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domingo, 4 de diciembre de 2016

Juego de tronos (2)


Más contendientes para el Salón de Reinos del Prado, echemos un vistazo a sus propuestas:


-Cruz y Ortiz, en su propuesta de nombre Octubre, plantean una actuación similar a la de Foster y OMA en cuanto al volumen (recordemos que es un añadido posterior) de la fachada sur, esto es, eliminarlo y en su lugar colocar un atrio que dé entrada al museo. La única diferencia aquí es que en lugar de dejar un espacio diáfano, los andaluces lo dividen en dos plantas, una especie de semisótano (que recuerda a la intervención subterránea -o más bien subacuática- que tuvieron que hacer en el Rijksmuseum) por donde se entra al recinto y una planta superior de mayor altura que da acceso a la zona "noble" del edificio, ambos en el estilo sobrio y elegante (pero más bien frío) que caracteriza al estudio.
Como fachada interior, ni el regreso al XVII que propone Foster ni la modernidad radical de OMA (por cierto que en los paneles de la exposición del Claustro del Prado no consta que el proyecto del holandés, Historia en movimiento, se haya realizado en colaboración con Linazasoro), sino que se mantiene el estilo de la fachada actual. Desde el exterior el atrio (que se iguala en altura con el tejado, desparece por tanto la terraza) tiene una curiosa forma de celosía o enorme rejilla que también podría recordar a las enormes lámparas (las jaulas metafísicas en palabras de Moneo) que cuelgan de los patios interiores del Rijks. La gran pega de esta actuación es que se elimina la tercera planta sobre el Salón de Reinos con lo que el espacio expositivo queda muy mermado. De hecho los arquitectos -evidenciando así dicha carencia-  proponen en una especie de plan B levantar dicha tercera planta si fuera necesario.




-Vamos con Nieto y Sobejano, también en solitario, que dan a su propuesta el intrigante nombre de 190613. Los madrileños crean un nuevo espacio -como casi todos los demás- en el volumen adosado a la fachada sur, pero en lugar de convertirlo en un atrio introducen en él dos plantas con salas de exposiciones. Mantienen a su vez la tercera planta original del edificio principal, por lo que aquí vamos bien surtidos de espacio.
Desde las nuevas salas, abiertas hacia el interior, podemos ver el Salón de Reinos a través de un patio de luces, y si miramos hacia abajo, la planta de acceso, creándose un conseguido juego visual que quizá sea lo más destacable del interior. La fachada sur resulta cuando menos extraña. Las nuevas salas quedan clausuradas hacia la calle con un hermético cierre de aluminio (solo interrumpido por un ventanal justo sobre la estatua de la reina María Cristina y una abertura en forma de tríptico en un extremo) que desde la calle da un aspecto de contenedor de carga que dialoga mal con el resto del edificio.






-Arcadia es el nombre del proyecto de la UTE formada por Gluckman Tang, Álvarez Sala (coautores junto a Carlos Rubio, que ha trabajado aquí con Foster, de la torre PwC) y Enguita y Lasso de la Vega. De nuevo un cuerpo extraño es lo que nos proponen para la fachada sur, en este caso traslúcido, con el que envuelven el consabido atrio sobre el que sitúan una generosa terraza mirador (proponen dos más en los extremos del edificio). Esta encomiable voluntad de volcar el edificio al exterior junto al envoltorio cristalino recuerda al Whitney de Piano, lástima que no estemos en el Meatpacking district.





-Souto de Moura junto a Juan Miguel Hernández León y Carlos de Riaño Lozano (conocido por rehabilitar el cuartel de Conde Duque) firman la propuesta de nombre Philippus Rex, la más minimalista con diferencia, que más que añadir sustrae. Aquí no hay ni atrio ni terrazas, la fachada sur queda liberada y se le da una terminación que recuerda demasiado al Conde Duque. Sobre gustos no hay nada escrito, pero no parece casar bien con el resto del edificio. La entrada se aloja en un zócalo en esa misma fachada que parece de hormigón (único añadido al edificio que la propuesta sugiere). Se elimina la tercera planta sobre el salón de reinos y el espacio se recupera creando un sótano, algo que puede resultar problemático teniendo en cuenta lo delicado del subsuelo. Quizá lo más acertado de la propuesta sea el reordenamiento del espacio público que rodea al edificio.






-Pasamos de la sustracción a la adición a lo bruto. Hablamos del proyecto de lema bíblico Noli me Tangere a cargo de Garcés de Seta Bonet Arquitectes (impresionantes sus descarnadas estaciones de metro en Barcelona, aquí no aplican el concepto) y Pedro Feduchi Canosa (autores de las zonas de descanso del ayuntamiento madrileño). Su intención de replicar el salón de reinos con otra sala de igual altura en la planta superior les ha obligado a sobredimensionar el edificio. La vista de la fachada sur queda muy cargada: se mantiene la preexistente y se continúa por encima con un cerramiento que protege el atrio. Por dentro una profusión de escaleras (algunas de ellas mecánicas) quizá lo acercan más a un centro comercial que a un museo.






-Llegamos al fin a la propuesta de Chipperfield, de nuevo con nombre en clave (1204SDR), que ha presentado junto al conocido estudio b270 (juntos han trabajado también en la Ciudad de la Justicia de Barcelona y en el Veles e Vents valenciano; por cierto que el estudio de Fermín Vázquez ha colaborado también con Nouvel en la ampliación del Reina Sofía). Yo diría que en el exterior da en el clavo, la nueva fachada del atrio-entrada tiene una belleza atemporal  que le permite combinar a la perfección con el resto del edificio, ofreciendo una vista espléndida desde el interior a través de unos enormes ventanales. Al tejado en mansarda original se le da una terminación moderna que también sienta muy bien al edificio. La cosa cambia al entrar. El nuevo volumen está dividido en dos plantas (entrada y acceso al edificio "noble", como Cruz y Ortiz) por lo que la sensación al acceder es la de un espacio angosto; además, al no llegar hasta el techo del edificio principal, en la segunda planta sigue sin ofrecer la espectacularidad que sí tienen los atrios de Foster u OMA. Por otra parte Chipperfield aparentemente no dota de terraza al atrio (no veo barandilla), por lo que se pierde una oportunidad de aprovechar ese espacio muerto para abrirlo al público (como sí hace la propuesta Arcadia, por ejemplo). Igual es porque la gente pululando por ahí rompería el dichoso ethos minimalista que quiere imprimir el inglés en todas sus obras.

Por lo demás, mantiene la tercera planta sobre el salón de reinos (al que dedica especial atención proponiendo la recuperación de las obras -como Las lanzas de Velázquez- que originariamente colgaban allí), donde coloca otra sala de exposiciones que llama la atención por sus cerchas al aire. Da la sensación de que no se da ningún tipo de tratamiento especial al techo, y nos preguntamos si Chipperfield es consciente del clima madrileño en verano (muy distinto del gallego que ya sabemos sí conoce bien).



Conclusión, ¿es la propuesta de Foster la mejor? A ver, como comprenderás mi opinión vale lo que vale, pero ya puestos, al lío. Lo que me parece evidente es que el de Manchester se lo ha trabajado como nadie. Suponemos que tenía ganas de quitarse la espina clavada cuando aquel confuso concurso para la ampliación del Prado en los tiempos de Esperanza Aguirre, y no podemos olvidar sus estrechos vínculos con España. Traza Oculta lo tiene todo, y más. Un atrio espectacular (bien podría llamarse un salón del pueblo) que reproduce la misma vocación teatral que el salón de reinos a base de balcones y balconadas que nos permitirán ver y dejarnos ver, ideal en estos tiempos tan narcisistas; una fachada interior que quiere igualmente rescatar el estilo del siglo en que el edificio original fue levantado (con un celo por recuperar la memoria, el famoso espíritu del lugar, que no demuestra ninguno de sus contendientes); y encima, un poco más arriba, pasamos de sopetón cuatro siglos para entrar en una sala de exposiciones (la más grande de todas las propuestas al utilizar toda la planta del edificio tras eliminar la terraza sobre el volumen de la fachada sur) que promete incorporar la tecnología más avanzada: vigas Vierendeel para que no haga falta situar ni una sola columna, un sistema de iluminación para permitir un sinnúmero de combinaciones lumínicas, un techo (este sí, inteligente) que incorporará células solares y que también regulará la luz natural, la posibilidad de abrir la sala a las vistas sobre el Casón y alrededores, en fin, el sueño húmedo de todo comisario. Eso sí, semejante despliegue espacio-temporal que consigue la cuadratura del círculo uniendo Zeitgeist y genius loci tiene el precio de una sobrecarga narrativa (vaya, tengo el día pedante) especialmente en el tuneado exterior, que puede resultar cacofónico a más de uno (fachada abierta, fachada interior del s.XVII con rancios enrejados, visera high-tech...). Pero me da que se nos olvidará nada más entrar.



domingo, 3 de julio de 2016

De Prada al Prado


Pues ya sabemos los ocho equipos que van a competir para la rehabilitación del Salón de Reinos, el antiguo Museo del Ejército (reubicado en 2005 en el Alcázar de Toledo), que quedará incluido en el campus del Museo del Prado suponiendo un aumento del 16% de espacio expositivo y para la que se va a destinar un modesto presupuesto de 30 millones de euros. El edificio, al lado del Casón del Buen Retiro y la Real Academia de la Lengua, concluido en 1635 por Alonso Carbonel, es una curiosa mezcla de austeridad herreriana (recordando a la Plaza Mayor madrileña de Gómez de Mora o al burgalense Palacio de Lerma de Francisco de Mora, tío del anterior, con sus severas torres con chapiteles de pizarra) y festivo colorido (en un tono rosa con un punto portugués un poco alejado de su recia función como contenedor de glorias castrenses). Lo impulsó el famoso Conde-Duque de Olivares bajo el reinado de Felipe IV, que como su nombre (Salón de Reinos) indica quiso crear un recinto que celebrara la potencia de la monarquía hispana, en la que entonces aún no se ponía en sol, y dejara epatados a embajadores y visitantes ilustres de allende los Pirineos. A tal fin no se escatimó en presupuesto, destacando los imponentes cuadros encargados a Zurbarán (los trabajos de Hércules, no en vano los Habsburgo llevaban a gala descender de tamaño héroe mitológico) o a Velázquez (como la célebre Rendición de Breda), hoy todos ellos en el posterior edificio de Villanueva.  Lo que son las cosas, no mucho después Olivares caería en desgracia por intentar meter mano a los privilegios aragoneses (Cataluña incluso amagó con independizarse para regocijo de Francia, con quien el Conde-Duque también anduvo a la greña) hasta ser finalmente sustituido por otro valido, y la propia monarquía entraría en declive perdiendo por ejemplo Portugal en 1640 (aprovechando la distracción de la revuelta catalana) o la mismísima Breda del cuadro, recuperada para Holanda en 1637, ambas derrotas por cierto a poco de culminarse el Salón de Reinos (pues vaya mal fario el del palacete) que hoy nos ocupa.

