miércoles, 8 de abril de 2026

Frágiles (2)

 


Si tuviera que elegir la noticia arquitectónica de estos días de asueto e intensas celebraciones me decantaría por la ampliación que OMA, con dirección de Shohei Shigematsu, ha hecho del New Museum de SANAA en Nueva York. Un magnífico "contraste controlado" como señala Arquitectura Viva entre el edificio de los japoneses, un desbaratado y frágil apilamiento de bloques cristalinos que parecería a punto de desmoronarse, y el aristado anexo del estudio holandés, que duplica la superficie del museo y se abre al barrio mediante un afilado tajo que crea una original plaza. Casan tan bien que en un futuro nada lejano pocos adivinarán que se trata de una extensión posterior y sin embargo la ampliación hace gala de unos marcados rasgos propios que la diferencian del edificio primero, de 2007. De noche nos parece su imagen más bella, como un farolillo volador chino a punto de flotar hacia el cielo (fotos y más información aquí). Podríamos plantear ahora el viaje contrario, de Nueva York a Róterdam, donde está la sede original de OMA, con el cambio de una sola letra. Allí, ODA, estudio neoyorquino, está también interviniendo en un edificio, histórico en este caso, el Postkantoor de 1916, que fue uno de los pocos inmuebles que quedaron en pie tras el brutal Blitz nazi de 1940. No creemos que vaya a ser portada de ninguna revista del ramo, aquí la ampliación es bastante menos sutil que la del New Museum, pero lo traemos como un ejemplo más de que es posible renovar y ampliar sin demoler, y es que aún nos duele la demolición sin miramientos de BIG en Madrid y más nos dolerá, vuelvo a decirlo, la que pronto se acometerá con el Hipercor de Méndez Álvaro, un centro comercial de poco más de 30 años. Lo cierto es que ODA sí que ha tenido que echar abajo una parte de las antiguas oficinas de correos, de hecho la web del estudio neoyorquino no tiene empacho en subir en video de un minuto en time-lapse con la demolición (la piqueta pone de manifiesto la fragilidad incluso de la arquitectura más aparentemente sólida), me da que los norteamericanos son menos sensibles con estos temas: por cierto que al derribarse la fachada queda al descubierto su vecino, que diría es el Timmerhuis de, mira tú por dónde, OMA. Sobre ese solar se eleva ya una contundente torre de 150 metros que alojará viviendas y pronto estará finalizada. Presenta una peculiar fachada con arcos por doquier que dialoga a palos con las otras torres cristalinas de Róterdam, los arquitectos señalan que han querido hacer referencia al soberbio gran vestíbulo abovedado de las antiguas oficinas, que han restaurado y replicado en el plinto de la nueva torre. Mejor te enlazo a la web del estudio con fotos, planos y explicaciones. 

Seguimos en Nueva York y con torres potentes. En el último número de Arquitectura Viva (282) escribe Norman Foster un artículo de nombre Elogio de la densidad 2.0 donde descubro, con pasmo, que para levantar el imponente rascacielos que acaba de terminar en la ciudad de los ídem (el Park Avenue 270) se ha tenido que demoler otro de los años 50, diseño de Natalie de Blois (del estudio SOM), de 210 metros nada menos, misma altura por cierto que la Tour Montparnasse parisina que ahora se va a rehabilitar como comentábamos hace poco. Investigando un poco descubro que se trata del segundo edificio "voluntariamente demolido más alto del mundo" (el primero es uno en Singapur que tenía 235 metros) y que había sido renovado en 2008 para lograr la certificación LEED Platino. Cielos. Foster se defiende alegando que es algo que ya ha sucedido antes en la ciudad de los rascacielos, el mismísimo Empire State reemplazó al Waldorf-Astoria, que en el momento de su demolición en 1929 era el hotel más grande el mundo, argumento que se nos antoja algo frágil (eran otros tiempos con otras mentalidades, aunque lo mismo Manhattan va por libre). Con mejores tesis apunta que la nueva torre de su firma, el doble de alta que la anterior, puede albergar 2,5 veces más ocupantes aparte de mejorar sensiblemente su calidad de vida gracias a un diseño mucho más moderno. Señala igualmente que se ha reciclado o reutilizado el 97% de los materiales presentes en la torre demolida y que el 90% del acero utilizado es reciclado para concluir que ofrecer más densidad también hace a un edificio más sostenible. El tono defensivo y la referencia a comentarios adversos sobre la obra me hizo investigar un poco más y me topé con un artículo de Oliver Wainwright de hace unos meses cuyo airado título lo dice todo: Una eco-obscenidad: el nuevo rascacielos con esteroides de Norman Foster es una afrenta al horizonte de Nueva York. Se trata  de uno de los artículos más duros que recuerdo del crítico de The Guardian. Tremendamente subjetivo frente al aséptico y calmado artículo del de Mánchester (las vigas en abanico de la base del edificio son como dedos de Nosferatu, los juegos lumínicos en la corona de la torre le recuerdan al ojo de Sauron, las zonas comunes son como de casino de Las Vegas, etc), viene a decir que en absoluto era necesario levantar semejante rascacielos -y mucho menos demoler el anterior- y que más que una mejora en su sede lo que principalmente quería JP Morgan, el mayor banco del mundo, era demostrar poderío. Además no va a quedarse ahí: el banco ya tiene previstos dos nuevos macro-rascacielos, diseñados igualmente por Foster, uno en la propia Park Avenue, más alto aún, y otro en Londres, que es lo que más duele a Wainwright (da al skyline de Manhattan por perdido ¿pero acaso no lo está ya también el de Londres?). Ambos contendientes olvidan datos importantes en sus artículos: Foster no menciona la reciente y, suponemos, costosa reforma que se había acometido en el edificio anterior, lo cual hace el proceso aún más sangrante, y Wainwright no dice que la mayor parte de los materiales del viejo edificio fueron reciclados o reutilizados, lo que no deja de ser un atenuante. En fin, tú mismo. Parece obvio que a veces la demolición es imprescindible, para construir los bloques de viviendas de la madrileña avenida de San Diego que te subí al Lateral fue necesario demoler sin miramientos unas cuantas torres en estado bastante calamitoso que había en dicho lugar y hoy como te decía el barrio ha mejorado de manera evidente. Tampoco he oído ninguna queja sobre la demolición de la icónica torre del Hospital 12 de octubre de Madrid, tras solo 52 años en funcionamiento, para poner en su lugar un parque. Algo parecido sucedió con el desarrollo urbanístico de San Bartolomé Muinoa en el barrio donostiarra de Amara Viejo: para levantar el actual complejo fue necesario deshacerse de varios bloques de viviendas diseñadas en los 50 por el entonces arquitecto municipal, Luis Jesús Arizmendi, que estaban en condiciones deplorables. Y sin embargo, otras no muy lejos de allí, del mismo arquitecto y de una edad similar, se han renovado y lucen muy dignas. Quizá la clave es construir con la suficiente calidad como para que un edificio dure. No deja de ser penoso que un edificio joven y en buen estado se tenga que demoler (también habría que estudiar por qué y para qué) pero en fin, paso palabra.


