Podemos enlazar esta entrevista con otra que en 2024 se publicaba en el AV dedicado al irlandés y en la que incide en la misma idea: "Lo mismo ocurre con las casas para clientes privados, que vienen con sus propios deseos y expectativas, sus historias sobre cómo vivir en el futuro, mientras que el arquitecto tiene también sus propios deseos y expectativas para la casa. Fundir estos dos conjuntos de historias es un acto creativo". Me ha recordado al magnífico documental sobre las primeras casas que hizo Álvaro Siza cuando aún no había acabado la carrera, de hecho no pudo firmar los planos. Se llama O primeiro Siza y lo tienes en Caixaforum+. Narra el cálido reencuentro entre el primer propietario de la casa y el arquitecto, que se pasea, medio maravillado medio incrédulo, por su añeja creación 60 años después. Qué diferencia por cierto con el frío Koolhaas Hoselife que mencionábamos en la anterior entrada. Da gusto ver el trato, entre respetuoso y cariñoso, que brinda el orgulloso propietario al arquitecto. Hasta tenía enmarcado y colgado en una habitación el plano de la casa (moriría solo un mes después de la visita). Ambos nos muestran ese "acto creativo" que comenta McLaughlin y podemos ver cómo Siza, a pesar de contar solo con 21 años, supo imponer su criterio en ciertos momentos, así en la aaltiana escalera suspendida de madera, que trajo de cabeza al carpintero encargado de llevarla a cabo pues pensaba que no se sostendría. Une tres niveles diferentes de la casa creando un juego de espacios único que permite, según nos cuentan los inquilinos, la celebración de escénicas fiestas y pequeñas representaciones teatrales o musicales con gran éxito (mejor que lo veas en el documental). El propietario nos cuenta que hace algunos años el incrédulo carpintero volvió a la casa exclusivamente para ver cómo aguantaba la escalera y quedó pasmado al ver que estaba en perfectas condiciones (hasta se puso a dar pequeños saltos sobre ella), admitiendo que "el niño", como llamaba en privado a Siza (a él se dirigía como engenheiro), tenía razón. Aquí el "buen salvaje" no atinó. Siguiendo con la entrevista de AV, McLaughlin se reafirma en su idea de crear una arquitectura con significado, atenta a los relatos que rodean el proyecto: "La gente siempre ha contado historias sobre el mundo para dotarle de sentido, y esto abre la posibilidad a la arquitectura (...). Y en el proceso, escuchamos historias, intentamos encontrar la manera de contarlas, de dar con una historia consensuada y después procuramos que esa historia pueda dejarse representar a través de lo material". El irlandés menciona un relato de Borges, La muralla y los libros, en la que como colofón final se defiende la idea de que todas las obras de arte quieren decirnos algo (unas más que otras, apostillo) y "que tal vez en eso consista la belleza". Otro de los aspectos en los que incide McLaughlin es el de la arquitectura como un proceso continuado a través del tiempo, lejos de nuevo de los arquitectos obsesionados con el aquí y ahora que buscan representar el reflejo cristalizado de una época concreta, el famoso Zeitgeist, y menciona el yacimiento paleolítico Çatalhöyük, en Turquía, donde hay casas que se reconstruyeron una y otra vez encima de las anteriores, con los cuerpos de los muertos enterrados entre cada capa (con 15 niveles en total, más información aquí). Me ha recordado a una alusión que hizo Josep Ferrando, en un reciente encuentro en Arquia, al santuario sintoísta de Ise, en Japón, que se desmantela y se reconstruye exactamente igual una y otra vez cada 20 años utilizando técnicas tradicionales y materiales naturales, práctica que se remonta al siglo VII por lo que ha continuado de manera casi ininterrumpida durante más de 1.300 años (el actual ciclo es el 63º desde que se registró formalmente este rito). ¿Por qué reconstruir en lugar de restaurar? La filosofía detrás del Shikinen Sengu, que así se llama esta tradición, se basa en el sintoísmo: la pureza se renueva a través de los ciclos naturales de nacimiento y muerte. También es una manera de transmitir habilidades artesanales tradicionales a las nuevas generaciones. Cuántas sorprendentes historias arquitectónicas nos llegan de Japón, no te pierdas la que nos cuenta en la última entrada de su blog Santiago de Molina. McLaughlin, acostumbrado a trabajar en contextos históricos, no se dedica a replicar filológicamente como veíamos se hizo con el Pabellón de Barcelona, sino que prefiere conversar con el pasado: "En general, se trata de dialogar con la historia. No es un diálogo de sumisión. Es una conversación entre iguales", dice para Dezeen, un diálogo que puede resultar, como es obvio, conflictivo. Sergio Sebastián, otro de los participantes del evento en Arquia y curtido en estas lides, autor por ejemplo de la rehabilitación del monasterio de Sijena (de 1188), nos sorprendía mostrando un documento oficial en el que se desaconsejaba la intervención, ciertamente osada, que el arquitecto proponía para la pequeña ermita de San Juan de Ruesta y que pese a todo afortunadamente salió adelante. Qué importante el diálogo valiente con la historia y qué triste ver cómo algunos jóvenes brillantes lo rehúyen para quedarse al calor de la trinchera ideológica. Huyendo vencen, como decía Pérez-Reverte, que se quedó compuesto y sin novia. Esto es un añadido no-arquitectónico pero si no lo digo reviento.