Hablando de Holanda, hete aquí que lo mismo va a ser el holandés más famoso del globo al que acabemos rindiendo el Salón. Y es que Rem Koolhaas es uno de los ocho estudios preseleccionados para su rehabilitación. Literalmente no puedo esperar a ver la propuesta de este arquitecto de obras exquisitamente esquizofrénicas  (Luis Fernández-Galiano dixit en 2000) reinterpretando el orgullo hispánico-escurialense en clave post-15M (teniendo en cuenta su predilección por la provocación, no creo que dejara escapar la oportunidad de colarnos un gol por toda la escuadra). Qué morbazo. Para más inri Fernández-Galiano es uno de los miembros del jurado -Moneo es otro- que elegirá al ganador..., más atemperado en sus juicios últimos sobre el autor de S, M, L, XL, el catedrático de la ETSAM concluyó en el AV 178-179 (número monográfíco doble dedicado a él): "Rem Koolhaas exhibe la coherencia del que rehúsa permanecer inmóvil cuando los tiempos cambian, ofreciendo en cada trecho de su trayecto un retrato fidedigno del mundo alrededor". Pues a ver qué retrato nos deja en el Salón de Reinos: sería su primera obra en España tras el fiasco cordobés. Por cierto que, como aquí avisamos, hemos tenido a Koolhaas en el congreso arquitectónico de Pamplona y por supuesto no defraudó, la prensa ha destacado sus punzantes puntos de vista  (y eso que ha tenido duros competidores como Winy Maas y Bjarke Ingels, qué congreso más calvinista, por favor). Me quedo con su optimismo militante (crecer en una desventrada Rótterdam tras la Segunda Guerra Mundial, como él señala, ayuda: nos quejamos de vicio), su escandalizado rechazo a los populismos antieuropeístas (dice querer meterse en política para evitar un Nederexit) o su agudo análisis de una sociedad obsesionada por una comodidad que anula el riesgo ("en el viejo continente hemos cambiado la Igualdad, Libertad y Fraternidad por Comodidad, Seguridad y Sostenibilidad"), no te pierdas la entrevista que le hace Anatxu Zabalbeascoa. Curiosamente otro provocador nato, Michel Houellebecq, hace un diagnóstico muy similar en El País Semanal de hoy: "Hay que interrumpir el confort con sobresaltos" (Fernández-Galiano ya había comparado dieciséis años atrás el "talento tóxico" de ambos personajes en su artículo Los héroes amargos en Arquitectura Viva 74).

Sorprende igualmente el nivel del resto de los estudios seleccionados. Tenemos nada menos que a Foster (me encantaría que ganara por sus estrechos vínculos con España y porque haría un trabajo serio, elegante y exacto con un punto justo pero marcado de modernidad como el que hizo para el British Museum, que para eso estamos en el siglo XXI), a Chipperfield (es el que haría un trabajo de restauración más minucioso, no olvidemos su excelente trabajo en el Neues Museum de Berlín, la pega es que con un edificio en un estado más que aceptable una intervención tan previsiblemente respetuosa quedaría prácticamente oculta; además sería como una reedición de la ampliación del Prado de Moneo, con el que el inglés tiene tanto en común, ¿no apetece algo más de mordiente? Saltémonos la dieta por un día), a Nieto Sobejano (un estudio que sabe mantener el difícil equilibrio entre el respeto a lo preexistente y una audaz modernidad), a Cruz y Ortiz (los del Rijksmuseum) o a Souto de Moura (representante de la exquisita arquitectura actual portuguesa que con muy poco es capaz de expresarlo casi todo). Completan la lista dos amalgamas de arquitectos: Garcés de Seta Bonet Arquitectes junto a Pedro Feducci Canosa, y Gluckman Tang Architects-Alvarez Sala junto a Arquitectura Enguita y Lasso de la Vega, menos conocidos pero que seguro pondrán toda la carne en el asador por la cuenta que les trae.

En fin, habrá que esperar al 30 de octubre a ver el proyecto que nos proponen, a final de año sabremos el ganador. El Otoño promete...



domingo, 30 de octubre de 2016

Rolex o setas (2)


Koolhaas, con Rolex

Pues vamos a seguir con las setas y los Rolex. Este intenso puente, aparte de celebrar la investidura del trick-or-treat, que no en vano estamos en pleno Halloween, expira el plazo para la presentación de los proyectos para la intervención en el Salón de Reinos del Museo del Prado como aquí ya informamos. Te recuerdo que pese a lo frugal del presupuesto (30 millones), competían algunos de los arquitectos más competentes y galácticos del momento:  Koolhaas, Foster, Nieto y Sobejano, Souto de Moura, Chipperfield o Cruz y Ortiz (a los que precisamente dedicábamos la última entrada), entre otros, toda una lucha de titanes. La verdad, no me gustaría estar en la piel de los miembros del jurado (entre ellos Moneo y Fernández-Galiano), porque la decisión puede traer cola (no sería la primera vez, que hay concursos que los carga el diablo).

El Neues de Chipperfield en Berlín
Volvemos a la entrada anterior y al chiste del "venir a setas o venir a Rolex" que contaba Gabriel Ruiz Cabrero al hilo de la arquitectura sobria y sutil de Cruz y Ortiz en 12 edificios, 12 textos, el libro-catálogo que acompaña a la exposición del Museo ICO sobre estos arquitectos flamencos por partida doble. Y es que se va a tener que tomar partido entre dos concepciones aparentemente irreconciliables de la disciplina arquitectónica: la narrativa y la antinarrativa (por utilizar el término de Emilio Tuñón en el mismo libro): esto es, la arquitectura que pretende construir un relato (palabra tan en boga) que exceda los límites de la disciplina y nos conmueva (o mejor, provoque) como haría una creación artística o literaria, o la arquitectura que se ciñe a su complejo quehacer, que no es poco, y se deja de historias (nunca mejor dicho). Liderando el bando Rolex Koolhaas, adalid de la arquitectura-f(r)icción, donde también militaría, aunque con un perfil más bajo, Foster. Frente a ellos, Chipperfield junto a Cruz y Ortiz y Souto de Moura en el bando Seta. En el centro de la balanza (aunque algo escorado hacia sector Rolex), Nieto y Sobejano. De los demás arquitectos (dos equipos más) no tengo referencias, pero siendo estudios que han unido fuerzas seguramente para poder dar mejor réplica a nombres tan potentes, me temo que van a tener más complicado crear un proyecto con una identidad propia (lo que no quita que al final se lleven el gato al agua precisamente gracias a esa rica mezcla de aportaciones). Pues eso, que el jurado lo tiene crudo. Si se decantan por el bando Rolex se les fustigará con saña por premiar a la muy denostada arquitectura espectáculo, a la que, en interesado relato, se ha cargado con el mochuelo de la crisis; si se decantan por un seta (con perdón), más de uno habrá que se lleve las manos a la cabeza ante la oportunidad perdida de tener en el corazón de la Villa y Corte una intervención de uno de los arquitectos más mediáticos e influyentes del mundo (hablo aquí del holandés, Foster afortunadamente ya tiene obra en Madrid).

El otro día vi un video sobre Nouvel, en el que aparte de unos cuantos manidos tópicos (lo del arquitecto diseñando en la servilletas de los restaurantes está más visto que el tebeo) se puede ver cómo van las obras de sus espectaculares proyectos árabes, aunque lo que más me llamó la atención fue una cita de Baudrillard, "la arquitectura es una mezcla de nostalgia y anticipación extrema" y otra del arquitecto francés, "un edificio debe ser el reflejo de una época, de una generación, de una sociedad en un momento concreto". Casi nada. He vuelto a echar una ojeada al libro Los objetos singulares. Arquitectura y filosofía en el que precisamente ambos (Nouvel y Baudrillard) mantienen una serie de conversaciones transversales (por cierto, la cita del filósofo francés en el video está tomada de aquí), y en el que encuentro opiniones que nos pueden ayudar en el dilema que hoy nos ocupa, que no es otro (una vez más) que el de la rehabilitación de edificios (cómo y cuánto): "Considera París, por ejemplo -le dice Nouvel a Baudrillard-; esta capital ha sido caracterizada por lo que llamo la "formolización", que consiste, como ocurrió en la rue Quincampoix o en el Marais, alrededor de Saint Paul, en conservar toda una serie de fachadas de carácter histórico construyendo detrás apartamentos nuevos. Es evidente que eso no sirvió más que para una sola cosa: cambiar la población pobre que estaba allí y ubicar una población que tenía medios". Frente a la formolización Nouvel defiende la mutación. Cuando esta se produce, "ya no se vive en el lugar de la misma forma, no existen las mismas cosas dentro, se juega de manera diferente con la escala, se le cambia el sentido, y a partir de lo que era un gran volumen baldío, puramente funcional, se llega por derivaciones sucesivas a una re-creación o regeneración que nadie habría imaginado que fuera posible. Hoy es necesario fomentar este proceso de fabricación de lugares. Permite salir de las normas dimensionales, de tener ese exceso, eso superfluo que es indispensable e improgramable, que provoca la demasía, lo demasiado grande, lo demasiado alto, lo demasiado sombrío, lo demasiado feo, lo demasiado rígido, lo imprevisto, lo radical".


