Gonçalo Byrne en 2013) sino la primera, el llamado criptopórtico romano, una especie de monumental cuña transitable construida a mediados del s. I  que salva una de las muchas pendientes de la ciudad y que permitió asentar el foro sobre terreno llano. Subo fotos.


Más información

domingo, 18 de septiembre de 2016

Y van 64



"Independientemente del estado de ánimo, el subidón es transparente cada vez que llego a esta preciosa ciudad. La tensión desciende placenteramente: si ha salido un sol razonable, es fantástica, pero si cae un diluvio y el mar ruge, aún es mejor; la melancolía y la hipnosis que provoca algo tan inclemente como ver llover tiene efectos curativos en mi caso. Únase esto al terrible y metafísico dilema de tener que elegir un restaurante o un bar excelente cada noche para que tu sentido gastronómico se alborote y reencontrarte con amigos de siempre para percibir la llegada de la euforia. ¿Y el cine, que es la presunta y más trascendente razón para aterrizar aquí a mediados de septiembre durante más de 30 años?...." (Carlos Boyero, Ganan los buenos. Pues qué bien en El País de ayer)

viernes, 9 de septiembre de 2016

Moneo&Lennon


¿Y tú qué opinas de la gamificación? Aquí te traigo una práctica. Ya me vas diciendo las siete diferencias arquitectónicas entre ambas fotos.



domingo, 4 de septiembre de 2016

Pixelados



Ole Scheeren es un arquitecto alemán que trabajó quince años con Rem Koolhaas, llegando a ser socio de OMA y diseñando con el holandés edificios como la famosa sede de la CCTV en Pekín o The Interlace, las torres tumbadas de Singapur. Hoy, ya con estudio independiente, centra su trabajo principalmente en Asia. En la foto tienes lo último que ha levantado, la torre MahaNakhon en Bangkok, una estructura de 77 plantas (la más alta de la ciudad) que albergará apartamentos y un hotel. Con ella, el arquitecto deja clara su voluntad de ir más allá de una arquitectura genérica con una torre que quiere (son sus propias palabras) fundirse con la ciudad disolviéndose gradualmente en una especie de cascada pixelada. Dichos píxeles, que parecen desgajarse de la estructura por brutales desgarros abiertos en la fachada, ofrecen la inquietante imagen de una torre herida por una fuerza cósmica superior (un meteorito quizá) o por algo más terrenal pero no menos terrible, conjurando fantasmas difíciles de olvidar. Scheeren, con semejante mentor, no podía crear algo menos espectacular que esta torre, y es que su arquitectura parte de la reescritura de la consabida frase La forma sigue a la función que hiciera Bernard Tschumi, según la cual la forma a lo único que debe seguir es a la ficción. Como lo oyes. Así lo explicaba Ole no hace mucho.

En el último número de Arquitectura Viva (186) nada más y nada menos que Rafael Moneo daba cuenta de la nueva sede del BBVA de Herzog y de Meuron en Madrid aludiendo una idea muy similar (en un complejo ejercicio de arquitectura comparada, daba también un tiento en la misma clave a la Bolsa de Shenzhen, que no en vano es de Koolhaas). La idea es que en ambos casos (más que explicártelo te pongo una cita, que vaya lujazo de crítica) "no es la planta, ni la estructura, ni la contundencia iconográfica de una forma elemental la que dan el origen a la forma arquitectónica. Esta viene dictada por una invención que tiene más que ver con una narración que con una forma abstracta, con un proceso de crecimiento desde dentro, orgánico, establecido por una fuerza interior, o un campo de fuerzas exteriores que imperiosamente lo impone: la descripción de edificio como anticipo de su forma. Se trata, así, de arquitecturas originadas desde el relato, y, por tanto, susceptibles de ser contadas. (...) Si la arquitectura se apoya en un relato, si puede ser contada, llegará más fácilmente a ser comprendida por quien ha de asumirla".

