sábado, 30 de junio de 2018

Intermedios


¿Cansado del Urbanoceno?

"Las buenas arquitecturas siempre se han planteado como objetivo prioritario defendernos del viento, de la lluvia, de los ladrones, del calor, del deslumbramiento, del ruido, de los curiosos... y hacerlo de la manera más económica e ingeniosa posible, que evidentemente es también la más emocionante. 

Las buenas arquitecturas han convertido aquel exterior inhóspito en un interior confortable, donde la vida es posible porque todas las variables están dominadas a nuestra voluntad. 

Sin embargo muchas veces tenemos suficiente en controlar solamente algunas de ellas o incluso una sola dejando a las otras que hagan lo que quieran porque no molestan.

Esta modificación parcial de la naturaleza cualifica el lugar donde la hemos producido y y no podemos decir que estamos del todo fuera ni tampoco que estamos del todo dentro. Tampoco tenemos claro cuándo salimos y cuándo entramos porque sus límites son imprecisos. Decimos entonces que estamos en un espacio intermedio. (...) Unos espacios económicos, ambiguos y versátiles que proporcionan unas secuencias ricas y complejas en el traspaso entre interior y exterior, y que facilitan que el edificio se prolongue en el entorno y que el entorno penetre suavemente en el edificio. Todo lo contrario de la arquitectura totémica, ensimismada y aislada, que siempre alardea de su radical discontinuidad con relación al lugar donde aparece". 

Este fragmento corresponde a un texto de Lluís Clotet, de nombre Espacios intermedios, que he descubierto en la exposición que sobre el arquitecto catalán puede ahora mismo verse en las Arquerías de los Nuevos Ministerios en Madrid, espacio al que hacía mucho que no volvía y en el que he podido ver magníficas exposiciones sobre arquitectura cuando era el único lugar en el que se organizaban dicho tipo de exhibiciones en la capital. Esta en concreto llama la atención por su escenografía, una bizarra mezcla de Dalí y Twin Peaks en la que destaca nada más entrar, tras atravesar unos recios cortinajes rojos, una impresionante jaula (los comisarios, también arquitectos, han dado en llamarla "contenedor-gallinero-barca" ) cuyas angulosas formas replican las arquitecturas de Clotet y Óscar Tusquets, su socio de 1965 a 1983, y donde se exhiben junto a gallinas (de pega afortunadamente, haciendo referencia al parecer a los veranos rurales de la infancia del arquitecto), objetos variopintos diseñados por Clotet: muebles, atormentados accesorios de cocina para Alessi, bancos, campanas extractoras y no sé cuántas cosas más (¿quieres verla?). Ningún problema con el surrealismo, que nos va lo justo, pero debo decir que tras semejante inicio esperaba bastante más. La interesante obra de Clotet, que desconocía, queda resuelta con tres peliculillas de poco más de 15 minutos cada una en la que se da rauda cuenta de sus edificios junto a Tusquets y su nuevo socio ya en los 90, Ignacio Paricio, y si te he visto no me acuerdo. Cuando abres el espeso cortinaje tras estar en dichas "salas" (una de ellas con tres tristes sillas), esperando encontrar, qué se yo, unas imágenes con planos, unas maquetas o algo así, te encuentras con el absoluto vacío. En fin, será que uno es muy antiguo.

La casa de la foto de arriba no es de Clotet, que aquí nos gusta despistar, sino de otro arquitecto que también domina los espacios intermedios. Se trata, a ver si lo adivinas, de un "marinero convertido en anacoreta" (en palabras de Françoise Fromont), un "héroe extraviado en su refugio insular" (según Fernández-Galiano) que construye "una ruina griega habitada" (la casa de la foto), quien habla ahora es Rafael Moneo, que trabajó para él en los 60. Este "mallorquín honorario y secreto", de nuevo según Fernández-Galiano, quien le ha dedicado recientemente un número de AV (de donde están extraídas estas citas) con ocasión del centenario de su nacimiento, no es otro que Jørn Utzon, el autor del diseño de la Ópera de Sídney. Al poco de volver de Australia, tras ser excluído del mastodóntico y enrevesado proyecto, se refugiaría en esta casa de Mallorca (Can Lis), un recinto enfrentado al mar y al horizonte en la que la arquitectura queda reducida a su cualidad más metafísica, que ya dijo Heidegger que la esencia de la técnica no tenía nada de técnica sino que era pura metafísica. Bebiendo aquí el sol mediterráneo a grandes sorbos, como el reo de muerte de La balada de la cárcel de Reading de Oscar Wilde que bebía el sol a bocanadas como si creyera que era vino, sería Utzon acaso capaz, en metafísico intermedio, de olvidar la amarga experiencia de Sídney. Hace unos días descubría el artículo que otro arquitecto, Sergio Baragaño, experto en arquitectura modular, dedicaba a Can Lis, donde tuvo la suerte de poder dormir (y sobre todo poder despertar), no deberías perderte ni el texto ni las magníficas fotos, tan infrecuentes, de la casa. 