El Centro Pompidou de Rogers y Piano
Hablando de radicalidad, no muy lejos de donde Nouvel ubica su ejemplo de formolización se alza uno de los casos más extremos de arquitectura radical, al que por cierto Baudrillard también dedica su atención en el libro que acabamos de citar. Hablamos del Pompidou. Veamos lo que dice el filósofo del mastodonte alienígena: "¿De qué habla el Beaubourg? ¿De cultura, de comunicación? Pienso que no. Habla de flujo, de almacenamiento, de redistribución, y eso la arquitectura de Piano y Rogers lo dice literalmente. Lo que dice literalmente es casi el reverso del mensaje que supone sostener. Beaubourg representa la cultura y a la vez aquello en lo que la cultura está muerta, en donde ella sucumbió; dicho de otro modo, la confusión de los signos, la sobrefusión, la perfusión... Es esta contradicción interna lo que traduce la arquitectura de Beaubourg, y lo que llamo su 'literalidad'". No es la única vez que el filósofo habló del Pompidou, 23 años antes del libro con Nouvel escribía El efecto Beaubourg. Implosión y disuasión, donde utilizaba el recién estrenado edificio como ejemplo máximo de la banalización del arte (lo llama "un gran agujero negro"). En realidad el Pompidou no es otra cosa que un producto del mayo del 68, lo dice el propio Rogers: "Ese momento casi cambió la historia europea, parecía que se avecinaba una revolución que no llegó a suceder, pero capturamos algo de todo eso en el edificio, fue un periodo muy activo en lo político, y se puede decir que era parte del concepto del edificio. Fue un periodo dinámico, de cambio, y queríamos capturar lo que estaba pasando en ese momento". En la fachada los arquitectos quisieron reflejar los disturbios callejeros de la época y la guerra de Vietnam. Con la generosa plaza quisieron dotar a una zona muy densa de un lugar de esparcimiento y reunión. Por cierto que en el video Rogers también relata la famosa anécdota del paraguazo que le propinó una vecina cuando el ingenuo arquitecto se identificó como autor de semejante despropósito. En fin, la revolución hecha edificio.

El Salón de Reinos, en capilla
¿Qué queremos para el Salón de Reinos, insigne palacete sin gran relevancia arquitectónica levantado para mayor gloria de la monarquía española precisamente en el siglo (XVII) que marcaría su declive? ¿Una rehabilitación respetuosa, exacta, silenciosa y nostálgica o una intervención singular que trate de ser reflejo (otra cosa es que lo consiga) de estos tiempos fragmentarios, dispersos y a menudo cínicos que nos ha tocado vivir? Tú mismo.


sábado, 26 de noviembre de 2016

Juego de tronos

Foster se llevó el gato al agua

Pues sí, ha sido Foster junto al estudio Rubio arquitectura (los autores de la torre PwC en Madrid) los que han ganado el concurso para la ampliación del Salón de Reinos del Prado. Por ahora es el único proyecto conocido, pero a partir del 1 de diciembre habrá una exposición en el propio museo donde podrán verse las otras siete propuestas preseleccionadas (allí estaremos como un clavo). El proyecto ganador, de nombre Traza Oculta, propone abrir la fachada sur (la que da al Casón del Buen Retiro) con grandes ventanales que darán luz a un amplio atrio, nuevo corazón del edificio, que servirá de antesala al propiamente dicho salón de reinos (una enorme sala de 35 metros de largo, diez de ancho y ocho de alto diseñado para saraos reales) y los nuevos espacios expositivos. El atrio es sin duda el espacio más atractivo que quedará tras la intervención, que además replica la vocación teatral que tenía el Salón (también conocido como palco real), y estará rodeado, como lo estaba aquel, por una galería abalconada que permitirá al visitante ver y ser visto desde todos los ángulos posibles.

El atrio muy teatral de Foster y Rubio
Para la fachada interior que da paso al meollo del edificio Foster propone una recreación en el estilo de la época en la que el edificio original fuera construido (siglo XVII), con más balcones aún por encima de la galería, mientras los enrejados de ventanas y balcones imitan igualmente los típicos de aquellos tiempos en los que el Conde-Duque de Olivares campaba a sus anchas por la Villa y Corte. En las plantas superiores es donde Foster hace de las suyas, y cómo. Elimina los tejados originales, tanto el del edificio principal como del que sirve de antesala (aquí en realidad una terraza), y tras igualarlos en altura monta sobre ellos una planta que servirá de espaciosa sala de exposiciones que se quiere a la última.

En esto que iba yo a hacer unas consideraciones finales y dar finiquito la entrada, y resulta que me acabo de encontrar en Metalocus rénders de la propuesta de OMA (asociado a Linazasoro nada menos, el de las Escuelas Pías), así que aquí me quedo. Koolhaas curiosamente plantea un atrio muy similar al de Foster, permeable como el del de Manchester gracias a generosos ventanales que en su propuesta incorporan unos enormes toldos high-tech frente al implacable sol madrileño, una buena idea. Eso sí, al contrario que Foster, OMA y Linazasoro plantean un lenguaje moderno sin concesiones para el interior de dicho espacio. Aquí no hay balconcillos ni rancias rejas en la fachada interior, sino una sobria fábrica de ladrillo con aperturas que pueden remitir a Kahn o a Ando (si construyera en ladrillo) y encima -el toque OMA- me le han colocado en un extremo una espectacular escalera zigzagueante en negro (a juego con el techo del atrio) que como digo da un toque rabiosamente contemporáneo (fotos). En fin, para gustos los colores, yo hubiera preferido el atrio de Koolhaas, aunque sinceramente, si tuviera que elegir uno de los dos espacios para relajarme con café y periódico, casi que me quedo en el de Foster.

El Salón, abierto en canal por Foster
Pero es en la terminación superior (ambos estudios alojan allí las salas de exposiciones principales) donde los proyectos marcan las mayores diferencias. Koolhaas, mucho más respetuoso aquí (quién lo iba a decir) que Foster, mantiene la estructura original del edificio y coloca el espacio expositivo en el ala principal del palacio, el que se sitúa justo detrás del edificio que hace de entrada al recinto (donde va el atrio en ambos proyectos), que en su caso no es modificado ya que mantiene la terraza que lo corona. Foster como veíamos amplía la superficie de esa sala de exposiciones al incluir en ella la superficie de la terraza original, que desaparece en su proyecto. Foster gana metros para exposiciones, Koolhaas respeta más el diseño original (que en realidad no lo es, se trata de un edificio remozado en varias ocasiones desde su construcción). Obviamente el aspecto exterior sufre mucho más en el proyecto de Foster.

En fin, dos proyectos muy interesantes, estoy deseando ver el resto. Acabo no sin antes comentar brevemente lo sorprendido que me han dejado ciertos comentarios al poco de conocerse el proyecto ganador (cuando aún ni se habían filtrado los rénders de Koolhaas). Según los mismos, el proyecto se habría dado a dedo a Foster por la conocida amistad que Luis Fernández-Galiano, miembro del jurado, tiene con el inglés. Vaya por Dios. Uno se pregunta si los otros 13 miembros del jurado también son amigos de Foster, o si es que Fernández-Galiano no tiene más amigos entre la profesión. Se dice también que Galiano habría convencido al jurado por su carisma y capacidad de liderar al resto. Uno se pregunta ahora si ser carismático y tener dotes de liderazgo debería estar penado por ley, o si es que los otros 13 miembros del jurado (entre ellos la plana mayor de mandamases del Prado) son una panda de panolis que iban a aceptar gato por liebre por muy bien que se lo vendiera Galiano. El colmo viene cuando meten a Moneo (otro miembro del jurado) in the mix y llegan a decir que el Pritzker no quería elegir a Cruz y Ortiz o a Chipperfield (ambos entre los seleccionados finales) porque habrían hecho sombra a su controvertida rehabilitación del Prado (como si el Rijksmuseum y el Neues no hubieran generado polémicas, como si Moneo aún tuviera que demostrar algo). De nuevo me pregunto si determinadas publicaciones digitales que se pretenden serias y rigurosas (y desde luego son de una gran calidad) no deberían tratar de ser más objetivas y en este caso concreto esperar al menos a que se hagan públicos el resto de los proyectos para poder así juzgar con fundamento si el proyecto ganador realmente desmerece en relación con el resto (en cuyo caso habrá por supuesto que repartir estopa) o no. De lo contrario darán la sensación de faltar a la objetividad tanto o más que aquellos a los acusan de eso mismo. Consejos vendo (y para mí no tengo).


jueves, 25 de julio de 2019

Nubes y lágrimas


Hoy toca hablar de Foster, que al fin recibe una buena noticia. Tras quedar tumbado su proyecto en  Londres (el Tulip), por no hablar del culebrón mexicano, acaba de ganar el concurso para la ampliación del Museo de Bellas Artes en Bilbao al que concurrían dos potentes pesos pesados, Pritzkers como él (Moneo y SANAA), dos jóvenes y rutilantes estrellas nórdicas (BIG y Snøhetta) y Nieto y Sobejano, el estudio madrileño curtido en ampliaciones. Sorprende semejante concurrencia (en total hubo 57 propuestas) para un proyecto modesto presupuestado en poco más de 18 millones de euros (7 veces más ha costado la galería James Simon de Chipperfield en Berlín de la que hablábamos hace poco), y es que Bilbao, será por lo del efecto, es mucho Bilbao. Todos los contrincantes menos SANAA y BIG ya trabajan o habían trabajado en suelo vasco y algunos incluso en la ciudad (así Foster, que diseñó su metro o Moneo, autor de la biblioteca de la universidad de Deusto). Moneo es el más reincidente en el País Vasco, ya que en Donostia tiene su premiado Kursaal, la iglesia de Iesu y uno de sus primeros edificios de calado, el Urumea, un imponente bloque de viviendas levantado en los 70 a la vera del homónimo río y que aún hoy sorprende por su apabullante modernidad. A su vez Snøhetta trabajan ya en el polémico metro donostiarra y también en la capital guipuzcoana tienen Nieto y Sobejano su brillante ampliación del Museo San Telmo. Decir por último que tanto Foster como Moneo son viejos conocidos del museo que hoy nos ocupa, ya que en 1996 fueron jurados de otra ampliación que finalmente acometería el equipo de Luis Uriarte, arquitecto con el que Foster se ha unido para el diseño de la presente remodelación. Más coincidencias: el presente director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, lo fue previamente del Prado, donde pilotó también sendas ampliaciones del museo madrileño: la de Moneo y la aún pendiente de acometer, el Salón de Reinos, a cargo precisamente de Foster. Antes de dirigir el Prado durante 15 años, Zugaza ya había sido director del de Bellas Artes de Bilbao, donde lideró la mencionada ampliación del 96. 

