sábado, 4 de septiembre de 2010

Fuller, Foster y el futuro que ya fue

A menudo me había preguntado de dónde le vendría a Norman Foster ese gusto por las pieles de cristal enfundadas en mallas metálicas que son una de las señas de identidad del arquitecto y que podemos ver entre otros en la sede londinense de Swiss Re, el Great Court del British Museum o la torre Hearst de Nueva York (en orden):






Pues bien, al fin lo descubrí. Ha sido en la exposición Bucky Fuller & Spaceship Earth que acaba de inaugurarse en la sala de exposiciones de Ivorypress como ya comentábamos en julio. El estadounidense Richard Buckminster Bucky Fuller, inventor autodidacta, diseñador visionario y filósofo mediático, fue entre otras muchas cosas el creador de las cúpulas geodésicas (abajo la que diseñó para la Expo 67 de Montreal junto a Shoji Sadao), que son sin duda inspiración para las fachadas y cubiertas de Foster (el Pritzker británico colaboró con él los últimos 12 años de su vida, llegando a trabar una fructífera amistad). Fuller inventó la cúpulas, que se convirtieron en ubícuo símbolo futurista de los 60 y 70, junto a sus alumnos en los cursos de verano del Black Mountain College, donde también impartían otros personajes de culto como John Cage, Merce Cunningham o Willem de Kooning.



Fuller fue un adelantado a su tiempo, quizá el primero que se preocupó por la hoy famosa sostenibilidad que reflejó en la expresión Spaceship Earth (la nave espacial Tierra) e ideó proyectos tan curiosos como torres ligeras que pudieran volar con ayuda de dirigibles, una piragua-catamarán en la que el piloto estaba suspendido sobre el agua (se muestra en la exposición a tamaño real), casas modulares de montaje rápido (la Dymaxion house), el Dymaxion map (un mapa que permite una visión más realista del mundo sin las distorsiones típicas de los mapas tradicionales) o su conocido Dymaxion car (la palabra Dymaxion es una amalgama de tres conceptos típicos de Fuller: dynamics, maximum y tension). Ya hablamos de este prototipo de automóvil de tres ruedas, similar al típico avión de pasajeros de los años 30 pero obviamente sin alas, y que se caracterizaba por una ligereza y una maniobrabilidad fuera de lo común. Por desgracia, en la Expo de Chicago de 1933 sufrió un accidente que costó la vida a su conductor (en un vídeo de la exposición se nos relata que Fuller tira de la teoría de la conspiración para explicar el accidente, provocado según él por otro automóvil que desapareció sin dejar rastro), lo que acabó con su futuro. Foster ha reconstruído el coche (que además funciona) y lo ha traído a Ivorypress. A pesar de sus casi 80 años tiene un halo retrofuturista espectacular (y resultaría totalmente galáctico en su época):





Observa la protuberancia en la joroba posterior, en realidad una especie de periscopio que permite la visión trasera. Leo en un artículo del New York Times de 2008 que H.G.Wells, creador del género de la ciencia-ficción, se hizo fotos con él y anunció que en una próxima película basada en una de sus novelas aparecería (luego no fue así). En la exposición se muestra un video con infografía que recrea un Dymaxion mini, que bien podría convertirse en alternativa a microcoches como el Smart. Posiblemente su diseño haya inspirado automóviles como la mítica Volkswagen Transporter o el Z.Car de Zaha Hadid:



Lanzado al estrellato tras la mencionada cúpula de la Expo de Montreal (unos pocos años antes ya había sido portada de Time), Fuller buscaba en 1971 un arquitecto para otro de sus proyectos vanguardistas: un teatro subterráneo bajo el patio del St Peter´s College en Oxford que nunca llega a realizarse. Y lo encuentra en Norman Foster, con el que comienza una relación profesional y de amistad que dura hasta la muerte del diseñador en 1983. Su esposa, Anne Hewlett, con la que llevaba casado 66 años (en eso también fue revolucionario) le siguió un día y medio después. Mucho antes, en 1927, parado y en quiebra, la muerte de una hija de cuatro años aquejada de meningitis y polio le llevó a una profunda depresión de la que afortunadamente fue capaz de salir con un nuevo objetivo: convertir su vida en "un experimento para descubrir si un individuo puede contribuir a cambiar el mundo y beneficiar a toda la humanidad".

Más información sobre la exposición, comisariada por Norman Foster y Luis Fernández-Galiano, aquí.

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