domingo, 13 de marzo de 2022

Cielo e infierno (2)

 


Seguiremos hoy la f(r)icción que comenzábamos la entrada anterior. Si no te importa, y por no perdernos en cansinos preámbulos, desplaza el cursor ligeramente hacia abajo y te pones al día. No creo sea pedir mucho. 

Decíamos ayer que había bajado a darme un chapuzón en la piscina comunitaria del complejo vacacional The Edge mientras nuestros tres arquitectos, recién llegados al cielo de los ídem, se ponían a caldo con fruición. Pero ahora que me doy cuenta, arrea, ha cambiado el escenario. Ya no estoy en el lujoso resort de Rafael de-La Hoz, sino que por extraño albur, me encuentro en la piscina de la casa AV del estudio bgp arquitectura. No me quejaré, la belleza miesiana de este oasis blanco en el centro de la ciudad de México es espectacular, pero jobar, me toca la moral que siendo el narrador omnisiciente de este relato alguien me la esté metiendo doblada. Si es que no somos nadie. Prosigamos, empero. 

Desde la pisicina puedo escuchar a nuestros tres protagonistas, cuyo caluroso debate es ya bronca destemplada. Funcionario burgués, gauche caviar, Varry Brava de la arquitectura, son algunas de las lindezas que alcanzo a oir y con las que los tres arquitectos se zahieren con saña. Deviene palmario que necesitamos un mediador, una figura carismática con la suficiente auctoritas como para reconducir un debate que sin duda podría acabar a guantazo limpio. El problema es que la persona en la que estoy pensando aún por fortuna no ha necesitado los servicios de Caronte y se halla in hac lacrimarum valle, donde aún no hemos salido de una y ya estamos metidos en otra peor. Busquemos raudos una solución que nos permita además retomar el mando narrativo. Ya lo tengo, creemos un clon/replicante de dicha personalidad que dé el pego y problema solucionado con nota. 

Dicho y hecho, que diría uno de nuestros tres arquitectos. Pero déjame que pergeñe una entrada adecuada para el personaje, al que desde ahora llamaremos El Interlocutor. Decíamos que en el cielo de los arquitectos sólo circulaban Citroën SM, pero teniendo en cuenta lo singular de la situación, haremos que nuestro invitado clonado llegue a la casa diseñada por Bernardo Gómez Pimienta a bordo de otro automóvil, eso sí, Citroën también, un CX. Raudo atraviesa las calles replicadas de D.F. esta algo estrafalaria flecha de belleza bizarra que nunca quiso militar en el segmento premium convencional, sino que prefirió destacar por lo inaudito de sus exageradas formas, como lo demuestra el indescriptible anuncio que tuvo a la mítica Grace Jones como protagonista y con el que la marca de los chevrones lo lanzó al mercado con un par. Aquí lo tienes, tremendo. Ya no se hacen coches (ni anuncios) así. Pues sí, esta beauté sauvage es la que le trae a la casa AV, ante la que se detiene con aparatosa frenada. De nuevo, no sabemos cómo se han arremolinado a la entrada un nutrido grupo de arquitectos sabedores de la llegada de El Interlocutor, quien se baja del auto a ritmo del tema Sunshine Dust del novísimo sello Mindform Records, con sede en el corazón del Lake District, donde me gustaría estar ahora mismo dicho sea de paso. Languidece el día, pero le iluminan los inumerables flashes de los móviles que los congregados enarbolan, ansiosos, para obtener una instantánea de la histórica visita. El Interlocutor se mueve entre ellos con un swagger que parece seguir el ritmo de la música. Saluda aquí y allá, dirigiéndose a los arquitectos por sus nombres de pila. Si aquí tu narrador tuviera más nivel reconocería sus caras, pero no es el caso. Muchos le piden autógrafos, una arquitecta (¿Lina?) le pide un oxímoron. "Tu cemento es ligero como el aire del pueblo", le contesta en un despeine. Tras departir brevemente con unos cuantos se despide con tristeza llevándose la mano al corazón, consciente de la misión que le ha traído aquí. 

Llega al salón de la vivienda mientras nuestros inadvertidos arquitectos siguen enzarzados en sus violentas discusiones. Pero oye, es verle, y producirse un silencio sepulcral. El foráneo no le conoce, pero al ver la reacción de los otros dos enmudece igualmente. 

-"¡Cómo! ¿Tú por aquí también?", salta uno de ellos, el que luce cuidada melena. 

-"Estoy solo de visita, tranquilos", señala melífluo mientras hago que se siente en una Lounge Chair de los Eames con terminación en cuero blanco. Los demás están sentados en simples Wassilys, la idea es que queden claras las jerarquías. "Todo un placer volver a veros", sonríe plácido, pero tras el amigable gesto se le adivinan dientes afilados. "¿De qué iba el debate?".

-"Una mica de tot", responde, cortado, el segundo. 

Se produce un incómodo silencio que El Interlocutor deshace con finura.

-"Veo estamos sentados en torno de una mesa Barcelona de Mies. Podríamos proseguir por ahí. Los tres habéis trabajado en Barcelona y le habéis cambiado notablemente su perfil. Habladme de vuestras últimas aportaciones a la ciudad condal". 

-"¿Por qué las últimas?", señala el segundo, el más orondo de los tres. 

-"Pues mira, porque esto es para un blog de medio pelo que se centra en las arquitecturas más recientes. ¿Por qué esa reticencia?"

-"¿Por la grapadora quizás?" ríe con ganas el de la melena. "Por favor qué engendro".

-"Pues anda que tu hotel W, ¡pero si es una copia barata del Burj Al Arab!", responde, rebotado.

-"Perdona, yo ese disseny ya lo tenía concebido casi idéntico para el proyecto de la torre de Telefónica en Madrid que nunca vio la luz. Pero oye, hablando de copias, ¿tú no fusilaste la Casa Malaparte para la Casa Canovelles? Y esa especie de jaula metálica superpuesta ¿no hace referencia también a Malaparte cuando señalaba que su casa era la imagen secreta de la prisión donde tantas veces estuvo recluido por sus desavenencias con Mussolini?".

-"Soy un pájaro que se ha tragado su propia jaula, decía. Igual sí". 

-"Barcelona es la ciudad de la copia", tercia el de la Pérfida Albión. "Ahí está el Pabellón de Mies".

-"Gracias a mí, por cierto. Copiar es un derecho, nada hay ya original. Como dice Santiago de Molina, "la clonación de la clonación es la realidad". 

-"¿El pabellón de Barcelona es una copia o un zombie? No sé yo. La copia puede tener sentido o acabar en broma de mal gusto. Tú mismamente" -se dirige ahora al foráneo- "cruzaste la T4 y el Pompidou y embutiste tamaño desatino en el interior de una plaza de toros neomudéjar. Con el centro comercial Arenas te luciste". 

-"Permitidme que reconduzca", interviene con suavidad El Interlocutor viendo que los ánimos vuelven a encresparse. "Hablando de Mies de nuevo, a quién veis ganador del Mies van der Rohe de este año?"

-"Como se lo den a la Town House de la universidad de Kingston sería la bomba después de ganar el Stirling, pero quizá lo merezca, es un edificio magnífico, festivo. Una invitación a resocializar tras la pandemia", señala el de la plaza de toros surrealista, aún escocido. 

-"¿A un coste de 5.267 euros el metro cuadrado? No lo veo. El bloque de 85 viviendas sociales de Peris y Toral en Cornellá (en la foto de arriba) sale por 950. Pisos sin pasillos, con habitaciones de iguales dimensiones para que sea el inquilino el que diseñe su distribución, sin jerarquías preconcebidas. Y estructura de madera, el futuro".

-"Me agobia este edificio. Es el grid moderno exacerbado al infinito, en su fachada, su planta, su distribución interior. Cielos, es la madre de todas las cuadrículas. El horror cartesiano. Un Matrix miesiano". 

-"No te pongas melodramático, sisplau. Es la eficiencia, estúpido". 

-"Pero tú no opinabas que El Escorial, otra cuadrícula asfixiante ("ejemplo de una concepción arquitectónica despótica", decías), era un edificio feísimo, sólo superado por el Reina Sofía? ¿O es porque estaba en Madrid?". 

El Interlocutor les mira con ternura mientras de nuevo el ambiente se caldea sin remedio. Los tres arquitectos pertenecen a una raza extinta, pero no lo saben. Levanta los brazos, en pose mesiánica, y de nuevo se hace el silencio. 

-"¿Y si la forma no siguiera a la función sino al amor?" -los tres quedan noqueados- "Os voy a poner deberes. Quiero que veáis esta película: ¿Dónde estás, Bernadette?. En ella podréis aprender cómo una vocación arquitectónica (o de cualquier otro tipo) perdida puede volver a recuperarse, no sin asumir riesgos. O cómo el arquitecto de ego desmedido tiene los días contados, el futuro de la arquitectura será empático, abierto a la diversidad y negociado con los usuarios o no será. Y que la mujer arquitecta (o de cualquier otra profesión) debe a menudo elegir entre trabajo y cuidados, a riesgo de romperse en el proceso y quedar anulada y amargada".

