miércoles, 30 de junio de 2021

Baile de máscaras

 


Este edificio de Zúrich lleva por nombre Ballet Mécanique. Observa en este video por qué. Su autor, Manuel Herz (al que mencionábamos el verano pasado, por cierto que ya ha estrenado su hospital en Tambacounda), arquitecto iconoclasta que gusta de jugar con dicotomías (abierto-cerrado, legal-ilegal, provocación-conformismo) proclamaba en un mini manifiesto que escribió para la Bienal de Venecia de 2004: "Al infierno con la síntesis. No necesitamos el término medio ni hacer aún más gris nuestro consensuado tejido urbano. No necesitamos anular el desacuerdo mediante la negociación en un interminable mar de conformidad. Negarse a negociar llevaría a una búsqueda de soluciones con un fundamento crítico". Algo en plan Bjarke Ingels pero con angst. En el edificio que hoy te traigo, con sus estructuras hidráulicas móviles y componentes metálicos, podemos encontrar acaso referencias a Price o Prouvé, aunque la conexión más evidente (está a escasos 100 metros) es nada menos que el museo Heidi Weber, edificio póstumo de Le Corbusier, donde el también suizo, lejos ya de su afición al blanco nuclear y el hormigón crudo, diseñara una estructura metálica adornada con colores primarios que también pueden verse en el baile mecánico de Herz. Otro referente bastante evidente es esta película de Léger. 

Dicho edificio puede además ser un reflejo de nuestro tiempo más inmediato. Andamos, como esta alocada casa que puede quedar totalmente enmascarada ipso facto, en un continuo ballo in maschera, indecisos entre cerrar o abrir. Hacemos malabarismos con la mascarilla para tomarnos el pinchotortilla, medimos cual topógrafos improvisados los metros que nos separan del convecino para ver de ajustarnos o no el dichoso apósito, gozamos, algo aún culpables, de la libertad del mask-less mientras contemplamos con pasmo las caras que se escondían tras las mascaretas. En fin. Pero para edificio enmascarado el que te muestro a continuación: la casi borde iglesia de Neviges, de Gottfried Böhm, al que acabamos de perder a los 101 años, bizarra construcción que he descubierto con asombro estos días. Brutal, se cierra a cal y canto a su entorno bajo una erizada montaña de hormigón aunque esconde, para goce de los que, intrépidos, se atreven a penetrar en su interior, espacios de una intensa belleza. O eso me parece a mí. 

En Vilajuiga (Gerona), Luis Twose y el estudio Two-Bo han renovado un complejo de aguas minero medicinales que data de 1904. En superficie no han construido nada nuevo, se han limitado a restaurar los edificios ya existentes, pero es bajo tierra donde los arquitectos han echado el resto: alrededor de un estanque circular que se hunde seis metros en el suelo, horadan una galería que desenmascara el rugoso muro que encierra la balsa, pared ciega que se hace protagonista de un recorrido subterráneo que busca el agua y la memoria ocultas (recordando un algo a la rehabilitación de la Bolsa parisina de Ando, recién estrenada). El contraste entre el hormigón perfectamente liso de la galería de acceso y el irregular muro de la balsa debe ser espectacular. Una obra menor, dirán muchos, pero acaso es en estos espacios insospechados donde podemos librarnos de nuestras máscaras y encontrar lo que Muñoz Molina, reseñando la novela La vida pequeña de J. Á. González Sáiz (que acaso rememora la "little life" de Eliot en La tierra baldía), llama "luz de paraíso": "La vida pequeña propone, desde su título, una actitud inversa, un curarse en salud de las feroces mayúsculas que tanto daño hicieron al mundo en el siglo pasado -y siguen amenazando todavía- mediante el cultivo a conciencia de lo menor, lo concreto, lo próximo, el paraíso de cada momento presente, lo tangible de un bloque de madera que huele todavía a savia y que un artesano convertirá en un valioso objeto cotidiano, la soledad acompañada que no se rinde a las fantasmagorías narcisistas del yo, las metáforas contenidas en la lengua común de todos los días". O lo que Pablo d'Ors (en Biografía de la luz) llama "iluminación", con él me despido: "La sabiduría se postra ante la fragilidad y reconoce que solo ahí está la vida. (...) Revestimos la iluminación de tanta solemnidad y grandilocuencia que apenas resulta creíble que suceda ante la visión de algo tan pequeño y cotidiano como un niño. Un niño...¿parece pequeño? Pues la iluminación puede acontecer gracias a realidades aún más pequeñas: una gota que cae del grifo, por ejemplo, o un abrir y cerrar de ojos, un traspié que te hace caer de bruces, una llamada de teléfono...(...). La iluminación no la da el poder, sino el conocimiento, el co-nacimiento: nacer con lo que tenemos delante, nacer siempre a nosotros mismos ante cualquier realidad". 



domingo, 16 de mayo de 2021

Grises

 


He leído esta semana en Postales Inventadas que Carvajal, el autor de la torre de Valencia madrileña, recordaba cómo Aalto le dijo en una ocasión que lo que de verdad importa en la vida es servir a los problemas y resolverlos, no servirse de ellos ni crearlos. Una frase oportuna y reveladora. Desconozco si esta conversación, que me cuesta imaginar teniendo en cuenta lo contrapuesto de sus protagonistas (el brutalista y frío español frente al orgánico y cálido escandinavo, estereotipos para qué os quiero) tuvo lugar durante la famosa visita del finlandés a Madrid en la que fue conducido a El Escorial (aunque imagino que no, pues Carvajal sería muy joven por entonces). Ya que estamos, deja que te recuerde las dos más conocidas anécdotas de aquel viaje. Estamos en 1951, en una España oscura, aislada y pobre. Imagino que la llegada de una estrella de la disciplina a nuestro país supuso todo un acontecimiento para la comunidad arquitectónica, que quiso agasajar a Aalto con una visita a la que se consideraba ejemplo más excelso de la arquitectura hispana: El Escorial. Aalto manifestó no querer verlo, lo que no impidió a sus entusiastas colegas embutirlo en un coche y llevarle hasta el imponente monasterio. Aalto seguía en sus trece: cuando intentaron mostrárselo desde una terraza cercana, le dio literalmente la espalda, para pasmo de sus compañeros de profesión. El Escorial, en su retícula perfecta, su despojamiento ornamental, su geometría agobiante, era acaso un edificio ya moderno (recordemos lo entusiasmado que se ve a Le Corbusier junto a Mercadal en otra visita al edificio, en 1928, cuando dicen que dijo: "¿Qué puedo yo enseñar de arte moderno a esta nación que ha creado El Escorial?", hay quien señala que su proyecto no realizado para el Mundaneum de Ginebra está basado en el monasterio), y no olvidemos que Aalto había empezado a abandonar la rectilínea modernidad veinte años atrás con el extraño silo de Oulu que traíamos aquí hace poco. Ya de vuelta a Madrid, Aalto se fue a comprar algunos recuerdos y se encaprichó de unas castañuelas de precio exorbitante ya que el arquitecto enamorado de la madera había puesto el ojo en las más caras del establecimiento. Quién sabe si el finlandés vio en ellas un reflejo de las alabeadas formas orgánicas de sus edificios. 

Todos estamos, como Aalto, cansados del artificio de retículas perimetrales y ansiamos la libertad de las lejanas cumbres, de las azarosas formas de la naturaleza. Escucho lo último de Jean Michel Jarre, Amazonia, un soberbio muestrario de sonidos electrónicos (en formato Binaural además) inspirado en las fotografías de Sebastiao Salgado, donde nada es blanco o negro, sino un gris de paleta casi infinita, se diría que posmoderna. La jungla libertaria nos reclama: ¿estás preparado para ella? "El orden es el placer de la razón y el desorden la delicia de la imaginación" decía Paul Claudel, como nos recordaba ayer Fernando Savater. 

En la foto, la rehabilitación de la aldea de Ruesta en Zaragoza, donde Sergio Sebastián ha respetado el irregular tejido urbano de la villa y sus ruinas. 


sábado, 1 de mayo de 2021

Blanco feroz

 


Von der Leyen no ha leído a Wolfe. Harquitectes, seguramente sí. Los arquitectos de Sabadell (junto a los suizos Christ & Gantenbein) han resultado vencedores en el concurso para ampliar el MACBA, reto feroz donde los haya pues la ampliación se sitúa justo enfrente del icónico edificio de Meier al que no tiene otra que encararse. Meier, que bien podría ser uno de los dioses blancos de los que hablaba Wolfe, levantó en 1995 un bello monumento níveo, como todos los suyos, que hacía caso omiso al entorno y se erigía, no sé si autista o chulesco, en mitad del Rabal barcelonés. Harquitectes no han temido al feroz Bauhaus y han optado por ignorar la imponente presencia, que me ha recordado de pronto al Gigante Blanco que Poe imaginó en La narración de Arthur Gordon Pym, volviendo sus ojos al barrio que a su vez ignorara Meier con una arquitectura matérica, grávida y atenta a lo preexistente como es habitual en ellos (echa un vistazo a su soberbia rehabilitación de las Cristalerías Planell). Ya dice Fernández-Galiano que toda plaza es una plaza de armas a la que pugna por asomarse el poder en sus diversas formas, y en esta (de nombre Plaça dels Àngels) veremos cruenta batalla en la que se blandirán dispares estiletes estilísticos, contienda  comparable a la que se produce en la murciana del Cardenal Belluga en la que Moneo se enfrentó a cara de perro (por una vez) al contexto representado por la torturada fachada barroca de la catedral. 

