domingo, 22 de enero de 2017

¿El eslabón perdido?

Mies y Le Corbusier, juntos al fin
Pues ya pensaba yo que no iba a encontrar tema para la entrada dominical y justo al límite me encuentro hoy mismo con un interesante artículo de Rowan Moore para The Observer que paso a comentarte. Gira en torno al arquitecto escocés Peter Womersley (1923-93) y me ha llamado la atención especialmente el estudio que construyó para el diseñador textil Bernat Klein, al sur de Escocia (en la foto de arriba), que bien podría ser el eslabón perdido del Movimiento Moderno que al fin conectaría a Mies, Le Corbusier, el brutalismo británico y la California de Neutra. Recientemente, en una encuesta dirigida por la revista Prospect para encontrar los 100 mejores edificios modernos de Escocia, salió elegido el 5º (justo a continuación, quien lo iba a decir, del Parlamento de EMBT). Moore prefiere encabezar su artículo con el no menos interesante graderío cubierto que Womersley hizo para un modesto equipo de fútbol escocés y que, según él, anticipa varias décadas el trabajo de Zaha Hadid.

Dicen que mal de muchos consuelo de tontos, pero a ver, algo alivia. Y es que resulta que este verano, la casa que el arquitecto se había hecho en la costa escocesa (con cierto parecido a la Farnsworth) allá por 1964,  fue derribada, el mismo triste destino, según nos hemos enterado hace nada, que ha corrido la casa Guzmán de Alejandro de la Sota.

Uno de sus edificios más originales es el que construyó para alojar las calderas de un cercano hospital, también en un pequeño pueblo de las Tierras Bajas escocesas. En el bucólico entorno en el que se encuentra resulta cuando menos surrealista, pero un intrépido estudio de arquitectos liderado por Gordon Duffy quiere alojar en él cinco viviendas siguiendo el ejemplo de Bofill para La Factoría, la fábrica de cemento (la primera de España) que el arquitecto convirtió en espectacular estudio y vivienda en los 70 (no te pierdas el video en el que el propio Bofill nos relata tan bizarra rehabilitación).

Peter Womersley, arquitecto olvidado que nunca quiso hacer manifiesto ni bandera de su arquitectura, escondida en bellísimos pero modestos emplazamientos, afirmaba que su aproximación a la arquitectura era muy simple: "Intento dar placer". Lo dio, sin duda.




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