 De inmediato aparece la película proyectada en una inmensa pantalla. Los cuatro se giran para verla mientras yo hago mutis discretamente por el foro.

-"Por cierto, narrador, la próxima casa donde nos encontremos quiero que sea esta", dice sin dignarse a mirarme el de la melena. 





domingo, 13 de febrero de 2022

Cielo e infierno

 


El cielo de los arquitectos podría ser una réplica repetida hasta la saciedad de este resort en Estepona a cargo de Rafael de La-Hoz, el autor por ejemplo de la sede madrileña de Repsol. De nombre The Edge y con viviendas que alcanzan los 2,6 millones de euros, sus formas remiten a las olas (marinas) del inmediato Mediterráneo. Es, faltaría menos, un complejo sostenible con amenities de toda índole, salseo premium y famoseo asegurado. Ya puestos, ¿qué más tendría ese presunto cielo de los arquitectos? Pues a ver, los coches serían todos Citroën SM, ese automóvil que quiso volar demasiado alto (el motor era de Maserati y costaba como un Ferrari) para una marca generalista que incluía en su gama al modesto 2CV. Su peculiar carácter (el motor se incendiaba ocasionalmente y los mecánicos huían despavoridos cuando veían uno entrar en el taller por lo complejo de su tecnología) unido a la crisis del petróleo de 1973 acabaron con un modelo excéntrico y acaso absurdo pero de una belleza y potencia excepcionales (alcanzaba los 220 km/h), échale un vistazo aquí. Por supuesto los SM celestiales no serían tan penosamente imperfectos, estarían convenientemente electrificados, no pasarían de 120 km/h y el brioso ruido que producía el motor Maserati sería sustituido por un siseo eléctrico diseñado por Hans Zimmer. La música ya puestos sería de Agnes Obel en un non-stop loop, que en cristiano quiere decir que la estarías oyendo todo el santo día sin parar. Caigo ahora que también tendríamos que inventar en paralelo un infierno arquitectónico. Vamos a ver, en dos pinceladas, que a este paso no entramos en harina: ¿Recuerdas aquella barriada de Hong Kong donde se hacinaban miles de personas y ni Rambo se hubiera atrevido a entrar? Sí, la ciudad amurallada de Kowloon, con una densidad de población de 1,2 millones por km2. Aquí no hay automóviles que valgan, no caben en sus estrechas callejuelas a las que apenas llegaba luz natural (su nombre en cantonés era la ciudad de la oscuridad), y la música que se oiría serían clásicos electrónicos petardos como Sahara de Solid Globe y olvidados temas de grandes como Vangelis en sus épocas más macarras, pongamos este Multi-Track Suggestion de 1980. Y pese a todo, dicen que a más de un arquitecto (Price, Kurokawa, Natalini, Niemeyer) no les importa pasarse largas temporadas en este particular infierno. ¿Será porque la perfección es un peñazo?

Ya que hemos creado este cielo (el infierno lo dejaremos para otro día), acerquémonos a él y veamos lo que se cuece por tan prístinos lares. Entremos en uno de los áticos de The Edge. Atardece un día soleado, con un cielo de tonalidades añiles y anaranjadas tan perfectas que sin duda están renderizadas. El mobiliario es minimalista, con el sello de los Eames, Jacobsen, Breuer o Gray, y una paleta de colores sumamente tenue. En la terraza hay tres hombres sentados en torno a la mítica mesa de centro Barcelona de Mies mirando a un mar azul, de nuevo, de bote total. Viste uno de blanco con americana negra, el único toque de color un vistoso pañuelo de cuello. El segundo se anima con colores más vivos pero siempre en elegante equilibrio. El tercero me lleva una camisa verde chillón que daña la retina. Los tres acaban de llegar al complejo celestial, casi a la vez, y hablan animadamente. Aquí no hay barrera idiomática, todos entran con un C2+ en los idiomas que elijan. Pero si no te importa pasemos a la amplia terraza (en calidad de narradores omniscientes invisibles) para escucharles mejor.

-"¿Este edificio, el mejor del mundo?" dice el de la chaqueta negra con sorna mientras les muestra fotos en lo que parece una tablet transparente y flexible, una de dichas fotos es la que preside nuestra entrada hoy. "Pero por favor, es que ni Mies lo habría hecho tan anodino y simplón. Que no, que la arquitectura tiene que ser heroica o no será, como decía Gógol". 

-"Si em punxen no em surt sang", resopla otro. "Nunca pensé que un libertario como tú acabara citando a un zarista. Yo también tengo cita: ¿Sabes quién decía que en un mundo en el que todos luchan por ser extraordinarios, lo revolucionario es ser ordinario? Denise. Mucho más de tu cuerda que el ruso. Seguro  que te chifla la seta mágica del Sujimoto en Budapest, que manda cuyons". 

-"No me vengas con chorradas. Yo antes que posmoderno he sido más moderno que nadie. Queríamos cambiar el mundo tanto o más que ellos. Walden 7 es un experimento extremo de cómo construir una comunidad. En el Taller nos dejamos la piel reconfigurando el cubo moderno para convertirlo en vivienda comunitaria. Lo que otros cantamañanas como Koolhaas o Constant solo se atrevieron a describir o dibujar, nosotros lo llevamos a la práctica arquitectónica". 

-"Walden 7 es un fiasco y lo sabes. Es tan complejo que es imposible de repetir. No me vale".

-"¿Prefieres esto?", señala a The Edge con displicencia. "Seguro que sí, al fin y al cabo perteneces a la generación de la pérgola y el tenis, como decía Gil de Biedma. Nosotros al menos luchamos por crear una sociedad alternativa. Prefiero un fracaso épico a un éxito facilón. Walden 7 es verdadera modernidad y no el Pompidou", mira ahora al tercero, el de la camisa de un verde imposible, "venerado por todos pero solo por el follón que montó. Modernidad tan solo en lo formal. Como decía tu compatriota, mucho ruido y pocas nueces". 

-"¿Quieres disertar de formalismos vacíos?", espeta el aludido."Hablemos entonces de Abraxas". 

-"¡Abraxas es la vuelta a la historia tras la asepsia del cubo! No sé cómo no te desheredaron tus padres cuando les hiciste ese taller de robots". 

Mira, he tenido bastante por el momento. Me apetece ahora darme un chapuzón en la piscina del complejo, intrigado por averiguar cómo se siente el agua celestial. Me abro, quizá más tarde vuelva a por más. 


sábado, 8 de enero de 2022

El complejo de Jonás

 


En la anterior entrada hablábamos de la pulsión panóptica y el ansia de luz que la electricidad, símbolo acaso máximo de la modernidad, había hecho posible aun en la más oscura noche, El Hada Electricidad  como la llamó Raoul Dufy. Pero en las antípodas del afán de mirar hay otra pulsión oscura, acaso inconfesable por lo tenebrosa y oculta, de la que hoy hablaremos. 

Deja que te lleve al swinging London de los 60. En un municipio al noreste de la ciudad, de nombre Hackney, un tal William Lyttle, ingeniero de profesión, hereda un caserón algo desangelado que se alinea malamente con las bellas construcciones victorianas de su entorno. En cierto momento Lyttle decide construirse una bodega subterránea para conservar sus vinos. La experiencia le subyuga de tal manera que va a pasarse los siguientes 40 años excavando galerías de hasta 8 metros de profundidad y en un radio de más de 20, alcanzando la capa freática y un túnel del metro, poniendo en peligro la estructura de las calles aledañas (una línea de autobús tuvo que cambiar su itinerario por miedo a que el asfalto cediera) y dejando sin luz al barrio en una ocasión en la que el ingeniero topó con un cable eléctrico. Tras las numerosas protestas de los vecinos, temerosos de que sus casas se hundieran bajo los efectos de semejante tuneladora humana, que pronto devino personaje mediático (era conocido como el hombre topo de Hackney), las autoridades toman medidas y en 2008 es desahuciado cuando se declara insolvente para pagar la multa de 300.000 libras que va a costar rellenar de cemento sus túneles. La propia casa de Lyttle amenaza ya ruina inminente. Las labores de limpieza de la parcela fueron igualmente complejas, ya que hubo que retirar unas 40 toneladas de desperdicios (entre ellos cuatro automóviles -todos ellos Renault 4L al parecer- y un barco) que necesitaron 300 contenedores de obra. 