Ya puestos, voy a seguir en plan off-topic. O no, al fin y al cabo venimos de hablar de relatos y de significados. Te voy a traer tres historias en forma de película que tienen en común estar en la carrera para los Óscars y tratar como tema central la muerte. Son Los pecadores, Sirat y Hamnet. La primera lo hace desde el espectáculo gore, la segunda desde un descarnado nihilismo, la tercera desde un punto de vista profundamente humano, dando a la muerte un significado.¿Cuál prefieres?
Acabo. He estado en la exposición Alegorías de un provenir en el Banco de España de Madrid que versa sobre la ampliación de la sede madrileña llevada a cabo en los años 30 por José Yárnoz Larrosa y en concreto se centra en el Patio de Operaciones (en la foto) y la Cámara de Oro. Ambos espacios son concebidos, en palabras de los comisarios "como símbolos de una nueva era en que la arquitectura debía responder no solo a criterios funcionales, sino también a exigencias simbólicas". Volvemos a la importancia del significado. El lenguaje visual elegido por Yárnoz para esta intervención fue el art decó, al calor de la famosa exposición parisina de Artes Decorativas de 1925. Fíjate en el reloj-monolito en el centro del Patio de Operaciones y las vidrieras del techo, "eje iconográfico" del proyecto, que se encargaron a la prestigiosa casa Maumejean Hermanos, firma de origen francés que tuvo talleres en Madrid, Barcelona y San Sebastián. Sorprende que el art decó, tan dado al relato (las vidrieras del Banco muestran figuras alegóricas de trabajadores de todos los sectores, a menudo idealizados de manera épica e incipientes máquinas como trenes o aeroplanos) fuera estricto coetáneo de la modernidad heroica, que es justamente lo contrario: ayuna en significados, abstracta hasta la médula, amnésica incurable (v., de nuevo, el Pabellón de Alemania de Mies de 1929). Ello quizá explique su magro éxito entre el público lego, que nunca la entendió, algo que no sucedió con el art decó, mucho más popular. Catherine Slessor, crítica arquitectónica de The Guardian, dedica un interesante artículo al estilo que inspiró The Great Gatsby donde señala que aún hoy en día goza de gran popularidad entre determinado público, así Elon Musk, quien se habría inspirado en él para el logo de X y los diseños de sus automóviles. Slessor demuestra poca simpatía por el glamuroso estilo de ricos y famosos de antaño y ahora, así lo explica: "Como un suntuoso barniz que cubría la agitación económica y social de las décadas de entreguerras, el art déco representó una especie de escapismo retrofuturista. Si el futuro real era demasiado aterrador para contemplarlo, ensombrecido por el colapso económico y el auge del fascismo, entonces el art déco, un mundo de contornos esbeltos y un encanto lujoso, poblado por hombres con esmoquin y mujeres con abrigos de ópera, prometía un relajante estilo "moderno" de moda, el reverso no amenazante de la radical transformación cultural y social del Movimiento Moderno. Después de todo, "déco" significa "décoratif". Al final la modernidad sí que tenía significado. Solo había que buscar más al fondo.

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