Esta casa sí que es de Clotet (y Tusquets): está en la isla Pantelleria, cerca de Sicilia.


domingo, 24 de junio de 2018

Ejes


Así quedará el edificio que hasta hace poco tenía Barclays en la Plaza de Colón de Madrid. Nada menos que Norman Foster va a ser el encargado de remodelarlo, añadiendo una nueva fachada transparente envuelta en diagrid, su característica red metálica en forma de triángulos que adoptó de Buckminster Fuller y un atrio interior que conectará todas las plantas. En sus casi 4.000 metros cuadrados habrá espacio para tiendas y oficinas, así como una espléndida terraza a dos alturas que me temo quedará reservada para eventos privados. Luis Cueto, coordinador general de la alcaldía madrileña, con la que Foster ha sintonizado muy bien desde la llegada de Carmena, no ha dudado en llamar al eje Recoletos-Castellana el Paseo Foster, ya que en no mucho tiempo tres edificios del de Mánchester se situarán en él: la ampliación del Salón de Reinos del museo del Prado, la torre Cepsa (la única obra de las tres terminada a día de hoy, sin olvidar la Fundación Foster, muy cerca de aquí) y ahora esta nueva intervención, de nombre Axis, no en vano se sitúa en uno de los ejes vertebradores de la ciudad. La reforma va costar 10 millones de euros y estará terminada el próximo verano, sorprende que el edificio vaya a quedar tan cambiado en tan poco tiempo. Por cierto no es el único inmueble que ha sufrido o sufrirá un rejuvenecedor lifting en los alrededores: el edificio a su vera fue intervenido por Rafael de la-Hoz con una fachada que reinterpreta las tradicionales celosías, y las famosas torres de Colón están a punto de recibir un profundo rediseño propuesto por su propio autor, Antonio Lamela (coautor junto a Rogers de la T4), fallecido el pasado año, que las despojará de ese remate tan como de Miami conocido por el enchufe. El mismo Foster en persona te cuenta más de su proyecto en este video.

He intentado buscar información del fatigado edificio que se perderá (en realidad solo su fachada), de un brutalismo tan raro en Madrid (no me extraña que Barclays lo acabara comprando: le recordaría a su país) y me ha sido imposible encontrar ni tan siquiera el nombre de su arquitecto. Sólo sé que fue construido en 1971 para el Banco de Valladolid, época de la que he encontrado esta foto. A pesar de su originalidad no es de extrañar que pasara desapercibido pues por aquellos mismos años se estaban elevando sus vecinas las Torres de Colón, muy mediáticas (y polémicas) debido a su desproporcionado tamaño y novedoso sistema de construcción, y se ultimaba la Torre de Valencia con no menos sonada polémica por, según sus detractores, destrozar las vistas de la Puerta de Alcalá desde Cibeles. A mí el edificio de Barclays me gustaba, especialmente iluminado en la noche con el azul corporativo seña de identidad de la entidad, pero es obvio que los tiempos reclaman nuevas formas y las duras aristas de hormigón de las que hacía gala ya no proceden.

