domingo, 18 de octubre de 2026

Puzles

 


Hoy, sin que sirva de precedente, sincronizaremos texto y fotos. Como habrás adivinado, se trata de la ampliación del Museo Sorolla, último trabajo de Nieto y Sobejano que acaba de abrir sus puertas en Madrid. Más pequeño de lo que esperábamos, el que fuera taller de automóviles se ha reconvertido en un espacio luminoso, como no podía ser de otra manera tratándose de un espacio dedicado al maestro valenciano de la luz, una pieza encajada a la perfección bajo un edificio de viviendas de 6 plantas y sobre un párking de dos niveles y que se unirá próximamente a la casa del pintor, donde hasta ahora estaba el museo. Haciendo honor al reciente discurso de ingreso en la RABASF de Fuensanta Nieto que ya comentamos (El museo en mutación. Memoria e invención), el estudio madrileño dicen haber buscado "un equilibrio entre memoria e invención de modo que la ampliación contemporánea surge, en cierto sentido, como un reflejo de nuestra interpretación de la casa original", así las cubiertas a dos aguas con tragaluces que reinterpretan el taller del pintor, un patio acristalado que recuerda el patio andaluz de la casa histórica o los nuevos jardines sobre la azotea, un guiño a los recoletos parterres inspirados en el Alcázar de Sevilla y la Alhambra y que sólo podrán ver los vecinos del inmueble situado sobre el antiguo taller. 

Lo que más nos gustó es el potente contraste que se establece entre el largo pasadizo inmerso en una buscada penumbra, que funciona como vestíbulo del recinto, y la entrada propiamente dicha a las nuevas salas, inundadas de luz gracias al patio y los lucernarios. ¿Recuerdas cuando hablábamos este verano del Museo da Luz pensando que nos íbamos a encontrar un museo dedicado a la luz del Alentejo y luego resulta que se llamaba así por el nombre del pueblo (Luz)? Pues al final lo logré: la ampliación de Sorolla sí que es un espacio dedicado a la luz. El nuevo recinto cuenta también con un salón de actos, que lleva el nombre de la esposa y mecenas del artista, Clotilde García del Castillo, un almacén y un taller de restauración. Falta, con todo, conectar esta nueva pieza como decimos con la mansión, que ahora está en proceso de restauración y mejora de las instalaciones. Dicha delicada intervención, también llevada a cabo por por Nieto y Sobejano, dotará al edificio histórico, entre otros, de un ascensor, una cafetería y accesos mejorados. La entrada principal seguirá siendo, como antes de la ampliación, por este edificio, que da a la calle Martínez Campos, quedando la nueva entrada, en Zurbano, para grupos y carga y descarga. De hecho la escueta fachada del nuevo espacio, elegante pero áspera, puede querer recordar su antiguo uso industrial. Yo casi habría preferido éste como el acceso principal (de esa manera además se evitaría tocar los bellos jardines de la casa). En el interior de este nuevo museo de bolsillo puede verse la puerta, acristalada por ahora, que conectará ambas piezas, verdadera prueba de fuego del proyecto aunque parece evidente que el nuevo recinto, dispar pero al mismo tiempo vinculado al edificio original, pasará la prueba con nota. De todas formas quedan dos años aproximadamente para comprobarlo.

La ampliación del museo, como ves, ha funcionado como un pequeño puzle que por un lado ha encajado a la perfección con el denso tejido urbano donde se inserta y por otro conectará como decimos con el señorial casón histórico del pintor, diseñado, justo es mencionarlo, en 1910 por el arquitecto Enrique Repullés y Vargas en estrecha colaboración con Sorolla. En la pequeña exposición que aloja el nuevo espacio pueden verse cartas del artista, entonces en Nueva York, dirigidas al arquitecto con detallados dibujos de distintas partes de la casa. Repullés, prestigioso profesional madrileño que llegaría a dirigir las obras de la Catedral de la Almudena y conoció a Berlage y Cuypers en el congreso de arquitectos celebrado en Madrid en 1904, fue también académico de la RABASF y experto en el diseño de edificios escolares, aunque quizá su obra más significativa sea el edificio de la Bolsa de Comercio de Madrid. Puede verse un retrato realizado por el valenciano en la exposición. 

El tema del puzle tiene su enjundia. Me ha recordado una cita que a modo de prólogo introduce Luis Fernández-Galiano en el segundo volumen de Las Grandes Esperanzas, una antología de piezas escritas por el crítico, profesor y director de Arquitectura Viva entre los años 1976 y 1992. La cita que te digo está tomada de La vida, instrucciones de uso (1978) de Georges Perec, novela dedicada a la memoria de Raymond Queneau, cofundador del grupo OuLiPo, en el cual Perec desarrolló su pasión por los juegos de palabras, anagramas y puzles. El libro, que puede recordar a aquel mítico cómic nuestro (13 Rue del Percebe), se estructura en torno a la vida en un laberíntico bloque de viviendas parisino y está planteado como un rompecabezas según nos cuenta el propio autor ("Todo el libro se ha construido como una casa en la que las habitaciones se unen unas a otras siguiendo la técnica del puzzle"). Pero vayamos a la cita que nos elige Fernández-Galiano: "Al principio el arte del puzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheorie: el objeto considerado (...) no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, una forma, una estructura: (...) no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen (...): solo cuenta la posibilidad de relacionar esa pieza con otras (....): solo las piezas que se hayan juntado cobrarán un carácter legible, cobrarán un sentido: considerada aisladamente, una pieza de un puzle no quiere decir nada, es tan solo pregunta imposible, reto opaco; pero no bien logramos (...) conectarla con una de sus vecinas, desaparece, deja de existir como pieza (...): las dos piezas milagrosamente reunidas ya sólo son una, a su vez fuente de error, de duda, de desazón y espera". 

Es curioso que en uno de los fragmentos que como te comentaba encontré en internet de The Sniper´s Log de Alejandro Zaera-Polo, nuestro francotirador confeso, nos topamos con un planteamiento que puede recordar al de Perec. En el inicio de un artículo sobre Herzog y de Meuron (el libro es otro compendio de escritos aparecidos en distintas revistas) dice lo siguiente: "Este texto no es ni una descripción ni una interpretación, juicio ni manifiesto. Creo que la función más productiva que puede tener una crítica arquitectónica es actuar como una máquina desterritorializadora, utilizando la arquitectura como pretexto para hablar de otra cosa, para crear ensamblajes que establezcan redes con otros territorios, ampliando las zonas de influencia de la arquitectura, transgrediendo sistemáticamente los límites de otras ciencias en busca de nuevas metáforas". Cómo nos recuerda también a Teoría General de la basura de Agustín Fernández Mallo. Como buen francotirador, el autor de la desterritorializada estación de Birmingham, inspirada por el dinamismo del ferrocarril y la distorsión producida por la velocidad, es una pieza difícil de encajar (como su estación): "El francotirador se oculta y ataca sigilosamente, evitando la confrontación directa con el enemigo y eludiendo las reglas de combate del campo de batalla. Cuando la corrección —ya sea política o moral— se convierte en el camino más rápido hacia el conformismo, la ambigüedad moral del francotirador constituye un modelo prometedor para una nueva forma de teoría que nunca cae en la complacencia". Como ves, Zaera-Polo escribe como proyecta, sin hacer rehenes. 

Te traigo aún una tercera antología de artículos (microensayos) de otro autor que también mencionábamos en la anterior entrada. Se trata de Filosofía mundana de Javier Gomá, que acabo de empezar. Su autor es director de la Fundación Juan March (aquí le puedes ver trabajando duro en su despachazo) y de la cátedra de Ejemplaridad en el CUNEF (cargo que debe ser chungo, a la mínima que cometas un desliz siempre habrá un graciosillo para recordarte que no estás dando buen ejemplo). Es también, y principalmente, un prolífico escritor de temas filosóficos con una variopinta formación (licenciado en Filología Clásica y Derecho, doctor en Filosofía) y una marcada vocación literaria que le ha llevado a componer varias obras de teatro, te recomiendo que te des una vuelta por su página web. La verdad es que estoy disfrutando de sus textos, profundos pero al mismo tiempo accesibles, escritos con verdadero primor y a menudo un fino sentido del humor. Permíteme una pequeña muestra que también tiene algo que ver con el tema de hoy; en un artículo de nombre Reconciliados con la imperfección, afirma: " Lo imperfecto del mundo es, en efecto, triste si se compara con esa jovial plenitud del cosmos que las Musas celebraban. Pero hay otra perspectiva que prescindiendo de comparaciones libera las potencialidades positivas de la imperfección. No deberíamos nunca dejar de asombrarnos de que exista el ser y no la nada, porque, como dice Fernando Savater, la muerte nunca podrá arrebatarnos la victoria de haber vivido. Además, a veces uno conoce experiencias iluminadoras -pasión, ternura, belleza sorprendida, epifanías de la vida cotidiana- en las que pareciera que se eleva en éxtasis por sobre los fragmentos de la existencia y se proyecta a una totalidad de significado en el que por un momento las piezas parecen encajar otra vez". Y dichas "experiencias iluminadoras", efectivamente, no hace falta que sean grandes momentos, a mí me bastó con ver el otro día, por enésima vez, Mejor...Imposible. 