Foster, como el resto de contendientes, tenía que arreglárselas para ampliar al triple nada menos la superficie del museo bilbaíno, que dormitaba hasta la fecha un plácido sueño a la sombra asombrada del Guggenheim. Para ello, el de Manchester se ha inventado una nube alienígena que, flotando sobre el edificio original apenas se sujeta al suelo con esbeltas columnas formando triángulos, santo y seña del estudio (no por nada el proyecto lleva el lema de Agravitas), ala aleve que incorporará en su interior un impresionante espacio diáfano de 2.000 metros cuidados y alojará también, en una mezzanine, cafetería, oficinas, espacios de usos múltiples y, a los lados, sendas terrazas sobre el parque de doña Casilda de Iturrizar, donde por ahora se esconde el tímido museo. Otra significativa aportación del arquitecto que cerró el atrio del British Museum ha sido, precisamente, cubrir la pequeña plaza del museo donde se encuentra el monumento a Arriaga (el "Mozart vasco" muerto a los 19 años de edad), concluido en 1933 veintisiete años después de que fuera diseñado por Francisco Durrio, escultor que fuera amigo de Picasso y Gauguin. Merece la pena que nos detengamos mínimamente en este bello conjunto escultórico protagonizado por Melpómene, musa de la tragedia, que porta una lira y mira en forzada pose al cielo, acaso culpándole de la muerte prematura del compositor mientras se alza sobre un soberbio pedestal que recoge su chorro de lágrimas. A las habituales polémicas sobre diseño, emplazamiento y demás, hubo que sumar, cuando se inauguró, otra sobre la desnudez de la escultura. Xabier Sáenz de Gorbea, en un interesante artículo en Arte y Parte (nº 105), cita a un tal Juan de Eresalde, que la defendía con este florido verbo que no puedo sino incluir aquí:"Ningún rigorista podrá alarmarse ante el desnudo que corona el monumento. No es un desnudo sensual en el sentido estricto que se da a entender con el vocablo, el desnudo de la Musa del Arte; ni provoca en lo más mínimo los instintos carnales, pues es un desnudo de traza egipcia, un efebo, un desnudo ideal, casto, castísimo, ante el cual el temperamento hedonista no conseguirá estimular sus soterraños lascivos. El dorado del desnudo aleja aún más tales temores". Y, sin embargo, Franco ordenará retirar la escultura en 1948 y sustituirla por otra Melpómene, esta recatada y vestida, por supuesto. Por favor te lo digo. Solo en 1975, casi treinta años después, se repondrá la obra original. Fotos aquí.

Volvamos a Foster. Estábamos con el atrio, que quedará cubierto por la nube por arriba y de frente por el vidrio enmarcado por las doradas columnas, dorado que quizá remita al color de la escultura de Durrio. Melpómene seguirá llorando, mas ya nunca serán lágrimas en la lluvia. Pero justo encima de la cabeza de la musa, alzada al cielo con ira contenida, un oportuno óculo perfora la nube para que nuestra desconsolada musa pueda seguir mirando al infinito. Desde el óculo los visitantes que se encuentren tanto en la gran sala exposiciones como en la entreplanta podrán también mirar hacia el nuevo atrio, que Foster considera el corazón del edificio. Por último, pero no menos importante, la tercera intervención del arquitecto será modificar la entrada, ahora como escondida, que se hallará en la deslabazada plaza Euskadi, de la que ya hablamos en alguna ocasión aquí glosando la mezcla imposible entre la desproporcionada torre del recién fallecido Pelli, un bloque neomodernista al que hay que echar de comer aparte, otros de factura ultramoderna y varios bloques rimbombantes probablemente de los años 50; todo un zoo arquitectónico de difícil digestión. El nuevo museo añadirá aún más ruido, pero teniendo en cuenta que la plaza ya era infumable igual la acaba arreglando de rebote.

Foster lo ha vuelto a hacer: tras, como señalábamos, su victoriosa propuesta de ampliación y reforma del Salón de Reinos del museo del Prado con un diseño similar en concepto al que vemos aquí, en Bilbao el británico arriesga a fondo con un proyecto que responde a su exigente programa sin esconderse, poniendo en el mapa al eterno y retraído segundón con un lenguaje rabiosamente moderno representado por esa nube despeinada (quién sabe si guiño a los vascos Vaumm y su Basque Culinary Center, aunque Foster dice haberse inspirado en las estrías de las columnas clásicas, que así potenciaban su esbeltez), al mismo tiempo que respeta el museo existente, inaugurado en 1945 con diseño de Fernando Urrutia y Gonzalo Cárdenas. Compárese con el horror perpetrado por Steven Holl en la reciente propuesta de ampliación de otro museo en la República Checa, tan feroz es el ayuntamiento de lo nuevo y lo viejo que parecen enzarzados en descarnada lucha a dentellada limpia, te enlazo a imágenes, pero aviso de que pueden herir gravemente tu sensibilidad. Foster juega fuerte, sí, pero sabe que el cielo solo se puede asaltar nube a nube. A falta de ver el resto de las propuestas para el museo bilbaíno, nos parece -habló el experto- un fallo acertado.

domingo, 24 de junio de 2018

Ejes


Así quedará el edificio que hasta hace poco tenía Barclays en la Plaza de Colón de Madrid. Nada menos que Norman Foster va a ser el encargado de remodelarlo, añadiendo una nueva fachada transparente envuelta en diagrid, su característica red metálica en forma de triángulos que adoptó de Buckminster Fuller y un atrio interior que conectará todas las plantas. En sus casi 4.000 metros cuadrados habrá espacio para tiendas y oficinas, así como una espléndida terraza a dos alturas que me temo quedará reservada para eventos privados. Luis Cueto, coordinador general de la alcaldía madrileña, con la que Foster ha sintonizado muy bien desde la llegada de Carmena, no ha dudado en llamar al eje Recoletos-Castellana el Paseo Foster, ya que en no mucho tiempo tres edificios del de Mánchester se situarán en él: la ampliación del Salón de Reinos del museo del Prado, la torre Cepsa (la única obra de las tres terminada a día de hoy, sin olvidar la Fundación Foster, muy cerca de aquí) y ahora esta nueva intervención, de nombre Axis, no en vano se sitúa en uno de los ejes vertebradores de la ciudad. La reforma va costar 10 millones de euros y estará terminada el próximo verano, sorprende que el edificio vaya a quedar tan cambiado en tan poco tiempo. Por cierto no es el único inmueble que ha sufrido o sufrirá un rejuvenecedor lifting en los alrededores: el edificio a su vera fue intervenido por Rafael de la-Hoz con una fachada que reinterpreta las tradicionales celosías, y las famosas torres de Colón están a punto de recibir un profundo rediseño propuesto por su propio autor, Antonio Lamela (coautor junto a Rogers de la T4), fallecido el pasado año, que las despojará de ese remate tan como de Miami conocido por el enchufe. El mismo Foster en persona te cuenta más de su proyecto en este video.

He intentado buscar información del fatigado edificio que se perderá (en realidad solo su fachada), de un brutalismo tan raro en Madrid (no me extraña que Barclays lo acabara comprando: le recordaría a su país) y me ha sido imposible encontrar ni tan siquiera el nombre de su arquitecto. Sólo sé que fue construido en 1971 para el Banco de Valladolid, época de la que he encontrado esta foto. A pesar de su originalidad no es de extrañar que pasara desapercibido pues por aquellos mismos años se estaban elevando sus vecinas las Torres de Colón, muy mediáticas (y polémicas) debido a su desproporcionado tamaño y novedoso sistema de construcción, y se ultimaba la Torre de Valencia con no menos sonada polémica por, según sus detractores, destrozar las vistas de la Puerta de Alcalá desde Cibeles. A mí el edificio de Barclays me gustaba, especialmente iluminado en la noche con el azul corporativo seña de identidad de la entidad, pero es obvio que los tiempos reclaman nuevas formas y las duras aristas de hormigón de las que hacía gala ya no proceden.

