¿Puede un edificio ser premiado con el más alto galardón arquitectónico de la Gran Bretaña (el Stirling) por, entre otras cosas, su "algo estrafalario sentido del humor"? Pues sí, según la declaración del jurado. Hablamos del Teatro Everyman en Liverpool del estudio Haworth Tompkins Limited. No se puede juzgar un edificio por unas pocas fotos, pero no es menos cierto que también se dice que la primera impresión es la que cuenta. Si es así, no se si reír o llorar. Veamos qué dicen los profesionales. La crítica británica, cañera como pocas, lo alaba sin mucho entusiasmo: Rowan Moore, tras señalar que no se pueden comparar peras (el Shard o el Centro Acuático de Hadid) con manzanas (el Everyman o el
El Everyman, "complementándose bellamente con su entorno" (sic)
LSE de O’Donnell y Tuomey, ese espectacular origami de ladrillo), se decanta de entre todos los finalistas por el LSE, aunque pone al teatro segundo en su quiniela. Oliver Wainwright, que últimamente no paramos de mencionar, señala que los arquitectos siguieron fielmente las órdenes de la directora artística del teatro (Gemma Bodinetz), quien les conminó a hacer un edificio que no fuera muy pijo y que retuviera la "calidez, terrenalidad ["earthiness", a ver si se te ocurre una mejor traducción] y humanidad democrática",
del antiguo teatro (del que el actual es una profunda remodelación). Otro de los puntos fuertes del
edificio es que se han
reutilizado en un 90% los materiales del antiguo teatro. Y luego, como decíamos, vienen las peculiares alabanzas del jurado del premio por su quirky sense of humour. O
sea, y entro ya a saco, que ese aspecto de grandes almacenes de los
años 50 con chimeneas como de transatlántico felliniano (¿a santo de qué?) en diálogo de besugos con el edificio neoclásico pegado a él, tiene un puntito de pitorreo arquitectónico que hay que apreciar. Steven Hodder, director del RIBA, va más allá, señalando que el teatro "se complementa con gran belleza con los edificios protegidos que le rodean, siendo un ejemplo pionero de cómo construir un gran edificio público atrevido y decididamente sostenible en el centro histórico de una ciudad". Hodder, ¿estás tú también de coña? ¡Pero si se está cachondeando de su entorno!
Extrapolando, a mí todo esto me recuerda un poco a otro personaje con un quirky sense of humour, en este casoautóctono, el pequeño Nicolás.
105 vecinos de Liverpool nos miran desde los parasoles de la fachada
Sí hombre, ese donnadie con pinta de no haber roto un plato en su vida que a base de body language asertivo, grandes dotes teatrales, errores sonrojantes en la seguridad (al final fue en la embajada americana donde le tuvieron que pillar), look aznarista y una probable tuerca floja ha llegado a colarse por la patilla hasta en el besamanos de sus majestades. Y por cierto, entre paréntesis, que la actualidad obliga, qué me dices de Gehry, otro al que también le acabamos de descubrir un peculiar sentido del humor. Fíjate de qué manera más efusiva nos agradece la concesión del Príncipe de Asturias de las Artes. La foto bien puede servir como acta de defunción (como si hiciera falta) del starsystem arquitectónico. Él lo inició (en Bilbao) y ahora lo fulmina en Oviedo. Pues que le aprovechen los 50.000 eurillos del galardón. Vuelvo al Everyman. Para mí que el teatro de Liverpool es un pequeño Nicolás arquitectónico, un edificio que ha logrado colarse en lo más alto del podio porque el Shard cae mal, a Hadid la premiaron hace poco, a O´Donnell y Tuomey el RIBA les acaba de dar la Royal Gold Medal y la biblioteca de Birmingham es demasiado ruidosa. Lo que vende ahora en las islas es el perfil bajo, ser muy guay y la coña marinera. Acabo con una cita de Will Gompertz hablando sobre los (escasos) puntos en común de los candidatos al Stirling: "Guy Debord hablaba de una Sociedad del espectáculo en los 60, vivimos en ella. Y es esa actitud -no una estética- lo que une a estos edificios. Uno es literalmente un teatro, los otros cinco aspiran a serlo. Somos los intérpretes para los que los arquitectos han creado estos escenarios sobre los que se nos invita a relacionarnos, observar y actuar. A Shakespeare todo esto le habría divertido: Hoy en día el mundo es verdaderamente un escenario". Que se lo digan al pequeño Nicolás.
"Qué fácil es examinar el trabajo de un alumno y restregarle por las
narices todas sus carencias, sus torpezas, sus errores y sus
ignorancias. Eso lo puede hacer cualquiera. Lo que de verdad tiene
mérito es ver en él lo que ni siquiera ve él mismo: Ver una posibilidad,
un germen, un algo en potencia. Y, confiando ciegamente en ello,
sacarlo a la luz. Hay que ser muy hábil, muy intuitivo, muy
inteligente, muy paciente, pero, sobre todo, muy generoso.
Qué difícil es todo eso. (...) Igual que Miguel Ángel
decía que veía la estatua dentro del bloque de piedra y que él se
limitaba a quitar lo que sobraba, así Fullaondo vio que dentro de mí
había algo (que, repito, no lo veía ni yo; yo menos que nadie), y con
tesón y optimismo lo fue sacando a la luz.