Si el puzle existencial es a menudo complicado, pero apasionante, de completar, no es menos complejo el puzle que podríamos llamar social. En una época de feroz individualismo pocos están dispuestos a limar asperezas para encajar en una "estructura" que decía Perec, preferimos permanecer "reto opaco" que devenir tibios gregarios, porque, como decía aquel anuncio, yo lo valgo. Volvemos al francotirador, al hombre-isla de John Donne. Gomá da buena cuenta de esta obsesión moderna en Filosofía mundana, no creo sea casualidad que el primer apartado de los 10 en los que está dividido el libro lleve por título Individualidad. En el texto llamado Tú eres muy especial habla del cambio crucial que se produjo en el Romanticismo, cuando se pasó de creer en una "realidad acabada y normativa" que el hombre sólo podía atreverse a copiar, a valorar por encima de todo la subjetividad personal según la cual "ser hombre es ser distinto del mundo y de los demás hombres", un genio excelso que lleva a gala no encajar, y apunta: "Hay dos maneras de distinguirse sobre la "indistinta" medianía: siendo excepcional o siendo extraordinario. Es excepcional quien se singulariza saliéndose de la norma común, como hacen la mayoría de los extravagantes héroes de las novelas modernas; es extraordinario quien sigue esa norma pero destaca sobre los demás al llevarla a un rango superior de perfección y cumplimiento". En La domesticación del Romanticismo parte del relato Tonio Kröger, una obra de juventud de Thomas Mann, para volver sobre lo mismo: "Tonio Kröger señala una dirección contraria: no anular el yo romántico -por supuesto que no: está en el origen de nuestra individualidad- sino educar sus excesos y civilizarlo. La era del conflicto irrebasable ha terminado; ahora se trata de desbrozar la escondida senda que conduce a una reapropiación consciente y voluntaria de los límites inherentes a la convivencia". Deja que en este punto te recomiende otro libro verdaderamente interesante: La memoria del orden, de José Ignacio Linazasoro, el arquitecto de las Escuelas Pías de Madrid. Viene a querer decir, en somero resumen, que el hombre y la mujer modernos han renunciado al orden de manera voluntaria porque lo consideraban un corsé agobiante y antiguo y han preferido la libertad de los caminos inexplorados. Loable, pero hay un precio que pagar. El orden era armonía, proporción y equilibrio, la individualidad es desconcierto, azar y ansiedad. Y, para más inri, el ansia de totalidad, de alguna clase de orden o sistema, está ahí, nos espolea aunque a la par nos incomode, pues somos conscientes de que al cabo es necesario para no andar como vacas sin cencerro. Lo que parece claro es que hoy pocos se atreven a ser abiertamente normativos. Equivale a ser un perfecto muermo cuando no un señoro reaccionario. Ser normal, palabra a menudo utilizada erróneamente para excluir al otro, pero que significa simplemente seguir unas normas mínimas de convivencia, no está de moda. Con excepciones, claro. En un reciente informe médico del marcapasos que le colocaron a mi padre hace algún tiempo el médico señala que el dispositivo es, ojo al palabro, normofuncionante. Es obvio que no querríamos tener un marcapasos original o creativo, pero por supuesto hablamos de una máquina, no de un ser humano. ¿Y si te doy a elegir entre un conductor de autobús dado a las extravagancias al volante y otro normofuncionante, cuál prefieres? Ya, pero ¿y los artistas?, me espetas, ellos sí que tienen que ser originales y romper con furia todas las normas. Pues ahora voy y te cito al Goethe de Natur and Kunst (1802): "Quien aspire a grandes cosas debe concentrar sus fuerzas; en la limitación se revela el maestro y solo la ley puede darnos la libertad". Me dirás, infatigable, que este señor es muy antiguo.Vamos a ver, antes mencionamos al grupo OuLiPo, y aquí ya estamos en lo más creativamente rabioso y subversivo del siglo XX. Uno de los principios de la que denominan "literatura potencial" (la Ouvroir de littérature potentielle, de ahí lo de OuLiPo) se basa en las llamadas constricciones (contraintes), normas que el propio autor se impone en el momento de la creación. Dos de los casos más conocidos de escritura con constricciones son las novelas La Disparition (1969) y Les Revenentes (1972), de nuestro Georges Perec, el del arte del puzle. La primera está escrita sólo con palabras que no incluyen la letra e, la más frecuente en el idioma francés. La segunda es su contrapunto: no incluye ninguna vocal más que la e (¿no me crees?). Y en su primera edición tiene ¡126 páginas! ¡Y sin IA! Pero vayámonos aún más cerca. En un arrebato de furor intelectual, en 1984 Luis Fernández-Galiano escribe un artículo de corte apocalíptico que ya hemos citado aquí varias veces pues nos dejó noqueados, lo descubrimos en el Arquitectura Viva 169  y lo volvió a incluir en Las grandes esperanzas, el libro que te mencionaba antes donde aparece la cita del "arte del puzle" de Perec. Fernández-Galiano, un hombre de orden, tras decir en resumidas cuentas que esto es un sindiós, se lía la manta a la cabeza y propone en dicha revista, como continuación al artículo, nada menos que la creación de un nuevo orden. Sugiere reconstruir la disciplina arquitectónica a base de descomponerla y luego recomponerla siguiendo un orden arbitrario, que don Luis decide sea el orden del alfabeto. Crea un "diccionario de fragmentos" que acompaña de un "racimo de textos" de géneros diversos que los sitúen en el espacio y el tiempo. Y así busca en los clásicos cercanos tanto literarios como académicos (Machado, Bachelard, Giedion, Benevolo, Alberti -los dos-, García Lorca, Aleixandre, Semper, Jencks y así hasta 126) citas referidas al elemento o fragmento en cuestión (el cimiento, el muro, el balcón, la alcoba y así hasta 32), para acabar apuntando que todo es un empeño inútil, poco más que un juego intelectual: "Y, por consiguiente, ante nuestro dilema pedagógico: construyamos un sistema ficticio, convencional sin duda, pero exacerbado en su voluntad simétrica, un remedo de sistema en su exagerada sistematicidad, un sistema ensimismado y descreído que nos permita, como quería Borges, 'perseguir los lúcidos placeres del pensamiento y las secretas aventuras del orden'". 

Necesitamos referentes. Y especialmente nuestros jóvenes, más perdidos aún que nosotros, presuntos adultos. Uno se pregunta, mezclando ya churras con merinas, si el desastre de PISA, más allá de los chivos expiatorios de rigor (el móvil, la IA, que también), radica en algo mucho más profundo y complejo: que ya nadie quiere formar "estructuras", un orden, un marco de vida en el que (y contra el que) nuestros adolescentes puedan desarrollarse, rebelarse y por tanto crecer. No tenemos tiempo, por favor, no voy a derrochar mi genio maravilloso en algo que no sea yo mismo. McLuhan ya hace un puñado de décadas hablaba del "aula sin muros", todo y todos enseñamos, no sólo el sufrido profe abandonado a su suerte, y de mucho antes es el conocido proverbio africano según el cual Para educar a un niño hace falta la tribu entera. ¿Y cómo anda la tribu? Responde tú mismo. 

Llegados a este punto ya nos hemos perdido sin remedio así que toca cerrar de manera taxativa. Vuelvo al museo Sorolla de Nieto y Sobejano, que nos trae luz y orden y sabe encajar sin aspavientos. Casi nada. Compárese con esta ocurrencia que te enlazo no sin antes avisarte de que las imágenes pueden herir gravemente tu sensibilidad (luego no me vengas llorando). Ahí va. 









martes, 6 de octubre de 2026

Rubbish in, rubbish out

 


Entre ruina y basura la línea es fina. No pocas veces la ruina deviene escombro. Y sin embargo, a veces se produce el milagro por el que la piedra desechada encuentra nueva vida. El último, en Gante de la mano del estudio londinense Carmody Groarke en colaboración con ATAMA y RE-ST, quienes insertan sin complejos una nueva ala en el Museo de Diseño de la ciudad al objeto de otorgar unidad a tres edificios de épocas dispares (el Hotel de Coninck del siglo XVIII, la Huis Leten del XVI y un edificio erigido en los 90 del siglo pasado) donde hasta ahora la institución se desparramaba de manera algo caótica. En tan delicado y fragmentado tejido la nueva construcción crea un centro de gravedad según Lena Brandt que además amplía el espacio expositivo en más de un 30%, convirtiéndolo en el museo de diseño más importante de Bélgica (reabrió este sábado) y lo hace sin timidez, alzando sus seis pisos sobre el bello skyline gantés y dialogando con él mediante un perfil que remite a los hastiales típicos de la región pero de manera más sutil que el dramático mercado que en la misma ciudad diseñaron Robbrecht en Daem y Marie-José Van Hee, que vaya susto. El nuevo inmueble "completa más que compite" en palabras de Brandt, quien compara la intervención con la de Zumthor en la Fundación Beyeler de Basilea o la de Chipperfield en el Neues Museum de Berlín, donde "nueva construcción y ruina coexisten sin pretender encajar con perfecta fluidez". Pero a lo que iba, la aportación quizá más interesante de la nueva ala es el material con el que está construida, 82.000 ladrillos de cal hidráulica elaborados a partir de material de desecho y que además tienen hasta nombre propio, el "Gent Waste Brick for DING", DING son las siglas de la nueva ala del Museo de Diseño de Gante, acrónimo de Design in Ghent y a la vez apropiado juego de palabras ya que ding en neerlandés significa "cosa". Dicho ladrillo se desarrolló como un prototipo específicamente pensado para el nuevo edificio con una tonalidad que armonizara con el resto de las construcciones de la zona. Se compone de un 63 % de hormigón y vidrio reciclados procedentes de los residuos de la ciudad (obtenidos en un radio no mayor de 8 kms) con cal local como aglutinante. Los ladrillos no se cuecen sino que se curan, sí, como el jamón, primero durante dos semanas en un ambiente húmedo y luego al aire libre durante 60 días, minimizando así el consumo energético. El material adquiere su resistencia mediante la carbonatación mineral, un proceso en el que el carbonato de calcio reacciona con el dióxido de carbono del aire. Según los fabricantes, a lo largo de sus 60 años de vida útil el Gent Waste Brick produce solo un tercio del carbono que un ladrillo de arcilla belga convencional, por lo tanto, el uso de este material en el nuevo edificio del Museo del Diseño ahorraría 107 toneladas de CO₂. Tienes más información en este artículo de BauNetz. Junto a ello, la empresa belga BC materials desarrolló un procedimiento limpio y sencillo para cortar el ladrillo que puede realizarse in situ en una unidad de procesamiento móvil, incluso por residentes y visitantes del museo que aprenden así de manera práctica los beneficios del reciclaje también en arquitectura. Dicha empresa ha realizado otros proyectos similares partiendo de algas para el Lot 8 de Arlés (donde trabajaron junto al estudio Assemble para renovar un antiguo edificio ferroviario) o de conchas para la rehabilitación del edificio EcoHanok para la Bienal de Gwangju en Corea del Sur con el mismo equipo que en Francia y donde echaron mano del famoso verso de John Donne (No man is an island, ningún hombre es una isla), tuneado para la ocasión como No building is an island para expresar que ninguna construcción existe aislada de su entorno, sino que interactúa de manera directa con su contexto. 