El de Foster será un edificio optimista y abierto que con su malla porosa lanzará un mensaje de permeabilidad razonable a un mundo que se dice global pero al mismo tiempo se apresta a construir muros que no reflejan otra cosa que su tremenda debilidad y falta de confianza en sí mismo: "Antes del "descubrimiento" del individuo autónomo, la antigua polis soñaba con la demolición de sus muros, o al menos, con no tener que mantener sus puertas cerradas. Cuando el hijo de una antigua ciudad griega ganaba una competición olímpica, sus mayores ordenaban la demolición de parte de las murallas de la ciudad. Solo en tiempos de crisis o degeneración se ordenaba cerrar las puertas. (...) las puertas abiertas eran entonces símbolo de poder. Adriano y los emperadores chinos construyeron grandes murallas, pero nunca con la intención de congelar el movimiento humano. Eran murallas porosas, meros símbolos de los límites autoimpuestos de sus imperios, y una especie de primitivo sistema de alerta temprana" según señalan en un reciente artículo Danae Stratou y Yannis Varoufakis (¿le recuerdas?) para Architectural Review.  Y Jaime Lerner, quien en sus sucesivos mandatos como alcalde de Curitiba dio solución a problemas endémicos de la ciudad brasileña de manera muy imaginativa (entérate en este breve video), señalaba recientemente en el congreso Menos arquitectura, más ciudad en Pamplona: "Es la flexibilidad de la imperfección la que permite la convivencia de culturas, costumbres y economías diversas". Acabo el párrafo aún con otra cita del mensaje de Stephen Hawking lanzado al espacio esta semana al tiempo que se procedía a la inhumación de sus cenizas en la abadía de Westminster: "Una de las grandes revelaciones de la Era Espacial es la perspectiva que ha dado a la humanidad de sí misma. Cuando vemos la tierra desde el espacio nos vemos como un todo. Vemos la unidad y no las divisiones, es una imagen simple pero con un mensaje muy convincente: un planeta, una sola raza. Estamos aquí juntos y necesitamos vivir juntos con tolerancia y respeto. Debemos convertirnos en ciudadanos globales". (Escucha el mensaje completo, que recuerda de nuevo a Fuller, acompañado de la magnífica música de Vangelis).

Como soñar es gratis, estaría genial que ya puestos Carmena (también presente en el congreso de Pamplona donde dijo por cierto, ánimo, es la última cita de hoy:"empieza a no ser posible realizar en las ciudades desarrolladas políticas verticales, solamente se pueden hacer horizontales" ) fichara a Foster para dar una vuelta a la plaza de Colón como hizo con Trafalgar Square...




sábado, 4 de noviembre de 2017

Xocs



Volvemos a la City, enclave londinense al que ya hemos dedicado unas cuantas entradas. Verdadero xoc de trens arquitectónico (como puedes observar en la foto), unos cuantos grandes de la arquitectura han dejado aquí su huella (o al menos lo han intentado). El mismísimo Mies proyectó para esta zona una torre que finalmente no cuajó, en su lugar Stirling acabaría levantando un estridente edificio (lee la historia completa aquí). También muy cerca Koolhaas hizo para Rotschild una sobria y elegante torre inmaculadamente rectilínea, quién sabe si queriendo recordar en plan fantasma del padre hamletiano el proyecto del arquitecto alemán, que el holandés tiene mucha retranca. Foster acaba de inaugurar aquí la sede europea de Bloomberg, con la que nos meteremos en el segundo párrafo, aunque el de Mánchester ya tenía justo al lado un galáctico edificio de oficinas en forma de armadillo, el Walbrook. Hay también obras clásicas, como el Banco de Inglaterra de Soane, un banco de Lutyens reconvertido en hotel con un restaurante diseño de Terence Conran nada menos o la pequeña iglesia de San Esteban Walbrook, encapsulada hoy entre grandes construcciones modernas (en esta foto la puedes ver entre la torre de Koolhaas y The Walbrook de Foster), construida poco después del famoso incendio de 1666 por Christopher Wren. Como ves, el nombre Walbrook se repite mucho por aquí, se trata de un río que cruzaba esta zona (hoy ya cubierto), y que resultó crucial en la fundación del Londinium romano allá por el 40 d.C. O sea, que 2.000 años nos contemplan.

Pues como digo el último en construir en tan sensible ubicación ha sido nuestro Norman Foster, que ha levantado para el antiguo alcalde de Nueva York (Bloomberg estuvo presente por cierto en el foro que Foster organizó en el Teatro Real de Madrid hace unos meses coincidiendo con la inauguración de su fundación), una sede que en la foto de arriba aparece detrás del edificio triangular que está justo en el centro de la imagen. Nosotros también hablábamos de esta sede hace ya algunos años, y citábamos al propio arquitecto, que definía su proyecto como una construcción nada tímida. Lo que son las cosas, cuatro años después justamente se la pone a caldo por serlo en exceso: ahí tenemos la cañera crítica de Oliver Wainwright, que sin cortarse un pelo asemeja el edificio (en el mismo titular) a un cortinglés de provincias que encima ha costado la friolera de 1.000 millones de libras. Para mí que los sufridos londinenses están ya tan acostumbrados al desaforado skyline de la ciudad que la sobriedad se les antoja un peñazo. Por cierto que el mismo Foster junto a Nouvel estuvo a punto de construir en este mismo solar hará unos años un edificio mucho más a tono con sus pavorosos vecinos para el que la española Metrovacesa había comprometido 600 millones de libras. Al final la crisis se lo llevó por delante (no hay mal que por bien no venga), aunque ya se le había asignado mote: el casco de Darth Vader, sí, tal y como lo oyes. No veas el cachondeíllo de la prensa británica cuando el proyecto se vino abajo: que si la fuerza no les acompañó, que si Foster y Nouvel sintieron la fuerza de la recesión, y tal. Frente a semejante despropósito el nuevo edificio de Bloomberg mantiene un perfil bajo, que para aspavientos y xocs ya tenemos a Viñoly (la foto de arriba, de Foster+Partners, no es nada inocente), y busca transmitir confianza y estabilidad siendo casi su única "nota de color" unas pantallas móviles de bronce en la fachada para regular la entrada de luz (Foster las llama branquias -gills-) y la instalación de Cristina Iglesias Arroyos olvidados, muy apropiada para el lugar aunque habría que señalar que la artista donostiarra ya lleva años trabajando en este tema y para el Centro Botín ha hecho algo parecido (Wainwright, demoledor de nuevo, señala que quizá la instalación, que le recuerda a una "fétida ciénaga", sea una metáfora de los oscuros manejos de las empresas de servicios financieros...). Rowan Moore, crítico de The Observer mucho más benévolo con la sede, resalta sus impresionantes logros en términos de sostenibilidad, el edificio gastaría un 70% menos de agua (los inodoros funcionan con un sistema de vacío) y un 40% menos de electricidad que la media, Wainwright también lo señala pero lo contrapone a la enorme energía embebida, que diría Fernández-Galiano, que suponen los exóticos materiales que se han utilizado en su construcción: 600 toneladas de bronce traídas de Japón y grandes cantidades de granito indio. Moore destaca también su osado diseño interior con una espectacular escalera helicoidal que asemeja a las esculturas de Serra (quizá para compensar el discreto exterior, un patrón típico de los edificios de la City), junto con una voluntad de diseñar un entorno amigable para los más de 4.000 empleados de la empresa de información digital, destacando por ejemplo el espacio llamado La Despensa (donde obviamente se sitúa el comedor para los empleados), junto al que se ubican colmenas de verdad, un gran acuario y un invernadero combinando sin prejuicios tradición y modernidad, lo digital y lo analógico o lo virtual y lo háptico, que diría Pallasmaa. Por cierto que como no hay dos sin tres, otro de los grandes de la crítica arquitectónica inglesa, Jonathan Glancey, que escribió en The Guardian de 1997 a 2012 y es autor, junto con otros libros, de una recomendable Historia de la Arquitectura (aunque en mi opinión muy sesgada hacia mundo anglosajón), también ha dado su versión de la sede de Bloomberg en el último AV Monografías (200) dedicado a Foster y en el que participan otros señeros críticos de la altura de Goldberger, Jencks, Negroponte, Sudjic o Zugaza, antiguo director del Prado que reseña, claro está, el proyecto de la rehabilitación del Salón de Reinos. Glancey habla del edificio como un "vecino respetuoso" que resulta "incluso discreto" en su exterior, y que muestra "que la nueva arquitectura de la City (y de Londres en su conjunto) puede ser a la vez antigua y moderna sin caer en la trampa del historicismo" destacando su carácter cívico también por haber realizado el enorme esfuerzo (reconocido sin ambages por Wainwright y Moore) de alojar en sus entrañas el templo romano de Mitra del s. III, descubierto en 1954 y que se había movido de su emplazamiento original poco después para construir un edificio. Ahora se ha realojado, junto con 14.000 piezas (entre ellas unas tablillas con los primeros documentos escritos a mano encontrados en Gran Bretaña), en un museo situado en el sótano del Bloomberg, justo en el lugar donde fue hallado.

Acabamos ya esta densa entrada, tan abigarrada como la propia City. Buena semana.






sábado, 13 de mayo de 2017

Arquitectura en democracia (y 3)

¿Nosferatu? No, Calatrava

Pues vamos con la tercera sesión sobre la arquitectura durante la joven democracia española que Luis Fernández-Galiano (en la foto dando incautamente la espalda a un vampírico Calatrava que posa junto a su estación neoyorquina) dio allá por abril en la madrileña Fundación Juan March. Esta conferencia, la única a la que pude asistir, se centraría en las dos legislaturas de Aznar (1996-2004). Antes de entrar en materia comentar, una vez más, el tirón del catedrático de proyectos de la ETSAM y editor de Arquitectura Viva: una hora antes de que empezara la conferencia ya había más de 100 personas haciendo cola, y el lleno en el auditorio de la Fundación era absoluto. Y lo que es más, algo inaudito en un contexto tan académico, fui testigo del requiebro de una señora del público cuando al proyectar don Luis el plano de la sección del Museo de Bellas Artes de Castellón de Mansilla y Tuñón (donde se aprecia la caída en cascada de las diferentes salas) LFG pidió perdón por aburrirnos en una conferencia al fin y al cabo mainstream (esto es mío). Ni corta ni perezosa soltó la buena señora a voz en grito que era su conferencia muy interesante, vamos como si estuviéramos en un concierto de Bisbal.

Todos esperábamos que Fernández-Galiano entrara a degüello sobre la figura de Calatrava, devenido chivo expiatorio de la arquitectura espectáculo, pero hizo bien el catedrático en recordarnos que por aquel entonces, ebrios de poder gracias a una pujante economía que nos llevaría a instalarnos en un orgiástico desenfreno como si no hubiera mañana, tal desatino colectivo buscaría su trasunto en las escultóricas arquitecturas del valenciano, esos blancos exoesqueletos desprovistos, cual brutales saurios extraterrestres (¿se me nota que estoy deseando ver Alien Covenant?), de músculo o piel. Y es que, como reza el título del reciente libro de Llàtzer Moix, todos queríamos un Calatrava (que recuerda al ponga un Foster en su vida de Juli Capella), el valenciano era por aquel entonces requerido por doquiera para levantar su gótico-ficción: LFG mostró varios ejemplos de cómo muchos de sus edificios ingresaron en el "inconsciente colectivo" de la publicidad, como también lo hizo el impepinable Guggenheim de Bilbao, que cambiaría la historia de la arquitectura animando a los arquitectos a "soltarse el pelo" (hasta Moneo se animaría por aquel entonces a hacer el Kursaal donostiarra, su edificio más icónico).  El NYT nada menos hablaría del milagro bilbaino, historia que conocemos bien (el propio LFG dio una conferencia sobre el edificio también en la March hace un año). Desgrana en este punto nuestro conferenciante un largo listado de edificios e infraestructuras que llevarían al arquitecto a convertirse en divino starchitect: el metro de Bilbao de Foster y sus fosteritos, el TEA de Herzog y de Meurion en Tenerife, la "polémica" Ciudad de la Cultura de Santiago de Eisenman, la torre Agbar de Nouvel, "rascacielos mediterráneo" que evoca las formas redondeadas de la Sagrada Familia, el edificio Mirador de MVRDV, donde se utiliza la vivienda para hacer un icono, algo que le "rechina" a don Luis, la T4 madrileña de Rogers y Lamela (recientemente fallecido), con sus bellísimas cubiertas alabeadas que lleva al extremo el invento de Foster en Stansted (alojar toda la maquinaria del edificio abajo y dejar las cubiertas ligeras), la monumental Caja de Granada de Campo Baeza, en cuyo atrio cabría la catedral granadina ("las cajas de ahorros como catedrales", apunta LFG, que nos llevarían al caos y posterior rescate bancario), el Museo de Bellas Artes de Castellón de Mansilla y Tuñón, en el que el propio traslado de las enormes letras que adornarían su entrada se convirtió en una suerte de performance artística, el Museo de Arte Contemporáneo de León de los mismos autores, el Baluarte de Mangado y su rotunda presencia física que nos atrapa con su potente gravedad, algo que también puede decirse de la arquitectura de AMP o García-Abril (el señor de las vigas), la Biblioteca de Usera de Ábalos y Herreros y en fin obras varias de RCR (los nuevos Pritzker que ya empezaban a llamar la atención por aquel entonces), Navarro-Baldeweg, Miralles o Ferrater.

Mientras tanto los arquitectos españoles empezaban también a exportar al exterior sus prodigiosas creaciones: así, Zaera con su topográfica terminal de Yokohama, EMTB con el complejo (y polémico) edificio para el Parlamento escocés o Moneo ("testarudamente presente" en esta serie de conferencias) con su catedral de Los Ángeles (cuya inauguración el mismo LFG retransmitiría en la televisión española como si de un partido de la Champions se tratara), un edificio grávido que choca con las típicas construcciones livianas californianas (don Luis nos cuenta el chiste local según el cual si un coche choca con un edificio allí el que se lleva la peor parte es el edificio).

Capítulo aparte merece el 11-S, que para Fernández-Galiano es también un acontecimiento arquitectónico, y así lo reflejó convirtiendo las estalladas torres en portada de un Arquitectura Viva. LFG nos recuerda que el líder de los terroristas era un arquitecto egipcio que se doctoró en Hamburgo con una tesis sobre arquitectura tradicional. Aparte de las motivaciones que todos conocemos habría por tanto según don Luis una voluntad de hacer desaparecer un icono de la arquitectura moderna. Mientras tanto, en España se vivía una envidiable situación económica que maravillaba al mundo. Dos portadas de la misma semana del Time y Newsweek reflejaban dicha admiración: The Spanish Way, como modelo de crecimiento exportable al mundo, apuntaba la primera; Spain Rocks, la segunda. Y en esto llega el 11-M, que acabaría brutalmente con el gobierno de Aznar. Don Luis culmina como empiezó, con una referencia a Calatrava, portada con su Ciudad de las Artes y las Ciencias (elegida como símbolo arquitectónico de este periodo por nuestro conferenciante) en The Economist y su fastuoso proyecto para los Juegos Olímpicos de Atenas. No mucho después caería Grecia, devenido enfermo crónico de Europa, como le sucedería a la arquitectura espectáculo empezando por el propio Calatrava, sus edificios, con ese cainismo que nos caracteriza, tildados de poco más que fallas fallidas. Sic transit...


La Fundación Juan March, de José Luis Picardo

Pues iba ya a cerrar y me he dicho, venga, vamos a por la cuarta y última conferencia, que estoy en racha y al fin y al cabo es el periodo (los últimos diez años) que mejor nos sabemos, así que puedo pasar por él raudo. Es la época marcada por la crisis financiera y social más virulenta que se ha conocido en décadas, que obligará a repensarlo todo, la arquitectura también, por supuesto. Hasta que llega ese momento (a partir de 2008), España entonó el canto de cisne con tres acontecimientos que tuvieron a la arquitectura como eje: el Fórum de las Culturas de Barcelona, que revitalizó urbanísticamente la zona norte de la capital condal utilizando "piezas arquitectónicas sueltas" de gran gancho mediático y fotogénico (el triángulo suspendido de H&dM, la pérgola fotovoltaica de Elías y Torres), la copa América en Valencia (con el Palacio de las Artes de Calatrava y el Veles y Vents de Chipperfield como estandartes) y la Expo de Zaragoza de 2008 emplazada en un meandro del Ebro y dedicada precisamente al agua, cómo no (casi una seña identitaria de los aragoneses) con sus inevitables pabellones (destacando el de España a cargo de Mangado, inspirado en el bosque de las Landas que debía atravesar para ir a Burdeos, donde el arquitecto navarro realizaba una intervención similar a la de la Plaza de Felipe II en Madrid, o el espectacular pabellón-puente de Hadid, un alarde de ingeniería tan brillante como inútil).

En Madrid los arquitectos siguen trabajando a destajo en esos años de negros nubarrones en los que la tormenta aún se resistía a descargar. Ahí tenemos la nueva sede de Telefónica de de la-Hoz, el BBVA de H&dM, el Caixaforum madrileño, también de los suizos, la ampliación del Reina Sofía de Nouvel o la ampliación del Prado de Moneo, que ha tenido su coda final en la futura rehabilitación del Salón de Reinos a cargo de Foster. Y en esto que, finalmente, estalla la tormenta con el colapso de Lehmann Brothers, que coincide justo con la construcción de las conocidas como Torres del Real Madrid, y aquí nos recuerda don Luis la sistemática correlación entre la culminación de rascacielos icónicos y el inicio de crisis económicas severas (el crack del 29 coincidió igualmente con la terminación del Empire State y la torre Chrysler). Entramos en un tiempo nuevo, una crisis sistémica de la que aún luchamos por zafarnos. Pobres de los edificios-espectáculo a los que la crisis pilló inacabados: sufrirían el escarnio de los mismos que no mucho antes los demandaban con ahínco: ahí están la Ciudad de la Cultura de Galicia, el Metrosol Parasol de Sevilla, la Caja Mágica madrileña, etc.

Fue una época en la que, quizá por la propia inactividad forzada por la crisis, muchos arquitectos se vieron abocados a elucubraciones teóricas que sin duda generaron un fértil debate. Ahí están los cuatro congresos nada menos organizados por la Fundación Arquitectura y Sociedad  (y dirigidos por el propio LFG), o las exposiciones como Spain Mon Amour en el marco de la Bienal de Venecia, que sirvieron para reformular muchos planteamientos. Hay que hacer más con menos, no hay otra. Y en ese difícil contexto surgirían sin embargo obras destacables como el Museo de Bellas Artes de Oviedo, del propio Mangado, el de las Colecciones Reales de Mansilla y Tuñón en Madrid en tajante oxímoron frente a la Almudena, las delicadas intervenciones paisajistas de RCR, el centro cordobés de Nieto-Sobejano o la bibiloteca de Ceuta de Paredes Pedrosa.

Llega 2011, un año de cambios importantes: cae Zapatero, sube Rajoy y Juan Carlos I abdica en su hijo Felipe VI. Don Luis relaciona la necesidad del recambio en instituciones y dirigentes con la necesidad de un recambio también en los postulados arquitectónicos. Es la época del Ferrater del paseo marítimo de Benidorm, donde se recupera lo cromático tras ser amputado por el Movimiento Moderno y su blanco preceptivo, el mercado de Santa Caterina de EMBT en Barcelona o el Caixafórum de Zaragoza de Pinós. Jóvenes y brillantes arquitectos entran con fuerza en el panorama arquitectónico español: José María Sanchez, Ecosistema Urbano, Gironés, Harquitectes, Ruiz-Geli..., y a pesar de todo hasta se consigue exportar nuestras arquitecturas: ahí están Barozzi-Veiga y su Filarmónica de Szczezin, Nieto y Sobejano con sus intervenciones en Alemania, Cruz y Ortiz, los del Rijks (la intervención más destacada en el extranjero de un equipo español con diferencia) o RCR y su Museo Soulages en Rodez, sin olvidar los pabellones efímeros, menos importantes pero con tanta (o mayor) visibilidad que las obras citadas, que Selgas-Cano o Chinchilla levantarían para la Serpentine londinense o el Central Park neoyorquino respectivamente, ambos con un inusitado mensaje de optimismo en momentos muy difíciles para los arquitectos.