Pero, aún mejor que Miguel Ángel, la misión del profesor no es solo quitar. También tiene que poner.
Quitar prejuicios, frenos, torpezas, etc, y poner conocimiento,
habilidad, destreza, etc. La misión de un profesor es sagrada en todos
los órdenes y todas las edades, y si un incompetente, torpe, perezoso o
derrotista te puede amargar la vida y mutilarte para siempre, uno
creativo, paciente y generoso te puede dar alas". (José Ramón Hernández Correa,En clase de Juan Daniel Fullaondo, en el blog Arquitectamos locos?).
¿Eres fan de Bond, James Bond? Entonces seguro que sabes que Goldfinger fue uno de los múltiples malvados que actuaron como antagonistas del héroe más cínico del Reino Unido, de hecho dio nombre a una de las más emblemáticas películas de la serie (estrenada en 1964). Lo que a lo mejor no sabes es que Ian Fleming, el novelista creador del personaje, tomó dicho nombre de un arquitecto de origen húngaro, Ernö Goldfinger, que dejó una marcada huella arquitectónica en la Gran Bretaña. Como sin duda habrás adivinado Goldfinger no era precisamente santo de la devoción de Fleming, quien detestaba su obra. No fue el único.
La Balfron tower, Titanic vertical
Aquí a tu derecha tienes una de las razones de esta desafección entre público y la obra de Goldfinger. Al húngaro parece que le afectó poco lo de ser el baddie enfrentado a Bond (aunque de primeras estuvo a punto de demandar a Fleming cuando publicó la novela), porque cuatro años después del estreno del film (en 1968) levantó esta mole de 27 plantas para alojar viviendas sociales en Londres, de nombre Torre Balfron, digna de ser la sede de cualquier maléfica organización (la similar Torre Trellick, construida poco después, es más alta aún). A esta especie de construcciones se les dio en llamar arquitectura brutalista, nombre que me temo no ayudó mucho a ganarse el aprecio del gran público. En realidad, aunque desde luego parecían brutales, el origen del término viene de béton-brut, (hormigón en francés), material ampliamente utilizado en la mayoría de este tipo de edificios. Goldfinger se formó como arquitecto en Francia, donde conoció a Le Corbusier (siempre volvemos a él), quizá el primer brutalista si pensamos en la Unité d´habitation de Marsella o Chandigarh. La aridez (inicial) del maestro suizo (quien, según Vicente Verdú,dijo que "el color es propio de las razas simples, de campesinos y salvajes", y se quedó tan ancho) permea la obra del húngaro, gris, austera y triste. Goldfinger, utópico y entusiasta, por supuesto, no lo veía así, y estaba profundamente convencido de que sus torres mejorarían la vida de sus inquilinos: su idea era que los high-rises liberarían espacio para que la gente pudiera disfrutar de la "madre Tierra". En el mismo año de su inauguración se fue a vivir dos meses a la Balfron con su multimillonaria esposa para experimentar in situ lo que era vivir en semejante lugar. Famosas fueron las fiestas que daba a sus vecinos (con barra libre de champán), a los que pedía opinión sobre su obra, algo así como Desayuno con diamantes versionado por Ken Loach. En esas fiestas a lo mejor más de uno le preguntó que cómo se le ocurrió poner sólo dos ascensores en un edificio con 146 viviendas, o por qué no hizo "calles en el cielo" (las pasarelas que unen el bloque principal con la torre exenta que aloja los ascensores) en cada planta, y no en cada tres, lo que suponía que si por ejemplo vivías en la planta 11 tenías que bajar por las escaleras hasta la 10 para acceder a la sky street. El edificio quedaba mucho más aparente, sin duda, pero las personas mayores o las familias con niños pequeños seguro que se acordaron de Goldfinger más de una vez.
Las "calles en el cielo"
Por si no fuera suficiente con su discutible estética, la Balfron, al igual que su hermana, la Trellick, sufrió un mantenimiento deficiente que la degradó en extremo, lo que unido a su fama de caldo de cultivo de conflictividad social acabó de hundirlas en la miseria en el imaginario colectivo inglés. No pocas películas sobre catástrofes distópicas o problemática social utilizaron las torres como fondo (así, 28 Days Later, que narra los devastadores efectos de un virus zombie que asola Londres). Trellick, apodada "La torre del terror", era protagonista de tristes noticias como cuando una joven inquilina, que al parecer ya no soportaba más vivir en semejante antro, se lanzó al vacío desde una de sus terrazas, o cuando un anciano murió de un infarto al intentar subir a su apartamento por las escaleras al encontrarse (al parecer era frecuente) fuera de servicio los ascensores. Que conste que gozó también de una fama más jovial cuando en los 80 una emisora pirata (la DBC, Dread Broadcasting Corporation, Dread significa "terror") comenzó a emitir música alternativa desde ella. Más de 100.000 personas de la ciudad llegaron a seguirla. Hablando de música, el álbum Dead Citiesde Future Sound of London, con sus escalofriantes sonidos creando una atmósfera apocalíptica, podría ser una apropiada banda sonora para las torres de Goldfinger en sus momentos más bajos.
Goldfinger, en pose miesiana. El que ríe el último...
