martes, 14 de julio de 2026

Castillos interiores


Toca hoy desentrañar el misterio que planteábamos en la anterior entrada. Se trata del Palacio Ducal de Pastrana (Guadalajara) de Alonso de Covarrubias, arquitecto estrella de nuestro Renacimiento, mandado construir por los todopoderosos Mendoza. Aquí fue recluida hasta su muerte una de las más conocidas y polémicas representantes de dicha casa aristocrática, Ana de Mendoza, más conocida como la Princesa de Éboli, su imagen inconfundible gracias al parche que cubría su ojo izquierdo (herida de la que nunca dio razón), debido a las intrigas en las que anduvo metida junto a Antonio Pérez, secretario de Felipe II en contra del duque de Alba y Juan de Austria, hermanastro y hasta cierto punto antagonista del rey. La situación explotó tras el asesinato de Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria, crimen al parecer instigado por el propio Felipe y llevado a cabo por espadachines contratados por Pérez. Escobedo, quien había sido recomendado por el propio Pérez para dicho puesto al objeto de controlar los movimientos del carismático hermanastro de Felipe, héroe de Lepanto, se había convertido en fiel colaborador de don Juan hasta el punto, siempre según Pérez, de urdir juntos planes contra el monarca. Tras dicho asesinato el rey se dará al cabo cuenta de que la información sobre Escobedo había sido tergiversada por Pérez, quien tenía especial interés en acabar con él pues le habría sorprendido en situaciones muy comprometidas con Ana de Mendoza y había descubierto sus oscuros manejos favoreciendo a los rebeldes de los Países Bajos. Decide entonces Felipe ordenar su detención junto a la de Ana, embarcándose en un complejo proceso judicial que el rey plantea con gran cautela porque temía que acabara salpicándole. Eso, junto con las portentosas dotes de Pérez para la manipulación, explican los 11 largos años que transcurren desde la detención del secretario (1579) y su huida a Aragón (1590) cuando se vio totalmente acorralado (Aragón gozaba a la sazón de una poderosa autonomía), lo que a su vez generó un grave conflicto político que acabaría con el monarca tomando Zaragoza, decapitando al Justicia Mayor (Juan de Lanuza) y recortando sus fueros. En medio del caos político Pérez se fugaría a Francia, donde sirvió a Enrique IV e incluso viajaría a Inglaterra invitado por Isabel I, a ambos contó no pocos entresijos del gobierno de Felipe II que reflejaría por escrito en un libro (Relaciones) donde cargaba las tintas contra el monarca, libro que jugaría un papel importante en la creación de la famosa Leyenda Negra española. Tras los tratados de paz firmados por Francia e Inglaterra con España sus intrigas dejaron de tener interés y cayó en desgracia. Aunque pidió el indulto en repetidas ocasiones a Felipe III nunca lo obtuvo, moriría en París, de muerte natural, a los 71 años en la miseria más absoluta. Lo que sí hizo el rey fue liberar a la familia del fugado, que había sido encarcelada durante casi una década. Es sabido que la mujer de Pérez, Juana Coello, embarazada de ocho meses cuando entró en prisión, perdió a su hijo debido al trato recibido. En triste epílogo, los restos de Pérez, enterrados en un convento parisino, serían brutalmente profanados junto con el resto de los allí depositados durante los disturbios de la Revolución Francesa. Ana de Mendoza por su parte fue recluida en diferentes emplazamientos hasta acabar en su palacio de Pastrana. Felipe II, temeroso de que pudiera divulgar los muchos secretos que escondía y del enorme poder de la casa de Mendoza, fue limitando sus movimientos cada vez más dentro del palacio hasta confinarla en una habitación en la que finalmente moriría. La única ventana de la pieza, a la que según la leyenda Ana podía asomarse solo durante una hora al día (dando nombre a la plaza sobre la que se abre, la hoy llamada Plaza de la Hora) sería enrejada en 1590, cuando Pérez huyó a Aragón. Solo dos años después moría la princesa de Éboli. Shakespeare, estricto contemporáneo de estos hechos, coge esta historia por banda y monta una tragedia que lo flipas. 

Y hay más. Otro de los muchos capítulos que hacen famosa a Ana de Mendoza es el épico enfrentamiento entre ella y Santa Teresa de Jesús acaecido antes de su affaire con Pérez (que hoy se considera más de índole política que sentimental), cuando estaba casada con Ruy Gómez de Silva, hidalgo portugués de gran influencia sobre Felipe II. Fue el luso menino del rey y forjó con él una estrecha amistad que duraría toda la vida, de hecho le llamaban Rey Gómez. Lideraba dentro de la corte la facción ebolista (en la que militaba Pérez) enfrentado al lobby albista del duque de Alba especialmente por su forma dispar de encarar el poder, Gómez mucho más conciliador que el temible duque, tan "querido", por ejemplo, en Flandes donde devino una suerte de hombre del saco, recordemos cómo las madres neerlandesas atemorizaron a sus niños durante siglos al grito de Alba komt! Ana de Mendoza, quien por cierto tuvo con Gómez diez hijos, se empeñó junto con su marido en que Teresa de Jesús fundara no uno sino dos monasterios en Pastrana, recordemos que los Mendoza eran dueños y señores de la localidad (y de muchas otras). Y lo consiguió, siendo la villa alcarreña la única de España en la que Teresa fundaría dos conventos, uno masculino, donde vivió San Juan de la Cruz, y otro femenino. Todo iba como la seda hasta que el siempre moderado Gómez muere repentinamente con 57 años. Ana, desolada, decide en un momento de desesperación ingresar en el convento. Su carácter, mucho más espinoso que el de su marido, le lleva a chocar repetidas veces con Teresa, que también tenía su redaños, ya que no estaba dispuesta a asumir las privaciones de la regla carmelita descalza especialmente en lo referido a las exigencias de la clausura. Mucho debió costar a Teresa en estos momentos llevar a la práctica su famosa frase Nada te turbe, nada te espante. De hecho la situación se hizo tan insostenible que la santa decide huir de Pastrana con sus monjas. La noche del 19 de marzo de 1574, solo un año después de la muerte de Ruy Gómez, emprenden fuga en 5 carromatos hacia Segovia siempre temiendo ser sorprendidas por las huestes de los Mendoza, clausurando así de facto el convento femenino. Sería interesante poder viajar en el tiempo para ver la reacción de la princesa de Éboli la mañana siguiente al descubrir la desbandada. Juan Manuel de Prada en El castillo de diamante, libro que hemos "leído" en catas aleatorias ya que a menudo nos cansaba su engolado barroquismo, imagina así los improperios de la Mendoza en aquella mañana de marzo: "¡Cómo os habéis atrevido, malditas bellacas! ¡Monjas ingratas y roñosas, que mordéis la mano que os ha dado de comer! ¡Os voy a moler las costillas a puros palos! ¡Teresa maldita, cuánto os odio!". De Prada se permite la licencia poética de hacer permanecer a Teresa en Pastrana para encarar, con santa calma, la furia de Ana y tratar de consolarla sin éxito: "Ana se abalanzó entonces sobre ella, poseída de un furor preternatural, y empezó a golpearla, y también a arañarla, como si se hubiese vuelto ciega y necesitase combatir a zarpazos. Ahora, su cuenca vacía era una sima en cuyo fondo dormía alguna purulencia o viscosidad". De Prada, que quizá se venga demasiado arriba en este punto, presenta a Ana como una mujer que envidia profundamente la espiritualidad de la santa. Lo que sí sabemos con certeza es que la princesa destronada denunció a Teresa ante la Inquisición y al año siguiente ya había logrado que en su convento se establecieran nuevas monjas, las Concepcionistas franciscanas. Se podría aquí relacionar la cruel reclusión posterior de la princesa con la conocida imagen arquitectónica del "castillo interior" de la de Ávila: avanzando de habitación en habitación hacia el lugar más íntimo de nuestro ser, el espacio se amplía, las contradicciones se resuelven, las tensiones desaparecen y se entra en contacto directo con la divinidad. No sucedió seguramente así en el caso de la inquieta princesa de Éboli, quien languideció en su habitación hasta morir con sólo 51 años tras once de confinamiento en su palacio. Pascal lo expresaría un siglo después en su famosa frase: "Toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa, de no saber quedarse quietos en una habitación". Es una lástima que De Prada termine su libro antes del episodio del encierro, zanjándolo con un apresurado epílogo explicativo de poco más de una página, como si de un burdo true crime se tratara, y renuncie a relatar el progresivo agostamiento de la princesa de Éboli, enclaustrada al fin: lo que no logró Teresa Felipe lo llevaría a cabo con inmisericorde crudeza. El título de la novela hace referencia a otra de las metáforas arquitectónicas que utilizó la santa en Las Moradas: "Que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas".

Tampoco deja de tener su aquel que fuera otro Alba (Antonio Fernández Alba) el que completara junto a Carlos Clemente, a finales de los 90 del pasado siglo, el patio del palacio ducal de Pastrana que por cuestiones legales había quedado inconcluso, coincidiendo con el momento en el que el edificio pasó a ser propiedad de la Universidad de Alcalá. De dicho patio son las fotos que presiden la entrada anterior y esta de hoy, las demás son de la última habitación de Ana, observa los magníficos artesonados, obra del propio Covarrubias. Y comentábamos que sorprende la audacia high-tech con la que los arquitectos encaran el trabajo, no en vano estamos en pleno furor de la starchitecture (la obra es contemporánea del Guggenheim bilbaíno) cuando, lo decíamos también hace poco, los arquitectos eran los reyes del mambo. Hoy desde luego no creo que se hiciera así. De todas formas no es la única sorpresa similar que nos da Fernández Alba, véase el Tragabolas de Sol en Madrid, que tanto recuerda a Foster. En un principio el nuevo patio del palacio pastranero estaba encerrado por paneles de vidrio cual inmensa urna (observa los enganches que sobresalen de las columnas), pero según la excelente guía que nos enseñaba el edificio un día se desplomó uno de ellos y se tomó la drástica decisión de quitarlos todos por si acaso. A eso se le llama matar moscas a cañonazos. Si me permites, con mucha imaginación (ojo, se viene ocurrencia), podría hacerse algún tipo de conexión entre la celda que deviene la habitación de Mendoza y el claustro cristalino que Fernández Alba propone para el patio, una suerte de castillo interior (o, por seguir con las metáforas de Teresa, un castillo de diamante "o muy claro cristal"). 