Llegados a este punto acaso te estés preguntando que pinta tras semejante introducción el título de la entrada de hoy, porque contradice lo que acabamos de plantear. Rubbish in, rubbish out (Basura dentro, basura fuera) es una expresión del mundo de la informática que viene a querer decir que si introduces información o datos de mala calidad en un ordenador, por muy avanzado que sea, lo que obtendrás seguirá siendo basura. Me chiva la IA que el primer uso público de dicha expresión puede ser un artículo publicado el 10 de noviembre de 1957 en The Times en torno a los matemáticos del ejército estadounidense, quienes en su peculiar jerga utilizaban la expresión "Garbage in-Garbage out" (Garbage es basura en inglés americano) en su incipiente trabajo con los monumentales ordenadores de la época, expresión que de hecho devino acrónimo (GIGO). Ya en su tiempo Charles Babbage (1791-1871), pionero de la informática, había planteado esta cuestión. Desconocía la expresión y curiosamente, aunque como vemos en arquitectura no aplica, la descubrí hace unos días utilizada por un arquitecto, Bjarke Ingels en concreto, en una charla con Norman Foster que albergó Ivorypress, evento premium que estuve a punto de perderme a pesar de llegar con tres cuartos de hora de antelación. Con tu permiso paso a modo chascarrillo (breve) por aquello de sazonar la entrada y darle un toque personal. Tras varios parones en el lento avance de la interminable cola, especialmente largo el último ya casi a las puertas, y cuando empezábamos a perder la esperanza de poder entrar, admitieron a un pequeño grupo más que acabamos alojados en una sala de reuniones localizada en una especie de mezzanine sobre el salón de actos. No veíamos directamente a los ponentes pero teníamos un pedazo plasma desde donde pudimos seguir perfectamente el evento, además de estar cómodamente sentados en unas sillas de diseño y rodeados de un ambiente soberbio, todo en blanco nuclear, con un aire retrofuturista ligeramente high-tech que me recordó de pronto a la Skybreak House, que hiciera tremenda aparición en La naranja mecánica. Además fue Elena Ochoa in person la que nos condujo al espacio. Más no se puede pedir. 

Te decía que la expresión que da título a la entrada fue introducida por Ingels en una conversación que mantuvo con Foster tras presentar varias de sus obras, entre las que por cierto no estaba el GOe donostiarra y eso que es uno de sus últimos trabajos. Hablando sobre el reto de la IA en arquitectura el danés venía a decir que, sin menospreciar el avance que suponía (al igual que lo había supuesto el paso del dibujo a mano al diseño por ordenador), le preocupaba que el uso de la inteligencia artificial iba a suponer ejercitar cada vez menos el "músculo" del cerebro. Y ahí, creo recordar, es cuando sacó a relucir lo de Rubbish in, rubbish out: sin ejercitar la mente difícilmente seremos capaces de plantear los prompts adecuados a la formidable máquina. Ante una pregunta pobre, la respuesta también será pobre por muy sofisticada que sea la IA. Es obvio que a ambos arquitectos, a los que separan 39 años como recordaba con cierto humor Ingels, les une un optimismo desbordante y una afición por los retos (había algo de rey y delfín viéndoles juntos), como cuando el Lord arquitecto señalaba que en un momento determinado en su estudio se decidieron a diseñar edificios de atención sanitaria atraídos por el hecho de ser un campo en el que nunca habían trabajado, lo que a su vez les permitía aportar una perspectiva mucho más "fresca" a esa especialidad. Es justo ahí, añadía, cuando se encara un trabajo sin experiencia ni lastres previos, el momento en el que surgen las "grandes preguntas" y se pueden introducir valiosas innovaciones. Decir por último que precisamente hoy se estrena la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao que ha llevado a cabo el estudio de Foster, tan distinta a la del DING (quizá porque en el entorno del Bellas Artes no había nada con lo que mereciera la pena dialogar) y en cuyo concurso, por cierto, compitieron BIG (el estudio de Ingels), Moneo o Nieto y Sobejano, Fuensanta Nieto también estaba presente en el acto de Ivorypress. De paso diremos que está a punto de reabrir el Museo Sorolla en Madrid, que Nieto y Sobejano han ampliado, vaya octubre de interesantes reaperturas que tenemos. 

Tercer y último tema de hoy. Si recuerdas, en la entrada anterior hablábamos de un artículo de Alejandro Zaera-Polo y de un libro suyo publicado en 2012, The Sniper´s Log. The Architectural Chronicles of Generation-X ("El diario del francotirador. Crónicas arquitectónicas de la Generación X"). He encontrado por internet fragmentos del libro que me han dejado claro que está bastante fuera de mi alcance intelectual aunque como nos atrae lo de pelearnos con un texto abstruso, lo he encargado (no es un libro fácil de encontrar). Nos ha recordado al S,M,L,XL de su mentor Koolhaas, que también nos obligó a sudar la camiseta (no pocas veces fantaseaba, durante su farragosa lectura, en arrojarlo por la ventana de mi piso, algo poco adecuado porque el libro pesa 3,2 kilos y vivo en un 5º), mucho más recomendable es, también de Koolhaas, el Elements of Architecture, otro tochazo en el que por cierto participó Zaera-Polo, en el capítulo dedicado a las fachadas. En la introducción a The Sniper´s Log explica el madrileño con estudio en Londres (AZPA, hasta hace muy poco AZPML) el curioso título : "Aquí es donde el francotirador vuelve a ser un modelo. A diferencia del filósofo o el científico, el perfil inconformista del francotirador se presenta como un mejor protagonista para una epistemología contemporánea del presente. Disparando desde posiciones cambiantes a objetivos en constante movimiento, siguiendo una implacable trayectoria de movimientos tácticos sin necesidad de alineación con otros agentes, interactuando directamente con un terreno en permanente transformación..." (Zaera-Polo parece pasar olímpicamente del No man is an island de Donne) y se dice perteneciente a la Generación X en su "afición por las travesuras" y su carácter relativista, cínico y nómada, ilustrando el texto con fotos de celebrities pertenecientes a dicha generación, que estaría embutida entre los boomers y los millenials (aunque Zaera-Polo, nacido en 1963, sería técnicamente un boomer según la categorización "oficial", debe molarle más ser X). Para entonarme me he releído, en diagonal, Generación X (1991, 1995 primera edición en español) de Douglas Coupland, libro que los treintañeros de entonces leímos con fruición (sí, yo también estoy entre boomer y X) y está prologado por Daniel Verdú nada menos, quien califica el texto del americano de "libro insignia de los 90". Zaera no hace alusión al libro de Coupland en la introducción del suyo, ¿lo habrá leído? No creo que estuviera de acuerdo con esta afirmación que Verdú hace de los "Gen X": "Los X carecen de furor reivindicativo", sí seguramente aprobaría estas otras: "No se han gestado como rebeldes sino como residuos. No se sienten solidarios sino individuos. No son piña; son la peña. No tienden a manifestarse sino a desaparecer. No constituyen un movimiento, se encuentran, en su mayoría, parados". Hombres/mujeres isla, por tanto. Y aquí podemos conectar, en oblicuo, con el tema de hoy. Efectivamente, los X, los de Coupland al menos, tienen una cierta obsesión por el residuo y el bajofondismo (downshifting, imagino) como traduce Mariano Antolín Rato, un histórico de la traducción, acaso el último beat y primer underground español, alumno del tremendo Gustavo Bueno, compañero de viajes de Antonio Escohotado, traductor de no pocos malditos como Burroughs, Baudelaire o Kerouac y experto en la cultura americana (descubre su alucinante vida aquí). La ruina/basura aparece no pocas veces de forma casi poética en el libro de Coupland, a menudo como oposición a los pijos yuppies, generación (más bien categoría cultural bajo el paraguas boomer) que a su vez reflejara con verdadera mala baba Easton Ellis en American Psycho. Hablando de los yuppies dice Andy, el narrador de Generación X: "¡Qué pagados de sí mismos! Se consideraban águilas que construían nidos formidables con ramas de roble y cañas de mimbre, cuando en vez de eso eran más bien como las águilas de aquí de California, que construyen sus nidos con trozos de coches abandonados que parecen coles de Bruselas cogidas de un sandwich -silenciadores oxidados y cintas de ventilador herniadas-, objetos abandonados en la carretera que encuentran descoloridos en los arcenes de la carretera de Santa Mónica  -sillas de jardín de plástico, tapas de poliuretano de neveras portátiles y esquíes rotos-, objetos baratos, vulgares, tóxicos que o bien se descomponen en cuestión de minutos o se mantendrán esencialmente en el mismo estado hasta que nuestra galaxia se convierta en supernova". El trío de inadaptados que presenta Coupland huyen de la ciudad para refugiarse en el desierto (Palm Springs), viven abrumados por la amenza nuclear (Chernóbil queda cerca), trabajan en Macjobs (trabajos basura) y odian todo lo que huela a consumismo, representado por los centros comerciales (invento estadounidense para más inri) mientras, como en una versión posmoderna de los Canterbury Tales, se narran unos a otros historias a cuál más surrealista para matar su tedio existencial. El libro, para mí por lo menos, ha envejecido mal. Aunque es más probable, obvio incluso, que el que ha envejecido sea yo. 

La conexión entre The Sniper´s Log y Generación X parece evidente, aunque como decimos Zaera-Polo no hace referencia (en la introducción al menos) al libro de Coupland, publicado en 1991. Nos preguntamos si podríamos establecer alguna relación a su vez entre dicho libro y el ya mencionado S,M,L,XL (1995). No sé, ambos comparten el intento de reflejar una época, el dichoso Zeitgeist, uno desde una perspecitva más sociológica, otro arquitectónica, con un estilo pop y desenfadado. También en el diseño de página (con esas notas al margen que describen conceptos que supuestamente definirían esos tiempos, a menudo con rasgos cómicos) podríamos encontrar parecidos. No me suena que Koolhaas mencionara en su libraco a Coupland o la generación X (me da una enorme pereza comprobarlo como comprenderás), pero sí es cierto que hay un personaje que los conecta, aunque más bien a posteriori: Hans Ulrich Obrist, célebre crítico de arte, comisario de exposiciones, director artístico de la Serpentine londinense (desde 2006) y escritor suizo, autor junto a Coupland y Shumon Basar de The Age of Earthquakes (2015) con claras influencias de McLuhan y una maquetación también muy pop, y su continuación, The Extreme Self (2021). El mismo trío llevaría a cabo varias exposiciones que presentarían las ideas de dichos ensayos, así, Age of You,  Welcome to the Age of Present o The Extreme Present. También he encontrado, mira tú por dónde, una colaboración entre Coupland y Bjarke Ingels, BIG ART (la verdad es que la caudalosa web de Coupland es una verdadera caja de sorpresas). Más conocida es la cooperación entre Obrist y Koolhaas para numerosos proyectos, el suizo entrevistó al holandés en Rem Koolhaas. Conversaciones con Hans Ulrich Obrist y juntos han comisariado varias exposiciones ya desde los 90, así Cities on the Move, sobre las transformaciones de las ciudades asiáticas, de donde surgiría el libro Project Japan: Metabolism Talks (2011) o Mutations (2000), presentada en el arc en rêve de Burdeos y que también devino libro. Pero quizá la colaboración más importante entre Obrist y Koolhaas se haya producido cuando el holandés diseñó el Serpentine Pavilion de 2006, momento en el que Obrist acababa de asumir la dirección artística de la institución, y juntos organizaron la 24-Hour Interview Marathon, en la que, durante 24 horas, entrevistaron a arquitectos, músicos, científicos, etc. Restaría sólo, por tanto, cerrar el triángulo conectando a Koolhaas con Coupland, eso ya te lo dejo a ti. 