Pero, lo que son las cosas, pasa el tiempo, que todo lo cura y lo trastoca, poniendo en valor lo que hace un rato era un horror. Las torres brutalistas gozan hoy de un cierto revival: Trellick hace ya tiempo que se ha abierto con éxito al mercado libre (el año pasado un piso de tres dormitorios y 80 m²comprado en su momento por 83.000 euros se puso a la venta por 478.000). El caso de Balfron es aún más descarado: aquí el plan es directamente convertir la torre en un "silo de pisos de lujo", en palabras de Oliver Wainwright. Mientras los antiguos inquilinos se van oportunamente marchando, se han realizado todo tipo de eventos y performances más o menos artísticos como forma de reivindicación (y de paso revalorización) del bloque. Así, el apartamento 130 (el que alojó a los Goldfinger) se ha redecorado temporalmente utilizando muebles y parafernalia típica de los 60 (fotos aquí), ha habido también un "carnaval vertical", una representación "inmersiva" de Macbeth durante 12 horas seguidas o un simposio de arquitectura en la azotea desde donde estuvieron a punto de arrojar un piano como -cito a la artista que tuvo la ocurrencia- "parte de un taller comunitario que estudiara cómo viaja el sonido". Inexplicablemente la idea quedó desestimada(siempre hay algún cenizo reaccionario que tiene que cercenar la expresión artística). Y mientras tanto, a lo tonto tonto, se iba culminando en la torre una sórdida limpieza social para hacer sitio a los nuevos inquilinos glamurosos. Wainwright, como siempre, pone el dedo en la llaga: "[Balfron] es ahora el cadáver zombie del estado de bienestar, ha sido acicalado y vendido, al igual que incontables edificios en Londres, eviscerado de su original propósito social". Jonathan Meades, escritor que recientemente ha realizado un documental sobre el brutalismo para la televisión británica (aquí ya le hemos citado), insiste en la misma idea: "Había brutalismo bueno y malo, pero hasta el malo se hacía en serio", para acabar diciendo que aunque vuelva a ponerse de moda el béton-brut, lo hará despojado desu fe en la utopía y"la esperanza de un mañana que rompiera con el ayer".Y es que, al parecer, la revolución ya no es posible hoy.
La Trellick, hasta en los cojines
Epílogo. Pues al final va a resultar que Goldfinger fue más héroe que villano. Algo tendrán sus bloques cuando hoy tanto hipster se mata por vivir en ellos (no me imagino una gentrificación similar del madrileño barrio de la Concepción que tan bien retratara Almodóvar en Qué he hecho yo para merecer esto). Además, la caída en desgracia del modelo social que en gran medida impulsó el húngaro (causado en gran medida por un inadecuado mantenimiento) provocó que la iniciativa privada (y especulativa) tomara el mando e iniciara la construcción de un sinfín de adosados en el extrarradio de las grandes ciudades, en entornos aparentemente bucólicos y socialmente inocuos ("espacios sin memoria" en palabras de Josep M. Montaner y Zaida Muxí), que a la postre han demostrado ser una catástrofe ecológica de primer orden por los recursos energéticos despilfarrados en su construcción y en el estilo de vida que generan: "El modelo de suburbio con vivienda aislada es hoy una de las peores plagas del planeta y uno de los mayores engaños del siglo XX ", de nuevo según Montaner y Muxí, que hay que ver cómo reparten estopa en su libro Arquitectura y política. Ensayos para mundos alternativos.
"El chef lo hace todo, excepto cocinar ¡Para eso están las esposas!", dice un anuncio (real) de 1961
"A lo largo de la historia moderna se intenta equiparar la casa, especialmente la cocina, con un laboratorio, con un espacio especial del que la mujer puede estar satisfecha y sentirse orgullosa. Se trata de travestir una obligación del papel de género en algo desado, equiparable con el trabajo de una fábrica.(...)
Existe otra perspectiva de la aplicación de la industria en beneficio de las tareas reproductivas, aquella que, a partir de 1860 en Estados Unidos, lleva a algunas mujeres a pensar lo que se denominarán estrategias vecinales que comparten dichas tareas.(...)
En 1893, con motivo de la Exposición Universal Colombina de Chicago se fundó la National Household Economic Association, lo que llevó a la creación de estudios de pregrado sobre economía doméstica en la mayor parte de las universidades. Las feministas querían ayudar a las mujeres a ser más eficientes para así poder perseguir intereses fuera del hogar. Sin embargo, los conservadores proponían que la única manera de preservar la familia y el hogar privado era tratar a las esposas como profesionales, transformando su papel en administradoras del hogar altamente cualificadas.(...)
Las experiencias de la vivienda mínima obrera de la denominada Viena roja en la década de 1920 nunca consideraron la vivienda como elemento autónomo, autosuficiente, ni el lugar donde la familia desarrollaría toda su actividad, sino que siempre estaban complementadas con equipamientos públicos, espacios comunitarios y públicos y bien ubicadas respecto al transporte público. (...) Entre las experiencias de aquellos años, también se llevaron a cabo viviendas sin cocina, tanto en Fráncfort como en Viena, que partían de la premisa de que, si en esas casas vivían hombres y mujeres que trabajaban (ambos) en una fábrica, alguien tendría que prepararles la comida.(...)