El problema de esta arquitectura con mensaje es que como al arquitecto se le vaya de las manos podemos llegar a extremos bochornosos. Tenemos un ejemplo en el mismo Bangkok, y además al lado de la torre de Scheeren. Fíjate en la imagen de arriba, justo a la derecha de la mellada torre. Es una estructura mucho más pequeña, espera que te busco una foto, que se erigió para el alojar el Banco de Asia y fue diseñada por el tailandés Sumet Jumsai como crítica al puritanismo del Movimiento Moderno y al mortal aburrimiento que le provocaba al caballero el Estilo Internacional (no es su única ocurrencia arquitectónica). Al edificio se le acabó llamando, obviamente, el Robot Building, y es que al parecer pretendía reflejar la informatización que las grandes entidades bancarias estaban acometiendo por aquel entonces (1986). La arquitectura acaba así convertida en banal gadget, y quedaría perfectamente definida por las características que Jean Baudrillard asocia a las chuches tecnológicas que tanto nos gustan: "la complicación irracional, la obsesión por el detalle, la tecnicidad excéntrica y el formalismo gratuito" (sigo leyendo La ley del reloj de Eduardo Prieto).

¿Es la torre de Scheeren una arquitectura creativa que pretende conmover como si fuera una obra artística o literaria o el reflejo de un ego desmedido que acaba imponiendo engendros que nos perseguirán de por vida? Tú mismo. A mí personalmente la torre, como ya te decía, me da mal rollo, especialmente en septiembre, mes pixelante como ninguno con sus idas y venidas, tráfagos y fatigas, y más éste, en el que incrédulos contemplamos como el país, estado o como queramos llamarlo, se pixela por momentos diluyéndose sin remedio.

sábado, 27 de agosto de 2016

Coimbra


En Coimbra se ultima un nuevo Centro de Congresos en la orilla oeste del río Mondego, enfrentado a la colina que aloja, al oriente del caudaloso río, la afamada universidad, y justo al lado del Portugal dos Pequenitos, un curioso miniparque temático dedicado a la arquitectura tradicional portuguesa en el que se reproducen las típicas construcciones del país y sus antiguas colonias a escala.

Con un coste estimado en 32 millones de euros (subvencionados en parte gracias a los fondos FEDER europeos), el Centro de Congresos, a cargo de Carrilho da Graça, aprovecha el antiguo convento de San Francisco (del s.XVIII) ante el que se han colocado unas papirofléxicas rampas bajo las cuales se ubicarán nuevos espacios (rampas por cierto que tienen su reflejo en las dispuestas en un patio interior) y se instalará, pienso, la entrada principal. En julio únicamente funcionaba un auditorio de nueva planta a un extremo del antiguo convento. Tras dejar a la familia disfrutando de una experiencia no menos arquitectónica en el Portugal de los Pequeñitos, me di una vuelta por el exterior y entré en el auditorio. Allí, una atenta empleada no sólo me dejó entrar en el hall, sino que para mi sorpresa (con la que está cayendo), me permitió acceder cámara en ristre a los otros recintos en obras. Ni que decir tiene que disfruté enormemente la experiencia (en absoluta soledad), con el único pequeño inconveniente de que acabé perdido en medio del enorme convento. Tras quince minutos buscando en vano una salida entre accesos tabicados y puertas cerradas a cal y canto, justo cuando la experiencia, a qué negarlo, devenía acongojante, por fortuna me encontré a un amable operario que me acompañó a una puerta, al fin, operativa.

El nuevo centro contará con el comentado auditorio (de 1.150 plazas), un espacio para conferencias o artes escénicas con 450 butacas en la antigua iglesia del convento que está llevando a cabo Gonçalo Byrne (arquitecto también presente en la ciudad con la rehabilitación y ampliación del Museo Machado de Castro entre otras intervenciones), diferentes salas de estudio o reunión que oscilan entre 80 y 180 plazas, el inevitable espacio expositivo para arte contemporáneo, de 2.300 m2, y los no menos impepinables restaurante y aparcamiento. Desconozco el uso que tendrán las pequeñas y numerosas celdas monacales (de unos 6 m2) que se han mantenido tal cual y que me recordaron a las que habíamos visto por la mañana en los subterráneos de la Biblioteca Joanina de la universidad, destinadas a alumnos díscolos.

Por cierto que como se me acaba el tema del congreso y quiero colgar más fotos de mi azaroso paseo por su interior, paso a relatarte un par de datos sobre la famosa universidad que haga de relleno. Sí, ya sé, muy última no es (se estableció en 1290 y es la más antigua de Portugal), pero en tenemos una firme voluntad inclusiva. Ante todo decir que donde se asienta la universidad, justo en lo más alto de la colina que al principio aludíamos, en concreto en el llamado Patio de las Escuelas (una suerte de enorme plaza de 6.000 m2 en el centro del histórico campus), existía una alcazaba árabe que en el siglo XII se reconvierte en el primer palacio real del país. Aquí nacerían casi todos los reyes de la primera dinastía lusa. Del mismo modo, en la actual Sala de los Capelos (salón de actos), donde toma posesión el rector o se otorgan los doctorados Honoris Causa, se encontraba en tiempos la Sala del Trono, no en vano en ella cuelgan los retratos de todos los reyes portugueses salvo los de la allí conocida no sin cierta mala baba como Dinastía Filipina, la que reinó durante el dominio español y fue iniciada con Felipe I (que no es otro que nuestro Felipe II). Por todo ello no es de extrañar que Coimbra fuera capital del país hasta 1255.

El establecimiento definitivo de la universidad, ya en 1537, se debe a Joao III, rey que en poderosa estatua preside el Pátio das Escolas. La estatua, de 1950, es obra de Francisco Franco (no, no es el mismo que estás pensando, aunque ya puestos te diré que el que estás pensando fue Honoris Causa por esta universidad bastante antes de serlo por la de Salamanca y Santiago... Cosas del Estado Novo). Por cierto que dicho Patio, hasta no hace mucho impropio aparcamiento, fue intervenido por el mencionado Byrne junto al estudio BB Arquitectos para dejarlo únicamente peatonal. Se añadieron pequeños árboles en un extremo que dan exigua pero bienvenida sombra en días soleados y unos apenas perceptibles caminos de piedra (no te pierdas, aquí, excelentes fotos de Fernando Guerra).

Los edificios que pueden verse hoy datan en su mayoría del s. XVIII, destacando la icónica torre del italiano Antonio Canevari. Con todo, el recinto más apreciado de la universidad es la ya mencionada Biblioteca Joanina (en este caso por Joao V, quien la mandó construir allá por 1717), su sola visita merece el viaje a Coimbra. Tiene tres plantas (la más baja la prisión estudiantil, no se andaban aquí con chiquitas), siendo la principal la que aloja cerca de 60.000 libros en su mayoría anteriores al s. XVIII. Los libros se mantienen en su mayoría incólumes gracias a una colonia de murciélagos que por la noche se zampan a las temidas polillas.


La única pega es que para proteger las bellísimas estanterías y mobiliario de la lluvia de deposiciones de los cultivados morcegos, han de cubrirse todas las noches con telas verdes que a Umberto Eco le hacían confundir las mesas con inesperados billares (lo narra en Nadie acabará con los libros. Te incluyo una cita del libro que viene muy a colación, además ahora que me doy cuenta no te he castigado aún con ninguna: "El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es").


Abandonamos Coimbra por ahora (también visitamos el Machado de Castro, que quedará para otra entrada). Que conste que mi plan para este aprovechado día era culminarlo acercándome al pabellón que Siza y Souto de Mora realizaran para la Expo de Hannover en 2000 y que fue trasplantado a orillas del Mondego, pero no quise fatigar más a mis pequenitos y mi contraria, que me recibió en el parque temático tras mi aventurada (y extensa) incursión en el centro de congresos con un careto que auguraba un divorcio exprés. Ser bloguero es lo que tiene.