Tiene su gracia que sea en esta plaza de los Ángeles donde Meier levantara el MACBA ya que es precisamente en Los Ángeles donde tiene su obra más señera, el Getty Center, una acrópolis por supuesto blanca que fuera famosa por su desorbitado presupuesto (1.000 millones de dólares); Stirling, uno de los tres finalistas, exclamó desaforado al enterarse de la victoria del americano: "Oh no! Otra condenada lavadora!" (esta vez la victoria fue para los modernos heroicos, pero en la City de Londres fue el inglés más posmoderno el triunfador en la batalla contra el Estilo Internacional frente a la torre póstuma y copypaste de Mies). Por cierto que fue en el Centro Getty, en 1997, cuando aún se ultimaba, donde recibiría Moneo su premio Pritzker. Nuestro navarro universal acaba de recibir otro galardón, el León de Oro de la Bienal de Venecia, acaso por realizar una arquitectura que aúna contrarios y por ello no se ve afectada por la "obsolescencia simbólica que tanto perturba los edificios levantados con ánimo de dar testimonio de un tiempo fugaz", en palabras de nuevo de Fernández-Galiano en Moneo el profesor. Si me permites aún una conexión más para cerrar párrafo tan disperso, decir que en esa enfilade con arcos de medio punto que podemos ver en los rénderes de la ampliación que traemos hoy, uno podría imaginar un guiño a Mérida. 

Pero volvamos un momento a Wolfe, tremendo en sus estocadas contra los arquitectos modernos a los que no duda en denominar también "jóvenes turcos". Debe referirse a los que, a principios del siglo pasado, lanzaron una encarnizada campaña de exterminación de los armenios (de Armenia hablábamos por cierto en la anterior entrada) para la que se inventó el término genocidio. Gropius, con su "empezar de cero", y el primer Le Corbusier, obsesionado con los sistemas puros, de blancura y geometría impolutas, nos remiten a un mundo binario, de blanco o negro, por el que no pocos sienten nostalgia. La complejidad, oye, es muy cansina (y a veces surrealista). En estos tiempos de unanimidades feroces, como dice Muñoz Molina al hilo de la ópera Peter Grimes, donde se da caza al diferente solo porque no cuadra, es mucho más cómodo montarte una realidad a medida (la realityvidad), elegir tu blanco y hacer tiro al ídem junto al resto de la manada. 

Cierro con cita de Moneo, del libro antes mencionado: "Realmente aprendimos muchísimo de Venturi, así que para la gente de nuestra generación que estaba, digamos, diez o quince años detrás de Venturi y Rossi en términos de cronología, la lectura conjunta de ambos seguramente fue fundamental para lo que iba a ser el desarrollo de nuestras carreras. La búsqueda del valor de la anomalía, el entendimiento de lo contingente, la sensación de que no había que excluir, porque la arquitectura no estaba llamada a la creación de un lenguaje universal como la modernidad parecía exigir, suscitaron en las gentes de mi generación una voluntad de entender de un modo más amplio, y una voluntad de actuar con mayor libertad, que sin duda debemos a Venturi."


sábado, 17 de abril de 2021

La conexión griega (2)

 


¿Qué será este pequeño edificio que se alza, aún en afanosa construcción, en Nueva York? Pues se trata de una pequeña iglesia que se dedicará al culto cristiano ortodoxo y reemplazará al templo de San Nicolás que se elevaba aquí mismo y quedó destruido por el ataque terrorista del 11 de septiembre. Estamos por tanto en plena zona cero, al lado del famoso Oculus, la fastuosa estación que diseñara Calatrava. Y no otro es el arquitecto de nuestro pequeño templo neobizantino, quien repite en tan delicado emplazamiento, esta vez con construcción más modesta. Quedará extraña entre semejantes moles, igual que la antigua construcción, un estrecho bloque de tres alturas que había albergado un bar y fue reconvertido en iglesia allá por 1922 gracias al empeño de un puñado de inmigrantes griegos. Calatrava vuelve a la Greek Connection de la que aquí hablamos, la misma que, según se cuenta, le valdría el contrato para el diseño del soberbio complejo olímpico de Atenas para los Juegos de 2004. En dicha entrada mencionábamos una versión de Las Troyanas representada en una antigua fábrica de Sagunto con escenografía del arquitecto valenciano, dirección e interpretación de Irene Papas y música de Vangelis, representación que por cierto se llevó a cabo pocos días después de los atentados de las Torres Gemelas. Con un público en estado de shock (doy fe), el mensaje de la obra de Eurípides cobró vigencia de la peor manera posible. 

La construcción del nuevo templo neoyorquino ha sufrido varios retrasos por problemas de financiación (su finalización estaba prevista para 2018) pero finalmente parece que las obras se han retomado y van a buen ritmo. Tras 20 años, la diminuta iglesia volverá a la vida. Antes de su destrucción por los ataques terroristas, ya había sido amenazada por los especuladores inmobiliarios, quienes llegaron a ofrecer al párroco (Jimmy Maniatis) 15 millones de dólares por el preciado solar, sin éxito: 34 años resistió Maniatis las tentaciones del mundo y la carne. Los monjes del monasterio de Xenophontos, en el Monte Athos, han elaborado 56 iconos para vestir la nueva iglesia, por cierto que Calatrava señala que ha ido dos veces a Athos para buscar inspiración y dice haberse basado para su diseño en Santa Sofía de Estambul, que fuera en sus orígenes basílica ortodoxa. El valenciano, que también pinta, ha elaborado un curioso boceto animado que explica las formas del nuevo San Nicolás. 

Ya puestos sigamos con más conexiones griegas. Hace unos días me regalé el recién publicado CD (y DVD) The Island of Christianity: Armenia & Artsakh, que relata en viaje musical una peregrinación que Monsterrat Caballé realizó en 2013 al primer país en el mundo que adoptó el cristianismo como religión oficial, hace 1.700 años. Se trata del último disco grabado por la soprano catalana. Mi interés mayormente se debía a que se incluía un tema inédito de Vangelis que el músico heleno había compuesto especialmente para la Caballé por su 80 aniversario, así que a falta de pan (Juno to Jupiter, que sigue sin publicarse) nos contentaremos malamente con esta pequeña canción. Se llama Habanera e incluye sorpresivamente un solo de duduk que digo yo pega más bien poco con los típicos sones dulces y nostálgicos de este tipo de composiciones que evocan las antiguas singladuras entre Cuba y España (en Torrevieja se celebra un festival anual dedicado a las habaneras desde 1955). Sí, el duduk es oriental, Vangelis ya lo había utilizado en la BSO de Alejandro Magno, pero con Cuba como que no encaja mucho. En fin, por tratarse del mago de los sintetizadores admitiremos pulpo como animal de compañía. Percibo en remoto tu sorpresa ante la conexión existente entre el griego y la catalana; te cuento en dos pinceladas. Paso párrafo, pero por favor sáltatelo si no te interesa, en el siguiente retomaré (con suerte). 

Corre el año 1994. Caballé ha probado las mieles del éxito pop con el mítico tema Barcelona cantado junto a Freddy Mercury que devendría éxito planetario. Vangelis a su vez está gozando de una tercera ola (con perdón) de éxitos tras los hits conseguidos en los primeros 70 junto al grupo Aphrodite´s Child y el bombazo de Chariots of Fire en los 80; es ahora 1492, la conquista del paraíso, la BSO para la película de Ridley Scott (el tándem repetía tras Blade Runner), la que está arrasando en toda Europa no tanto gracias a la película como al hecho de que un boxeador alemán de renombre utilizara el tema central siempre que salía al ring, lo que acabó poniéndola de moda (Vangelis siempre asociado al deporte). Pues como te decía, el griego se reunió con la Caballé y su hija Monsterrat Martí en 1994 para grabar una obra al parecer de corte ecológico que se presentaría en el Odeón de Herodes Ático de Atenas. Finalmente ni la obra ni el concierto llegarían a materializarse (aunque es cierto que Vangelis compuso para madre e hija el tema Prayer of the World que se dice podría ser parte de dicha misteriosa obra). Sea como fuere el trío entabló una duradera amistad que daría fruto poco después en la participación de Caballé en uno de los movimientos de El Greco, álbum dedicado al pintor que mejor representa esta Greek Connection que hoy nos está llevando por derroteros harto inesperados. En unos temas marcadamente impresionistas (Vangelis es el Debussy sintético), el álbum nos invita a un sobrecogedor recorrido sonoro por las densas atmósferas de Theotokópoulos. Vangelis compondría otros tres temas para Caballé y Martí, de índole más popular, entre los que destaca March with Me, himno bombástico y facilón que se convertiría en habitual del repertorio de la soprano especialmente en Rusia y Alemania y fue presentado por todo lo alto en la espectacular ceremonia de inauguración de los Campeonatos del Mundo de Atletismo de 1997. Dicha ceremonia, celebrada en el estadio Panathinaikó en Atenas (que acogiera los primeros juegos olímpicos modernos en 1896), fue diseñada íntegramente por Vangelis. No te pierdas la potente actuación de Caballé y el griego ambos en pleno apogeo profesional. La soprano cantaría también March with Me en la Puerta de Brandenburgo en 2003 para celebrar su restauración tras casi 2 años de trabajo. Finalmente decir que Caballé también participaría allá por 2008 en un video sobre la carrera del griego en el que alababa sus apabullantes dotes para la música. Como estoy entonado te podría seguir hablando sobre la conexión de Vangelis con otro español universal, Dalí, gracias a 666, un álbum maldito (1972) basado en el Apocalipsis de San Juan que realizara junto a Aphrodite´s Child y donde Irene Papas haría un peculiar cameo (el disco estuvo prohibido en España y tardó casi 20 años en ver la luz), pero eso sería abusar de tu paciencia. 

Vuelvo someramente a Island of Christianity porque tiene un inesperado componente de interés arquitectónico. En el DVD se incluye un bellísimo recorrido filmado con primor por siete iglesias armenias con el fondo musical de los temas del CD que es acaso lo mejor de este trabajo póstumo de Caballé. Algunas de ellas ya son solo desoladas ruinas: han sido víctimas de los conflictos que asolan la sufrida Armenia. 

Termino ya con una última conexión griega. Se trata de una foto que he descubierto en un libro que leo estos días con fruición. En ella vemos un hombre adusto que se sienta, rígido como un palo, en el teatro de Epidauro en 1959, cuando el mundo aún era binario (nuestro personaje iba a llevarlo crudo en nuestros días, en los que, como dice Irene Solà, nos dedicamos con ahínco a "transgredir cajones"). Parece incómodo, no sabemos si debido a la artritis que le aqueja o al desorden en forma de indómitos fragmentos que le rodea. Su figura, en contrapicado, aún acongoja. Mira al infinito, sintiéndose acaso parte de él, en pose como de profeta terrible. Ha inventado un culto arquitectónico que rinde pleitesía a la exactitud geométrica, al orden implacable y a la perfección sin fisuras (dolencia acaso más hiriente que la artritis). Severo, sujeta lo que bien podría ser bastón de mando, vara de medir, cetro incluso. Sí, es Mies: "Hermético e inmóvil entre los fragmentos del mundo antiguo, el arquitecto se sabe, en su fuero interior, eslabón de una cadena de creadores que han perseguido obstinados una cierta idea de perfección insensata que hemos convenido en llamar clásica" . (Luis Fernández-Galiano,  Fracturas y Ficciones. Las grandes esperanzas). 




martes, 30 de marzo de 2021

Silos


Hoy traemos al blog un sorprendente descubrimiento. Es un silo levantado por Aino y Alvar Aalto allá por 1931 en Oulu (Finlandia) que dormía, olvidado, el sueño de los justos. Resulta que el estudio londinense Skene Catling de la Peña, autores de la Flint House, van a restaurar el añejo edificio para convertirlo en un espacio cultural. Me han llamado la atención sus formas, creo que es el primer silo que veo con puntiagudo tejado (?) a doble vertiente. La idea que yo tenía del silo, referente para los modernos heroicos, es el de un volumen de severa ortogonalidad, epítome del paralelepípedo y paroxismo del ángulo recto. Y fíjate con lo que nos salen los Aalto: una exacerbada catedral neogótica en la tundra. 

Mira, vamos a dar una vuelta a esto desde la tranquilidad que otorga ser un error en el sistema. El tal silo me ha recordado a ese enorme granero que William Morris veía desde la Red House, también de puntiagudo tejado y que el líder del movimiento Arts & Crafts asemejaba en cuanto a dignidad a una catedral medieval. Morris diseñó su propia casa con agudos tejados, pues no olvidemos que era declarado defensor del gótico, que asociaba a una espiritualidad que siempre le acompañó y acabaría derivando en un activismo social y político (socialista) más cercano con todo a Moro que a Marx, y que le enfrentaría a la cruel deshumanización de la época victoriana (en sus postulados ecológicos y antimaterialistas el Arts & Crafts conecta bien con nuestros actuales activistas de lo slow). John Ruskin, que fuera principal referente para Morris, defendía ya el gótico en su condición imperfecta por tratarse del resultado del trabajo de creativos artesanos y no de seres deshumanizados esclavos de la máquina: "Esas horribles gárgolas, y monstruos sin forma, y severas estatuas, rígidas y sin anatomía (...) son huellas de la vida y la libertad de cada uno de los trabajadores que esculpieron la piedra; una libertad de pensamiento, un rango en la escala del ser (...) que debería ser lo primero que Europa entera deseara reconquistar hoy para sus hijos" (citado en William Morris y compañía: el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña de Manuel Fontán y María Zozaya eds.). Puede chocar aquí que Morris fuera considerado por Pevsner uno de los pioneros del estilo moderno en su canónica Pioneers of Modern Design: From William Morris to Walter Gropius. Hay sin duda puntos en común en la voluntad de Morris de despojar a las viviendas de toda decoración innecesaria en su exterior (el interior era otro cantar, ahí están sus magníficos papeles pintados siempre inspirados en la naturaleza), diseñar construcciones funcionales (pensadas de dentro afuera) y dar a la arquitectura y demás artes un componente social y político, por no hablar de la puesta en valor de la artesanía, principio que la Bauhaus llevó a gala. Sin embargo, la perspectiva cambia cuando vemos la repulsión de Morris por la máquina (tan cara al modernismo más ortodoxo) y su defensa de lo orgánico y lo vernáculo frente a la uniformidad ortogonal tan defendida por Le Corbusier (al menos en un primer momento), la que llama "horizontal omnipotente" en Arquitectura de época maquinista (1926), la horizontal "que termina la composición, en su cima, por una línea categórica, que hasta entonces se evadía por los paños oblicuos de los tejados, gabletes, lucernas, etc. Los tejados se disimulaban tras un piso de ático, cuya finalidad es enmascarar una oblicuidad que perturbaba enfadosamente el principio ortogonal de la composición". Parece que está describiendo la Red House... Habrá que leer a Pevsner. 

Volvamos a Aalto. Un año antes de hacer el silo que nos ocupa terminaba la sede de un periódico local en Turku, de líneas perfectamente modernas. Y sin embargo, aquí le vemos desaprovechando descaradamente la oportunidad de diseñar un edificio de impolutas líneas rectas (como todo silo que se precie). Indagando un poco descubrimos que fue precisamente a partir de 1930 (el silo es de 1931) cuando Aalto empezó a despegarse de los postulados modernos y a crear su estilo característico, señalado por las formas orgánicas y un mayor uso de las formas curvas. Su arquitectura evolucionó hacia la calidez y el acercamiento a la naturaleza. ¿Habrá una cita al Arts & Crafts en Oulu? 

Te dejo con tres silos (reales o imaginarios): 


The Silo, un silo reconvertido en viviendas por COBE 

La Torre de la Fondazione Prada en Milán (OMA)

La casa 4x4 en Kobe (Tadao Ando)



sábado, 20 de marzo de 2021

Silencios (2)

 


Lacaton y Vassal han ganado el Pritzker. Las quinielas no vaticinaron su elección (más bien apuntaban a Chipperfield, el eterno candidato); se hace evidente el mensaje que el jurado del galardón, presidido por Aravena, ha querido lanzar premiando una arquitectura silenciosa centrada en los cuidados frente al espectáculo y en la rehabilitación frente a la destrucción. El momento Bartleby que mencionaba Fernández-Galiano en relación a Fermín Vázquez y la torre Agbar podría también aplicarse al dúo francés cuando se negaron a reformar un parque en Burdeos alegando que salvo un par de pequeños retoques no necesitaba una mayor intervención y recomendaron al ayuntamiento que utilizara el presupuesto asignado en otros proyectos más necesarios. Ese preferiría no hacerlo se convirtió en famoso gesto antiarquitectónico, aunque siempre nos preguntamos si no fue también una ocasión perdida: todo en la vida es manifiestamente mejorable. Sus portentosas rehabilitaciones de ajados bloques de viviendas (en concreto la realizada en Burdeos) ya les hicieron ganar el premio Mies van der Rohe de 2019. Fernández-Galiano daba como es habitual en el clavo cuando en un texto escrito en 2014 (Al servicio de la vida, el título ya lo dice todo), indicaba que el estudio galo había recuperado la "fibra ética de la aurora moderna para volver a poner la construcción al servicio de lo cotidiano" (como dice Chinchilla, "la geometría, el espacio o la pureza formal son posibles medios, nunca el fin") y señalaba que en esa cierta voluntad antiarquitectónica, la misma que como veíamos en la anterior entrada manifestaba Nouvel en su famoso aserto "el futuro de la arquitectura no es arquitectónico", el dúo podía también recordar a Alejandro de la Sota ("el no hacer Arquitectura es un camino para hacerla") o Miguel Fisac ("mis mejores obras son las que no he hecho"). Cuánto de pequeña boutade hay en estas afirmaciones sería cuestión de debate. Acaso lo que necesitemos no sea menos arquitectura sino otro tipo de arquitectura. Más silenciosa, más atenta, más cuidadosa. Vuelvo a Chinchilla, que debe estar encantada con la concesión del premio a los franceses: "El objetivo último de nuestro trabajo es la mejora en las diversas condiciones de vida de las y los habitantes del entorno donde trabajamos.(...) Hemos de dejar atrás la vieja idea que nos inculcaron en la escuela de Arquitectura de que sabemos más de la ciudad que sus propios habitantes. Estos saben más del objetivo que perseguimos: qué necesitan para vivir mejor". Despido el párrafo con Aravena en el anuncio del premio:"Este año, más que nunca, hemos sentido que somos parte de la humanidad como un todo. Sea por razones sanitarias, políticas o sociales, hay una necesidad de construir un sentido de colectividad. Como en cualquier sistema interconectado, ser justo con el medio ambiente, con la humanidad, es ser justos con la próxima generación".   

El edificio de la foto que abre la entrada no es de Lacaton y Vassal. Es lo último de Gehry en Arlés, ya sabes, la ciudad donde Van Gogh se seccionó una oreja. Quizá si hubiera visto el ruidoso museo del californiano se habría cortado la otra (más fotos). En las antípodas de los planteamientos de los nuevos Pritzker, Gehry dice haberse inspirado en el famoso cuadro La noche estrellada, y apunta que el edificio circular sobre el que se inserta la agónica torre querría rendir homenaje al teatro romano de la localidad. Me toca la moral que estos arquitectos a los que el contexto se la trae laxa vengan encima con rocambolescas justificaciones para sus monumentos a sí mismos (aquí tienes otro granado ejemplo). Nos da que el autor del Guggenheim bilbaíno, triste preso del éxito de este y otros proyectos similares, se ve obligado a dar espectáculo, cual acróbata agostado en la función de un destartalado circo al que ya apenas asiste público. Como aquel rector de Oxford fan de Zaha Hadid que pidió a la arquitecta un "Zaha-Zaha" para un edificio del campus y, claro, le vino con esto. El nuevo museo del premio Príncipe de Asturias es acaso una ejemplificación de que, como señalaba Baudrillard en Las estrategias fatales, vivimos en un tiempo en el que el principio de dialéctica de contrarios ha desaparecido: lo feo no se contrapone a lo bello, sino que buscamos lo más feo que lo feo: lo monstruoso. Y tampoco interesa distinguir lo verdadero de lo falso: buscaremos lo más falso que lo falso, el artificio; o lo más real que lo real: el simulacro. Y dado que la aceleración es otro signo de nuestro tiempo (como dice en este caso Virilio), pues encima el proceso, agotador y destructivo, se realiza a una velocidad de vértigo. Son tiempos de centrifugados extremos, personalismos atronadores y polarizaciones a gogó. 

Celebramos la concesión del premio Pritzker a Lacaton y Vassal. Y despedimos la entrada con Antón García Abril, fallecido estos días (padre, por cierto, del arquitecto Antón García-Abril, del estudio Ensemble). Preguntado el conocido compositor cuál es su melodía favorita dicen que respondió: el silencio. 


domingo, 14 de marzo de 2021

Silencios

 


"Es sabido que los colegas Kahn y Barragán, compartieron opiniones sobre formas de construir, y que tal y como nos cuenta nuestro compañero Raúl García, Luis Barragán le desaconsejó llenar la explanada del Salk Institute de naranjos, y qué gran acierto. El mundo pétreo de uno y las masas de color del otro tienen un denominador común; el SILENCIO. (...)

Alain Corbin parafrasea a Gastón Bachelard diciendo que «la noche amplifica las resonancias auditivas que compensan la aniquilación de los colores» y me lleva a pensar en nuestros oídos como los ojos de la noche. ¿Qué pasaría si la imagen pasara a un segundo plano e intentáramos proyectar arquitectura desde estos ojos de la noche? Quizá saldrían a relucir los múltiples beneficios del silencio. Quizá tomarían más importancia las conversaciones y la música. Quizá surgiera una aplicación para escuchar espacios.

¿Escuchamos la arquitectura? Puede que hoy sea un buen día para empezar".  (Ana Mombiedro, Arquitectura del silencio en el blog de la Fundación Arquia). 


"El silencio de quien se recoge es un silencio metodológico -literalmente, "de un camino"- que busca "ver" mejor. Afinar los sentidos, básicamente abrirlos; estar en vigilia; hacer como si los ojos fuesen el oído y el oído los ojos; ¿es esta una actitud estéril, inferior a las ilusiones de la autorrealización?" . (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima). 


"Esa pintura sirve, ahora lo sé, para llegar a decir que eso que llaman arquitectura ya no interesa. Nos ha dejado de interesar. Nos ha agotado. Supongo que estamos ya un poco hartos de tanto ruido en imágenes y por eso la arquitectura se ha vuelto invisible cuando verdaderamente aparece. 

Por eso, si aun algo en esta disciplina puede resultar apasionante, si hay algo por lo que creo que merece la pena mantener el entusiasmo o la elevación es por eso que no se ve; es por eso que parece no importar, que cuesta hallar. (...) (A estas alturas cabe admirar de la Arquitectura lo que no es arquitectura. Poco interesa ya una columna, pero por un intercolumnio logrado uno estaría dispuesto a perder el sueño, como aquel Paolo Ucello)". (Santiago de Molina, Eso que no se ve, en su blog Múltiples estrategias de arquitectura). 


"Nouvel ha introducido en escena materiales que no existen: la transparencia, el reflejo, la imagen cinematográfica, la emoción, la indeterminación, el vértigo, el instante...
Cada día es más cierto su principal aserto: 'El futuro de la arquitectura no es arquitectónico'. (Javier Mozas, Rashomon. La triple verdad de la arquitectura). 


"Las habitaciones son en verdad ancianos 
sabedores de secretos  y de historias (...) 
que han ocultado tras las vidrieras oscuras, 
que han escondido tras los espejos". (Georges Rodenbach, Le règne du silence, citado por Alain Corbin en Historia del silencio). 


"Hoy, al llegar la edad del frío 
-la edad de valorar los libros leídos y las calles tranquilas-
la luz del patio cae con tristeza 
en cada ventanal. (...)
Un muro de palabras, no otra cosa, 
es lo que nos separa de la muerte
y, por tanto, escuchar, viejo Crusoe, 
es un regalo lleno de penumbra
y de razones del anochecer". (Joan Margarit, La oscura melancolía de Robinson Crusoe en Arquitecturas de la memoria). 


domingo, 21 de febrero de 2021

Escenarios para la vida (2)


Pues sí, estuve en la exposición Carme Pinós, escenarios para la vida del Museo ICO, que forma parte del Madrid Design Festival. La exposición es glosada con lineal esmero y meridiana claridad en sitios como este mismo (por poner solo un ejemplo) así que, si algo novedoso queremos aportar nos veremos obligados a ofrecer nuestro aparatoso enfoque, qué le vamos a hacer. 

Como ya habrás leído en la crítica que te enlazo, la exposición culmina con una sala en la planta superior del espacio expositivo en el que se ofrece una selección de volúmenes escogidos por la arquitecta catalana de entre su nutrida biblioteca (no esperes encontrar títulos sobre arquitectura, ni uno hay en tal selección). Se me ha ocurrido entreverar mis ocurrentes comentarios al hilo de algunos de los libros que allí vi, a ver qué tal: 

-El coleccionista apasionado (del historiador alemán Philipp Blom): Nuestro coleccionista apasionado no es aquí otro que Fernández-Galiano, que vuelve al museo madrileño por tercera vez tras comisariar también una exposición sobre Kéré en 2018 y otra anterior de nombre The Architect is Present sobre varios arquitectos, Kéré de nuevo entre ellos, unidos por una voluntad de llevar a cabo proyectos para países en desarrollo donde se buscaba trabajar directamente con los interesados en fructífero diálogo. Como en dichas exposiciones, don Luis no se contenta aquí con ofrecer un anónimo contenedor donde verter la obra en cuestión, sino que busca la inmersión del visitante en una suerte de experiencia fenomenológica de la que salga acaso trastocado. Así, en lo que podríamos llamar encuentros en la primera fase de la exposición nos topamos con tres salas "lacónicas", como las describe nuestro comisario, donde en su mismo centro, de forma un tanto teatral, se exponen las planeras que guardan ocho míticos proyectos que Pinós realizara junto a Miralles, del que fue pareja hasta que se separaron, profesional y vitalmente, en 1991. Pero hete aquí que cuando te acercas a abrir subrepticiamente las enormes cajoneras para ver los planos, resulta que topas, pardiez, con un candado que lo impide. Las planeras, cual cajas de Pandora, se mantienen cerradas a cal y canto por decisión de la arquitecta que quiere quizá dar así cerrojazo a una etapa de su vida crucial pero sobrevalorada. El tono elegíaco de las desoladas salas, empapeladas con enormes fotos en blanco y negro (no olvidemos también la prematura muerte de Miralles en 2000 a los 45 años), tienen su trasunto en el libro-catálogo editado por Arquitectura Viva en el que dichos ocho proyectos aparecen explicados en funerarias hojas de fondo negro con fotografías, de nuevo, en blanco y negro. El color por el contrario invade los ochenta proyectos propios de Pinós tanto en la exposición como en el catálogo, envuelto en una cubierta de apasionado rojo fuego con una tipografía como años 20 similar a la que puede verse en las torres Cube o en la web de la arquitecta. Queda también explicado el misterio del subtítulo de la exposición, 8+80. 

-Años de vértigo (también de P. Blom): Los comienzos en solitario de la arquitecta de Barcelona fueron duros, como ella misma comenta en la entrevista que le hace Izaskun Chinchilla en el catálogo, siendo sus encargos mexicanos el punto de inflexión que marcaría su reconocimiento. Lo cierto es que la primera de las torres Cube en Guadalajara, de la que puede verse una enorme maqueta, ocupa un espacio destacado en la muestra, como también lo hace el Caixafórum de Zaragoza o su triple intervención en la plaza barcelonesa de la Gardunya que ya mencionábamos en la entrada anterior. Toda su obra  independiente está expuesta en alegre algarabía en la segunda planta de la exposición donde se concentran los 80 proyectos en vertiginosa aglomeración al objeto de dejar patente su importante producción personal, a menudo ignorada tras la sombra de Miralles. A ese mismo fin se dirige la apabullante colección de fragmentos (las plantas de los 88 proyectos presentes en la exposición) que don Luis ha agavillado en una sola página del catálogo (en la foto de arriba) y que invitan, en involuntaria gamificación, a tratar de descubrir a qué proyecto corresponde cada planta. 