Terminamos ya, tendrás ganas (y yo). Casi se me olvida, la foto que preside la entrada de hoy no es del DING, como sería quizá lógico. Últimamente me ha dado por subir sólo fotos mías, así que, aunque bien que nos gustaría viajar a Gante, tengo que apañarme con inmuebles más cercanos como éste, esperamos que la tontería se nos pase pronto. Se trata del Palacio del Hielo y del Automóvil, un soberbio caserón centenario de fascinante historia que soportará una transformación similar al museo gantés y que dormía el sueño de los justos a la vera del hotel Palace en Madrid tras sufrir intervenciones de Muguruza y Fisac nada menos. El inmueble va a ser resucitado para convertirse en una suerte de segunda sede del Thyssen que albergará obras de la Colección TBA21 de Francesca Thyssen-Bornemisza, una colección con un marcado enfoque ecológico y una decidida voluntad de transformación social, así que no sería de extrañar que en un futuro veamos alguna exposición de Obrist y Coupland allí. Acabamos con artículo de Javier Gomá para El Mundo de nombre Libre y con compromiso que nos ha encantado, a ver qué te parece: "Sólo nos es posible vivir en primera persona del singular, pero hemos nacido de esa primera persona del plural que son los padres y vamos formando con el tiempo otras personas plurales de nuestra elección: una familia, una red de amigos, una empresa. Cada uno de estos nosotros surgió para alcanzar un bien que trasciende al individuo y que sólo disfrutan quienes se comprometen seriamente con sus fines superiores. El compromiso no se contrapone a la libertad, sino que, al contrario, la lleva a cumplimiento. Por eso declararse libre y sin compromiso denota el infantilismo psíquico de quien no está aún preparado para permanecer fiel a sus decisiones. Peor es el compromiso sin libertad propio de súbditos obligados a alienarse en el altar de algún colectivismo. El único estado que define debidamente al ciudadano en plenitud de facultades y señor de sus actos es el de libre y con compromiso". No man is an island, o sea.




sábado, 19 de septiembre de 2026

Ruinas

 


Sublimes ruinas (contra la arquitectura 'woke') es un contundente artículo de Alejandro Zaera-Polo publicado estos días en ABC. El apocalipsis distópico parece también encandilar al antiguo alumno de Harvard, exdecano de la Escuela de Arquitectura de Princeton, colaborador de Koolhaas y autor junto a Farshid Moussavi de la compleja terminal de Yokohama, a la que Luis Fernández-Galiano calificó, cuando se inauguró en 2002, de "proeza profesional (...) que convierte a Zaera en el arquitecto español más importante de su generación" tras imponerse a otras 660 propuestas presentadas. "La mejor arquitectura contemporánea es la ruina" comienza el artículo, que se pasea por los destrozos de la guerra de Ucrania o los escombros de Gaza, pero también por las magníficas fotografías de un Detroit desvencijado; en este punto recomendaríamos el blog Ruin' Arte, que muestra también soberbias fotos de un buen número de edificios abandonados en este caso en Portugal, un país donde ruina y saudade son señas de identidad. El arquitecto madrileño continúa regalándonos una certera definición tomada de Georg Simmel, un intelectual tan independiente como él (Zaera-Polo se define como francotirador en su libro The Sniper´s Log) : "la ruina es el instante en que la naturaleza reconquista el artificio humano. La hiedra devorando las piedras de la ruina evidencia la fragilidad de lo artificial y su sino inevitable". Las ruinas actuales, sin embargo, no fascinan ni hablan de pasados nostálgicos sino que reflejan de manera brutal intimidades violentadas, "la ruina doméstica de la víctima". La ruina nos devuelve a una visión sublime, trágica y matérica ("tercamente física") de la disciplina arquitectónica, que Zaera-Polo contrapone a la arquitectura que llama woke: "Frente a un mundo del arte ocupado en la representación, la posicionalidad y el lenguaje, la ruina reafirma la realidad bruta de la masa, la gravedad y la muerte". Una arquitectura que, tras los excesos del deconstructivismo (una forma espuria de evocar la ruina) y el espectáculo, "renunció a erigirse por miedo a ofender" refugiándose "en la penitencia y la piedad". Zaera-Polo es otro arquitecto hambriento que demanda una profesión "que vuelva a responder de su peso antes que de su discurso; que trabaje la piedra, el hormigón y la luz como hechos y no como metáforas o como máximas proferidas en neolenguas; que recupere la forma, la escala y la geometría sin pedir perdón. Ni la monumentalidad del poder ni la penitencia de la culpa: la seriedad de lo que está construido para durar". La herida de Princeton, universidad en la que vivió un infierno profesional, sale a relucir en un texto que puede recordar al amargo Sin arquitectura de Francisco de Gracia, libro del que hablábamos en la entrada anterior. Con todo, no acabamos de entender a qué llama exactamente arquitectura woke, contra la que se posiciona ya desde el rotundo título de su artículo. Si es la ejemplificada por "el pabellón participativo y la ciudad de los cuidados" (¿andanada contra Izaskun Chinchilla?), a los que califica de arquitectura "provinciana", o sea, una práctica que se abaja para preocuparse por el bienestar básico del ciudadano, no nos parece que dicha forma de entender la profesión sea criticable, más bien al contrario. Si se refiere, como señala en el artículo de El Confidencial, a una disciplina contaminada por "la intensificación artificial de la diferencia por motivos políticos" en la que el relato ideológico de turno cuenta más que las realidades objetivas de una profesión que es (o debería ser) más técnica que artística y en la que los chamanes de rigor con licencia para cancelar establecen tabúes intocables, entonces es obvio que sí que habrá que rebelarse contra ello. El precio a pagar es alto (la marginación), por ello es de justicia destacar la heroica valentía del francotirador. Como también es de justicia alabar la astuta habilidad del surfero que sabe nadar y guardar la ropa (pienso aquí en Bjarke Ingels, otro que fuera en tiempos, como Zaera-Polo, brillante escudero de Koolhaas, surfero máximo). Lo que está claro es que nos gustaría ver a nuestro fancotirador prodigarse mucho más en medios, charlas, comisariados y otros eventos arquitectónicos: el debate, especialmente el incómodo, es muy enriquecedor (¿Te imaginas un cara a cara entre Zaera-Polo y Jaque? La bomba). 

El pasado día 11 hemos conmemorado los 25 años de otras ruinas no menos terribles que las de Ucrania o Gaza. He releído los artículos que Fernández-Galiano escribió en Arquitectura Viva, la única revista especializada que dedicó al atentado de las Torres Gemelas un número completo. El mismo 12 de septiembre el profesor y crítico firmaba un artículo para El País que terminaba así:  "Este refinado diseño de la piel de los colosos proporcionaba a los dos esbeltos prismas del distrito financiero de Manhattan una apariencia abstracta, lindante con lo metafísico, que los había convertido en algo más que una postal de la ciudad de Nueva York: las Torres Gemelas eran la imagen más rotunda y persuasiva del poder del dinero y de la tecnología, una imagen exacta de la razón geométrica que el delirio de la barbarie ha transformado hoy en una ruina humeante y violenta" y unas semanas más tarde volvía sobre el tema ejerciendo como es habitual de certero oráculo en un texto que conecta con el de Zaera-Polo: "En una última ironía de la historia, el que fue llamado «primer edificio del siglo XXI» había sido presentado por su ingeniero Robertson como capaz de aguantar la colisión de un Boeing 707, por entonces el avión de mayor tamaño: el 11 de septiembre las Torres Gemelas resistieron en efecto los impactos de sendos Boeing 767, pero no la carga de fuego de sus depósitos de queroseno, abastecidos para un viaje de costa a costa, y la obra más importante de Yamasaki se convirtió en la primera ruina de un siglo que se adivina pródigo en ellas". Y sin embargo, por fortuna, don Luis no forma parte de la nómina de apocalípticos de pago y en un artículo posterior en el que hace un recuento del año 2001, concluye así: "[2002 es] un año que pese a todo es obligado iniciar con esperanza. El que se cierra celebró el aniversario de Walt Disney, un genio del siglo XX que se dio a conocer durante la Depresión con la parábola optimista de Los tres cerditos, que no temían al lobo feroz de la crisis económica como hoy deberíamos esforzarnos en no temer al lobo feroz y ficticio del islam o al lobo feroz y funesto del terror". 

La foto de hoy, por cierto, es del castillo de Mourão, en el Alentejo. Hace gala de unas matéricas ruinas que apetece tocar con fruición. Por aquí anduvieron los hermanos Arruda nada menos, Francisco, quien diseñara la Torre de Belém, y Diogo, autor de parte del Convento de Cristo en Tomar y, probablemente, de la célebre Janela do Capítulo. 

Nos despedimos con otro francotirador, Arturo Pérez-Reverte, que el pasado domingo se estrenaba como columnista de lujo en El Mundo con un artículo de nombre La venganza del Mediterráneo. La ruina hace también aparición. Marchando cita (la última, ánimo): "El Mediterráneo escucha impasible, con la atención que dedicaría a unas gaviotas discutiendo por una raspa de sardina. Vendrá la próxima ola, borrará las huellas en la arena y todo acabará como hace tres mil años, aunque gracias a la modernidad que nos cabalga, más confuso todavía. Ésa es la venganza. (...). También caerán las ideas políticas. Las fronteras cambian, los mapas se redibujan, los himnos nacionales caducan. Pero el Mediterráneo seguirá haciendo lo mismo: mezclar gentes, mercancías, lenguas, músicas, recetas, sangre, con esa indiferencia propia de él y de sus dioses hacia las certezas humanas. Triturará identidades para fabricar otras nuevas, igual de imperfectas, igual de asombrosas, igual de potentes, igual de vivas y peligrosas. Manteniendo, como el flujo y reflujo del agua en sus playas, el fascinante caos que nos parió a todos". Cielos, ¿un Pérez-Reverte woke? Ser francotirador es lo que tiene, nunca sabes desde dónde van a disparar. 
 

lunes, 31 de agosto de 2026

Hambre de arquitectura

 


Esto es un anuncio real, a ver si te piensas que es un meme que me he sacado de la manga. No es tampoco un anuncio de BIG, el estudio de Ingels (Bjarke Ingels Group) del que hablábamos en la entrada anterior. Ni una reedición en plan hard-sell de Hambre de Arquitectura de Santiago de Molina. No hay metáfora oculta, se trata literalmente de vender una pedazo hamburguesa y punto. Nos ha resultado especialmente interesante porque parece querer asociar la arquitectura (la gran arquitectura al menos) con algo tan necesario como aplacar nuestra hambre y hacerlo además no con cualquier plato de insípidos ingredientes biológicos sino con una señora hamburguesa de aquí te espero proveniente de vacas que atufan de metano apocalíptico nuestra atmósfera. Ahora que me acabo de leer Sin arquitectura (2023) de Francisco de Gracia el anuncio me ha chocado especialmente. No, la arquitectura aún sirve como potente reclamo, cerca de mi casa sin ir más lejos tengo otro ejemplo, una clínica dental que exhibe sin pudor el eslogan Arquitectos de sonrisas. 

