jueves, 29 de marzo de 2012

La pulsión panóptica


Me encuentro esta foto en The Independent. Ojo, esto también es arquitectura, más áun si consideramos que, según el rotativo inglés, son los servicios del Commerzbank en Fráncfort, la torre levantada por el estudio de Norman Foster nada menos. En uno de los bocetos del edificio publicados en Norman Foster. Drawings 1958-2008 el arquitecto refleja los juegos panópticos que se producen desde una de las oficinas del edificio de 259 metros. Lo que no nos imaginábamos es que también se cuidara de ofrecer excelentes vistas del skyline de la capital financiera alemana a los banqueros en los mismísimos baños, convirtiendo su micción en una experiencia panóptica a la que podríamos aplicar escatológicas metáforas. Mientras los banqueros hacen sus aguas menores, más al sur nosotros y nuestras economías hacen aguas (mayores) y no digamos los griegos, que están pissed-off con tanto recorte. La foto, curiosa y jocosa en un primer momento, deviene inquietante: no nos libramos del control económico germano ni cuando los cancerberos de las finanzas europeas acuden al excusado. Ni tan siquiera Orwell o Huxley imaginaron un celo vigilante igual. Es una lástima que a pesar de tanto rigor panóptico no se dieran cuenta (¿o es que miraban a otro lado?) del timo financiero de la estampita en forma de fondos tóxicos estadounidenses que se habían originado a base de contratar hipotecas basura a go-go. El caso es que salvamos a los bancos de aquella tormenta perfecta financiera (salvo algunos valientes como Islandia, donde les crujieron) y en el proceso nos quedamos hechos una merde. Y en estas vemos a Merkel con su falsa sonrisa de hiena, toda ella austeridad calvinista, apareciendo en el Reichstag remodelado por (otra vez) Foster, con su cúpula panóptica (transparente y vigilante), dispuesta a recortar lo que haga falta a los eurodíscolos que miccionen fuera del tiesto, y es que directamente se nos aflojan los esfínteres. Imploramos una lluvia dorada del BCE en forma de euros desde lo alto de su cutrón rascacielos que alivie nuestra rampante deuda, una cascada áurea y aria que bien podría representar Olafur Eliasson con una instalación ad hoc.Y es que ya lo decía Zigmunt Bauman: sin liquidez no somos nadie.

Mucho podemos aprender de esta  fábula posmoderna de las cigarras entrópicas y las hormigas panópticas, y que podría resumirse en el título de la obra de Michel Foucault Vigilar y castigar. En este ensayo sobre el origen de la cárcel y la evolución el castigo a los delincuentes se nos habla del panóptico, artilugio de vigilancia inventado en 1787 por Jeremy Bentham, filósofo y pensador reformista, que consistía en un edificio de grandes superficies acristaladas que permiten una observación continua y cómoda de los presos. Ya no los necesitamos, ahora tenemos cámaras y ordenadores, pero nuestra sociedad debe aprender a vigilar el gasto y castigar los desmanes. Por cierto que Bentham, todo un precedente de Damien Hirst, llevó su pulsión panóptica hasta un paroxismo gore al dejar escrito en su testamento el deseo de que su cuerpo fuera momificado y expuesto en una urna de cristal en la University College London, en lo que él denominó auto-icon. Al parecer los esforzados embalsamadores no quedaron muy contentos con el resultado de la cabeza y la sustituyeron por una de cera. No obstante, guardaron la cabeza real también en la urna, aunque finalmente acabaron por quitarla porque los estudiantes se dedicaban a robarla, mejor no saber para qué. Angelitos. ¿Quieres ver la reliquia laica del filósofo? Vamos, que sé que estás deseando (entra aquí). Todo un argumento de peso para convencer de una vez a Fernández-Galiano de que, efectivamente, la entropía no existe. Es todo cuestión de ponerse.

sábado, 24 de marzo de 2012

Artquitectos


El starchitect ha muerto, viva el artchitect. A raíz de una certera entrevista a Gehry y un comentario de Arturo Franco sobre su intervención, forzosamente limitada, en el Matadero madrileño, hace unos días comentábamos el fenómeno de la progresiva tendencia a la disolución del arquitecto como creador y su conversión en un mero constructor. Me gusta el Matadero, que conste, y su hermosa poética de muros desconchados, pero prefiero la rehabilitación de la fábrica de cerveza El Águila de Mansilla y Tuñón. El péndulo es devastador, y si negativa es la figura del arquitecto divo superstar con carta blanca para hacer lo que quiera, no lo es menos un arquitecto coartado reconvertido en mero trazador de líneas. Especialmente si esa faceta creativa es usurpada por el artista de moda, al que sí se permiten ciertas licencias que coronen la obra del arquitecto, como señalaba Gehry. 