-El imitador de voces (de Thomas Bernhard, un libro tan abigarrado en sus 104 mini relatos como esta exposición): Mucho se podría hablar sobre la influencia de Miralles en la obra posterior de Pinós. La voz de Miralles está presente, nos atreveríamos a decir, en esa voluntad de desafiar la gravedad (aunque de forma menos acusada), de deconstruir con pasión, de romper sin miramientos la línea recta, bien con sinuousas curvas que recuerdan a Hadid o mediante quiebros abruptos que pueden parecerse incluso a Libeskind. Y sin embargo, Pinós comenta en un video presente en la exposición que su primer maestro es Moneo, atento al contexto como nadie; el prólogo del libro de la exposición se titula por cierto Arquitecturas del contexto, donde se incluye esta cita de la arquitecta: "La arquitectura construye paisaje o construye ciudad: no es una escultura. Con cada actuación urbana hemos de tener el propósito de hacer ciudad, el propósito de dignificar nuestro entorno. Cuando trabajo, considero que mi intervención se propone, en último término, mejorar, embellecer el contexto". Añadiríamos que Pinós muestra una voluntad de crear algo personal que se distingue claramente de lo que le rodea (y a veces, lo que hace sí me parece escultórico) lo cual en absoluto es incompatible con cuidar el contexto, de hecho al contexto (especialmente si es anodino), le viene muy bien una inyección de adrenalina arquitectónica (lo de monumentalizar la periferia de Bohigas), hasta Chinchilla en La ciudad de los cuidados nos recuerda el valor de lo distintivo en arquitectura: "La reciente preferencia por las arquitecturas abstractas y sin detalle y la criminalización del ornamento dejan al ciudadano sin la posibilidad de vincularse, precisamente, al distintivo que le hacía reconocer que un edificio tenía valor para la comunidad", por no hablar de lo útiles que son dichos edificios singulares para la orientación. El problema, como en todo, es el exceso, la famosa metástasis de iconos en palabras ahora de Fernández-Galiano. Sea como fuere la referencia a Moneo, quien respeta escrupulosamente el contexto y es alérgico (con honorosas excepciones) a la significación parece por tanto algo cogida por los pelos. O no. 

-La fractura (P. Blom): Lo cierto es hay un reciente trabajo de Moneo que podría recordar a Pinós en su afán por quebrantar. Portada del último Arquitectura Viva, dedicado al navarro, se trata de un edificio en Berlín justo entre dos potentes construcciones de Schinkel (una iglesia y la Bauakademie, derribada en los 90 y ahora a punto de reconstruirse) que se abren a una plaza. El arquitecto de Atocha fractura su habitual y cabal cubo en uno de sus lados para generar una segunda fachada que mirará a la replicada Akademie (evitando así darle la espalda, o, si lo prefieres en inglés, the cold shoulder, aquí de hecho más apropiado) y lo fragmenta por el otro (lo erosiona, en palabras del propio Moneo) en exquisita deferencia a la iglesia, extrayendo varias porciones (cúbicas, por supuesto) de los últimos pisos para que desde la plaza pueda verse mejor el lateral del templo. Además, desde abajo, el bloque da la sensación de quedar abruptamente seccionado en su parte superior, como si le faltara un remate en forma de tejado, acaso queriendo ceder todo el protagonismo a la iglesia, que culmina en dos esbeltas y elaboradas torres. Tanta elegancia abruma. Ahora que tantos ansían fracturar para dividir, destruír o medrar, observar fracturas que unen llama poderosamente la atención. Desde aquí hacemos un urgente llamamiento para moneizar el mundo. 

-La mujer sin sombra (Hugo von Hofmannsthal): Fernández-Galiano pretendía, como decíamos, dejar claro con su exposición que Pinós no está ya a la sombra de nadie y no es "una figura con luz prestada". Pues prueba conseguida.

domingo, 14 de febrero de 2021

Escenarios para la vida

 



"Reivindico que tenemos que tener una idea de ciudad. Cada época, de hecho, ha tenido su propia idea de ciudad. Hoy, sin embargo, cuando todo lo determina el mercado, parece que la ciudad consistiera simplemente en disponer de un parque de viviendas vendidas como si fueran pura mercancía; un conjunto de parcelas donde construir viviendas y calles para llegar a ellas. La idea de ciudad -que se construye casi siempre desde la idea del espacio público- parece que ha desparecido. (...) 

Si algo nos va a hacer cambiar el mundo -porque los depredadores siempre llevan la delantera- es el cambio climático. El ser humano parece que lo puede controlar todo, pero toda esa prepotencia puede ser frenada por la emergencia climática. Si la naturaleza no se manifiesta y frena, pone en su lugar al capitalismo depredador, nuestro destino es la perdición". (Carme Pinós entrevistada por Izaskun Chinchilla para el libro-catálogo de la exposición Carme Pinós, escenarios para la vida, en el Museo ICO. Foto: maqueta de la intervención de Pinós en la plaza de la Gardunya, Barcelona). 

domingo, 7 de febrero de 2021

Madrid, donde no se pondrá el sol

 


Madrid, donde no se pone el sol fue el lema del proyecto de Mansilla y Tuñón junto a Peralta del Amo que ganó el concurso de ideas para levantar un centro de convenciones junto a las cuatro torres de la Castellana. El diseño, verdaderamente impresionante, consistía en un enorme disco que, apoyado en su canto, pugnaba por ir de la capital al cielo junto a sus compañeras aunque se quedaba a mitad de camino que ellas (120 metros); sin duda habría sido el icono definitivo de la ciudad. Su lema, imperial y prepotente, propio de tiempos de vacas orondas y arquitectura espectáculo, aludía al hecho de que incluso por la noche, el enorme disco iluminado ejercería de sol replicante de una ciudad que ansiaba subir puestos en el competido ránking del turismo de congresos. Pero dicho sol nunca llegó siquiera a salir por mor de la aguda crisis financiera de 2008 que estallaría tan solo un año después de que el proyecto resultara vencedor. Hoy del proyecto no queda ya casi ni la memoria. Acaso el edificio Vela del complejo BBVA en Las Tablas a cargo de Herzog y de Meuron fuera homenaje/plagio al fabuloso disco que ya nunca tendremos (la primera entrada de este tu blog se refería a esa sospechosa coincidencia de diseños), aunque el edificio de los suizos -a lo mejor para disimular- no forma una circunferencia perfecta (discoide lo llama Moneo). 

Pero parece que Madrid va a tener una segunda oportunidad de poner en práctica el lema que inventaran Mansilla y Tuñón (ya hay fecha por cierto para la esperada apertura de su museo de Colecciones Reales: 2022). Resulta que la propuesta ganadora para renovar Azca (sí, al final ha sido la de Diller, Scofidio+Renfro junto a Fermín Vázquez y su estudio b720) va a incorporar un heliostato con espejos que en invierno reflejarán la luz del sol hacia lo más sombrío de la "gran pradera verde" en que van a convertirse los espacios duros que ahora conectan los diferentes edificios del complejo. Y aún hay más, en verano, cuando estemos en plena canícula, habrá una especie de umbráculo móvil en forma de (otro) disco (el Solar Tracking Disk) que irá desplazándose por el aire cual OVNI movido por cables, es lo que DS+R llaman la Solar Symphony. Estos juguetes kinéticos nos recuerdan a The Shed y a Calatrava, confiemos no acaben como su cercana columna-obelisco de la Plaza de Castilla, cubierta por "costillas" diseñadas para bascular gracias a un complejo mecanismo que apenas se pone en funcionamiento por lo costoso que resulta. Por lo demás, dicha "alfombra urbana" incorporará cursos de agua, un auditorio, cafeterías, biblioteca, huertos urbanos y demás atractivos equipamientos. Rénders y videos aquí. 

En fin, seamos postivos. Parece el proyecto más original y trabajado de los presentados al concurso dirigido por Martha Thorne y Édgar González (al que todos recordamos por su veterano blog), y es indudable la necesidad de convertir un espacio hasta ahora regido por el principio de actuación (los negocios, la productividad, la creación de riqueza) por otro regido por el principio de realidad (que abarca otros muchos factores que inciden, afortunadamente, en nuestras vidas), como señala Marcuse en El hombre unidimensional. Es precisamente esa ciudad multidimensional la que Izaskun Chinchilla defiende en La ciudad de los cuidados, donde podemos hallar citas tan reveladoras como esta: "Si el mercado ha vuelto a los hombres unidimensionales porque encamina la comprensión de la realidad a la satisfacción de la acción mercantil, las mujeres han mantenido su comprensión multidimensional de la realidad, en parte porque muchas de las cosas que se les encomiendan se regalan, se dan sin valor de mercado. No solo cuidamos a las y los demás sin esperar compensación  económica , sino que lo hacemos o esperamos hacerlo sin la vigilancia de una regulación institucional. (...) Para mí, no cabe ninguna duda de que una de las cosas que nos ha preservado de que el principio de actuación rija completamente sobre nuestro entendimiento es que seguimos siendo, en gran medida, las encargadas de los cuidados. En el mundo de los cuidados, las caricias, los miedos, el cuerpo, las sensaciones físicas y los fantasmas de cosas que no son prácticas para el mundo laboral, pero nos aterran o animan, constituyen en realidad la base de nuestras formas de socialización y el principio de nuestras relaciones más significativas". Chinchilla defiende la creación de píxeles de naturaleza en la ciudad que sirvan de lúdica válvula de escape: "Hagamos algunas cuentas: nuestros niños y niñas tienen unos 190 días sin colegio al año, de los cuales unos 104 suelen coincidir con fines de semana. Esto implica que hay 86 días al año que no son fines de semana y en los que las y los niños no van al colegio. ¿Están nuestras ciudades tan preparadas para esta situación como lo están para para celebrar importantes congresos de dos o tres días de duración, recibir a mandatarios internacionales o celebrar el Día de las Fuerzas Armadas? ¿Emplean nuestras ciudades muchos más recursos en estos últimos eventos citados que en promocionar el desarrollo integral en la infancia y el bienestar de las y los cuidadores? ¿Genera esto un modelo social? ¿Somos conscientes de haberlo elegido?". 