En 1922, la arquitecta Margarete Schütte-Lihotzky y el jefe de la oficina de vivienda en Viena, Adolf Loos, incorporaron un edificio a los programas de vivienda pública en Heimhof, un edificio dedicado a familias de trabajadores sin cocinas individuales. Fue tal la importancia simbólica del espacio de la cocina como medio de control y opresión que con la llegada del nazismo a Viena una de sus primeras actuaciones fue instalar cocinas individuales en estas viviendas mínimas colectivas." (Josep Maria Montaner, Zaida Muxí, Arquitectura y política. Ensayos para mundos alternativos).
¿Cuántos arquitectos hacen falta para cambiar una bombilla? El arquitecto más cachondo de la blogosfera, Jody Brown, adapta el famoso chascarrillo a la profesión en su blog Coffee with an Architectpara concluir que son 21 nada menos (aunque para cambiar la bombilla de la lámpara de la foto, diseño, cómo no, de Zaha Hadid, igual hacen falta todavía más). Mi favorito de los 21: "uno para preguntar a la bombilla qué quiere ser". En fin. Sé que esta clase de entradas no ayuda a cimentar la credibilidad de este nuestro blog, serio y documentado como no podía ser de otra manera teniendo en cuenta que su autoría corre a cargo de un profesor de inglés de Secundaria, pero te prometo que me he lanzado a investigar sobre el estudio que acaba de ganar la Royal Gold Medal del RIBA (O´Donnell+Tuomey), los del Centro para estudiantes de la London School of Economics, edificio que sí conocía (y que me encanta), y al ver esta foto de la pareja en su web como que me he venido abajo, sorry. Menos mal que el blog de Brown me ha alegrado el día. Pero un momento, veo que se te ha quedado la cara demudada, cuéntame qué tienes, querido lector. ¿Que no sabes qué pinta un profesor de inglés haciendo un blog de arquitectura? Acabáramos. Hombre, igual piensas que teniendo en cuenta que vivimos en un país en el que en la carta de algún restaurante aún aparecen cosas como He/she came in a bottle como traducción de Vino en botella (salió en las noticias), debería dedicarme a dar mejores clases de inglés antes que a estas historias para no dormir. Y a lo mejor vas a tener razón. Porque a un arquitecto se le cae un edificio y a juicio que va, pero aquí tenemos a una generación que habla inglés con los pies y la culpa la tiene el cha-cha-cha.
En mi descargo te diré que haciendo este blog estoy ahorrando un montón de jurdeles al contribuyente en tratamientos y ansiolíticos, porque esta afición se ha convertido en una suerte de terapia antiestrés para un servidor. Y, por otra parte, te recuerdo que ser usuario de toda clase de estructuras arquitectónicas (algunas de las cuales he pagado con mis impuestos) me da también cierto derecho a opinar (nunca a hacer crítica) sobre ellas. Como seguro sabes, Mario, no el de las cinco horas en este caso, sino il postino de la película El cartero (y Pablo Neruda) decía que la poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita, a lo que el poeta contestaba: "consideraré de manera adecuada esa declaración sumamente democrática". Pues eso también se podría decir de la arquitectura, y para mí por partida doble. ¿Más tranquilo ya? anda, no te sulfures, relájate y disfruta. Si son dos días.
Empieza la Operación Canalejas con el derribo del número 6 de la muy castiza calle de Alcalá en Madrid. La idea es intervenir en varios edificios de la zona -incluyendo el emblemático Banco Español de Crédito- manteniendo las fachadas pero levantando en su retaguardia nuevas construcciones que, sobrepasando la altura de dichas fachadas en tres plantas, alberguen un hotel, viviendas de lujo y un centro comercial. El proyecto lo dirige el estudio Lamela, lo lleva a cabo OHL y está previsto termine para finales de 2016. Todo ello por supuesto con la bendición de la Comisión de Patrimonio Histórico, tan laxa para unas cosas como estricta para otras (para más inri, los académicos de Bellas Artes de San Fernando serán testigos de excepción de la magna obra, pues su sede se haya justo enfrente del meollo). La memoria del proyecto justifica la demolición del edificio de Alcalá 6 señalando que "surge en una época a la que no pertenece, como un intento inútil de emular su entorno", careciendo de independencia como inmueble ya que era un simple anexo al banco Central Hispano sin entrada desde la calle. El proyecto pretende concederle "la independencia negada" (uy, a qué me suena esto...) proporcionándole un acceso directo desde el exterior y un núcleo vertical que le permita "autosuficiencia". La fachada, que de nuevo según la memoria, tiene vanas "pretensiones de inserción en su entorno" y no es "representativa del momento en que se realiza" (vamos, que la ponen a caldo, la verdad es que no vale mucho, juzga tú mismo) ha sido desmontada para ser instalada después sobre la nueva construcción cual huera máscara que se sentirá aún más alienada en semejante entorno (¿y no habría sido mejor ya puestos dejar que descansara en paz?).