Don Luis ha elegido como representante arquitectónico de esta época de incertidumbre el Matadero Madrid de una pléyade de jóvenes arquitectos como Franco, Carnicero, García-Abril, Jaque o Langarita-Navarro entre otros en el que se resume el nuevo espíritu de estos tiempos mutantes: el respeto a lo preexistente sin renunciar a una sorprendente innovación realizada con presupuestos ajustados. Acaba nuestro profesor con el premio recibido en la Bienal de Venecia de 2016 (el León de Oro) por el Pabellón español, donde precisamente se presentaban de una manera enfáticamente austera no pocos de los proyectos que citamos y que lanzaba de nuevo un mensaje de optimismo razonable: "podemos enfrentarnos a la crisis con éxito si lo hacemos con humildad, talento y esfuerzo". Así sea.

domingo, 3 de mayo de 2026

Unir los puntos (2)



Hace unos días Fuensanta Nieto, la mitad del estudio Nieto Sobejano, era admitida en la RABASF con un trabajado discurso en el que describía su obra como un complejo equilibrio entre memoria e invención, "entre lo esperado y lo imprevisto", con una geometría tajante ejerciendo de fiel de la balanza, un juego de espejos en el que cada espacio creado es un eco de otro alojado en el recuerdo. La idea del espejo como estrategia compositiva quedó realzada con la inclusión al final del discurso de la pieza Spiegel im Spiegel (Espejo en el espejo) de Arvo Pärt, de una intrincada sencillez acaso como la obra del estudio madrileño. La elección del músico estonio es obvia, uno de sus edificios más conocidos, y quizá el más cautivador, es el Centro Arvo Pärt, que nos recuerda, por su perfecta integración en un entorno natural de gran belleza, al Anillo de José María Sánchez en Cáceres que mencionábamos en la pasada entrada. En la contestación al discurso de ingreso, Luis Fernández-Galiano, siempre intenso, recalca la rotundidad formal del dúo como uno de sus rasgos principales, incidiendo en su "abrupta esencialidad" y su "aire desafiante", y es que el apego a la memoria no impide que sus numerosas intervenciones en edificios patrimoniales hagan gala de propuestas verdaderamente valientes, dando lugar a "obras que obligan a mirar como si nunca lo hubiéramos hecho antes". Acaba don Luis con mención a The Waste Land de T. S. Eliot, oportuna teniendo en cuenta que el americano hablaba de la mezcla de memoria y deseo en abril, el mes más cruel (Memoria e invención es el subtítulo del discurso, que se leyó en un abril nada cruel para Nieto). En fin, frente a las pálidas y casi temerosas intervenciones que hoy copan los premios arquitectónicos, el intrépido trabajo del estudio madrileño nos deja boquiabiertos. No es este el lugar en el que hacer un estudio de su obra, pero sí que podríamos destacar al menos una, que además es favorita nuestra, y ver cómo se produce en ella ese juego de ecos, espejos y memoria. Se trata del Museo Joanneum en Graz (2006-2011), una intervención en tres edificios históricos separados por un espacio vacío y cerrado a los ciudadanos. En lugar de hacer lo típico, levantar un potente inmueble que conectara el deslabazado conjunto, Nieto y Sobejano optan por hacer su intervención subterránea, creando sobre ella una plaza de uso público en la que se horadan cuatro pozos de luz circulares, una suerte de conos de vidrio que dejan pasar luz natural al interior del recinto subterráneo y de noche aportan luz a la nueva plaza, que a menudo sirve como escenario para eventos artísticos o culturales (más aquí). En el discurso de la RABASF, Nieto conecta esta intervención con el recuerdo de otras dos que al igual que la de su estudio van más allá de una mera actuación arquitectónica para convertirse en logros urbanísticos: el Pompidou parisino, con su amplia plaza, y el MASP de Lina Bo Bardi en São Paulo, un edificio revolucionario abierto en 1968 que pone en solfa la concepción tradicional de museo. Se eleva sobre cuatro pilares liberando el espacio inferior para la ciudad (fotos), vuelvo a Fuensanta Nieto: "Esta operación lo transforma en escenario de manifestaciones, encuentros informales y expresiones culturales, haciendo del museo una extensión del tejido urbano más que un simple contenedor de arte". No menos subversivo es su interior a la hora de presentar las obras, expuestas sobre atriles cristalinos en mitad de las salas dejando la parte trasera del cuadro al aire. Habla Estrella de Diego para el catálogo de la exposición que sobre la arquitecta italobrasileña organizó la Fundación March: "Es la fragilización del visitante entrenado en medio de un espacio expositivo puesto patas arriba. Sobre todo en este punto radica la fuerte dimensión política de Lina Bo Bardi, que se va subrayando en cada uno de sus gestos: el recorrido zarandeado donde no hay hacia detrás o hacia delante y que no impone -ni permite- caminos prefijados; las cartelas camufladas, las obras desveladas para cualquiera y el descubrimiento de lo no considerado como digno de ser visto; la posibilidad de una elección entre leer y mirar, entre conocer y percibir. Dicho de otro modo, Bo Bardi abre la posibilidad de acercarse al museo como quien se acerca a un escaparate (...). Por este motivo, su subversión tiene una impronta tan radical: presentar "la obra de arte como trabajo, como profecía de un trabajo al alcance de todos". Y por eso quiere liberar a las obras de su condena a ser "momias", al permanecer los viejos valores incluso en las instalaciones contemporáneas". Pese a su apariencia moderna, brutalista, el MASP es por tanto un museo que se adelanta décadas a la manera de entender hoy estas instituciones, lugares abiertos a la "cultura de masas", para pavor de puristas a los que Bo Bardi se enfrentó sin miedo. En otro de los artículos del catálogo, Emilio Tuñón nos recuerda que durante un tiempo dicho espacio abierto bajo el museo alojó un popular circo: "Y esa coincidencia entre el Circo Piolin y el MASP reafirmó la idea de que era un museo planteado como lugar de desinhibido encuentro de diferentes mundos paralelos: el mundo de la gravedad y el de la levedad, el mundo de lo permanente y el de lo temporal, el mundo de lo abstracto y el de lo concreto, el mundo de lo moderno y el de lo tradicional, el mundo de la arquitectura y el de los juegos, el mundo del pensamiento y el del sentido del humor... Mundos todos ellos que, sin duda, formaban parte de la compleja, enigmática e idiosincrática personalidad de una creadora absolutamente inusual como era la arquitecta y artista Lina Bo Bardi" (te puedes descargar el copioso catálogo de la exposición aquí). El juego de oxímoron de Tuñón tiene curioso reflejo en el Joanneum de Nieto y Sobejano, en el que, habla Fuensanta, "la nueva plaza para los ciudadanos y visitantes sugiere que la profundidad de una idea arquitectónica puede hallarse, paradójicamente, en su superficie". Te enlazo al video del discurso de ingreso. 

No es la primera vez que Nieto y Sobejano hacen referencia a los espejos de la memoria como generadores de sus proyectos. En la revista a+u 502 (2012), dedicada a cuatro estudios madrileños, el dúo colabora con un jugoso texto (La ventana y el espejo, marcos de pensamiento) en el que señalan que los proyectos que les parecen más interesantes son aquellos que "parecen surgir del intento de conectar anomalías, asociaciones azarosas, hechos arbitrarios. (...) El elemento clave de la pieza arquitectónica paradójicamente reside en los lazos entre situaciones aparentemente sin relación. El marco que contiene un cuadro dentro de otro y así sucesivamente, una imagen que Georges Perec relacionó con la idea de que "cada trabajo es el espejo de otro", sugiere una arquitectura concebida como un mecanismo combinatorio, un juego de reflejos múltiples". Y señala, tal como se hace en el discurso de ingreso, que muchos de sus proyectos fueron concebidos a partir de imágenes y recuerdos; aportan ejemplos previsibles (la secuencia de espacios en la mezquita de Córdoba, los tejados renacentistas de Graz, las geometrías escondidas en las celosías islámicas, aquí no mencionan el MASP), pero también, para mi pasmo, otros inesperados como los intentos de "desvelar la estructura interna de los escritos de Kafka, Borges o Perec". La metáfora del espejo (visión subjetiva al interior) se complementa con la de la ventana (visión objetiva hacia el exterior): "Partimos de puntos al azar, ocultos en el espejo de nuestra mente o percibidos a través de la ventana que enmarca nuestro entorno. Nos limitamos a establecer conexiones" hasta completar lo que denominan un "puzle imaginario". De todas formas, si te ha picado la curiosidad sobre el estudio madrileño (con despacho también en Berlín), deja que te recomiende la que es sin duda la mejor antología sobre ellos, el AV 257-258 (2023) en el que son los propios arquitectos los encargados de explicar sus últimos trabajos en cuidados textos citados a menudo literalmente en el discurso de Nieto para la RABASF. En la monografía podemos también ver reflejados en fotografía los edificios o piezas artísticas que están en el origen de las formas y planteamientos de muchos de sus proyectos. 

Volvemos al "unir los puntos" que ya comentábamos a colación de Steve Jobs o Agustín Fernández Mallo. Y podríamos citar más ejemplos. Hace un par de semanas me encontraba en un video del museo danés de arte moderno Louisiana una charla de Bjarke Ingels donde comentaba que durante sus años de estudio en la escuela de arquitectura de Copenhague, con clases que le parecían infumables y excesivamente especializadas, solía hacer pellas para irse a la biblioteca y dedicarse a leer libros elegidos al azar o porque llamaban su atención. Comenta el arquitecto con gozoso entusiasmo cómo, al cabo del tiempo, se daba cuenta de que dichos conocimientos (recuerdos más bien) aleatorios terminaban engarzándose unos con otros como por arte de magia para conformar un curioso syllabus mucho más interesante que las clases formales.  

