Fíjate lo que te traigo hoy. Igual te piensas que es una maqueta-concepto del recién inaugurado rascacielos de Rafael de la-Hoz en Rabat, que con sus 250 m. es ya el tercero por altura del continente africano. Pues no. A ver, te dejo un rato para que ejercites tu materia gris, que para algo la tienes.
Tampoco es la soberbia torre del arquitecto cordobés que gusta recordar fuera bautizado en la Mezquita-Catedral el edificio que destacaríamos en primer lugar de entre los descubiertos esta semana. Nos decantamos por uno más sencillo, una pequeña iglesia en San Cristóbal de la Laguna, en Tenerife a cargo de Alejandro Beautell, proyecto y arquitecto que descubrimos gracias a Metalocus. En relación al tema con el que te estoy dando la brasa desde hace no sé cuantas entradas (la rehabilitación/ampliación de preexistencias), el canario lleva a cabo la restauración mínima de una pequeña ermita del siglo XVIII que hace gala de un bello artesonado, intervención que incluye deshacerse de añadidos posteriores, y la amplía con una pequeña nave que gracias a un lenguaje plenamente moderno se distancia del edificio original sin resultar en absoluto chocante. Dicho añadido es además apenas visible desde la calle pues se abaja frente a la pequeña ermita, dejando claro su mayor relevancia, en un detalle de humildad muy apropiado. Más aún nos ha encandilado cómo se reutiliza el hormigón de un muro demolido: con él se construye el altar, el ambón y la pila bautismal. Y aún hay más: se extrae la armadura del hormigón y con ella se da forma a la cruz que preside la nave y a otras que jalonan el nuevo espacio, un detalle sublime que seguramente sin pretenderlo ofrece una interesante lectura en clave religiosa. No menos sublime es la explicación del arquitecto: "El acero corrugado de su interior se recuperó para construir la cruz del retablo. La materia, herida y fragmentada, adquiere así una condición sacramental, ocupando el centro de la liturgia. Este gesto no pretende ser narrativo ni simbólico en un sentido explícito, sino estrictamente constructivo y material. La arquitectura asume el conflicto, incorpora la herida y la convierte en permanencia. El hormigón deja de ser un material anónimo para convertirse en memoria condensada, en materia atravesada por el tiempo y resignificada por el uso". Te enlazo al fin a más datos y fotos del proyecto.
Otro trabajo que también nos ha llamado la atención es una casa en Morelia (México) de nuevo no solo por su planteamiento arquitectónico sino por las implicaciones casi metafísicas del proyecto. Su arquitecto, Rogelio Vallejo Bores, fundador de HW Studio, se plantea el formidable reto de construir una casa para sí mismo que refleje su actitud vital, su forma de estar en el mundo. Casi nada. Cito a Arquitectura Viva: "La arquitectura se plantea como una pregunta que condiciona todo el proyecto: ¿Cómo edificar una vida que sea coherente con las palabras que uno ha pronunciado durante años?". Siguiendo la tradición japonesa el corazón de la vivienda es su vacío interior: "el alma de la casa no está en los muros ni en el techo, sino en el vacío que los contiene". Para pasar de algunas dependencias a otras hay que salir a ese vacío, exponerse a las inclemencias del tiempo, notar tu fragilidad en suma, exactamente igual que hacía Tadao Ando en sus primeras viviendas. En palabras de Vallejo: "Para cruzar de la sala al comedor, si está lloviendo, te mojas… o te esperas a que pase la lluvia. La arquitectura aquí no protege del mundo: te reconcilia con él". La exquisita reseña termina así: "En conjunto, la casa no busca imponerse, sino permanecer en silencio. Es una arquitectura de lo esencial, donde habitar significa aceptar lo efímero, lo incompleto y lo transitorio como parte fundamental de la vida".
El tema del vacío me ha recordado a José María Sánchez García. No, no me refiero a ese diputado simpar que con su astracanada en el Congreso, qué déjà-vu más chungo, nos ha recordado nuestra pertinaz pulsión valleinclanesca (y cainita), sino al arquitecto extremeño del que hablábamos en la anterior entrada y que comparte con el iracundo político nombres y apellidos. Encantado debe estar el de Don Benito de tener un doppelgänger tan mediático. Pues como te decía, Sánchez en bastantes de sus proyectos parte de una estrategia de protección del vacío que explicó en un manifiesto de nombre "Never to be built on. Manifiesto contra la dispersión", título que recoge el mandato que aparece en un antiguo plano de la ciudad de Bath en los terrenos de Barton Fields y que obligó a los dos John Wood (también aquí padre e hijo comparten nombre) a diseñar el Royal Crescent (1775) con su célebre forma cóncava para proteger dicho vacío urbano al igual que también prestarían especial atención a las plazas centrales de sus otras dos intervenciones allí, el King´s Circus y la Queen´s Square. Este manifiesto, que se extrae de su tesis El caso Bath, dirigida en 2016 por Alberto Campo Baeza y Emilio Tuñón nada menos (este último también aparecía en nuestra última entrada), es resumido en El Croquis 189 y dice así en su punto número 4, de nombre "Indeterminación y Permanencia": "La protección del vacío se antepone a la formalización del objeto en nuestro proceso de trabajo, dando lugar a un sistema capaz de absorber simultáneamente las irregularidades del contexto, las necesidades programáticas y las posibles alteraciones impuestas por los agentes implicados. El reto de actuar en lugares con una fuerte carga histórica, arqueológica y paisajística demanda un sistema flexible, en constante mutación". Es lo que decía Fernández-Galiano, no recuerdo dónde: el hecho de que pueda construirse todo no significa que deba construirse todo. En su tesis Sánchez compara las intervenciones de los Wood en la ciudad balneario con Stonehenge nada menos, probable referencia de los arquitectos (Giedion no se queda corto tampoco, habla de un Versalles para la clase media) y nos muestra cómo un inconveniente a priori -dejar un enorme terreno sin construir- se convierte en ventaja: "Así se produce la especulación del vacío, o lo que es lo mismo, el aprovechamiento del territorio arrendado sin necesidad de construir nada. La preservación del paisaje natural no conlleva gasto alguno y revierte directamente en el edificio construido enfrente. La máxima rentabilidad del suelo pasa por no tocarlo y así revalorizar enormemente el Royal Crescent". Interesante lección. Ahora entiendo -acabo de descubrir el manifiesto y la tesis- el Anillo que Sánchez posó junto al embalse de Gabriel y Galán en Cáceres. Bath, Stonehenge y la estética futurista de por ejemplo la nave de 2001 Una Odisea en el espacio, otro impresionante anillo, fusionados en un sorprendente complejo deportivo que, como pasa en la ciudad británica, solo se descubre plenamente a vista de pájaro (Cedric Price recuerda que los Wood nunca pudieron verlo así, y sin embargo, cuánta perfección refleja el proyecto inglés visto desde el aire). Estuve en el Anillo cacereño hará un par de años. Es un edificio (si se le puede llamar así) magnífico y lo mejor -volvemos al Biobío de Smiljan Radić- es que a pesar de sus enormes dimensiones apenas parece tocar el terreno donde se asienta y da la sensación de enorme ligereza, como si fuera a despegar de un momento a otro, cediendo todo el protagonismo a la magnífica naturaleza del entorno que desde la tenue estructura se contempla incluso mejor. El abrumador plano de agua del embalse, hipnótico en su inquietante quietud, una vez más te pone en modo metafísico, ya lo decía Melville en Moby Dick: "la unión de la meditación y el agua es eterna". Un crepúsculo allí, escuchando La Mer Recomencée del primer Vangelis (probable guiño al "La mer, la mer, toujours recommencée !" de Paul Valéry en Le cimetière marin) es muy posible que te haga levitar. Te subo fotos en el Lateral.
Bueno, ¿qué tal vas con la adivinanza de hoy? ¿Tienes ya idea de qué pueda ser la foto? Observa cómo en dicho artefacto el vacío es también la clave de su diseño. Te dejo que le des otra vuelta y vamos mientras tanto con otra cosa si te parece. Anteayer supimos los dos ganadores del premio europeo Mies van der Rohe, ambos reconversiones de edificios obsoletos lo que confirma algo que ya se veía venir, que la rehabilitación es el nuevo mantra en arquitectura. De todas formas, si pudiéramos o incluso pudiésemos dar una opinión personal nos atreveríamos a afirmar que el galardón principal, la renovación del Palacio de Exposiciones de Charleroi (Bélgica), a cargo de los estudios AgwA y architecten jan de vylder inge vinck, un pabellón de exposiciones que puede recordar al Hall 1 de Burdeos que comentábamos en la pasada entrada (a ver si las autoridades competentes toman nota), nos ha resultado decepcionante. Cuando he visto las fotos de la intervención me he pensado que eran las del pabellón antes de la rehabilitación y esperaba, mientras iba bajando las sucesivas imágenes, encontrarme finalmente esos mismos espacios reconvertidos. Pues no, todas las fotos que nos ofrecen las webs del ramo son del edificio ya finalizado, y lo primero que se nos ocurre es que para ese viaje igual no necesitábamos alforjas. Pero por favor, si es que les ha quedado un edificio triste, desolado, apático, vamos, ideal para rodar en él una nueva temporada de The Last of Us. Una cosa es hacer una intervención mínima, sostenible, cuidadosa, etc. y otra es que la renovación ni se note. Pero juzga tú mismo. Me veo obligado a citar, una vez más, las palabras de Carlos Cachón en aquella encendida entrada-manifiesto para su blog Afasia: "Arquitecto es hoy aquel que sabe fingir que no lo es. Hoy la arquitectura debe desaparecer. Debe simular que es otra cosa". Hoy mismo en dicho blog veía la intervención realizada por un joven estudio (OOIO Arquitectura) en una antigua fábrica de cocinas en Leganés para reconvertirla en un concesionario de automóviles con talleres, showroom y demás. El nuevo edificio exuda optimismo pop y buena vibra por todos sus poros. Los propios arquitectos dejan clara su intención en la descripción del proyecto: "La creatividad es una herramienta extraordinariamente poderosa, capaz de ofrecer respuestas a casi cualquier reto. En arquitectura, la imaginación y las soluciones singulares no deberían ser patrimonio exclusivo de los grandes edificios públicos o de esas casas de ensueño que todos querríamos habitar. También hay espacio para la innovación —y la emoción— en los lugares más inesperados". Y seguro que no ha sido por falta de opciones, el jurado -que presidía, mira tú por dónde, el recientísimo Pritzker Smiljan Radić- había preseleccionado un buen número de sobresalientes intervenciones respetuosas con las preexistencias pero que al mismo tiempo arriesgaban para aportar algo novedoso y estimulante. Al menos en la categoría Emergente se han lucido algo más, ahí sí que se ha elegido una rehabilitación más interesante, siempre, repito, en mi opinión de aficionado dominguero.
De creatividad nuestro último protagonista va sobrado. Vamos ya a resolver el enigma de hoy, volvamos a la foto de inicio. No, no se trata de un edificio sino, atención, de unas pinzas para cubitos de hielo. Te estarás preguntando si, nunca mejor dicho, se nos ha ido la pinza. Te cuento, un poco de paciencia, pardiez. La foto está tomada en la exposición André Ricard, diseño en uso presente hasta el 3 de mayo en el Centro Cultural Fernán Gómez de Madrid dentro del Madrid Design Festival. Ricard, barcelonés de origen galo, fue Premio Nacional de Diseño en 1987 y es especialmente conocido (ciertamente no por mí) por diseñar la antorcha olímpica de los Juegos del 92. No es una exposición a la que acudiera con particular motivación pero debo decir que me fue enganchando progresivamente hasta quedar prendado por su figura y la labor, tan a menudo ninguneada, del diseñador, que pone su creatividad al servicio de la solución de pequeños (y no tan pequeños) problemas cotidianos que mejoran nuestra vida de manera a menudo imperceptible. Lo que quizás más me ha sorprendido es su absoluta humildad, nos cuesta creer que un diseñador multipremiado de su calibre, autor de varios libros, profesor de diseño en Suiza y directivo de organizaciones internacionales de diseño industrial aceptara encargos tan poco glamurosos como una ingeniosa percha antipolilla, que multiplicó la venta de la empresa que los fabricaba de manera exponencial, una lámpara para mesilla de noche que diseñó para no molestar a su esposa mientras leía en la cama y se ha convertido en objeto de culto (hoy se sigue produciendo a precios exorbitantes), una botella de leche diseñada con una hendidura que la circunda para que las manos más pequeñas (de un niño por ejemplo) pudieran cogerla sin que se resbalara o la misma pinza para el hielo de la foto de hoy, que tiene como peculiaridad funcionar a la contra de las pinzas habituales: en lugar de tener que hacer presión todo el tiempo para mantener el cubito en la pinza, en la de Ricard solo haces presión para coger el cubito y después el hielo queda enganchado sin necesidad de aplicar fuerza. Y hay muchos más ejemplos, todos expuestos sin vitrina (supone un gran esfuerzo no tocarlos). En la exposición se muestran dos videos especialmente interesantes, ambos bastante recientes. En el primero aparece el propio diseñador, que hoy cuenta 96 años, narrando anécdotas vitales, así el VII Congreso del International Council of Societies of Industrial Design (ICSID) celebrado en 1971 en una playa ibicenca que todos recordamos gracias a las estructuras hinchables de Prada Poole (la Instant City) y que según Ricard, uno de sus sufridos organizadores, fue bastante caótico por el "choque cultural" que se produjo entre diseñadores europeos de renombre, que a menudo asistían encorbatados y acompañados de despampanantes señoras sobre zapatos de interminable tacón (de difícil desempeño en la playa) y los jóvenes diseñadores españoles que asistían en exiguos bañadores con una actitud mucho más lúdica; imaginamos a Ricard, todo un dandy, en el primer grupo. El barcelonés habla abiertamente de anarquía, las imágenes del evento lo corroboran, con numerosos jóvenes portando los inflables de Poole de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer. Me tuve que reír cuando detallaba las extrañas comidas, también experimentales, que allí se servían, había una cocinera que se empeñaba en tintar de la manera más bizarra posible los alimentos (Ricard habla de un día que les pusieron para comer un pollo de color verde). Por allí pulularon también arquitectos como Carlos Ferrater cuando aún estudiaba la carrera, quien elaboró el manifiesto del certamen junto a Luis Racionero, el llamado Manifiesto de la Instant City, que al parecer fue divulgado internacionalmente. Cuesta creer que Franco estuviera aún vivo. Tienes más información sobre el congreso aquí. El segundo video está protagonizado por Victoria Garriga, arquitecta del estudio AV62 (seguro te suena este proyecto suyo), quien nos habla de la trayectoria del diseñador catalán con evidente admiración.
Joan Miró hizo para Puig, empresa para la que Ricard diseñó no pocos frascos y botellas, una escultura en bronce de nombre Femme y tres metros de altura basada precisamente en uno de los diseños del barcelonés. En el video la escultura luce frente a la torre que diseñó Rafael Moneo para la empresa de perfumes. Espoleado por la coincidencia me puse a trastear por internet y he hallado el video de un encuentro que, organizado por la librería barcelonesa La Capell, reunía en 2022 al diseñador y al arquitecto. Sorprendentemente se conocían desde 1968, cuando asistieron en Aspen (Colorado) a uno de los congresos de diseño industrial que allí se celebraban anualmente. IBM, la Apple de entonces (que acababa de tomar el relevo a Olivetti), llevaba la voz cantante en estos temas. Ricard fue encargado de formar un grupo ibérico de representantes y eligió entre otros a Fernández Alba y Moneo (quien se enteraba en directo de que fue él quien lo había seleccionado, aquel sería el primer viaje del navarro a los EE.UU.). Allí se encontrarían con figuras del calibre de Hollein, Banham o el mismísimo Eisenman cuando era casi un completo desconocido. Aunque ambos admiten que en el congreso el perfil de los españoles fue más bien bajo, Moneo señala que allí empezaría su relación académica y personal con Eisenman, quien pronto sería invitado a venir a España y acabaría, cuatro décadas después, levantando la Cidade da Cultura en Santiago. La conversación toma después otros vericuetos, así por ejemplo cómo se comparan el diseño escandinavo, centrado en temas prácticos y cotidianos y el italiano, más expresivo y extravagante. Ricard, por supuesto, es firme defensor del primero mientras que Moneo parecía estar más por la creatividad italiana. Otro aspecto también interesante fue en qué aspectos el trabajo del diseñador se parece al del arquitecto y en cuáles se diferencian. Ahí hubo más divagación aún, si entendí bien el diseñador se centraría especialmente en el cuerpo (ergonomía) mientras que el arquitecto se fija más en el espacio (expresividad). En fin, te recomiendo eches un vistazo al video, seguro encuentras muchos más detalles interesantes que se nos han quedado en el tintero.
Casi se me pasa, Victoria Garriga, arquitecta que como te decía hablaba de Ricard en uno de los videos de la exposición, nos dejó la hermosa frase que titula hoy la entrada. El diseñador, lejos de tener nostalgia del pasado, como es lo habitual, dice tenerla del futuro, de los inventos, avances y cambios que por mandato vital no podrá ver y en los que, sin duda, le habría gustado tomar parte. Toda una lección para este fascinante proceso de, ahora sí, llenar vacíos que quizá sea la vida.
Último reto. ¿Qué es esto?
Te he vuelto a pillar. Una alcachofa de ducha.


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