Me acaba de llegar el último número de Arquitectura Viva y resulta que me encuentro varios artículos relacionados con este tema. Uno de ellos es de Eduardo Prieto, arquitecto y filósofo autor de La arquitectura de la ciudad global, que se centra en el fenómeno Eliasson. Prieto defiende el mestizaje artístico aunque comenta que se está convirtiendo ya en una contaminación y habla de la arquitectonización de la escultura y la esculturización de la arquitectura para pasar a centrarse en el caso del danés. Su mayor aportación al mundo arquitectónico sería, más que sus colaboraciones directas con arquitectos, la creación de un ideal estético basado en la evanescencia atmosférica, un cambio apropiado, señala Prieto, tras la hipertrofia icónica del pasado más reciente, y acaba: “el ars meteorológica de Eliasson apunta a una improbable arquitectura meteorológica que aspiraría a cumplir el significado del étimo compartido por ambas, esto es, ser como las nubes, devenir aire”.  Pues sí, esperemos que dicha artquitectura sea improbable porque con tanta disolución etérea al final al que vamos a disolver y barrer del mapa es al propio arquitecto. Por su parte Francisco J. San Martín se ocupa de otro artista en la cresta de la ola: Anish Kapoor. Tras señalar la intensa relación que desde siempre ha existido entre escultura y arquitectura dando como epítome el Erecteión con sus cariátides, describe con gran precisión varias de las descomunales instalaciones del artista angloindio y apunta que Kapoor “ha recogido el reto de los jugueteos escultóricos de los arquitectos, precisamente cuando estos están sufriendo una rigurosa revisión, y los han conducido a una lógica espectacular de matriz escultórica”. Exacto: el artista artquitecto llena el hueco creativo abandonado por el arquitecto de verdad. Por cierto la foto de arriba es la torre ArcelorMittal Orbit en Londres, de Kapoor, a punto de acabarse y que pretende celebrar los próximos Juegos Olímpicos. El artista la compara con la torre de Babel. Los londinenses, más prosaicos, con una montaña rusa. 

Dijo una vez Norman Foster que el papel del arte en la arquitectura contemporánea venía a ser el de pintarle los labios a un gorila. La frase es simpática pero, en mi opinión amateur, desafortunada. El arte no es mero maquillaje y la arquitectura no tiene por qué ser fea, es más, se me ocurren un buen número de edificios bastante más bellos que muchos cuadros y esculturas de arte contemporáneo, que nunca tuvo a la belleza como una de sus prioridades. A tal ocurrencia podríamos contraponer nuestro refrán mona vestida de seda mona se queda. Pensemos por un momento en el Palacio de Congresos madrileño junto a la Castellana, de Pablo Pintado y Riba. En mi opinión, un edificio anodino al que quizá se le quiso dar alegría colocándole una suerte de frontón con un mural de Miró. Prueba no superada. El mural parece lo que es: un artificio postizo en un contexto en el que no pega. Y el edificio sigue pareciendo igual de aburrido. Hay ejemplos contrarios, por supuesto, como el Harpa de Henning Larsen con Eliasson sin ir más lejos. Seguimos con el refranero: Juntos pero no revueltos: ni la austeridad monacal del Movimieno Moderno ni la mezcolanza malsana artquitectónica que produce monstruos de difícil digestión.

A todo esto habrá algún ingeniero que se estará carcajeando a mandíbula llena ante esta situación. La ingeniería ha sido tradicionalmente la pariente pobre del proceso creativo-constructivo del arquitecto, mucho más cercano al arte (y por tanto con más glamour) que la labor técnica y callada del ingeniero. ¿A cuántos ingenieros conocemos? A ver, sobre la marcha, Manterola (académico de Bellas Artes de San Fernando nada menos), Torroja (creo que es ingeniero) y... Arup, omnipresente pero siempre como inefable coletilla al final de los créditos. Y cuántas veces habrán sacado las castañas del fuego a los arquitectos. El documental How much does your building weigh, Mr Foster? incorpora entrevistas a un sinfín de artistas de primera fila: el propio Kapoor, Richard Long, Anthony Caro, Weiwei, Christo, Serra (en el documental puede verse cómo instala una de sus mastodónticas esculturas en el jardín de la casa suiza de los Foster), apenas hay arquitectos (sus socios y Rogers) y ni un ingeniero. Y eso que el puente de Millau, diseñado por Foster pero con realización técnica del ingeniero Michel Virlogeux, es una de las obras que más atención reciben en el documental. Creo que simplemente se menciona su nombre (y no estoy seguro). Pues bien, los ingenieros ahora ven cómo los arquitectos están empezando sufrir en sus carnes el mismo ninguneo que ellos llevan sufriendo desde siempre, viendo cómo los artistas les adelantan en popularidad e incluso en autoría en los proyectos. De hecho, gracias a la incipiente primacía de los artquitectos se permiten hasta puentearlos (nunca mejor dicho): la torre ArcelorMittal de Kapoor (de 115 metros) está diseñada junto al ingeniero Cecil Balmond (de Arup), ni rastro de arquitectos. El nombre de Balmond, por supuesto, siempre aparece tras el del artchitect.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Revival tecnogótico



Con el nuevo vestíbulo de la estación londinense de King´s Cross (foto de arriba), los grandes techos metálicos vuelven a casa. Lo dice Rowan Moore en The Observer  refiriéndose a la arquitectura del hierro tan típica (aunque no exclusiva) de Inglaterra, relacionándolo igualmente con las cúpulas altamente tecnológicas de Fuller, Foster o Rogers. El imponente vestíbulo de la estación, que forma parte de un enorme transport hub (centro neurálgico de transportes) de cara a las olimpiadas de Londres y que va a costar 600 millones de euros nada menos, puede recordar también a las fan vaults (bóvedas en abanico) del gótico perpendicular británico. En la segunda foto las del claustro de la catedral de Gloucester.

domingo, 18 de marzo de 2012

La pesadilla de Buckminster Fuller


Bucky´s Nightmare se llama este prototipo de sillón del diseñador Mathieu Lehanneur... Visto en la exposición Francia diseña hoy en Matadero Madrid.

viernes, 16 de marzo de 2012

El escultor de máquinas


"Él hace bella la tecnología. Es un escultor de la era de la máquina. Esculpe las máquinas para que parezcan más que simples máquinas, para que sean obras de arte. Ayudarnos a amar la máquina es un gran logro, porque tenemos sentimientos ambivalentes hacia ellas, las máquinas están destruyendo el mundo, están destruyendo nuestras almas, pero su arquitectura nos recuerda que la máquina también nos libera, que es una herramienta de libertad, no solo de esclavitud". (Alain De Botton sobre Norman Foster en el documental "How much does your building weigh, Mr Foster?").

lunes, 12 de marzo de 2012

Muros y maestros


"La escuela es muros y maestros. Arquitectura y pedagogía construyen los edificios escolares, y queremos pensar que su importancia es pareja. No es así: una escuela puede prescindir de los muros, pero no de los maestros.(...) La escuela es un lugar tanto como un viaje: un viaje material que reconoce el territorio y un viaje moral que abre las puertas a la sociabilidad y las ventanas al conocimiento, en una mudanza que lleva al niño o al joven a la disciplina de los límites que establece un entorno colectivo y al engarce de su personalidad en la exigente coreografía de lo compartido.(...) Necesitamos excelentes edificios, pero necesitamos aún más maestros excelentes, y nada de esto puede lograrse sin la estima social de la docencia y el apoyo de las familias a las aulas. La mejora de la educación no reside en los programas o en las construcciones, sino en los profesores. El muro maestro de la escuela global no es el muro sino el maestro". (Muros maestros, Luis Fernández-Galiano: excelente réplica, involuntaria supongo, al muro de Pink Floyd y su we don´t need no education...).

martes, 6 de marzo de 2012

Archaikus


Jody Brown, arquitecto bloguero, nos propone en su blog Coffee with an Architect, varios "archaikus": haikus arquitectónicos. Este hombre es un cachondo (tú también puedes: tres versos, de 5 silabas el primero, 7 el segundo y 5 el tercero, no hay rima).  A ver si adivinas a qué edificios se refieren. Pistas: el primero es de Wright, el segundo fue un pabellón para una expo y el tercero está en París. Tirado (te pongo un enlace a la solución, pero trabájatelo un poco antes de hacer click!) :

 
a grand spiral void
ordered processional path
art hangs crookedly
he draws a breath in
and takes a path alone through
mist on the water 
a framed and bannered
steel and grid and glass and staired
path for engineers
Solución


