viernes, 26 de noviembre de 2010

Arquitectura de género




¿Tiene género la arquitectura? A veces parecería que sí. La primera foto, del Guardian, nos muestra la evolución de The Shard, el soberbio rascacielos en construcción de Renzo Piano que en días superará a la torre más alta de Londres y Gran Bretaña (la One Canada Square en Canary Wharf de 235 m.) para continuar su ascensión hasta los 310 metros, convirténdose para entonces en la torre más alta de Europa exceptuando Rusia. Voluntad de perpetuación, ansia de potencia vertical, deseo de devenir en icono identitario, fijación por alcanzar el firmamento (y más allá). Sorprende en otro orden de cosas cómo Londres, que tiene unos cuantos rascacielos en construcción, hace oídos sordos al fulgurante Recorte Inglés de Camerón de la isla, y es que las entidades financieras anglosajonas ya andan preparando la siguiente crisis, a ver si de una vez por todas descabalgan a los PIGS, que la arquitectura del euro es cosa de WASPs y no de wimps. Y a los miembros blandos de la Unión Europea (periféricos es el nombre técnico) que les den dos duros, nunca mejor dicho.
La segunda foto responde al reciente ganador de uno de los cinco premios Aga Kahn de arquitectura de este año, el museo Madinat Al Zahara en Córdoba de Nieto y Sobejano (con jota, por favor) que se encarga de la conservación y difusión de los restos de la antigua ciudad mandada construir por Abderramán III en el siglo X: arquitectura enraizada en la tierra, casi soterrada (me recuerda a las casas que decaArchitecture ha hecho en la isla griega de Antiparos), sobria en sus planteamientos pero con vocación de crear comunidad, tan fácil de allanar y violentar pero tan resistente a la vez.

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