viernes, 14 de agosto de 2026

Caminos de olas

 


Este proyecto se presentó al concurso de rigor con el idílico nombre de Camino de olas. Pues como ves  el camino está cerrado con contundente verja. El edificio se inauguró hace ya diez meses. Se trata del GOe (Gastronomy Open Ecosystem) del BCC (Basque Culinary Centre) en San Sebastián, una segunda sede de la universidad gastronómica continuación de la que culminara el estudio local Vaumm en 2011 y que ha sido llevada a cabo por los daneses BIG. Una de las principales características del edificio iba a ser su cubierta accesible, cito de la web del BCC: "Además, las olas del edificio se comportan como terrazas abiertas a la ciudadanía que conectan lo que sucede en el interior de edificio con el exterior. Es un edificio que mantendrá el diálogo con la ciudad, aportando espacios que fortalecen el ámbito urbano en el que se encuentra integrado". Y un poco después: "la cubierta ajardinada, como una prolongación del monte, y las diferentes terrazas, permitirán mantener la cualidad de "parque" que actualmente tiene la parcela". Esa insistencia en abrir el edificio a la ciudad, que también se refleja en los rénderes del proyecto de BIG en los que se ven numerosos paseantes sobre los tejados alabeados, puede ser un eco de las numerosas protestas que originó el proyecto entre los vecinos, quienes veían cómo les iban a birlar un pequeño parque (en incómoda pendiente e infrautilizado) para levantar semejante edificio. Bjarke Ingels, fundador y líder de BIG, del que por cierto hablábamos en la entrada anterior, ahonda aún más en las ideas de parque y de camino, comparándolo nada menos que con el de Santiago: "Concebida como una extensión arquitectónica del paisaje urbano de la ciudad, nuestra propuesta libera el espacio y proporciona parques en las cubiertas para invitar a la ciudadanía a participar con el arte y la ciencia de la gastronomía. Ubicado en la ruta por la que transcurre el Camino de Santiago, creemos que esta fusión arquitectónica de gastronomía y tecnología, ciudad y naturaleza, y edificio y parque, tiene el potencial de convertirse en destino para los peregrinos culinarios de todo el mundo”En otra ocasión Ingels contaba que cuando era pequeño solía subirse al tejado de una casa de vacaciones hasta que sus progenitores, alarmados, le descubrían y tenía que bajar. Dicho acicate por asaltar los tejados inspiró su arquitectura, abundante en cubiertas accesibles. João Alburquerque, socio de la firma a cargo del proyecto junto a Ingels, vuelve a incidir en ello: "Con una suave ondulación desde el suelo, el GOe será un buen vecino y ciudadano de San Sebastián ofreciendo una ventana a la investigación gastronómica global mientras crea nuevos espacios públicos, plazas, parques y vistas", en la web de BIG tienes fotos y más explicaciones. No sé si ves adónde quiero llegar pero con mucho gusto te lo explico: por alguna razón que desconocemos, y que suponemos poderosísima, nos están privando de ese carácter comunitario tan escandinavo que este edificio ofrecía como una de sus principales señas de identidad. Siempre nos quedará el acero corten, utilizado con profusión acaso excesiva, referencia inevitable a Chillida y Oteiza. 

El proyecto del gran danés tuvo que competir con sonados rivales. Los otros cuatro finalistas seleccionados de entre los 21 estudios presentados fueron Snøhetta, 3XN (y van tres escandinavos), OMA (en cuyo estudio trabajó Ingels) y Toyo Ito, que de haber ganado se habría quitado la dolorosa espina de Torrevieja (lo mismo Koolhaas con Córdoba). Ni un estudio español. Entre los 21 sí los había, y de nuevo, de renombre: Nieto y Sobejano, Tuñón y Albornoz, Vázquez Consuegra, BAAS, Mangado, Miralles Tagliabue... De hecho, ni uno solo de los proyectos de los estudios extranjeros fue rechazado, los cinco que se presentaron pasaron a la final. He intentado descubrir los miembros del jurado o información de los demás proyectos presentados (al menos los de los finalistas) en internet pero me ha sido imposible. Puedo comprender que para un estudio, especialmente si es de postín, no sea plato de gusto publicitar sus "fracasos" pero no comprendo que el Gobierno Vasco, que financia sustancialmente el proyecto junto con la iniciativa privada, no ofrezca información alguna sobre todos los proyectos presentados, algo habitual en este tipo de concursos. Recordemos sin ir más lejos el del Kursaal, a la vuelta de la esquina de hecho, del que hay abundante información sobre los tres concursos convocados para elegirlo (por cierto que el proyecto ganador, de Moneo, fue también muy criticado en su momento). Pues casi prefiero el concurso de Quito, en ese aspecto solo, claro. Igual se buscaba el secretismo para evitar lo que pasó en Ecuador, pero no nos parece de rigor siendo el GOe en gran parte financiado con arcas públicas (el Gobierno Vasco puso el 70% de los 26,6 millones que ha costado, hablamos de 18,6 millones, la Diputación Foral de Guipúzcoa puso otros 6 y el ayuntamiento regaló la parcela). Lo digo por lo de rendir cuentas al contribuyente y tal. 

Pero démosle otra vuelta a la misteriosa verja y metámonos en frondosos jardines. ¿Y si sirviera para evitar una supuesta invasión? Aquí, al contrario que en nuestro otro norte (el de África), donde los caminos de olas no son tan idílicos como los del GOe, será más bien de guiris, dicho sea con todo el cariño, que todos somos turistas, y es que además la palabra es de origen vasco, copio y pego de la IA, que estamos en agosto: "La palabra guiri proviene del término euskera guiristino («cristino»), usado en el siglo XIX durante las Guerras Carlistas. Los carlistas vascoparlantes llamaban así de forma despectiva a los partidarios de la reina María Cristina, por considerarlos defensores del bando liberal y ajenos a su tierra". ¿Será que no queremos que ningún turista (o local) se nos despeñe desde el tejado-ola tratando de hacerse un selfi para su insta? Pero entonces no entiendo por qué se elige este proyecto y no otro más convencional. ¿Por acallar las protestas que hacían hincapié en la pérdida del parque y una vez terminado si te he visto no me acuerdo? ¿porque es un proyecto del siempre joven y pletórico Ingels a quien Donosti, devenida ya perfecto backdrop (lo del marco incomparable queda ya casposo) de apolíneos influencers, quiere adoptar como santo patrón? Es el hype, estúpido. En fin, de Ingels nos quedamos con su optimismo arrollador, su desbordante creatividad y su loable determinación para acercar contrarios, inaudito en estos tiempos tan polarizados. 

Nos despedimos haciendo votos para que la misteriosa verja del GOe desaparezca y podamos disfrutar, como el joven Ingels, de la experiencia de un horizonte expandido. Algunas verjas, con todo, son necesarias, especialmente cuando lo que aguarda detrás son oscuros intereses geopolíticos, pero me toca la moral que el tema sea de inmediato aprovechado para cargar contra la inmigración por los exaltados de guardia, cuando todos sabemos que sin los inmigrantes nuestro país se iría a tomar, seamos finos, viento. Lo que fastidia a cierto personal es la regularización, y es que, como es bien sabido, nos va el negro (en metáfora): que se queden, venga, pero como ciudadanos de segunda. No te jode. "De algún modo, todos somos migrantes. Todos hemos conocido alguna forma de intemperie en algunas de nuestras generaciones anteriores. Todos hemos necesitado alguna vez que alguien nos acogiera, nos tendiera la mano o nos ofreciera una oportunidad. (...) Esa memoria no puede quedarse en un adorno sentimental: está llamada a convertirse en una "escuela moral". Quien recuerda su propia necesidad está mejor preparado para comprender la necesidad ajena. Quien sabe que también sus mayores buscaron pan, trabajo, paz o futuro en otra tierra, no puede mirar con superioridad o volver la espalda a quienes hoy llaman a su puerta". (Fernando Prado Ayuso, Nuestros hermanos migrantes). 
 

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