Un breve apunte sobre los magníficos tapices que, como te comentaba, son otra poderosa razón para visitar Pastrana. Son considerados por los expertos como una de las colecciones de arte textil flamenco del siglo XV más importantes del mundo me dice la IA. Su valor excepcional radica en que no representan mitos o pasajes bíblicos, sino que funcionan como un auténtico reportaje periodístico de acontecimientos políticos y bélicos contemporáneos a su fabricación, en ese sentido son semejantes al de Bayeux, que también te mencionaba en la anterior entrada. Representan la toma de las ciudades norteafricanas de Arcila y Tánger por Alfonso V de Portugal y fueron tejidos en Tournai (hoy Bélgica) entre 1472 y 1475. Se encuentran en la Colegiata de la villa alcarreña y en la misma visita puedes también ver el pantéon donde yacen enterrados no pocos miembros ilustres de la familia Mendoza, entre los cuales, por supuesto, Ruy Gómez y la princesa de Éboli. Como nos comentó otra sobresaliente guía que nos enseñó dicho recinto y los tapices, puede recordar al panteón real de El Escorial pues está hecho a su imagen y semejanza aunque a una escala, obvio, mucho más modesta. Aquí están también enterrados los restos de Íñigo López de Mendoza, el Marqués de Santillana (otro Mendoza célebre), al menos los que pudieron ser recuperados tras la profanación de las tumbas del linaje alcarreño en el convento de San Francisco de Guadalajara, el primer y principal panteón familiar, ejecutada durante la Guerra de Independencia por soldados franceses que abrieron tumbas, revolvieron osarios y dispersaron restos, algo parecido a lo que hicieron en su propio país durante la Revolución Francesa (recordemos lo que sucedió con los restos de Antonio Pérez) en una feroz mezcla de rapiña y damnatio memoriae.

Este carácter galo acaso tan iconoclasta que llega al mayo del 68 nos puede servir para introducir (muy por los pelos) una exposición que hemos visto hace poco y que nos ha impactado sobremanera tras lo cual te dejaré, al fin, en paz. Se encuentra en el Palacio de Velázquez del Retiro madrileño y acudí a verla principalmente por ver cómo había quedado la rehabilitación del edificio diseñado por Ricardo Velázquez Bosco, el arquitecto por ejemplo del fastuoso ministerio de Agricultura frente a la estación de Atocha, trabajos que lo han mantenido cerrado por dos largos años. En este lugar descubrí con pasmo a Juan Muñoz, en una exposición que recuerdo vivamente porque me dejó descolocado, más o menos como esta que hoy te presento, que ofrece doscientas piezas de Fernando Sánchez Castillo, artista conceptual que desconocía. Se llama La Perla Peregrina, por una famosa joya hallada en Panamá que rondó la Corte de Felipe II (igual Ana de Mendoza pudo verla en persona o incluso probársela en un descuido de Isabel de Valois, la esposa del rey, de la que fue influyente dama de compañía) y acabó, tras ser sustraída por José de Bonaparte (los franceses de nuevo), en manos de Elizabeth Taylor: "Las perlas nacen de una intrusión. Un cuerpo extraño, a menudo minúsculo, penetra en el interior de un molusco y altera su equilibrio. Como respuesta, el organismo lo recubre con sucesivas capas de nácar que transforman una agresión inicial en una forma única. Toda perla es, así, el resultado de una negociación entre daño y forma, entre violencia y belleza. La historia opera de un modo similar. Toda violencia fundacional genera capas de relatos, imágenes y ceremonias que permiten avanzar sin mirar directamente la herida. El arte, al igual que el trabajo de Sánchez Castillo y como las propias perlas, no elimina el trauma ni lo disuelve en la tradición, sino que lo aísla, lo transforma y lo devuelve bajo una forma inesperada y singular" (más aquí). La iconoclasia, añadiríamos nosotros, es un eje central del relato de Sánchez Castillo. Hay un video, desopilante por demás, en el que la enorme cabeza de un prócer caído en desgracia (con un cierto aire a Trump), arrancada se supone violentamente de una escultura forjada para honrar su memoria, es vandalizada con fruición (vandalisme por cierto es un término creado durante la Revolución Francesa por el abate Henri Grégoire, obispo de Blois, para denunciar la destrucción salvaje de iglesias, obras de arte y monumentos del Ancien Régime a manos de los revolucionarios): es tiroteada, despeñada, quemada, arrastrada por vehículos varios, golpeada con saña, miccionada por un perro, para acabar de pesebre para alimentar a un pollino. En una esquina de la sala donde se proyecta yace la desdichada cabeza, que exhibe en su metálica superficie (imposible no tocarla a hurtadillas) los rastros de tanta furia. Otro video, de nombre Arquitectura del caballo, nos muestra a un jinete y su montura paseándose como tal cosa por los enormes pasillos y aulas vacíos de la Universidad Autónoma de Madrid, y es que, según leemos en las cartelas (imprescindible su lectura o te quedarás in albis), dicha universidad fue así diseñada en los 70 precisamente para que las fuerzas antidisturbios pudieran entrar a caballo en las facultades a reprimir las frecuentes protestas. En otro video justo al lado se ven los mismos espacios cubiertos de canicas. Lo que puede parecer una inocente imagen de poética belleza muestra la estrategia ideada por los alumnos para eludir a las fuerzas del orden: los caballos resbalaban sin remedio al pisar las pequeñas esferas cristalinas. El video que más nos impresionó fue el más arquitectónico de todos: las hipnóticas imágenes de pasillos vacios tipo Backrooms y fachadas de modernidad corbuseriana iluminados puntualmente por bengalas de color verde en la noche. De nuevo, lo que parece una muestra de arte inocuo cobra su sentido al leer la historia detrás: se trata de los edificios que rodean la plaza de Las Tres Culturas en Tlatelolco (Ciudad de México) en la que el 2 de octubre de 1968 fuerzas gubernamentales reprimieron duramente una manifestación estudiantil, dejando a su paso centenares de muertos y heridos (nunca se dieron cifras oficiales de víctimas). Dichos inmuebles, cúspide del racionalismo moderno mexicano, fueron diseñados por Mario Pani y Pedro Ramírez Vazquez pocos años antes, en plena utopía moderna, y en aquel día de octubre devinieron símbolo de la peor distopía. Desde ellos el batallón Olimpia, infiltrado en secreto, disparó hacia la plaza lo que provocó la respuesta contundente del ejército al creerse atacado por los manifestantes, quienes quedaron atrapados por un intenso fuego cruzado. Las bengalas del video también tienen su significado: unas bengalas lanzadas aquel día desde un helicóptero fueron la señal acordada para iniciar la operación. Puedes ver estos y otros videos (no te pierdas otro de mis favoritos, Pegasus Dance), aquí. También hay esculturas, como la gigantesca Tank Man, que representa al joven chino que se plantó frente a un tanque en la plaza de Tiananmen durante los, de nuevo, disturbios estudiantiles de 1989 o los restos convertidos en chatarra compactada del Azor, el barco utilizado por Franco en sus veranos cantábricos y que Sánchez Castillo compró en 2011, momento en el que, de manera harto surrealista, yacía abandonado en un pueblo de Burgos donde su propietario lo había "anclado" para convertirlo en hotel, quimera arquitectónica que nunca se llevaría a término. 

Damos ya complicado cierre a esta entrada con coda iconoclasta, ya ves. Al cabo nuestros protagonistas de hoy también tuvieron sus brotes de iconoclasia: Pérez enfrentándose al rey a la sazón más poderoso del orbe, la Éboli denunciando ante la Inquisición a una figura tan respetada en su tiempo como Teresa de Jesús, canonizada tan solo cuarenta años después de su muerte, y hasta Fernández Alba, metiendo acero y cristal a punta pala en un edificio de Alonso de Covarrubias, el arquitecto de la catedral de Toledo. La difícil negociación, tan arquitectónica, entre violencia y belleza, entre daño y forma, entre interior y exterior, entre reflexión y exhibición. Sánchez Castillo nos ofrece una suerte de metáfora involuntaria del castillo de diamante "o muy claro cristal" de Teresa de Ávila en su obra Urna para el Guernica, en la que presenta una réplica a escala de la urna diseñada por el arquitecto José María García de Paredes para proteger el cuadro de Picasso cuando por fin fue devuelto a España en aquel convulso 1981 marcado por el intento de golpe de Estado: "La urna era una arquitectura del miedo (...) que actuaba como un extraño monumento: no celebraba nada, advertía. A la vez, al aislar la imagen dentro de un contenedor hermético, no se la protegía de la historia, sino que se la seguía inscribiendo de pleno en ella"

viernes, 3 de julio de 2026

Une forme de poésie

 



Hoy toca una de nuestras más legendarias secciones, marchando un nuevo Quién sabe dónde. Me tendrías que decir dónde se encuentra esta chocante rehabilitación casi high-tech de un edificio renacentista y quién la llevó a cabo. Pistas. En esta bella localidad dos mujeres colosales colisionaron sin remedio y con ellas dos formas de estar en el mundo: la carne frente al espíritu. Y en este palacio una de ellas encontraría su Backrooms particular. Si te dejó mal cuerpo dicha película, te recomiendo El día de la Revelación, su contrapunto arquitectónico: la casa de la infancia reconstruida al milímetro como espacio para recuperar los recuerdos y superar los traumas a través de los sentidos (¿Leerá Spielberg a Juhani Pallasmaa? ¿Y a Santiago de Molina? Pues igual). Si eres boomer esta película te retrotraerá a aquellos cines de verano de techo abierto y sillas metálicas donde nuestras adolescentes espaldas aguantaban sin problema (inaudito) interminables sesiones dobles viendo Encuentros en la Tercera Fase o E.T. Como no hay dos sin tres, deja que te enlace a un videoclip en el que Pierre de Maere sitúa su nuevo tema Je pense à vous, acaso aleccionado por su madre arquitecta, en un anodino barrio moderno travestido de vernáculo de Watermael-Boitsfort, municipio a las afueras de Bruselas donde los lugareños languidecen y hasta los autos (ese ajado Ford Sierra) hace ya mucho que perdieron su glamour. El chispeante tema, ayudado por la explosiva coreografía de De Maere, consigue animar al abotargado vecindario, observa al sénior de rojo tratando de emular, con éxito incierto, el baile del flexible cantautor belga. Aquí lo tienes. Llevo varios días escuchándolo en bucle, lo mismo acabo también imitando algún paso. 



En fin. Por ayudarte con el tema que realmente nos ocupa, te paso aquí un bello boceto del pueblo donde se encuentra el edificio de marras, en primer plano, dibujado por el arquitecto autor de la rehabilitación, igual te suena. Como noto en remoto que sigues perdido voy a darte una última pista, sin duda concluyente. En esta localidad se exhiben unos tapices que, aunque más modernos, pueden rivalizar con el de Bayeux, ahora expuesto con gran fanfarria en el British Museum. Si te apetece visitarlo prepara los 38 eurillos que cuesta la entrada. Ver los nuestros te costará solo 5. Podrías estar las horas muertas observando el increíble detalle de los estandartes, las armaduras o los edificios, que aunque representan dos ciudades norteafricanas conquistadas por el ejército portugués más bien parecen reflejar urbes flamencas, acaso cerca de Watermael-Boitsfort. Acabamos ya esta flojita entrada de hoy, siempre podemos poner como penosa excusa la galbana veraniega. ¿El título de la entrada? Ah sí, está tomado de la canción de Pierre de Maere. 




viernes, 19 de junio de 2026

El síndrome de Babel

 

Probablemente el evento arquitectónico cumbre de estos días haya sido el diálogo que han mantenido en el Espacio Arquia de Madrid Marta Peris, José Toral (de Peris+Toral) y Eduardo Prieto, el autor del libro sobre Petrarca que comentábamos la entrada anterior, a tenor de lo raudo que se acabaron la entradas para el encuentro (yo llegué tarde para conseguir la mía, y mira que estoy al tanto). Es obvio que su trabajo, centrado en la vivienda, hasta hace bien poco la Cenicienta de la arquitectura según Josep Llinàs, está llamando poderosamente la atención aquí y fuera (recordemos una vez más el premio que le otorgó el RIBA en 2024). Los tres hicieron una suerte de resumen de la entrevista que se acaba de publicar en El Croquis (234), daremos aquí unos breves apuntes de lo que más nos llamó la atención de uno y otra aderezándolo con las consabidas ocurrencias que suelen adornar este tu blog. 

Empezamos con el "espíritu barroco" del estudio como dice Eduardo Prieto. Uno ve su trabajo aparentemente cartesiano y ordenado hasta la extenuación y le resulta harto curiosa la etiqueta, pero ojo, detrás de esa fijación por la retícula (obsérvese la portada de El Croquis), hay mucho más. El "espacio medido" es clave en unos arquitectos de rigor acaso obsesivo, pero no menos importante resulta el "espacio experimentado", la percepción psicológica que mediante el uso de la diagonal y estrategias cinematográficas (Marta Peris hizo su tesis sobre el reflejo de la casa tradicional japonesa en el cine de Yasujirō Ozu) lleva a pensar que existe más espacio del que realmente hay. Ya lo decía Juan Muñoz: "Creo que a los grandes artistas del Barroco se les pedía lo mismo que a los artistas modernos, construir un lugar ficticio. Hacer el mundo más grande de lo que es". Pier Vittorio Aureli, quien también contribuye con un artículo en la revista, habla de habitaciones que no son culs-de-sac sino "pasajes", "escenarios secuenciales que enmarcan el teatro de la vida cotidiana", volvemos al Barroco y sus enfilades. Aureli habla de una "matriz de habitaciones interconectadas" (Modulus Matrix llaman Peris+Toral a su bloque de Cornellà, el premiado por el RIBA), todas de iguales dimensiones que remiten a Palladio nada menos y es que, como todo el mundo sabe, la vivienda de Peris+Toral ha introducido cambios sorprendentes como eliminar el pasillo, un elemento de oscuros orígenes como nos explica el crítico italiano, quien se apoya en Robin Evans y su ensayo Figures, Doors and Passages (1978): "Según Evans, el pasillo se introdujo como un mecanismo para mantener separadas las rutas del señor y el servicio en una época de reciente antagonismo de clases. Con el tiempo, el pasillo devino en un elemento constante de la domesticidad moderna y contemporánea para facilitar el aislamiento y, por tanto, la privacidad de las estancias. Lo que se perdió con esta disposición tipológica fue, a su modo de ver, el carácter ambiguo y multifuncional de las habitaciones y con ello su capacidad para albergar diferentes usos y situaciones". Me he leído en diagonal el ensayo de Evans y me he encontrado con esta jugosa cita que transcribo con tu permiso: "La matriz de habitaciones interconectadas es adecuada para un tipo de sociedad que se alimenta de carnalidad, que reconoce el cuerpo como la persona y en el que el carácter gregario es habitual" (volvemos a la experiencia de lo táctil, véase nuestra entrada anterior). El siglo XIX introdujo el pasillo en el hogar, heredado de prisiones y hospitales, elemento que sería el reflejo arquitectónico del puritanismo victoriano (como curiosidad, que descubro en Elements of Architecture (2018) de Rem Koolhaas, la primera vez que aparece el término en inglés -corridor, del italiano corridóre- es en The Corsair (1814) de Lord Byron). Koolhaas, quien también hace referencia a Evans, afirma que la Era Victoriana, "la época más aislada y obsesionada por la separación de la historia", abrazó con fruición el pasillo en un afán de aislamiento que estaría en el origen del arraigado gusto inglés por las detached houses (o semi-detached al menos), según cuenta ahora Hermann Muthiesus en The English House (1987). Koolhaas sigue narrando curiosas anécdotas sobre el pasillo así, los diez kilómetros de túneles y pasillos que el quinto duque de Portland, propietario de todo el West End londinense, construyó en la Welbeck Abbey, una pulsión tuneladora que unos achacan a una enfermedad cutánea que, cual victoriano vampiro, le obligaba a estar siempre al resguardo del sol, y otros a una afición desmedida por la tecnología y la ingeniería (incluye fotos del estado de dichos pasillos en la actualidad); el holandés, junto a su nutrido equipo, se ocupa también, entre otras tipologías de pasillos, de la trinchera en la Primera Guerra Mundial, de los distópicos pasillos modernos que pretendían la interacción social en descomunales bloques de vivienda (las streets in the sky) y acabaron siendo vandalizados (la locura del corredor de 958 metros del complejo Corviale en Roma), estudia los terroríficos pasillos de El resplandor de Kubrick (podría hacer lo propio con los desquiciantes corredores de Separación) y hace un angustioso recorrido por el interior de las Torres Gemelas en el fatídico 11-S siguiendo el relato de algunos supervivientes que acertaron a encontrar la salida de aquel laberinto del horror. Volvemos a recomendar su lectura. 


Retomemos, volviendo brevemente al encuentro de Arquia. Otro aspecto en el que incidió Prieto (en realidad es una continuación del tema anterior), y aquí con pleno derecho dado que es un experto en el tema, consiste en las estrategias de porosidad de las que hacen gala las viviendas de Peris+Toral. Porosidad que tiene consecuencias no solo en el ámbito social como decíamos sino también en el ambiental. En lugar de convertir el apartamento en una burbuja térmica refrescada mediante medios mecánicos las viviendas se abren al exterior gracias a gradientes, filtros varios, espacios intermedios, patios y atrios que difuminan la separación de interior y exterior (nada nuevo por otra parte, pensemos en la arquitectura árabe o mediterránea), esponjan el inmueble y consiguen mantener unas temperaturas aceptables a la par que fomentan la socialización (difícil sentirse solo en un bloque tan abierto). Eso sí, comentan cómo los vecinos necesitan a menudo un periodo de adaptación pues no saben exactamente dónde comienza propiamente dicho su casa y acaban las zonas comunes (cada vecino, apuntan divertidos, coloca el felpudo en un sitio distinto). Todo ello suele suponer una "reprogramación de los hábitos" a menudo exitosa como refleja el video mostrado en la charla de Arquia donde los inquilinos cuentan su experiencia de vivir en Cornellà, devenida más que una vivienda social, una vivienda sociable a la que los arquitectos gustan de volver para conseguir feedback de los usuarios (Prieto lo llama "sistema-excepción": el rigor de Peris y Toral está abierto al cambio porque, al contrario que en el "sistema moderno" de Mies y demás popes de la racionalidad, el usuario está en el centro del proceso). Marta Peris expresa así esa deseable conexión entre arquitecto y usuario y los propios usuarios entre sí: "Asumir la inevitable condición de interdependencia que nos conecta frente a la falsa autosuficiencia que nos separa". Lo podría haber dicho tal cual León XIV, inevitable no referirse a él estos días (llama además la atención los numerosos símiles arquitectónicos que utiliza, por no hablar de su visita a la Sagrada Familia). Fíjate lo que dice en Magnifica Humanitas: "Evitemos, por tanto, el "síndrome de Babel": la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único -incluso digital- capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos". Frente a Babel, Prevost hace referencia a la reconstrucción de Jerusalén que lleva a cabo Nehemías: "No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes". En definitiva, abrazar la complejidad (la verdad es "sinfónica") y huir de las soluciones fáciles como dijo en su primer discurso en suelo español: "Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos". 