sábado, 20 de agosto de 2016

lunes, 15 de agosto de 2016

Ílhavo


Ílhavo es un pequeño pueblecito volcado al mar al lado de Aveiro donde un café cuesta 75 céntimos de euro. Y qué café. Frente a las ampulosas (aunque mínimas) casas que florecieron en los primeros años del siglo pasado en su más conocida y rica vecina,  magníficos ejemplares del llamado Arte Nova (como se dio en llamar el Modernismo en Portugal) y cuya vista con sus gabletes y tejadillos flamencos, al borde de los varios canales que la atraviesan, puede llegar a confundirte y creer que te encuentras en alguna recoleta ciudad holandesa, Ílhavo contrapone sus famosos palheiros, construcciones de madera con tejado a dos aguas y  vivos colores utilizado en tiempos por los pescadores para guardar sus redes y demás aperos. La parte mas importante de la localidad  está asentada al lado interior de la ría de Aveiro, pero los palheiros se encuentran en la estrecha franja costera que se encuentra entre la ría y el Atlántico, algo así como nuestra Manga del Mar Menor, en lo que se conoce como Costa Nova, una vasta extensión de bellas e interminables playas enmarcadas por dunas donde en pleno verano puedes sentirte náufrago de ti mismo enfrentado a un bravío mar que convierte el baño en apto sólo para valientes.

Ílhavo tiene tres interesantes ejemplos de arquitectura reciente a cargo por cierto del mismo estudio, ARX de los hermanos José y Nuno Mateus (no confundir con los también hermanos Aires Mateus). El más importante es el Museo Marítimo, construído en 2002 y ampliado por los mismos arquitectos hace tres años para alojar un pequeño acuario dedicado al bacalao, pez estrella de Portugal. En el museo, en salas de altura considerable, podemos ver los mouliceiros, barcos que se utilizaban como medio de transporte en los canales en toda la zona de Aveiro (y que hoy en día aún se usan para pasear turistas), así como modelos más grandes para el transporte de la sal obtenida en las cercanas salinas.

Las formas del museo, llenas de aristas cortantes, santo y seña de ARX, contrastan con las del miniacuario, plagado de curvas. En ambos hay, también aquí, rampas, la de la ampliación la más llamativa con sus sinuosas formas que nos conducen al piso inferior donde está propiamente dicho el acuario, aunque desde la rampa e incluso a través de ella por medio de un tragaluz en el suelo, podemos ver, debajo, las evoluciones de los bacalhaus. Aun así las aristas puntiagudas no dejan de hacer aparición también en el acuario, en concreto en el interior del tanque de agua, como artificiosas rocas entre las que navegan, circunspectos, los peces. El mendelsohniano recorrido culmina, tras otra curva vertiginosa, en la loja (tienda) de rigor.

Desde el exterior quizá lo más reseñable sea el pasadizo volado que conecta museo y acuario; tampoco deberiamos dejar de reseñar como curiosidad las citas que cubren buena parte de los amplios ventanales del museo, sacadas del libro Mar de Afonso Cruz, y por tanto de especial pertinencia en un recinto al mar dedicado. Todas tienen interés, pero me quedo con dos, una encuentra acomodo en la ventana del pasadizo que como comentábamos da acceso al acuario: "Se dice que todo hombre es una isla, pero más bien es un náufrago", o esta otra que otorga sentido a una ventana aparentemente inútil (enfrenta un muro) y que reza así: "Ha três cosas no universo que considero inescrutalvemente profundas, os mistérios divinos, o abismo do mar e o meu primeiro beijo". ¿Que qué es beijo? Pues beso, qué si no. De pasada decir que Afonso Cruz es un premiado escritor e ilustrador luso, autor entre otros títulos de La muñeca de Kokoschka, relato basado en la morbosa relación entre el pintor y Alma Mahler, esposa del afamado compositor. Pero prosigamos con nuestro relato arquitectónico que aún queda tela por cortar.

¿Cómo dices? ¿Que de qué va la historia? Perdona pero esto es un blog de arquitectura y no puedo detenerme en estas digresiones, un poquito de rigor, por favor.  ¿Que qué hay de las ya legendarias vocación transversal y espíritu heteróclito de AÚ? De verdad te lo digo, por más que intento hacer de este blog algo serio, no hay forma. En fin, por ser tú, sea.  Invocaremos la mirífica laxitud del verano, qué remedio.

Te cuento. El Kokoschka del título no es otro que Oskar, el pintor expresionista austriaco (1886-1980) y enfant terrible de la Viena de Freud y Klimt, autor incomprendido de retratos agónicos y protegido nada menos que de Adolf Loos. Uno de sus cuadros más famosos es Windsbraut (La novia del viento, te pondría un enlace pero es que ando casi siempre offline), pintado en 1914, donde el pintor aparece con el gran amor de su vida, Alma Mahler, que como te adelantaba debe su apellido al célebre compositor Gustav Mahler, con quien estuvo casada. Su pasión era tan enfermiza que finalmente Alma, harta del obsesivo pintor, aprovechó la circunstancia de que Oskar fuera movilizado en la Primera Guerra Mundial para dar boleto a la relación. Destrozado el pintor (para más inri, resultaría herido en la cabeza en la contienda) e incapaz de olvidar a Alma, quien por cierto casaría nada más y nada menos que con Walter Gropius (que a la sazón pugnaba por introducir un lenguaje arquitectónico radicalmente moderno con la fábrica Fagus), no se le ocurrió otra cosa que encargar a una fabricante de marionetas la construcción de una muñeca articulada de tamaño real que representara a su añorada amada. Se conservan las pormenorizadas instrucciones que el amante despechado daba a la diseñadora para que la muñeca fuera lo más parecida posible a su Alma. Una vez concluído tamaño encargo, Oskar no se limitaba a tener a la muda réplica escondida en su casa, sino que la sacaba a la calle a pasear e incluso se la llevaba a la ópera, faltaría menos. Como todo cansa, el engendro sin alma acabó como, nunca mejor dicho, juguete roto tras partirle el desalmado pintor una botella de champagne en la cabeza en mitad de una reunión con amigos. Resulta increíble pensar que Kokoschka encontrara más adelante otra compañera (con la que incluso llegaría a casarse) capaz de aguantar a semejante maromo.

Qué feliz hubiera sido el tronado pintor en Los Ángeles de 2019 (según Philip K. Dick -y Ridley Scott). Su Alma replicante podría haber sido fabricada con memorias tuneadas a voluntad, habría podido interactuar con ella a un nivel más sofisticado que con la primitiva réplica de la marionetista, y a los cuatro años, si te he visto no me acuerdo. De todas formas, qué años más locos los primeros del siglo XX. Igual te crees que la modernidad es exclusiva del siglo XXI y que antes de ti la gente del siglo pasado y no digamos en el XIX era vetusta y amuermada. Qué equivocado estás, rey. Ya en 1818 una tal Mary Shelley con una biografía también de aúpa escribió Frankenstein o el moderno Prometeo, donde ya proponía la idea de hacer un muñeco animado reciclando cuarto y mitad de aquí y allá, y con la portentosa potencia de la recién descubierta electricidad darle al tal un chute que lo pusiera en órbita. La historia como todos sabemos acabó como el Rosario de la Aurora, y es que la autora romántica reflejaba ya los miedos ante los avances tecnológicos de la Revolución Industrial que sin embargo devendrían imparables.

Dichos miedos, querido lector que te piensas que la Ciencia-Ficción empezó con Flash Gordon, quedaron recogidos en verdaderos best-sellers de la época en los que maquinólatras y sus contrarios, los luditas, reflejaban sus encontradas teorías: así, del bando pro-maquinista Looking Backward, 2000-1887 (1888) de Edward Bellamy, y del bando naturista, News from Nowhere (1890), de William Morris, insigne discípulo de Ruskin (en un término medio se situaría la no menos singular Erewhon o al otro lado de las montañas de Samuel Butler).