El de Foster será un edificio optimista y abierto que con su malla porosa lanzará un mensaje de permeabilidad razonable a un mundo que se dice global pero al mismo tiempo se apresta a construir muros que no reflejan otra cosa que su tremenda debilidad y falta de confianza en sí mismo: "Antes del "descubrimiento" del individuo autónomo, la antigua polis soñaba con la demolición de sus muros, o al menos, con no tener que mantener sus puertas cerradas. Cuando el hijo de una antigua ciudad griega ganaba una competición olímpica, sus mayores ordenaban la demolición de parte de las murallas de la ciudad. Solo en tiempos de crisis o degeneración se ordenaba cerrar las puertas. (...) las puertas abiertas eran entonces símbolo de poder. Adriano y los emperadores chinos construyeron grandes murallas, pero nunca con la intención de congelar el movimiento humano. Eran murallas porosas, meros símbolos de los límites autoimpuestos de sus imperios, y una especie de primitivo sistema de alerta temprana" según señalan en un reciente artículo Danae Stratou y Yannis Varoufakis (¿le recuerdas?) para Architectural Review Y Jaime Lerner, quien en sus sucesivos mandatos como alcalde de Curitiba dio solución a problemas endémicos de la ciudad brasileña de manera muy imaginativa (entérate en este breve video), señalaba recientemente en el congreso Menos arquitectura, más ciudad en Pamplona: "Es la flexibilidad de la imperfección la que permite la convivencia de culturas, costumbres y economías diversas". Acabo el párrafo aún con otra cita del mensaje de Stephen Hawking lanzado al espacio esta semana al tiempo que se procedía a la inhumación de sus cenizas en la abadía de Westminster: "Una de las grandes revelaciones de la Era Espacial es la perspectiva que ha dado a la humanidad de sí misma. Cuando vemos la tierra desde el espacio nos vemos como un todo. Vemos la unidad y no las divisiones, es una imagen simple pero con un mensaje muy convincente: un planeta, una sola raza. Estamos aquí juntos y necesitamos vivir juntos con tolerancia y respeto. Debemos convertirnos en ciudadanos globales". (Escucha el mensaje completo, que recuerda de nuevo a Fuller, acompañado de la magnífica música de Vangelis).

Como soñar es gratis, estaría genial que ya puestos Carmena (también presente en el congreso de Pamplona donde dijo por cierto, ánimo, es la última cita de hoy:"empieza a no ser posible realizar en las ciudades desarrolladas políticas verticales, solamente se pueden hacer horizontales" ) fichara a Foster para dar una vuelta a la plaza de Colón como hizo con Trafalgar Square...




domingo, 17 de junio de 2018

Escrito en el agua


Pues vamos a seguir con artistas que se meten en berenjenales arquitectónicos. En este caso se trata del británico Mark Wallinger, ganador del Turner en 2007, que acaba de ultimar junto al arquitecto James Lowe un memorial para la Carta Magna con ocasión de su 800 aniversario. Se encuentra en mitad de la campiña inglesa, más o menos donde la firmara, el 15 de junio de 1215, Juan I (el famoso Juan Sin Tierra, hermano de Ricardo Corazón de León). Se trata de un edificio circular, hecho de tierra comprimida utilizando como unidad de medida el codo al más puro estilo medieval, y no presenta aperturas al exterior salvo por la puerta de acceso. Una vez dentro nos encontramos con un oscuro pasadizo que sigue la forma circular del edificio y que nos conduce a otra puerta que da acceso al corazón de la construcción: un estanque de nuevo circular sobre el que se asoma un óculo ahora al más puro estilo Soane. Quizá lo más peculiar de esta sencilla pero solemne construcción (a Rossi le encantaría) sea que sobre una lámina metálica que rodea al estanque se ha grabado una de las cláusulas más conocidas de la Carta (la que hace referencia a que toda persona tiene derecho a un jucio acorde a la ley antes de recibir condena, algo totalmente revolucionario para principios del siglo XIII), pero al revés, con lo que debemos fijarnos en su reflejo en el agua para poderla leer correctamente. Ello explica el nombre que Wallinger ha dado a su obra: Writ on water, inspirada en el epitafio que puede leerse en la tumba de John Keats: "Aquí yace alguien cuyo nombre se escribió en el agua", que puede aludir a lo efímero de la obra de todo artista, y que está plenamente vigente en esta nuestra era líquida tan bien descrita por Bauman. Wallinger también lo relaciona con el hecho de que los ingleses carecen de una constitución escrita. En cuanto a su forma circular, el artista menciona como inspiración la torre Martello, lugar donde se inicia el Ulysses de James Joyce y que hoy es museo dedicado al autor irlandés.

También circular, y también escrito en el agua al estar posado sobre un fiordo noruego (volvemos a Escandinavia) muy cerca del Círculo Polar Ártico, me ha llamado la atención el proyecto de hotel de Snøhetta  (ojo, las fotos siguen siendo del memorial de la Carta Magna) que descubro en la revista Eme. Formando un perfecto dónut, que tanto recuerda al centro de tecnificación deportiva de Jose María Sánchez García en Extremadura, también en un entorno natural bellísimo, el hotel pretende ser el primer hotel "Powerhouse" del mundo, capaz en 60 años de generar, según Zenul Kahn, arquitecto a cargo del proyecto, la energía equivalente a la que se ha necesitado en su construcción y la que se necesitaría para su desmantelamiento, aparte de ser autosuficiente y consumir un 85% menos de energía que un hotel convencional. Anclado al fondo del fiordo con pilares de madera, imitando las construcciones autóctonas, estará acabado en un par de años, toma nota si lo tuyo son las auroras boreales vistas desde un hotel único. No deja de sorprenderme (especialmente ahora que estoy viendo la recomendable serie The Terror, basada en la dura historia real de dos barcos británicos, el Erebus y el Terror, que quedaron atrapados a mediados del siglo XIX en el hielo polar) cómo un lugar tan inhóspito puede convertirse en turístico. Los prodigios de la arquitectura.

Del círculo pasamos al cuadrado en doble salto mortal, pero seguimos con las "formas arcaicas" que dice Herzog y que tanto inspiraron a Rossi, repetidas de manera obsesiva. El último AV se centra en LAN, el estudio de Benoit Jallon y Umberto Napolitano (grandes admiradores del italiano) que hacen una arquitectura de formas secas y cortantes, amante del ángulo recto más estricto, y es que al final la forma lo es (casi) todo: "En la obra de LAN", señala Fernández-Galiano en un exquisito texto (La forma es la forma es la forma), "la forma sigue a la forma. Como en la conocida línea de Gertrude Stein -'Rose is a rose is a rose is a rose'-, la reiteración es fuente de identidad y de emoción. (...) Musical en sus geometrías pautadas, la arquitectura de los socios de LAN aspira, acaso como Haussmann a cuyos criterios para la radical transformación de París tanta atención han prestado, a la 'poésie de l'ordre et de l'equilibre' que el Préfet de la Seine menciona en sus Mémories como guía de su actividad urbanística". Arquitectura que orienta y ordena, que quiere escribir recto sobre renglones torcidos e inestables, ya sea en un perdido campo inglés, un glaciar nórdico o en la caótica urbe.

domingo, 10 de junio de 2018

Desorientados




Seguimos con ladrillo nórdico. Este es el primer edificio (más fotos aquí) terminado por Olafur Eliasson junto al arquitecto alemán Sebastian Behmann, con el que lleva colaborando casi dos décadas en su estudio berlinés. A mí Eliasson me ganó para siempre tras ver la exposición (?) que realizó para el Palacio de Cristal del Retiro madrileño en 2003 a la que llevé a mi por aquel entonces novia (hoy ya contraria) por aquello de tirarme el rollo cultureta (a los dos nos encantó, el paseo sobre roca volcánica islandesa fue un puntazo). Pero por favor no desbarremos tan pronto. Seguramente lo más cerca hasta la fecha que el artista danés-islandés había estado de la construcción pura y dura fue la fachada cristalina del auditorio Harpa en Reijkiavik de Henning Larsen (que se llevaría el premio Mies van der Rohe de 2013), sin olvidar el más bien poco agracido pabellón para la Serpentine de 2007. El edificio ahora concluido, de nombre Fjordenhus, se sitúa como el Harpa al borde del mar, pero al contrario que aquel presenta unas fachadas de ladrillo artesanal (970.000 se han utilizado) de un marcado carácter expresionista. Eliasson habla de un “edificio vivo, que parece estar creciendo en el agua”, en la del fiordo Vejle en concreto, nombre también de la cercana ciudad hasta ahora sólo conocida (es un decir) por una fábrica de chicles y una momia de la Edad del Hierro nada menos muy bien conservada en una iglesia local gracias a que su cuerpo fue enterrado en una zona pantanosa. Así que a no ser que te interese la industria del chicle, la prehistoria o el gore este pueblo iba a pasar para ti sin pena ni gloria, pero mira tú por dónde aquí tenemos a Eliasson para remedar tal injusticia. La prensa local, entusiasmada, ya ha tildado el proyecto de “la nueva catedral de Vejle”, que la verdad es algo exagerado, aunque es cierto que el curioso edificio tiene mucho más aire de iglesia que de lo que en realidad es, la sede central de una empresa de inversiones que dirigen tres hermanos descendientes del fundador de Lego (en Dinamarca todo es Lego o BIG o ambos a la vez). Por supuesto Eliasson, ya con hechuras de arquitecto de postín, construye el relato explicativo de rigor: los ladrillos hacen referencia a las piezas de Lego que de niño le dieron sus “primeras lecciones en arte abstracto”, casi nada. Sigue el artista comentando para The Guardian que quería hacer un edificio que celebrara la presencia de la gente, que dijera “Te estoy acogiendo”, y añade: “Es importante plantearse dónde tiene lugar la inclusión social si no es en la arquitectura”, para a continuación criticar cómo ciertos arquitectos se están vendiendo a las grandes corporaciones creando espacios que cada vez son más privados: ”La noción de espacios que poseemos juntos está menguando. El caso más evidente es Londres”. Eliasson se ceba con la capital británica por haber puesto en bandeja de plata a los oligarcas y ricos sus mejores espacios obligando a las clases menos pudientes a marcharse al extrarradio. Hay también puyas para el desastre de Grenfell y el Brexit, y apostilla: “Este enorme error de planteamiento hace sentir a la gente alienada, maltratada y marginada”. El suyo es también el edificio de una empresa financiera, pero defiende que es diferente porque le ha querido dar un marcado carácter abierto frente a las torres del distrito financiero londinense “con sus fachadas de granito negro estilo ’Estrella de la Muerte’”.

Este último párrafo va a estar ya exclusivamente dedicado a comentarios personales, polisémicos y transversales así que te invito a dejarlo ya (avisado quedas). A nosotros nos gusta el edificio, oye, quizá precisamente por lo paradójico que es. Es cierto que lo veo algo pasado (de vueltas y de tiempo), como sacado de los muy locos años 20/30 (también me recuerda a Kahn), y de entrada descoloca que no veas (Kate Connolly, la autora del artículo que te comento, tilda al edificio de “disorientating”, toma palabro), será que sigo bajo la influencia de La otra arquitectura moderna de David Rivera, pero el caso es que me recuerda al Steiner del Goetheanum e incluso un poco a la torre Einstein de Mendelsohn en esa sensación de movimiento constante y simpática flacidez que transmiten sus peculiares formas. Pero al mismo tiempo es un edificio que refleja un dinámico optimismo y una blanda solidez a pesar de sus toques chirriantes. Comparado, por ejemplo, con la arquitectura inmovilista, pesada y burocrática llena de ángulos rectos y arcos de una perfección casi metafísica del Palazzo della Civiltá Italiana (ahora mismo estoy en el capítulo del libro de Rivera dedicado a Italia), bellísimo en su imponente verticalidad pero gélido, amenazador y alienado, supone un ilusionante soplo de aire fresco, acaso un espejismo enladrillado. A veces la desorientación es sana.

domingo, 3 de junio de 2018

Verticales (o no)




Qué hay de nuevo. Con tu permiso voy a seguir dándole a la verticalidad y la horizontalidad. ¿Cómo? ¿Que van ya tres entradas con tema tan abstracto y obtuso? Oye mira, Santiago de Molina se tiró trece lunes hablando de escaleras en su blog, que se dice pronto, y aquí nadie se ha quejado, así que chitón.

Dentro de poco tenemos ya celebrándose el Congreso de Arquitectura y Sociedad de todos los junios en Pamplona, que este año nos sorprende no sólo con su título (Menos arquitectura y más sociedad), más horizontal imposible, con ecos de La arquitectura sin arquitectos de Rudofsky, sino también con el extenso plantel de no-arquitectos invitados: tenemos escritores (Leonardo Padura, Eduardo Mendoza), (ex-) alcaldes (Manuela Carmena, Joan Clos) y un crítico de diseño (Deyan Sudjic), menos mal que también hay un urbanista (Salvador Rueda) y varios arquitectos (de renombre solo dos para mí: Dominique Perrault, el autor de la Caja Mágica madrileña y Farshid Moussavi, ex compañera de Alejandro Zaera-Polo en FOA). De director, Luis Fernández-Galiano, como siempre, junto a Patxi Mangado. Pues eso, que esperamos con especial ilusión las aportaciones acaso surrealistas del autor de Sin noticias de Gurb o El último trayecto de Horacio Dos, convenientemente espoleado por don Luis.

En la bienal de Venecia, de la que ya hemos venido hablando en alguna que otra entrada, centrada este año en el lema Freespace y a cargo del estudio irlandés Grafton Architects, la cosa también se torna horizontal. Oliver Wainwright la llama "la bienal de los bancos" y es que las arquitectas han dispuesto un buen número de dichas piezas urbanas (de variado diseño al parecer) por doquier para que el agitado transeúnte se relaje y vea, que ya solo somos capaces de mirar (y eso cuando no estamos echando un ojo al móvil). Como señalan las comisarias, el arquitecto debe ofrecer regalos visuales que alegren el ojo no solo del cliente, sino también del incauto paseante. Wainwright apostilla: "Una pared hermosa, a los ojos de Grafton, puede dar placer a un paseante aun cuando nunca entre dentro, como lo puede dar un vistazo a un patio o un lugar para recostarse en la sombra o guarecerse de la lluvia. La idea es embridar la energía de los regalos de la naturaleza, recordándonos cómo la arquitectura puede capturar la luz, una brisa o las ondas en el agua y explotar la magia de lo que ya está ahí". No podemos estar más de acuerdo con esta visión tan profundamente democrática de la arquitectura y con la invitación a la contemplación sosegada de nuestro entorno construido (Anatxu Zabalbeascoa en reciente crítica alababa también el espíritu contemplativo de esta bienal, aunque nos prevenía contra su lado oscuro: la inacción). Yo mismo me acerco alguna que otra vez a Ascaso, acaso la pastelería más refinada de Madrid, (me animo a confestarte estas debilidades pequeñoburguesas ahora que hemos descubierto que son pecadillos veniales),  y no tanto por los deliciosos pasteles que te ofrecen con delicado gesto sus jóvenes a la par que decadentes camareras, sacadas como de una novela de Virginia Woolf, sino porque desde una enorme cristalera puede contemplarse una bella pared de ladrillo desnudo, de verticalidad masiva, inquietante, alienada, diseñada en los 60 como parte de una ampliación del edificio principal de la embajada sueca por un equipo de arquitectos de dicho país (M. Ahlgren, T. Olsson y S. Silow, diseñadores también de un elegante teléfono por cierto) con dirección de obra a cargo de Luis Blanco-Soler, el arquitecto de buena parte de los cortingleses de la capital y coautor de la antigua embajada inglesa en la calle Monte Esquinza. La tienes en la foto de la entrada de hoy. Mucho me he fijado en esa protuberancia en forma de corona de tres puntas que sobresale de la pared, ¿será una alusión a las tres coronas en el escudo sueco? Me recuerda también mucho a Moneo, y es que el navarro trabajó con Utzon para Sidney así que debió quedar impactado por estos típicos muros cerámicos escandinavos (siempre he pensado que la torre de la estación de Atocha es un pedazo del ayuntamiento de Oslo en la capital). Despido el párrafo con una magnífica cita griega que Grafton Architects han traído a su Bienal: "la sociedad progresa cuando los ancianos plantan árboles a cuya sombra saben que nunca llegarán a sentarse".

Bueno, ¿y qué me dices de la explosión de horizontalidad sobrevenida que hemos contemplado esta semana en nuestro esforzado país? Un síncope vasovagal (ya sabes, ese jamacuco que hace que pases de la vertical a la horizontal en cero coma y te hace consciente de la extrema fragilidad de nuestro equilibrio) en toda regla, momento Koolhaas de inestabilidad y desconcierto totales. Pero esa es otra historia. Aunque, la verdad, casi me ha impactado más el editorial del último Arquitectura Viva. Con el título Golfo de sombras (no, no va sobre política sino sobre los prodigios arquitectónicos de los emiratos árabes), comienza horizontal, plano total, para casi sin previo aviso soltar al fin poderosa traca en forma de inesperada metáfora muy carnal quizá en clave liberad a Willy (pero el otro Willy). Ya intuíamos que Fernández-Galiano tenía una retranca potente. No te cuento más, disfrútalo aquí.

Acabamos con inquietante cita de Vicente Verdú en El País de ayer. Su artículo se titula El progreso"Como ocurre con el fútbol moderno, la sociedad no avanza en vertical sino en horizontal. Todo equipo de fútbol que pretenda alcanzar la meta con pelotas hacia adelante es tan anticuado como fallido. El proyecto avanza no hacia adelante sino hacia los lados. Desde la investigación médica hasta el arte no se responde al modelo en escalera sino que (como en la moda) las innovaciones se esparcen en fulgores paralelos sin perímetro definido. Y el mundo de la cultura, de la educación, del trabajo y, en general, de las relaciones sociales reproduce el mismo dibujo blando, laxo y plural. Esta es la razón de que sea rancio, a estas alturas, hablar de "progreso" en su glorioso sentido inaugural. (....). ¿Conclusión? La época de la verdad y hasta de la verosimilitud ha caducado. La incertidumbre es la ley".