Volviendo a lo puramente arquitectónico, podríamos también establecer interesantes conexiones entre Peris+Toral y un estudio que descubrí en un reciente número de a+u (el 663) que pillé al azar en la biblioteca del COAM. Se trata de Exterior, compuesto por Tristan Chadney, Laurent Esmilaire, y Éric Lapierre con sede en París. Su Casa (experimental) para un coleccionista en Combray incorpora 16 habitaciones interconectadas, todas de las mismas dimensiones, sin pasillos por supuesto, conformando una cuadrícula obsesiva que remite al Modulus Matrix de Cornellà. El día de la inauguración del espacio dieciséis músicos en cada una de las otras tantas habitaciones se dispusieron a interpretar una pieza musical. El visitante no tenía otra que ir circulando entre los espacios idénticos para apreciar la pieza en su totalidad, en un efecto que puede recordar a la escena de una película de Ozu (inspiración como decíamos para Peris+Toral) en la que un abuelo juega al escondite con su nieto en el entramado abierto de las habitaciones de una casa tradicional japonesa, escena que Marta Peris destaca en La casa de Ozu, refundición de la tesis doctoral que le dirigió Carles Martí. En esta cita que tomamos de a+u volvemos a ver las evidentes conexiones entre el estudio parisino y el barcelonés: "Viviendas como campos de posibilidades más que tipos identificados por un número de habitaciones. Funciones no premeditadas, para no aniquilar el uso al sofocarlo en lugares precisos. Imaginación en acción: uno trabaja y come en la cocina; uno duerme en la sala; uno come en el dormitorio, uno hace yoga, ciclismo, pesas, pintura, música en el baño; uno cena en la galería, entre otros, con otros; dondequiera que uno trabaja y juega, uno se desarrolla. La fricción funcional crea usos que coagulan el tiempo en el espacio. Recordamos las cosas que hemos hecho en casa, pero ya no sabemos dónde las hicimos: la superposición de eventos a lo largo del tiempo multiplica el espacio, al igual que el plano en axonometría multiplica la percepción". Compárese con esta otra de Peris+Toral:"Proyectar consiste en construir un marco estable capaz de sostener el tiempo y permitir que la casa sea, ante todo, un espacio de posibilidad". Llama igualmente la atención cómo Experience juegan con la diagonal en su trabajo, como veíamos hacían Peris+Toral para crear un efecto cinematográfico de profundidad. Esa misma teatralidad la llevan al extremo en su bloque de viviendas en Fountenay-sous-Bois, situado junto a un cementerio. El barrio donde se inserta el inmueble da la espalda al camposanto, ignorando su cuadrícula e imponiendo otra con diferente orientación como queriéndose alejar de lo inevitable. Experience por contra coloca el edificio siguiendo la retícula del cementerio y por tanto entrando en colisión con el resto de los bloques. Supongo que no me has entendido ni papa pero uno no da para más (además no encuentro fotos en internet, tendrás que acudir a la revista). Sí que hay fotos de su obra más conocida, la Residencia de estudiantes Chris Marker en París, la más grande de la capital francesa, esforzada rehabilitación de un enorme depósito de autobuses de los 70 en la que se introducen poéticos detalles como pintar la puerta de acceso a cada habitación (hay 365) de un color distinto en función de la tonalidad del cielo parisino cada uno de los días del primer año de construcción ("un calendario de colores") o introducir dramáticas perspectivas de nuevo oblicuas que generan profundidad y dinamismo para acabar, no se puede pedir más, citando a Louis Aragon en a+u: "Lo maravilloso es la contradicción que aparece en lo real". L'Architecture Merveilleuse es de hecho un cours que Éric Lapierre, el miembro más veterano del estudio, da en la EPFL de Lausana, asignatura en la que se propone "explorar la idea de que la racionalidad en arquitectura se basa en un relato teórico escrito específicamente para cada proyecto, relato que produce a la vez la inteligibilidad y el misterio, y que la poética que caracteriza a la arquitectura resulta precisamente de esta tensión interna" (Prieto por cierto también habla de la "accidentalidad poética" de Peris+Toral). Aquí tienes a Lapierre en la foto oficial de la universidad suiza, sus cabellos ligeramente en bataille como si viniera de pergeñar un récit especialmente abstruso. En la EPFL, mira tú por dónde, Peris y Toral también están dando ahora clase como profesores invitados, ¿se conocerán? Junto a sus compañeros de estudio Lapierre ha acuñado el término surracional, que es lo que pasa cuando a fuer de tanta racionalidad acabamos deviniendo surrealistas, de ahí la cita de Aragon. Ya puestos, decir que en 2019 Lapierre comisarió la quinta Trienal de Lisboa, que llamó, como no podía ser de otra manera, The Poetics of Reason.Y por cierto, Experience van a participar en el Congreso Mundial de la UIA en Barcelona el próximo 1 de julio, congreso que se celebra treinta años después del épico encuentro de 1996 también en la Ciudad Condal que desbordó todas las expectativas, con asambleas masivas que debieron improvisar emplazamientos al no dar cabida los espacios inicialmente programados a semejante turbamulta de asistentes (Arquitectura Viva dedica su último número al evento). Cómo hemos cambiado, no parece que vaya a suceder lo mismo ahora. Iñigo Berasategui y Ane Arce (del estudio BeAr, flipa con su psicodélica página web) diseccionan esa mutación de la profesión y la disciplina en un interesante artículo que descubro en HIC y se llama, arrea, Malditos Maestros. El artículo fue recientemente publicado en una revista de nombre Engawa que desconocía por completo, habrá que echarle un vistazo. Por cierto que engawa, mira tú por dónde, es una palabra japonesa que designa el corredor perimetral de una vivienda, un elemento que Peris+Toral por supuesto utilizan con profusión. Pero a lo que iba, el artículo nos habla de ese contraste entre los 90, cuando se realiza "una arquitectura con escasa densidad política y limitada ambición cultural, cuya memoria proviene casi exclusivamente de la propia disciplina, (...) incapaz de establecer fricción con aquello que queda fuera de sus límites" pero de gran éxito mediático representada por una "generación de hacedores" y el momento actual, en el que el arquitecto se ha vuelto más reflexivo y tímido (a lo mejor demasiado, los extremos siempre son el problema) como herencia de la precarización de la disciplina derivada de la crisis del 2008 y además lo que hace es el resultado de un trabajo mucho más colaborativo: ¿Babel vs Jerusalén? Final un punto apocalíptico del texto de BeAr con buen varapalo a los arquitectos heroicos: "Maestros que quizá nunca lo fueron. Nunca quisieron serlo o quizá nunca debieron serlo". En fin, por cierto, creo que no te he puesto el enlace al encuentro de Arquia, aquí lo tienes. Nunca agradeceremos lo bastante a la Fundación que nos suban los videos de los eventos que organizan (esperamos ver algún día próximo, nos impacientamos, las entrevistas que Luis Fernández-Galiano está haciendo a un buen número de arquitectos patrios). De todas formas, no sé si lo he dicho ya, me fastidió sobremanera no poder asisitir y sentir la presencia in the flesh de Peris y Toral, con ese allure mezcla de Wuthering Heights y Blade Runner: Heathcliff y Rachael. En el quinto párrafo siempre tenemos que acabar desbarrando. Cerremos ya sesión, pardiez. 

Las fotos de hoy son del espacio Infinito Delicias, una iniciativa llevada a cabo por la Fundación Daniel y Nina Carasso y llevada a cabo por Husos Arquitecturas y elii en el distrito madrileño de Arganzuela que consiste en la rehabilitación de una antigua metalurgia (no en vano se encuentra en el llamado Barrio de los Metales) para levantar un complejo especialmente cuidadoso en términos ecológicos centrado en la alimentación sostenible y el arte ciudadano. Incluye un restaurante y una recoleta librería. Acaba de ganar el Premio FAD de arquitectura. El lema del espacio, "Donde todo fluye", podría ser también el de Peris+Toral. 








miércoles, 27 de mayo de 2026

Tocar

 


Pues ya hemos terminado Reflexiones para jóvenes arquitectos de Juhani Pallasmaa. Como no podía ser de otra manera, el arquitecto finlandés vuelve a incidir en su enfoque fenomenológico, existencial y humanista de la disciplina, valorando una percepción sensorial de la misma que sea completa ("holística") y defendiendo el infravalorado sentido del tacto (lo "háptico") frente al sobrevalorado sentido de la vista: "Tenemos el deseo de tocar, ya que el tacto, no la visión, es la prueba definitiva de la realidad (y del afecto), como cree incluso nuestra cultura obsesivamente visual. El ejemplo bíblico de la veracidad del tacto es "Tomás el incrédulo", el apóstol que no confiaba en sus ojos y que metió su dedo índice en la herida de Cristo". Frente a la frialdad emocional del diseño y la arquitectura contemporáneos, el espacio arquitectónico debe hacer sentir el abrazo del arquitecto y hasta incluso, dice el finlandés, los de la madre y el amante: "Somos forasteros en la cruda realidad del mundo natural, pero los edificios nos abrazan y nos transforman en allegados". Y más adelante apunta que los grandes arquitectos "nos prestan la sensibilidad de su piel para evocar "cómo nos toca el mundo", por emplear la hermosa idea de Merleau-Ponty para describir el impacto de las pinturas de Cézanne". Hay un magnífico ensayo también del maestro finlandés de nombre The Eroticism of Space del que no puedo evitar, abusando de tu paciencia, extraer aún esta poética cita: "Un gran edificio nos hace ver la majestad de la montaña, la silenciosa paciencia del árbol, el juego de luces y sombras, y la sonrisa en el rostro del otro. La arquitectura profunda agudiza, enfoca e integra nuestros sentidos y nos permite ver el olor de la primavera, oír la tranquilidad de la materia, sentir el tacto de la luz y percibir el sabor ácido de la piedra". Volviendo a Reflexiones, Pallasmaa propone añadir un nuevo vocablo a la célebre tríada arquitectónica de Vitruvio (la utilitas, firmitas y venustas) que no sería otro que vita

Touch (Tocar o Tacto) es el nombre de un conocido tema de Daft Punk, el dúo francés más electrónico que por contra siempre aparecían en sus conciertos enfundados en asépticos monos y rotundos cascos. Está incluido en el álbum Random Access Memories de 2013 donde hacen un repaso a sus referentes musicales, así el veterano Giorgio Moroder (padre de la música disco y autor por ejemplo del soberbio I Feel Love con Donna Summer) quien nos cuenta sus inicios en la música electrónica en uno de los temas del álbum. En Touch el dúo galo nos propone una búsqueda emocional y existencial expresada con no pocas metáforas arquitectónicas. Habla de la necesidad del contacto humano y está narrado, paradójicamente, por lo que podría ser un ente robótico, acaso un replicante al que se ha implantado un recuerdo de dicho sentido que ya no puede percibir sino como sensación remota ("Touch, touch, I remember touch, where do I belong?"). Trata de definir torpemente esa memoria borrosa ("a door behind a door, a room inside a room") mientras repite obsesivamente "If love is the answer, you're home" y termina: "Sweet touch / You've almost convinced me I'm real / I need something more / I need something more" (Dulce tacto, casi me has convencido de que soy real. Necesito algo más). Tienes el tema aquí. En su temática y mezcla de estilos podría considerarse una especie de spin-off de Memories of Green de Vangelis. Incluido en la banda sonora del primer Blade Runner (1982), es un nostálgico tema instrumental (ya hemos hablado aquí de él) compuesto para el rocambolesco álbum See You Later de 1980 y sin embargo se ajusta como un guante al estilo y concepto de la icónica película de Ridley Scott al combinar una bella melodía clásica, que además suena como envejecida, con arreglos muy electrónicos que, lejos de someterse a la melodía, actúan como elementos extraños que pululan de aquí para allá en el típico "efecto interferencia" del músico griego (uno de ellos procede de un juego electrónico de marcianitos de la época...). Esta original mezcla podría considerarse la extrapolación musical del propio concepto de la película: un mundo futuro, tecnológicamente avanzado (para algunos), que aún se resiste nostálgicamente a abandonar los recuerdos sensoriales del pasado. Su título ("Recuerdos del verde") parece también pensado ex profeso para la película, pues en la misma el color verde solo hace su aparición en el final impuesto del 82 (imágenes tomadas por cierto de descartes de El Respandor de Kubrick), final que además desaparece en la Director´s Cut de 1992, donde predominan ya de principio a fin los tonos claustrofóbicamente oscuros propios de la ciudad de Los Angeles en 2019 tal y como la ideó el genio de Scott: una urbe acabada, lúgubre y sucia, habitada por seres disfuncionales que solo desean huir al Off-World, la perfecta distopía que desde Metropolis ha sido lugar común de la ciencia ficción. Escucha el tema aquí

Touch es también el nombre de una reciente película del director islandés Baltasar Kormákur (sorprendente tras venir de dirigir cintas de acción pura y dura como Depredador dominante), donde la memoria, el tacto y la melancolía también tienen un papel central. La trama gira en torno a un viudo islandés, Kristófer, que empieza a notar síntomas de deterioro cognitivo durante la pandemia y se lanza a buscar a una antigua novia japonesa a la que conoció en Londres (para desaparecer de su vida misteriosamente) antes de que su enfermedad borre el precioso recuerdo y el Covid le impida viajar. Como en nuestras canciones pasado y presente se fusionan con gran maestría, las escenas en el restaurante japonés donde los jóvenes se conocen en los Swinging Sixties resultan especialmente cálidas y contrastan con el desangelado estado del local en la actualidad, un salón de tatuajes donde el valiente anciano no duda en hacerse uno, un kanji japonés en honor a su amada. No te cuento más. ¿Encontrará Kristófer a su enamorada o la demencia ganará la terrible carrera? ¿Podrá abrazarla al fin pese al maldito Covid? ¿Descubrirá por qué se volvió a Japón sin tan siquiera despedirse de él? Aunque quizá se exceda en melodrama (las emociones más intensas suelen surgir de la contención, v. Hamnet), es una película que te recomendamos, que de arquitectura no sabremos, pero de cine tampoco. Te dejo el tráiler

Hay personajes que, lejos de buscar con ahínco el contacto con el otro han puesto el mismo empeño en hacer el viaje contrario: huir de ese prójimo en pos de una soledad profundamente necesitada. Uno de los más famosos es Petrarca. Eduardo Prieto le acaba de dedicar un librito que me estoy leyendo con fruición (Los lugares de Petrarca. Sobre naturaleza y soledad). Anglófilos pertinaces, nunca nos habría interesado este tema si no fuera por su autor, arquitecto y filósofo del que leemos ipso facto libro que saca al mercado. Este quizá sea el más sorprendente de todos, una exquisita mezcla de literatura, arquitectura, geografía, filosofía e historia narrada con una prosa excelsa. Hablando de tocar, diré que me toca sobremanera las narices que tanto arquitecto no-filólogo escriba de manera tan excepcional. Por cierto, si me permites el toque personal (la única forma me temo de competir con la IA, esa "enésima Torre de Babel" que es necesario embridar, como dice León XIV) te diré que hace algunas semanas vi a Prieto en el aulario de las Escuelas Pías en Madrid, edificio del que hablábamos hace poco, acompañado de José Ignacio Linazasoro, autor de la rehabilitación y reciente Medalla de Oro de la Arquitectura. Profesores ambos de la ETSAM, parecían estar mostrando el edificio a un grupo de alumnos. Me acerqué por ver si me enteraba de algún dato curioso pero al ver cierta inquietud en algún estudiante por si yo era un freak peligroso (no se imaginaban cuánto), me alejé presto. Centrémonos. Petrarca, como decíamos, dedicó su vida a la contemplación y el estudio solitarios, como nos cuenta en una de sus Cartas familiares: "También tú, si no has hallado en todo el mundo ningún lugar de descanso y consuelo, retírate tras el umbral de tu alcoba  y a tu propio interior; vela contigo, calla contigo, pasea contigo, detente contigo, no creas estar solo si estás contigo: si no estás contigo, aunque estés entre la gente, estarás solo". Aquí el you´re home metafórico de los Daft Punk (el amor que con tanto denuedo quiere recuperar Kristófer) es todo lo contrario: Petrarca busca un hogar literal, refugio para aislarse del mundanal ruido (la Aviñón de intrigas sin fin), y lo encuentra en Vaucluse, un paraje provenzal de belleza primitiva en el que un poderoso manantial surge de una misteriosa cueva, sima que en tiempos remotos fue objeto de devoción animista y ahora lo es de interés geológico (Jacques Cousteau a punto estuvo de morir tratando de llegar a su cavernoso origen), así lo describe Prieto: "En su espontaneidad y limpidez, esas aguas apelaban a la intuición de un dios oculto en la roca, un dios dador de vida. Sugerían lo extraño, lo sorprendente, lo prodigioso, el milagro de la humedad que aguarda a quien sepa auscultar lo profundo. Y en su fluidez y estruendo, esas aguas golpeaban al sensorio con tanta intensidad que el espectador quedaba de inmediato aturdido, absorto en la contemplación de esa belleza". Cómo le chiflaría este libro, tan fenomenológico, a Pallasmaa. Podríamos de hecho establecer un diálogo entre los dos textos. Así, ambos hacen referencia, directa o indirecta, a Eliot (como tantos arquitectos), en su pertinaz recuerdo a los "poetas muertos", algo que Pallasmaa extrapola a la arquitectura: "Ningún arquitecto digno de su oficio trabajo solo; trabaja con toda la historia "en sus huesos", como escribe T.S. Eliot sobre el autor consciente de la tradición. El gran obsequio de la tradición es que podemos elegir a nuestros colaboradores, podemos colaborar con Filippo Brunelleschi y Miguel Ángel, si somos lo suficientemente sabios y valientes para hacerlo". Frente al "vértigo del ahora" como verdad indiscutible que dice Germano Celant, tan propio del pensamiento contemporáneo en el que el creador individual es héroe absoluto, Pallasmaa cita a Balthus: "Si una obra solo expresa a la persona que la creó, no valió la pena hacerla. (...) Expresar el mundo, entenderlo, eso es lo que me parece interesante". Compárese con esta cita de Los lugares de Petrarca: "Poblada de voces silenciosas cuyos ecos resuenan por las paredes trascendiendo siglos y lenguas, la casa es de Petrarca tanto como de sus interlocutores más apreciados: Virgilio, Cicerón, Agustín, Varrón. El poeta es consciente de ese juego, y lo hace suyo hasta el punto de redactar, en una de sus epístolas, una suerte de guía de viaje alrededor de su pequeña pero inmensa habitación literaria: un viaje a la casa de los muertos ilustres, un viaje a la casa del tiempo. A diferencia de nosotros, ofuscados por la modernidad, Petrarca sabe que la belleza no está en el brillo efímero, sino en la persistencia silenciosa de la estela".  Y aún podríamos invitar a esta reunión, si me lo permites, a un tercer libro no menos formidable de otro poeta de la arquitectura y probable discípulo de Pallasmaa. Hablamos de Arquitectura de las pequeñas cosas de Santiago de Molina, observa cómo podría estar describiendo el studiolo de Petrarca aquí: "Desde el más modesto dormitorio a cada habitante le ha sido concedida la dicha (tantas veces olvidada) de ver la simultaneidad del universo. Sin disminución de tamaño. En toda su complejidad. Y sin necesidad de salir a la calle. (...) Del mismo modo que "el ser humano" depende de cierta condición esencial, cada persona "está" en el mundo gracias a las "estancias". Desde el seno de la habitación se extienden las raíces de su crecimiento personal y social". En el capítulo dedicado a la pared, ese elemento que nos separa (nunca del todo) de nuestro prójimo, nos recuerda que el (con)tacto, por mucho que se empeñe Marina Abramović, no siempre es deseable: "Las paredes solo impiden la última amenaza insoportable, la del tacto. Nos aíslan del contacto físico no deseado. Por eso resultan membranas de una privacidad incompleta, aunque tolerable. A esa tolerancia nos hemos dado llamarla civilización". Deslumbrados ante tan brillantes fogonazos, gozosamente aturdidos, cerramos párrafo para tomar aliento. 

