jueves, 21 de julio de 2011

Ser o no ser (remodelado)





Elisabeth Scott ganó por concurso a la aún tierna edad de 29 años la elaboración de un proyecto emblemático en su país: nada menos que un teatro en Stratford-upon-Avon, la ciudad natal de William Shakespeare. Lo terminó, en estilo art decó y tras no pocas críticas, en 1932. Fue la primera gran obra pública realizada por una arquitecta en el Reino Unido. Durante 75 años el teatro ha servido ininterrumpidamente a sus propósitos (con actuaciones de mitos de la escena como Laurence Olivier), y ha alojado a la famosa Royal Shakespeare Company (RSC), aunque no sin problemas. El edificio, aparte de ofrecer una imagen exterior pesada y anodina, tenía problemas de diseño en su interior que afectaba a sus cualidades escénicas. Los actores se quejaban de la gran distancia entre el escenario y la audiencia, señalando con melodramático énfasis que se sentían como si ellos estuvieran en Dover y el público en Calais, separados nada menos que por el Canal de la Mancha. Un backstage común para las dos salas no ayudaba tampoco al trabajo de los actores, que tenían que compartir además una cantina minúscula. Tal es así que desde los 90 la RSC estuvo interesada en introducir cambios importantes en el teatro. El primer arquitecto elegido fue el holandés Erick van Egeraat, impetuoso y vanguardista, quien propuso hacer tabula rasa: demoler el teatro y levantar una suerte de parque temático teatral (en la segunda imagen vemos un tormentoso bosquejo del proyecto hecho por el propio arquitecto). Voces en contra de decisión tan extrema se levantaron de parte de divos del escenario como Judi Dench, y viendo la poca predisposición de los gerentes del RSC el holandés tomó el camino fácil e hizo mutis por el foro no sin señalar que el proyecto era muy challenging, que es la palabra que se usa en inglés para expresar de manera muy fina que algo es un marronazo. El proyecto quedó in albis hasta que hace unos 5 años un estudio local, Bennetts Associates, retomó el tema desde un ángulo más conservador. Se decidió mantener la estructura básica del edificio pero introducir cambios profundos en su interior. En su exterior se construyó una torre de reminiscencias italianas (o escandinavas) para darle un ligero toque icónico (primera foto), y punto. Hace unos meses volvió a abrir con gran expectación de público y medios y ahora acaba de recibir el reconocimiento del RIBA, la asociación de arquitectos británicos, que la ha preseleccionado para el prestigioso premio Stirling que se fallará en octubre. Es la primera vez que el RIBA selecciona una remodelación, todo un síntoma. Más.

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