La pregunta del millón que te estarás haciendo es por qué. Nuestro hombre topo nunca dio explicaciones sensatas para su pulsión telúrica (solo decía que tras hacer la bodega le había cogido gusto a excavar), lo cual nos da pie a pergeñar toda clase de teorías. Acaso era lector empedernido de Poe y encontró insiración en uno de sus relatos cortos, El barril de amontillado, donde el cruel protagonista empareda a un enemigo tras conducirle a unas intrincadas galerías subterráneas so pretexto de enseñarle un barril de exquisito vino. Lyttle de hecho invitó al escritor Iain Sinclair a periplo similar por sus grutas subterráneas (el autor galés siempre ha estado interesado por lo que se ha dado en llamar la psicogeografía ocultista de Londres), aunque afortunadamente Sinclair volvió para contarlo y publicar su Ciudad de las desapariciones. O quizá fuera Novalis, poeta, filósofo, romántico precoz e inspector de minas, quien le inspirara en su novela Enrique de Ofterdingen, un encendido canto a las cavernas y a los mineros: "Veía a los que iban a ser mis compañeros como héroes subterráneos, como hombres que tenían que superar mil peligros, pero que, a la vez, tenían la envidiable suerte de poseer conocimientos maravillosos, gente que en su trato grave y silencioso con las rocas, que son los primeros hijos de la Naturaleza, en las maravillosas grutas de las montañas, están preparados para recibir los dones del cielo y para elevarse sobre este mundo y sus tribulaciones", citado por Eduardo Prieto en Historia medioambiental de la arquitectura. El propio Prieto menciona el curioso "complejo de Jonás", según metáfora bíblica de Gaston Bachelard, quien definiría de tal guisa esa "sensación primaria de estar protegido (...) del que está enterrado en una cueva o en su correlato tectónico, el sótano", el tierra trágame de toda la vida, o si prefieres su versión pedante, regressus ad uterum. En el imaginario de nuestro oscuro protagonista de hoy podría también estar el interés decimonónico por las grutas románticas, replicadas artificialmente por los llamados arquitectos rocailleurs en buen número de exposiciones universales, parques y villas privadas. Y así podríamos seguir hasta el infinito y más allá. 

 Trasteando por internet me he topado con el blog de un viejo "conocido" que -no podría ser de otra manera- dedica fascinada entrada a las grotescas grutas de Lyttle. Se trata de Charles Holland, uno de los responsables de ese peculiar estudio ya extinto (FAT) que perpetró obras como la House for Essex (¿la recuerdas?). Sus comentarios son dignos de cita: "El trabajo de Lyttle es una forma de anti-arquitectura, una imagen en un espejo oscuro de la técnica arquitectónica y sus ambiciones. En lugar de crear deslumbrantes torres Lyttle se enterró, expandiendo su casa hacia el exterior desde abajo. En lugar de un diseño cuidadoso y obediente con las normas, creó un edificio que era una peligrosa trampa mortal, abriendo sus túneles tan cerca del agua que la casa pudo haberse inundado y asegurando sus túneles con electrodomésticos y soportes improvisados. (...). Al parecer no existen planos o bocetos de los diseños de Lyttle porque nunca hizo ninguno. En su lugar, sus túneles son como un monólogo interior (stream of consciuosness) arquitectónico, un edificio nunca planificado, proyectado o por tanto diseñado en términos convencionales, donde una parte conecta con la siguiente de manera instintiva y sin ningún orden" (tienes la entrada completa aquí). Holland da con una posible clave para entender el enigma del hombre topo: la venganza contra una sociedad hipernormativizada. El arquitecto a su vez menciona a una artista, Karen Russo, que se interesó por la "obra" de Lyttle, gracias a la cual se conservan las únicas fotos de los terroríficos pasadizos, que parecen sacadas de una peli de terror de los 90. Aquí las tienes. Russo quería hacer un documental sobre la casa pero viendo el perfil del individuo (al que tilda de paranoico y racista y acusa de haberle acosado sexualmente), decidió salir por piernas. El complejo de Jonás produce monstruos.

Otra artista se interesó por la vivienda cuando el hombre topo ya no vivía en ella y, como una casa Usher moderna, amenazaba colapso inminente. El nombre de la que será la última protagonista de la historia de hoy es Sue Webster, quien quedará prendada por su aspecto: "siempre me gustaron los edificios independientes, y me intrigó este, ya era monumental". Y eso que desconocía su historia, cuando llamó a las oficinas municipales preguntando por ella le dijeron, hartos seguramente del tema, que buscara información por Google, la averiguó y en ese momento supo que la casa tenía que ser suya ("fue como abrir la caja de Pandora", comenta la artista). Una juventud como adolescente gótica sin duda debio influir en su decisión: era fan acérrima del grupo postpunk Siousxi and the Banshees, en la que militó el muy tétrico Robert Smith de The Cure, inspiración para el Eduardo Manostijeras de Burton y el protagonista del cómic y posterior película El cuervo (aquí tienes al grupo en 1982). Además, Webster necesitaba un espacio solo para ella tras romper con su pareja, artista también, junto al que vivía en el cercano distrito de Shoreditch: "Como artista era insoportable vivir allí, no tenía una habitación propia para pensar" (Woolf de nuevo). Webster debe ser una artista de posibles, pues tras un año de tira y afloja compró la casa por más de un millón de libras y además recurrió al renombrado arquitecto David Adjaye para que la restaurara, ya le conocía porque también le había reformado la casa que tenía en Shoreditch (de nombre por cierto Dirty House, aunque de sucia tenía poco). El arquitecto anglo-ghanés, con estudios en Londres, Accra y Nueva York, Sir desde 2017 (año en el que fue reconocido por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del año), se mostró entusiasmado con la casa, una "increíble pieza que habla de un tiempo de la historia de Londres que se enfrentó al statu quo", Webster le recuerda diciendo "This looks like a mind-fuck!". Ambos respetaron el espíritu del hombre topo recuperando algunos de los túneles de Lyttle para lo que tuvieron que extraer dos mil toneladas del hormigón barato inyectado por el ayuntamiento (o eso dice Vogue) y manteniendo muchas de las cicatrices de la fachada, que aunque saneada, sigue luciendo un punto Usher y acaso quiere preservar la memoria de una alienación tan extrema. Webster se hizo su estudio en el sótano horadado por el críptico ingeniero (aunque ha dispuesto en su techo un enorme tragaluz), encontrando allí al cabo su ansiada room of her own. Aquí tienes fotos de la titánica reforma en la revista Wallpaper. Por cierto que AV también ha incluido la Casa Topo en su monografía sobre las 16 mejores casas de 2021. 

Termina así nuestro lúgubre relato de hoy con final feliz. Déjame rematar con cita concluyente: "La luz oscura del espacio oculto fascina tanto como confunde. Por un lado, es inevitable sucumbir a la atracción onírica de lo enigmático, y el descenso a las entrañas de la tierra es un itinerario simbólico de iniciación al misterio que nos captura con su magnetismo mineral, haciendo de las criptas y los sótanos cuevas primigenias que esconden y revelan lo secreto". (Luis Fernández-Galiano, Criptoarquitecturas en Arquitectura Viva 209)





miércoles, 29 de diciembre de 2021

Moriremos mirando (2)

 


Esta foto muestra el espectáculo de luz y sonido navideño que estos días puede verse en San Sebastián, una creación de Sebastián arquitectos con 15 cañones láser que desde la isla de Santa Clara proyectan rayos de luz de diferentes colores sobre la bahía. "Kontxa" lo han llamado. No es la primera vez que el estudio zaragozano diseña luces para Navidad (como muestra te enlazo aquí a Baumhaus, un árbol navideño que en Madrid rindió tributo al centenario de la Bauhaus, y a Estrellas, que lució en el Paseo de la Independencia en Zaragoza), ni son los únicos arquitectos que lo hacen (Teresa Sapey también ha adornado las noches navideñas de Madrid). Mi lado rancio me dice que ya les vale a los ayuntamientos proponer semejante gasto de energía ahora que la luz está por las nubes y nos acecha el gran apagón, pero mi lado positivo me susurra que no me ponga en plan Scrooge y disfrute con la visión de estas lúdicas estructuras luminosas que aportan una bien merecida alegría a nuestras fatigadas ciudades. Volviendo brevemente con Sergio Sebastián, cuya página web, un prodigio de atractivo diseño, es una delicia visitar, decir que aparte de sus luces también se dedican a labores más propiamente arquitectónicas, aquí ya los trajimos someramente para mostrar la intervención que habían realizado en el pueblo abandonado de Ruesta en la orilla aragonesa del embalse de Yesa. Suya es también la adecuación de los pabellones de la expo de Zaragoza para reconvertirlos en ciudad judicial y la curiosa rehabilitación de una casa, también en la capital maña, que han dejado totalmente desprovista de paredes y donde la luz es protagonista, una intervención que nos recuerda a dos lejanas rehabilitaciones niponas: la de Sou Fuimoto en el hotel Shiroiya de Maebashi o a la reciente reforma de la flagship store de Uniqlo en Tokio a cargo de Herzog y de Meuron. En todas ellas las columnas desnudas nos muestran la estructura interna de los edificios y permiten curiosos juegos panópticos. Cerramos ya este párrafo dedicado a Sebastián con un último proyecto, la rehabilitación de una ermita del siglo XII también en Ruesta, edificio moribundo y ultrajado del que se arrancaron en los 60 importantes murales románicos que hoy se exponen en Jaca. En esta actuación, realizada con un lenguaje moderno sin concesiones (restauración crítica la llama Sebastián, al estilo de Linazasoro en Valdemaqueda), podríamos decir con cierta imaginación que finalmente parecen conjugarse la arquitectura grávida y la arquitectura electrónica de luces navideñas. En la noche, innumerables orificios abiertos sobre las paredes permiten que la luz de su interior pugne por salir al exterior en vana competición con las estrellas (obsérvalo aquí). 