.
Yo también me apunto, a ver (los tres están en España):

columna soy yo
caro pilar inmóvil
enchufadme ya!
Solución

puente marciano
a ninguna parte va
 high-tech baturro
 Solución

ruedo ibérico
extremo y líquido
 cruda memoria
Solución


(Foto: The Delta Shelter de Tom Kundig: arquitectura haiku).

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Arquitectos acomplejados?


El otro día venía a decír algo parecido Gehry en una entrevista para The Guardian en la que reclamaba más expresión para la arquitectura. No lo planteaba tan crudamente como lo he expuesto yo en el título de la entrada, pero por ahí van los tiros. Tras décadas de desenfreno, los arquitectos, con un injusto sentimiento de culpabilidad corporativo (muchos justos están pagando por unos pocos pecadores), buscan un low profile y regresan al frío modernismo con edificios sosos, que no está el horno para bollos. ¿Pero qué pasa, dice el arquitecto canadiense, cuando los clientes demandan más juice, (azúcar diríamos nosotros)? Pues que el vacío que el arquitecto ha dejado y no se atreve a volver a asumir lo están llenando los artistas, como Eliasson o Kapoor (o Weiwei), que se alían con arquitectos para dar el toque creativo que éstos al parecer ya no pueden dar. Gehry no ve mal el concurso del artista -él mismo trabajó con Oldenburg-, el problema es que parece que ahora se coarta y corta la vena creativa del arquitecto: "los arquitectos no lo harán porque se les dice que no lo hagan. "No me seas travieso". ¿Entiende lo que le digo?". Arturo Franco, arquitecto que ha intervenido en una nave del Matadero madrileño (en la foto) decía esto hace unos días en El País:"Pero el nuestro fue un trabajo de contención, en torno a la no actuación. Tratamos de atarnos las manos al palo mayor, como Ulises, para no caer en la tentación". Arrea.

El archifamoso y ya cansino Menos es más, necesario para purificar y depurar los excesos pasados (en esta profesión y en tantas otras, no disparemos al arquitecto), vuelve con fuerza pero ¿hasta llegar al extremo de convertir al arquitecto en un mero tecnócrata (palabra que tanto gusta ahora) sin alma? En el NYT  leía el otro día un artículo de título "Por qué menos no es siempre más" en el que su autor daba la vuelta a la tortilla miesiana:"Cualquier edificio sin aparentes costuras está repleto de complejas juntas, empalmes y uniones que hacen que mil elementos distintos parezcan un todo escultórico y monolítico. Para hacer como sí dejaras todo fuera, debes remeter todo por dentro. Lo que parece espartano suele ser invisiblemente barroco". Y sale, según él, por un pico. Mira tú por dónde.

La puntilla: el Pritzker, el Oscar de la arquitectura -casi se dan a la par- se acaba de otorgar a un arquitecto chino de nombre Wang Shu, que lidera un estudio que se llama Amateur, porque él se considera ante todo un artesano, en sintonía con la sostenibilidad, el respeto a los materiales autóctonos, etc. Vamos, que él es arquitecto casi porque pasaba por allí. En el jurado Murcutt, otro que tal baila, que en el congreso Más por Menos (esa sí que es una buena máxima) de Pamplona sacaba pecho ante Piano y le espetaba que cuántos arquitectos trabajaban en su estudio, dejando claro que él, frente al italiano, aún tenía control directo sobre su obra. Por lo visto crear puestos de trabajo, coordinar equipos humanos y crear obras arquitectónicas tan complejas como The Shard (otra cosa es que nos guste) no tiene ningún valor para el australiano.

Recapitulamos. O sea, que un arquitecto tiene, primero que casi ocultar que lo es diciendo que es un artesano amateur, segundo, no actuar, como dice Arturo Franco, por más que le pese, que si hay algún elemento de autor que poner en la obra ya lo hará el artista glamuroso de turno, y tercero hacer un edificio mínimo, etéreo, evanescente. Vamos, que como el edificio se vea le vamos a brear a correazos. Y por la parte de la hebilla. Habrase visto.