Estoy leyendo Reflexiones para jóvenes arquitectos (2024) de Juhani Pallasmaa, un libro especialmente adecuado para tu seguro servidor que ni es arquitecto ni joven. Vamos, que engorda aún más mi síndrome del impostor. Partiendo de las Cartas a un joven poeta de Rilke, el octogenario arquitecto y crítico finlandés ha reunido en varios ensayos otras tantas charlas que dio en la Escuela de Arquitectura Fay Jones en Arkansas (para la que Grafton Architects acaban de hacer una muy comentada ampliación). Cita, como hacían Nieto y Sobejano, a Borges, uno de sus "escritores de arquitectura" favoritos. La sintonía con los madrileños es total: "Quiero proponer que la fuente real, y quizás la única, de una sensibilidad arquitectónica poética y de la capacidad creativa sea la propia identidad: nuestras mentes, nuestras historias y experiencias personales". Poco después llama a la arquitectura "pensamiento existencial", señala que es "una continuación y una extensión de nuestros cuerpos y mentes, recuerdos e imaginaciones" y concluye el primer capítulo citando a Rilke, quien recomienda a su joven discípulo lo siguiente: "Usted mira hacia fuera, y eso es sobre todo lo que no debería hacer ahora. (...) Solo hay un medio. Adéntrese en sí mismo. (...) Excave usted en sí mismo en busca de una respuesta profunda". En otro capítulo habla del pensamiento sensorial y la atención periférica, donde relata el momento en el que dejó de pensar de una manera racional, moderna, centrada en la precisión y la certeza y, tras la lectura de Anton Ehrenzweig, optó por un pensamiento "vago" (impreciso) y una "atención difusa". Cita a Ehrenzweig, quien postula: "Toda estructura artística es esencialmente "polifónica": no sigue en su desarrollo una única línea de pensamiento, sino varias a la vez que se superponen unas a otras. De ahí que la creatividad requiere una especie de atención difusa, desperdigada, ajena y contraria a la que solemos poner en juego cuando pensamos con lógica". Y concluye: "Es esta mezcla indefinida, informe y en interacción involuntaria de imágenes, asociaciones y recuerdos la que parece ser la base mental necesaria para la intuición creativa". Me ha llamado la atención que el autor de la excelente traducción, Moisés Puente nada menos (fundador de Puente Editores), no haya incluido en el título en castellano el Rootedness del original inglés (Rootedness: Reflections for Young Architects), término que podría traducirse como arraigo, tan de moda estos días por cierto.  

Atenas, Junio 2001. La cálida noche de un verano incipiente acoge a un alucinado público al interior del Olympieion, el Templo de Zeus Olímpico, para un evento único. Comenzado en el 530 a. C. y diseñado para convertirse en el mayor templo del mundo conocido no se terminaría hasta el 124 de nuestra era bajo el emperador Adriano, una "carrera contra el tiempo" en palabras de Filóstrato. Aristóteles lo compara a las Pirámides de Egipto, Vitruvio lo alaba como uno de los cuatro templos más importantes de la época y menciona los nombres de sus arquitectos. Ocupando una superficie de 33.000 metros cuadrados al sureste de la Acrópolis tenía 110 metros de largo y 44 de ancho con 104 imponentes columnas corintias de mármol pentélico y 17 metros de altura de las que hoy solo se conservan 14 junto con otra derribada por un terremoto en el siglo XVIII. Era casi el doble de grande que el Partenón. Aquella noche como te digo iba a celebrarse allí un concierto (Mythodea) muy especial con sopranos, coro, orquesta y los sintetizadores del músico heleno Vangelis, quien compuso la música del evento para la misión Mars Odyssey de la NASA. Memoria e invención unidos de nuevo. Fíjate lo que escribía Vangelis en el folleto editado para la ocasión: "La ciencia y la mitología fueron temas que me fascinaron desde mi más temprana infancia. Escuchaba dichas historias de mi familia y la gente que me rodeaba. Y así es como comencé a recordar. Con el paso del tiempo me di cuenta de lo importante que es recordar, recordar tan profundamente como puedas. Es evidente que dentro de nosotros toda la historia humana y al mismo tiempo todos los códigos de la creación y la evolución del universo están implantados. Urano y Gaea, la batalla de los Titanes y la batalla de los Gigantes, el rapto de Europa, los Argonautas y el vellocino de oro, Teseo y el Minotauro (...), entre otros, eran y son algunos ejemplos de las áreas por las que dejo volar mi imaginación y mi música. Y cada vez que recuerdo... descubro y revelo algo más. Así que Mythodea es una pequeña porción de este espacio, una pequeña porción de mi conexión con la memoria, que puede ser más fuerte que el aprendizaje, siempre que así lo permitamos". Un cronista sin parangón te narra aquí el evento, que por supuesto también está en Youtube. 

Friquis furiosos que somos de no pocas cosas, nos tranquilizó sobremanera ver cómo Norman Foster en una charla organizada hace unos días en Ivorypress se declaraba freak paradójico tanto del automóvil, recordemos la fantástica exposición que comisarió en el Guggenheim de Bilbao, como de la bicicleta, es un consumado ciclista aún hoy a sus 90 años (Deyan Sudjic en Norman Foster. Arquitectura y vida da el pasmoso dato de que en su adolescencia se iba en bicicleta desde Mánchester al Lake District en el día, son más de 200 kilómetros en total) y Elena Ochoa nos comentaba que cuando está en Madrid se da sus buenos paseos en bici por la Casa de Campo. También es un freak absoluto, como todos sabemos, de la ciencia-ficción. Criado en una familia modesta, en su casa entraban pocos libros y su lectura se centraba en el número semanal de Eagle, una revista ilustrada para adolescentes que ofrecía diseños futuristas, relatos de ciencia ficción y detallados diagramas que mostraban las complejas tripas de todo tipo de máquinas y edificios singulares. Es evidente de dónde le viene su vena high-tech, de los recuerdos adolescentes de esas lecturas, volvemos a Sudjic: "El Eagle provocó la consecuencia inesperada y totalmente involuntaria de criar a toda una generación de arquitectos high-tech". Ya puestos, comentar que en Ivorypress compartió el arquitecto protagonismo con Janette Sadik-Kahn, la activista a favor de la movilidad sostenible famosa por haber conseguido introducir un sistema de bicicletas públicas en Nueva York, crear 600 kilómetros de ciclovías (separadas del tráfico) y peatonalizar Times Square nada menos mientras era Comisionada de Transporte en el ayuntamiento neoyorquino entre 2007 y 2013, intervenciones que tuvieron, en palabras de Foster, un ripple effect (efecto en cadena) en muchas otras ciudades del mundo. Sadik-Kahn, que se denomina sin empacho una street-fighter, recordaba enjundiosas anécdotas de su paso por el ayuntamiento neoyorquino, sus propuestas, que hoy vemos con tan buenos ojos, tuvieron a menudo una oposición frontal de vecinos y comerciantes, quienes pensaban que la peatonalización iba a reducir su actividad (sucedió justo lo contrario). Una de las anécdotas que más gustó fue la que sucedió el día de la inauguración de la Times Square peatonalizada. El mobiliario urbano no llegó a tiempo y Sadik-Kahn, atacada de los nervios, decidió en el último momento conseguir para la ocasión sillas playeras que tuvieron un éxito total, inundando la plaza aleatoriamente de gente cómodamente sentada para ver, lejos por una vez del ajetreo urbano, el espectáculo de un espacio icónico pacificado. Me ha recordado una experiencia similar que narra Izaskun Chinchilla (habría hecho un trío perfecto en el encuentro de Ivorypress) en La ciudad de los cuidados. En 2016 el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso de diseño llamado Bancos para Compartir del que ella fue jurado. Se presentaron 218 propuestas y la que Chinchilla defendía proponía un sistema de sillas plegables de alquiler que daba libertad al usuario para plantar la silla donde más le gustara, algo similar a lo que se hace en Hyde Park (Izaskun es profesora de la Bartlett School en Londres, y se nota). Demasiado bottom-up para nosotros, la propuesta fue eliminada en la primera ronda para desazón de la arquitecta: "El problema de que de forma casi sistemática se cortocircuiten los proyectos que requieren de una gobernanza colaborativa en aras de evitar el conflicto no es solo que se perpetúa en el tiempo la imposición de los intereses de un grupo sobre la diversidad de las y los ciudadanos; es que, además, dejamos de trabajar en mecanismos de diálogo social que solo funcionan con la práctica y con el adiestramiento reiterado de procesos de construcción de confianza". Chinchilla tiene ahora mismo en la Casa de la Arquitectura de Madrid una trabajada exposición, Bienestar en la Ciudad, muy recomendable y que merecería un señor catálogo (por cierto, aparece el Bath georgiano como ejemplo de "lugar perfecto para conseguir pareja", si recuerdas en la anterior entrada hablábamos de la tesis que sobre dicha ciudad -El Caso Bath- elaboró José María Sánchez). Por terminar el párrafo como lo empezamos, con Foster, decir que él también sabe mezclar con arrojo memoria e invención. Sus intervenciones en el museo de Bellas Artes de Bilbao y el Salón de Reinos del Prado van a buen ritmo (en ambos concursos Nieto y Sobejano fueron finalistas). 

Me parece que ya te he zarandeado bastante por hoy. Las fotos son de la ampliación que Nieto y Sobejano hicieron del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, acaso la intervención más delicada de su carrera. Termino con cita de Borges (extraída del arranque de Reflexiones de Pallasmaa): "Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara".