martes, 27 de octubre de 2026

Puzles (2)

 


Hoy vuelve a tocar adivinanza. Me tienes qué decir de dónde es esta singular fachada conformada por 126 piezas de piedra caliza portuguesa de 2,70 metros de alto, medio metro de ancho y 850 kilos de peso cada una. Parece un puzle pero fíjate bien, algunas piezas encajan y otras no en acaso sutil referencia al protagonista del edificio, artista colosal que comenzó siendo académico y acabó haciendo lo que le salía del alma. Fíjate lo que escribía en 1792: "No hay reglas en la pintura (...). La opresión u obligación servil de hacer seguir a todos por un mismo camino es un grande impedimento", cita de, tiene guasa, un informe que redactó para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a la que pertenecía. Casi más filósofo que pintor, "antropólogo, psiquiatra, psicólogo y sociólogo a la vez" según Caro Baroja, huyó de "preceptos mecánicos" y no tuvo empacho en herir sensibilidades ("descubrió su genio el día que se atrevió a dejar de complacer", señala Malraux) ni en desbaratar un orden caduco incapaz de reflejar su época, brutalmente convulsa, que ya barruntaba la angustia moderna, el "mundo desencantado" de Max Weber. Ser un genio, uno de verdad, es lo que tiene. 




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