Ya en serio, si nos centramos (de manera light como es habitual aquí) en el libro de De Gracia diré que nos ha sorprendido para empezar su combativa creatividad, especialmente en el etiquetado de fenómenos y personajes: prelugares sin formalizar (el terrain vague de toda la vida), desideólogos, intelectualidad replicante, acracia de caviar, democracia fluida (o disipada), an-arquitectura, conformidad dinámica (esto lo coge de Aldous Huxley), decrecimiento sereno, procesos de desguace cultural, embadurnamiento parietal (esta es difícil: los graffitis), teoría blanda, trastorno perceptivo... Ese gozoso ayuntamiento entre arquitectura y filología, del que tanto hemos hablado, roza aquí ya el desenfreno. Desde el título de su libro, en el que parece indicarse la extinción de la diciplina, el profesor de la ETSAM reparte estopa que lo flipas, ya puedes intuirlo en los términos que te he citado, y parece querer unirse al nutrido coro de apocalípticos que nos rodean por doquier. Quizá necesarios para sacarnos de la sofronización que nos causan las adicciones al móvil o Netflix, nos preguntamos si al final tanto drama no resultará contraproducente. Uno ve la predicción del tiempo y parece que el fin del mundo está próximo, escuchas los temibles oráculos de esos nuevos dioses de las redes sociales, algunos de ellos escritores de prestigio, devenidos de golpe y porrazo sagaces politólogos, sociólogos, filósofos, teólogos, historiadores, etc., que digo yo cómo será posible que sienten cátedra de tanta cosa a la vez, y parecería que estamos ante el fin de la civilización tal y como la conocemos (quizá es que así sea, y a dicho final igual está ayudando tanto histerismo estéril). La esperanza por descontado ni está ni se la espera. Me da la risa floja cuando recuerdo la distinción que hacía Umberto Eco entre apocalípticos e integrados, hoy el integrado pasó a la historia porque no vende (y si alguno aún se atreve a asomar la cabeza se la vuelan, el optimismo es ya cosa de giles), por lo que urge establecer una nueva dicotomía que sería acaso la de apocalíticos y post-apocalípticos, o sea, aquellos a los que excita directamente un futuro distópico sin vuelta atrás. 

Por supuesto no estamos diciendo que De Gracia sea uno más entre la abultada nómina de chamanes apocalípticos de salón, primero porque su medio natural no son las redes y porque, a contrario que dichos mistagogos (otro palabro que usa en su libro: "personas que guían en los misterios sagrados"), que lanzan la piedra pero no dan remedios (o los que sugieren son de un simplismo sonrojante), propone trabajadas soluciones en una suerte de sólido manifiesto que, al contrario de nuevo que los gurúes de las redes, no pretende ser apodíctico (otro término que descubro gracias a él: "indiscutible"). De optimismo, eso sí, sobrado no anda el libro, que lanza dolorosos directos a la mandíbula, a continuación uno de mis mis favoritos: "Una contumaz concepción elitista de la arquitectura, que pretende hacer de ella un producto criptofabulado por chamanes hipermodernos (uso estas expresiones sólo con cierta ironía), produce penosas consecuencias al contribuir a alejar la factible necesidad social de ella; y eso tiene una carga de contenido moral, porque se pierde bienestar al quedarnos sin sus beneficios sensoriales en la vida real, sobre todo en el aspecto urbano. Críticos, divulgadores y arquitectos debieran enfatizar la importancia placentera de la arquitectura encarnada en la buena construcción y, al tiempo, aproximarla de modo verosímil a la sociedad" . O sea, si lo he entendido bien, que construir de verdad supone mancharse las manos, literal y figuradamente, así que mola mucho más elaborar teorías epatantes de uso interno y rénderes maravillosos (lo que De Gracia llama #arquitectura) que no suelen hacerse realidad, y si por desgracia lo hacen, resultan en un engendro infumable. 

El libro también incide en cómo la arquitectura se ha dejado seducir por la cultura del espectáculo (nada nuevo, de hecho suena ya a queja rancia aunque siempre sea pertinente, luego te cuento), cultura del espectáculo que "busca ante todo el acontecimiento y cada vez se escora más hacia una variante afín al turismo de masas. En este ámbito la oferta arquitectónica, más que otras conexas, ha quedado afectada por la mercadotecnia y la publicidad con los efectos engañosos que las caracterizan". Es curioso que la idea de acontecimiento la he visto aplicada hace muy poco al cine, en un artículo, creo, de Fotogramas donde se habla de películas-acontecimiento, películas millonarias cuyo brutal presupuesto justificaría por sí solo la necesidad de ir al cine a verlas en lugar de esperar a su estreno en las plataformas de rigor. Así mencionaba como ejemplos paradigmáticos recientes La Odisea y Spiderman. La verdad es que he caído en esa supuesta trampa y he visto La Odisea en cine, todo un festín visual, es cierto, aunque a mí con Nolan siempre se me hace bola. Y, por poner otro ejemplo reciente, si me permites el apunte personal, no me ha gustado más que una cinta infinitamente menos cara y sin embargo más conmovedora gracias a una sencilla historia con claro componente arquitectónico hasta en el título (Rebuilding) en la que los protagonistas deben rehacer sus vidas tras un voraz incendio que les ha dejado sin nada, un tema que por desgracia nos suena mucho. Volviendo a la lúcida melancolía de De Gracia por utilizar sus mismas palabras, decir que recomendamos vivamente su libro en el que toca muchos más temas, casi siempre como decíamos desde una crítica valiente en su cruda beligerancia, ahí van un par de botones más de muestra final: la enseñanza universitaria ("En cualquier universidad actual una clase puede convertirse en una emotiva performance debido a la inevitable presencia de lo lúdico en su condimento pedagógico (....). Cualquier cosa menos transmitir conocimiento reglado, entre otros motivos porque esto da más trabajo al profesor y al estudiante, además de resultar aburrido para este, el cual, no se olvide, ahora califica al profesor"), la starchitecture ("A demasiados arquitectos les gusta hacer travesuras a lo grande (...). Cuando tal cosa sucede, comprobamos que se trata de arquitectura bastante egocéntrica, irreflexiva o mal pensada en su concepción; más bien de cocina rápida y sal gorda, aun cuando en las revistas se presente como nouvelle cuisine para gourmets"), la tiranía de la novedad ("La continuidad con el pasado, algo que necesita cultura, modestia y sensibilidad, llegará a resultar una vulgaridad en ciertos foros arquitectónicos obsesionados con la neofilia. En estos cenáculos de poderosa influencia en la creación de opiniones la disidencia con los antecedentes se convirtió en norma. Había que actuar por oposición a algo sustantivo y la mímesis quedó proscrita"), el "desguace cultural" ("Al fondo está un sospechoso error de cierta intelectualidad europea que aboga por una sociedad permisiva en detrimento de una cultura exigente"), etc. Con todo, volvemos a lo que decíamos antes, echamos en falta en un libro tan reciente (2023) referencias al evidente nuevo rumbo que, desde hace más de una década, están tomando los dictados arquitectónicos, mucho más preocupados por la rehabilitación, la inserción de la obra en su entorno e innovaciones razonadas, no azarosas, y mucho más críticos con la arquitectura de firma, algo que además puede verse en los estudios que se llevan hoy en día los premios arquitectónicos más importantes. Un poco más de optimismo por favor. Lo siento pero no podemos estar de acuerdo con afirmaciones tan categóricas como estas: "Creer en nuestro tiempo que la arquitectura puede transformar para bien el mundo es parte de un pensamiento mentecato y arrogante de algunos personajes que simulan inquietud social cuando en realidad ejercen de maliciosos chamanes".

De todas formas es cierto que seguimos viendo hoy razones para cierto pesimismo. Quizá el caso más lacerante haya sido el reciente ganador del concurso promovido por Shift, organización neerlandesa con un ambiciosa agenda medioambiental, para levantar una "embajada" ecológica en Róterdam con un presupuesto de 240 millones de euros. Al concurso se presentaron 80 estudios y entre los cinco finalistas se encontraban dos estudios españoles (Ecosistema Urbano, autores del Ecobulevar de Vallecas, y Office for Political Innovation, el estudio de Andrés Jaque responsable del Colegio Reggio en Madrid), uno inglés (Heatherwick Studio) y dos holandeses (Mecanoo y los ganadores MVRDV, autores del Edificio Mirador en Madrid). Aunque todos eran proyectos que buscaban el efecto wow, acaso inevitable en un edificio que buscaba llamar la atención a grito pelado, el proyecto ganador -de nombre Rotterdam ROCKS!, así, en mayúscula, como digo, había que gritar- consigue por contra lo que podríamos llamar un efecto yuk. Fíjate como inicia Catherine Slessor, crítica apocalíptica donde las haya, su artículo para The Guardian: "Parece algo que Shrek vomitaría", comentó con desdén un usuario en línea, comparando de forma poco halagadora Rotterdam ROCKS!, la propuesta recientemente presentada para un emplazamiento frente al mar en el puerto más grande de Europa, con los vómitos de un ogro de dibujos animados". Volvemos a De Gracia y la #arquitectura, solo que aquí ni en rénder resulta atractiva, imagínate cuando se haga realidad este apilamiento azaroso en palabras del profesor de la ETSAM, que en Sin arquitectura parece estar ya adivinando el engendro roterdamés: "Con el apoyo de la teorización difusa, muy practicada por los chamanes del tinglado arquitectónico, ya despuntaba en el primer Rem Koolhaas la idea de superposición acumulativa. Algo desarrollado luego con cierto frenesí por el grupo MVRDV, un estudio holandés que ha incluido discípulos del propio Koolhaas. Así, es muy ostensible que en varias obras de ese equipo esté bien expresada la noción de apilamiento azaroso. (...) En estos ejemplos más recientes la noción de montaje nada tiene que ver con un dispositivo tectónico o mecánico de la agrupación congruente de grandes piezas, sino con la incierta estabilidad visual lograda mediante el apilamiento ingenuo propio del juego infantil. Pero claro, para convertir en estable el inestable equilibrio visual de un objeto con grandes voladizos se necesita una discreta y carísima estructura a modo de oculta prótesis ingenieril de altas prestaciones. No es extraño que para el proyecto en la capital de Indonesia [la torre Peruri 88] se recurra a la prestigiosa compañía ARUP, una firma de grandes auxilios para los arquitectos hipercreativos". ¿Quién sostendrá Rotterdam ROCKS!? ARUP, por supuesto. Llama la atención que los holandeses no hayan aprendido del fiasco de Londres (el Marble Arch Mound), un proyecto con bastantes puntos en común con el de Róterdam como recuerda amargamente Slessor en su texto, que arrea puñetazos tan certeros como los de De Gracia: "Pero en una era cada vez más marcada por el mantra de que "el edificio más ecológico es el que ya existe", la idea de construir una baratija ostentosa y enormemente costosa que promete envejecer muy mal parece un fracaso tremendo, calculado simplemente para halagar egos y servir de cebo de clics". Y cita a otro conocido apocalíptico local, Wouter Vanstiphout (que en su día también pusiera a caldo el De Rotterdam de Koolhaas): "Es como si MVRDV hubiera permitido que toda la contradicción fundamental entre arquitectura y sostenibilidad implosionara en un gesto de autodesprecio ontológico, una ruina metafórica de la idea misma de arquitectura, que se derrumba bajo su propio peso, roída y cubierta por una naturaleza que se ha vuelto contra la humanidad por despecho". Slessor se reserva la última palabra, demoledora también: "Los Países Bajos, un país de baja altitud (las Maldivas de Europa), están doblemente condenados, ya que más de la mitad de su territorio es vulnerable a las inundaciones. Casi toda Róterdam se encuentra por debajo del nivel del mar, así que si las cosas siguen por el camino catastrófico que se avecina, Róterdam ROCKS! bien podría quedar bajo el agua algún día. Lo cual, quizás, sea el mejor lugar para ella". Acabamos, por contrastar, con un artículo de World Archi Design que tampoco ahorra críticas al proyecto pero lo hace sin tanto aspaviento y de forma mucho más equilibrada (pero también más aburrida). Reconoce la paradoja de levantar un enorme edificio de nueva creación a base de usar enormes cantidades de hormigón y acero y al mismo tiempo pretender mandar un mensaje ecológico, que en todo caso no pasará de simple acontecimiento sin efectos duraderos. Habría sido más apropiado, señalan, llevarlo a cabo rehabilitando edificios infrautilizados o en desuso. Lo mejor del artículo es su propuesta final, realmente sorprendente y brillantemente explicada: "La embajada propuesta para Róterdam aún podría tener una utilidad, pero no como edificio. Su cancelación, explicada con transparencia y ampliamente difundida, constituiría una contribución más significativa a la arquitectura sostenible que cualquier cantidad de hormigón de bajas emisiones de carbono o acero reciclado. La cuestión es si Shift tiene el valor institucional para tomar esa decisión y si la profesión arquitectónica está preparada para valorar la moderación tanto como tradicionalmente ha valorado la ambición". Si en Tiflis se hubiera hecho así...

viernes, 14 de agosto de 2026

Caminos de olas

 


Este proyecto se presentó al concurso de rigor con el idílico nombre de Camino de olas. Pues como ves  el camino está cerrado con contundente verja. El edificio se inauguró hace ya diez meses. Se trata del GOe (Gastronomy Open Ecosystem) del BCC (Basque Culinary Centre) en San Sebastián, una segunda sede de la universidad gastronómica continuación de la que culminara el estudio local Vaumm en 2011 y que ha sido llevada a cabo por los daneses BIG. Una de las principales características del edificio iba a ser su cubierta accesible, cito de la web del BCC: "Además, las olas del edificio se comportan como terrazas abiertas a la ciudadanía que conectan lo que sucede en el interior de edificio con el exterior. Es un edificio que mantendrá el diálogo con la ciudad, aportando espacios que fortalecen el ámbito urbano en el que se encuentra integrado". Y un poco después: "la cubierta ajardinada, como una prolongación del monte, y las diferentes terrazas, permitirán mantener la cualidad de "parque" que actualmente tiene la parcela". Esa insistencia en abrir el edificio a la ciudad, que también se refleja en los rénderes del proyecto de BIG en los que se ven numerosos paseantes sobre los tejados alabeados, puede ser un eco de las numerosas protestas que originó el proyecto entre los vecinos, quienes veían cómo les iban a birlar un pequeño parque (en incómoda pendiente e infrautilizado) para levantar semejante edificio. Bjarke Ingels, fundador y líder de BIG, del que por cierto hablábamos en la entrada anterior, ahonda aún más en las ideas de parque y de camino, comparándolo nada menos que con el de Santiago: "Concebida como una extensión arquitectónica del paisaje urbano de la ciudad, nuestra propuesta libera el espacio y proporciona parques en las cubiertas para invitar a la ciudadanía a participar con el arte y la ciencia de la gastronomía. Ubicado en la ruta por la que transcurre el Camino de Santiago, creemos que esta fusión arquitectónica de gastronomía y tecnología, ciudad y naturaleza, y edificio y parque, tiene el potencial de convertirse en destino para los peregrinos culinarios de todo el mundo”. En otra ocasión Ingels contaba que cuando era pequeño solía subirse al tejado de una casa de vacaciones hasta que sus progenitores, alarmados, le descubrían y tenía que bajar. Dicho acicate por asaltar los tejados inspiró su arquitectura, abundante en cubiertas accesibles. João Alburquerque, socio de la firma a cargo del proyecto junto a Ingels, vuelve a incidir en ello: "Con una suave ondulación desde el suelo, el GOe será un buen vecino y ciudadano de San Sebastián ofreciendo una ventana a la investigación gastronómica global mientras crea nuevos espacios públicos, plazas, parques y vistas", en la web de BIG tienes fotos y más explicaciones. No sé si ves adónde quiero llegar pero con mucho gusto te lo explico: por alguna razón que desconocemos, y que suponemos poderosísima, nos están privando de ese carácter comunitario tan escandinavo que este edificio ofrecía como una de sus principales señas de identidad. Siempre nos quedará el acero corten, utilizado con profusión acaso excesiva, referencia inevitable a Chillida y Oteiza. 

El proyecto del gran danés tuvo que competir con sonados rivales. Los otros cuatro finalistas seleccionados de entre los 21 estudios presentados fueron Snøhetta, 3XN (y van tres escandinavos), OMA (en cuyo estudio trabajó Ingels) y Toyo Ito, que de haber ganado se habría quitado la dolorosa espina de Torrevieja (lo mismo Koolhaas con Córdoba). Ni un estudio español. Entre los 21 sí los había, y de nuevo, de renombre: Nieto y Sobejano, Tuñón y Albornoz, Vázquez Consuegra, BAAS, Mangado, Miralles Tagliabue... De hecho, ni uno solo de los proyectos de los estudios extranjeros fue rechazado, los cinco que se presentaron pasaron a la final. He intentado descubrir los miembros del jurado o información de los demás proyectos presentados (al menos los de los finalistas) en internet pero me ha sido imposible. Puedo comprender que para un estudio, especialmente si es de postín, no sea plato de gusto publicitar sus "fracasos" pero no comprendo que el Gobierno Vasco, que financia sustancialmente el proyecto junto con la iniciativa privada, no ofrezca información alguna sobre todos los proyectos presentados, algo habitual en este tipo de concursos. Recordemos sin ir más lejos el del Kursaal, a la vuelta de la esquina de hecho, del que hay abundante información sobre los tres concursos convocados para elegirlo (por cierto que el proyecto ganador, de Moneo, fue también muy criticado en su momento). Pues casi prefiero el concurso de Quito, en ese aspecto solo, claro. Igual se buscaba el secretismo para evitar lo que pasó en Ecuador, pero no nos parece de rigor siendo el GOe en gran parte financiado con arcas públicas (el Gobierno Vasco puso el 70% de los 26,6 millones que ha costado, hablamos de 18,6 millones, la Diputación Foral de Guipúzcoa puso otros 6 y el ayuntamiento regaló la parcela). Lo digo por lo de rendir cuentas al contribuyente y tal. 

Pero démosle otra vuelta a la misteriosa verja y metámonos en frondosos jardines. ¿Y si sirviera para evitar una supuesta invasión? Aquí, al contrario que en nuestro otro norte (el de África), donde los caminos de olas no son tan idílicos como los del GOe, será más bien de guiris, dicho sea con todo el cariño, que todos somos turistas, y es que además la palabra es de origen vasco, copio y pego de la IA, que estamos en agosto: "La palabra guiri proviene del término euskera guiristino («cristino»), usado en el siglo XIX durante las Guerras Carlistas. Los carlistas vascoparlantes llamaban así de forma despectiva a los partidarios de la reina María Cristina, por considerarlos defensores del bando liberal y ajenos a su tierra". ¿Será que no queremos que ningún turista (o local) se nos despeñe desde el tejado-ola tratando de hacerse un selfi para su insta? Pero entonces no entiendo por qué se elige este proyecto y no otro más convencional. ¿Por acallar las protestas que hacían hincapié en la pérdida del parque y una vez terminado si te he visto no me acuerdo? ¿porque es un proyecto del siempre joven y pletórico Ingels a quien Donosti, devenida ya perfecto backdrop (lo del marco incomparable queda ya casposo) de apolíneos influencers, quiere adoptar como santo patrón? Es el hype, estúpido. En fin, de Ingels nos quedamos con su optimismo arrollador, su desbordante creatividad y su loable determinación para acercar contrarios, inaudito en estos tiempos tan polarizados. 

Nos despedimos haciendo votos para que la misteriosa verja del GOe desaparezca y podamos disfrutar, como el joven Ingels, de la experiencia de un horizonte expandido. Algunas verjas, con todo, son necesarias, especialmente cuando lo que aguarda detrás son oscuros intereses geopolíticos, pero me toca la moral que el tema sea de inmediato aprovechado para cargar contra la inmigración por los exaltados de guardia, cuando todos sabemos que sin los inmigrantes nuestro país se iría a tomar, seamos finos, viento. Lo que fastidia a cierto personal es la regularización, y es que, como es bien sabido, nos va el negro (en metáfora): que se queden, venga, pero como ciudadanos de segunda. No te jode. "De algún modo, todos somos migrantes. Todos hemos conocido alguna forma de intemperie en algunas de nuestras generaciones anteriores. Todos hemos necesitado alguna vez que alguien nos acogiera, nos tendiera la mano o nos ofreciera una oportunidad. (...) Esa memoria no puede quedarse en un adorno sentimental: está llamada a convertirse en una "escuela moral". Quien recuerda su propia necesidad está mejor preparado para comprender la necesidad ajena. Quien sabe que también sus mayores buscaron pan, trabajo, paz o futuro en otra tierra, no puede mirar con superioridad o volver la espalda a quienes hoy llaman a su puerta". (Fernando Prado Ayuso, Nuestros hermanos migrantes). 
 

martes, 28 de julio de 2026

Ardientes

 


Esta foto es de una región que José Saramago describía como "grande y ardiente" en Viaje a Portugal. Es el Alentejo, muy cerca de Monsaraz, acaso la villa más bella (con permiso de Marvão) del distrito, a tiro de piedra de la ya española (con reparos) Olivenza. Si tras deleitarte en sus callejuelas no puedes o no quieres comer en Monsaraz, habitualmente concurrida, puedes acercarte a la cercana Mourão, menos interesante pero también menos turística y probar un magnífico bacalhau dourado, el plato típico de la región, en el encantador restaurante Morango donde probablemente seas el único extranjero, lo cual igual es un lujo asiático. Como lo es pasear por un lugar recóndito y que cada solitario personaje con el que te cruzas te salude como si te conociera de algo, experiencia inaudita para tu seguro servidor. En Mourão, como señala el propio Saramago en su libro, hay poco que ver más allá de un destartalado castillo que aguarda una rehabilitación de Carrilho da Graça o Aires Mateus, que tanta obra tienen por aquí, pero ojo, que hay sorpresas: "Mourão no tenía mucho que mostrar. Con todo, el viajero fue puntualmente al castillo, en el que está la iglesia parroquial, pero castillo e iglesia estaban cerrados y no prometían por fuera ninguna maravilla dentro. Pero no por eso dejó de encontrar bellezas: ahí están las chimeneas, circulares y con remates cónicos, que casi solo aquí se encuentran, y las mismas, pero no monótonas, fachadas encaladas, mostrando nuevamente el valor cromático que el blanco adquiere en el juego de la luz incidente a rasante, en la sombra dura o en la penumbra blanda de un rincón al que la luz llega después de quebrarse mil veces: tal cosa es posible incluso en una tarde violenta como esta" (¿habrá leído Saramago a Le Corbusier?). La luz alentejana, tan brutal, incide despiadada en ese erial árido y marciano, evidenciando su carácter post-apocalíptico que se dice ahora. El enorme embalse de Alqueva, el más grande de Europa, que no existía cuando Saramago hizo su viaje allá por 1979, no hace sino exaltar esa condición desolada y baldía pero de una belleza hipnótica: "Mirar estos campos segados, mirarlos fijamente durante unos minutos, es entrar en un vértigo suave, en una especie de hipnosis dada y recibida, casi extática". Es por ello que, ya de vuelta a Olivenza, cuando vi en uno de esos típicos carteles marrones una indicación hacia un tal Museu da Luz, decidí lanzarme en su búsqueda a pesar de las protestas familiares (la tarde, frisando los 42 grados, era tan violenta o quizá más que la que experimentara en su día el autor de Ensayo sobre la ceguera). ¿Se trataría de un museo dedicado a la cegadora luz alentejana? ¿Tendría algo que ver con la arquitectura según aquel famoso aserto de Le Corbusier al que aludía hace un momento: "La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz"? ¿Sería un museo metafísico que tratara del combate mítico entre la luz y las sombras, penumbra y claridad, yin y yang? De tal guisa enardecido conducía con acaso excesivo ímpetu para llegar al susodicho museo, que resultó ser, vaya, cosa muy diferente. Y es que Luz es el nombre de la freguesia (pedanía) de Mourão donde se encuentra el museo, justo al borde del pantano de Alqueva inaugurado en 2002. Y está dedicado al complejo proceso por el que hubo de replicarse la aldea original, que quedó inundada por el pantano (a la nueva Luz se la conoce en el país hermano como a aldeia mais jovem de Portugal), en un paradójico acto simultáneo de destrucción y refundación. Como descubriría después trasteando en internet, especialmente difícil resultó la intervención en una iglesia del s. XV, emblema del pueblo, y en el cementerio. Para este delicado trabajo se contrató a los arquitectos Pedro Pacheco y Marie Clément, quienes construyeron una cuidadosa dupla de la iglesia y trasladarían los restos de los vecinos a un nuevo camposanto en el que se permitieron más modificaciones en lo que se refiere a la organización del recinto y el uso para las tumbas del bello mármol de Estremoz. También se les encomendó la creación del museo que te traigo en las fotos de hoy y que es increíblemente fotogénico en combinación con su entorno. Por desgracia estaba cerrado cuando llegué, así que te enlazo a unas magníficas fotos de Leonardo Finotti que, aparte de ser, obvio, mejores que las mías, te permiten echar un vistazo al interior. También parece muy interesante el contenido del mismo, en el que se muestran los aperos de labranza, restos arqueológicos y otros artefactos de los antiguos moradores de la aldea, échales un vistazo aquí. 


El museo merece un poco más de atención. Su absoluta abstracción puede hacerle pasar por un objeto extraño pero lo cierto es que Pacheco y Clément se inspiran en elementos locales como el xisto (esquisto) o el antiguo fuerte romano de Lousa, que también quedó sumergido aunque fue protegido por si en algún momento volviera a ver la luz; en esta foto tomada poco antes de su desparición bajo las aguas puedes ver lo mucho que se asemeja a nuestro museo. Este aspecto telúrico es remarcado por los arquitectos: "El museo contiene en su diseño y su materia -la pizarra- la memoria de sus cimientos. (...) Construir el museo con pizarra lo acerca a la tierra, al suelo de esquisto, al concepto de cimientos". Y es que además el edificio, toda una pieza de Land Art, parece no querer surgir del suelo, como si pugnara por sumergirse en el terreno emulando al pueblo perdido. En esa pulsión telúrica podríamos también relacionarlo con otra obra de Saramago, Levantado do chão (Alzado del suelo), ambientada precisamente en el Alentejo y que gira en torno a la diferencia de clases y la lucha por la libertad en pleno Estado Novo salazarista. Volviendo a Luz, solo una casa, la conocida como Monte dos Passaros, queda en pie de la aldea original, que mucho recuerda a la restaurada por Aires Mateus como alojamiento rural también en Alentejo aunque cerca de la costa. En las cercanías de dicha casa puede verse aún la antigua carretera que comunicaba la aldeia submersa con Mourão aunque ahora solo conduce al lago artificial bajo el que, melancólica, se pierde de vista. El magnífico cuadro lo completan los percursos contemplativos, pasarelas sobre el lago en las que debe ser un verdadero placer pasear, al anochecer mejor, mientras escuchas algo de Mathias Grassow por ejemplo. Si te apetece ahondar más sobre el museo y su entorno, aquí tienes un pequeño reportaje de RTP con intervenciones de Pedro Pacheco (no te pierdas el video del edificio) y un pequeño dossier muy interesante con textos de los autores y Antonio Pizza. Un breve epílogo para comentarte un par de datos de los arquitectos. Pedro Pacheco tiene estudio en Lisboa aunque estudió en Oporto y en los 90 mantuvo contacto con Josep Llinàs, Tavora y Souto de Moura. Como curiosidad, decir que acaba de completar, no muy lejos de Luz, la rehabilitación del Castillo de Juromenha sobre el Guadiana, Prémio Nacional de Reabilitação Urbana 2026, te he subido en esta misma entrada un par de fotos (aquí tienes más). Marie Clément por su parte, con estudio en la ciudad francesa de Saint-Étienne en cuya escuela de arquitectura da clase, trabajó en los primeros noventa con Souto de Moura, principalmente en la rehabilitación del Monasterio de Bouro para convertirlo en Pousada. Basado en la experiencia escribió el ensayo Vous ne saurez rien ("No sabréis nada") haciendo referencia a una máxima fundamental del trabajo del Pritzker luso, el arte de la invisibilidad constructiva que hace que la restauración pase casi desapercibida dando protagonismo absoluto a la fuerza del material bruto, la piedra en este caso (eso dice la IA, no he podido encontrar el texto), estrategia que Clément aplica en el museo de Luz. Si no lo supiéramos previamente tampoco podríamos distinguir la cuidada reconversión de una típica finca alentejana en hotel que Souto de Moura acometió muy cerca de Luz, São Lourenço do Berrocal, recinto que intenté visitar pero estaba fechado a cal y canto por la celebración de una boda de postín. Demasiado over the top para mí de todas formas. 