Otra de las noticias de estos días pasados ha sido la concesión del Pritzker, el conocido como Nobel de la disciplina, al arquitecto chileno Smiljan Radić, quien por cierto también ha tenido que enfrentarse a rehabilitaciones delicadas, así la del Museo Precolombino, donde para crear una nueva sala de exposiciones tuvo que horadar los cimientos del edificio preexistente de 1805, la Real Aduana, diseño de Joaquín Toesca (autor también del Palacio de la Moneda) o el centro cultural NAVE, ambos en Santiago. En uno de sus edificios más célebres, el Teatro BioBío, su estrategia es totalmente la contraria: posa el ligero edificio sobre el suelo sin prácticamente cimientos y lo envuelve con PTFE, una membrana sintética y traslúcida (volvemos a la lámpara de papel) que tiene un buen comportamiento térmico, el "esqueleto posible de un teatro embalado" en palabras de Radić. A nosotros, en su frágil ligereza como de andamio, nos ha recordado a la intervención que Tuñón y Albornoz están llevando a cabo en la avenida de la Castellana 2 de Madrid, donde ha conservado en gran medida la estructura existente, un antiguo banco, y que, en palabras del arquitecto madrileño, "es un discreto homenaje a las “seis propuestas para el próximo milenio” del escritor Italo Calvino: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad, consistencia". Las fotos de la entrada de hoy son todas de este edificio, que parece más frágil aún en medio de las contundentes moles (a escala madrileña, claro) que le rodean. Justo en frente por cierto Foster hizo una intervención hace unos años en otra sede bancaria, esta vez manteniendo su estructura pero aligerando su contundente fachada. El Croquis ha dedicado tres monografías nada menos al chileno (AV, curioso, ninguna), en una de ellas escribe Philip Ursprung, crítico al que mencionábamos en la entrada anterior, un artículo de nombre precisamente El peso del mundo, título que de nuevo vuelve a recordarnos a Foster, cuando Buckminster Fuller, otro maestro de la ligereza, le preguntaba cuánto pesaba su edificio (Wainwright hace lo propio, acusándole de utilizar excesivo acero para levantar su torre de Manhattan). En esa ligereza Radić tiene como referente a Cedric Price y el circo, que fascina al chileno: "Me hubiera gustado visitar el Hair Tent de Cedric Price. Una especie de circo mañosamente inclinado, construido en 1971 para acoger el musical Hair, y a 1200 espectadores a la vez. El circo es la estructura más inteligente posible de imaginar. No existe nada más ágil ni más cercano a las ideas de Price. Solamente las estructuras inflables podrían llegar a ser una posible alternativa, aunque están todavía huérfanas de historia" (olvida mencionar a nuestro Prada Poole). Desde 2017 Radić por cierto preside la Fundación de la Arquitectura Frágil. Otro de las claves para entender su arquitectura, a menudo fragmentada y poblada por extrañas rocas como la impresionante bodega Vik o su peculiar pabellón para la Serpentine londinense es la torturada orografía chilena, testigo de seis grandes sismos desde principios del siglo XX. Llegados a este punto nos vemos obligados a señalar, como hemos hecho con el rascacielos de Park Avenue, notas discordantes. No tan contundentes como las de Wainwright, pero casi. Ahora es Fredy Massad, crítico cañero del diario ABC y autor del blog La viga en el ojo quien pone en solfa la decisión del jurado del Pritzker en una entrada de nombre El arquitecto ejemplar. Su alegato parte de la justificación que aporta el jurado, quienes dicen haberle otorgado el galardón “por recordarnos que la arquitectura es un arte, porque toca el núcleo de la condición humana; por permitir a esta disciplina abrazar la imperfección y la fragilidad a través de refugios serenos dentro de un mundo marcado por la incertidumbre, sin sentir la necesidad de ser más estruendoso o espectacular a tal efecto; por crear edificios cuya naturaleza híbrida refleja la contemporánea difuminación de las fronteras entre disciplinas, y que no hablan por las personas, sino que permiten a estas hallar su propia voz a través de ellos”. Los zascas vienen a continuación uno tras otro en un texto que, aunque más templado que el de Wainwright, denota igualmente enojo intenso: "Al realizar el esfuerzo de observar con la mayor objetividad posible la arquitectura de Radić, uno constata una producción ciertamente heterogénea pero no reconoce sustancia vertebradora alguna. Él mismo dice 'la mayoría de mis edificios han sido ensayos; pensarlos como un total, como una tesis, no me gusta'. (...) El problema de todos estos “ensayos” no es que sean fallidos, sino su regusto de déjà-vu. No hay riesgo ni novedad en estos trabajos, solamente un envoltorio retórico, pero, al parecer, sumamente efectivo.(...) La historia de la arquitectura siempre ha tenido una vertiente ligada a lo poético, las metáforas. El problema surge cuando todas esas metáforas terminan siendo una máscara banal para esconder la falta de ideas. Una falta de ideas que se disfraza con retórica cursi. Hoy, en tiempos de reescrituras, deconstrucciones y cancelaciones, la proclamación de personajes virtuosos se ha convertido en una coartada de uso común para disimular la debilidad de las ideas y la falta de un pensamiento sólido”. Y no es el único que pone señoras pegas a la elección del Pritzker de este año. Del mismo Chile, Juan Pablo Alarcón, director de la Escuela de Arquitectura de la UNAB escribe una carta al director del periódico La Tercera en la que señala un punto clave. Critica la condición supuestamente "artística", pero por ello poco práctica, que concede el jurado a Radić: "El premio se transforma así en un arma de doble filo cuando reconoce una obra inigualable que resulta difícil convertir en una forma de operar colectiva, con impacto directo en el país y sus habitantes. En contraste, el Pritzker celebró en 2021 el "espíritu democrático" de Lacaton y Vassal, mostrando que la arquitectura puede alcanzar alta calidad sin renunciar a su compromiso con las urgencias climáticas, sociales y económicas" (carta completa aquí)Lo curioso del caso es que Anne Lacaton era miembro del jurado este año. Pasamos, de nuevo, palabra. 

Sea como fuere el debate de la replicabilidad, si se me permite el palabro, es un tema candente en la disciplina. ¿El arquitecto debe ser un artista que haga obras únicas, iconos wow, acaso necesarios en su justa medida especialmente porque hacen visible la labor arquitectónica (que de otra manera pasa miserablemente desapercibida) o debe guardarse el ego para mejor ocasión y dedicar sus esfuerzos en crear sistemas reproducibles que realmente aporten un valor social, en el siempre acuciante tema de la vivienda por ejemplo sin caer, ojo, en el clon-cebra? Hace un par de semanas pudimos ver este mismo debate en la muy interesante conversación, en el Espacio Arquia, entre los extremeños Mónica Bujalance, fundadora de Arquitectura Verata, y José María Sánchez, quien acaba de estrenar Facultad en el CEU, charla que siguió al visionado del video Construir el futuro mirando al pasado de Jesús Morán, también presente en el evento. Bujalance, beligerante e idealista, defendía a capa y espada la labor artesanal del arquitecto y se oponía a cualquier conato de industrialización en la construcción alegando que ello suponía una merma en la consabida sostenibilidad e implicaba un mayor coste en el proceso del que sacaban tajada constructores y demás sin tampoco suponer necesariamente una arquitectura menos frágil, poniendo el ejemplo de casas autoconstruidas que aguantaban el paso del tiempo mejor que otras realizadas de manera convencional. Sánchez defendía la preservación de esa labor artesanal-artística pero manifestaba que sin replicarla de alguna manera -y ahí entra necesariamente la industria- se convertía en un producto elitista del que muy pocos podrían disfrutar. Morán mostraba un término medio pero tirando más hacia Sánchez, de hecho en su video mostraba la labor de un arquitecto local que con herramientas informáticas se dedicaba a tratar de replicar lo más fielmente posible esa arquitectura artesanal que defendía Bujalance. Te dejo enlace al debate, insisto, muy recomendable. 


Vamos terminando. Un último apunte en torno a la fragilidad y te dejo en paz. El otro día estuve en la nueva sede de Ivorypress, la librería de Elena Ochoa que ahora se integra en la Fundación de Foster (volvemos a él) y se sitúa muy cerca de su sede madrileña para una charla entre el crítico y escritor Niklas Maak y el joven arquitecto Gustav Düsing, ganador junto a Max Hacke del último premio Mies van der Rohe con un edificio, el Pabellón de Estudios de la Universidad Técnica de Braunschweig, que de nuevo puede evocar la ligereza frágil del BioBío de Radić o del Castellana 2 de Tuñón y Albornoz. De hecho, el encuentro llevaba por título ¿Qué es el eco-constructivismo? Hacia un nuevo paradigma de la arquitectura sostenible. Más aún que dicho pabellón, que ya conocía, me interesó el proyecto para renovar una Facultad de Arquitectura de los años 70 en Siegen, que, entre bromas, los dos participantes señalaban que era de belleza distraída, un horror, vamos, he visto talleres más bellos. Lejos de demoler el triste edificio (acabamos la entrada como empezamos), algo que la universidad propuso, Düsing prefirió mantener su estructura y abrirlo al exterior con recursos mínimos y utilizando estrategias de tensegridad que de nuevo pueden recordar a Fuller y al primer Foster. El arquitecto alemán genera espacios que no están ni dentro ni fuera, sino que se localizan en un punto intermedio para el que inventa el término mid-doors (entre outdoors e indoors). Algo parecido propone para la embajada alemana en Tel-Aviv, otro penoso caserón que reconvierte en un edificio realmente atractivo y mucho más práctico. Por cierto, casi entro en combustión espontánea cuando me enteré que en una charla anterior también en Ivorypress, de la que no había tenido noticia, habían participado Beatriz Colomina y Luis Fernández-Galiano. 

Termino con un descubrimiento que me dejó ojiplático y viene a cuento. Buscando el estadio de fútbol en Burdeos de Herzog y de Meuron, que con sus finas y frágiles columnas me recordó al pabellón que Patxi Mangado levantó para la expo de Zaragoza (es probable que la inspiración fuera la misma, los bosques de esbeltos pinos de las cercanas Landas, Mangado al menos así lo afirmaba, por aquel entonces trabajaba en un proyecto en Burdeos), me topé con un pedazo bicho de dimensiones apabullantes: un pabellón de la feria de muestras que mide 847 metros de largo. Puesto en vertical ganaría al rascacielos más alto del mundo, el Burj Khalifa (828 metros). Terminado en 1969 por los arquitectos Jean Dubuisson y Francisque Perrier, hace gala de un friso decorativo que convierte su vista desde la rocade bordelesa en un espectáculo hipnótico y que se atribuye a un tal Paul Claudel (no creemos que sea el Paul Claudel hermano de Camille, la desdichada pareja de Rodin, pues murió en los 50 y además que sepamos era poeta, no hemos podido encontrar más información al respecto, quizá tú tengas más suerte), te subo fotos en el Lateral. Pues bien, a lo que iba, resulta que lo van a demoler para construir otro allí mismo. Pero por favor te lo pido. Ahora sí que me voy. Hoy tengo la sensación de que la lateralidad se nos ha ido un poco de las manos, disculpen las molestias. Última cita, ánimo: "Desde que las conexiones en red superan en rango a las argumentaciones, es aconsejable sospechar que el extravío es otro modo de caminar. Gracias a la lógica lateral un cordero cualquiera, por muy extraviado que esté, puede ser conectado con el rebaño oportuno. Ningún yerro ha de quedar sin solución ni aislado". (Peter Sloterdijk, Gris, el color de la contemporaneidad).