No hemos elegido la actuación de Renazca que, no nos llamemos a engaño, busca la revitalización de una zona de negocios que va a quedar oscurecida por el macroproyecto de Castellana Norte, pero al menos Elizabeth Diller y sus socios van a ofrecer a la ciudad un atractivo espacio de ocio donde descansar de los tráfagos y fatigas diarios. Bienvenido sea. 

domingo, 24 de enero de 2021

Índices secretos

 


Hoy te traigo un vestigio del futuro, una reliquia de la utopía, una extraña ruina que, en su vocación fragmentaria, acaso ya lo era desde su concepción. La Casa Sperimentale (o Casa Albero) fue diseñada por Giusseppe Perugini, Uga de Plaisant y el hijo de la pareja, Raynaldo Perugini como casa vacacional cerca de Roma entre 1968 y 1975, en plena efervescencia por tanto de las arquitecturas experimentales de Superstudio y su Monumento Continuo, Archigram y su Walking City, Constant y su New Babylon o Kurokawa (entre otros) y el Movimiento Metabolista. La construcción, que recoge no pocos de dichos postulados, fue de las primeras en utilizar primitivos programas informáticos para su diseño, ideado con esmero pero sobre la marcha por sus tres inquilinos. Prefabricada y modular, es perfectamente desmontable y ampliable (Raynaldo, el hijo, la llama "la casa interminable") y su nombre (albero significa árbol en italiano) deriva del deseo de construir la típica casa en los árboles, así, las habitaciones cuelgan de "ramas" de hormigón y están soportadas por "troncos", replicando el bosque de pinos de Fregene, pequeña localidad costera a treinta kilómetros de Roma donde la casa parece querer esconderse y donde Fellini también tenía casa veraniega (alli rodó algunas de sus películas, La Dolce Vita entre ellas). En su vocación arbórea puede también recordarnos quizá a las casas de Sou Fujimoto. Bruno Zevi, activo académico fundador de la Associazione per l'Architettura Organica (APAO) se involucró en el diseño de la casa, que en su modernidad exacerbada (ya brutalista) quería alejarse de la modernidad más ortodoxa que el fascismo italiano había elegido como arquitectura institucional. 

Rompiendo con sus contundentes formas ortogonales, la casa tiene una curiosa extensión esférica -un pabellón de invitados- que recuerda, qué le vamos a hacer, a la Estrella de la Muerte de Star Wars (1977) y que encuentra su réplica en una pieza circular adosada a la fachada (el baño de la vivienda, al que se accede a través de una enorme puerta circular que también nos trae a la memoria la casa de Burdeos de Koolhaas). En la base de la vivienda un pequeño estanque ya seco hacía acaso referencia al mar cercano. El arquitecto Patrick Weber, profesor en Bartlett (¿no trabaja allí también Izaskun Chinchilla?), ha hecho un escaneo en 3D de la casa, cuyo deterioro es galopante, para que quede al menos preservada virtualmente.

Nos despedimos ya, no sin la cita de rigor: "El pasado comporta un índice secreto por el cual se remite a la redención. ¿No nos roza, pues, a nosotros mismos un soplo del aire que envolvió a nuestros antepasados? ¿No existe en las voces a las que prestamos oído un eco de las ya enmudecidas?". (Walter Benjamin, Sobre el concepto de historia). 

domingo, 17 de enero de 2021

Renacer

 


¿Vuelve Mies? La foto es del Museo Nacional del ejército de los Estados Unidos, a cargo de SOM, el histórico macroestudio americano que bien podría considerarse heredero del arquitecto de Aquisgrán. La cosa tiene su aquél pues tal edificio se inaugura precisamente ahora que Trump acababa de aprobar una orden para que los edificios institucionales americanos se construyan siguiendo los patrones clásicos (desdiciendo aquello de que sobre gustos no hay nada escrito), así que la imagen acaso podría simbolizar en lo arquitectónico el fin del nefasto mandatario y el renacimiento de los USA como los conocíamos. Que la arquitectura clásica represente los mejores valores de la patria es tan discutible como que los represente la arquitectura moderna: Herbert Read, el crítico británico que organizó la primera exposición sobre el surrealismo en Londres (en 1936), ya lo decía: "Para nosotros ahora el clasicismo (...) representa y siempre ha representado las fuerzas de opresión. El clasicismo es la contrapartida política de la tiranía (...), allí donde la sangre de los mártires manche el suelo encontraréis una columna dórica o, tal vez, una estatua de Minerva" (citado por Pallasmaa en La imagen corpórea). 

En fin. 2021, imposible evitar el comentario, ha empezado torcido, con insurrecciones bochornosas, históricas nevadas y el dichoso virus, como ya todos nos temíamos, desbocado. Hace unos días leí que la sonda Juno de la NASA había detectado señales de radio provenientes de Ganímedes, el más grande satélite de Júpiter. Me desilusionó algo, la verdad, que el origen fueran unos insulsos electrones y no alienígenas porque ya puestos lo habríamos petado, pero qué le vamos a hacer. Por cierto, hablando de la sonda Juno, los fans de Vangelis llevamos esperando desde el verano a que el griego publique de una santa vez un álbum (Juno to Jupiter) inspirado en la gesta espacial de dicha sonda, enviada al espacio para investigar la atmósfera del planeta, adonde llegó en 2016 tras 5 años de viaje. Las fotos tomadas por Juno son realmente espectaculares, aquí te dejo un video de la NASA que reproduce lo que sería un vuelo sobre Júpiter basado en dichas fotos, con música del propio Vangelis. Los afortunados que han podido escuchar los nuevos temas del autor de las BSO de Blade Runner, 1492, Chariots of Fire o Alejandro Magno (resulta que una tienda online se adelantó a la fecha oficial por uno de esos típicos errores de estos tiempos telemáticos para de inmediato retirarlo por exigencia de la discográfica, lo que no impidió que se vendieran algunas copias digitales), hablan de un álbum potente y lleno de sorpresas, haciendo honor al misterioso planeta, y en el que Vangelis renace, volviendo a sus orígenes más experimentales y jazzísticos sin olvidar el empaque clásico que le caracteriza (en el jovial álbum participa la soprano rumana Ángela Gheorghiu que en España, entre otras sonadas apariciones, se la recuerda por inaugurar el Palau de les Arts de Calatrava con la Carmen de Bizet). El caso es que tras tamaña metedura de pata, el lanzamiento parece pospuesto sine die, para desconsuelo de los seguidores del músico al que a punto estuvieron de derribarle su casa ateniense para que no entorpeciera las vistas del Partenón desde el museo de Tschumi. 

Pero no todo son malas noticias. Esta semana nos hemos venido arriba con un notición arquitectónico de impacto. Resulta que hemos conocido la espectacular lista de estudios arquitectónicos (todos ellos extranjeros) que han sido preseleccionados para intervenir el entorno de Azca, el distrito financiero de Madrid. La verdad es que falta le hace. Aunque a nosotros siempre nos gustó (nos trae además tiernos recuerdos de juventud), lo cierto es que tras años de descuido te daba la sensación de que en sus pasadizos te podías encontrar en cualquier momento a la salvaje pandilla de la Naranja Mecánica. Mi rincón favorito es el estanque cuadrado, cuando voy me da la sensación de estar en una peli futurista de serie B, pero resultona, sus ortogonales formas acaso imitando el enorme cuadrado de la supermanzana "A", de 19 hectáreas nada menos, para la que en 1954 Antonio Perpiñá diseñara "un centro cívico comercial de descongestión del centro histórico" (lo de la congestión me suena a Rem) con miesianos rascacielos inspirándose nada menos que en el Rockefeller Center, una Nueva York en miniatura en palabras ahora de Frampton (en Nueva York, capital del siglo XX). Hoy de neoyorquino Azca sólo tiene la torre Picasso, diseñada por Yamasaki, el arquitecto de las Torres Gemelas, y su impresionante trabajo de ingeniería subterránea: un nudo gordiano de túneles para los automóviles que deja su superficie expedita para el peatón. El caso es que los grandes propietarios instalados en la manzana (entre ellos, cómo no, El Corte Inglés) se han unido para darle nueva vida bajo el poético nombre de Renazca, y de paso "poner a Madrid en el mapa internacional". Vuelve el espectáculo, o sea. Según leo en Cinco Días, el objetivo es "parecerse al Meatpacking district neoyorquino" ; alguien tendría que explicar al esforzado periodista que Madrid ya tiene esa idea magníficamente desarrollada en el Matadero, y que nuestro High Line no es otro que Madrid Río, que nada tiene que envidiar al parque sobre los raíles de una antigua via ferroviaria elevada, convertido en nuevo must de la Gran Manzana. Decir también de paso que la mayor parte de los arquitectos tanto de la reconversión del Matadero madrileño como de Madrid Río han sido españoles. 

No es de extrañar por tanto que uno de los glamurosos estudios preseleccionados por Martha Thorne, a cargo del concurso de Renazca (Thorne es directora ejecutiva de los premios Pritzker, americana y residente en Madrid) sean precisamente  Diller Scofidio+Renfro, los autores de la High Line neoyorquina, que han replicado en Moscú y Londres. Por aquello de dar un premio de consolación a los sufridos arquitectos españoles, se ha obligado (como es habitual) a los estudios foráneos a trabajar con arquitectos de aquí. En este caso los elegidos son Fermín Vázquez y su estudio b720, que resulta que protagonizan el último AV. El estudio del madrileño es mayormente conocido por haber sido teloneros de otros arquitectos de más glamour (y carácter totalmente opuesto) en proyectos de envergadura, como la ampliación del Reina Sofía o la Torre Agbar con Jean Nouvel, o junto a Chipperfield, la Ciudad de la Justicia de Barcelona o el edificio Veles e Vents en Valencia (Ingersoll llega a compararlos a los negros literarios). En un artículo de nombre Áreas de intersección (nombre que haría las delicias de Fernández Mallo), Vázquez habla de estos trabajos de colaboración como un interesante ejercicio de "gimnasia proyectual", y nos deja una deslumbrante afirmación que paso con gozo a transcribir: "Cambiar la caligrafía es un excelente ejercicio para la muñeca, pero también lo es para el consciente y honrado entrenamiento de discursos justificativos no coincidentes". Destacar finalmente el brillante editorial que Fernández-Galiano dedica al estudio, en el que mezcla de manera sorprendente referentes tan inconexos como Descartes, Stanislawski y Melville (llama momento Bartleby - el "preferiría no hacerlo" del protagonista del cuento- a aquella vez en la que el estudio, en un inaudito arranque de modestia y profesionalidad, se salió del concurso para la torre Agbar aduciendo falta de suficiente información; más tarde acabarían colaborando con Nouvel para ese mismo proyecto). Confiemos en que si Diller & Co pretenden hacer una réplica descafeinada del High Line aquí como ya han hecho en Londres, en un descarado intento, lo dice Wainwright, de los promotores de rigor por revalorizar unos terrenos frente al Támesis (otros criticaron su famoso The Vessel como un intento de blanquear los Hudson Yards), Vázquez tenga otro de sus momentos Bartleby. 

Otro de los estudios seleccionados por Renazca es nada más y nada menos que OMA. No se puede pedir más morbo a un concurso que la participación del arquitecto más controvertido y provocador del orbe, el jupiterino Rem Koolhaas, quien aún no ha conseguido estrenarse en la piel de toro. Ganó el concurso para un auditorio en Córdoba, pero hasta la fecha es un proyecto nonato, y en la remodelación del Salón de Reinos del Prado su propuesta perdió frente a la de Foster. Llama poderosamente la atención su compañero de viaje: nada menos que Batlle i Roig, el estudio catalán que destaca por un exquisito orden miesiano y una sosegada elegancia (ver su intervención en Can Bisa, donde lo viejo y lo nuevo encajan como un guante de terciopelo, los equilibrados bloques de Viladecans o probablemente la depuradora más bella del mundo, en Vacarisses), rasgos que casan mal con la arquitectura errática y fragmentaria del de Róterdam. Pero ojo que el holandés no tiene un pelo de tonto y sabe a quién elige: El Jardín de la Metrópolis se llamó la tesis doctoral de Enric Batlle, y es que si algo caracteriza al estudio catalán es su empeño en fusionar arquitectura y paisaje, con una especial predilección por la jardinería (Jardineros y albañiles se titulaba el editorial que de nuevo Fernández- Galiano les dedicaba en un AV hace dos años): el primer proyecto que firmaron se llamó "Il Segretto Giardino", para un parque catalán. Ideales colaboradores pues para dar nueva vida a un jardín urbano. No olvidemos además que Koolhaas ha vuelto sus ojos al campo con el furor del converso y se nos ha resilvestrado, como ya demostró en la exposición que presentó el pasado año en el Guggenheim neoyorquino. Quién sabe si (nosotros somos de ficcionalizar la realidad, e incluso de friccionalizarla) la idea de escogerles se la dio a Rem ese mismo número de AV, que tiene como foto de portada su "hotel de insectos" e incluye propuestas como estas (del propio Batlle): "Los balcones, las cubiertas y las fachadas de nuestros edificios, así como las calles y las plazas de nuestras ciudades se pueden renaturalizar y conectar con los parques y jardines que tenemos y con los espacios agrícolas y naturales que todavía conservamos. Un nuevo paradigma, desde el mundo urbano, reivindica con fuerza los valores éticos y estéticos del mundo rural; la ciudad quiere ser campo, así como el campo quiere ser más ciudad". Nexo arquitectura acompaña también al equipo de Koolhaas, no muy lejos de Azca tienen ahora mismo en construcción las oficinas centrales del Metro de Madrid, una torre que se nos antoja muy holandesa. 

Hay nada menos que dos estudios neerlandeses más en la lista de Thorne: los siempre imaginativos MVRDV (presentes ya en Madrid con el edificio Mirador), junto al estudio GRAS, y West-8, expertos en paisajismo que ya participaron en Madrid Río. Les acompañan Porras Guadiana arquitectos, con los que ya colaboraron en el el proyecto del Manzanares, seguro que has utilizado alguna vez uno de sus simpáticos mini-puntos limpios. Cierra la lista el británico Thomas Heatherwick, al que le va el showbusiness más que a nadie. Su Vessel, otra chuche arquitectónica compañera de The Shed de Diller Scofidio+Renfro en Hudson Yards dio que hablar, y no siempre para bien: tú mismo. Vertiginoso su museo para Ciudad del Cabo, no te lo pierdas si lo tuyo son las emociones fuertes.Trabajarán con CLK, estudio madrileño muy activo en Rusia fundado por Joaquín Vaquero Ibáñez, familia de Vaquero Palacios y Vaquero Turcios, el autor del monumento al descubrimiento de América en la madrileña plaza de Colón (que también por cierto está pidiendo a gritos una intervención). 

Nos vamos ya. ¿Quién se llevará el gato al agua y firmará el renacimiento de Azca? Habrá que ver los proyectos (esperemos se hagan públicos), pero teniendo en cuenta la vocación neoyorquina de la supermanzana A ya desde sus inicios mucho nos tememos que Diller parte con ventaja. ¡Vuelve, Mies! 


domingo, 3 de enero de 2021

Caídos del cielo (2)

 


Pues vamos a seguir dándole otra vuelta al cuadro de Zenghelis que abría la entrada anterior. Decíamos que la figura en dicha pintura (que puede recordar algo a de Chirico, solo que en un contexto moderno) sufría del típico angst contemporáneo ante lo que parecen ser las torres deslabazadas, desproporcionadas y desordenadas de una ciudad fantasmal y fragmentaria. Igual son menhires, pero para el caso es lo mismo, que ya decía Hans van der Laan, monje benedictino y arquitecto para más señas, que los menhires son un acto de afirmación de la presencia humana frente a las leyes gravitatorias. Lo artificial frente a lo natural, la ciudad frente a la selva, la arquitectura como actividad propia del hombre expulsado del paraíso que debe vestirse y guarecerse ante las inclemencias que le aguardan. Pero volviendo al cuadro de Zenghelis, ¿y si su interpretación fuera al revés? ¿Y si en ese paisaje con figura, el tal ser humano viniera ya angustiado de casa y el entorno arquitectónico no fuera sino el reflejo de dicha desazón? El hombre y la mujer modernos han renunciado al orden de manera voluntaria, era un corsé agobiante y antiguo, y han preferido la libertad de los caminos inexplorados. Loable, pero hay un precio que pagar. El orden era armonía, proporción y equilibrio, la individualidad es desconcierto, azar y ansiedad. Y, para más inri, el ansia de totalidad, de alguna clase de orden o sistema, está ahí, nos espolea aunque a la par nos incomode, pues somos conscientes de que al cabo es necesario para no andar como vacas sin cencerro. Esa tensión nos excita e incordia por igual, y la arquitectura, como expresión del sentir humano, la refleja. 

¿Cuándo muere el orden? ¿Cuándo comienza la modernidad? Parece palmario que en la Ilustración, momento en el que la razón, no sin ella, se mofa del relato único. Surge ahí nuestro amigo el fragmento, el relato parcial, la Torre de Babel. La arquitectura acompaña ese intenso periplo intelectual: de Piranesi, acaso el primer moderno, con esa obsesión suya por la ruina romántica que refleja esa memoria del orden, pasando por Soane, con una arquitectura hecha como a jirones, por no hablar de su casa, hoy museo, cúmulo de fragmentos expuestos en agobiante mezcla, llegamos a Loos y su propuesta de monumental columna para el Chicago Tribune, acaso nostalgia del orden ya irremediablemente perdido y reflejo de esa contradicción tan suya entre lo moderno y lo antiguo, para desembocar en Vers une architecture donde Le Corbusier, ya moderno hasta las trancas, mezcla todo tipo de referentes en subyugante cóctel. Kahn reunirá modernidad y evocación de la ruina en una arquitectura que fascina hasta al más sinsal y como fin de fiesta vendrán los collages de Venturi y Scott Brown. Y hasta aquí hemos llegado: el fragmento es ya píxel y data. El like es el nuevo orden.  

Estos días de asueto navideño he visitado Valdemaqueda, en lo arquitectónico un trocito (o mejor, fragmento, por seguir con el palo) de Escandinavia no muy lejos de Madrid. La pequeña localidad, a la que se llega en un bello viaje entre dehesas ya casi extremeñas que nos traen dulces recuerdos y las montañas de Guadarrama que culminan en nuestra también muy querida Serra da Estrela, fue famosa años atrás gracias a Esperanza Aguirre. El ayuntamiento, de Paredes y Pedrosa, sigue ahí, claro está, y vamos a hablar de él intentando no caer en subjetividades del tipo puesestolohagoyo o puesamímechiflaelhormigonaco. Más allá de los dos simples cubos, una suerte de Kursaal povera, que es lo primero que llama la atención ya que parecen, como diría Gehl, caídos del cielo y si te he visto no me acuerdo, hay que reconocer un importante trabajo de urbanismo. Valdemaqueda es mayormente una hilera de casas a lo largo de la carretera y poco más, no hay apenas espacio público de calidad. Paredes y Pedrosa han desplazado el edificio de la primera línea para crear una plaza, en línea con esos típicos edificios-plaza renacentistas italianos, en un gesto que parece querer indicar la primacía del pueblo sobre el poder político. A su vez lo basto del acabado del hormigón echará para atrás a muchos, pero no deberíamos olvidar el exiguo presupuesto con el que contó, y esa austeridad -tan escandinava, aunque allí les vaya más el ladrillo que el hormigón- también manda un mensaje ético que debería apreciarse, especialmente tratándose de un edificio público tan representativo. El "malestar perceptivo" (en palabras de Francisco de Gracia) que el edificio generó a nuestra expresidenta (entre otros) es comprensible dado que tiene poco que ver con la pompa y circunstancia que asociamos a todo ayuntamiento que se precie (v. Trump), pero ahí quizá radique precisamente su valor. A otros el conjunto les transmitirá esa melancolía tan escandinava (o eso dice Linazasoro) que surge del contraste que comentábamos entre la pulsión moderna hacia un individualismo rampante y una evidente vocación de orden. En fin, como señala, de nuevo, Francisco de Gracia, en esta nuestra "era postarquitectónica" la mayoría entendemos la música como poética del sonido, pero pocos son los que aprecian la arquitectura como poética de la edificación. Acaso sea un gusto que haya que esforzarse por adquirir, como lo son los más perdurables. Y ya que, de refilón, hablamos de música, decir que Ángela García de Paredes, la mitad de Paredes y Pedrosa, es hija de Jose María García de Paredes, arquitecto experto en auditorios musicales (suyo es el de Madrid, con un cierto aire escandinavo también), acaso porque se casó con la sobrina de Manuel de Falla. De hecho, el título del discurso con el que ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando fue Paseo por la arquitectura de la música. Por último, y ya te prometo que cierro párrafo, decir como curiosidad que García de Paredes (padre) diseñó la urna donde se aloja el Guernica de Picasso en el Reina Sofía. 

Mencionábamos hace un momento a Linazasoro y resulta que el arquitecto donostiarra tiene también en Valdemaqueda una intervención que afortunadamente no vio Aguirre, pues tras la visión del ayuntamiento, del pasmo le habría dado un mayúsculo síncope. Se trata de la extensión de la iglesia de San Lorenzo (foto que abre la entrada) unas calles más arriba del ayuntamiento. Ante el consabido debate sobre cómo rehabilitar, en este caso una iglesia tardogótica de la que sólo quedaba un ábside y una puerta, Linazasoro no se ha andado con historias, como ves en las fotos ha anexado una caja inmisericorde de hormigón en el exterior y, para más inri, le ha colocado delante el antiguo pórtico, despegado del anexo y desplazado a un lateral (cual objet trouvé, que dice él). La visión es dura, pero es tan pegote como la intervención, más clasicista, que el edificio ya tenía antes de la adición de Linazasoro; no obstante es cierto que los fragmentos gótico y moderno colisionan de manera brutal. La iglesia se encontraba cerrada a cal y canto, pero afortunadamente el antiguo párroco de la iglesia, ya jubilado (don Santiago, de 88 años, "los dos símbolos del infinito"), andaba por allí, y es que vive en una pequeña casa aledaña de potentes muros de piedra y coloridas contraventanas metálicas, la típica arquitectura local de la llamada Sierra Oeste. El expárroco nos abrió la iglesa a través de la sacristía, ubicada en el ábside original, y pudimos acceder al interior, donde de nuevo nos topamos con una visión de potente impacto. Tras el arco que marca el fin del ábside una potente viga de hormigón señalizaba el nuevo edificio; entre ambos, un lucernario tratando de compensar la ausencia total de ventanas. Sin duda con un mobiliario más adecuado (y sin las horribles estufas de terraza de bar), a tono con el pequeño confesionario ubicado en una hendidura de la extensión (don Santiago nos comentó que era tan angosto que apenas podía entrar) el nuevo espacio habría lucido bastante mejor.  En las fotos "oficiales", en las que el nuevo recinto se ve vacío, también aparece más bello, pero es obvio que en algún sitio hay que sentar a los parroquianos. Aunque resultaba evidente que la intervención no era de su agrado, el curtido cura no se manifestó abiertamente contrariado por el anexo del que consideraba su paisano (es navarro pero había estudiado en San Sebastián), quizá porque pensaba que yo era fan de la arquitectura moderna (lo primero que me preguntó fue que si era arquitecto) y porque es sin duda consciente del interés que la obra ha suscitado: nos dijo que la había enseñado en innumerables ocasiones, incluso en una ocasión a un grupo de arquitectos suecos que sacaron fotos desde los ángulos más recónditos para lo cual debieron ejecutar cómicos contorsionismos. Solo criticó la (ligera) pendiente que, desde la entrada principal, los feligreses debían subir para acercarse al altar, él entendía que el desnivel debería ser al contrario, como en un anfiteatro. Linazasoro sostiene que el efecto que él buscaba era justamente que los feligreses tuvieran que ascender hasta el altar en un camino procesional de carácter simbólico. Dejamos a don Santiago en la soledad de su sólida casa a la vera acaso de la colisión de fragmentos más potente del mundo (hay que dar un toque de dramatismo a la narración, que veo que tu attention span va decayendo), soledad aliviada por su condición de radioaficionado: le delatan unas potentes antenas en el tejado que nos señala con orgullo indisimulado. 

Pues eso, podríamos decir que la "tesis" de hoy es que pongas un fragmento en tu vida. En 1984, en un arrebato de furor intelectual, Fernández-Galiano lo hizo. En un artículo de corte violentamente apocalíptico que ya hemos citado aquí varias veces pues nos dejó noqueados (lo descubrimos en el Arquitectura Viva 169 y ha vuelto a incluirlo en Las grandes esperanzas, un nuevo recopilatorio en dos volúmenes de artículos anteriores a Años alejandrinos), don Luis, un hombre de orden, tras decir -en resumidas cuentas- que esto es un sindiós, se lía la manta a la cabeza y propone nada menos que la creación de un nuevo orden. Esa es la actitud. Tanto lloriqueo de nostálgicos empedernidos, pues no, te coges el toro por los cuernos y que salga el sol por Antequera. Sugiere el catedrático aragonés reconstruir la disciplina arquitectónica a base de descomponerla y luego recomponerla siguiendo un orden arbitrario (adelantándose así 30 años a Fernández Mallo, como ya adivinábamos), que don Luis decide sea el orden del alfabeto. Crea así un "diccionario de fragmentos"; para que dichos fragmentos no queden tan exentos de vida como el pórtico de la iglesia de San Lorenzo, se propone acompañarlos de un "racimo de textos" de géneros diversos que los sitúen en el espacio y el tiempo. Y así busca en los clásicos cercanos tanto literarios como académicos (Machado, Bachelard, Giedion, Benevolo, Alberti -los dos-, García Lorca, Aleixandre, Semper, Jencks y así hasta 126) citas referidas a ese elemento o fragmento en cuestión (el cimiento, el muro, el balcón, la alcoba y así hasta 32), para acabar apuntando que todo es un empeño inútil, poco más que un juego intelectual: "Y, por consiguiente, ante nuestro dilema pedagógico: construyamos un sistema ficticio, convencional sin duda, pero exacerbado en su voluntad simétrica, un remedo de sistema en su exagerada sistematicidad, un sistema ensimismado y descreído que nos permita, como quería Borges, 'perseguir los lúcidos placeres del pensamiento y las secretas aventuras del orden'". Koolhaas, acaso inspirado en don Luis, utilizó un planteamiento similar para la exposición que realizó para la Bienal de Venecia (Elements of Architecture), en 2014. Los Reyes me van a traer el catálogo-tocho. Que Kahn me ayude. 

Volvamos como epílogo breve a Valdemaqueda. Violentados los sentidos de tal guisa ante la contemplación del estimulante fragmento moderno, te recomiendo un reconfortante paseo hasta el Puente Mocha sobre el caudaloso río Cofio, a media hora a pie de la villa, construcción medieval (para algunos romana) esta sí, reconstruída a la manera tradicional. Acabo al fin. Te deseo para este 2021 apenas iniciado que reordenes tus fragmentos con paciencia, imaginación y lúdica lucidez.