El sueño arquitectónico de muchos es un retiro al estilo Petrarca pero sin escatimar lujos ni metros cuadrados. Los libros, opcionales. Y ya puestos si el casoplón puede estar frente al mar en una remota isla griega con diseño de Fran Silvestre (este mismo a mí me valdría), miel sobre hojuelas. A esto por cierto Catherine Slessor, exeditora de The Architectural Review y hoy aguda crítica de The Guardian y Dezeen lo llama porn architecture (o archporn). Durante la pandemia nos hicimos eco de un duro artículo que escribió sobre el tema en el que repartía estopa cosa fina, aquí te dejo botón de muestra: "Mientras haya casas, el porno arquitectónico estará con nosotros, lanzándonos un descarado guiño que nos diga "vamos, sabes que quieres". Pero, mientras ciudades como Londres sigan su vaciamiento provocado por la desorbitada subida del precio del terreno y las propiedades, la construcción de silos para apartamentos cuyo único fin es la especulación y la falta de vivienda asequible, mientras las casas se consideren simples símbolos de status y repositorios de capital, entonces el fetichismo por las casas de ensueño parece una distracción de grotesca crueldad, un zurullo envuelto en oropel". Esta semana pasada hemos podido ver a Luis Fernández-Galiano hablando sobre este y otros temas en una presentación de nombre "La ciudad saludable. Lecciones de la pandemia” para la Fundación Ibercaja en Zaragoza a la que siguió un diálogo con Sergio Sebastián, interlocutor muy oportuno pues es bilbilitano como don Luis y está ampliando el Museo Goya en la capital maña, intervención que será inaugurada en octubre con una exposición comisariada por el mismo Fernández-Galiano y Estrella de Diego. Constatar en primer lugar con gozo que don Luis, otro vate de la arquitectura, sigue en plena forma. Intacta vemos su pulsión peripatética, que le lanza como accionado por un resorte a andar, enérgico, por todo lo largo y ancho del escenario (y fuera de él) nada más empezar su disertación, en la que se dedicó a defender la ciudad densa como es habitual en él ("el cemento es más verde que el césped" es una de sus frases icónicas). La ciudad, nos dice don Luis, sale siempre airosa de sus "condenas", destacando tres: la ciudad insalubre consecuencia de la Revolución Industrial (el Londres de Dickens), la ciudad moderna (la utopía devenida en pesadilla de rascacielos sin alma que deriva en Blade Runner) y la última, la pandemia, que se hizo fuerte en nuestras populosas urbes. Podríamos completar el cuadro viajando al siglo XIV y volviendo a Los lugares de Petrarca: el poeta italiano, según nos relata ahora Eduardo Prieto, echaba pestes de Aviñón ("la apestosa Babilonia de Occidente" la llamaba), ciudad que por entonces bullía con aluviones de gentío que acudía a la ciudad al calor de la corte papal y apenas daba abasto para gestionar semejante turbamulta. La higiene, como es de imaginar, pronto devino problema crucial (de ahí lo de "apestosa") y fue Benedicto XII el primero de los papas que se preocupó del tema, construyendo un sistema de alcantarillado a imagen y semejanza de la Cloaca Maxima de Roma. Prieto nos recuerda que fue el Víctor Hugo de Los Miserables el primer literato en hacer justicia en su tiempo a ese submundo oculto y sucio pero indispensable: "La historia de los hombres se refleja en la historia de las cloacas", decía el francés, a lo que Prieto apostilla que son "el depósito donde se cobijan los secretos de la sociedad bajo forma de restos a los que les es imposible mentir sobre su origen, pues no discriminan entre ricos y pobres, buenos y malos. Somos lo que comemos, pero también lo que desechamos y defecamos". Fernández-Galiano también hace referencia a ese submundo miasmático del que nada queremos saber y cita no a Víctor Hugo sino a Norman Foster, quien considera todo un héroe a Sir Joseph Bazalgette, ingeniero victoriano que diseñó las cloacas de un Londres azotado por el cólera, y a Francesco Milizia, quien un siglo antes ya decía que el mejor edificio de Roma era, lo adivinaste, la Cloaca Maxima. "El inodoro es la zona existencial de interacción -al nivel más íntimo- entre los humanos y la arquitectura". No, esto no lo dice Pallasmaa sino Rem Koolhaas en su monumental (2.333 págs.) Elements of Architecture: al baño, entorno al cabo también fenomenológico (y háptico), dedica el ingobernable libraco un estudio histórico lleno de curiosas anécdotas (te selecciono una, que esto ya se nos está yendo de madre: el inodoro con cisterna es un invento inglés, de 1592 nada menos, a cargo de Sir John Harrington aunque solo se haría popular en la Inglaterra victoriana, que hubo de encarar un grave problema: los excusados desaguaban directamente en el Támesis, momento en el que entra en juego Bazalgette, el héroe de Foster, quien creará un sistema de cloacas diferenciado único hasta ese momento; para 1877 la de fontanero ya era una profesión también casi heroica por su contribución a la salud pública hasta el punto de que Eduardo VII, príncipe de Gales, a punto de no contarlo por culpa de unas severas fiebres, dijo en una revista de la época: "Si no fuera Príncipe, sería fontanero"). Pero un momento, percibo en remoto que no te ha quedado claro lo de que el cemento urbano es más verde que el césped petrarquiano, con lo bonito que es el campo. Vamos a ver, cariño, si los 3,5 millones de habitantes de Madrid nos fuéramos a vivir a casitas remotas, ¿te imaginas el coste y el destrozo de llevar todas las infraestructuras necesarias a cada una de ellas? ¿O es que estarías dispuesto a excretar bajo un pino (o a compostar con gusanos, que para el off-grid no valemos todos)? Llegados a este punto convendrás conmigo que de nuevo es menester un cambio urgente de párrafo para airear el ambiente. 

Ya en rápidas pinceladas, que no quiero abusar más de tu tiempo, comentar que el mensaje acaso más importante que nos quiso dejar Fernández-Galiano en Zaragoza, en un momento de especial crisis de acceso a la vivienda (vuelvo al archporn), es que es imprescindible construir más, defendiendo incluso la cantidad sobre la calidad. Aplaude la reciente decisión de las autoridades madrileñas de aumentar en un 50% la densidad de los nuevos barrios previstos y lamenta el pobre tejido urbano del que adolecen las PAUS de la capital precisamente por su baja densidad. Obsérvalo en las dos fotos que te traigo hoy, ambas de Madrid: la primera, de Méndez Álvaro, donde los potentes bloques de viviendas se tocan en estrecho abrazo (acaso demasiado estrecho); la última, de la desangelada PAU de Las Tablas. Habla don Luis de muchas otras cosas, así sobre la "fragilidad" que Sebastián le propone al hilo del nuevo Pritzker Smiljan Radić (quien hace unos días ofrecía una poética pero deslavazada charla en la UNAM mexicana de oportuno título Arquitectura Distraída, pero juzga tú mismo), fragilidad que al director de Arquitectura Viva le hace poca gracia: "la arquitectura tiene que durar"; "la fragilidad es una dolencia, no una virtud"; "hace falta una arquitectura que resista las cicatrices del tiempo". 

