domingo, 27 de enero de 2013

El dónut


"La perfección del diseño que el dónut moderno representa no ha sido tenida en cuenta por el mundo académico. Un círculo perfecto de esponjosa masa inflada que rodea a otro círculo de espacio vacío. Pocos logros en este siglo han igualado este nivel de maridaje entre forma y función. Debería también señalarse que está condenadamente bueno". (Rem Koolhaas, Bruce Mau, S, M, L, XL).

A Koolhaas le atrae el vacío, la caida libre, la vida en centrifugado continuo, el maelstrom (como ya vimos en anterior entrada), en cuyo desagüe Poe, otro al que también le iban los remolinos en particular (dedicó un relato al fenómeno) y el caos en general, veía un arco iris que describía como un puente que conectaba este mundo con el próximo. La torre CCTV con su vano central, no deja de ser un torturado dónut angular, y la sede del Banco Rotschild (en la foto) que acaba de inaugurar en Londres incorpora un vacío en su base que permite ver a través del elevado edificio de 15 plantas la iglesia de San Esteban Walbrook de Christopher Wren que data de 1860 y cuya visión había sido bloqueada por los sucesivos edificios de la banca Rostchild que han ocupado el solar durante más de 200 años. El vacío enmarca la vista de la iglesia y lleva transparencia, sorpresa y grandeza cívica a un pequeño callejón, como señala el crítico del NYT Michael Kimmelman (artículo aquí). Volviendo a citar al holandés, "donde no hay nada, todo es posible, donde está la arquitectura, nada (más) es posible. (...) Quizá el fanatismo de los arquitectos -una miopía que les ha llevado a creer que la arquitectura no es sólo el vehículo para todo lo bueno, sino también la explicación de todo lo que es malo- no es simplemente una deformación profesional sino una respuesta al horror ante lo contrario de la arquitectura, un retroceso instintivo ante el vacío, un miedo a la nada". Frente al horror vacui, el gusto por el vacío. Ayer en su artículo semanal para El País Vicente Verdú se pone apocalíptico como su último libro (Apocalipsis Now), un retrato de nuestra difícil actualidad al hilo del Apocalipsis de San Juan, y apunta que habría que llamar a nuestra época Emptiness Now (el Vacío Ahora).

Volviendo al dónut, otra arquitecta a quien le deben encantar es Zaha Hadid a juzgar por su gusto por las formas neumáticas y curvas. En el reciente discurso de agradecimiento tras recibir el premio al liderazgo creativo en el Congreso Digital Life Design en Múnich ha soltado que los alemanes deberían despendolarse un poco en cuestión de diseño: "No quiero decir en absoluto que los alemanes sean estirados, pero durante mucho tiempo en Europa pensaron que sólo había una clase de orden y una clase de lógica que dominaría todo". Que se lo digan a Rajoy.

Hay una lección que aprender de Koolhaas: frente al inmovilismo, su disposición a surfear el maelstrom, ese dónut tan chungo, sacando además algo provechoso de la dura experiencia de asomarse al abismo. El protagonista de Descenso al maelstrom, el relato de Poe, se salva atándose a un barril y lanzándose al vacío desde el barco que caía por el interior del remolino mientras su hermano, paralizado por el miedo, se quedaba y se hundía sin remedio.


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