¿Cómo quedará esta emblemática calle tras semejante intervención? Todos sabemos que esta clase de hibridaciones heteróclitas las carga el diablo. Arquitectura Viva dedicaba al tema del palimpsesto arquitectónico uno de sus últimos números aludiendo en interesante metáfora (el palimpsesto es un manuscrito reescrito una y otra vez) a la reutilización de materiales y cimientos. Fernández-Galiano lo defendía con estas palabras: "Proponer hoy el palimpsesto edificado equivale a defender la pertinencia física y simbólica del aprovechamiento de lo existente. (...) la arquitectura del palimpsesto emplea de forma más económica los recursos materiales y energéticos, y prolonga la vida de las fábricas a las que se añade o sobre las que se levanta, estableciendo con ellas el diálogo táctil y carnal que expresa el verso exacto de John Donne, cuando el poeta solicita a su amada permiso para que sus manos se muevan 'before, behind, between, above, below'". Qué imaginativo uso de las preposiciones, por cierto. Todo esto está muy bien, pero cuando se intenta hacer un palimpsesto de manera artificial y forzada, cuando no hay ese verdadero diálogo gozoso sino que se violenta a los edificios, el resultado acabará siendo un engendro, cual monstruo de Frankenstein, de discutible estética. Te traigo tres ejemplos tomados del siempre interesante blog de Oliver Wainwright, crítico de The Guardian, que hemos agrupado en diferentes tipologías:
Modalidad 1. Ojos que no ven...
Wainwright tiene duras palabras para este encuentro en la tercera fase entre una fachada victoriana preservada cual ninot indultat (aunque despojada de sus ventanas) y una residencia de estudiantes moderna que se adivina detrás: "Es una situación que hace que la pared original parezca un intruso, una pieza del viejo Londres disneificado copiado y pegado de cualquier otro lugar". Es que da hasta miedo. Me recuerda a la descripción que Poe hace de la terrorífica casa Usher al inicio de su famoso relato cuando dice que sus ventanas eran como ojos vacíos. Pallasmaa en La imagen corpórea hace referencia a lo mismo: "Distintas partes de la casa tienen un eco en el cuerpo humano. Las ventanas son los frágiles ojos de la casa que observan el mundo y examinan a los visitantes. Una ventana rota resulta desgradable a la vista, sensación que nace de su asociación inconsciente con un ojo violentado". En fin, para lo que hay que ver a veces...
Modalidad 2. El tamaño no importa.
Pues eso es lo que parecen querer decir los arquitectos de este mamotreto de 23 plantas escondido tras la antigua sede de una compañía de gas en Cardiff. Ellos querían mantener el bello edificio, vamos, como Moneo en el Bankinter. Igual necesitarían pasarse por el oculista.
Modalidad 3. Aquí te pillo...
Al hilo del tórrido verso de Donne, aquí diríamos que los edificios, como las personas, ante una llamémosle urgencia tectónica no están para andarse con historias y disparan a lo primero que se mueve. Eso explicaría este ayuntamiento contra natura entre unos edificios de apartamentos y la fachada de una antigua capilla (arrea) en Londres. El problema de este tipo de situaciones suele ser el día después, cuando descubres a tu partenaire a la luz del día. Pero que conste que yo sólo sé de esto por las películas.
Hablando de coches y arquitectura, me he acordado de una foto que le hice a un añejo Citroën DS en Delft, sus formas sinuosas y vanguardistas contrastando con las rectilíneas y clásicas de las fachadas sobre el canal de rigor. El Tiburón, como se le conoció en España, me parece uno de los autos más soberbios de la historia del automóvil (más aún tratándome de un citroënista recalcitrante). Es un diseño de Flaminio Bertoni, escultor y por cierto arquitecto (no confundir con Bertone, el estudio del que hablábamos en la anterior entrada, confusión lógica no solo por la similitud entre los nombres sino porque Bertone diseñó también dos modelos para la marca del doble chevron: el BX y el XM). Bertoni, con i, que trabajó más de treinta años para la marca (es responsable de otros modelos míticos de Citroën como el 2CV -que posiblemente Le Corbusier, otro citroënista, imitó para su Voiture Maximum- y el Traction Avant), hizo un diseño absolutamente vanguardista y rompedor para el DS (que vio la luz, no lo olvidemos, en 1955) cuyo atractivo probablemente resida en ser una pieza continua, sin costuras visibles (similar a un diseño de Hadid) tal y como señala Roland Barthes hablando sobre el icónico coche en su libro Mitologías de 1957: "Es bien sabido", señala el semiólogo francés, que la tersura es siempre un atributo de la perfección porque su contrario revela una operación técnica y típicamente humana de ensamblaje. La túnica de Cristo no tenía costuras, igual que las naves de la ciencia-ficción están hechas de metal continuo.(...) En el DS encontramos los inicios de una nueva fenomenología del ensamblaje, como si progresáramos desde un mundo donde los elementos están soldados a un mundo donde están yuxtapuestos y unidos por la sola virtud de su maravillosa forma, que por supuesto nos conduce a la idea de una naturaleza más benigna". Cielos, con la fenomenología hemos topado. Pues eso, que el día de su presentación, en el salón de París, nada menos que 12.000 personas hicieron un pedido del automóvil. Y su atractivo sigue intacto: hace unos años el DS, el coche que salvó a De Gaulle de morir tiroteado (gracias a su suspensión hidroneumática que mantuvo el coche operativo a pesar de tener las ruedas pinchadas), fue nombrado el automóvil más bello de todos los tiempos por un jurado formado por los veinte diseñadores más importantes del mundo reunidos para la ocasión por la revista Classic and Sport Cars.Venció a modelos también bellísimos y mucho más exclusivos como los Jaguar XK 120, Ferrari Dino o Aston Martin DB9.