La rotunda abstracción del museo me ha recordado la polémica que ha incendiado la blogosfera arquitectónica estos días pasados a cuenta del fallido fallo del Museo Nacional de Ecuador. En dos palabras, se convocó un concurso para el museo y tras fallarse a favor de Alberto Campo Baeza y el estudio quitense MAODA con un soberbio proyecto de nombre "Ecos del sol", abstracto como es habitual en el gaditano (de adopción), las redes echaron chispas y pestes contra el diseño ganador. Ni corto ni perezoso el gobierno ecuatoriano reculó e ipso facto volvió a convocar el concurso (ya sin el diseño premiado), pasando olimpicamente del jurado, en el que había varios representantes gubernamentales y un panel de expertos, entre los cuales Alejandro Zaera-Polo. El nuevo diseño ganador, tras un oscuro procedimiento en el que se dio voz al público (contando un 15% del fallo) fue el del estudio japonés SANAA, mucho más exuberante y con un relato mucho más florido, que hoy en día parece contar más que el producto en sí, proyecto que en el primer concurso había quedado tercero. Campo Baeza y MAODA emitieron un elegante comunicado en el que mostraban su estupor no por la polémica, habitual en este tipo de concursos (así el de la Opera de Sídney o el Kursaal de San Sebastián, hoy ya iconos unánimes) sino por la categórica expulsión de su propuesta, señalando que habrían estado dispuestos a modificar su proyecto en función de las sugerencias presentadas, algo de nuevo totalmente habitual en estos casos. Zaera-Polo firma un brillante artículo para el diario ecuatoriano Expreso sobre el penoso asunto en el que entre otras cosas habla de la abstracción, con comentarios que lo mismo podrían valer para el Museo de Luz: "Me gustaba pensar que quizá una nación que se representa a sí misma a través de una abstracción es una nación que manifiesta una disposición extraordinaria a evolucionar en lugar de mirarse al ombligo y atarse al pasado. Nunca hablé de esto en el jurado porque pensé que defender el anti-identarismo y la función sería una causa perdida". Pues eso parece. Y continúa señalando cómo el nuevo fallo va en contra de las últimas tendencias arquitectónicas centradas en la sobriedad y la reutilización: "Ecuador no construirá el primer ícono de la nueva austeridad latinoamericana sino el último dinosaurio identitario del star system". Y cierra, desatado: "Hay una imagen que no puedo evitar cada vez que miro esa perspectiva aérea en tonos ocres: si el proyecto de Campo Baeza era una caja, este es...una caca!". Algo tiene, es verdad, del emoji marrón el proyecto de los Pritzkers japoneses ("Living Strata"), cuyas formas curvas y reverberantes igual buscan dialogar con su vecino más inmediato, que (creo) es el imponente edificio EPIQ de BIG. De todas formas, por ir un poco más allá del, sin duda, impresentable espectáculo que supone saltarse la decisión de un jurado profesional para dar voz y voto a un ejército de cantamañanas (como el que esto suscribe por cierto) cambiando las reglas del juego sobre la marcha en plan Trump para acaso encubrir un antojo presidencial, podríamos plantearnos si esto no refleja también un síntoma de otro tipo. ¿No nos estaremos empezando a cansar de tanta sobriedad? Un reciente artículo de Catherine Slessor (aquí ya hemos mencionado varias veces a la muy cañera crítica de The Guardian, látigo inclemente del que denomina archporn) me dejaba de piedra al defender para el premio Stirling de este año una torre cristalina de 54 plantas firmada por Renzo Piano, starchitect donde los haya, frente a los otros cinco finalistas, todos ellos recatados inmuebles terminados en pieles cerámicas: "En una lista de finalistas dominada por lo que podría describirse como el estilo de diseño del "salpicadero de Jaguar" —de gusto refinado y esencialmente inglés, tanto en su estética como en su geografía—, Paddington Square [la torre de Piano] destaca como la excepción, por su magnitud y por ser el único proyecto que no está construido en ladrillo. De lo contrario, la elección se reduce a una casa de ladrillo, un conjunto de viviendas de ladrillo, dos ampliaciones de ladrillo en colegios de Cambridge y una ampliación en ladrillo de un teatro ya existente. En cierto modo, sería difícil distinguir entre estos ejemplos del arte de la albañilería". Más adelante lo expresa más claro aún: "Por excepcionales que sean estos proyectos, la lista de finalistas parece un tanto monótona. Es como ir al bufé del desayuno y descubrir que solo hay cinco tipos de muesli". Y lamenta que quedaran fuera de la final edificios como este para Oxford a cargo de David Kohn que, cielos, es cualquier cosa menos sobrio y correcto. ¿Nos hemos cansado de tanto muesli, queremos un jugoso croissant a la plancha rebosante de mantequilla y mermelada? 

Igual se pueden combinar ambos, siguiendo a Bjarke Ingels y su concepto de bigamia: abstracción y relato; sobriedad y despendole; muesli y dulce. Pero hay que tener mucho arte para hacerlo. Hace ya varias semanas acudí a Ivorypress a una charla entre Fuensanta Nieto (hablábamos no hace mucho de ella) y Patricia Urquiola, arquitecta la primera, diseñadora la segunda, académicas ambas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en una sala llena hasta los topes con asistentes premium del calibre de Luis Fernández-Galiano o Cristina Iglesias y otros, imagino, que no conocía. Nieto, que quizá debería haber ganado junto a su compañero Enrique Sobejano el Pritzker este año (¿quién propone a los candidatos? ¿podemos hacerlo los cantamañanas?) hacía un curioso ejercicio filológico: mostraba en la pantalla un texto al que sucesivamente se le iban quitando palabras y preguntaba: ¿Qué sobra y qué es imprescindible aquí? ¿Hasta dónde podemos quitar para que el texto no se vuelva ininteligible? Lo mismo podríamos plantear para ese difícil equilibrio entre esos dos extremos, al final, como decía Nieto, la clave está una vez más en abrazar con valentía la complejidad, así es como logra su estudio esa bigamia aparentemente imposible entre sobriedad y riqueza expresiva (y entre lo existente y lo nuevo en sus soprendentes rehabilitaciones). Nos quedamos también con una idea de Urquiola, furibunda enemiga de la IA, quien defendía la adaptabilidad y el optimismo humanos frente al perfeccionismo de la máquina. 


Ardiente ha estado España con el Mundial de fútbol, imposible no hacer referencia a la magnífica victoria de nuestra Selección. Personalmente no sé si me ha gustado más ver a Torres marcar el agónico gol del triunfo o a Trump entregándonos la Copa. Varios arquitectos han escrito incisivos artículos sobre el tema para Arquitectura Viva resaltando cómo el trabajo en equipo vence al jugador estrella solitario. Así lo expresa Jacques Herzog en Una lección de fútbol, donde el suizo se moja cosa fina: "En la disputada final de esta Copa del Mundo se habría producido otra herida imborrable si, al final, la rudeza sistemática y el odio manifiesto hubieran llevado al éxito. Pero el balón de Ferrán Torres entró en la portería ‘correcta’. Tarde, sí, muy tarde, ganó aquel equipo que, más que ningún otro, supo combinar el genio individual de algunos con la cohesión colectiva y la inteligencia de todos para formar un conjunto fantástico. España nos ha dado una lección. A todos nosotros, y no solo a los aficionados al fútbol, sino también a los dirigentes y a los políticos que asistieron al partido. Una lección sobre cómo deberíamos organizarnos y funcionar como sociedad". Por su parte la pareja que conforman el estudio chileno Pezo von Ellrichshausen mezclan el Mundial con el concurso del museo ecuatoriano en Como a un balón. Quito y los concursos al señalar de nuevo que fue el juego en equipo lo que dio la victoria a España, ejemplo que les sirve para atacar con dureza los concursos de arquitectura, que buscan precisamente la victoria individual de un estudio frente al resto. Aquí cito la soberbia conclusión del texto: "La verdadera excelencia nace de la comunidad, no de la rivalidad. Un concurso conduce inherentemente hacia la individualidad, la exclusión y la derrota. Acaso la imagen más triste de las últimas semanas sea la de Messi desolado contra un saturado campo verde, al concluir la final del Mundial. Siendo lo grande que es, tanto como Herzog, Campo o Sejima en lo suyo, uno esperaría que hubiese sido el primero en celebrar el triunfo de quienes jugaron mejor, porque en definitiva es otro juego serio: no una frívola distracción, sino una herramienta educativa, al servicio de nuestra humanidad compartida". Sobre el tema de los concursos supongo que habría mucho que decir. Si me permites, tu cantamañanas de guardia va a hacer un par de observaciones. Creo que las obras no realizadas, aunque frustrantes en cuanto que suponen un cierto fracaso (todos sabemos lo mal que llevó Moneo no ganar en Bilbao frente a Foster, él mismo no pierde ocasión de decirlo), pueden resultar un aprendizaje muy útil, no solo para el estudio en cuestión (que presenta por cierto el proyecto como equipo) sino para otros colegas, estudiantes o aficionados, por no decir que a veces las obras no realizadas son más interesantes que las llevadas a cabo, especialmente si el concurso se ha fallado tan penosamente como el de Quito, hasta yo conozco proyectos que se quedaron en el papel de arquitectos famosos (y no tanto). También puede ser útil para el propio arquitecto "derrotado", que puede reciclar un viejo proyecto para un nuevo concurso, como hizo Koolhaas para la Casa da Música de Oporto. Volviendo a Ingels, hace poco veía un video de una conferencia suya, no recuerdo dónde, en el que explicaba un diseño de su estudio realmente espectacular para finalmente reconocer, con muy buen humor, que el proyecto no había resultado elegido: igual esa es la clave, la adaptabilidad y el optimismo que decía Urquiola. 


Difícil ser optimista mientras arde España por los cuatro costados con incendios de violencia nunca antes vista que devastan no solo territorios sino también la fauna como nos recuerda Fernández-Galiano en un demoledor artículo, Soledades del Eremoceno, en el que explica el origen del término Eremoceno, menos habitual que Antropoceno, utilizado por Edward O. Wilson para designar nuestra época: "Nuestras soledades son en efecto eriales, y ahí la solitudo latina deja paso al eremos griego, del que igualmente provienen ‘eremita’ y ‘ermita’. Fue esa la raíz que usó el gran biólogo y naturalista Edward O. Wilson para proponer el término ‘Eremoceno’ como aquel que mejor designa una época en que la masiva extinción de especies condena a los humanos a la soledad, habitantes carentes de compañía en los páramos que se extienden en el planeta. El entomólogo estadounidense, eminente especialista en hormigas, fue testigo de la desaparición de innumerables especies de insectos, lo que le llevó a defender la biodiversidad como herramienta esencial del equilibrio ecológico, para evitar las ‘primaveras silenciosas’ del eremoceno". Ante semejante desgracia solo podemos esperar que nuestros gobernantes sigan el ejemplo de la Selección como proponía Herzog y superen sus diferencias para luchar contra el fuego unidos. Pero no queremos irnos así. Te propongo para concluir dos citas que ojalá levanten tu ánimo. La primera, para acabar como empezamos, de Viaje a Portugal de Saramago describiendo de nuevo el Alentejo: "Cuando el viajero despertó y abrió la ventana del cuarto, el mundo estaba creado. Era temprano, aún estaba lejos el sol. Ningún lugar puede ser más serenamente hermoso, ninguno lo será con medios más comunes, tierra amplia, árboles, silencio. El viajero, habiendo estimado así estas cosas con su saber, de mucha experiencia hecho, se quedó a la espera de que el sol naciese. Asistió a todo, a la transformación de la luz, a la invención de las primeras sombras y al canto de la primera ave, y fue el primero en oír una voz de mujer, venida de lo invisible, diciendo esta frase tan simple: 'Va a hacer otro día de calor'". La segunda cita es musical, el tema Allons voir del grupo francés Feu! (¡Fuego!) Chatterton (se ven a lo lejos las Torres Duo de Nouvel), un exultante canto a la vida del que te recomiendo no te pierdas la letra.