Hablando de arquitecturas electrónicas resulta que hay una serie de álbumes homónimos del DJ galés Solarstone (Electronic Architecture), todo un referente del balearic trance, que, oye, podrían haber servido como música de fondo de la instalación lumínica de Sebastián en la Concha, este tema mismamente, de nombre Pale Blue Dothabría creado un ambiente lúdico-festivo sin igual y de paso habría aventado la caspilla que en ocasiones exudan estas bellísimas ciudades con vocación decimonónica. Pero no, el arquitecto aragonés (bilbilitano para más señas) ha elegido a otros arquitectos maños, el jovencísimo Estudio Hábito, para crear la única pieza compuesta específicamente para la ocasión, de nombre Geziak ("flechas" en euskera), ¿querrán hacer referencia al santo mártir que da nombre a la ciudad, quien fue asaeteado por negarse a abjurar de su fe? A saber. Escúchala aquí.  

Volviendo al álbum de Solarstone, a su cubierta en concreto, que muestra varias piezas arquitectónicas como en un juego de construcción, decir que me ha llamado la atención su parecido con la portada del último AV dedicado al estudio Mazzanti. El subtítulo de la monografía (Serio Ludere), como la portada, hace referencia a la voluntad del arquitecto colombiano por crear una arquitectura que rinde tributo a los juegos de bloques que ya en el siglo XIX introdujo el pedagogo alemán Frederich Froebel y tanto influyó an arquitectos de la talla de Le Corbusier o Wright (hace un par de años la fundación March dedicó a este tema una interesante exposición de nombre El juego del arte). Dichos "juegos serios" permiten a Mazzanti crear estructuras modulares reutilizables pero también atraer la mirada del paseante con atractivos diseños que tienen voluntad de erigirse en iconos comunitarios, algo que en zonas deprimidas puede ser clave. Así lo expresa Hugo Mondragón en un artículo para el AV mencionado de título "Arquitecturas para armar": "La experiencia estética de los ciudadanos está marcada hoy por la instantaneidad y la superabundancia. Mazzanti ha comprendido que dotar de una dosis moderada de extravagancia a los edificios públicos es indispensable para seducir a las masas contemporáneas que se ahogan en un océano de imágenes", ofreciéndoles "palacios interactivos" que tienen como referente a Price. Es ahora el propio Mazzanti quien, en otro artículo, nombra al juguetón autor del Fun Palace: "Para Cedric Price 'el motivo de la arquitectura, más que satisfacer el deseo (o la belleza) es alentar a la gente a comportarse, mental y fisicamente, de modos que antes habría creído imposibles'". Obnubilado me tiene la cita. Mazzanti nos regala otras no menos brillantes, selecciono sólo una: "La arquitectura como práctica optimista por naturaleza cumpe un rol importante: imaginar este proyecto común en un futuro inmediato, contra la idea apocalíptica del fin que nos hacen creer cada día más cercano". Te elijo también uno de los proyectos incluídos en la monografía, el colegio de la fundación Pies Descalzos en una deprimida zona de Cartagena de Indias, con voluntad de convertirse en motor de cambio para la zona e hito urbano del que los habitantes puedan sentirse orgullosos. La pirámide truncada que lo corona, realizada mediante una estructura metálica que puede recordar al aviario de Price en el zoo de Londres, crea esa imagen reconocible. Y es que, ya te digo, moriremos mirando (y jugando). 


miércoles, 8 de diciembre de 2021

Moriremos mirando

 


"Una arquitectura sin imagen es hoy la única verosímil para salir del bucle infinito en que nos encontramos. No una arquitectura que prescinda de la imagen, sino una que no nazca desde ella, ni que la emplee como centro o que la fomente. No se trata de rehuir de la necesaria dimensión formal de esta disciplina sino de reformular su origen alejándolo de todo aquello que fomente su consumo o su interpretación. (...) Ante una arquitectura semejante el zombi crítico solo puede dejar escapar por su boca trozos de lengua muerta referidos al autor de la arquitectura y su monserga egotista. Sin embargo la arquitectura sin imagen está libre de personalismos. (...) La arquitectura sin imagen no carece de autor sino que se hace presente como trabajo colectivo... ¿Tiene aún sentido preguntarse por la autoría de la vacuna contra el covid, de un botijo o de un coche de fórmula uno?". Así hablaba hace un par de semanas Santiago de Molina en su blog, en una entrada genial que, haciendo honor a su título (Sin imagen), se nos mostraba huérfana de la foto de rigor que suele acompañar los textos de su bitácora (y los de la mayoría). 

Pues no sé, apaga y vámonos que decía el otro es lo único que nos queda. De colgar los hábitos blogueros me han dado ganas. Con todo a nosotros, que nos privan como al que más las narrativas construidas en su mayoría a partir de las formas arquitectónicas de autor, nos salva un hecho insoslayable: el no ser críticos sino comentaristas domingueros, con lo que el adjetivo zombi puede incluso aumentar un poco nuestro exiguo caché. No obstante el palo y tentetieso que el ascético Molina propina a la crítica seria, tan a menudo también centrada en la imagen y en arquitectos galácticos, es de dimensiones bíblicas. Y es que si comparamos mucha de la crítica arquitectónica actual, que más que crítica es poco más que amable información aséptica libre de aristas, con la que existía por ejemplo en los 90, donde se daba caña con saña, el contundente puñetazo en la mesa tiene sentido. En esta misma línea Herzog señalaba hace poco en un reciente artículo de Rowan Moore que la arquitectura es el arte de los hechos. Y Wainwright, comentando el nuevo "museo" de MVRDV en Róterdam, que asemeja a una ensaladera de Ikea (los arquitectos se habrían inspirado en ella, y van y lo cuentan), habla de "slapstick architecture". Slapstick es un género cinematográfico que hace referencia a las típicas comedias de humor grueso en las que los actores no paraban de darse espectaculares trompazos para regocijo de una poco exigente audiencia.

Cabizbajos pues cual pecadores sin remisión,  seguirá en su línea de creación de insanas chucherías, veremos por cuánto, mayormente porque no damos para más, pero también porque, como decía García-Alix, moriremos mirando (y fabulando). Hoy por ejemplo seguiremos pecando a calzón quitado, y es que le vamos a entrar al recién inaugurado museo Munch en Oslo del madrileño estudioHerreros, que ha recibido atención mediática unánime (acaso la entrada de Molina, y la siguiente, de explícito título El museo agotado. El futuro del  museo responden a esa cansina saturación). Pues más madera. Para empezar, echa un vistazo a este breve video en el que Juan Herreros y su socio Jens Richter te explican el edificio. La camiseta que hoy te traigo de cabecera, de venta en la inevitable tienda del museo, que atestigua la obsesión moderna por la imagen, reproduce la forma más característica del flamante edificio, que se alza 57 metros para culminar encorvado como si anduviera (como nosotros hoy) cabizbajo, o como un hombre o mujer que caminara hacia su crepúsculo. De pronto me ha recordado al tema The Old Man de Øystein Sevåg, músico noruego que gozó de cierto renombre en los 90 cuando compuso vibrantes temas electrónicos como el que te menciono, por si tienes curiosidad te lo enlazo aquíRecientemente en uno de sus últimos álbumes (Space for a Crowded World) lo revisita, reutilizando su magnífica entrada (escúchalo aquí). Pero sigamos fabulando (no sin remordimiento). Acaso el nuevo museo oslense se inclina mostrando sus respetos al lacónico ayuntamiento de la ciudad, una inmensa mole de ladrillo con dos torres, una de 66 metros y otra de 63 acabada en 1950 donde se celebra la entrega de los premios Nóbel: quién sabe si Juan Herreros y su equipo tenían en mente no superar en altura al icono institucional por excelencia de la capital noruega (pero de verdad qué cogido por los pelos, es lo que tiene internet, que lo aguanta todo, hay hasta quien dice que la inclinación hace referencia a esta foto en la que se ve a Munch pintando en un lienzo ladeado... cuando además lo más probable es que Herreros simplemente esté replicando la Torre Woermann en Las Palmas, diseñada junto a Iñaki Ábalos y acabada también en encorvada coda). Por cierto que Wainwright, siempre tan metafórico, no podía dejar de dar su propia versión: ve la inclinación como la joroba de un matón que se cierne, entre amenazante y cómica, sobre el blanco y puro edificio de la Ópera de Snøhetta: el malo de la película, vamos (no parece gustarle mucho: en su aséptica eficiencia le recuerda a un aeropuerto). Sea como fuere sorprende tan decidida verticalidad en un museo, especialmente si lo comparamos con la no menos contundente horizontalidad del mencionado edificio de la Ópera, verticalidad que tiene su sentido práctico, ocupa poco espacio (otorgando espacio para un mundo atestado, por utilizar el título del álbum de Sevag), y simbólico, al "visibilizar lo colectivo" en palabras ahora del propio Herreros para Icon Design: "Es absurdo que Madrid ya no tenga edificios públicos en altura, aparte de los hoteles de lujo. No hay nada equivalente a lo que en su momento supuso construir Correos: visibilizar lo colectivo, una expresión del buen gobierno de la que los ciudadanos se pueden sentir orgullosos". Una matización si se me permite. Cuando subo a tender a la azotea del bloque donde vivo, momento mágico de comunión arquitectónica, me gusta observar un potente slab que se alza, absolutamente desproporcionado, sobre el raso skyline del sur madrileño. Su monumental fachada lisa (que de cerca pierde bastante) refleja las sombras de las nubes y en la noche las diminutas luces de sus habitaciones le confieren un aire extraño, casi sobrecogedor. Se alza 90 metros nada menos, y dicen que sus dos últimas plantas fantasmagóricas están vacías, preparadas para albergar a pacientes aquejados de enfermedades altamente contagiosas. Sí, es el hospital Gómez Ulla, un icono olvidado (no hay manera de encontrar en internet el nombre del arquitecto que lo diseñó) que el año próximo cumplirá cincuenta años. A Mies le encantaría. A Koolhaas seguro que también, aunque el último hospital que ha proyectado es de una horizontalidad tan recalcitrante como los collages para su proyecto experimental Exodus (que presentó el mismo año que se acabó el Gómez Ulla, 1972), quizá porque está pensado para Doha, en su país no creo que pudiera permitirse ese inmenso mat building

Pero volvamos al Munch. Así, sin museo. Como lo quieren sus responsables, que han eliminado la recia palabra que quizá podría echar para atrás al público más juvenil. En esa misma línea han lanzado un desenfadado video promocional y han optado por una identidad gráfica más rompedora a cargo de los ingleses North que la diseñada en un primer momento, donde se incluía la palabra museet, y que replica la inclinación del edificio (las letras se tuercen 20 grados). Es la única nota discordante en un museo que aspira a ser principalmente funcional y eficiente ("no somos como Zaha", señala Herreros en el artículo de Wainwright, "matando comisarios de exposiciones cada día"), abierto al público (el acceso al vestíbulo y mirador es gratuito, al igual que lo es el ayuntamiento) y discreto a pesar de su contundente verticalidad y el reto tipológico que lanza: su piel de alumnio perforado es fácil que se mimetice con las grises brumas nórdicas. ¿Es la arquitectura arte? Obviamente no toda, y la que más importa (la que utilizamos a diario) debería recibir más atención que la más artística y personal. Pero moriremos mirando. De lo que no existe duda es de que hay arte en la crítica, termino con botón de muestra sobre el Munch, claro: "Sobre ese paisaje de sencillez severa se extiende un lienzo de silencios pautados y voces detenidas, una conversación en sordina que dibuja un perfil de atención deferente al interés común y a la complejidad compartida. Y sobre la urdimbre y la trama del lienzo sosegado, recortando su llamada de atención en el perfil urbano, súbitamente escuchamos un grito". (Luis Fernández-Galiano, El silencio del sistema en AV 238).


domingo, 17 de octubre de 2021

Siempre reutilizar

 


Pues hoy por fin hablaremos del Küppersmühle (KPM) a orillas del Rin en Duisburgo, el magnífico museo de Herzog y de Meuron rehabilitado en una intervención que tanto recuerda a la que llevaron a cabo para el Tate Modern. Como en Londres, los suizos han ampliado un espacio fabril que ellos mismos habían reconvertido en museo en 1999 con tres nuevos edificios de potentes paredes cerámicas que apenas se distinguen del original. Y también como en la capital británica, donde en un primer momento la Switch House iba a ir forrada de vidrio, HdM han optado con gran acierto por el ladrillo tras haber presentado un primer proyecto en el que un prisma transparente se asentaba sobre la antigua fábrica en forzada (y no muy afortunada, en mi opinión) pose, pero juzga tú mismo. La novedad que más nos sorprende en su exterior es ese fascinante acantilado cerámico que sirve de nueva tarjeta de presentación del museo y refleja la pulsión matérica de los suizos, al tiempo que otorga al edificio una condición opaca, casi antipática, que también podemos ver en la Switch House (vuelvo a citar a Rowan Moore como ya hicimos en aquella reseña: "En esta y otras obras, a Herzog y De Meuron les gusta presentar un momento protestante de negación previa al placer, de rechazo previo a la acogida, de severidad previa a la generosidad. Es parte de su visión del mundo, diferente de la mayoría de los arquitectos, en la que el deleite y la belleza coexisten con aspectos de la existencia más problemáticos o misteriosos"). El interior, efectivamente, está lleno de placenteras sorpresas, como esa magnífica escalera que culebrea dentro del añadido de base triangular como si un decorado de Dune se tratara y que encaja a la perfección con este prodigioso texto de un experto en escaleras (y tantas otras cosas), Santiago de Molina. Lo cierto es que largo y tendido se podría hablar de las soberbias escaleras del dúo helvético, la próxima vez que vayas al Caixafórum de Madrid en lugar de usar el ascensor sube por ellas, en su pertinaz renuncia al ángulo recto pueden recordar al también suizo Goetheanum de Steiner. Volviendo a Duisburgo, también destacaría el espacio casi metafísico que se crea en el interior de los silos, cruzados por sendos puentes que unen el edificio antiguo con la ampliación y que puede verse a través del techo brutalmente horadado de una sorprendente sala hipóstila con poderosas columnas disímiles, unas de base cuadrada, otras hexagonal. Mejor ves más fotos en la página web del museo

Poco en su exterior podría augurar que el KPM aloja un museo dedicado al arte de posguerra, salvo quizás esas incisiones verticales en sus crudas paredes que, iluminadas en la noche, le aportan un toque moderno, así nos lo describe Arquitectura Viva: "La fachada al río adquiere así el ritmo abstracto de una partitura musical que niega el orden de lo existente al ser iluminada desde el interior cuando anochece". Pero en efecto, dándote una vuelta por la web del museo descubrirás la interesante colección que alberga obras, entre muchos otros, de Kiefer, Baselitz, Canogar, Tàpies, Saura, Soulages o Mathieu. Por si no te suena este último artista (nosotros de arquitectura no sabemos, pero de arte tampoco), te enlazo a un video de 1971 en el que aparece pintando en original performance. A ver si identificas al músico que le acompaña, aquí tienes el impagable documento gráfico. Sí, el señor que luce pelambrera indómita y abundante cacha sin el más mínimo pudor (los 70 eran así) es Vangelis, que en aquellos momentos iniciaba su carrera en solitario aburrido del pop facilón de Aphrodite´s Child. Sus inicios, marcados por la experimentación, le deben mucho a Frederic Rossif, afamado director de documentales francés para el que puso música por ejemplo a un documental sobre el mencionado pintor (Georges Mathieu ou la Fureur d'être), del que el video anterior es un fragmento, aunque el trabajo más conocido del tándem es la serie L´Apocalypse des Animaux sobre el mundo animal; siempre me ha parecido que  su tema central pudo influir en la icónica sintonía de García-Abril para El hombre y la tierra (un par de años posterior). Por cierto, y ya cabo esta disruptiva digresión no sin disculparme por abusar, una vez más, de tu infinita paciencia, la discográfica del griego acaba de sacar por fin a la venta Juno to Jupiter (soberbio), deja que te enlace a otro interesante video en el que se puede ver a la sonda que da nombre al álbum camino del planeta a ritmo de uno de los más originales temas del nuevo trabajo. 50 años de nada separan ambos temas. 

Muchos dirán que el KPM es un señor muermo y preferirán la más pirotécnica rehabilitación que Heatherwick realizó en una fábrica muy similar en Ciudad del Cabo (el Zeitz MOCCA), en la que el inglés desventró con saña unos antiguos silos para crear vertiginosos espacios y, justo al contrario que los suizos, abrió paredes y techos a la luz del exterior (aquí el referente cinematográfico bien podría ser Alien). Tú mismo. Se me ocurre que sería interesante, más allá de insustanciales valoraciones personales, hacer una comparativa objetiva de ambas intervenciones en términos por ejemplo de sostenibilidad. ¿Cuál de las dos actuaciones reutiliza más y mejor el edificio original? ¿Cuál respeta más la energía embebida del edificio antiguo? ¿Cuál aprende más del contenido informativo incorporado al soporte material en palabras de Fernández-Galiano? ¿Cuál será más barata de mantener? Wainwright concluía un reciente artículo para The Guardian sobre el vencedor del Stirling, la biblioteca Town House de Grafton Architects, haciendo un amargo comentario: tanto hablar de la sostenibilidad y la reducción de la huella de carbono y resulta que todos los finalistas eran edificios de nueva creación, empezando por el ganador ("a concerto of concrete"), ninguno se trataba de un edificio rehabilitado, en la línea del lema que proponen Lacaton y Vassal (se acaba de estrenar una exposición sobre su obra en el ICO): "Nunca demoler, eliminar o sustituir, siempre añadir, transformar y reutilizar”. Quién sabe si Foster, presidente del jurado del Stirling de este año, que por cierto diseñó el masterplan de la barriada industrial donde se asienta el KPM, acaso se decantó por el aireado edificio de las arquitectas irlandesas, al que califica de Teatro para la vida, porque le pareció una versión pospandémica de la facultad de Rudolph en Yale que como te decía en la entrada anterior visitó recientemente. Convendrás conmigo que tras tamaña teoría solo nos queda despedirnos raudos hasta una próxima ocasión. 

martes, 12 de octubre de 2021

Buscando el final del arcoíris

 


"También teníamos a Vincent Scully, que daba vida a la historia. Podía coger una película como Los siete magníficos que entonces se proyectaba en un cine cercano y compararla con la película japonesa Los siete samuráis, para a continuación asociarla culturalmente con James Joyce, el horizonte interminable y la manera en que Frank Lloyd Wright ubicaría un edificio. Conectaba entonces todo ello con los griegos y el Partenón para volver a Saarinen y lo que estaba diseñando en su oficina calle abajo, lo hilvanaba todo a la vez". (Norman Foster entrevistado para un artículoNorman Foster: One is always chasing the end of the rainbow, en FT sobre su experiencia como estudiante de posgrado en Yale a principios de los 60. Foster posa en la polémica facultad que construyera Paul Rudolph justo por aquellos años y que ha visitado recientemente para dar una charla a los estudiantes. En el vestíbulo que ves en la foto Foster enseñó a los alumnos diseños que había realizado de ese mismo espacio como práctica para Rudolph).

domingo, 3 de octubre de 2021

Más montañas mágicas

 


Querríamos (para hablar del magnífico Küppersmühle por ejemplo) dejar ya este tema de una santa vez pero es que no dejan de seguir apareciendo curiosos ejemplos de arquitecturas que usan y abusan de analogías orgánicas, así que seguiremos un poco más con ello, qué le vamos a hacer.

Las montañas arquitectónicas sin ir más lejos siguen dando mucho juego. Volvemos a abrir entrada con BIG, que nos propone este clúster de 24 edificios que albergará firmas de moda y tecnología en Portugal. Se emplazará en Matosinhos, localidad de resonancias arquitectónicas (allí nació Siza) en el que ya algunos llaman Silicon Valley luso, y sus formas replican una colina (silueta tan querida por el arquitecto danés) sobre la que rebosarán verdes pastos, te enlazo a un video explicativo de dos minutos. Tenemos también montañas en el nuevo complejo que MVRDV ha diseñado para Burdeos, un denso entramado de bloques que alojan 282 viviendas en torno a un amplio espacio común central, con cierta imaginación podríamos decir que es el Ruedo de Oíza con formas angulosas. Los edificios se retranquean en su parte superior para ganar en ventilación, vistas y exposición a la luz solar, otorgándoles de paso esa original imagen de cordillera urbana. Las cimas van aquí desnudas, pero en el enorme patio central se disponen zonas verdes para evitar que a los vecinos se les vaya la pinza y resilvestren a lo loco como aquel médico chino que montó una montaña en lo alto de uno de los típicos high rises de Beijing (las rocas eran de pega, pero los árboles no). Fotos e historia completa aquí. Montañoso también y muy orgánico (quizá demasiado) es el nuevo edificio que ha surgido en el skyline de Edimburgo, acaso la ciudad más bella del Reino Unido. Su estructura, en forma de zigurat de base circular, ha generado indignación y recochineo sin igual, muchos de hecho lo comparan, no sin razón, al emoji marrón (el primero Oliver Wainwright nada menos en un artículo demoledor). Por cierto que alguien debería alertar a Bezos de que el diseño para la sede de su compañía en Arlington se parece tambien demasiado al emoji en cuestión. Claro que para metáforas epatantes (y orgánicas) la que Arquitectura Viva le dedica al Luma de Gehry en Arlés. Empiezan muy académicos tachando la última ocurrencia del canadiense de "montaña poliédrica" o "drusa pixelada", para acabar comparándola por favor te lo digo a un falo acorazado (tú mismo)Paso palabra. Hablando de formas atávicas (por lo del zigurat, digo) vaya susto que nos hemos llevado con la pirámide neoazteca de treinta metros de altura que a punto ha estado de construirse en Madrid por obra y gracia de Nacho Cano, te enlazo a un blog de bandera donde se explica con claridad meridiana el bizarro affaire, que hoy ando algo apurado de tiempo. También he descubierto con pasmo estos días de mano de otro grande cómo el ser humano ha sido capaz de horadar el desierto australiano y montar un poblado entero bajo tierra con iglesia ortodoxa y todo. Cómo no es Torrijos el que nos lo narra con -también- "claridad apasionante" (le robo el sintagma nominal a Muñoz Molina, quien se lo dedica a Silent Earth de Dave Goulson, no te pierdas la primera frase de la reseña). 

Me voy raudo con cita musical: Get Innocuous (la verdad es que estaría genial que aprendiéramos a serlo cuanto antes), tema de LCD Soundsystem remezclado por los siempre exquisitos Soulwax. 



domingo, 12 de septiembre de 2021

Verde que te quiero verde

 


En la última entrada percibí en remoto que no te quedaba claro el concepto de greenwashing. Como tenemos una acendrada vocación pedagógica quiero hoy comenzar la entrada con un ejemplo palmario que hemos descubierto esta semana con estupor. Como sabes, todas las marcas automovilísticas se están volcando en mostrarnos los esfuerzos titánicos que están realizando para electrificar sus gamas con la mayor rapidez posible. Audi no podía ser menos y ha presentado un concept que nos ha dejado boquiabiertos primero por su soberbio diseño y a continuación por el planteamiento de la propia presentación. El tal modelo, de nombre Audi Grandsphere Concept, que parecería dibujado tanto en su exterior como el interior por John Lautner, exhibe la línea de diseño del futuro A8, buque insignia de la marca. Pero siendo el diseño verdaderamente espectacular, aún nos han sorprendido más las fotos con las que nos han mostrado el modelo. En todas y cada una el coche aparece rodeado por plantas de un verdor seguramente renderizado y, para colmo, la marca propone colocar una maceta (de diseño) con plantita también en el interior del habitáculo, entre los asientos delanteros, obsérvalo en la foto de arriba. Tanto afán resilvestrador acaso oculte la mala conciencia que se agazapa en el voluminoso vano motor: una fiera de 721 caballos que, por muy eléctrico que sea, de ecológico tiene más bien poco (el 2 CV de mi señor padre, con el que hacíamos épicos viajes allende fronteras incluso, tenía 28 caballos). Pero no hay problema, lo mostramos enchufado al poste de recarga (con el precio que cuesta la electricidad cargar semejante trasto debe salir por un buen pico), le damos el toque vegetal y colamos el opulento producto como si fuera sostenible y todo (fotos). Bueno, pues a esto se le llama greenwashing, espero haya quedado ya claro del todo. Jean-Baptiste Lamarck, naturalista francés, ya en 1820 decía: "El ser humano parece empeñado en la destrucción de sus medios de conservación e incluso de su propia especie. Es como si estuviera destinado a exterminarse después de hacer inhabitable el globo”. Lo cita Gilles Clément, activista resilvestrador, en su libro La sabiduría del jardinero, reseñado por Anatxu Zabalbeascoa en un artículo de nombre Morir bajo la riqueza. 

Me dan ganas de dejar la entrada aquí, pero no quiero que te quedes con tan mal sabor de boca. Al cabo, la esperanza debe ser lo último que se pierda. La renaturalización avanza. Recordemos a bote pronto los jardines verticales de Patrick Blanc (como el del Caixafórum de Madrid) o el Bosco Verticale de Stefano Boeri en Milán, dos torres que albergan 800 árboles y que tendrán réplica en otros proyectos del estudio italiano en Holanda, Suiza, Brasil o China. En este sentido los arquitectos paisajistas cobran cada vez más protagonismo, al mismo nivel que los arquitectos, llamémosles así, tradicionales. Uno de los más renombrados es Piet Oudolf, responsable del High Line neoyorquino, pero también (por ejemplo) de la vegetación que adornará The Valley, un complejo urbanístico en Ámsterdam a cargo de MVRDV (los del fallido Marble Arch Mound). En España Oudolf ha diseñado la vegetación del centro artístico que Hauser & Wirth han montado en la Isla del Rey en Menorca y del Museo Chillida-Leku, que volvió a la vida también de mano de Hauser & Wirth. Si aún quieres más verde, date una refrescante vuelta por la web de West 8, el estudio responsable de varias actuaciones en Madrid Río. Y son sólo unos pocos ejemplos. Con ellos, y este bello tema musical muy ad hoc (Memories of Green), nos despedimos hasta la próxima. 


domingo, 5 de septiembre de 2021

Más réplicas aún

 


Pues sí, voy a seguir dándote la brasa (que diría Pedro Torrijos) en torno a las naturalezas replicadas por la arquitectura y la resilvestración, o renaturalización como prefiere llamarla José M. Ezquiaga en la introducción al congreso La ciudad que queremos, el sexto que organiza la fundación Arquitectura y Sociedad como siempre en el Baluarte pamplonica. Ezquiaga va de hecho a presidir el congreso (a celebrarse en unos días) al que por primera vez se podrá asistir en directo vía telemática: ahí te dejo el programa. Como ya empezamos a ver en la anterior edición, la presencia de arquitectos se reduce ya a la mínima expresión, y los que acuden (Anne Lacaton y Dietmar Eberle son los únicos que me suenan) no están, salvo Lacaton, en primera línea mediática precisamente, lo cual no quiere decir ni mucho menos que su aportación no vaya a ser interesante: los mencionados realizan una arquitectura profundamente comprometida con la sostenibilidad y alejada del greenwashing, el lado oscuro del afán resilvestrador. De todas formas uno echa un poco bastante en falta las primeras ediciones, por las que han pasado los arquitectos más punteros del mundo, y los chispeantes debates que se generaban entre ellos. A veces, mal que nos pese, para generar atención hay que dar espectáculo si no queremos pasar sin pena ni gloria, un Bjarke Ingels hablando de la ciudad (Telosa) que va a proyectar partiendo de cero en el desierto norteamericano para 5 millones de personas con financiación del e-tycoon de turno igual habría dado más mordiente al programa. Vale, lo más probable es que quede en nada, pero seguro que el danés enamorado de Barcelona tendría ideas interesantes que aportar. En la foto de hoy te pongo el rénder de rigor de esta ciudad imaginaria, que ante todo se propone como objetivo la sostenibilidad (como no podría ser de otra manera). El que sí asistirá al congreso de Pamplona es el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, que no tendrá tanto glamour pero ha transformado la ciudad gallega en un espacio donde el peatón tiene prioridad frente al automóvil (ha peatonalizado 1,3 millones de metros cuadrados y sólo se permite el tráfico rodado en el 25% de la ciudad, más datos aquí). También debemos mencionar la presencia de un Nóbel de la Paz, Mohan Munasingue, quien ya en los 90 acuñó el término sustainomics y hablará del Balanced Inclusive Green Growth (BIGG), aquí le tienes en una TED Talk sobre el tema. No olvidemos tampoco que Ezquiaga, arquitecto y sociólogo, es el urbanista más prestigioso de España (te recomiendo una visita a su apabullante página web), está por ejemplo tras el diseño de Madrid Nuevo Norte, la expansión de la Castellana, que promete resilvestrar la zona con un parque icónico (el "Parque Central", muy original el nombre, de 1,26 km2, un tercio del neoyorquino pero como el Retiro en extensión). Ahora mismo es uno de los contendientes del muy reñido concurso para la nueva estación de Chamartín, asociado a Patxi Mangado (patrono fundador de Arquitectura y Sociedad, la fundación que como te decía organiza el congreso, y autor del palacio de congresos Baluarte, donde se celebra) y Souto de Moura (quien en Oporto ya demostró de lo que es capaz), un equipo que puede perfectamente llevarse el gato al agua. 

Estos días hemos leído que en varios colegios de Barcelona se han levantado las losas de hormigón que cubrían los patios para descubrir la tierra y plantar árboles, en un proceso resilvestrador que recuerda al lema sesentayochista Sous les pavés, la plage! (más aquí) y hemos descubierto al ecowarrior sueco Andreas Malm, del que se acaba de editar traducido al castellano Capital Fósil (Fernández-Galiano lo reseña en el último Arquitectura Viva, en un artículo que titula La fractura metabólica). Malm, que propone cambiar el término Antropoceno por Capitaloceno, es un marxista disruptivo que ha pinchado más de un neumático de todoterreno en Estocolmo y por supuesto siempre viaja en tren (es lo que en su país se conoce como flygskam, o sentimiento de culpa por volar). También estos días hemos visto a Foster, autor de importantes aeropuertos, señalando en una entrevista  que este tipo de planteamientos ecologistas son a veces hipócritas y que nuestra sociedad se basa en la movilidad, apuntando que la huella de carbono producida por los aviones es relativamente pequeña comparada con otros medios de transporte o la producción de carne. Tú mismo

Fernández-Galiano, por cierto, fue también un marxista convencido en su juventud pero tras sendos viajes a Rumanía y China en los 70 centró su empeño reformista en la ecología. Experto en termodinámica, publicó en 1982 (año en el que se estrena Blade Runner) un fascinante artículo de título Organismos y mecanismos como metáforas ahora recogido en Empeños Sostenibles, y que se inicia así: "Las citas biológicas y mecánicas son ciertamente omnipresentes en el ámbito de la arquitectura y se producen, además, con una singular simultaneidad". Volvemos a las naturalezas artificiales. Nunca sabremos si la película basada en el libro de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? estaba en su mente cuando escribió el artículo, pero cuando nos habla de la "bête machine", en concreto del pato mecánico de Jacques de Vaucanson (1739) que parecía vivo, comía y hasta excretaba (a saber qué), uno no puede por menos que acordarse del búho replicado de la pelicula de Ridley Scott, que aparece cuando Deckard y Rachael, replicantes ambos sin saberlo, se encuentran por primera vez (aquí lo tienes, música de Vangelis). Fernández-Galiano nos habla de otros no menos interesantes autómatas, algunos de ellos patrios, así los de Juanelo Turriano (en realidad Giovanni Torriani) quien, más conocido por su mecanismo elevador de agua para Toledo, creó varias criaturas mecánicas (pájaros voladores, pastoras tocando el laúd o espadachines) para entretener a Carlos V en Yuste. Los toledanos llegaron a decir que había fabricado un sirviente mecánico y dieron el nombre de Hombre de Palo a la calle donde vivía (si tienes curiosidad sobre el tema, aquí tienes más información). De nuevo no podemos evitar recordar el personaje de J. F. Sebastian en Blade Runner, solitario ingeniero afectado por un envejecimiento prematuro que diseña bufonescos androides en su lúgubre apartamento del edificio Bradbury, todo un icono arquitectónico de Los Ángeles que Scott refleja en la cinta con gran maestría. Aquí tienes el momento de la película en el que el ingeniero muestra dos de sus autómatas a Pris, replicante de última generación, quien se ríe de los torpes andares de sus primitivos parientes mecánicos. En fin, el artículo termina señalando que tras un periodo en el que la arquitectura y naturaleza quedaron fracturadas (los grandes sistemas de acondicionamiento del aire permitieron a los edificios dar la espalda al clima) es obvio que con la crisis enérgetica "la tendencia descrita ha invertido su signo. Hoy en día podría decirse que la influencia de Darwin en la arquitectura va en aumento, y con ella la extensión de las analogías orgánicas", algo que sigue siendo vigente casi 40 años despues de que se escribieran estas palabras. En fin, me he quedado con lo anecdótico del texto, te animo a que te hagas con Empeños Sostenibles y te lo trabajes más a fondo, no olvides que aquí tu seguro servidor no pasa de aficionado dominguero. 