Nos vamos ya con un proyecto que descubrimos en Metalocus y queremos destacar al hilo de lo que acabamos de ver. Se trata de la rehabilitación de un imponente bloque para alojar trabajadores de una empresa siderúrgica en Košice (Eslovaquia). Levantado en los años 60 por Ladislav Greč y Róbert Kandrík, arquitectos que es obvio pusieron los cinco sentidos para crear un inmueble perdurable, se encontraba en un estado de conservación tan penoso que muchos habrían visto con buenos ojos su demolición. Sin embargo, el estudio local Atrium Architekti le ha dado nueva vida adecentando las zonas comunes, que lucen realmente atractivas, recuperando la lacónica belleza original de las inmensas fachadas y dotando a los pisos, que tienen poco más de 20 metros cuadrados, de una distribución, equipamiento y terminaciones más actuales. Los apartamentos son pequeños, cierto, pero así se empieza, y al menos ofrecen más independencia que un piso compartido. Tienes en su web abundantes fotos donde puedes comparar el triste antes y el sugerente después del edificio, preparado para resistir unas cuantas décadas más. 




domingo, 3 de mayo de 2026

Unir los puntos (2)



Hace unos días Fuensanta Nieto, la mitad del estudio Nieto Sobejano, era admitida en la RABASF con un trabajado discurso en el que describía su obra como un complejo equilibrio entre memoria e invención, "entre lo esperado y lo imprevisto", con una geometría tajante ejerciendo de fiel de la balanza, un juego de espejos en el que cada espacio creado es un eco de otro alojado en el recuerdo. La idea del espejo como estrategia compositiva quedó realzada con la inclusión al final del discurso de la pieza Spiegel im Spiegel (Espejo en el espejo) de Arvo Pärt, de una intrincada sencillez acaso como la obra del estudio madrileño. La elección del músico estonio es obvia, uno de sus edificios más conocidos, y quizá el más cautivador, es el Centro Arvo Pärt, que nos recuerda, por su perfecta integración en un entorno natural de gran belleza, al Anillo de José María Sánchez en Cáceres que mencionábamos en la pasada entrada. En la contestación al discurso de ingreso, Luis Fernández-Galiano, siempre intenso, recalca la rotundidad formal del dúo como uno de sus rasgos principales, incidiendo en su "abrupta esencialidad" y su "aire desafiante", y es que el apego a la memoria no impide que sus numerosas intervenciones en edificios patrimoniales hagan gala de propuestas verdaderamente valientes, dando lugar a "obras que obligan a mirar como si nunca lo hubiéramos hecho antes". Acaba don Luis con mención a The Waste Land de T. S. Eliot, oportuna teniendo en cuenta que el americano hablaba de la mezcla de memoria y deseo en abril, el mes más cruel (Memoria e invención es el subtítulo del discurso, que se leyó en un abril nada cruel para Nieto). En fin, frente a las pálidas y casi temerosas intervenciones que hoy copan los premios arquitectónicos, el intrépido trabajo del estudio madrileño nos deja boquiabiertos. No es este el lugar en el que hacer un estudio de su obra, pero sí que podríamos destacar al menos una, que además es favorita nuestra, y ver cómo se produce en ella ese juego de ecos, espejos y memoria. Se trata del Museo Joanneum en Graz (2006-2011), una intervención en tres edificios históricos separados por un espacio vacío y cerrado a los ciudadanos. En lugar de hacer lo típico, levantar un potente inmueble que conectara el deslabazado conjunto, Nieto y Sobejano optan por hacer su intervención subterránea, creando sobre ella una plaza de uso público en la que se horadan cuatro pozos de luz circulares, una suerte de conos de vidrio que dejan pasar luz natural al interior del recinto subterráneo y de noche aportan luz a la nueva plaza, que a menudo sirve como escenario para eventos artísticos o culturales (más aquí). En el discurso de la RABASF, Nieto conecta esta intervención con el recuerdo de otras dos que al igual que la de su estudio van más allá de una mera actuación arquitectónica para convertirse en logros urbanísticos: el Pompidou parisino, con su amplia plaza, y el MASP de Lina Bo Bardi en São Paulo, un edificio revolucionario abierto en 1968 que pone en solfa la concepción tradicional de museo. Se eleva sobre cuatro pilares liberando el espacio inferior para la ciudad (fotos), vuelvo a Fuensanta Nieto: "Esta operación lo transforma en escenario de manifestaciones, encuentros informales y expresiones culturales, haciendo del museo una extensión del tejido urbano más que un simple contenedor de arte". No menos subversivo es su interior a la hora de presentar las obras, expuestas sobre atriles cristalinos en mitad de las salas dejando la parte trasera del cuadro al aire. Habla Estrella de Diego para el catálogo de la exposición que sobre la arquitecta italobrasileña organizó la Fundación March: "Es la fragilización del visitante entrenado en medio de un espacio expositivo puesto patas arriba. Sobre todo en este punto radica la fuerte dimensión política de Lina Bo Bardi, que se va subrayando en cada uno de sus gestos: el recorrido zarandeado donde no hay hacia detrás o hacia delante y que no impone -ni permite- caminos prefijados; las cartelas camufladas, las obras desveladas para cualquiera y el descubrimiento de lo no considerado como digno de ser visto; la posibilidad de una elección entre leer y mirar, entre conocer y percibir. Dicho de otro modo, Bo Bardi abre la posibilidad de acercarse al museo como quien se acerca a un escaparate (...). Por este motivo, su subversión tiene una impronta tan radical: presentar "la obra de arte como trabajo, como profecía de un trabajo al alcance de todos". Y por eso quiere liberar a las obras de su condena a ser "momias", al permanecer los viejos valores incluso en las instalaciones contemporáneas". Pese a su apariencia moderna, brutalista, el MASP es por tanto un museo que se adelanta décadas a la manera de entender hoy estas instituciones, lugares abiertos a la "cultura de masas", para pavor de puristas a los que Bo Bardi se enfrentó sin miedo. En otro de los artículos del catálogo, Emilio Tuñón nos recuerda que durante un tiempo dicho espacio abierto bajo el museo alojó un popular circo: "Y esa coincidencia entre el Circo Piolin y el MASP reafirmó la idea de que era un museo planteado como lugar de desinhibido encuentro de diferentes mundos paralelos: el mundo de la gravedad y el de la levedad, el mundo de lo permanente y el de lo temporal, el mundo de lo abstracto y el de lo concreto, el mundo de lo moderno y el de lo tradicional, el mundo de la arquitectura y el de los juegos, el mundo del pensamiento y el del sentido del humor... Mundos todos ellos que, sin duda, formaban parte de la compleja, enigmática e idiosincrática personalidad de una creadora absolutamente inusual como era la arquitecta y artista Lina Bo Bardi" (te puedes descargar el copioso catálogo de la exposición aquí). El juego de oxímoron de Tuñón tiene curioso reflejo en el Joanneum de Nieto y Sobejano, en el que, habla Fuensanta, "la nueva plaza para los ciudadanos y visitantes sugiere que la profundidad de una idea arquitectónica puede hallarse, paradójicamente, en su superficie". Te enlazo al video del discurso de ingreso. 

No es la primera vez que Nieto y Sobejano hacen referencia a los espejos de la memoria como generadores de sus proyectos. En la revista a+u 502 (2012), dedicada a cuatro estudios madrileños, el dúo colabora con un jugoso texto (La ventana y el espejo, marcos de pensamiento) en el que señalan que los proyectos que les parecen más interesantes son aquellos que "parecen surgir del intento de conectar anomalías, asociaciones azarosas, hechos arbitrarios. (...) El elemento clave de la pieza arquitectónica paradójicamente reside en los lazos entre situaciones aparentemente sin relación. El marco que contiene un cuadro dentro de otro y así sucesivamente, una imagen que Georges Perec relacionó con la idea de que "cada trabajo es el espejo de otro", sugiere una arquitectura concebida como un mecanismo combinatorio, un juego de reflejos múltiples". Y señala, tal como se hace en el discurso de ingreso, que muchos de sus proyectos fueron concebidos a partir de imágenes y recuerdos; aportan ejemplos previsibles (la secuencia de espacios en la mezquita de Córdoba, los tejados renacentistas de Graz, las geometrías escondidas en las celosías islámicas, aquí no mencionan el MASP), pero también, para mi pasmo, otros inesperados como los intentos de "desvelar la estructura interna de los escritos de Kafka, Borges o Perec". La metáfora del espejo (visión subjetiva al interior) se complementa con la de la ventana (visión objetiva hacia el exterior): "Partimos de puntos al azar, ocultos en el espejo de nuestra mente o percibidos a través de la ventana que enmarca nuestro entorno. Nos limitamos a establecer conexiones" hasta completar lo que denominan un "puzle imaginario". De todas formas, si te ha picado la curiosidad sobre el estudio madrileño (con despacho también en Berlín), deja que te recomiende la que es sin duda la mejor antología sobre ellos, el AV 257-258 (2023) en el que son los propios arquitectos los encargados de explicar sus últimos trabajos en cuidados textos citados a menudo literalmente en el discurso de Nieto para la RABASF. En la monografía podemos también ver reflejados en fotografía los edificios o piezas artísticas que están en el origen de las formas y planteamientos de muchos de sus proyectos. 

Volvemos al "unir los puntos" que ya comentábamos a colación de Steve Jobs o Agustín Fernández Mallo. Y podríamos citar más ejemplos. Hace un par de semanas me encontraba en un video del museo danés de arte moderno Louisiana una charla de Bjarke Ingels donde comentaba que durante sus años de estudio en la escuela de arquitectura de Copenhague, con clases que le parecían infumables y excesivamente especializadas, solía hacer pellas para irse a la biblioteca y dedicarse a leer libros elegidos al azar o porque llamaban su atención. Comenta el arquitecto con gozoso entusiasmo cómo, al cabo del tiempo, se daba cuenta de que dichos conocimientos (recuerdos más bien) aleatorios terminaban engarzándose unos con otros como por arte de magia para conformar un curioso syllabus mucho más interesante que las clases formales.  

