viernes, 7 de marzo de 2014

Silencios sonoros


Hay silencios que resuenan más que las palabras. El de la foto es el edificio Reid de la escuela de Artes de Glasgow, firmado por Steven Holl y que tiene la peculiaridad de estar situado justo enfrente del Mack, el edificio principal de la escuela que Charlie Rennie Mackintosh concluyó en 1909 y que es para muchos la pieza arquitectónica más valiosa de toda Escocia. Lo de los silencios viene a cuento porque en un artículo de Oliver Wainwright para The Guardian, Holl señalaba que quería que su edificio fuera un "socio silencioso" del edificio de Mackintosh: "La sinfonía principal ya se está interpretando a un lado de la calle, así que el nuestro es un acompañamiento silencioso, la cesura al concierto del Mack". Pero Wainwright, con su habitual retranca, apostilla que el nuevo edificio es tan silencioso como "el estruendo de platillos entrechocando entre sí", y que su diseño "tiene la misma sutileza que un multicine de extrarradio". No es el único que lo pone a caldo. Para Rowan Moore, crítico también de The Guardian, el nuevo edificio es el "primo robótico" del antiguo. William J R Curtis dice de él que es "torpe en forma y proporción" y que "carece de delicadeza en los detalles". Como ves, los críticos británicos reparten estopa como nadie. A todas estas críticas Holl  responde que el problema es, de nuevo, que la gente no entiende de música y sus silencios, y añade, en un tono tan poligonero como su edificio, que "se comerán sus palabras cuando lo vean".

Esta suerte de glaciar que parece haber surgido de la nada como resultado de un movimiento tectónico (la metáfora es de Wainwright) es explicado por el arquitecto estadounidense como un juego de contrarios con respecto a su famoso vecino. Si el Mack posee unos "huesos finos y una piel gruesa", el Reid tiene una delicada piel y una potente estructura interna. Son como el yin y el yang, señala Holl, acostumbrado a trabajar en China. Pero donde realmente se rinde homenaje al edificio de Mackintosh es en el interior, donde se ha intentado replicar con un lenguaje moderno sus estrategias de captación de la luz. Tres potentes estructuras tubulares huecas que recorren verticalmente el edificio en su totalidad (bautizadas por el arquitecto como "vanos de luz") llevan el bien tan preciado en estas sombrías latitudes hasta lo más profundo del edificio. También transmiten el ruido, por cierto, como señala un estudiante. Aquí tienes uno de dichos vanos, con el propio Holl asomándose al vacío cual inquietante personaje poeiano:



 Otro de los rasgos que distinguen al Reid más íntimo es lo que han dado en llamar el "circuito de conexión", que, junto con la creación de espacios abiertos con pocas divisiones, permite a alumnos y profesores una mayor interactuación, una "abrasión creativa" de nuevo en palabras del arquitecto. Arrea. O sea, que bajo la gélida piel existe, en abrasivo oxímoron, un intercambio de tórridos rozamientos creativos que abrasan a los apasionados aprendices de artista. Quién lo iba a decir.

En fin, te dejo con  la ardua tarea de juzgar por tí mismo si esto es una obra digna de interés u otra ocurrencia de starchitect. Empieza echando un vistazo a estas fotos. Yo me quedo con el comentario que sobre el edificio hizo Zabalbeascoa en El País al señalar que Holl "ha corrido el riesgo de darle réplica a lo intocable".



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