domingo, 5 de abril de 2020
El tejido invisible
Me acabo de terminar Pasando a limpio de Óscar Tusquets, curiosamente editado por Acantilado y no por la editorial (Tusquets) que fundara su entonces pareja, Beatriz de Moura (aquí puedes verlos en añeja foto junto a Dalí). En un reciente número de Arquitectura Viva Eduardo Prieto lo ponía por las nubes y como resulta que lo tenía en casa (soy de esos que hacen acopio de libros para una lectura futura), me dije, pues a ello. No sé si será un efecto colateral de estos días recios, pero a mí como que me ha dicho poco. Lo compré por una cuestión sentimental: tengo una obra de Tusquets al lado de casa, el polideportivo Daoiz y Velarde, un antiguo cuartel de bella factura que formaba parte de un complejo de edificios en su origen utilizados como almacenes aprovechando la cercana estación de Atocha por la empresa Docks y Aduana de Madrid, fundada en 1861. Lo de docks -muelles- no deja de tener su guasa en enclave tan poco marino: el nombre se le dio por los docks del Támesis, donde también existían almacenes en los que variopintas mercancías transportadas hasta allí por el río esperaban su venta. En 1990 el complejo madrileño fue abandonado por los militares y tras un largo proceso en el que se habló incluso de instalar en los añejos edificios la sede de Telemadrid, se decidió dedicarlos a equipamientos para el barrio atendiendo a las reclamaciones vecinales, mientras Rafael de la-Hoz (encargado también de rehabilitar otros pabellones) levantaba en el recinto un edificio de nueva planta como sede de la Junta de Distrito de Retiro. Tusquets respetó escrupulosamente el edificio por fuera (su bella fábrica de ladrillo bicolor) y por dentro (su no menos hermosa arquitectura férrea) en un rehabilitación brillante donde apenas se permitió algún toque personal, añadiendo por ejemplo una pincelada festivo-mediterránea al cubrir algunas de las antiguas ventanas con piezas cerámicas azules y crear una chimenea de ventilación enteramente cubierta por dichos azulejos añiles. Aquello del hedonismo castrense, enjundioso oxímoron con el que un crítico definió las casas para militares de Higueras también Madrid, podría igualmente aplicarse a esta magnífica rehabilitación de Tusquets. En Barcelona también tuve ocasión de alojarme -con toda intención- en un hotel suyo entonces recién inaugurado: el icónico Princess que corona (con perdón) la Diagonal, no por nada es el número 1 de la emblemática arteria barcelonesa, justo sobre el complejo que se construyó para el Fórum de las Culturas que visité en 2004. Sus formas angulosas (que acaso repliquen las del edificio Fórum de Herzog y de Meuron), donde la arista alcanza niveles paroxísticos con dos imponentes torres de 25 plantas unidas por vertiginosas pasarelas, junto con una paleta de colores vivos y unas habitaciones de modernísimo diseño (no olvidemos que Tusquets es también un afamado diseñador), convierten tu estancia en el hotel en una experiencia cinematográfica. Recuerdo perfectamente un nutrido grupo de turistas británicos llegando al hotel al unísono, sus mandíbulas descolgadas en asombro infinito. Puro archporn, cierto, pero a nadie la amarga un dulce, por favor.
Por cierto que hablando del Fórum de las culturas, me he acercado a Años Alejandrinos (segundo volumen) porque he recordado que Fernández-Galiano dedicó un vitriólico artículo al evento. Con el título de Triángulos virtuosos, don Luis, que asocia la forma triangular del anguloso edificio de Herzog y de Meuron al complejo gobierno tripartito que por aquel entonces dirigía Cataluña en difícil equilibrio (don Luis no da puntada sin hilo), le mete un par de sus legendarios zascas al evento que lo deja mirando a Cuenca: "Las actividades del Fórum. organizadas a lo largo de tres ejes -paz, diversidad, sostenibilidad- que forman otro triángulo virtuoso, se proponen como una síntesis bienintencionada del Foro de Davos y el de Porto Alegre, pero se asemejan más a la fiesta permanente de una Disneylandia de oenegés. 'Toda la gente de buena fe'-afirma el alcalde Clos- 'está en el Fórum' y esa unanimidad biempensante (expresada en montajes de luz y sonido que muestran hegelianamente el deterioro de la convivencia por el conflicto, y la superación de éste mediante el diálogo) abruma un poco. (...) Francis Bacon llamaba 'ídolos del foro' a las representaciones equívocas que produce nuestra interrelación en la plaza o foro, y hay motivos para suponer que el Fórum barcelonés es pródigo en estos engañosos ídola fori, aquí abreviados en una confianza mítica en la mera buena voluntad para enfrentarse a un mundo crecientemente hobbesiano. Pero mientas Leviatán no dibuje su perfil en el horizonte, seguramente podemos recrearnos en esa ideología de dibujos animados que las élites políticas proponen como narcótico o consuelo (...). Enhorabuena, Barcelona".
El término biempensante, tan peyorativo él, vuelve a aparecer en un artículo mucho más reciente de Fernández-Galiano (La democracia vírica), donde también hay zasca, y éste escuece más: "Se repite estos días el lema biempensante de que el virus se detiene con transparencia, porque sólo la información exacta permite abordar su control sin caer en el pánico; pero no se destacan las ventajas que en este esfuerzo pueden ofrecer las organizaciones autoritarias, capaces de mobilizar recursos sin debate social y liturgia política, porque su maquinaria administrativa puede responder sin demora a una jerarquía piramidal. Las democracias, en contraste, están sometidas a un régimen de opinión que puede ser distorsionado por las pulsiones sentimentales de unas poblaciones hedonistas, donde la extrema autonomía de las que Houellebecq llamó 'partículas elementales' dificulta su subordinación a objetivos compartidos. Sloterdijk reclamó en su día la necesidad de volver a domesticar una especie humana devenida silvestre, pero acaso su provocación era sólo una manera de expresar el conflicto entre el deseo de libertad y las servidumbres que exige la supervivencia de los que formamos la 'sociedad del riesgo'". Me recuerda a las reflexiones del desquiciado Wim Pijbes, exdirector del Rijksmuseum, sobre el proceloso proceso de rehabilitación del museo. El modelo de eficiencia chino es un tentador espejismo de orden orwelliano, pero su fascinación es comprensible en medio de nuestro marasmo cacofónico. Sea como fuere ya nos gustaría que don Luis aprovechara estos días insólitos (además se nos acaba de jubilar de su cátedra en la ETSAM) para pasar a limpio pensamientos, recuerdos y anécdotas variopintas como ha hecho Tusquets en su reciente libro, seguramente le saldría algo más enjundioso que al catalán. Entre tanto nos conformaremos con verle (de nuevo en mi caso) en la conferencia que dio en la Fundación Juan March sobre Viena y su vida cultural en plena belle epoque, con por cierto referencia a la terrible gripe española.
Al final acabamos, como no podía ser de otra manera, hablando de la pandemia. Como estoy calentito tras tanto zasca, pues que me voy a animar yo también a repartir. Convendrás conmigo que lo más lacerante de esta situación es ver a nuestro personal sanitario luchando sin medios. Y más aún que eso, la hipocresía inadvertida que nos rodea. Es fácil rasgarse las vestiduras, no sin razón, con caceroladas y críticas contra nuestros anonadados gobernantes y sentirnos muy héroes por quedarnos en nuestros cómodos hogares y lavarnos las manos con fruición, pero alguien debería decirnos que los heroísmos deberían continuar cuando ya no truene. ¿Cómo es posible que una Comunidad rica como Madrid carezca de medios de protección sanitarios tan básicos? Antes de que me eches balones fuera, querido lecteur, y aprovechando que no nos oye nadie, dime, ¿tú pagas el IVA de tus facturas? y si eres autónomo o empresario ¿sisas todo lo que puedes a Hacienda? y si estás en el paro, ¿no te pillas un trabajillo en negro y aquí paz y después gloria? (etc.).¿Cuántas mascarillas, cuántos respiradores, cuántas más UCIs se podrían tener con todo lo que todos defraudamos?
Acabo con otra epidemia: la que azotó México en 2009. "Nadie se había fijado en los ojos de Lorena hasta que se puso un cubrebocas. La frase es exagerada: nadie se había fijado tanto en ellos. La epidemia del virus porcino cambió los hábitos de la capital. La transformación más evidente fueron los rectángulos de tela en las caras de la población. Los que no eran guapos, al menos se volvieron misteriosos.
Enfrentamos la catástrofe unificados por una prenda. No siempre es fácil decir nosotros. ¿Qué representa la palabra?, ¿qué clase de identidad convoca? Una tribu adicta a la compañía atravesaba el laberinto de la soledad. ¿Quiénes éramos? Los del rostro con una tela azul. (...)
Poco antes de la crisis, mi padre había decidido donar su biblioteca a la Universidad Michoacana. Ninguno de sus hijos se opuso a una decisión que preservaría la unidad de los libros que lo habían formado. En un gesto sentimental, poco común en él, mi padre pidió que cada uno de nosotros tomara algunos volúmenes "de recuerdo". Entre ellos, escogí una primera edición de La peste, de Albert Camus. En 1947 mi padre había subrayado un pasaje en esas páginas: "Se puede decir que la invasión brutal de la enfermedad ha tenido como primer efecto el de obligar a nuestros conciudadanos a actuar como si no tuvieran sentimientos individuales".
¿Quiénes éramos? Los del cubrebocas. Una prenda nos unificaba y sugería novedades: en verdad lo ojos de Lorena eran más hermosos. Y, cuando el cubrebocas reposaba en el cuello, recuperábamos el olvidado milagro de ver un rostro. ¿Seríamos capaces de mirar de esa manera con el retorno de los días normales? En su alegoría, Camus encuentra lazos positivos que sólo surgen por excepción, ante la necesidad de superar una tragedia. ¿Conservaríamos el invisible tejido con que nos ataba la epidemia?". (Juan Villoro, El vértigo horizontal. Una ciudad llamada México)
domingo, 29 de marzo de 2020
Quedarse en casa
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| La casa ideal para estos días recios |
Siempre ha existido una fascinación alucinada por las vidas privadas de los ricos y no tan famosos. A todos nos gusta fisgar por el ojo de la cerradura, sin embargo, los excesos domésticos de Ambani apenas representan la obscena punta del iceberg que conforma esta suerte de porno arquitectónico. Un porno, momento arquitectónico salaz y seductor, que es tanto insidioso como ubícuo y se nos suministra a través de serviciales canales en forma de revistas, páginas web y programas de televisión. Enciende tu televisor a las 8 de la tarde de un día entre semana y ahí están, los gesticulantes boulevardiers y sus procacidades: (...) y el papi de todos ellos, Kevin McCloud, atrapado para siempre en Grand Designs, el Noveno Círculo del infierno archporn. (...)
¿Vivirías en una casa así? Y sin embargo este porno arquitectónico tiene un vientre sórdido y procaz que reduce la arquitectura a una manera de entender el lifestyle tristemente idealizada y que promueve el sálvese quien pueda. Así, sirve para reforzar un sentido de irrealidad cada vez más extendido y una desigualdad tóxica en medio de un mercado de la vivienda que alcanza precios vergonzosos. El pasado año se denunció que en los listados de propiedades a la venta en Londres sólo había una vivienda al precio de 100.000 libras.(...)
El RIBA [el Royal Institute of British Architects] hace el juego ahora a esta farsa ayuntándose con el Channel 4, creador de Grand Designs, para hacer un programa sobre cada una de las casas seleccionadas para obtener su premio de Casa del Año. Donde una vez hubo una cobertura concienzuda de cada uno de los proyectos seleccionados para el premio Stirling [no necesariamente centrados en la vivienda], expandiendo con éxito la reserva genética de las diferentes tipologías en la arquitectura televisada, encontramos ahora una voluntad de reducir su alcance a un puñado de vacuas estampitas dedicadas a sonreír sin ganas al porno arquitectónico. La arquitectura y el público televisivo merecen más que semejante basura para bobos.
En este ambiente de intereses creados, los arquitectos son a menudo los peores enemigos de sí mismos. La mayoría comienzan con un encargo para la casa de ensueño de alguien, así que están encantados de hacer lo que haga falta para conseguir clientes y encargos. En concreto, esto incluye que su trabajo aparezca no solo en la prensa especializada, donde solo será contemplado por otros arquitectos, sino que consiga dar el salto en el hiperespacio hasta alcanzar el ámbito, más acogedor y empalagoso, de las revistas generalistas, que son leídas con detenimiento por miles de clientes potenciales. (...)
Mientras haya casas, el porno arquitectónico estará con nosotros, lanzándonos un descarado guiño que nos diga "vamos, sabes que quieres". Pero, mientras ciudades como Londres sigan su vaciamiento provocado por la desorbitada subida del precio del terreno y las propiedades, la construcción de silos para apartamentos cuyo único fin es la especulación y la falta de vivienda asequible, mientras las casas se consideren simples símbolos de status y repositorios de capital, entonces el fetichismo por las casas de ensueño parece una distracción de grotesca crueldad, un zurullo envuelto en oropel". (Catherine Slessor, Outrage: the toxicity of house porn, en The Architectural Review).
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| ¿La prehistoria del archporn?: Casa del futuro de Alison y Peter Smithson (1956) |
domingo, 22 de marzo de 2020
Rehorizontalización
"Cuando John Lennon y Yoko Ono se casaron en secreto en Gibraltar el 20 de marzo de 1969 la ceremonia duró solo tres minutos. Pero esos minutos, tan elaboradamente protegidos, fueron de hecho el final de la privacidad. Rápidamente invitaron a una audiencia global a su cama de luna de miel, un encamamiento de una semana de duración por la paz que se extendió desde el 25 al 31 de marzo, de 9 de la mañana a 9 de la noche, en la habitación 902 del hotel Hilton de Amsterdam. Dos de las personas más públicas del mundo se metieron en una pecera literal: la caja de cristal del Hilton. (...)
John y Yoko no se limitaron a ocupar la habitación. La rediseñaron como un escenario multimedia con una imagen particular en mente. Fueron en todos los sentidos los arquitectos de esa imagen. (...) Con su espalda contra la ventana, miraban al interior de la habitación en una especie de estrategia loosiana; Loos siempre colocaba el sofá contra la ventana, con sus ocupantes mirando al interior convertidos en una silueta contra la luz para aquellos que entraban en la habitación. Sus cuerpos contra la luz, sobre un fondo cubierto todo de blanco: blancas paredes, blancas sábanas, blancos pijamas y flores blancas, parecían volar sobre la capital holandesa.
El hotel está en la ciudad pero aislado, un oasis transparente. ¿Pero qué queda fuera? El telón de fondo es Ámsterdam, a la sazón el centro de la revolución cultural y sexual de la Europa de los 60, el centro de la experimentación con sexo, drogas, rock´n´roll, activismo político y protestas varias, contra la guerra de Vietnam, el gobierno local y los recortes en vivienda social, y en apoyo de la igualdad de derechos, aborto, e incluso formas alternativas de transporte.
La cama 24/7 de John Lennon y Yoko Ono anticipa la cama laboral de hoy. En lo que es seguramente un cálculo conservador, The Wall Street Journal señalaba en 2012 que el 80% de los jóvenes profesionales urbanos de Nueva York trabajaban de manera regular desde sus camas. La fantasía de la oficina en casa ha cedido el paso a la realidad de la oficina en la cama. El mismo significado de la palabra"oficina" se ha tranformado. Millones de camas dispersas están tomando el mando sobre los conglomerados de edificios de oficinas. El boudoir está derrotando a la torre. Las tecnologías electrónicas en red han eliminado todos los límites a lo que se puede hacer desde la cama. ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí?
La industrialización trajo consigo los turnos de 8 horas y la separación radical entre el hogar y la oficina o la fábrica, entre descanso y trabajo, noche y día. La post-industrialización devuelve el trabajo de nuevo al hogar y a la propia cama. Todo el universo se concentra en una pequeña pantalla con la cama flotando en un mar infinito de información. Tumbarse no es descansar sino moverse. La cama es ahora un lugar de acción.
El trabajador recostado ya no necesita piernas. La cama es la prótesis definitiva y toda una nueva industria se dedica a proveer de artilugios que faciliten el trabajo mientras estamos tumbados: leer, escribir, mandar mensajes de texto, grabar, emitir, escuchar, hablar y, por supuesto, comer, beber, dormir o hacer el amor, actividades que parecen haberse convertido últimamente en trabajo también. Dormir ha devenido un trabajo duro para millones, con la industria psicofarmacéutica ofreciendo nuevas medicinas cada año y un ejército de expertos en sueño dando consejos sobre cómo conseguir este objetivo por lo visto cada vez más difícil, todo en el nombre, por supuesto, de la productividad.
Esta filosofía ya estaba personificada en la figura de Hugh Hefner, quien como es bien sabido apenas abandonaba su cama, y no digamos su casa. Literalmente situó su oficina en su cama en 1960, cuando se mudó a la mansión Playboy en el 1340 de North State Parkway en Chicago, convirtiendo así su lecho en el epicentro de un imperio global, su atuendo de negocios convertido en pijamas y batas de seda. "No salgo de mi casa en absoluto!!!!... Soy un recluso contemporáneo", dijo a Tom Wolfe (...).
Hefner no estaba solo. La cama bien puede haberse convertido en la oficina americana definitiva desde mediados de siglo pasado. En una entrevista a Paris Review en 1957 se le preguntaba a Truman Capote sobre sus hábitos como escritor: "¿Escribe en una mesa? ¿Utiliza una máquina de escribir?", a lo que respondía:"Soy un autor completamente horizontal. No puedo pensar a menos que esté tumbado, ya sea en la cama o en un sofa, y con un puro y un café a mano".
Incluso los arquitectos han montado su oficina en la cama. Richard Neutra comenzaba a trabajar en el momento en el que se despertaba, con un elaborado equipo que le permitía diseñar, escribir o incluso entrevistarse desde la cama. Su lecho en la casa VDL de Silver Lake, en Los Ángeles, incluía dos teléfonos, tres puestos de comunicación para hablar con otras habitaciones de la casa (...), mesas de dibujo y caballetes que se desplegaban sobre la cama, luz eléctrica y un radio-gramófono manejado desde un panel de control sobre el cabecero (...).
El equipamiento que Hefner imaginó (alguno de cuyos artilugios, como el contestador telefónico, aún no existían) se ha puesto al servicio ahora de la generación de internet y los medios de comunicación social. La fantasía Playboy de la bella chica de la puerta de al lado es más probable que se haga realidad hoy con alguien de otro continente, y estaría por ver si ella es real o una construcción electrónica. ¿Importa? Como en la reciente película Her, un conmovedor reflejo de la vida en un estado suave y uterino resultado de nuestras nuevas tecnologías móviles, la "ella" en cuestión es un sistema operativo que resulta ser un compañero más satisfactorio que un ser humano. El protagonista se acuesta con ella, charlan, discuten, hacen el amor y finalmente rompen, todo ello a menudo en la cama.
Si, según Jonathan Crary, el tardocapitalismo es el final del sueño, colonizando cada minuto de nuestras vidas para producir y consumir, los actos del recluso voluntario no son al cabo tan voluntarios. La división decimonónica de la ciudad entre descanso y trabajo puede pronto quedar obsoleta. (...) El final del trabajo remunerado y su substitución por un ocio creativo ya fue imaginado en proyectos utópicos de los 60 y 70 por Constant, Superstudio y Archizoom, que incluían camas superequipadas. Ahí está, por ejemplo, el Cushicle y el Suitaloon de Michael Webb de 1964-67, en los que la cama electrónicamente mejorada para el sexo y el trabajo es también vestido, casa y vehículo. Si ya estamos viviendo en el 24/7, enfrentándonos a un futuro inminente de vida sin trabajo, ¿no deberían los arquitectos volver a la problemática que la cama y la nueva ciudad trae consigo? ¿No es el sueño una controversia arquitectónica?
Mientras tanto la ciudad ha empezado a rediseñarse a sí misma. En la presente sociedad aquejada de déficit de atención, hemos descubierto que trabajamos mejor en periodos cortos pero intensos interrumpidos por momentos de descanso. Se diseñan camas cerradas para espacios de oficinas y muchas empresas, como MetroNaps, ofrecen cápsulas-cama en la oficina para aumentar la productividad. (...) Pero estos espacios de relajación no están solo surgiendo en las oficinas. Nuevas tipologías de edificios dedicados al sueño surgen por doquier en las ciudades.(...) La controversia en torno a la cama se ha convertido en una controversia urbana. Nuevos tipos de intimidad están generando nuevas arquitecturas". (Beatriz Colomina, Pyjama party: what we do in bed en The Architectural Review).
sábado, 14 de marzo de 2020
Resilvestración salvaje
"Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando éstas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...
En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante, seguimos respirando...
En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquellos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquellos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.
En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?
En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.
En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?
En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de ésta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.
Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todo ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya está bastante en deuda y que nos lo está viniendo a explicar esta epidemia, a un alto precio". (Francesca Morelli. La foto es del centro de arte Aranya de Neri&Hu).
domingo, 8 de marzo de 2020
domingo, 1 de marzo de 2020
Resistencias
"Al hablar de "resistencias" nos referimos al tipo de proyectos disruptivos, que son parte del proceso de cambio propio de la actividad creativa. Solo superando resistencias se avanza en este tipo de procesos; es esa fricción resultante de la resistencia la que nos incita a pensar. Son , en este caso, objetos que poseen sin duda cierto espíritu áspero, duro, adusto, quizá menos empáticos, en los que se advierte una voluntad competitiva severa, pero son también objetos que nos hablan de momentos importantes para la reflexión. El escritorio Radical Fake [en la foto] realizado a partir de la intersección de elementos geométricos, que forma diferentes siluetas dependiendo del punto de vista desde el que se observa, es un buen ejemplo de este tema". (Exposición Patricia Urquiola. Nature Morte Vivante).
"En un libro titulado precisamente La Resistencia, Ernesto Sábato confiesa que su lema ha sido que hay que resistir, pero que no resulta fácil encontrar la forma de encarnarlo. Para el escritor la resistencia está relacionada siempre con el hecho de mantener la esperanza a modo de vela en la noche del mundo, y también, necesariamente, con el compromiso con los más débiles. Sin duda alguna quienes se sacrifican para cuidar a los desventurados encarnan la resistencia. En esta especie de testamento espiritual de Sábato, resulta muy significativo que se articulen noche, resistencia, esperanza y compromiso, y también que una de las conclusiones a las que llegue sea que "nos salvamos por los afectos", es decir, por lo que se hace de corazón. La actualidad destinal, dominada por la competitividad y la violencia contenida, contrasta con la inactualidad del corazón, del ágape o de los "estados de paz".(...) Hay vida más allá de la actualidad. Mejor dicho: sólo hay vida más allá de la actualidad. Vida, libertad y pensamiento se dan lateralmente. La libertad consiste en salir de la estadística hacia lo lateral capaz de crear, de resistir". (Josep M. Esquirol, La resistencia íntima).
"Clausurando un década diversamente llamada populista o identitaria, nos adentramos en una terra ignota recorrida por los temores milenaristas de la emergencia climática, por el auge del autoritarismo demagógico y por la transformación de la geopolítica y de la vida cotidiana con el surgimiento caudaloso de la inteligencia artificial y de la biotecnología. No es seguro que la mirada retrospectiva nos ilumine sobre el futuro que se precipita sobre nosotros, porque si la historia no ha sido nunca magistra vitae, la actual aceleración de los cambios técnicos y sociales sólo produce vértigo. Pero la resiliencia de los seres humanos, y la tenacidad de sus estructuras materiales y simbólicas invitan a la esperanza, por más que no puedan proyectar luz alguna sobre el porvenir. Sabemos que la única constante es el cambio, y a él nos iremos adaptando, agudamente conscientes de que estamos arrojados a la corriente impetuosa del tiempo, pero persuadidos también de que seremos capaces de navegar en ese mar incierto". (Luis Fernández-Galiano, Mirando atrás, en el Arquitectura Viva 221).
domingo, 23 de febrero de 2020
Postresilvestración (2)
Quizá la más curiosa aportación del crítico americano sea que Koolhaas ya había expuesto en el museo neoyorquino a poco de publicarse el Delirious New York (en 1978). En aquella ocasión en lugar de ocupar todo el museo, la exhibición se limitaba al, digamos, gallinero del edificio (el tramo de rampa más elevado justo bajo el óculo), y mostraba las imágenes de la ciudad (reales e imaginadas) que el equipo de Rem, el recién formado estudio OMA, incluía en el libro, siendo las más probables los flácidos rascacielos de inspiración daliniana de Madelon Vriesendorp o las ilustraciones que aparecen en el capítulo "ficticio" final. Allí se nos presentan edificaciones imaginadas para la ciudad como el hotel Esfinge o la Welfare Island (junto a la que se propone una reproducción gigante de La balsa de la Medusa de Géricault) así como la piscina flotante, un cuento surreal en el que unos arquitectos-socorristas huyen de la Unión Soviética en los años 30 nadando al unísono en una enorme piscina que gracias a sus evoluciones hacen avanzar para, brazada a brazada, alcanzar Nueva York cuarenta años después. Los anonadados nadadores se encuentran a unos neoyorquinos posmodernos (estamos ya en 1976) que rechazan las formas angulosas y modernas de la piscina errante ("en su implacable sencillez, la piscina era para ellos una amenaza: como un termómetro que pudiese insertarse en sus proyectos para tomar la temperatura de su decadencia") y deciden huir East River arriba en su piscina-navío para acabar colisionando con la balsa de la Medusa: "el optimismo contra el pesimismo. El acero de la piscina se hunde en el plástico de la escultura como un cuchillo en la mantequilla". Así es Rem: absurdo y nadador compulsivo (en Córdoba, cuando presentó su proyecto para el auditorio finalmente no construido, exigió un hotel con piscina de dimensiones casi olímpicas). En el artículo de Kimmelman se ven añejas fotos de dicha exposición, llamada The Sparkling Metropolis, en la que puede verse a una joven Zaha Hadid que trabajó en OMA en sus inicios. Pues bien, según el crítico del NYT la presente exposición de Koolhaas (Countryside, the future) no sería sino una suerte de epílogo de Delirious New York (si lo piensas, el campo high-tech no es sino un parque temático tecnológico como aquel delirante Coney Island) y epílogo quizá también, aventura aún más el crítico, de su carrera. En los mismos cuarenta años que tardaron los arquitectos nadadores de la fábula en alcanzar Nueva York, el Rem camp, en un periplo no menos épico, ha devenido campero.
Para la exposición que nos ocupa el diseño gráfico ha corrido a cargo de Irma Boom, la diseñadora de libros ampliamente reconocida en Holanda. Hace unos años se encargó de la imagen corporativa y el nuevo logo del Rijksmuseum cuando fue reabierto tras su extensa rehabilitación, según dijo se inspiró en la modernidad sin estridencias de Cruz y Ortiz. Ha diseñado igualmente el catálogo de la exposición, que según nos cuenta Kimelmman es sorpresivamente mínimo, del tamaño de la palma de una mano (Rem como sabemos es adicto a los volúmenes desorbitadamente grandes).
Si el artículo de Wainwright se centraba en el megapolígono de almacenes anónimos de Reno que había sublimado al holandés, Kimmelman nos habla de Koppert Cress, una empresa high-tech productora de micro-verduras de una extensión de 23 campos de fútbol (en la foto de arriba) situada a las afueras de La Haya adonde Rem lleva al crítico norteamericano. No por nada Holanda es la segunda productora de alimentos del mundo. Como curiosidad decir que fue precisamente en La Haya donde Koolhaas, que como todos sabemos fue periodista antes que arquitecto, comenzó a escribir, en concreto para para un semanario local. Todos sabemos también que hizo sus pinitos como guionista cinematográfico (como su padre), lo que no sabía es que a punto estuvo de saltar el charco pues escribió un guión para una película de Russ Meyer, el productor americano de softporn, que al final no salió adelante (Rem está en IMDb!). Ambas facetas son obvias en Delirious New York. Ya que estamos en La Haya diremos también que Rem probablemente disfrutara visitando el museo municipal, obra póstuma de Berlage, un edificio casi ya moderno que en su despojamiento zakelijke (el sachlich holandés), sus innovaciones técnicas para regular la luz mediante lamas accionadas mecánicamente y su obsesivo patrón reticular recuerda al sobrio almacén tecnológico que tanto obnubila hoy al autor de S, M, L, XL.
Kimelmman nos da, como hacía Wainwright, un paseo por algunos de los temas y personajes de la exposición, presentándonos algunos nuevos como el arquitecto alemán Herman Sörgel que en los 20 elaboró una peregrina idea para unir África y Europa en un nuevo continente de nombre Atlantropa. Pretendía crear una enorme presa en el estrecho de Gibraltar que bajaría el nivel del Mediterráneo unos 100 metros, con consecuencias impredecibles. Parece uno de los relatos de Delirious (más info aquí). Más realista pero casi tan espectacular, la exposición también presenta un proyecto en curso de nombre the Great Green Wall financiado por la Unión Africana que busca convertir una extensión de 4.700 millas de desierto en tierra cultivable.
El crítico americano ofrece un par de pinceladas sobre el carácter extremo, inquieto y alienígena de Koolhaas. Y da una de cal y una de arena. Le gusta su aproximación marciana a los problemas, una recomendación que le dieron en su etapa periodística: hay que enfrentarse a los problemas como si fueras un marciano, "con una inocencia que puede parecer despistada pero que también te permite darte cuenta de lo que otros ya no son capaces de percibir porque se ha convertido en demasiado familiar", y deja claro que su exposición es un trabajo impresionante (son 5 años de investigación de su equipo y una legión de investigadores de distintas universidades) que pone el foco en un campo olvidado y resentido (el mismo que puso a Trump en el poder), pero también incide en el carácter demasiado equidistante del arquitecto. Rem no se moja: "No toma una posición política sobre muchos de los temas candentes que la muestra presenta, retratándose como un reportero, no un crítico, realista pero no cínico, igualmente fascinado y horrorizado, negándose a hacer juicios morales o llamamientos a la virtud. Una pose familiar en él, que puede confundir a unos y frustrar a otros". La moralina no es cool.
Pero la verdad es que necesitamos referentes, acaso más que nunca. No quiero ponerme katastrophal, pero la realidad se torna a veces algo acongojante. Lo post-human campa por sus fueros, con los algoritmos como nueva religión y los big data como su sumo pontífice. Europa, ajada, hace aguas atacada desde dentro por un Reino Unido que nos deja malheridos, empeñados en su splendid isolation (ahora se llama cakeism: me quedo con el pastel y me lo zampo entero ¿no se habrá quedado este país anclado en el siglo XIX?) y desde fuera: es evidente que el futuro es chino, y su filosofía anonada: armonía frente a libertad, jerarquía frente a democracia, colectividad frente a individuo... (pero claro, levantan un hospital en diez días). Y de Trump o Putin mejor no hablamos. El Renacimiento, la Ilustración, a tomar viento.
Acabamos citando el final del artículo de Kimmelman: "Romper la conexión entre humanismo y arquitectura es por supuesto extremadamente aterrador", me dice Mr. Koolhaas cuando abandonamos Koppert Cress. "Pero es también estimulante". "
domingo, 16 de febrero de 2020
Postresilvestración
Koolhaas (a sus 75 años) abandona la ciudad y se nos va al campo. Sí, es la exposición que lleva anunciando años y que este jueves al fin verá la luz en el Guggenheim neoyorquino (Countryside: the Future: no sé si nuestros agricultores estarían de acuerdo). Ante tal efeméride Wainwright ha hecho una entrevista al arquitecto para un artículo en The Guardian que empieza así: "Fue mientras visitaba un burdel a las afueras de Reno, en Nevada, cuando Rem Koolhaas tuvo su última epifanía". Tras tan joyceano comienzo convendrás conmigo que ya estás casi conminado a leer el artículo. Pues así es. Rem, que cuando nadie hacía ni caso a la ciudad de los rascacielos se lanzó a diseccionarla en el aquí comentado Delirio de Nueva York (otros fenómenos urbanos seguirían), resulta que se ha metido a estudiar el campo ahora que todo el mundo está loco por las urbes. Para mí que son ganas de tocar la napia. Pues eso, que en Reno Rem redescubrió el campo (neocampo habría que llamarlo, luego te cuento) de la mano de un visionario promotor (Lance Gilman), hoy "brothel baron", quien compró en 1998 107.000 acres de terreno en Nevada destinados a coto de caza. Tras recalificarlos para uso industrial, hoy los pueblan enormes almacenes impersonales de las más potentes empresas estadounidenses (Walmart, Google, Tesla...), brutales cajas ciegas surgidas "como hongos rectangulares tras la lluvia" en palabras de Wainwright: es el Tahoe Reno Industrial Center (TRIC). Según se puede leer en su página web, puedes ponerte a construir en el megapolígono tan solo 30 días después de presentada la solicitud. Que viva el campo.
Y fue aquí, al contemplar estos "hangares pantagruélicos" donde Koolhaas tuvo su visión epifánica (algo así como lo que les paso a Le Corbusier y demás modernos con los descomunales silos también norteamericanos). Habla el holandés errático: "No ha existido una arquitectura de igual fuerza en los últimos 100 años. Se basa en códigos estrictos, algoritmos, tecnologías, ingeniería y rendimiento, no en intención. Su carácter aburrido es hipnótico, su banalidad apabullante". Esa es, nos cuenta Wainwright, su "ode to the shed", oda al almacén anónimo, acaso no muy lejana de la que también le dedicara Venturi. A Rem le llama la atención (aparte de por lo del bigness que tanto le sublima) porque dichas construcciones de incógnito no tienen nada que ver con la ambición arquitectónica, son meros edificios "ultra-utilitarios" y "post-humanos", que además influyen en la arquitectura seca que OMA está haciendo en estos momentos (así, en Brighton): "los edificios aquí", señala Rem en el catálogo de la exposición refiriéndose al TRIC, "no son para humanos sino para cosas y máquinas. Mil años de historia arquitectónica y cultural arrojados por la borda".
¿Se resilvestra Rem? Ciertamente no si entendemos la resilvestración como una vuelta a la Arcadia cándida de Heidegger. Porque es que el campo ya no es lo que era. Como dice el arquitecto, tras estudiar zonas presuntamente rurales de Suiza y Holanda, el campo hoy "es una mezcla tóxica de experimentación genética, ciencia, nostalgia industrial, inmigración estacional, compra compulsiva de terrenos, subsidios masivos, asentamientos fortuitos, incentivos fiscales, inversiones, agitación política, en otras palabras, más volátil que la más acelerada de nuestras ciudades". Mientras nadie miraba, la revolución estaba sacudiendo nuestra campiña. La exposición reflejará ese campo marciano: a la entrada del museo habrá un tractor hi-tech que se puede manejar con una tablet junto a un módulo de cultivo de tomates al calor de una luz rosa. En el atrio del edificio de Wright penderá un satélite y un dron submarino utilizado para controlar los arrecifes de coral hará sin duda las delicias de los más pequeños. Cómo me recuerda todo esto a esa escena de Blade Runner 2049 en la que K acude a una "granja" para retirar a un viejo Nexus 8 que se dedica a cultivar gusanos para obtener proteínas (de hecho mientras esto escribo estoy escuchando un mix techno de la banda sonora de Hans Zimmer en rallante bucle para ambientarme). Los temas que la exposición promete conforman también un agitado mix que Wainwright presume inevitablemente inconexo pero sin duda interesante: cómo están transformando África las inversiones chinas, cómo interactúan los gorilas con los turistas en el Congo, cómo se ha realojado a los inmigrantes en pueblos abandonados de la antigua Alemania del Este, el impacto del deshielo del permafrost en Siberia...
Heidi ha devenido replicante. Te dejo con un video de dos minutos en el que Rem nos explica su exposición. Me quedo con esa escena en la que le vemos paseando por un campo cultivado vestido de Prada.
domingo, 9 de febrero de 2020
Cíclopes
Si en la última entrada dábamos protagonismo a la biblioteca Town House de Grafton Architects, esa construcción performativa donde como recordarás se lleva casi al paroxismo el aula sin muros de McLuhan buscando una intensa interacción entre sus usuarios (hasta incluso encontrar, como señalaba Yvonne Farrell, una de sus autoras, el amor en sus escaleras y plataformas abiertas como si de aquel Love Boat se tratara), hoy vamos a dar un giro total y tal que nos vamos a centrar en construcciones últimas donde los muros puros y duros son protagonistas. A ver qué te gusta más.
Nos vamos en nuestro viaje primero a Mallorca, donde Ted'A arquitectes (estudio formado por Irene Pérez y Jaume Mayol) nos ofrece Can Jaime i n'Isabelle, una casa casi brutalista construida con hormigón ciclópeo, así llamado el cemento que se mezcla con pedruscos locales en una suerte de primitivo hormigón armado. Ciclópeas se llaman también a las estructuras realizadas en la antigüedad con grandes piedras y casi sin argamasa, tan impresionantes que se decía su construcción sólo los míticos cíclopes podrían haber ejecutado. El tejado, resilvestrado con especies vegetales autóctonas, junto a los mudos muros da a la vivienda un aspecto de tótem milenario.
Otro experto en muros brutales es sin duda el suizo Valerio Olgiati, portada hace un par de números de Arquitectura Viva. Su casa en el Alentejo (Villa Além), comparada por los locales a una estación de tren o a la villa de un capo de la droga, hace gala de unos potentes muros de hormigón de más de 5 metros de altura que se abren en su parte superior hacia afuera como si de una enorme caja de cartón se tratara (pétalos en palabras del arquitecto), encerrando un jardin clos con vegetación autóctona. Las fotos de su interior pueden resultar claustrofóbicas, aunque no nos importaría pasar allí un par de semanas, bueno, una, de contemplación mística. Para esta arquitectura alienígena y descontextualizada (que recuerda a los escenarios creados para Blade Runner 2049, alguno de ellos por cierto inspirados por diseños de Barozzi-Veiga), Olgiati se ha inventado la oportuna etiqueta de non-referential architecture.
Observa también la extrema dureza visual de estos muros de hormigón con los que Andrea Frapolli ha restaurado un conjunto de casas de campo en Prosito (Italia). Piedra y cemento, aquí juntos pero no revueltos, casan bien aunque no todo el mundo estaría de acuerdo; recuerdo ahora la última ocurrencia de Trump: una ley, al parecer de nombre Making Federal Buildings Beautiful Again ¿te suena? para embellecer los edificios oficiales a base de recurrir al estilo neoclásico. Qué manía tienen los anglosajones con lo de hacer arquitectura bonita (ya hablamos de la comisión que dirigía Roger Scruton en Inglaterra, Building Better, Building Beautiful). ¿Se puede hacer de la belleza algo objetivo? Scruton defendía que era posible -y es obvio en no pocos casos- pero no lo veo aplicado de manera generalizada.
Si se puede señalar un ejemplo realmente espectacular, ese es sin duda C'an Terra, en Menorca, donde Ensamble Estudio (con Antón García-Abril a la cabeza), ha transformado una antigua cantera en vivienda post-apocalíptica (en la foto de arriba). Aquí los muros se excavan en la propia tierra, conformando espacios estereotómicos y trogloditas ideales desde una perspectiva háptica y no digamos ecológica. Santiago de Molina nos recuerda en Hambre de Arquitectura: "Consciente de las propias limitaciones disciplinares, Carl Sandburg describió la poesía como "el diario escrito por una criatura del mar que vive en la tierra y desea volar". Otro tanto cabría decir de la arquitectura. A pesar de envidiar la fluidez con la que se desenvuelven los seres oceánicos y de ansiar el vuelo imposible desde sus torpes patas ancladas al barro, ¡qué hermoso es escarbar en sus profundidades y saberse allí usufructuario de aquellos territorios!". Y Fernández-Galiano, en el editorial de un número de Arquitectura Viva (209) dedicado a la construcción bajo tierra (de nombre Criptoarquitectura), apuntaba que era inevitable "sucumbir a la atracción onírica de lo enigmático", señalando que "el descenso a las entrañas de la tierra es un itinerario simbólico de inciación al misterio que nos captura con su magnetismo animal, haciendo de las criptas y los sótanos cuevas primigenias que esconden y revelan lo secreto". En el interior de C'an Terra sería difícil no recordar la cueva del más literario de los cíclopes, Polifemo, quien apresó allí a Eneas y sus hombres.
Muy mala prensa tiene el muro, pero a veces es necesario. Acabamos, como de costumbre últimamente, con Esquirol y La resistencia íntima: "Desde Marx hemos aprendido a denunciar la alienación perpetrada por el sistema capitalista sobre el trabajo de los obreros, pero resulta que ahora está en marcha una nueva forma de alienación, más eficaz que nunca, en la que todo el mundo se sumerge sin prevención alguna. La red fascina y absorbe, y no queda nada o muy poco de íntimo; todo se externaliza, sale fuera para exhibirse, y ya no habrá retorno. Ésta es precisamente la definición de alienación: lo que sale y ya no vuelve. Debilitamiento del espíritu, de la personalidad, del sí mismo. (...) Nos externalizamos convirténdonos en datos e imágenes (...). El imperio de la actualidad es el imperio de las imágenes y la ausencia de imaginación. (...) Resistir en lo inactual quiere decir situarse al margen, en la lateralidad, y proteger ahí la diferencia. (...) Mientras la actualidad disimula el abismo de este mundo y patologiza la existencia (si una persona siente pánico alguna noche, se le recomienda que busque la terapia adecuada para este desorden psicológico), la resistencia mira al abismo de cara, y por eso, es capaz de recuperar las palabras y de dar la mano". Pero cuidado, la solución no está en el aislamiento, es sólo el paso intermedio: "La cuestión no es tanto interioridad o exterioridad, sino más bien qué tipo de tránsito, qué tipo de relación existe entre ambas.(...) La resistencia íntima no alude a ninguna cerrazón. Son las aberturas, no las murallas, las que nos vinculan con la exterioridad. A casa se vuelve porque se sale". Murallas que se quiebran, como dijo Alberti (Rafael), con suspiros.
domingo, 2 de febrero de 2020
Espirales
Esta semana mi vástago ha tenido que presentar un proyecto para la asignatura de francés consistente en grabarse haciendo una serie de tâches ménagères (labores del hogar) mientras las explicaba, ojo al dato, cantando. El chaval, ya adolescente para más enjundia, es tan poco performativo como su padre, y ha sido tarea ardua meterle en el papel. Me he ofrecido incluso a salir en el video, por aquello de compartir el ridículo, haciendo algo (había pensado leyendo el periódico, en plan crítica contra el heteropatriarcado), pero por supuesto se ha negado. Le ofrecí también poner música de fondo (pensé en Monkey Business del álbum recién estrenado Hotspot de los Pet Shop Boys con guiño final a Giorgio Moroder), pero de nuevo negativa furibunda. En fin, perdona que te cuente estos retazos de little life que diría Eliot, pero es que tenía que desahogarme. Y es que la enseñanza de los idiomas, tan compleja ella, lleva a espirales a menudo surrealistas, si lo sabré yo. Un experto en el tema me dijo una vez muchos años ha que, de hecho, un idioma se aprende en espiral, quedándoseme tan epifánica revelación grabada en la memoria de manera indeleble por tiempos sin fin.
Pues hablando de espirales hoy te traigo unas cuantas que de pronto han aparecido por doquier. La primera la tienes en la foto de arriba, es la recién inaugurada biblioteca Town House en la universidad londinenese de Kingston, que algo tendrá cuando los dos críticos arquitectónicos más punteros del Reino Unido (Rowan Moore y Oliver Wainwright), le han dedicado esta semana crítica, muy positiva por cierto. Sí, me vas a decir que eso tiene de espiral lo mismo que la Almudena, pero te aseguro que así lo afirman sus autoras (el estudio irlandés Grafton Architects), que acaban de recibir por cierto la medalla de oro del RIBA. Se refieren, metafóricamente, a una "espiral social" diseñada para favorecer la "abrasión" e interacción entre los estudiantes mediante un diseño abierto y fluido (un "paisaje de aprendizaje"): "¿Para qué venir a la universidad cuando se puede estudiar online?", se pregunta Yvonne Farrell, la mitad de Grafton, "pues para conocer gente y enamorarse" (Wainwright de hecho titula su crítica El nido de amor de 50 millones: la nueva biblioteca de Kingston es un lugar para encontrar libros y algún romance). Y ha tenido éxito: los estudiantes visitan el flamante edificio en masa generando un alegre y confuso alboroto que resulta algo contradictorio en una biblioteca. Plagado de plataformas abiertas (acaso palcos o pedestales, ideales para la generación del selfie y la sobreexposición transmedia) conectadas con escaleras, a Moore el edificio le recuerda a las "calles en el cielo" de los edificios brutalistas, no por nada considera a las arquitectas herederas de dicha corriente arquitectónica de triste memoria. También su seca arquitectura y su voluntad de conectar horizontal y vertical (no para otra cosa sirve la espiral) acercan la Town House al espíritu sobrio y utópico de la modernidad. En el acaso insoluble dilema entre resilvestración y desilvestración en el mundo de la educación, la Town House nos ofrece un ejemplo para la reflexión.
Otra espiral que también nos ha llamado la atención ha sido el centro cívico Exchange en Sídney, a cargo de Kengo Kuma. También incluye una biblioteca amén de otros equipamientos, y ha sido definido como nido, colmena o capullo de gusano de seda que, gracias a su dinámico recubrimiento de madera, trae un soplo de aire fresco al centro de la urbe australiana, un "oasis en medio de la jungla urbana" en palabras de Kuma (la resilvestración, de nuevo). Aún podemos añadir a nuestra lista de espirales esta curiosa estructura del estudio Dorchi en Shenzhen (la Torre de la Espiral precisamente), un bello mirador destinado, en palabra de los arquitectos, a "despejar el estado de ánimo melancólico propio de la ajetreada vida urbana". Estirando un poco el concepto de espiral, aunque realmente no lo sea, incluimos en este acelerado listado el Museo de Arte He, que Tadao Ando construye en estos momentos en Shunde (China). Con una estructura de círculos apilados, dispondrá de una escalera de caracol de doble hélice que te permitirá ascender hacia un óculo en lo que sin duda será un edificio de sobria espectacularidad.
Despido ya esta entrada tan transescalar. Las espirales nos llevan a lo más alto en un bello espejismo que la vida, tozuda, se encarga de desbaratar: "El planeta es redondo, pero la tierra es plana, y en la planicie andamos hasta el final del itinerario de la vida, agotando todas las fuerzas. Final que no tiene forma de muro. Es la tierra la que reclama y la poca fuerza que todavía te mantiene en pie cede; no un muro, sino la gravedad de la horizontal. Sobre un plano, que es una planicie, caminan los mortales, al abrigo del frío polar y de la reciedumbre terrena. Sobre un plano, que es una planicie, imploran cobijo y suplican palabra. Sobre un plano, que es una planicie, no cabe elevarse por encima de los tejados de las casas y hacia el éter del cielo, ni tampoco hundirse en los durísimos estratos de gea. Esta situación determina el gesto y el pensamiento. Se puede soñar, eso sí, y huir, y sentirse ascendiendo como los cometas de los niños o los globos. Pero después habrá que aterrizar y volver a la llanura. Conviene no ir con excesiva carga, pero tampoco vale librarse de todo el lastre, porque -con el lastre- podrías perder el alma". (Josep M. Esquirol, La resistencia íntima).
domingo, 26 de enero de 2020
Resilvestración (2)
"La proximidad a las cosas y a los otros no se aviene con las abstracciones. Resulta curioso que, hoy más que nunca, andemos faltos de concreción. De ahí que sea imperioso un nuevo materialismo: el de las manos que toman y tocan; el de los olores que sentimos y el de los colores -fuera de las pantallas- que vemos. Casi equivalente al esquema marxista: sin las manos, las figuras de la imaginación se convierten en tan abstractas que pierden su significado. El materialismo del que andamos faltos no es el teórico -casi contradictorio en sus términos- sino el más concreto, y, por tanto, el más verdadero de todos. Si no lo recuperamos, entonces la era digital sí será, sobre todo, la era de la evasión, el opio renovado para el pueblo. En forma imperativa se podría decir: "Por favor, tocad tanto como podáis". Tocad la tierra, los troncos de los árboles, las piedras, la fruta, los cuerpos deseados... acariciad el aire y abrazad a los hijos y agarrad las mantas y haceos la comida. (...)
Sencillez no equivale a banalidad.(...) Lo que llena el día a día, así como el paso de los meses y los años, podría considerarse de poca monta, mediocre, en nada sobresaliente, como una vida muda, "materialista", de vuelo raso... Pero esta manera de ver sería, en realidad, corta de miras. No sólo porque es posible hacer un análisis serio de todas las excelencias (fama, notoriedad, honor...) y descubrir en ellas mucha banalidad y apariencia, sino también porque hay una indiscutible dignidad en la vida sencilla de la gente". (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima).
"Se cuenta que el arquitecto sueco Sigurd Lewerentz (1885-1975) llegaba a las obras de sus iglesias de St. Mark en Björkhagen (1956-1960) y St. Petri en Klippan (1963-1966) muy temprano por la mañana, cuando los albañiles comenzaban su jornada de trabajo y, sentado en una silla, señalaba con su paraguas un ladrillo de la pila y después el lugar donde iba destinado en el muro que se estaba construyendo. En los muros y en las bóvedas de Sigurd Lewerentz, tendidos con gruesas juntas de mortero, cada ladrillo mantiene su individualidad y la aspereza de la obra de fábrica expresa la cualidad física del trabajo; casi puede sentirse el olor a sudor de los albañiles y escuchar sus charlas." (Juhani Pallasmaa, La mano que piensa).
domingo, 19 de enero de 2020
La casa (2)
Esta semana hemos visto fotos de la casa que Pawson se ha hecho en los bellos Cotswolds y de inmediato hemos deseado replegarnos en ella como dice Esquirol en el libro que me estoy leyendo, La resistencia íntima, y que te citaba en la última entrada. El filósofo catalán cita mucho a Heidegger, que como todos sabemos se replegó en una aislada cabaña para escribir y decía aquello de que "en una noche cerrada de invierno cuando una salvaje y poderosa tormenta desata su furia alrededor de la cabaña y oculta y cubre todo, ése es el momento perfecto para la filosofía". Muchos otros pensadores obraron igual, demostrando acaso que la creatividad solo es posible en soledad, ahí van algunos: Mahler, Grieg, Knut Hamsun, Wittgenstein, Strindberg, Dylan Thomas, Lawrence de Arabia o Virginia Woolf (quien afirmara: "una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción" en A Room of One´s Own). Eduardo Outeiro señala en Cabañas para pensar: "La cabaña es la cueva hecha acto de de pensar. O el pensamiento hecho estructura. Parece ser el armazón-materialización de un deseo, de una pulsión arrolladoramente intensa. El exoesqueleto de una actividad. Como la armadura de Quijote. Sale de dentro afuera".
Pero qué bonito. Ahora bien: ¿podremos algún día todos los mortales, y no solo cuatro intelectuales, gozar de los beneficios de la casita aislada? Pues no, entre otras razones porque nuestra maltrecha Tierra no da para tanto. Nuestra época reclama nuevos modelos de habitar y nuevas formas de construir. El proyecto Entresitios, en el madrileño barrio de Usera, es un buen ejemplo. Como explica su arquitecto, Iñaki Alonso, el edificio, construido parcialmente en madera, tiene una vocación socializadora ("cohousing") que haría feliz a Andrés Jaque: así, el ático, en lugar de reservarse a unos pocos vecinos acaudalados se dedica a zonas comunes, lo cual no deja de tener su lado oscuro en forma de posibles fricciones vecinales (la puertourraquización de la que hablaba Jaque). Un sistema similar sería según la arquitecta Paz Martín ideal para enfrentarnos a las necesidades de vivenda adaptada para el tsunami gris que se avecina. Otras formas de construir como decíamos son también necesarias. Esta misma semana Oliver Wainwright, tras afirmar que el sector de la construcción en Gran Bretaña emplea el 60% de los materiales producidos y emite el 45% de todo el CO2 que genera el país, se hace la siguiente pregunta: ¿Y si no se construyeran nuevos edificios sino que se reciclaran los ya existentes? Y nos presenta a Thomas Rau, un arquitecto holandés que trabaja en la catalogación de materiales presentes en edificios para su posible reutilización: "Hay que pensar en los edificios como depósitos de materiales". Holanda es puntera en estos planteamientos circulares, con propuestas como eliminar el concepto de propiedad (que mata la innovación según Rau) por el de alquiler de los materiales (desde la fachada hasta las bombillas) obligando a las grandes empresas a ofrecer planes de mantenimiento y lograr acabar, por ejemplo, con la obsolescencia programada. En la misma línea, la urbanización danesa Resource Rows (en la foto de arriba) reutiliza fragmentos de fachada de la destilería Carlsberg en Copenhague, recientemente demolida, reduciendo las emisiones de CO2 en su construcción en más de un 50%. Estas drásticas medidas son mucho más efectivas que los actuales certificados de sostenibilidad que, como Eduardo Prieto señalaba en otro artículo aparecido esta semana en El Mundo, se otorgan a edificios que parecen todo menos sostenibles: "Este modo sostenible -este modo contable- de entender la relación de los edificios con el medioambiente no tendría nada malo si no fuera porque resulta rudimentario en su afán por reducir la complejidad de la arquitectura a datos numéricos. La medida de la sostenibilidad arquitectónica la dan hoy certificados emitidos por empresas especializadas que, acreditando la condición ecológica de un edificio, lo dotan también de un prestigio ético que muchas veces produce perplejidad: ¿cómo es posible -nos preguntamos- que tantas construcciones completamente vidriadas y herméticas puedan blasonar de certificados verdes pese a refutar el más chato sentido común?". Lo mismo puede decirse de esos SUV premium híbridos de 450 CV, 3.000 kilos y distintivo medioambiental ECO. Prieto por cierto, filósofo y arquitecto, acaba de publicar libro sobre el tema: Historia medioambiental de la arquitectura. Y podemos ampliar la escala: en The Guardian de nuevo un interesante artículo propone volver a las ciudades low-tech "tontas" ante la posibilidad cierta de que las ciudades "inteligentes" donde todo queda controlado y registrado telemáticamente acaben resultando demasiado costosas y complejas de gestionar (y por cierto, ¿adónde irá tanto dato? ya hay quien habla de"surveillance capitalism"; el capitalismo de la vigilancia). El artículo propone una resilvestración de las ciudades siguiendo ejemplos de arquitecturas vernáculas que han demostrado su eficacia.
Todos los pre-pre-millennials educados con Heidi (puro Heidegger, por cierto), sufrimos un shock emocional sólo comparable a la muerte de la madre de Bambi cuando nos enteramos de que las vacas, esos animales bucolizados y de inocencia primigenia (Loos comparaba precisamente su ruda belleza con la de la casa), podían ser también nocivos y contaminantes, en concreto sus flatulencias. Otra de las batallas que se está librando en la guerra sin cuartel contra el cambio climático se centra en la reducción o incluso eliminación del consumo de carne. Y no sólo porque evitaría que se aliviaran hacia una atufada atmósfera ingentes cantidades de metano, sino porque ello liberaría terreno para uso agrícola. George Monbiot tiene un documental sobre el tema de título Apocalypse Cow. Puede haber otras soluciones: ¿Recuerdas a Philip K. Dick preguntando si los androides soñaban con ovejas eléctricas? Ya se han hecho experimentos hibridando robots mínimos con células animales, así que podemos soñar con tener en un futuro animales que aporten carne para consumo pero que sin embargo, y me vas a perdonar, no se pedan. Mientras tanto, la resilvestración (que ya adelantara nuestro César Manrique) se impone, llegando incluso a los museos, así la exposición Narciso o la floración de los mundos que puede verse ahora mismo en el MÉCA de Burdeos (el centro cultural diseñado por BIG), tendencia que puede llegar a extremos delirantes como el taller que Zhang Bo planteó en la última Bienal de Venecia (Plant Sex Workshop): cómo tener sexo con una planta (¿con paciencia?).
En fin, reiremos por no llorar. El tema lo permea todo, y no es para menos. Hasta Manuel Rodríguez Rivero en su columna de Babelia, glosaba ayer mismo un libro sobre ello, Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros de Jorge Riechmann: "Riechmann parte de que ya no se puede detener la catástrofe, porque la lógica y la evolución del capitalismo "fosilista" desde los años setenta del siglo XX hacen sospechar que ya no habrá tiempo "para transiciones socioecológicas razonables". Ya estamos, viene a decir (...) en "tiempo de descuento". (...) El Titanic -Riechmann reutiliza el símil- ya se ha topado con el iceberg, y lo mejor que podemos hacer es aceptar lo inevitable y organizar el salvamento, sin autoengaños ni mixtificaciones: de eso va el libro". Pues eso, que hay que aprender a "colapsar mejor". Te invito a acompañar esta dolorosa apreciación con el nostálgico tema central de Blade Runner 2049 de Hans Zimmer, en la estela de la mítica banda sonora de Vangelis (en él suena, alto y claro, el legendario sintetizador CS-80).
En bucle melancólico, acabamos como empezamos: con filósofos, cruciales en estos tiempos acaso terminales. Esta semana, Roger Scruton se nos ha ido. Solo le conocía por sus sonadas polémicas como director del organismo británico Building Better, Building Beautiful (te prometo que la primera vez que leí el nombre de esta comisión gubernamental me pareció una coña del articulista), pero resulta que era un destacado filósofo conservador. También activo ecologista, arrimaba el ascua a su sardina ideológica afirmando que la lucha por el medioambiente, tradicionalmente considerada de izquierdas, se basaba en la preservación a ultranza, el equilibrio y la oikofilia ("el amor al hogar") y era por tanto en esencia conservadora. Lo que está claro es que dicho amor al hogar debe salir del reducto de la casa y extenderse al planeta entero como ya hace varias décadas afirmaba Buckminster Fuller: no somos sino pasajeros en la nave espacial Tierra.
domingo, 12 de enero de 2020
La casa
"En algunos juegos infantiles como el de pillar, cuando pasa el peligro y el chico o la chica consiguen llegar a una zona segura exclaman:"¡Casa!" o "¡Salvado!". Merece la pena fijarse en la cara de satisfacción que ponen al pronunciar estas palabras. Reveladora equivalencia: la casa salva. Pero ¿de qué nos salva? Nos salva, por de pronto, de la inmensidad. De la inmensidad que espanta a Pascal o que, tomada como imagen, sirve a Nietzsche para acentuar en un momento dado nuestra insignificancia. Minúsculos granitos de arena perdidos en el océano del infinito, listos para su inminente desaparición-disolución; esta imagen recurrente tiene el contraste de la casa. La poderosa inmensidad, con talante de abismo, cede -por lo menos provisionalmente- ante la protección que la casa le ofrece al mortal. En un universo de dimensiones inimaginables, la casa actúa como el centro del mundo. De ahí que la casa modesta sea más casa que el gran palacio. El centro requiere más delimitación, más definición, y, sobre todo, más calidez (...)
La separación dentro-fuera determinada por las paredes y por el tejado, además de relativa, no supone ni cierre ni aislamiento, sino, al contrario, la condición de posibilidad de la salida. ¿Acaso sería posible coronar la cima de la montaña más alta sin pasar la noche en la tienda de campaña o en el refugio? De ahí que hayamos señalado que la resistencia como recogimiento no se opone a la idea de proyecto; más bien, desde ese punto de vista, se revela como su condición de posibilidad.(...)
La casa es la concavidad del cobijo, de la misma manera que el cuenco formado con las manos lo es del don. El tejado de la casa se parece a la figura de las manos juntas mirando hacia abajo; las palmas serían el techo. El cuenco se hace con las mantos juntas hacia arriba. Con el cuenco se da y se ofrece; con el techo se guarda y se ampara. El cobijo lleva al don. Se da en casa y se sale en casa para dar. (...)
"Casar equivale a unir. Recoger y replegarse son gestos de quien dona. Donde Deleuze hace una filosofía de los pliegues, nosotros ensayamos aquí una filosofía del repliegue, que no es una variación de aquélla sino una alternativa. Los pliegues no suelen tener centro; el repliegue, sí. Los pliegues proceden de los planos y permiten pensar la multidimensionalidad; el repliegue, de la acción de replegarse. Los pliegues son composición, el repliegue, sencillez. Los pliegues, exterioridad; el repliegue, apartarse ("apartamiento", retirada). El repliegue es, a la vez, prólogo y epílogo del don". (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad).
sábado, 4 de enero de 2020
Jaque y la gata Niebla (2)
Seguimos hoy comentando Mies y la gata Niebla, que ya acabé. Lo trans y lo escalar son conceptos clave en el libro de Andrés Jaque, que en sus últimos ensayos gana en interés. Así, bajo el título de Urbanismo transmediático, el arquitecto madrileño nos presenta el que es, en mi opinión, el mejor ensayo de su libro. Ofrece un estudio realmente interesante y documentado (y a ratos espeluznante) de cómo Berlusconi consiguió convertirse en una figura todopoderosa en la Italia de no hace tanto. Resulta que su imperio audiovisual, el que a la postre le ayudaría a alcanzar la presidencia del gobierno de su país, se forjó en la promoción inmobiliaria, en concreto de la inmensa urbanización Milano 2 iniciada en 1968, que llegaría a convertirse en mucho más que una simple ciudad satélite de Milán. Diseñada por la inmobiliaria que presidía (Edilnord Centri Residenziali) como un proyecto dirigido a un target poblacional específico (jóvenes profesionales urbanos que trabajaban en grandes multinacionales: su lema era la città dei numeri uno), acabó convertida en un ghetto glamuroso y autosuficiente no solo en lo tocante a servicios y bienes (provistos por empresas afines a Berlusconi) sino también en el ocio. Es lo que Jaque llama urbanismo transmedia. En esta urbanización il cavaliere dirigirá Tele Milano, germen de Mediaset, el imperio televisivo que en los 90 desembarcaría en España con las icónicas mamachicho, poderosas afroditas que elevaron el pulso y el impulso transarquitectónico del español medio (¿Quién dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor? Porque aquí no aplica). Los estudios subterráneos de Mediaset en Milano 2, el "componente arquitectónico" más importante de la ciudad, son "el núcleo de coordinación política de Berlusconi, una arquitectura que necesita ocultarse para maximizar su eficacia política". Eficaces no solo como altavoz publicitario de los productos patrocinados por Berlusconi y amigos, sino también como creadores de productos televisivos especializados, siempre al servicio de aquellos. Si la RAI ofrecía una programación que homogeneizaba a la sociedad italiana con programas genéricos, Tele Milano segmentaba a sus televidentes gracias a sus programas diferenciados (algunos de ellos de juzgado de guardia). Tele Milano pronto se convertiría en Canale 5 y acabaría retransmitiendo en todo el país, globalizando nuevos formatos publicitarios inéditos hasta entonces (los productos, lejos de limitarse a la tradicional publicidad de los interminables intermedios, invaden sin empacho las narrativas catódicas) e innovadoras tipologías televisivas entre las que merecen citarse esos ya olvidados programas musicales donde se emitían sesiones discotequeras con los DJ´s más punteros del momento, como Claudio Cecchetto (es mi penoso deber enlazarte a una muestra de su trabajo, tú veras si clicas o no) y los mareantes efectos de Valerio Lazarov (¿le recuerdas?), el rey del zoom, sumergiendo al ciudadano de a pie en experiencias de corte psicodélico que de otra forma quizá nunca hubiera experimentado. En este impresionante documento gráfico puedes ver un buen ejemplo del trabajo de Lazarov en su primer paso por TVE, antes de ser contratado por Berlusconi (en los primeros 70 el régimen franquista trajo al realizador de su natal Rumanía para dar un barniz de modernidad a una España gris y alienada; tras su etapa italiana volvería a nuestro país como directivo de Tele 5). Jaque acaba así su sobrecogedor ensayo: "Los efectos que en su momento empezaron en Milano 2 el comienzo de lo que el control de internet disparó, las dinámicas de reconstrucción de lo humano como el dominio de los mercados sociotecnológicos. La forma de existencia de la que los humanos, en las extensiones transmateriales que nos constituyen, intentamos ahora repensar lo político". Entre nosotros, yo me he perdido (igual Jaque está experimentando aquí con la sintaxis, acaso instrumento reaccionario también digno de estudio cosmopolítico, porque creo que la gramática mira a Cuenca que lo flipas), pero puede ser que todo sea culpa de mis neuronas, perjudicadas tras los desgoznados zooms de Lazarov (aquí tienes el texto completo del estudio con fotos de Milano Due). Sea como fuere me parece un ensayo, como decía, de gran interés que puede explicar muchas cosas, a veces inauditas, que pasan en la actual Tele 5. Por cierto, ahora que tanto se habla de la resilvestración en el ámbito político y social como una estrategia idónea de
management ciudadano me pregunto si en lo televisivo las dinámicas de abajo arriba de Mediaset frente a las de arriba abajo de las primeras televisiones públicas generalistas no nos han conducido a un desastre cultural y conductual de cuyas alarmantes dimensiones solo ahora empezamos a darnos cuenta.
No tenemos tiempo para comentar otros tantos notables ensayos de Jaque que nos muestran realidades que pueden relacionarse con lo arquitectónico, daremos apenas unas breves pinceladas. Así, en su estudio sobre Nueva York (Sex and the [So-Called] City), con puntos en común con el dedicado a Berlusconi, Jaque no tiene pelos en la lengua al relatar lo que está pasando en la ciudad de los rascacielos (este ensayo bien podría servir como epílogo de Delirious New York): "Sexo en Nueva York anticipó lo que más tarde se convertiría en un urbanismo sanitario post-2008, una forma de urbanismo que dio prioridad a incentivar el valor de los inmuebles y que cambió la ciudad física y territorialmente. (...) Nueva York ya no es una ciudad. (...) Se ha convertido en una composición transescalar de realidades estratificadas. Una recreación transurbana concebida colectivamente para producir, reproducir y albergar valor en una nueva forma social: la lujocracia". ¿Sabías que el color del cielo que se ve desde el hiperlujoso rascacielos residencial del 432 de Park Avenue (a 95 millones el ático) no es real? Es un color inventado como "realidad renderizada" por el estudio de arquitectura DBOX para la publicidad del edificio, color que luego fue imitado en el edificio real gracias al vidrio Eckelt Lite-Wall de fabricación austriaca que cubre las 2.136 ventanas de 3x3 metros de la torre, "un vidrio diseñado para polarizar la luz natural e intensificar la fracción azul de su espectro de color". Además, las ventanas del edificio son todas fijas, por lo que sus inquilinos no podrán nunca descubrir la diferencia. Los "edificios-periscopio", como los llama Carol Willis, autora de Form Follows Finance, "son una elocuente representación material de los flujos monetarios inmateriales que han fracturado dramáticamente la sociedad contemporánea, exacerbando la desigualdad económica hasta extremos de caricatura, concentrando la riqueza en cada vez menos manos y liquidando las expectativas de progreso de unas clases medias empobrecidas que han visto debilitarse tanto las estructuras del estado de bienestar como la movilidad social basada en el talento y el esfuerzo", en palabras ahora de Fernández-Galiano, quien dedicó al fenómeno de los últimos supertall neoyorquinos el Arquitectura Viva 179. ¿Y sabías que para que Nueva York tenga un cielo más limpio, casi como el de los renders, gracias a la progresiva sustitución de viejas calderas de gasolina por otras de gas, es necesario que la vecina Pensilvania, principal suministradora de dicho gas, haya sufrido un destacado aumento de contaminación por culpa del fracking?
En otro de sus ensayos (Desconocidos íntimos), Jaque se acerca al fenómeno de Grindr, una red de contactos diseñada para usuarios homosexuales: "Grindr es un arquiurbanismo online que permite la irrupción en el espacio offline de la interacción online. Crea un tipo de espacio multiplicado donde coexisten, y a menudo colaboran y entran en conflicto, configuraciones tecnohumanas diversas, pero simultáneas. (...) Más de 360 millones de personas en todo el mundo las usan [las numerosas redes sociales de contactos] a diario como parte de las dinámicas en las que la construcción de uno mismo toma el protagonismo arquitectónico que en el pasado tuvo la construcción de edificios, y en las que lo urbano ya no ocurre en el espacio público, ni en las calles y plazas, sino que se reinventa como una forma de intimidad que se produce entre desconocidos". Grindr ha empoderado al colectivo gay, aunque no sin tener que pagar un precio por ello: "Los urbanismos de lo gay, en el pasado santuarios del queer y alternativa al reduccionismo heteronormativo y patriarcal, están siendo reconstruidos y mercantilizados como activos financieros, y se rediseñan para retener valor, alinearse con las lógicas de mercado y convertirse ellos mismos en mercados. Por su normalización, lo gay ha pagado un precio en forma de normatividad".
Mucho se puede aprender en Mies y la gata Niebla. Quizá lo más obvio, como ya decía Hollein en su manifiesto de 1968, es que todo es arquitectura, que la arquitectura va más allá de lo material y hoy los mundos virtuales también necesitan de lo arquitectónico para dotarse de una forma coherente y útil, por mucho que los marcos normativos parezcan cuadrar poco con el discurso del arquitecto madrileño. Desearíamos tan solo ver un remate más cabal de sus teorías (al cabo aquí represento al lector medio), y es que tanto vaivén escalar, como el psicodélico zoom de Lazarov, impide acaso a Jaque afinar un poco más sus conclusiones.
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