Probablemente el evento arquitectónico cumbre de estos días haya sido el diálogo que han mantenido en el Espacio Arquia de Madrid Marta Peris, José Toral (de Peris+Toral) y Eduardo Prieto, el autor del libro sobre Petrarca que comentábamos la entrada anterior, a tenor de lo raudo que se acabaron la entradas para el encuentro (yo llegué tarde para conseguir la mía, y mira que estoy al tanto). Es obvio que su trabajo, centrado en la vivienda, hasta hace bien poco la Cenicienta de la arquitectura según Josep Llinàs, está llamando poderosamente la atención aquí y fuera (recordemos una vez más el premio que le otorgó el RIBA en 2024). Los tres hicieron una suerte de resumen de la entrevista que se acaba de publicar en El Croquis (234), daremos aquí unos breves apuntes de lo que más nos llamó la atención de uno y otra aderezándolo con las consabidas ocurrencias que suelen adornar este tu blog.
Empezamos con el "espíritu barroco" del estudio como dice Eduardo Prieto. Uno ve su trabajo aparentemente cartesiano y ordenado hasta la extenuación y le resulta harto curiosa la etiqueta, pero ojo, detrás de esa fijación por la retícula (obsérvese la portada de El Croquis), hay mucho más. El "espacio medido" es clave en unos arquitectos de rigor acaso obsesivo, pero no menos importante resulta el "espacio experimentado", la percepción psicológica que mediante el uso de la diagonal y estrategias cinematográficas (Marta Peris hizo su tesis sobre el reflejo de la casa tradicional japonesa en el cine de Yasujirō Ozu) lleva a pensar que existe más espacio del que realmente hay. Ya lo decía Juan Muñoz: "Creo que a los grandes artistas del Barroco se les pedía lo mismo que a los artistas modernos, construir un lugar ficticio. Hacer el mundo más grande de lo que es". Pier Vittorio Aureli, quien también contribuye con un artículo en la revista, habla de habitaciones que no son culs-de-sac sino "pasajes", "escenarios secuenciales que enmarcan el teatro de la vida cotidiana", volvemos al Barroco y sus enfilades. Aureli habla de una "matriz de habitaciones interconectadas" (Modulus Matrix llaman Peris+Toral a su bloque de Cornellà, el premiado por el RIBA), todas de iguales dimensiones que remiten a Palladio nada menos y es que, como todo el mundo sabe, la vivienda de Peris+Toral ha introducido cambios sorprendentes como eliminar el pasillo, un elemento de oscuros orígenes como nos explica el crítico italiano, quien se apoya en Robin Evans y su ensayo Figures, Doors and Passages (1978): "Según Evans, el pasillo se introdujo como un mecanismo para mantener separadas las rutas del señor y el servicio en una época de reciente antagonismo de clases. Con el tiempo, el pasillo devino en un elemento constante de la domesticidad moderna y contemporánea para facilitar el aislamiento y, por tanto, la privacidad de las estancias. Lo que se perdió con esta disposición tipológica fue, a su modo de ver, el carácter ambiguo y multifuncional de las habitaciones y con ello su capacidad para albergar diferentes usos y situaciones". Me he leído en diagonal el ensayo de Evans y me he encontrado con esta jugosa cita que transcribo con tu permiso: "La matriz de habitaciones interconectadas es adecuada para un tipo de sociedad que se alimenta de carnalidad, que reconoce el cuerpo como la persona y en el que el carácter gregario es habitual" (volvemos a la experiencia de lo táctil, véase nuestra entrada anterior). El siglo XIX introdujo el pasillo en el hogar, heredado de prisiones y hospitales, elemento que sería el reflejo arquitectónico del puritanismo victoriano (como curiosidad, que descubro en Elements of Architecture (2018) de Rem Koolhaas, la primera vez que aparece el término en inglés -corridor, del italiano corridóre- es en The Corsair (1814) de Lord Byron). Koolhaas, quien también hace referencia a Evans, afirma que la Era Victoriana, "la época más aislada y obsesionada por la separación de la historia", abrazó con fruición el pasillo en un afán de aislamiento que estaría en el origen del arraigado gusto inglés por las detached houses (o semi-detached al menos), según cuenta ahora Hermann Muthiesus en The English House (1987). Koolhaas sigue narrando curiosas anécdotas sobre el pasillo así, los diez kilómetros de túneles y pasillos que el quinto duque de Portland, propietario de todo el West End londinense, construyó en la Welbeck Abbey, una pulsión tuneladora que unos achacan a una enfermedad cutánea que, cual victoriano vampiro, le obligaba a estar siempre al resguardo del sol, y otros a una afición desmedida por la tecnología y la ingeniería (incluye fotos del estado de dichos pasillos en la actualidad); el holandés, junto a su nutrido equipo, se ocupa también, entre otras tipologías de pasillos, de la trinchera en la Primera Guerra Mundial, de los distópicos pasillos modernos que pretendían la interacción social en descomunales bloques de vivienda (las streets in the sky) y acabaron siendo vandalizados (la locura del corredor de 958 metros del complejo Corviale en Roma), estudia los terroríficos pasillos de El resplandor de Kubrick (podría hacer lo propio con los desquiciantes corredores de Separación) y hace un angustioso recorrido por el interior de las Torres Gemelas en el fatídico 11-S siguiendo el relato de algunos supervivientes que acertaron a encontrar la salida de aquel laberinto del horror. Volvemos a recomendar su lectura.
Retomemos, volviendo brevemente al encuentro de Arquia. Otro aspecto en el que incidió Prieto (en realidad es una continuación del tema anterior), y aquí con pleno derecho dado que es un experto en el tema, consiste en las estrategias de porosidad de las que hacen gala las viviendas de Peris+Toral. Porosidad que tiene consecuencias no solo en el ámbito social como decíamos sino también en el ambiental. En lugar de convertir el apartamento en una burbuja térmica refrescada mediante medios mecánicos las viviendas se abren al exterior gracias a gradientes, filtros varios, espacios intermedios, patios y atrios que difuminan la separación de interior y exterior (nada nuevo por otra parte, pensemos en la arquitectura árabe o mediterránea), esponjan el inmueble y consiguen mantener unas temperaturas aceptables a la par que fomentan la socialización (difícil sentirse solo en un bloque tan abierto). Eso sí, comentan cómo los vecinos necesitan a menudo un periodo de adaptación pues no saben exactamente dónde comienza propiamente dicho su casa y acaban las zonas comunes (cada vecino, apuntan divertidos, coloca el felpudo en un sitio distinto). Todo ello suele suponer una "reprogramación de los hábitos" a menudo exitosa como refleja el video mostrado en la charla de Arquia donde los inquilinos cuentan su experiencia de vivir en Cornellà, devenida más que una vivienda social, una vivienda sociable a la que los arquitectos gustan de volver para conseguir feedback de los usuarios (Prieto lo llama "sistema-excepción": el rigor de Peris y Toral está abierto al cambio porque, al contrario que en el "sistema moderno" de Mies y demás popes de la racionalidad, el usuario está en el centro del proceso). Marta Peris expresa así esa deseable conexión entre arquitecto y usuario y los propios usuarios entre sí: "Asumir la inevitable condición de interdependencia que nos conecta frente a la falsa autosuficiencia que nos separa". Lo podría haber dicho tal cual León XIV, inevitable no referirse a él estos días (llama además la atención los numerosos símiles arquitectónicos que utiliza, por no hablar de su visita a la Sagrada Familia). Fíjate lo que dice en Magnifica Humanitas: "Evitemos, por tanto, el "síndrome de Babel": la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único -incluso digital- capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos". Frente a Babel, Prevost hace referencia a la reconstrucción de Jerusalén que lleva a cabo Nehemías: "No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes". En definitiva, abrazar la complejidad (la verdad es "sinfónica") y huir de las soluciones fáciles como dijo en su primer discurso en suelo español: "Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos".
Las fotos de hoy son del espacio Infinito Delicias, una iniciativa llevada a cabo por la Fundación Daniel y Nina Carasso y llevada a cabo por Husos Arquitecturas y elii en el distrito madrileño de Arganzuela que consiste en la rehabilitación de una antigua metalurgia (no en vano se encuentra en el llamado Barrio de los Metales) para levantar un complejo especialmente cuidadoso en términos ecológicos centrado en la alimentación sostenible y el arte ciudadano. Incluye un restaurante y una recoleta librería. Acaba de ganar el Premio FAD de arquitectura. El lema del espacio, "Donde todo fluye", podría ser también el de Peris+Toral.




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