Estoy leyendo Reflexiones para jóvenes arquitectos (2024) de Juhani Pallasmaa, un libro especialmente adecuado para tu seguro servidor que ni es arquitecto ni joven. Vamos, que engorda aún más mi síndrome del impostor. Partiendo de las Cartas a un joven poeta de Rilke, el octogenario arquitecto y crítico finlandés ha reunido en varios ensayos otras tantas charlas que dio en la Escuela de Arquitectura Fay Jones en Arkansas (para la que Grafton Architects acaban de hacer una muy comentada ampliación). Cita, como hacían Nieto y Sobejano, a Borges, uno de sus "escritores de arquitectura" favoritos. La sintonía con los madrileños es total: "Quiero proponer que la fuente real, y quizás la única, de una sensibilidad arquitectónica poética y de la capacidad creativa sea la propia identidad: nuestras mentes, nuestras historias y experiencias personales". Poco después llama a la arquitectura "pensamiento existencial", señala que es "una continuación y una extensión de nuestros cuerpos y mentes, recuerdos e imaginaciones" y concluye el primer capítulo citando a Rilke, quien recomienda a su joven discípulo lo siguiente: "Usted mira hacia fuera, y eso es sobre todo lo que no debería hacer ahora. (...) Solo hay un medio. Adéntrese en sí mismo. (...) Excave usted en sí mismo en busca de una respuesta profunda". En otro capítulo habla del pensamiento sensorial y la atención periférica, donde relata el momento en el que dejó de pensar de una manera racional, moderna, centrada en la precisión y la certeza y, tras la lectura de Anton Ehrenzweig, optó por un pensamiento "vago" (impreciso) y una "atención difusa". Cita a Ehrenzweig, quien postula: "Toda estructura artística es esencialmente "polifónica": no sigue en su desarrollo una única línea de pensamiento, sino varias a la vez que se superponen unas a otras. De ahí que la creatividad requiere una especie de atención difusa, desperdigada, ajena y contraria a la que solemos poner en juego cuando pensamos con lógica". Y concluye: "Es esta mezcla indefinida, informe y en interacción involuntaria de imágenes, asociaciones y recuerdos la que parece ser la base mental necesaria para la intuición creativa". Me ha llamado la atención que el autor de la excelente traducción, Moisés Puente nada menos (fundador de Puente Editores), no haya incluido en el título en castellano el Rootedness del original inglés (Rootedness: Reflections for Young Architects), término que podría traducirse como arraigo, tan de moda estos días por cierto.  

Atenas, Junio 2001. La cálida noche de un verano incipiente acoge a un alucinado público al interior del Olympieion, el Templo de Zeus Olímpico, para un evento único. Comenzado en el 530 a. C. y diseñado para convertirse en el mayor templo del mundo conocido no se terminaría hasta el 124 de nuestra era bajo el emperador Adriano, una "carrera contra el tiempo" en palabras de Filóstrato. Aristóteles lo compara a las Pirámides de Egipto, Vitruvio lo alaba como uno de los cuatro templos más importantes de la época y menciona los nombres de sus arquitectos. Ocupando una superficie de 33.000 metros cuadrados al sureste de la Acrópolis tenía 110 metros de largo y 44 de ancho con 104 imponentes columnas corintias de mármol pentélico y 17 metros de altura de las que hoy solo se conservan 14 junto con otra derribada por un terremoto en el siglo XVIII. Era casi el doble de grande que el Partenón. Aquella noche como te digo iba a celebrarse allí un concierto (Mythodea) muy especial con sopranos, coro, orquesta y los sintetizadores del músico heleno Vangelis, quien compuso la música del evento para la misión Mars Odyssey de la NASA. Memoria e invención unidos de nuevo. Fíjate lo que escribía Vangelis en el folleto editado para la ocasión: "La ciencia y la mitología fueron temas que me fascinaron desde mi más temprana infancia. Escuchaba dichas historias de mi familia y la gente que me rodeaba. Y así es como comencé a recordar. Con el paso del tiempo me di cuenta de lo importante que es recordar, recordar tan profundamente como puedas. Es evidente que dentro de nosotros toda la historia humana y al mismo tiempo todos los códigos de la creación y la evolución del universo están implantados. Urano y Gaea, la batalla de los Titanes y la batalla de los Gigantes, el rapto de Europa, los Argonautas y el vellocino de oro, Teseo y el Minotauro (...), entre otros, eran y son algunos ejemplos de las áreas por las que dejo volar mi imaginación y mi música. Y cada vez que recuerdo... descubro y revelo algo más. Así que Mythodea es una pequeña porción de este espacio, una pequeña porción de mi conexión con la memoria, que puede ser más fuerte que el aprendizaje, siempre que así lo permitamos". Un cronista sin parangón te narra aquí el evento, que por supuesto también está en Youtube

Friquis furiosos que somos de no pocas cosas, nos tranquilizó sobremanera ver cómo Norman Foster en una charla organizada hace unos días en Ivorypress se declaraba freak paradójico tanto del automóvil, recordemos la fantástica exposición que comisarió en el Guggenheim de Bilbao, como de la bicicleta, es un consumado ciclista aún hoy a sus 90 años (Deyan Sudjic en Norman Foster. Arquitectura y vida da el pasmoso dato de que en su adolescencia se iba en bicicleta desde Mánchester al Lake District en el día, son más de 200 kilómetros en total) y Elena Ochoa nos comentaba que cuando está en Madrid se da sus buenos paseos en bici por la Casa de Campo. También es un freak absoluto, como todos sabemos, de la ciencia-ficción. Criado en una familia modesta, en su casa entraban pocos libros y su lectura se centraba en el número semanal de Eagle, una revista ilustrada para adolescentes que ofrecía diseños futuristas, relatos de ciencia ficción y detallados diagramas que mostraban las complejas tripas de todo tipo de máquinas y edificios singulares. Es evidente de dónde le viene su vena high-tech, de los recuerdos adolescentes de esas lecturas, volvemos a Sudjic: "El Eagle provocó la consecuencia inesperada y totalmente involuntaria de criar a toda una generación de arquitectos high-tech". Ya puestos, comentar que en Ivorypress compartió el arquitecto protagonismo con Janette Sadik-Kahn, la activista a favor de la movilidad sostenible famosa por haber conseguido introducir un sistema de bicicletas públicas en Nueva York, crear 600 kilómetros de ciclovías (separadas del tráfico) y peatonalizar Times Square nada menos mientras era Comisionada de Transporte en el ayuntamiento neoyorquino entre 2007 y 2013, intervenciones que tuvieron, en palabras de Foster, un ripple effect (efecto en cadena) en muchas otras ciudades del mundo. Sadik-Kahn, que se denomina sin empacho una street-fighter, recordaba enjundiosas anécdotas de su paso por el ayuntamiento neoyorquino, sus propuestas, que hoy vemos con tan buenos ojos, tuvieron a menudo una oposición frontal de vecinos y comerciantes, quienes pensaban que la peatonalización iba a reducir su actividad (sucedió justo lo contrario). Una de las anécdotas que más gustó fue la que sucedió el día de la inauguración de la Times Square peatonalizada. El mobiliario urbano no llegó a tiempo y Sadik-Kahn, atacada de los nervios, decidió en el último momento conseguir para la ocasión sillas playeras que tuvieron un éxito total, inundando la plaza aleatoriamente de gente cómodamente sentada para ver, lejos por una vez del ajetreo urbano, el espectáculo de un espacio icónico pacificado. Me ha recordado una experiencia similar que narra Izaskun Chinchilla (habría hecho un trío perfecto en el encuentro de Ivorypress) en La ciudad de los cuidados. En 2016 el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso de diseño llamado Bancos para Compartir del que ella fue jurado. Se presentaron 218 propuestas y la que Chinchilla defendía proponía un sistema de sillas plegables de alquiler que daba libertad al usuario para plantar la silla donde más le gustara, algo similar a lo que se hace en Hyde Park (Izaskun es profesora de la Bartlett School en Londres, y se nota). Demasiado bottom-up para nosotros, la propuesta fue eliminada en la primera ronda para desazón de la arquitecta: "El problema de que de forma casi sistemática se cortocircuiten los proyectos que requieren de una gobernanza colaborativa en aras de evitar el conflicto no es solo que se perpetúa en el tiempo la imposición de los intereses de un grupo sobre la diversidad de las y los ciudadanos; es que, además, dejamos de trabajar en mecanismos de diálogo social que solo funcionan con la práctica y con el adiestramiento reiterado de procesos de construcción de confianza". Chinchilla tiene ahora mismo en la Casa de la Arquitectura de Madrid una trabajada exposición, Bienestar en la Ciudad, muy recomendable y que merecería un señor catálogo (por cierto, aparece el Bath georgiano como ejemplo de "lugar perfecto para conseguir pareja", si recuerdas en la anterior entrada hablábamos de la tesis que sobre dicha ciudad -El Caso Bath- elaboró José María Sánchez). Por terminar el párrafo como lo empezamos, con Foster, decir que él también sabe mezclar con arrojo memoria e invención. Sus intervenciones en el museo de Bellas Artes de Bilbao y el Salón de Reinos del Prado van a buen ritmo (en ambos concursos Nieto y Sobejano fueron finalistas). 

Me parece que ya te he zarandeado bastante por hoy. Las fotos son de la ampliación que Nieto y Sobejano hicieron del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, acaso la intervención más delicada de su carrera. Termino con cita de Borges (extraída del arranque de Reflexiones de Pallasmaa): "Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara"