domingo, 23 de febrero de 2020

Postresilvestración (2)


Seguimos repasando los ecos de la exposición de Rem Koolhaas en el Guggenheim, ya sabes, la del campo y su futuro. Esta vez ha sido Michael Kimmelman nada menos, el crítico de arquitectura del New York Times, el que le dedica un artículo tras encontrarse en persona con el holandés en Rotterdam. Kimmelman no tiene la retranca de Wainwright pero aporta unos cuantos datos interesantes sobre la exposición y la figura del arquitecto que aquí nos aprestamos a mostrarte sin mayor demora.

Quizá la más curiosa aportación del crítico americano sea que Koolhaas ya había expuesto en el museo neoyorquino a poco de publicarse el Delirious New York (en 1978). En aquella ocasión en lugar de ocupar todo el museo, la exhibición se limitaba al, digamos, gallinero del edificio (el tramo de rampa más elevado justo bajo el óculo), y mostraba las imágenes de la ciudad (reales e imaginadas) que el equipo de Rem, el recién formado estudio OMA, incluía en el libro, siendo las más probables los flácidos rascacielos de inspiración daliniana de Madelon Vriesendorp o las ilustraciones que aparecen en el capítulo "ficticio" final. Allí se nos presentan edificaciones imaginadas para la ciudad como el hotel Esfinge o la Welfare Island (junto a la que se propone una reproducción gigante de La balsa de la Medusa de Géricault) así como la piscina flotante, un cuento surreal en el que unos arquitectos-socorristas huyen de la Unión Soviética en los años 30 nadando al unísono en una enorme piscina que gracias a sus evoluciones hacen avanzar para, brazada a brazada,  alcanzar Nueva York cuarenta años después. Los anonadados nadadores se encuentran a unos neoyorquinos posmodernos (estamos ya en 1976) que rechazan las formas angulosas y modernas de la piscina errante ("en su implacable sencillez, la piscina era para ellos una amenaza: como un termómetro que pudiese insertarse en sus proyectos para tomar la temperatura de su decadencia") y deciden huir East River arriba en su piscina-navío para acabar colisionando con la balsa de la Medusa: "el optimismo contra el pesimismo. El acero de la piscina se hunde en el plástico de la escultura como un cuchillo en la mantequilla". Así es Rem: absurdo y nadador compulsivo (en Córdoba, cuando presentó su proyecto para el auditorio finalmente no construido, exigió un hotel con piscina de dimensiones casi olímpicas). En el artículo de Kimmelman se ven añejas fotos de dicha exposición, llamada The Sparkling Metropolis, en la que puede verse a una joven Zaha Hadid que trabajó en OMA en sus inicios. Pues bien, según el crítico del NYT la presente exposición de Koolhaas (Countryside, the future) no sería sino una suerte de epílogo de Delirious New York (si lo piensas, el campo high-tech no es sino un parque temático tecnológico como aquel delirante Coney Island) y epílogo quizá también, aventura aún más el crítico, de su carrera. En los mismos cuarenta años que tardaron los arquitectos nadadores de la fábula en alcanzar Nueva York, el Rem camp, en un periplo no menos épico, ha devenido campero.

Para la exposición que nos ocupa el diseño gráfico ha corrido a cargo de Irma Boom, la diseñadora de libros ampliamente reconocida en Holanda. Hace unos años se encargó de la imagen corporativa y el nuevo logo del Rijksmuseum cuando fue reabierto tras su extensa rehabilitación, según dijo se inspiró en la modernidad sin estridencias de Cruz y Ortiz. Ha diseñado igualmente el catálogo de la exposición, que según nos cuenta Kimelmman es sorpresivamente mínimo, del tamaño de la palma de una mano (Rem como sabemos es adicto a los volúmenes desorbitadamente grandes).

Si el artículo de Wainwright se centraba en el megapolígono de almacenes anónimos de Reno que había sublimado al holandés, Kimmelman nos habla de Koppert Cress, una empresa high-tech productora de micro-verduras de una extensión de 23 campos de fútbol (en la foto de arriba) situada a las afueras de La Haya adonde Rem lleva al crítico norteamericano. No por nada Holanda es la segunda productora de alimentos del mundo. Como curiosidad decir que fue precisamente en La Haya donde Koolhaas, que como todos sabemos fue periodista antes que arquitecto, comenzó a escribir, en concreto para para un semanario local. Todos sabemos también que hizo sus pinitos como guionista cinematográfico (como su padre), lo que no sabía es que a punto estuvo de saltar el charco pues escribió un guión para una película de Russ Meyer, el productor americano de softporn, que al final no salió adelante (Rem está en IMDb!). Ambas facetas son obvias en Delirious New York. Ya que estamos en La Haya diremos también que Rem probablemente disfrutara visitando el museo municipal, obra póstuma de Berlage, un edificio casi ya moderno que en su despojamiento zakelijke (el sachlich holandés), sus innovaciones técnicas para regular la luz mediante lamas accionadas mecánicamente y su obsesivo patrón reticular recuerda al sobrio almacén tecnológico que tanto obnubila hoy al autor de S, M, L, XL.

Kimelmman nos da, como hacía Wainwright, un paseo por algunos de los temas y personajes de la exposición, presentándonos algunos nuevos como el arquitecto alemán Herman Sörgel que en los 20 elaboró una peregrina idea para unir África y Europa en un nuevo continente de nombre Atlantropa. Pretendía crear una enorme presa en el estrecho de Gibraltar que bajaría el nivel del Mediterráneo unos 100 metros, con consecuencias impredecibles. Parece uno de los relatos de Delirious (más info aquí). Más realista pero casi tan espectacular, la exposición también presenta un proyecto en curso de nombre the Great Green Wall financiado por la Unión Africana que busca convertir una extensión de 4.700 millas de desierto en tierra cultivable.

El crítico americano ofrece un par de pinceladas sobre el carácter extremo, inquieto y alienígena de Koolhaas. Y da una de cal y una de arena. Le gusta su aproximación marciana a los problemas, una recomendación que le dieron en su etapa periodística: hay que enfrentarse a los problemas como si fueras un marciano, "con una inocencia que puede parecer despistada pero que también te permite darte cuenta de lo que otros ya no son capaces de percibir porque se ha convertido en demasiado familiar", y deja claro que su exposición es un trabajo impresionante (son 5 años de investigación de su equipo y una legión de investigadores de distintas universidades) que pone el foco en un campo olvidado y resentido (el mismo que puso a Trump en el poder), pero también incide en el carácter  demasiado equidistante del arquitecto. Rem no se moja: "No toma una posición política sobre muchos de los temas candentes que la muestra presenta, retratándose como un reportero, no un crítico, realista pero no cínico, igualmente fascinado y horrorizado, negándose a hacer juicios morales o llamamientos a la virtud. Una pose familiar en él, que puede confundir a unos y frustrar a otros". La moralina no es cool.

Pero la verdad es que necesitamos referentes, acaso más que nunca. No quiero ponerme katastrophal, pero la realidad se torna a veces algo acongojante. Lo post-human campa por sus fueros, con los algoritmos como nueva religión y los big data como su sumo pontífice. Europa, ajada, hace aguas atacada desde dentro por un Reino Unido que nos deja malheridos, empeñados en su splendid isolation (ahora se llama cakeism: me quedo con el pastel y me lo zampo entero ¿no se habrá quedado este país anclado en el siglo XIX?) y desde fuera: es evidente que el futuro es chino, y su filosofía anonada: armonía frente a libertad, jerarquía frente a democracia, colectividad frente a individuo... (pero claro, levantan un hospital en diez días). Y de Trump o Putin mejor no hablamos. El Renacimiento, la Ilustración, a tomar viento.

Acabamos citando el final del artículo de Kimmelman: "Romper la conexión entre humanismo y arquitectura es por supuesto extremadamente aterrador", me dice Mr. Koolhaas cuando abandonamos Koppert Cress. "Pero es también estimulante". "

domingo, 16 de febrero de 2020

Postresilvestración



Koolhaas (a sus 75 años) abandona la ciudad y se nos va al campo. Sí, es la exposición que lleva anunciando años y que este jueves al fin verá la luz en el Guggenheim neoyorquino (Countryside: the Future: no sé si nuestros agricultores estarían de acuerdo). Ante tal efeméride Wainwright ha hecho una entrevista al arquitecto para un artículo en The Guardian que empieza así: "Fue mientras visitaba un burdel a las afueras de Reno, en Nevada, cuando Rem Koolhaas tuvo su última epifanía". Tras tan joyceano comienzo convendrás conmigo que ya estás casi conminado a leer el artículo. Pues así es. Rem, que cuando nadie hacía ni caso a la ciudad de los rascacielos se lanzó a diseccionarla en el aquí comentado Delirio de Nueva York (otros fenómenos urbanos seguirían), resulta que se ha metido a estudiar el campo ahora que todo el mundo está loco por las urbes. Para mí que son ganas de tocar la napia. Pues eso, que en Reno Rem redescubrió el campo (neocampo habría que llamarlo, luego te cuento) de la mano de un visionario promotor (Lance Gilman), hoy "brothel baron", quien compró en 1998 107.000 acres de terreno en Nevada destinados a coto de caza. Tras recalificarlos para uso industrial, hoy los pueblan enormes almacenes impersonales de las más potentes empresas estadounidenses (Walmart, Google, Tesla...), brutales cajas ciegas surgidas "como hongos rectangulares tras la lluvia" en palabras de Wainwright: es el Tahoe Reno Industrial Center (TRIC). Según se puede leer en su página web, puedes ponerte a construir en el megapolígono tan solo 30 días después de presentada la solicitud. Que viva el campo.

Y fue aquí, al contemplar estos "hangares pantagruélicos" donde Koolhaas tuvo su visión epifánica (algo así como lo que les paso a Le Corbusier y demás modernos con los descomunales silos también norteamericanos). Habla el holandés errático: "No ha existido una arquitectura de igual fuerza en los últimos 100 años. Se basa en códigos estrictos, algoritmos, tecnologías, ingeniería y rendimiento, no en intención. Su carácter aburrido es hipnótico, su banalidad apabullante". Esa es, nos cuenta Wainwright, su "ode to the shed", oda al almacén anónimo, acaso no muy lejana de la que también le dedicara Venturi. A Rem le llama la atención (aparte de por lo del bigness que tanto le sublima) porque dichas construcciones de incógnito no tienen nada que ver con la ambición arquitectónica, son meros edificios "ultra-utilitarios" y "post-humanos", que además influyen en la arquitectura seca que OMA está haciendo en estos momentos (así, en Brighton): "los edificios aquí", señala Rem en el catálogo de la exposición refiriéndose al TRIC, "no son para humanos sino para cosas y máquinas. Mil años de historia arquitectónica y cultural arrojados por la borda". 

¿Se resilvestra Rem? Ciertamente no si entendemos la resilvestración como una vuelta a la Arcadia cándida de Heidegger. Porque es que el campo ya no es lo que era. Como dice el arquitecto, tras estudiar zonas presuntamente rurales de Suiza y Holanda, el campo hoy "es una mezcla tóxica de experimentación genética, ciencia, nostalgia industrial, inmigración estacional, compra compulsiva de terrenos, subsidios masivos, asentamientos fortuitos, incentivos fiscales, inversiones, agitación política, en otras palabras, más volátil que la más acelerada de nuestras ciudades". Mientras nadie miraba, la revolución estaba sacudiendo nuestra campiña. La exposición reflejará ese campo marciano: a la entrada del museo habrá un tractor hi-tech que se puede manejar con una tablet junto a un módulo de cultivo de tomates al calor de una luz rosa. En el atrio del edificio de Wright penderá un satélite y un dron submarino utilizado para controlar los arrecifes de coral hará sin duda las delicias de los más pequeños. Cómo me recuerda todo esto a esa escena de Blade Runner 2049 en la que K acude a una "granja" para retirar a un viejo Nexus 8 que se dedica a cultivar gusanos para obtener proteínas (de hecho mientras esto escribo estoy escuchando un mix techno de la banda sonora de Hans Zimmer en rallante bucle para ambientarme). Los temas que la exposición promete conforman también un agitado mix que Wainwright presume inevitablemente inconexo pero sin duda interesante: cómo están transformando África las inversiones chinas, cómo interactúan los gorilas con los turistas en el Congo, cómo se ha realojado a los inmigrantes en pueblos abandonados de la antigua Alemania del Este, el impacto del deshielo del permafrost en Siberia...

Heidi ha devenido replicante. Te dejo con un video de dos minutos en el que Rem nos explica su exposición. Me quedo con esa escena en la que le vemos paseando por un campo cultivado vestido de Prada.


domingo, 9 de febrero de 2020

Cíclopes


Si en la última entrada dábamos protagonismo a la biblioteca Town House de Grafton Architects, esa construcción performativa donde como recordarás se lleva casi al paroxismo el aula sin muros de McLuhan buscando una intensa interacción entre sus usuarios (hasta incluso encontrar, como señalaba Yvonne Farrell, una de sus autoras, el amor en sus escaleras y plataformas abiertas como si de aquel Love Boat se tratara), hoy vamos a dar un giro total y tal que nos vamos a centrar en construcciones últimas donde los muros puros y duros son protagonistas. A ver qué te gusta más.

Nos vamos en nuestro viaje primero a Mallorca, donde Ted'A arquitectes (estudio formado por Irene Pérez y Jaume Mayol) nos ofrece Can Jaime i n'Isabelle, una casa casi brutalista construida con hormigón ciclópeo, así llamado el cemento que se mezcla con pedruscos locales en una suerte de primitivo hormigón armado. Ciclópeas se llaman también a las estructuras realizadas en la antigüedad con grandes piedras y casi sin argamasa, tan impresionantes que se decía su construcción sólo los míticos cíclopes podrían haber ejecutado. El tejado, resilvestrado con especies vegetales autóctonas, junto a los mudos muros da a la vivienda un aspecto de tótem milenario.

Otro experto en muros brutales es sin duda el suizo Valerio Olgiati, portada hace un par de números de Arquitectura Viva. Su casa en el Alentejo (Villa Além), comparada por los locales a una estación de tren o a la villa de un capo de la droga, hace gala de unos potentes muros de hormigón de más de 5 metros de altura que se abren en su parte superior hacia afuera como si de una enorme caja de cartón se tratara (pétalos en palabras del arquitecto), encerrando un jardin clos con vegetación autóctona. Las fotos de su interior pueden resultar claustrofóbicas, aunque no nos importaría pasar allí un par de semanas, bueno, una, de contemplación mística. Para esta arquitectura alienígena y descontextualizada (que recuerda a los escenarios creados para Blade Runner 2049, alguno de ellos por cierto inspirados por diseños de Barozzi-Veiga), Olgiati se ha inventado la oportuna etiqueta de non-referential architecture. 

Observa también la extrema dureza visual de estos muros de hormigón con los que Andrea Frapolli ha restaurado un conjunto de casas de campo en Prosito (Italia). Piedra y cemento, aquí juntos pero no revueltos, casan bien aunque no todo el mundo estaría de acuerdo; recuerdo ahora la última ocurrencia de Trump: una ley, al parecer de nombre Making Federal Buildings Beautiful Again ¿te suena? para embellecer los edificios oficiales a base de recurrir al estilo neoclásico. Qué manía tienen los anglosajones con lo de hacer arquitectura bonita (ya hablamos de la comisión que dirigía Roger Scruton en Inglaterra, Building Better, Building Beautiful). ¿Se puede hacer de la belleza algo objetivo? Scruton defendía que era posible -y es obvio en no pocos casos- pero no lo veo aplicado de manera generalizada.

Si se puede señalar un ejemplo realmente espectacular, ese es sin duda C'an Terra, en Menorca, donde Ensamble Estudio (con Antón García-Abril a la cabeza), ha transformado una antigua cantera en vivienda post-apocalíptica (en la foto de arriba). Aquí los muros se excavan en la propia tierra, conformando espacios estereotómicos y trogloditas ideales desde una perspectiva háptica y no digamos ecológica. Santiago de Molina nos recuerda en Hambre de Arquitectura: "Consciente de las propias limitaciones disciplinares, Carl Sandburg describió la poesía como "el diario escrito por una criatura del mar que vive en la tierra y desea volar". Otro tanto cabría decir de la arquitectura. A pesar de envidiar la fluidez con la que se desenvuelven los seres oceánicos y de ansiar el vuelo imposible desde sus torpes patas ancladas al barro, ¡qué hermoso es escarbar en sus profundidades y saberse allí usufructuario de aquellos territorios!". Y Fernández-Galiano, en el editorial de un número de Arquitectura Viva (209) dedicado a la construcción bajo tierra (de nombre Criptoarquitectura), apuntaba que era inevitable "sucumbir a la atracción onírica de lo enigmático", señalando que "el descenso a las entrañas de la tierra es un itinerario simbólico de inciación al misterio que nos captura con su magnetismo animal, haciendo de las criptas y los sótanos cuevas primigenias que esconden y revelan lo secreto". En el interior de C'an Terra sería difícil no recordar la cueva del más literario de los cíclopes, Polifemo, quien apresó allí a Eneas y sus hombres.

Muy mala prensa tiene el muro, pero a veces es necesario. Acabamos, como de costumbre últimamente, con Esquirol y La resistencia íntima: "Desde Marx hemos aprendido a denunciar la alienación perpetrada por el sistema capitalista sobre el trabajo de los obreros, pero resulta que ahora está en marcha una nueva forma de alienación, más eficaz que nunca, en la que todo el mundo se sumerge sin prevención alguna. La red fascina y absorbe, y no queda nada o muy poco de íntimo; todo se externaliza, sale fuera para exhibirse, y ya no habrá retorno. Ésta es precisamente la definición de alienación: lo que sale y ya no vuelve. Debilitamiento del espíritu, de la personalidad, del sí mismo. (...) Nos externalizamos convirténdonos en datos e imágenes (...). El imperio de la actualidad es el imperio de las imágenes y la ausencia de imaginación. (...) Resistir en lo inactual quiere decir situarse al margen, en la lateralidad, y proteger ahí la diferencia. (...) Mientras la actualidad disimula el abismo de este mundo y patologiza la existencia (si una persona siente pánico alguna noche, se le recomienda que busque la terapia adecuada para este desorden psicológico), la resistencia mira al abismo de cara, y por eso, es capaz de recuperar las palabras y de dar la mano". Pero cuidado, la solución no está en el aislamiento, es sólo el paso intermedio: "La cuestión no es tanto interioridad o exterioridad, sino más bien qué tipo de tránsito, qué tipo de relación existe entre ambas.(...) La resistencia íntima no alude a ninguna cerrazón. Son las aberturas, no las murallas, las que nos vinculan con la exterioridad. A casa se vuelve porque se sale". Murallas que se quiebran, como dijo Alberti (Rafael), con suspiros.

domingo, 2 de febrero de 2020

Espirales


Esta semana mi vástago ha tenido que presentar un proyecto para la asignatura de francés consistente en grabarse haciendo una serie de tâches ménagères (labores del hogar) mientras las explicaba, ojo al dato, cantando. El chaval, ya adolescente para más enjundia, es tan poco performativo como su padre, y ha sido tarea ardua meterle en el papel. Me he ofrecido incluso a salir en el video, por aquello de compartir el ridículo, haciendo algo (había pensado leyendo el periódico, en plan crítica contra el heteropatriarcado), pero por supuesto se ha negado. Le ofrecí también poner música de fondo (pensé en Monkey Business del álbum recién estrenado Hotspot de los Pet Shop Boys con guiño final a Giorgio Moroder), pero de nuevo negativa furibunda. En fin, perdona que te cuente estos retazos de little life que diría Eliot,  pero es que tenía que desahogarme. Y es que la enseñanza de los idiomas, tan compleja ella, lleva a espirales a menudo surrealistas, si lo sabré yo. Un experto en el tema me dijo una vez muchos años ha que, de hecho, un idioma se aprende en espiral, quedándoseme tan epifánica revelación grabada en la memoria de manera indeleble por tiempos sin fin.

Pues hablando de espirales hoy te traigo unas cuantas que de pronto han aparecido por doquier. La primera la tienes en la foto de arriba, es la recién inaugurada biblioteca Town House en la universidad londinenese de Kingston, que algo tendrá cuando los dos críticos arquitectónicos más punteros del Reino Unido (Rowan Moore y Oliver Wainwright), le han dedicado esta semana crítica, muy positiva por cierto. Sí, me vas a decir que eso tiene de espiral lo mismo que la Almudena, pero te aseguro que así lo afirman sus autoras (el estudio irlandés Grafton Architects), que acaban de recibir por cierto la medalla de oro del RIBA. Se refieren, metafóricamente, a una "espiral social" diseñada para favorecer la "abrasión" e interacción entre los estudiantes mediante un diseño abierto y fluido (un "paisaje de aprendizaje"): "¿Para qué venir a la universidad cuando se puede estudiar online?", se pregunta Yvonne Farrell, la mitad de Grafton, "pues para conocer gente y enamorarse" (Wainwright de hecho titula su crítica El nido de amor de 50 millones: la nueva biblioteca de Kingston es un lugar para encontrar libros y algún romance). Y ha tenido éxito: los estudiantes visitan el flamante edificio en masa generando un alegre y confuso alboroto que resulta algo contradictorio en una biblioteca. Plagado de plataformas abiertas (acaso palcos o pedestales, ideales para la generación del selfie y la sobreexposición transmedia) conectadas con escaleras, a Moore el edificio le recuerda a las "calles en el cielo" de los edificios brutalistas, no por nada considera a las arquitectas herederas de dicha corriente arquitectónica de triste memoria. También su seca arquitectura y su voluntad de conectar horizontal y vertical (no para otra cosa sirve la espiral) acercan la Town House al espíritu sobrio y utópico de la modernidad. En el acaso insoluble dilema entre resilvestración y desilvestración en el mundo de la educación, la Town House nos ofrece un ejemplo para la reflexión.

Otra espiral que también nos ha llamado la atención ha sido el centro cívico Exchange en Sídney, a cargo de Kengo Kuma. También incluye una biblioteca amén de otros equipamientos, y ha sido definido como nido, colmena o capullo de gusano de seda que, gracias a su dinámico recubrimiento de madera, trae un soplo de aire fresco al centro de la urbe australiana, un "oasis en medio de la jungla urbana" en palabras de Kuma (la resilvestración, de nuevo). Aún podemos añadir a nuestra lista de espirales esta curiosa estructura del estudio Dorchi en Shenzhen (la Torre de la Espiral precisamente), un bello mirador destinado, en palabra de los arquitectos, a "despejar el estado de ánimo melancólico propio de la ajetreada vida urbana". Estirando un poco el concepto de espiral, aunque realmente no lo sea, incluimos en este acelerado listado el Museo de Arte He, que Tadao Ando construye en estos momentos en Shunde (China). Con una estructura de círculos apilados, dispondrá de una escalera de caracol de doble hélice que te permitirá ascender hacia un óculo en lo que sin duda será un edificio de sobria espectacularidad.

Despido ya esta entrada tan transescalar. Las espirales nos llevan a lo más alto en un bello espejismo que la vida, tozuda, se encarga de desbaratar: "El planeta es redondo, pero la tierra es plana, y en la planicie andamos hasta el final del itinerario de la vida, agotando todas las fuerzas. Final que no tiene forma de muro. Es la tierra la que reclama y la poca fuerza que todavía te mantiene en pie cede; no un muro, sino la gravedad de la horizontal. Sobre un plano, que es una planicie, caminan los mortales, al abrigo del frío polar y de la reciedumbre terrena. Sobre un plano, que es una planicie, imploran cobijo y suplican palabra. Sobre un plano, que es una planicie, no cabe elevarse por encima de los tejados de las casas y hacia el éter del cielo, ni tampoco hundirse en los durísimos estratos de gea. Esta situación determina el gesto y el pensamiento. Se puede soñar, eso sí, y huir, y sentirse ascendiendo como los cometas de los niños o los globos. Pero después habrá que aterrizar y volver a la llanura. Conviene no ir con excesiva carga, pero tampoco vale librarse de todo el lastre, porque -con el lastre- podrías perder el alma". (Josep M. Esquirol, La resistencia íntima).

domingo, 26 de enero de 2020

Resilvestración (2)



"La proximidad a las cosas y a los otros no se aviene con las abstracciones. Resulta curioso que, hoy más que nunca, andemos faltos de concreción. De ahí que sea imperioso un nuevo materialismo: el de las manos que toman y tocan; el de los olores que sentimos y el de los colores -fuera de las pantallas- que vemos. Casi equivalente al esquema marxista: sin las manos, las figuras de la imaginación se convierten en tan abstractas que pierden su significado. El materialismo del que andamos faltos no es el teórico -casi contradictorio en sus términos- sino el más concreto, y, por tanto, el más verdadero de todos. Si no lo recuperamos, entonces la era digital sí será, sobre todo, la era de la evasión, el opio renovado para el pueblo. En  forma imperativa se podría decir: "Por favor, tocad tanto como podáis". Tocad la tierra, los troncos de los árboles, las piedras, la fruta, los cuerpos deseados... acariciad el aire y abrazad a los hijos y agarrad las mantas y haceos la comida. (...) 
Sencillez no equivale a banalidad.(...) Lo que llena el día a día, así como el paso de los meses y los años, podría considerarse de poca monta, mediocre, en nada sobresaliente, como una vida muda, "materialista", de vuelo raso... Pero esta manera de ver sería, en realidad, corta de miras. No sólo porque es posible hacer un análisis serio de todas las excelencias (fama, notoriedad, honor...) y descubrir en ellas mucha banalidad y apariencia, sino también porque hay una indiscutible dignidad en la vida sencilla de la gente". (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima).

"Se cuenta que el arquitecto sueco Sigurd Lewerentz (1885-1975) llegaba a las obras de sus iglesias de St. Mark en Björkhagen (1956-1960) y St. Petri en Klippan (1963-1966) muy temprano por la mañana, cuando los albañiles comenzaban su jornada de trabajo y, sentado en una silla, señalaba con su paraguas un ladrillo de la pila y después el lugar donde iba destinado en el muro que se estaba construyendo. En los muros y en las bóvedas de Sigurd Lewerentz, tendidos con gruesas juntas de mortero, cada ladrillo mantiene su individualidad y la aspereza de la obra de fábrica expresa la cualidad física del trabajo; casi puede sentirse el olor a sudor de los albañiles y escuchar sus charlas." (Juhani Pallasmaa, La mano que piensa).

domingo, 19 de enero de 2020

La casa (2)



Esta semana hemos visto fotos de la casa que Pawson se ha hecho en los bellos Cotswolds y de inmediato hemos deseado replegarnos en ella como dice Esquirol en el libro que me estoy leyendo, La resistencia íntima, y que te citaba en la última entrada. El filósofo catalán cita mucho a Heidegger, que como todos sabemos se replegó en una aislada cabaña para escribir y decía aquello de que "en una noche cerrada de invierno cuando una salvaje y poderosa tormenta desata su furia alrededor de la cabaña y oculta y cubre todo, ése es el momento perfecto para la filosofía". Muchos otros pensadores obraron igual, demostrando acaso que la creatividad solo es posible en soledad, ahí van algunos: Mahler, Grieg, Knut Hamsun, Wittgenstein, Strindberg, Dylan Thomas, Lawrence de Arabia o Virginia Woolf (quien afirmara: "una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción" en A Room of One´s Own). Eduardo Outeiro señala en Cabañas para pensar: "La cabaña es la cueva hecha acto de de pensar. O el pensamiento hecho estructura. Parece ser el armazón-materialización de un deseo, de una pulsión arrolladoramente intensa. El exoesqueleto de una actividad. Como la armadura de Quijote. Sale de dentro afuera". 

Pero qué bonito. Ahora bien: ¿podremos algún día todos los mortales, y no solo cuatro intelectuales, gozar de los beneficios de la casita aislada? Pues no, entre otras razones porque nuestra maltrecha Tierra no da para tanto. Nuestra época reclama nuevos modelos de habitar y nuevas formas de construir. El proyecto Entresitios, en el madrileño barrio de Usera, es un buen ejemplo. Como explica su arquitecto, Iñaki Alonso, el edificio, construido parcialmente en madera, tiene una vocación socializadora ("cohousing") que haría feliz a Andrés Jaque: así, el ático, en lugar de reservarse a unos pocos vecinos acaudalados se dedica a zonas comunes, lo cual no deja de tener su lado oscuro en forma de posibles fricciones vecinales (la puertourraquización de la que hablaba Jaque). Un sistema similar sería según la arquitecta Paz Martín ideal para enfrentarnos a las necesidades de vivenda adaptada para el tsunami gris que se avecina. Otras formas de construir como decíamos son también necesarias. Esta misma semana Oliver Wainwright, tras afirmar que el sector de la construcción en Gran Bretaña emplea el 60% de los materiales producidos y emite el 45% de todo el CO2 que genera el país, se hace la siguiente pregunta: ¿Y si no se construyeran nuevos edificios sino que se reciclaran los ya existentes? Y nos presenta a Thomas Rau, un arquitecto holandés que trabaja en la catalogación de materiales presentes en edificios para su posible reutilización: "Hay que pensar en los edificios como depósitos de materiales". Holanda es puntera en estos planteamientos circulares, con propuestas como eliminar el concepto de propiedad (que mata la innovación según Rau) por el de alquiler de los materiales (desde la fachada hasta las bombillas) obligando a las grandes empresas a ofrecer planes de mantenimiento y lograr acabar, por ejemplo, con la obsolescencia programada. En la misma línea, la urbanización danesa Resource Rows (en la foto de arriba) reutiliza fragmentos de fachada de la destilería Carlsberg en Copenhague, recientemente demolida, reduciendo las emisiones de CO2 en su construcción en más de un 50%. Estas drásticas medidas son mucho más efectivas que los actuales certificados de sostenibilidad que, como Eduardo Prieto señalaba en otro artículo aparecido esta semana en El Mundo, se otorgan a edificios que parecen todo menos sostenibles: "Este modo sostenible -este modo contable- de entender la relación de los edificios con el medioambiente no tendría nada malo si no fuera porque resulta rudimentario en su afán por reducir la complejidad de la arquitectura a datos numéricos. La medida de la sostenibilidad arquitectónica la dan hoy certificados emitidos por empresas especializadas que, acreditando la condición ecológica de un edificio, lo dotan también de un prestigio ético que muchas veces produce perplejidad: ¿cómo es posible -nos preguntamos- que tantas construcciones completamente vidriadas y herméticas puedan blasonar de certificados verdes pese a refutar el más chato sentido común?". Lo mismo puede decirse de esos SUV premium híbridos de 450 CV, 3.000 kilos y distintivo medioambiental ECO. Prieto por cierto, filósofo y arquitecto, acaba de publicar libro sobre el tema: Historia medioambiental de la arquitectura. Y podemos ampliar la escala: en The Guardian de nuevo un interesante artículo propone volver a las ciudades low-tech "tontas" ante la posibilidad cierta de que las ciudades "inteligentes" donde todo queda controlado y registrado telemáticamente acaben resultando demasiado costosas y complejas de gestionar (y por cierto, ¿adónde irá tanto dato? ya hay quien habla de"surveillance capitalism"; el capitalismo de la vigilancia). El artículo propone una resilvestración de las ciudades siguiendo ejemplos de arquitecturas vernáculas que han demostrado su eficacia.  

Todos los pre-pre-millennials educados con Heidi (puro Heidegger, por cierto), sufrimos un shock emocional sólo comparable a la muerte de la madre de Bambi cuando nos enteramos de que las vacas, esos animales bucolizados y de inocencia primigenia (Loos comparaba precisamente su ruda belleza con la de la casa), podían ser también nocivos y contaminantes, en concreto sus flatulencias. Otra de las batallas que se está librando en la guerra sin cuartel contra el cambio climático se centra en la reducción o incluso eliminación del consumo de carne. Y no sólo porque evitaría que se aliviaran hacia una atufada atmósfera ingentes cantidades de metano, sino porque ello liberaría terreno para uso agrícola. George Monbiot tiene un documental sobre el tema de título Apocalypse Cow. Puede haber otras soluciones: ¿Recuerdas a Philip K. Dick preguntando si los androides soñaban con ovejas eléctricas? Ya se han hecho experimentos hibridando robots mínimos con células animales, así que podemos soñar con tener en un futuro animales que aporten carne para consumo pero que sin embargo, y me vas a perdonar, no se pedan. Mientras tanto, la resilvestración (que ya adelantara nuestro César Manrique) se impone, llegando incluso a los museos, así la exposición Narciso o la floración de los mundos que puede verse ahora mismo en el MÉCA de Burdeos (el centro cultural diseñado por BIG), tendencia que puede llegar a extremos delirantes como el taller que Zhang Bo planteó en la última Bienal de Venecia (Plant Sex Workshop): cómo tener sexo con una planta (¿con paciencia?). 

En fin, reiremos por no llorar. El tema lo permea todo, y no es para menos. Hasta Manuel Rodríguez Rivero en su columna de Babelia, glosaba ayer mismo un libro sobre ello, Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros de Jorge Riechmann: "Riechmann parte de que ya no se puede detener la catástrofe, porque la lógica y la evolución del capitalismo "fosilista" desde los años setenta del siglo XX hacen sospechar que ya no habrá tiempo "para transiciones socioecológicas razonables". Ya estamos, viene a decir (...) en "tiempo de descuento". (...) El Titanic -Riechmann reutiliza el símil- ya se ha topado con el iceberg, y lo mejor que podemos hacer es aceptar lo inevitable y organizar el salvamento, sin autoengaños ni mixtificaciones: de eso va el libro". Pues eso, que hay que aprender a "colapsar mejor". Te invito a acompañar esta dolorosa apreciación con el nostálgico tema central de Blade Runner 2049 de Hans Zimmer, en la estela de la mítica banda sonora de Vangelis (en él suena, alto y claro, el legendario sintetizador CS-80). 

En bucle melancólico, acabamos como empezamos: con filósofos, cruciales en estos tiempos acaso terminales. Esta semana, Roger Scruton se nos ha ido. Solo le conocía por sus sonadas polémicas como director del organismo británico Building Better, Building Beautiful (te prometo que la primera vez que leí el nombre de esta comisión gubernamental me pareció una coña del articulista), pero resulta que era un destacado filósofo conservador. También activo ecologista, arrimaba el ascua a su sardina ideológica afirmando que la lucha por el medioambiente, tradicionalmente considerada de izquierdas, se basaba en la preservación a ultranza, el equilibrio y la oikofilia ("el amor al hogar") y era por tanto en esencia conservadora. Lo que está claro es que dicho amor al hogar debe salir del reducto de la casa y extenderse al planeta entero como ya hace varias décadas afirmaba Buckminster Fuller: no somos sino pasajeros en la nave espacial Tierra. 

domingo, 12 de enero de 2020

La casa


"En algunos juegos infantiles como el de pillar, cuando pasa el peligro y el chico o la chica consiguen llegar a una zona segura exclaman:"¡Casa!" o "¡Salvado!". Merece la pena fijarse en la cara de satisfacción que ponen al pronunciar estas palabras. Reveladora equivalencia: la casa salva. Pero ¿de qué nos salva? Nos salva, por de pronto, de la inmensidad. De la inmensidad que espanta a Pascal o que, tomada como imagen, sirve a Nietzsche para acentuar en un momento dado nuestra insignificancia. Minúsculos granitos de arena perdidos en el océano del infinito, listos para su inminente desaparición-disolución; esta imagen recurrente tiene el contraste de la casa. La poderosa inmensidad, con talante de abismo, cede -por lo menos provisionalmente- ante la protección que la casa le ofrece al mortal. En un universo de dimensiones inimaginables, la casa actúa como el centro del mundo. De ahí que la casa modesta sea más casa que el gran palacio. El centro requiere más delimitación, más definición, y, sobre todo, más calidez (...)

La separación dentro-fuera determinada por las paredes y por el tejado, además de relativa, no supone ni cierre ni aislamiento, sino, al contrario, la condición de posibilidad de la salida. ¿Acaso sería posible coronar la cima de la montaña más alta sin pasar la noche en la tienda de campaña o en el refugio? De ahí que hayamos señalado que la resistencia como recogimiento no se opone a la idea de proyecto; más bien, desde ese punto de vista, se revela como su condición de posibilidad.(...)

La casa es la concavidad del cobijo, de la misma manera que el cuenco formado con las manos lo es del don. El tejado de la casa se parece a la figura de las manos juntas mirando hacia abajo; las palmas serían el techo. El cuenco se hace con las mantos juntas hacia arriba. Con el cuenco se da y se ofrece; con el techo se guarda y se ampara. El cobijo lleva al don. Se da en casa y se sale en casa para dar. (...)

"Casar equivale a unir. Recoger y replegarse son gestos de quien dona. Donde Deleuze hace una filosofía de los pliegues, nosotros ensayamos aquí una filosofía del repliegue, que no es una variación de aquélla sino una alternativa. Los pliegues no suelen tener centro; el repliegue, sí. Los pliegues proceden de los planos y permiten pensar la multidimensionalidad; el repliegue, de la acción de replegarse. Los pliegues son composición, el repliegue, sencillez. Los pliegues, exterioridad; el repliegue, apartarse ("apartamiento", retirada). El repliegue es, a la vez, prólogo y epílogo del don". (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad).


sábado, 4 de enero de 2020

Jaque y la gata Niebla (2)


Seguimos hoy comentando Mies y la gata Niebla, que ya acabé. Lo trans y lo escalar son conceptos clave en el libro de Andrés Jaque, que en sus últimos ensayos gana en interés. Así, bajo el título de Urbanismo transmediático, el arquitecto madrileño nos presenta el que es, en mi opinión, el mejor ensayo de su libro. Ofrece un estudio realmente interesante y documentado (y a ratos espeluznante) de cómo Berlusconi consiguió convertirse en una figura todopoderosa en la Italia de no hace tanto. Resulta que su imperio audiovisual, el que a la postre le ayudaría a alcanzar la presidencia del gobierno de su país, se forjó en la promoción inmobiliaria, en concreto de la inmensa urbanización Milano 2 iniciada en 1968, que llegaría a convertirse en mucho más que una simple ciudad satélite de Milán. Diseñada por la inmobiliaria que presidía (Edilnord Centri Residenziali) como un proyecto dirigido a un target poblacional específico (jóvenes profesionales urbanos que trabajaban en grandes multinacionales: su lema era la città dei numeri uno), acabó convertida en un ghetto glamuroso y autosuficiente no solo en lo tocante a servicios y bienes (provistos por empresas afines a Berlusconi) sino también en el ocio. Es lo que Jaque llama urbanismo transmedia. En esta urbanización il cavaliere dirigirá Tele Milano, germen de Mediaset, el imperio televisivo que en los 90 desembarcaría en España con las icónicas mamachicho, poderosas afroditas que elevaron el pulso y el impulso transarquitectónico del español medio (¿Quién dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor? Porque aquí no aplica). Los estudios subterráneos de Mediaset en Milano 2, el "componente arquitectónico" más importante de la ciudad, son "el núcleo de coordinación política de Berlusconi, una arquitectura que necesita ocultarse para maximizar su eficacia política". Eficaces no solo como altavoz publicitario de los productos patrocinados por Berlusconi y amigos, sino también como creadores de productos televisivos especializados, siempre al servicio de aquellos. Si la RAI ofrecía una programación que homogeneizaba a la sociedad italiana con programas genéricos, Tele Milano segmentaba a sus televidentes gracias a sus programas diferenciados (algunos de ellos de juzgado de guardia). Tele Milano pronto se convertiría en Canale 5 y acabaría retransmitiendo en todo el país, globalizando nuevos formatos publicitarios inéditos hasta entonces (los productos, lejos de limitarse a la tradicional publicidad de los interminables intermedios, invaden sin empacho las narrativas catódicas) e innovadoras tipologías televisivas entre las que merecen citarse esos ya olvidados programas musicales donde se emitían sesiones discotequeras con los DJ´s más punteros del momento, como Claudio Cecchetto (es mi penoso deber enlazarte a una muestra de su trabajo, tú veras si clicas o no) y los mareantes efectos de Valerio Lazarov (¿le recuerdas?), el rey del zoom, sumergiendo al ciudadano de a pie en experiencias de corte psicodélico que de otra forma quizá nunca hubiera experimentado. En este impresionante documento gráfico puedes ver un buen ejemplo del trabajo de Lazarov en su primer paso por TVE, antes de ser contratado por Berlusconi (en los primeros 70 el régimen franquista trajo al realizador de su natal Rumanía para dar un barniz de modernidad a una España gris y alienada; tras su etapa italiana volvería a nuestro país como directivo de Tele 5). Jaque acaba así su sobrecogedor ensayo: "Los efectos que en su momento empezaron en Milano 2 el comienzo de lo que el control de internet disparó, las dinámicas de reconstrucción de lo humano como el dominio de los mercados sociotecnológicos. La forma de existencia de la que los humanos, en las extensiones transmateriales que nos constituyen, intentamos ahora repensar lo político".  Entre nosotros, yo me he perdido (igual Jaque está experimentando aquí con la sintaxis, acaso instrumento reaccionario también digno de estudio cosmopolítico, porque creo que la gramática mira a Cuenca que lo flipas), pero puede ser que todo sea culpa de mis neuronas, perjudicadas tras los desgoznados zooms de Lazarov (aquí tienes el texto completo del estudio con fotos de Milano Due). Sea como fuere me parece un ensayo, como decía, de gran interés que puede explicar muchas cosas, a veces inauditas, que pasan en la actual Tele 5. Por cierto, ahora que tanto se habla de la resilvestración en el ámbito político y social como una estrategia idónea de
management ciudadano me pregunto si en lo televisivo las dinámicas de abajo arriba de Mediaset frente a las de arriba abajo de las primeras televisiones públicas generalistas no nos han conducido a un desastre cultural y conductual de cuyas alarmantes dimensiones solo ahora empezamos a darnos cuenta.

No tenemos tiempo para comentar otros tantos notables ensayos de Jaque que nos muestran realidades que pueden relacionarse con lo arquitectónico, daremos apenas unas breves pinceladas. Así, en su estudio sobre Nueva York (Sex and the [So-Called] City), con puntos en común con el dedicado a Berlusconi, Jaque no tiene pelos en la lengua al relatar lo que está pasando en la ciudad de los rascacielos (este ensayo bien podría servir como epílogo de Delirious New York): "Sexo en Nueva York anticipó lo que más tarde se convertiría en un urbanismo sanitario post-2008, una forma de urbanismo que dio prioridad a incentivar el valor de los inmuebles y que cambió la ciudad física y territorialmente. (...) Nueva York ya no es una ciudad. (...) Se ha convertido en una composición transescalar de realidades estratificadas. Una recreación transurbana concebida colectivamente para producir, reproducir y albergar valor en una nueva forma social: la lujocracia". ¿Sabías que el color del cielo que se ve desde el hiperlujoso rascacielos residencial del 432 de Park Avenue (a 95 millones el ático) no es real? Es un color inventado como "realidad renderizada" por el estudio de arquitectura DBOX para la publicidad del edificio, color que luego fue imitado en el edificio real gracias al vidrio Eckelt Lite-Wall de fabricación austriaca que cubre las 2.136 ventanas de 3x3 metros de la torre, "un vidrio diseñado para polarizar la luz natural e intensificar la fracción azul de su espectro de color". Además, las ventanas del edificio son todas fijas, por lo que sus inquilinos no podrán nunca descubrir la diferencia. Los "edificios-periscopio", como los llama Carol Willis, autora de Form Follows Finance, "son una elocuente representación material de los flujos monetarios inmateriales que han fracturado dramáticamente la sociedad contemporánea, exacerbando la desigualdad económica hasta extremos de caricatura, concentrando la riqueza en cada vez menos manos y liquidando las expectativas de progreso de unas clases medias empobrecidas que han visto debilitarse tanto las estructuras del estado de bienestar como la movilidad social basada en el talento y el esfuerzo", en palabras ahora de Fernández-Galiano, quien dedicó al fenómeno de los últimos supertall neoyorquinos el Arquitectura Viva 179. ¿Y sabías que para que Nueva York tenga un cielo más limpio, casi como el de los renders, gracias a la progresiva sustitución de viejas calderas de gasolina por otras de gas, es necesario que la vecina Pensilvania, principal suministradora de dicho gas, haya sufrido un destacado aumento de contaminación por culpa del fracking?

En otro de sus ensayos (Desconocidos íntimos), Jaque se acerca al fenómeno de Grindr, una red de contactos diseñada para usuarios homosexuales: "Grindr es un arquiurbanismo online que permite la irrupción en el espacio offline de la interacción online. Crea un tipo de espacio multiplicado donde coexisten, y a menudo colaboran y entran en conflicto, configuraciones tecnohumanas diversas, pero simultáneas. (...) Más de 360 millones de personas en todo el mundo las usan [las numerosas redes sociales de contactos] a diario como parte de las dinámicas en las que la construcción de uno mismo toma el protagonismo arquitectónico que en el pasado tuvo la construcción de edificios, y en las que lo urbano ya no ocurre en el espacio público, ni en las calles y plazas, sino que se reinventa como una forma de intimidad que se produce entre desconocidos". Grindr ha empoderado al colectivo gay, aunque no sin tener que pagar un precio por ello: "Los urbanismos de lo gay, en el pasado santuarios del queer y alternativa al reduccionismo heteronormativo y patriarcal, están siendo reconstruidos y mercantilizados como activos financieros, y se rediseñan para retener valor, alinearse con las lógicas de mercado y convertirse ellos mismos en mercados. Por su normalización, lo gay ha pagado un precio en forma de normatividad". 

Mucho se puede aprender en Mies y la gata Niebla. Quizá lo más obvio, como ya decía Hollein en su manifiesto de 1968, es que todo es arquitectura, que la arquitectura va más allá de lo material y hoy los mundos virtuales también necesitan de lo arquitectónico para dotarse de una forma coherente y útil, por mucho que los marcos normativos parezcan cuadrar poco con el discurso del arquitecto madrileño. Desearíamos tan solo ver un remate más cabal de sus teorías (al cabo aquí represento al lector medio), y es que tanto vaivén escalar, como el psicodélico zoom de Lazarov, impide acaso a Jaque afinar un poco más sus conclusiones.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Jaque y la gata Niebla


Pues sí, estoy leyéndome Mies y la gata Niebla. Ensayos sobre arquitectura y cosmopolítica de Andrés Jaque. Hacía ya meses que el libro rondaba por casa sin encontrarme en el ánimo adecuado para enfrentar un texto que imaginaba inaprensible, impoluto aún en su envoltorio plástico. Pero ha sido ver el restaurante Run Run Run diseñado por él y lanzarme de inmediato a sajar con encono el retractilado, tan en shock me había dejado esa tecnogranja urbana con ambición de erigirse en manifiesto político. ¿Qué esconde la cabeza del arquitecto de tamaño delirio marciano?, me preguntaba sin cesar, dando a mis días tormento.

Si Fernández-Galiano hablaba de hipermodernidad al comentar la obra de Koolhaas, quien se dedicó a tomar principios y formas modernas para llevarlos a un extremo surreal, bien podría decirse que Jaque hace lo propio con la posmodernidad. La lucha contra la uniformidad moderna toma en nuestro arquitecto cosmopolítico dimensiones dantescas, en una mezcolanza caníbal de churras y merinas. Y lo que es más importante: en el viaje alucinado de Jaque, la posmodernidad, tradicionalmente amiga del poder económico, se arma con un mensaje político subversivo en una maniobra acaso contraria a Koolhaas, que desmontó la utopía moderna rellenándola de verborrea, esta sí, inaprensible, para acabar convertido en el hombre que vestía de y a Prada.

La hiperposmodernidad (o, si lo prefieres, posposmodernidad) de Jaque está trufada de conceptos incisivos y desorbitados. Veamos algunos. Así, cuando relata su proyecto junto a Miguel de Guzmán y Enrique Krahe para la reconversión de un antiguo seminario en casa sacerdotal diocesana en Plasencia (en la foto), habla de puertourraquización, término extremo y desafortunado en nuestra opinión (ya puestos proponemos en su lugar madmaxización) que pretende reflejar la voluntad de crear en la residencia para sacerdotes jubilados un ámbito de confrontación de ideas evidenciando a su vez la falta de uniformidad de una institución como la Iglesia ("el catolicismo es la tensión entre la perspectiva única y centralizada, y una trama fragmentada de alianzas, controversias y subversiones cotidianas"). La nueva residencia ha de enfrentarse a "la necesidad de pasar de producir soldados a contribuir a generar ciudadanos". 

Algo similar sucede en su concepto de Rolling House, la casa compartida de los jóvenes millennial en la que todas las decisiones demandan una "acción política permanente" por parte de los que viven en ella. Los distintos espacios "activan socializaciones diferentes y especializadas, cada uno es una puerta de entrada, una clavija de conexión a una red de interacción". La casa se convierte así en "un ensamblaje de puertas de acceso a una maraña de espacios de socialización que se ha construido a partir de una mezcla de accidentalidad, confianza y vínculos afectivos que persisten en la distancia y en la tecnología (como Easyjet, Messenger [este texto es de 2013], sofá-cama, cristal o descargas furtivas de narrativas atmosféricas) para la teleconvivencia. Todo es público, todo es político, todo es personal" (flipo con lo de las narrativas atmosféricas). La casa es una carcasa vacía, es solo una "parada" en medio del trasiego real y virtual de unos jóvenes abocados a la interinidad permanente y al desarraigo corpóreo, devenidos ya seres quasivirtuales."'No me identifico con el gotelé de las paredes, pero sí con las postales que pincho en ellas'" (por cierto, yo también tengo gotelé en casa). La casa como "photocall", una máquina no ya para vivir que dijera ese antiguo de Corbu, sino "para producir y disponer imágenes de nosotros mismos con fondos inadecuados", para "presentarnos con una actitud", para "descolocar" a sus inquilinos, recordándoles "que estamos en transición y que nuestro empoderamiento depende del tránsito y el abandono de la inclusión en lo colectivo actual. La casa es lo que no es".  Una casa para la postvida, "el lugar que queremos dejar de habitar".  

En el siguiento ensayo, IKEA disobedients, continuación lógica del anterior, Jaque llama a desobedecer el "mandato" de IKEA de "contener la interacción social en lugares apolíticos y luminosos", promoviendo en su lugar, claro está, un replanteamiento de lo doméstico "no como un espacio de consenso, sino como uno que alberga la controversia y el desacuerdo", tras lo que nos cuenta una serie de microhistorias de hogares que retan a los más tradicionales reflejados en los mencionados catálogos de la compañía sueca. El texto aquí presente acompañaba a una instalación/performance que el MoMA adquirió para su colección permanente, siendo la única de género arquitectónico presente en el museo neoyorquino. 

El nombre del libro (Mies y la gata Niebla) tiene su origen en otro de los ensayos en él recogidos, que en este caso tiene como objetivo de análisis cosmopolítico el Pabellón alemán de Mies van der Rohe en Barcelona. Refleja la contradicción de un edificio que se presenta como permanente e inmutable cuando lo cierto es que fue el resultado incierto de un gran "ecosistema de realidades" que se encontraban en pleno tránsito ideológico, social y económico: "El pabellón fue un proyecto comercial promovido por un grupo de empresarios alemanes para que la República de Weimar, que por aquel entonces tenía grandes restricciones para comerciar con sus vecinos europeos, pudiera aprovechar la coincidencia de la exposición de Barcelona con la Exposición Iberoamericana de Sevilla para atraer a Barcelona a los contratistas de las florecientes ciudades latinoamericanas, que viajarían excepcionalmente a España. La dictadura de Primo de Rivera veía en la exposición de Barcelona la oportunidad de culminar su transición de un modelo bancario (...) a otro que fomentase el comercio internacional desde Cataluña. El pabellón fue diseñado por arquitectos en tránsito hacia la modernidad, que a su vez trabajaban para construir una sociedad que comenzaba a distanciarse de la posguerra. El edificio en sí estaba construido con materiales que habían viajado a Barcelona desde Argelia, Italia y Suiza (...). El pabellón fue inaugurado por un rey a punto de abandonar el país para siempre". Pero quizá lo más novedoso (para mí) es que Jaque propone que la reconstrucción de 1986 tuvo también una dimensión política y transitoria, ya que se quería dejar atrás una determinada imagen de Barcelona asociada al abandono durante el franquismo para iniciar un intenso peregrinaje en busca de la modernidad perdida (prueba conseguida). El arquitecto madrileño se dedica a desmontar como decíamos ese supuesto carácter inmutable del pabellón, que funcionaba "como un  dispositivo para gestionar el cambio haciéndolo invisible", poniendo en valor la "performatividad" del edificio. Su estudio se centra en el sótano que la reconstrucción de los 80 llevó a cabo (el pabellón original tenía uno mínimo), un lugar desconocido de difícil acceso para la mayoría gracias una escalera de caracol adrede angosta donde se guardan objetos variopintos que quedaron así "cajanegrizados". Jaque los saca a la luz en forma de microrrelatos: el más curioso, el de la gata Niebla del título, felino que vivía en dicho sótano para evitar que los malditos roedores llegaran al piso noble y que debe el nombre a su extraña mirada, provocada por una atrofia ocular desarrollada en la oscuridad del neosótano. Jaque se torna casi poético al recordar al único morador del inframundo postmiesiano, una suerte de Segismundo gatuno: "Hace dos años murió la gata Niebla. Niebla vivió casi toda su vida en el sótano del pabellón. Formaba parte de otro proyecto cosmopolítico: evitar que el ecosistema del pabellón contuviese roedores.(...) Mientras que los conocedores de Mies son ciegos al sótano, Niebla era ciega a Mies. No era capaz de ver en el piso de arriba". 

Y hasta aquí ha llegado mi lectura por el momento. Aún me quedan varios ensayos por leer, no puedo esperar a alcanzar los agrupados bajo el epígrafe Sex and the non-city (entre los que se incluyen Hogares pornificados). De todas formas no me resisto en este punto a dar algunos apuntes subjetivos, por lo que te invito a dejarlo aquí si mi opinión juzgas baladí. Para empezar decir que veo a Jaque pues un pelín pasado de vueltas, lo cual nos parece hasta cierto punto necesario en un pensador extremo de la arquitectura que en la actualidad dirige el programa Advanced Architectural Design de la Columbia University neoyorquina nada menos, su acelerada vida transcurriendo a caballo entre Madrid (donde sitúa la sede de su Office for Political Innovation) y Nueva York. Supongo es de sobra conocedor de la obra de Pallasmaa, aburrida si la comparamos con la ruidosa narrativa del madrileño, pero le propondría releyera con calma al arquitecto finlandés, sin ir más lejos esta cita de La mano que piensa: "Personalmente he aprendido a estar agradecido por los días terriblemente interminables de mi infancia durante la II Guerra Mundial en la pequeña granja de mi abuelo y la corroyente experiencia del aburrimiento, resultado de la falta de estímulos externos que podrían haber proporcionado los amigos, las aficiones, el entretenimiento o los libros que, por otro lado, no estaban disponibles en la vida solitaria de una granja finlandesa de hace siete décadas. Agradezco el sentido de la curiosidad y el hambre de observación evocados por la ausencia de estímulos cotidianos deliberadamente programados. Como sostiene Odo Marquard, en el mundo actual hemos perdido en gran parte "el arte de la soledad". La experiencia del aburrimiento en la primera infancia enciende la imaginación y pone en marcha la observación independiente y automotivada, el juego y la imaginación. Esta situación también nos conduce a que nos percatemos de las causalidades esenciales que existen entre las cosas. La tendencia actual de padres y profesores a sobreestimular a los niños puede tener consecuencias catastróficas para su capacidad de imaginar, inventar y para su propia identidad. En la vida cotidiana actual, los equipos y artilugios mecanizados, automatizados y electrónicos, con sus mecanismos y funciones invisibles, pueden debilitar el sentido de las causas físicas incluso en los adultos, por no hablar del impacto final de los juegos de entretenimiento sobre la interacción humana y social y el sentido de la compasión". 

También podríamos confrontar las excitantes teorías de Jaque sobre su algo desquiciante Rolling House con la visión totalmente contrapuesta de Santiago de Molina, ese sutil estudioso del hogar, en Hambre de arquitectura: "Desde la casa, el hombre se asoma al mundo. La casa es el origen de cada viaje: de todos los viajes. La casa es pues ese invento humano al que uno vuelve, como un Ulises a su Itaca, como un toxicómano reincidente. O como un sonámbulo. Esto se debe a que en la estructura mítica de la casa se encierra el mito de volver a ella. Hasta el punto que se podría definir la casa como aquello a lo que volvemos bajo la implícita promesa de la protección. Sin la casa no hay viaje posible. Como un caparazón que nos atrae hacia su centro, que nos cautiva e infecta con la sustancia de lo doméstico, la casa nos encadena con una goma elástica invisible, que nos obliga a volver, porque en su interior ofrece el ensueño de descanso, del reposo interior". Y compárese también con su opinión mucho más pesimista sobre lo virtual que la mostrada por Jaque: "Hoy que contemplamos ediciones sin fin de realities televisivos en versiones y formatos impensables, hoy que nos relacionamos con más seres humanos que nunca antes, gracias a las tecnologías sociales, hoy que parece que la virtualidad está cobrándose el mayor número de víctimas posibles en almas sin cuerpo, reclamamos la realidad con el ansia del que reclama una pausa en un descenso sin frenos. Si T.S.Eliot dijo en el siglo pasado que los seres humanos no pueden soportar demasiada realidad, le faltó vivir este tiempo. En el siglo XXI parece que la necesidad de recobrar ese contacto con la realidad-real es cada vez más acuciante. Hoy parece necesitarse una arquitectura capaz de aportar una dimensión sensible a la vida. Sin más". 

Más interesante nos parece la llamada de Jaque a una suerte de rearme político desde los ámbitos más modestos, algo muy similar a lo que George Monbiot llamaba resilvestración de la política en el último artículo que ha escrito para The Guardian. Por cierto que el alegato que hace el articulista británico de la labor del periodista en su página web  (como agente que debe enfrentarse siempre al poder y a la mentira) me recordó el discurso que no hace mucho ofreció Javier Cercas ante los reyes tras la concesión de un premio periodístico, un texto que debería enseñarse en las escuelas. En su visión cosmopolítica, Jaque pone el énfasis en la confrontación de ideas y en la recuperación de  perspectivas tradicionalmente despreciadas, algo ciertamente imprescindible, pero se olvida de decirnos cómo hacerlo, quizá porque está fuera de su alcance o porque es alérgico a la normatividad. Llámame, querido lecteur,  reaccionario, rancio o pequeño burgués formalista, pero creo que lo hands-on, tan americano, sin el acompañamiento de un mínimo de estructura, teoría, marco o como queramos llamarlo, está llamado a darse de bruces con la tozuda realidad. La performatividad por sí sola, máxime en un país como el nuestro en el que impera un porqueyolovalguismo narcisista y autoreivindicativo según el cual todos tenemos razón, está abocada al caos, y el caos, por muy creativo que sea, no construye nada. En un reciente artículo para El País de nombre Las formas, Fernando Savater recordaba con bochorno el espectáculo de nuestros políticos acatando con fórmulas surrealistas la Constitución: "Las fórmulas extravagantes de los nuevos parlamentarios al asumir su cargo revelan una puerilidad terminal, pero también algo peor: un narcisismo tan centrado en la autoafirmación  que reniega de la función pública. Imposible representar la soberanía popular si no se es capaz de dejar las ganas de lucirse a un lado mientras se dicen cuatro palabras como es debido". 

Acabo. La "erosión del otro" (en palabras ahora de Byung-Chul Han en La agonía del Eros) junto a la sobrecarga presuntamente informativa que imponen las redes virtuales impiden la política de verdad. Hacen falta acaso más orden y menos ruido, no para amordazar opiniones, sino para aclararnos y llegar a puntos de acuerdo. Y por cierto, un entorno arquitectónico neutro, seco, moderno, igual ayudaría en el proceso. Termino con Byung-Chul Han: "La ciencia positiva, basada en los datos (la ciencia Google), que se agota con la igualación y comparación de datos, pone fin a la teoría en sentido amplio. Esa ciencia es aditiva o detectiva, y no narrativa o hermenéutica. Le falta la constante tensión narrativa. Así se descompone en informaciones. Ante la proliferante masa de información y datos, hoy las teorías son más necesarias que nunca. Impiden que las cosas se mezclen y proliferen. Y de este modo reducen la entropía. La teoría aclara el mundo antes de explicarlo. Hemos de pensar sobre el origen común de la teoría y las ceremonias o los rituales. Todos ellos ponen el mundo en forma. Dan forma al curso de las cosas y lo enmarcan, para que estas no se desborden. En cambio, la masa actual de la información ejerce un efecto deformativo. La tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio". 

lunes, 23 de diciembre de 2019

Resilvestración



"Formado como arquitecto, el trabajo del artista francés Jacques Villeglé se convirtió en el de una suerte de arqueólogo callejero, una mano anónima que hurtaba coloridas capas de restos sobrantes, pósters mutilados de las paredes de París (el "periódico de la calle" de los años 30, como le gustaba llamarlos). El ornamento espontáneo y colectivo exhibido públicamente en la calle se arranca, se sujeta sobre un lienzo y se enmarca, siendo su título tan solo el lugar y la fecha del hallazgo: 122, rue du Temple, 1968, es la imagen de cubierta de este número. 

Capturando un instante congelado, Villeglé trata las paredes de la ciudad como si de un museo en desarrollo se tratara y nos presenta fragmentos de evidencia como reflexiones sobre la cultura popular, documentos que atestiguan el paso del tiempo. (...)

El proceso de selección es el primer paso de la conservación. Al elegir lo que preservamos, escribimos nuestras propias historias. (...) "Seremos juzgados no por los monumentos que erigimos sino por los que hemos destruido", escribía Ada Louise Huxtable.(...) 

La manida distinción entre viejo y nuevo del Movimiento Moderno ha quedado atrás, y muchos proyectos de reutilización flexible entablan una animada conversación entre lo existente y la nueva vida, reconociendo el incrementalismo antes que la dualidad. Todas las arquitecturas están evolucionando de manera gradual y constante: "Es necesario considerar el pasado como un presente histórico, todavía vivo", decía Lina Bo Bardi. Los edificios absorben el mundo a su alrededor, los hábitos humanos sedimentados en sus paredes y grabados en sus pieles. (...)

La dualidad entre lo natural y lo artificial se desdibuja; como alternativa radical a la preservación tradicional, la resilvestración [rewilding] pone en duda la superioridad humana sobre la naturaleza y propone tratar los paisajes con imaginación y curiosidad: "Tenemos una perversa idea de la preservación que dice "esto es lo que tenemos, así que es lo que deberíamos conservar", en lugar de decir "esto es lo que podríamos tener así que esto es a lo que deberíamos aspirar", señala  George Monbiot.

Desafiar viejos marcos intelectuales ensancha nuestra comprensión de la conservación para incluir lo "desagradable" o lo "indigno", excluido por las narrativas oficiales, en lugar de restaurar el viejo estado de algo que ha quedado definitivamente obsoleto. Los edificios son solamente parte de una fotografía mucho más amplia. Aunque pueda sonar contrario al sentido común, se trata de mirar al futuro, más que al pasado." (Manon Mollard, The right to inherit -El derecho a heredar-, editorial del último número de The Architectural Review).



sábado, 14 de diciembre de 2019

Arquitectura parlamento

Jaque mate a Mies
"El desafío que asumimos en nuestro trabajo consiste en explorar cómo desarrollar una arquitectura de anfitrionazgos, el diseño de dispositivos materiales que permitan restituir sin consenso el día a día, como un ensamblaje de actores diferentes que no liman sus asperezas. Una constitución de humanos y no humanos, de generaciones presentes y otras por venir, de lo hortera, lo cursi y lo afectado, junto con lo austero y lo optimizado. Una arquitectura parlamento que, en lugar de garantizar la supervivencia de lo mejor o de lo normativo, lo haga de aquello desposeído de prestigio, de lo subversivo y lo repulsivo, y que, en lugar de eliminar las disputas -lo que solo puede ocurrir por simplificación, control e imposición-, medie en ellas y construya una cotidianeidad problemática.

(...) Durante un tiempo se ha pensado que la arquitectura debía fabricar nuevos territorios, nuevos espacios, nuevas realidades desde cero; sin embargo, en mi opinión, la reinvención depende de la capacidad de rearticular los parentescos entre los fragmentos de realidad ya existentes que podemos llegar a detectar y movilizar. Colocar en primer plano, en el mundo de las cosas que importan, lo que antes permanecía en la marginalidad, y relacionarlo, con garantías, con lo que ya estaba allí instalado. La democracia parece ser el marco en el que, en lugar de buscar la optimización de los procesos colectivos, se construye un espacio para la simultaneidad y la coexistencia de lo diferente. La arquitectura es en estos momentos más política que científica, y en lugar de optimizar, creo que es el momento de construir simultaneidad". (Andrés Jaque, Mies y la gata Niebla. Ensayos sobre arquitectura y cosmopolítica. En la foto, el restaurante Run Run Run diseñado por Jaque).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Reciclajes


Leyendo el artículo Remote Control: Álvaro Siza in South Korea de Philip Christou en The Architectural Review he descubierto que el recién terminado pabellón de arte en el Parque Saya surcoreano (en la foto) es una réplica de un proyecto no realizado que el portugués diseñó en 1992, el año que ganó el Pritzker, para el Parque del Oeste madrileño con el fin de alojar a dos Picassos, uno sobre el nacimiento (Mujer embarazada) y otro sobre la muerte (el Guernica nada menos). Al parecer fue el cliente, a lo que se ve todo un conoisseur arquitectónico, quien pidió a Siza que realizara dicho proyecto, para lo que el arquitecto, junto a su colaborador Carlos Castanheira, redujo sus dimensiones y lo ajustó a la orografía de la zona. Siza, que se habría mostrado escéptico con la petición, comentó al cliente que el edificio estaba hecho para el Guernica, y que estaba seguro que el cuadro no iba a estar disponible, a lo que el resuelto promotor respondió que hiciera dos esculturas para el pabellón y problema resuelto. Siza, ni corto ni perezoso, ha diseñado una pieza en acero Corten suspendida del techo en uno de los extremos de la horquilla que conforma el edificio y para el otro ha creado un enorme huevo de mármol blanco. La primera escultura, según el autor del artículo, simularía un ángel flotando o una abstracción de la figura de Cristo (representando la muerte), el huevo de mármol haría referencia al nacimiento, de tal forma que el sentido original del edificio se mantendría. En sus explicaciones sobre el proyecto coreano, Castanheira no menciona el museo madrileño.

Este reciclaje de proyectos arquitectónicos no es infrecuente. Todos sabemos por ejemplo que la Casa da Música de OMA en Oporto fue un diseño en un principio pensado para una vivienda particular en Rótterdam finalmente no construida (a la que se había dado por nombre Y2K en referencia a la obsesión del cliente con los desórdenes informáticos previstos para el año 2000, cuando fue diseñada). Fernández-Galiano, en un artículo de la época (incluido en el segundo volumen de Años Alejandrinos), menciona el desconcierto ante tan tajante decisión en el estudio de Koolhaas, quien señaló sin empacho cómo sus colaboradores "no podían creer que fuésemos tan cínicos". Don Luis alega también que el holandés se encontraba de un "humor hipereficaz" tras un viaje a Nigeria donde "había entrado en contacto con el pragmatismo expeditivo  de las economías de supervivencia", a lo que se unía la urgencia de los promotores lusos, que pedían un proyecto en sólo tres semanas. Como sabemos, Koolhaas ganó el concurso: "la varita mágica del arquitecto transformó la calabaza en carroza" (es obvio que aquí, al contrario que Siza en Corea, se hizo necesario ampliar las dimensiones del proyecto).

Pues como la entrada se me queda algo corta, sigo con Koolhaas. Acabé Delirio en Nueva York como te decía, en esta última parte del libro destaca el capítulo dedicado a la visita de Dalí y Le Corbusier (por separado, al parecer no se podían ni ver) a Nueva York a mediados de la década de 1930, con momentos desopilantes provocados por los desbordantes egos de estos dos creadores extremos. Para empezar te pongo una cita que encabeza el capítulo sacada de un texto en inglés fonético -el pintor no dominaba el idioma- realizado por el propio Dalí para un discurso al poco de llegar a la ciudad: "BIUER! AI BRING OU SURREALISM. AULREDI MENI PIPOUL IN NIU YORK JOVE BIN INFECTID BAI ZI LAIFQUIVING AND MARVELOUS SORS OF SURREALISM". Te lo traduzco: "Beware, I bring you Surrealism. Already many people in New York have been infected by this (?) life-giving and marvelous source (?) of Surrealism" (tienes el resto del texto aquí). Otra anécdota de traca es el momento en el que el ampurdanés desembarca por primera vez en la urbe, y, al objeto de épater le bourgeois, manda hacer al cocinero del transatlántico una descomunal barra de pan de 15 metros (el cocinero le responde que con 2,5 va que chuta) con la que pretende presentarse ante los medios que le esperan a su llegada. Pero entonces sucede algo imprevisto: ninguno de los periodistas presentes le hace ni una sola pregunta sobre la enorme barra que blande ostensiblemente ("el desconcertador queda desconcertado"). Y es que es difícil superar a Coney Island. De Dalí se cuentan otras divertidas excentricidades de su paso por Niu York, a cual más marciana (esta la cuenta el propio pintor aquí). Es obvio que a Rem le fascina Dalí y su "método paranoico-crítico" (MPC), entendido como una conquista de lo irracional (la "explotación consciente del inconsciente"), una suerte de reciclaje del mundo racional desde la paranoia: "Cuando todos los hechos, ingredientes, fenómenos, etc, han sido clasificados y catalogados (...) gracias al reciclado conceptual, el contenido gastado y consumido del mundo puede recargarse o enriquecerse como el uranio". El MPC por tanto se dedica con ahínco a "cortocircuitar todas las clasificaciones existentes, volver a empezar". Pone ejemplos, como la relectura de El Ángelus de Millet en clave erótica; el propio Manhattan, visto a la luz del MPC sería "el retrato de una Venecia paranoica, un archipiélago de colosales recuerdos, avatares y simulacros que son testigos de todos los turismos acumulados -tanto literales como mentales- de la cultura occidental". Por cierto que aquí puedes ver a Koolhaas en una caótica conferencia sobre el tema en 1976 (sorprende su abundante melena), dos años antes de que el libro fuera publicado. Es evidente que en su obra arquitectónica Rem ha aplicado el MPC sobre la modernidad, dejándola hecha unos zorros.

Sobre Le Corbusier también hay jocosa anécdota a su llegada a la urbe en transatlántico allá por 1935: como los periodistas pasaban de él, dedicados a fotografiar a las celebrities que desembarcaban, su intérprete, mandado por el MoMA, da cinco dólares a un reportero gráfico para que le fotografíe al ver al arquitecto suizo demudado ante el desplante. El reportero le devuelve el dinero porque se ha quedado sin carrete, pero se apiada del apesadumbrado arquitecto y dispara su cámara vacía ante Le Corbusier, confortando así su ego moribundo. Ya centrado en temas arquitectónicos Rem menciona su "Ciudad Radiante", una reinvención de Nueva York, un anti-Manhattan descongestionado gracias a unos inmensos rascacielos de planta cruciforme (anda, como las columas de Mies), "cartesianos, límpidos, nítidos, elegantes y relucientes" como los define el propio arquitecto, que permiten liberar espacio a su alrededor. Le Corbusier propone un reciclaje extremo de la cuadrícula neoyorquina para crear un bosque de árboles cristalinos sin alma, un "no acontecimiento urbano" que es justo lo que los ubanistas neoyorquinos siempre habían tratado de evitar. Algo así como la belleza del caos inconexo frente a la aburrida perfección cartesiana. Obviamente nuestro arquitecto se fue como había venido.

Ahora ya puedo despedirme en paz, no sin antes volverte a recomendar el libro imprescindible de Koolhaas y de paso lamentar con enojo que Madrid se quedara por oscuros avatares sin una obra de Siza, al que por cierto se acaba de reconocer con el Premio Nacional de Arquitectura de nuestro país (interesante esa aparente contradicción que nos anima a borrar las fronteras).

domingo, 1 de diciembre de 2019

Más marcianadas


Noticia esta semana ha sido otra de las delirantes marcianadas de Elon Musk. El visionario que quiere llevar a Marte a cientos de colonos en 2022 en naves espaciales forradas de acero inoxidable totalmente reutilizables (su idea es fundar una ciudad estable en el planeta rojo en el 2050), ha desvelado el último modelo de su marca de automóviles eléctricos Tesla, el Cybertruck, una versión futurista de la típica pick-up americana. Según Xataca su lanzamiento justo en noviembre de 2019 en Los Ángeles, donde se encuentra la sede de SpaceX (la empresa espacial de Musk), no es coincidencia sino que querría rendir homenaje a Blade Runner y la estética cyberpunk. Nosotros diríamos que el último Tesla, más que diseñado por Syd Mead (creador del spinner de Deckard), parece salido directamente de Total Recall (Desafío total), película de la que aquí hablábamos hace un par de semanas, que además tiene a Marte como escenario principal y en la que, en medio de su violencia brutal y delirante, encajaría como un guante. Y es que el Cybertruck hace alarde de un diseño agresivo cuyas angulosas y amenazadoras formas le convierten acaso en el vehículo ideal para estos tiempos apocalípticos y deletéreos. Decíamos que la arista moderna ya no se llevaba (penosas pruebas seguimos viendo), pero al parecer ya hay 250.000 reservas según Musk, entre los interesados destaca la policía de Dubái, ya comentábamos también que allí se establecerá la Mars Space City con diseño de BIG, así que una buena flota de Cybertrucks les ayudará a irse ambientando. Y es que cuando de lo que se trata es de rebanar, cercenar o seccionar, la arista no tiene rival. Te metes en este engendro y ya pueden venir zombis, alienígenas o incluso constitucionalistas, que acabas con ellos en un acelerón. Desconocemos la opinión sobre el coche de Janette Sadik-Kahn, la experta en movilidad y espacio público a la que muchos consideran la nueva Jane Jacobs y que defiende las ciudades pacificadas mediante un urbanismo atento al peatón, pero probablemente haya puesto el grito en el cielo.

El Cybertruck me ha traido de pronto a la memoria las brutales aristas de la marciana Casa da Música de Koolhaas en Oporto o su no menos marciana biblioteca de Seattle. Y es que al holandés pocos le ganan en meter tajos, especialmente si es a la modernidad. Acabé Delirio de Nueva York y he vuelto con el segundo volumen de Años Alejandrinos (Tiempos de Incertidumbre) al terapéutico orden de Fernández-Galiano, que ya echaba en falta. Precisamente del holandés "errabundo y errátil", que tanto juego nos da, hace don Luis otro de sus certeros retratos con ocasión de la concesión del Pritzker al arquitecto de Róterdam en 2000:"Periodista y cineasta [es obvio en el magnífico pasaje que citaba en mi entrada anterior] antes de ingresar en el campo de la arquitectura, Koolhaas ha empleado su talento literario y artístico para socavar con violencia sádica todas las certezas modernas, construyendo con libros, exposiciones y edificios un manifiesto hiperreal que resulta también ser hipermoderno. Ante la crisis del lenguaje áspero de las vanguardias, los años ochenta contemplaron el ascenso de las formas azucaradas posmodernas, una utopía amable ad usum delphini, pero en los noventa Koolhaas emergió como el ideólogo de una reacción radical que exacerbaba el idioma moderno hasta extremos surreales, para fabricar un universo imaginario tan fascinante como poco apto para menores". 

Los delirios deletéreos (adjetivo que he aprendido también de don Luis) nos tientan en estos tiempos que siguen siendo de incertidumbre, lo que permite a los agoreros del apocalypse now hacer caja con nuevas fronteras quiméricas. Ya hace casi veinte años, al hilo de una arquitectura casi gaseosa que tendía a disolverse, el director de Arquitectura Viva hablaba de la modernidad líquida de Bauman surgida, mira tú por dónde, de Marx y su frase "Todo lo sólido se desvanece en el aire". Dicha arquitectura de paisajes desflecados sería reflejo de una época, que sigue siendo esta, en la que un "individualismo narcisista y corrosivo está desatando la intricada trama de lazos sociales anudada por la continuidad tenaz de los tejidos urbanos". La arista acelera ese desmembramiento voraz.

La foto que abre la entrada no es, obviamente, del Cybertruck. Es del Citroën 19_19, el prototipo con el que la marca francesa quiere celebrar su centenario (sí, como la Bauhaus, fue fundada en 1919), y que, este sí (hasta en el color), parece rendir tributo al spinner. Quería traértelo porque, en mi opinión, ofrece una visión bastante más optimista del porvenir: sus formas alabeadas y su diseño acogedor (lo que no le impide transmitir fuerza) nos dicen que otro futuro es posible. La arista será acaso imprescindible para desbrozar los caminos, pero llega un punto en el que no queda otra que fluir con más tiento y elegancia.