Poco después H.G. Wells escribiría la mucho más conocida por nosotros The Time Machine (1895), y ya en el siglo pasado un tal Carel Capek planteaba nada menos que una rebelión de esos torpes muñecotes metálicos a los que se les dio en llamar robots en su novela R.U.R. de 1920. (Por cierto, estoy leyendo el fascinante libro, con prólogo de Moneo, La ley del reloj. Arquitectura, máquinas y cultura moderna, del filósofo y arquitecto Eduardo Prieto. A ver de dónde te crees que he sacado tanto dato).  El miedo por las máquinas devendría respeto y finalmente fascinación, convirtiéndose en santo y seña de la modernidad (a veces hasta rayar en sonrojantes paranoias). Marinetti, el futurista italiano que dijo que un automóvil era más bello que la Victoria de Samotracia y estaba empeñado en destruir Venecia, "cloaca máxima del pasatismo", se dio un buen morrón conduciendo su automóvil, que acabó inserto en una cuneta. Otros hubieran abjurado de las máquinas, pero para el iluminado utópata el momento zanja fue toda una epifanía al más puro estilo James Joyce, llegando a escribir (en 1909): "¡Oh, cuneta materna, casi llena de agua embarrada! ¡Hermoso desagüe de una fábrica! Tragué tu nutritivo fango y recordé el bendito pecho de mi nodriza sudanesa" (cito del libro de Prieto). Todo esto te parecerá muy gracioso, pero bajo estos modernos prometeos se escondía la estética de la violencia y el ideal del Superhombre nietzscheano que acabaría dando soporte ideológico a los fascismos.

En la contemporánea Rusia de los sóviets tampoco andaban a la zaga, y allí la voluntad de rechazar el pasado y crear una sociedad nueva, dinámica y enérgica a imagen y semejanza de las máquinas les venía al pelo tras cepillarse en un despeine a zares, zarinas y demás. Así se las gastaba el pintor Malévich allá por 1919: "Lamentamos mucho más el desprendimiento de una tuerca que la demolición de la catedral de San Basilio". Cuántas tuercas y tornillos sueltos en aquellos locos años, y cuánto de lo que somos, con nuestras luces y sombras, les debemos a ellos. Hoy afortunadamente somos modernos pero viendo lo visto con bastante más tiento, así inicia Fernández-Galiano el último número de Arquitectura Viva, con el subtítulo Continuidad e Invención, dedicado a los últimos proyectos de Herzog y de Meuron: "La modernidad entendía la ruptura como un valor indiscutible, pero un siglo de experiencias traumáticas nos ha hecho apreciar la continuidad".

Acabo ya regresando tras esta inquietante excursión de nuevo a Ílhavo. Como probablemente hayas olvidado, te decía que había dos trabajos más de ARX en la pequeña localidad, la rehabilitación de un edificio del siglo XVIII para convertirlo en biblioteca municipal (no llegué a verlo), que nos viene de perlas para ilustrar el concepto muy H&dM de modernidad sin rupturismo, y un centro cultural en Costa Nova en el que los Mateus han deconstruido el típico palheiro para dotarle de las puntiagudas aristas tan del gusto del estudio portugués. ¿Qué? ¿Que me ha quedado una entrada farragosa y dispersa? Lo que hay que oír. Cría cuervos.



viernes, 5 de agosto de 2016

Aveiro


"Me gustan las bibliotecas antiguas.
(...) La biblioteca moderna ha perdido esa atmósfera "como de desván" y también el valor simbólico, glorificado con las cúpulas, los cilindros, los techos altísimos y modulados. Ha perdido esa plovareda de luz dorada, materializada gracias a cierto polvo que flota en el aire, que llega de las ventanas a una altura inesperada, siempre insuficiente para iluminar con eficacia, solicitando el apoyo de las lámparas verdes. Ha perdido del mismo modo la posibilidad de ser como era, en sus diversas versiones, y sin duda y definitivamente, se ha distanciado de los caminos de la nostalgia.
Todo se ha ido haciendo práctico, ergonómico, higiénico, codificado en el Neufert, con luminosidad constante (...).
Pero ha empezado a faltar "alguna cosa".
El proyecto de la biblioteca de Aveiro refleja, aunque nunca podría resolver, la búsqueda de esa "alguna cosa" latente en el siempre renovado encantamiento de leer, de ver, de escuchar, dentro de los ojos, en la intuición de lo dorado.
Aveiro, 25 de abril de 1995. Álvaro Siza". (L. Carratalá, A. Siza, Álvaro Siza y la arquitectura universitaria).


Desvelado el misterio que te mantenía insomne, deja que te comente  a mi modo la biblioteca de Siza, terminada en 1994,  justo antes de comenzar otro equipamiento universitario para la universidad de Alicante que aquí también retratamos. Lo que más me ha sorprendido en un arquitecto tan supuestamente sobrio ha sido su carácter como juguetón, lleno -por fuera, el interior está pensado, como debe ser en toda biblioteca, para la introspección y el estudio- de guiños arquitectónicos. Así, esa fachada posterior que fácilmente te puedes perder pensando que va a ser tan rectilínea y anónima como la que enfrenta los demás edificios de esta inesperada universidad (a tan solo 60 km de las de Coimbra y Oporto),  te sorprenderá con unas marcadas ondulaciones marinas quién sabe si referenciando el bravío mar cercano de la agreste y bellísima Costa Nova o la ría de Aveiro con sus salinas milenarias ya apenas explotadas, anómala coda en un autor tan entregado al ángulo recto, aunque es cierto que últimamente, un poco como con el furor del converso, le vemos entregado a la curva en sus soberbias obras coreanas.

Y qué me dices de esa suerte de monumental toldo pétreo que cae sin mucha gracia sobre la entrada y que por un momento parecería que pudiera levantarse con algún artilugio mecánico. Sobre el grávido velo aparece un misterioso código de letras, como un crucigrama esotérico, en el que después de un rato -las letras están descolocadas y en medio de un abecedario- descubrirás las palabras Universidade Aveiro...
También podríamos hablar de los engañosos niveles del edificio. La biblioteca se encuentra en el centro del campus, justo en el punto donde la disposición de los edificios cambian de dirección culminando en ese tótem minimalista que es el depósito de agua -quizá el más bello del mundo- también de Siza. En este eje del campus los edificios (de otros conocidos arquitectos lusos como Byrne, los Aires Mateus o Souto de Moura -su facultad en estado de conservación calamitoso-, sin olvidar la pasarela de Carrilho da Graça) están también situados a mayor altura, por lo que la biblioteca, convertida en una especie de bisagra, tiene que salvar esa diferencia de rasante. Para ello, en lugar de una simple escalera, Siza monta una ceremoniosa rampa como de película de ciencia ficción de los 60, sensación a la que ayuda las columnas del nivel inferior, que parecen las patas de una nave espacial de ese mismo film. Mediante dicha rampa se accede a la entrada de la biblioteca (no la busques en la planta inferior, o subes la rampa o no entras) y al rasante elevado de las facultades en esta parte del campus.
Y para acabar, la fachada trasera que mira a Aveiro y a la ría,  casi invisible desde el campus, pero referente desde fuera de éste, tiene también su cosa. Si la ves desde lejos tiene la forma de una enorme U (en lo que bien podría ser otro juego de letras como en la fachada principal): ¿U de Universidad?



sábado, 30 de julio de 2016

Esa polvareda de luz dorada

"...el siempre renovado encantamiento de leer, de ver, de escuchar, dentro de los ojos, en la intuición de lo dorado".
Hoy toca examen, ya te vale tanta molicie veraniega. A ver, ya me vas diciendo, tú que sabes tanto, dónde he hecho esta foto. ¿Cómo? ¿Pistas? A ver, esto es un blog serio y de nivel, con las que ya te he dado te tienen que sobrar. A ver, que te lo estoy diciendo.

sábado, 23 de julio de 2016