El DS según Helmut Newton
Me he dedicado a rastrear en internet la huella del DS en el cine, lo cual es muy fácil porque es increíblemente abundante: no hay mejor prueba de su enorme éxito como icono cultural. En Francia su aparición en las películas de cine negro era continua, aquí puedes echar un vistazo a Alain Delon conduciendo uno en Le Samurai, pero también podemos verlo en películas del género mucho más recientes como Wasabicon Jean Reno. Y no solo en Francia, en la italiana L´avventura e l´avventura protagoniza emocionantes escenas de acción, en Scarface con Al Pacino de protagonista vemos a uno a punto de estallar por los aires y en la española Perros Callejeros, del tremendo Jose Antonio de la Loma, el Torete, quinqui extremo, lo utiliza para acabar con sus enemigos a lo bestia y darse a una fuga de dramático final. En nuestro cine fue también protagonista en el road movie familiar Carreteras secundarias junto a Antonio Resines y Maribel Verdú. Gracias a sus originales formas fue también la estrella invitada de filmes de ciencia ficción ya en los 60, así en Fantomas vemos aparecer un DS volador con alas retráctiles. En la más reciente Gattaca, mezcla de ciencia-ficción y cine negro, Uma Thurmann conduce uno de los exclusivos descapotables del modelo carrozado por Chapron en un futuro retro y anodino, y una versión travestida hace aparición fugaz en Regreso al futuro (donde el protagonista es otro coche de culto, el fallido De Lorean). Y estos son solo unos pocos ejemplos. En publicidad el Tiburón también habrá protagonizado no pocos spots, fíjate este, tailandés nada menos, en el que el coche no queda en muy buen lugar... En el otro extremo, Helmut Newton, gurú de la fotografía de moda, supo sacar partido del DS para algunas de sus glamurosas fotografías. En videoclips musicales también he encontrado una aparición, bien original, en uno de Kate Perry.
¿Tenía el Tiburón poderes afrodisíacos?
¿Y en la literatura aparece también el Tiburón? Pues sí, tenemos un excelente ejemplo en Cinco horas con Mario (1966). El automóvil sirve de catalizador para un encuentro amoroso finalmente no cosumado entre la viuda de Mario, Carmen, dechado de virtudes, mujer presuntamente recta y tradicional donde las haya, y Paco, amigo de la infancia. El encuentro casual entre los adúlteros en prácticas sucede mientras Paco se haya al volante de un flamante DS rojo que deja a Carmen epatada:" .....Paco me llevó al centro en su Tiburón, un cochazo de aquí hasta allá, no veas cosa igual, que yo estaba parada en la cola del autobús y de repente ¡plaf!, un frenazo, pero de película ¿eh?", nos relata la buena mujer en su monólogo obsesivo y concéntrico como a la mitad del libro, "¡Y qué coche Mario, de sueño vamos! Con decirte que se me iba la cabeza, pero es que ni notar los baches". El relato del encuentro, aparentemente inocente, es retomado al final del libro, momento en el que descubrimos su profundo calado: "y ya con la portezuela abierta, a ver qué podía hacer, me colé, y más cómoda que en el sofá del cuarto de estar, Mario, te lo prometo, lo que yo le dije "me chifla tu coche", que es verdad, que parece que ni tocas el suelo ni nada". Paco se lleva a Carmen en alocada carrera, prolegómeno de un epílogo carnal: "...y los dos a reír, fíjate qué locura, en un Tiburón, mano a mano, a ciento diez, que hasta se me iba la cabeza, te lo juro, que hay cosas que no se explican...". Galvanizados de esta guisa por la máquina fenomenológica de Bertoni, excitados perdidos (hipnotizada dice sentirse ella, pero todos entendemos lo que quiere decir), la escena acaba con un felliniano revolcón en la hierba que no pasa a mayores porque él no quiere. Para mí que todo el largo monólogo de Carmen a lo largo de esas cinco horas es una justificación ante los remordimientos que siente, tan recta ella, por el momento Tiburón, su casi desliz con Paco, un chiquilicuatro (como ella misma le llama) devenido en héroe de película gracias al Citroën: "Te lo juro, no ocurrió nada más, pero mírame, dí algo, anda, por favor, mira que eres, que me estoy tirando por los suelos, más no puedo hacer, Mario, cariño, que al fin y al cabo si a su tiempo me compras un Seiscientos, ni Tiburones ni Tiburonas...".
El DS, icono a la altura de San Pablo, en un anuncioinglés
Como resulta que esto es un blog de arquitectura, acabo volviendo a Barthes y su Mythologies (de 1957): "Creo que los coches hoy en día son casi el equivalente exacto a las
grandes catedrales góticas: quiero decir, la creación suprema de una
era, concebida con pasión por artistas anónimos, y consumida en imagen y
en uso por la totalidad de la población que se la apropia como un
objeto puramente mágico. Es obvio que el nuevo Citroën ha caido del cielo en la medida en que aparece a primera vista como un objeto superlativo".
Bertone ha diseñado quizá los coches más bellos del mundo. Aquí tienes el Lamborghini Bravo, fotografiado por Benedict Redgrove en el estudio de la marca. Para la serie de fotos que publica Designboom el fotógrafo pudo situar los autos donde quiso para buscar ángulos que mostraran la excelente simbiosis (nada nueva) entre automóviles y arquitectura. Más sobre Bertone aquí.
Hace poco hablábamos de lo que se dio en llamar el paquebot-style a vueltas con el Club
Náutico donostiarra. Y hoy te traigo fotos del Museo Stedelijk de
Amsterdamcon ampliación a cargo de
Benthem Crouwel que con cierta imaginación podríamos calificar de Star Trek-style. Ambas varadas naves en
color blanco nuclear, parecen estar a punto de partir hacia fronteras ignotas.
Los holandeses, seguramente con mejor criterio, han apodado al edificio con un
nombre mucho más de andar por casa: la bañera. La ampliación, que conocimos en render años atrás, nos puso los pelos
como escarpias, y es que hay que tener valor para colocar semejante anexo realizado con una fibra sintética (de nombre Twaron) extremadamente ligera y resistente justo
delante de un edificio de tradicional arquitectura holandesa a base de ladrillo que data de 1895.
Sin embargo, en vivo y en directo, la
ampliación me pareció interesante y muy práctica ya que dota al museo de una
impactante entrada que desde luego no pasa desapercibida, más salas en la planta superior, una tienda y
cafetería de dimensiones notables donde los hipsters más exigentes estarán en su salsa,como debe ser
en todo museo de arte moderno que se precie (máxime en una ciudad que va de cool), y una planta sótano donde se
acomoda una pequeña biblioteca. Recomendamos, con todo, no fijarse mucho en los
“puntos de fricción”donde el viejo
edificio y el nuevo conectan, sólo aptos para mayores con reparos. Esta ampliación bien podría definirse como antirretiniana, adjetivo
acuñado por Duchamp que descubro en el recomendable libro ¿Qué
estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos de Will
Gompertz; sí, seguro que al autor de La
fuente le habría encantado la bañera.
El hecho de que los amsterdameses hayan bautizado al Stedelijk
sería una prueba, según apunta Fernández-Galiano, de que ha tenido un cierto
éxito popular al conectar con sus posibles usuarios. Don Luis hace tal
afirmación en la entrevista que para la colección de DVDs de Arquia realiza a Oriol Bohigas, el hacedor
de la moderna Barcelona (a punto de morir de éxito), al repasar el último edificio de su estudio, un extraño artefacto de belleza distraída que la ciudadanía ha dado en
llamar La grapadora.Ya puestos, comentaremos sobre la entrevista
que el director de Arquitectura viva
se reprime y se adapta al ritmo lento del catalán, algo que le honra al no
intentar (como tantas veces ocurre entre los entrevistadores) robar
protagonismo al entrevistado. Por contra el resultado es una entrevista algo plana
y sin mordiente. Imagino que la de Moneo (con quien don Luis seguramente tiene
una mayor complicidad) tendrá más enjundia.
Anexo y museo en pleno diálogo (de sordos)
Estaría bien que en Arquia se plantearan cerrar esta serie
de entrevistas con una al propio Fernández-Galiano conducida, se me ocurre, por
Andrés Jaque o Eduardo Prieto. Igual ibaa ser la más interesante de todas. Testigo de excepción de la década
prodigiosa y su ominosa coda, don Luis tendría mucho que decir.Entre una infinidad de temas podría por
ejemplo responder a aquellos blogueros que se dedican a ver vigas en ojos
ajenos, actividad por descontado esencial, especialmente cuando internet parece estar
convirtiéndose en un inocuo pastizal en el que el ánimo crítico pasó a la
historia, abunda un exhibicionismo sonrojante entre famosos y aspirantes
(los demás no andamos a la zaga: el exceso de exposición e interacción virtual
nos acabará volviendo majaretas) y en el que cualquiera (empezando por un
servidor) tiene libertad para meterse en jardines ajenos. Lástima que alguno
de esos críticos, a pesar de sus innegables dotes, siempre vea la viga en el
mismo ojo. Resulta cansino y poco imaginativo, especialmente cuando para una misma situación suele haber variados culpables. En fin, qué fácil es para los que vemos los
toros desde la barrera emitir juicios (a veces durísimos). Todos deberíamos
recordar más a menudo ese demoledor dicho tan español según el cual la virtud no
sería otra cosa que la ausencia de oportunidad.
Siempre me sorprendieron las formas redondeadas y sobrias de
este edificio municipal en una ciudad como San Sebastián, tan proclive a los
ángulos rectos y las fachadas con pompa y circunstancia. En la de este luce,
algo desafiante, su año de construcción (1933, año por cierto en que Hitler acababa con la Bauhaus), y me pregunto si esta rara avis tiene algo que ver con su
único compañero en formas adustas y aerodinámicas de la ciudad, el Club Naútico
(1929) de Aizpurua y Labayen del que recientemente hablábamos, (aunque también podríamos incluir en la magra lista el edificio de La Equitativa, igualmente de 1933, a cargo del arquitecto Fernando Arzadún). Hubo suerte (cuántas veces he intentado encontrar
en vano el nombre del arquitecto de un edificio que me ha llamado la atención):
su autor, Juan Rafael Alday, fue de 1909 a 1950, el arquitecto municipal de San
Sebastián.
La arquitectura, como la política, hace extraños compañeros
de cama, y este edificio, situado en la calle Easo y recientemente restaurado,
es buena muestra de ello. En él conviven, algo contra natura, una comisaría de la Udaltzaingoa (Policía Municipal), oficinas municipales, el
conservatorio de música de la ciudad y, hasta hace poco, una estación de
bomberos que el edificio había alojado desde su inauguración. Me pregunto
cuántos conciertos habrá destrozado la escandalosa salida de los camiones de
bomberos ante una emergencia. Por cierto
que se da también la curiosa circunstancia de que Alday tuvo al mismo
tiempo que ejercer de jefe de bomberos de la ciudad (por aquel entonces el
cargo de arquitecto municipal llevaba aparejado este otro). Según cuenta el
hijo del arquitecto en una entrevista para El
Diario Vasco, más de una vez su padre apareció con una brecha en la cabeza
tras volver de apagar un fuego (la familia guarda como recuerdo el casco de
bombero de tan singular arquitecto). Si lo pensamos bien no es algo tan
descabellado: ¿Quién mejor para apagar el incendio en un edificio que el que
conoce su estructura a fondo? ¿Y quién mejor para diseñar edificios seguros?
Mi “tesis”es que
este edificio fue en cierta medida influido por el Club Naútico en sus formas y
en su casi total ausencia de ornato. Si
nos fijamos en otros edificios oficiales de Alday en la ciudad (el mercado
de la Bretxa, las escuelas de Amara) veremos que no parecía muy devoto del
movimiento moderno que digamos. Para muestra fíjate en este botón, la única
casa particular que construyó, en Prim 22 (por cierto que diez números más
arriba en la misma calle tenían su estudio Labayen y Aizpurua).
Pastelería fina
Como ves, poco que ver con el verso suelto de Easo. ¿Cabe la
posibilidad de que Alday, impresionado ante las formas modernas del Naútico
y su gran impacto mediático (con visita de Le Corbusier in person para verlo) hiciera un discreto homenaje al barco varado
de Aizpurua y Labayen? Quizá hasta leyó el beligerante manifiesto de Aizpurua (“Cuándo habrá arquitectura”, publicado en
La Gaceta Literaria en 1930), que
empezaba “La arquitectura en España no
existe; no hay arquitectos, hay pasteleros (….). Exigid en vuestras
construcciones todo: higiene, solidez, confort, racionalidad, economía; todo,
menos decoración; esa palabra os denigra, no debe existir, y si la pedís, os
darán pastelería y pagaréis como cosa buena”, para después reclamar
la existencia de “arquitectos arquitectos”
que luchen por ganarse su autoridad:
“La culpa del retraso de la arquitectura
es del cliente, según el arquitecto; “no nos dejan hacer”. El enfermo cree en
el médico; el abogado me arregla este asunto: ¿por qué el arquitecto no me
construye mi casa? No creo en él, no tiene autoridad. Mientras el arquitecto no
tenga confianza en sí mismo, autoridad y criterio, no habrá arquitectos,
estaremos en manos del cliente. ¿Cómo queréis construir vuestras ideas si no
educáis a las masas?”. ¿Se sintió aludido Alday? Me pregunto también si
llegarían a conocerse ambos arquitectos(es
posible, Aizpurúahizo un anteproyecto
para el ensanche del barrio donostiarra de Amara por encargo del ayuntamiento).
Sea como fuere lo que es obvio es que en
Easo quiso experimentar con nuevas formas arquitectónicas más dinámicas y
despojadas de toda calórica ornamentación (aunque, quizá viéndolo demasiado
frío, le dotó de algunos detalles Art Decó), aprovechando la condición dinámica y maquinista que una estación de bomberos sugería.
Fíjate en mi escudo republicano de Donosti(sin corona)
Alday no pasará ciertamente a la historia de la
arquitectura por el edificio moderno (y algo modernista) de Easo, ni seguramente por
ninguno de los otros que hizo para la ciudad, pero sí que acabó creando un
icono involuntario: la barandilla que bordea la playa de la Concha, dentro de
un plan de reordenación delpaseo de
Miraconcha que inauguró allá por 1916 Alfonso XIII, en esta foto puedes ver al arquitecto departiendo con el rey, que se hace acompañar por Primo de Rivera (a la sazón sólo general pero ya apuntando maneras). Lo más curioso del
dato es que prácticamente nadie sabía que Alday era el autor del diseño de
la barandilla (que devino icono tardíamente, allá por los 70), hasta sus
propios familiares lo desconocían. También del arquitecto municipal son los
obeliscos que rematan la bajada principal a la playa (conocidos popularmente
como Los relojes) y la soberbia
farola que a su vez se convirtió en uno de los premios del Festival de Cine de
San Sebastián. Alday dio forma a la exitosa (y pastelera) postal de Donosti que hoy
todos conocemos. Si Aizpurua levantara la cabeza... (en fin, a nadie le amarga un dulce, hasta Le Corbusier acabó saltándose su dieta: ¿Qué es Ronchamp sino un suculento merengue?).
Racionalismo vs pastelería: observa cómo la barandilla de Alday es abducida por el Náutico...