Terminamos esta entrada tan errática como la vida misma con una última recomendación, la de la película Local Hero (Un tipo genial). Conocida principalmente por el soberbio tema central de Mark Knopfler, la cinta nos ofrece, en clave amable, una singular batalla entre el fuego y el agua, lo artificial y lo natural, la avaricia y el altruismo en un entrañable pueblo escocés (tráiler). 



viernes, 27 de agosto de 2021

Más réplicas

 



Las que ves aquí, de nuevo, no son rocas reales sino replicadas. Los madrileños Ensamble Studio (Antón García-Abril y Débora Mesa) han levantado en el centro de arte Tippet Rise (a orillas de Yellowstone) lo que parecen rocas naturales formando monumentos megalíticos pero no son sino rocas fabricadas dispuestas así por obra y gracia de potentes grúas: el hormigón se vierte sobre el terreno natural, que actúa como encofrado; al retirar la tierra, las piezas se elevan como la de la foto (de nombre Beartooth Portal). Herederos acaso del Fisac último, Mesa y García-Abril aúnan en bizarros experimentos naturaleza y artificio (ya desde aquella extraña casa a la que llamaron La Trufa) y nos sirven como anillo al dedo para continuar nuestra serie de naturalezas replicadas. Así lo explican ellos en AV 230: "La Arquitectura aún tiene que romper sus partes, para liberarse y regresar. Tiene que deshacerse de la geometría, de la línea, del plano, de los materiales y las formas. Y tiene que volcarse a la búsqueda de una materialidad espacial, que vibre con lo humano, y que se someta a los designios de la tierra". Algo que choca con la fijación geométrica de algunas de sus otras obras (aquí a Abril le hemos llamado el Señor de las Vigas tras contemplar las madrileñas Casa del Lector en Matadero, la Casa Zigzag o la brutal Hemeroscopium). En uno de sus últimos proyectos se vuelven estereotómicos, horadando una antigua mina para reconvertirla en vivienda y proponiéndonos un viaje alucinante al interior de la materia. 

Vamos ahora a retroceder unas décadas, aunque seguiremos on the rocks. En concreto nos vamos al Helsinki de 1969 si te parece. Dos hermanos, los arquitectos locales Timo y Tuomo Suomalainen, ganan un concurso para realizar una iglesia en una plaza peculiar, pues contiene una roca de dimensiones considerables. En el concurso se pedía respetar lo más posible la formación rocosa levantando al mismo tiempo una construcción singular. Los hermanos fineses excavaron la roca para alojar la iglesia en su interior, creando un espacio mágico donde las paredes están conformadas por la propia roca sin labrar, lo que genera unas condiciones acústicas excelentes (se celebran a menudo conciertos en su interior). La iglesia se cierra en su parte superior con una cúpula parcialmente acristalada. Desde el exterior (sobre todo a vista de pájaro), la pinta es un tanto extraña, como si un OVNI hubiera sufrido un aterrizaje forzoso (recordemos que la estética extraterrestre se llevaba mucho en los 60), pero es sin duda su interior, cavernoso a la par que moderno, el que la ha convertido en atracción arquitectónica de la ciudad. El apodo que le han puesto los helsinguinos es Piruntorjuntabunkkeri que, por si acaso no supieras finlandés, te traduzco: "Búnker de defensa contra el diablo". Te enlazo a fotos

Volvamos ya al presente, aunque geográficamente seguiremos muy al norte, para presentarte un último proyecto en el que de nuevo la roca (replicante aquí) es protagónica. Los noruegos Snøhetta han presentado estos días su proyecto para reconstruir unas pequeñas instalaciones acuáticas en un islote en Arendal (Noruega). En los años 30, el arquitecto también noruego Ketil Ugland diseñó un trampolín de saltos y un pequeño kiosco de estilo moderno que hoy andaban en tristes ruinas (en 1947 dejó de funcionar y en los 80 el trampolín fue expeditivamente demolido por el ejército para evitar suponemos males mayores). Snøhetta reconstruyen la caseta y el trampolín en inesperada muestra de respeto (no toda la modernidad lo merece) pero dejando claro su vocación orgánica amplían la instalación tomando como referencia los pequeños islotes rocosos típicos de la costa noruega, en palabras de los arquitectos "se asemejará a un bloque de piedra formado durante la última era glacial", al objeto de convertirlo en una zona de ocio en la que se podrán realizar variadas actividades culturales (incluirá un pequeño anfiteatro por ejemplo), un poco como la Little Island neoyorquina de Heatherwick que te traje aquí no hace mucho.

Terminamos ya. ¿Preparado para llevar tu roca de vuelta a la cima en plan Sísifo? Venga, que tú puedes. Te regalo esta animosa remezcla de un tema clásico de Moby como despedida. 

sábado, 21 de agosto de 2021

Réplicas

 


A las consabidas erres ecológicas (reducir, reutilizar, reciclar) a este paso habrá que añadir una más: replicar. Estamos siendo testigos con cada vez más frecuencia en el ámbito arquitectónico de un furor replicante de entornos naturales. Ojo que como decíamos hay mucho postureo, recordemos el  comentario de Wright según el cual un médico esconde sus errores con tierra, un abogado con papeles y un arquitecto con plantas. ¿Recuerdas el montículo artificial de MVRDV en Londres (por cierto que tras una clausura temporal debido a la lluvia de críticas, la atracción ha reabierto gratis y el responsable del ayuntamiento finalmente ha dimitido)? Pues en la foto de hoy tienes ocurrencia similar, más surrealista aún, de Terunobu Fujimori, se trata de uno de los nueve pabellones diseñados con ocasión de las Olimpiadas de Tokio. El de Fujimori, quien resulta ser un reconocido teórico arquitectónico con más de 50 años de práctica profesional a sus espaldas (algunos lo comparan con Venturi y Scott-Brown por su afán de investigar arquitecturas anónimas y anómalas), es en realidad una casa de té, típica construcción japonesa a la que el arquitecto ha dedicado su atención en otras ocasiones con resultados no menos excéntricos. La casa de té dadá que hoy te traigo, a la que sólo se puede acceder mediante una escalera de mano (la página web recomienda no llevar falda para la ocasión), mira al estadio olímpico de Kengo Kuma, otra construcción en la que la madera y la vegetación son protagonistas. Kuma, como Fujimori, se ha afanado a menudo en replicar la naturaleza y numerosos son los ejemplos que podríamos proponer (aquí el último), uno de mis favoritos es la Great Bamboo Wall, uno de los varios alojamientos a cargo de arquitectos de prestigio realizados en un exclusivo complejo a la vera de la Gran Muralla china (de ahí su nombre) y que, gestionados por la corporación hotelera Hyatt, pueden alquilarse en esta página web que te enlazo por si te animas (de todas formas si prefieres algo más cercano tienes un concepto parecido -las Solo Houses- en la comarca turolense de Matarraña). Kuma nos explica su elección del bambú para la piel de la casa: si la Gran Muralla pétrea quería separar, el bambú, poroso y flexible, quiere unir. Y hay más: "El bambú tiene una piel especialmente bella y, además, alberga un alma. En Japón hay un famoso cuento infantil sobre cómo la princesa Kaguyahime, la diosa de la luna, nació dentro de un tallo de bambú". El arquitecto, por cierto, acaba de terminar en Barcelona otro muro, esta vez con cadenas de alumnio, en una escalera de la casa Batlló que parece simular una ondulante gruta rocosa de uno de esos famosos arquitectos rocailleurs del siglo XIX. 

Hablando de rocas, también tenemos réplicas notables que comentar. No sé si te diste cuenta, pero en la última foto de la entrada anterior te colé una réplica. Era Hondalea, la intervención de Cristina Iglesias en el faro de la isla de Santa Clara. Ya todos conocemos la obra de la artista donostiarra, en la que se reproduce con exactitud un paraje rocoso de la costa cercana en el interior del desventrado faro (cuya linterna sigue aún funcionando). Uno se pregunta qué sentido tiene replicar la naturaleza que tienes justo al lado; acaso tendría más sentido la intervención similar que hizo en plena City de Londres a la vera de la sede de Bloomberg, diseñada por Foster, y que a Wainwright le pareció metáfora de los sumideros del poder económico (obviamente no creemos fuera intención de Foster o Iglesias provocar esa imagen, sea como fuere no es de extrañar que el arquitecto inglés fuera uno de los primeros en visitar Hondalea). En su interior, recuerdas el lema de Tyrell, la corporación que fabricaba replicantes: More human than human. Las rocas metálicas contra las que choca un mar falso (en realidad agua dulce bombeada) son casi más naturales, más perfectas que la naturaleza real, y en esos inquietantes minutos en los que paseas por la instalación te preguntas no sin escalofrío si en un futuro no tan lejano seremos definitivamente reemplazados por réplicas impolutas. Acaso es lo que el ser "humano" merece. El faro de Iglesias rasga la noche con una luz oscura, en el oxímoron con el que Fernández-Galiano, ya no me acuerdo a ton de qué, recordaba la misión desasosegante que todo arte que se precie debe desempeñar. 

Escucho mientras termino la entrada Soil Festivities, de (cómo no) Vangelis, el mago de los sintetizadores. Este álbum de 1984, que festeja la naturaleza con temas sobrecogedores (especialmente los dos primeros, acaso entre los mejores de toda su obra) se inicia con un trueno y lluvia electrónicos (¿o son reales?). 

lunes, 9 de agosto de 2021

Rocas mágicas

 




"La arenisca es la piedra más divertida y la más extrañamente modelada que existe. Es entre las rocas lo que el olmo entre los árboles. No hay aspecto que no adopte, no hay capricho que no tenga, no hay sueño que no realice; tiene todas las caras, hace todas las muecas". (Víctor Hugo, Viaje a los Pirineos y los Alpes).