martes, 29 de marzo de 2016

El andamio poeta


Pues no, hoy no te traigo un edificio esplendente sino un humilde andamio. Eso sí, no es un andamio cualquiera, sino uno con vocación poética e incluso filosófica, algo inusual en elemento tan prosaico. Te transcribo el mensaje que desde las alturas nos deja esta singular estructura:

"Hola,
soy un andamio.
Me han puesto aquí
para poder cubrir
esta obra.
Dicen que las obras 
molestan y son feas.
Pero las obras son 
sobre todo proceso,
camino, búsqueda.

Soy muro, aunque 
puedo ser también 
ventana. Y contarte 
lo que está pasando
aquí adentro.
Que es mucho 
e importante.

En la vida lo importante 
siempre sucede
en el camino 
y adentro.
Eso lo aprendí
como andamio". 

Casi nada. Bien está reivindicar estas humildes excrecencias a menudo escondidas tras enormes anuncios o acolchados forros que evitan que te dejes las endodoncias mientras te empeñas en caminar consultando el móvil. Andamio es el médico o el maestro, las madres y no pocos abuelos. Y no te rías, porque más temprano que tarde acabarás necesitando uno.

jueves, 17 de marzo de 2016

Topofilia

Pues sí, los arquitectos telúricos a los que nos referíamos en la entrada anterior no son otros que RCR Arquitectes, de los que puedes ver una excelente exposición estos días en el museo ICO comisariada por Josep Maria Montaner. A ver si has acertado con los proyectos a los que estos bocetos suyos hacen referencia:

Espacio público Teatre La Lira (Ripoll)

Museo Soulages (Rodez, Francia)

Crematorio (Hofheide, Bélgica)

Estadio de atletismo Tossols Basil (Olot)
Biblioteca Sant Antoni-Joan Oliver (Barcelona)
Te llevo ahora de paseo por la exposición:












Y acabamos con la cita de rigor, del último libro de Josep María Montaner (comisario de la exposición), La condición contemporánea de la arquitectura:

"En la obra de RCR, estudio compuesto por Rafael Aranda (1961), Carme Pigem (1962) y Ramón Vilalta (1960), la síntesis de abstracción e integración en el paisaje se expresa en el uso de unas acuarelas de intenciones. Todos sus proyectos van acompañados de unas pequeñas aguadas en las que plasman las ideas del proyecto; una especie de diagramas o ideogramas que se realizan a lo largo del proceso. Estos diagramas encontraron su máxima sintonía en el Musée Soulages (Rodez, 2008-2014), obra en la que se produce una coincidencia entre la pintura gestual, abstracta y monocromática del pintor francés, hecha sobre gamas de grises y negros, y las acuarelas de los arquitectos (...) Todas las obras de RCR demuestran que la materia de la arquitectura es el espacio, tratado de una manera singular y secuencial, y relaciona el interior y el exterior. Esto se manifiesta también en los grandes vacíos, como el puente y la plaza cubierta del teatro La Lira (Ripoll, 2003-2011). Este énfasis en las cualidades del espacio les acerca a la tradición de la denominada "topofilia o búsqueda de la capacidad para crear espacios felices" teorizada por Gaston Bachelard, Yi Fu Tuan y Christopher Alexander. La investigación de RCR tiende a la desmaterialización para conseguir la simbiosis con el entorno y la desaparición brumosa de los límites".
 



domingo, 13 de marzo de 2016

Los arquitectos telúricos

Hoy vamos a subir un poco el nivel, que ya es hora, y te voy a plantear la siguiente pregunta: ¿A qué estudio de arquitectura y a qué obras construidas de dicho estudio corresponden estos bellos bocetos?








Venga, te doy una pista:



domingo, 6 de marzo de 2016

Fallas

Meme(z): Fallera imperial apatrullando el Cabanyal
Hoy toca entrada petarda, estás avisado. Hace poco se celebraron las Fallas, y nosotros desde AÚ queremos unirnos a la celebración subiendo a la cabecera una impactante foto de dos souvenirs que me traje recientemente de la tierra de las flores, de la luz y del amor. Por un lado un especie de pequeño decorado desplegable representando las coloridas casas en vías de extinción del popular barrio de El Cabanyal, y por otro una creación, puro mestizaje cultural, de Lulu Monster, artista local al que tuve oportunidad de conocer en un variopinto local que alojaba diversas tiendas y con el que tuve la ocasión de desternillarme de la risa al hilo de su Fallera imperial  (le sugerí como más potente el nombre de Fallera Stormtrooper), las cosas de la política valenciana, las de Calatrava, y tal. Como quiera que en el decorado de El Cabanyal aparece (a la derecha en la foto) un bar que se llama Imperial, decidí aunar felizmente ambos souvenirs. Son esas sorprendentes coincidencias surreales que demuestran que existe una fuerza superior, y que tiene un sentido del humor que lo flipas.

Falla neoyorquina
Hablando de Calatrava (y las Fallas) no podemos dejar escapar la ocasión de comentar livianamente su última obra estrenada el jueves en Nueva York: un intercambiador de transportes en plena zona cero que ha recibido, cómo no, feroces críticas por su coste, 4.000 millones de dólares de dinero público (!!), un 70% más de lo previsto, a lo que se une un retraso de siete años en su ejecución. Michael Kimmelman, crítico de arquitectura del NYT, lo pone a caldo, y habla, desde el mismo titular, de boondoggle, exótica palabra que desconocía y que significa despilfarro (se da un aire fonético a nuestra tongo). Añade con razón que el diseño está más visto que el tebeo en otros edificios del valenciano (menciona Lyon y Milwaukee, a lo que podríamos añadir Bilbao), y que le recuerda a un Pokémon, para acabar con este comentario demoledor: "El señor Calatrava ha dado a Nueva York algo por sus miles de millones. Pero si la moraleja que podemos extraer de este proyecto es que los arquitectos necesitan carta blanca, un cliente banal y sumiso, y una chequera abierta para crear un espectáculo público, entonces el intercambiador es un desastre para la arquitectura y por las ciudades". Nosotros eso ya lo sabemos hace tiempo.

El edificio tiene además una forma inquietante, como un ave con un ala mutilada que intentara volar en vano, quizá una velada referencia al 11-S. De pronto me ha recordado a la investidura fallida del viernes. Señor, si es que no remontamos vuelo. Mi contraria, historiadora y nada de derechas, viendo los bochornosos rifirafes, soltó que aquí para ponernos de acuerdo necesitaríamos otro 23-F. Virgen Santa. En fin, en este país de fallas, valencianas y tectónicas, al menos la no-investidura nos ha enseñado que esto ya no es tanto cuestión de izquierdas o derechas, emergentes o viejos, corruptos o puros, como de arquitectos o dinamiteros.



domingo, 28 de febrero de 2016

Los techos y sus inciertas razones


A veces a los arquitectos les gusta enseñar las entrañas de los edificios. En este, la Asamblea de Madrid vista desde el repudiado gallinero hacia el techo, se nos muestran en impúdica exhibición vigas, tuberías y pasadizos secretos que quedan ocultos desde el hemiciclo. Nunca sabremos si sus arquitectos, Ramón Valls y Juan Blasco, quisieron hacer un guiño al  jolgorio tecnológico del Pompidou y sus secuelas high-tech (fue inaugurado en 1998, el mismo año que el palacio de Congresos de Valencia de Foster al que me recuerda por el gran voladizo sostenido con esbeltas columnas de su fachada principal), o si en realidad querían hacer una sutil referencia performativa (que se dice ahora) al complejo entramado de la maquinaria política, un flujo laberíntico de ideas, pactos, luchas y por desgracia cosas peores. A Koolhaas le habría gustado esta descarnada visión de elementos expuestos, no en vano en la Bienal de Venecia de hace dos años hizo girar la exposición principal ("Elements of Architecture") en torno a estos componentes olvidados. Sea como fuere, el caso es que el Triángulo de Palomeras (que no de las Bermudas por más que en él sucediera algún que otro fenómeno de lo más paranormal), como llamó al edificio uno de los cronistas más celebrados de la Villa y Corte, Moncho Alpuente, en un artículo para El País que no deberías perderte, hace gala de una caótica tela de araña tecnológica que es capaz de quitar protagonismo al mismísimo mural de Lucio Muñoz. Es lo que Fernández-Galiano, en el Arquitectura Viva 169 (subtitulado precisamente "Elementos" al hilo de la exposición de Koolhaas), llama las inciertas razones de los techos, esos lugares de vida misteriosa.

 Mientras asistimos, con esfínteres apretados, a la incierta deriva de la política nacional y somos testigos de la penosa disfuncionalidad de parte de nuestros políticos por más que algunos de ellos estén en funciones, quiero acabar la entrada con una cita, mira tú por donde del propio Koolhaas (entrevistado junto a Kunlé Adeyemi, el de la escuela flotante de Makoko, en torno a la ciudad de Lagos, la caótica capital nigeriana con más de 10 millones de habitantes), que es toda una invitación a surfear sin miedo en medio de las incertidumbres del caos (como no podía ser de otra manera viniendo del holandés):
"-Qué podrían aprender otras ciudades de Lagos?
-Podrían aprender a no tener pánico. Vivimos en una sociedad donde el riesgo es sistemáticamente reducido. Donde el riesgo es reemplazado por el confort. Así que creo que si la gente pudiera aprender algo es que el riesgo es un componente esencial de una sociedad viva e inteligente".

sábado, 20 de febrero de 2016

Bar de copas para arquitectos



-"Sus proyectos a menudo son descritos como edificios racionalistas que hacen uno uso prominente del color blanco. ¿Cuáles son las principales ventajas de los edificios blancos?


-En primer lugar, el blanco articula el volumen, articula las ideas arquitectónicas de la forma más clara. Los elementos lineales como los marcos de las ventanas o los pasamanos yuxtapuestos a elementos más sencillos se leen más claramente con el blanco. En segundo lugar, los edificios blancos siempre cambian de color, y los colores diversos de la naturaleza se reflejan y refractan siempre en la blancura de un edificio blanco.(...) El blanco tiene muchos colores. (...)

-¿Cómo empezó su fascinación con el color blanco?


 -Comenzó con mis numerosas lecturas sobre el trabajo de Frank Lloyd Wright. Wright hablaba sobre materiales orgánicos y naturales, y el hecho de que la arquitectura era orgánica. pero la arquitectura nio es orgánica. Cortas un árbol, y ya no es orgánico, no está vivo. Es estático. Cuando usas la madera, debes protegerla, bien barnizándola o pintándola. Pintar la madera es lo que la preserva. Por tanto la blancura es lo que distingue algo hecho por el hombre de algo natural. Por tanto, Frank Lloyd Wright estaba equivocado. (...)

-En los 80 muchos arquitectos se volvieron hacia el Postmodernismo y su querencia por los motivos históricos. Su arquitectura entonces y ahora se ha mantenido siempre fiel al Movimiento Moderno. ¿Qué tiene este movimiento que tanto le atrae? 

-¡Está en mi sangre! Nací siendo moderno y crecí fiel a los postulados del movimiento. Creo en el mundo de hoy, no en el del pasado. Creo en el futuro. Como sabe, el Posmodernismo nunca fue popular en Europa. (...) Creo que en América fue la falta de historia lo que empujó a algunas personas a dirigir su imaginación hacia esta especie de pseudohistoria". (Vladimir Belogolovsky, Conversations with Architects; entrevista a Richard Meier).

Corbu (revisitando el Náutico) y Mies te esperan en el baño...




sábado, 30 de enero de 2016

Lo nuevo y lo viejo


"-Creo que vuestras obras transmiten en el visitante la impresión de que siempre han estado ahí, aunque se advierta que son nuevas. ¿Esto tienen que ver con no seguir las modas?
-Si, por ejemplo cuando hicimos el colegio en Ranelagh sabíamos que no se había levantado ningún edificio nuevo en ese lugar en los últimos ciento cincuenta años, y que el colegio sería el primero. Así que lo que intentamos fue que la escuela pareciese anterior a todo lo demás, más arcaica incluso. Esa impresión es perfecta, el sentimiento de arquitectura invisible llevado al extremo. Es estupendo cuando llega a percibirse que la obra pertenece al lugar. 
-John suele emplear el término "extrañamente familiar" con este sentido: cuando algo parece familiar pero hay algo que es un poco extraño, diferente. No queremos que las cosas simplemente desaparezcan; queremos que parezca que siempre han estado ahí como ellas mismas, más que como una réplica de su contexto.
-¿Podéis explicarlo un poco más a fondo?
-Nos gusta que nuestros edificios parezcan antiguos -y no quiero decir viejos, sino arcaicos, incluso arquetípicos- y en este sentido, pensamos que los edificios antiguos son "nuevos". Cuando ves un edificio antiguo ahora, hay que recordar que un día fue nuevo. Por eso, no consideramos que el mundo está lleno de cosas viejas y nosotros vamos a poner algo nuevo. Es que todo fue "nuevo" cuando era nuevo, y algo bueno permanece nuevo. El Panteón de Roma es el edificio más nuevo del mundo, porque nunca se ha quedado anticuado, ya que conserva ese sentimiento de sorpresa y se mantiene aparte, más allá de sí mismo." (Laura Fernández Suárez, Un diálogo dublinés: las palabas clave en AV 182; entrevista a los arquitectos Sheila O´Donnell y John Tuomey del estudio O´Donnell+Tuomey).

domingo, 24 de enero de 2016

Ancha es Castilla (y 2)


Añadidos de cuidado
Pues seguimos con el castillo de Castillo de Garcimuñoz, valga la redundancia. Ya comentamos que en él vivió sus últimos años Don Juan Manuel, cansado ya de intrigas palaciegas y luchas de poder y allí compuso sus obras más señeras, destacando por supuesto El Conde Lucanor (1335), un compendio de enxiemplos en forma de entre 49 y 51 cuentos de variadas influencias (relatos orientales, Esopo, la Biblia) que pretenden moralizar deleitando y pensados para un público amplio (estaban escritos en romançe y no en latín y con un lenguaje cuidado pero sobrio). En estas características, así como en su formato de historia-marco, El Conde Lucanor recuerda al Decameron de Boccaccio, escrito trece años después (aunque este de moralizante tiene poco, por allí ya se barruntaba el Renacimiento) y a los Cuentos de Canterbury de Chaucer, al menos cincuenta años posteriores. Uno de los cuentos de El Conde Lucanor (el XLI) tiene cierta enjundia arquitectónica que tiene que ver con lo que te quiero contar hoy (nosotros y nuestra vocación transversal, a ver, un poco de paciencia, que al final siempre llegamos a la arquitectura aunque sea por los pelos). El conde comenta a su sabio ayo Petronio que ha introducido algunas innovaciones en el arte de la cetrería que sólo le han traído la mofa de sus amigos por considerarlas de nula importancia. Petronio entonces le relata el enxiemplo del rey árabe de Córdoba Alhaquen, quien asistiendo a una velada musical en la que se tocaba un instrumento de nombre albogón (una especie de flauta), decidió que mejoraría su sonido si se insertara un agujero más en él, como así sucedió. La noticia se extendió pronto entre la población, que se mofaba del invento nimio del rey, y siempre que querían referirse a una mejora de poca monta se referían a ella como "el añadido de Alhaquen". Enterado el susodicho del escarnio al que era sometido por sus súbditos, decidió hacer un añadido que pasara a la historia y terminó la entonces inacabada mezquita de Córdoba, con lo que se ganó, ahora sí, el elogio unánime de los cordobeses. La arquitectura y el poder...

 Y así llegamos como te digo al meollo, al fin, de la entrada. Y es que al castillo de Don Juan Manuel le están haciendo una suerte de añadidos de pinta alienígena, a cargo de la arquitecta Izaskun Chinchilla, que no podíamos dejar de comentar. El tema de la intervención en edificios preexistentes es, como sabemos, bien complejo de encarar. Debe ser difícil para un arquitecto que se siente moderno y singular no dejar su sello, y hay que ser muy humilde (o estar ya de vuelta de la fama) para no caer en la tentación: véase la ampliación del Banco de España en Madrid de Moneo, imposible de distinguir de la original. El siguiente paso está en realizar una intervención también respetuosa pero dejando que se note la mano del arquitecto, algo así como una actualización cuidadosa. Ahí estarían, entre muchas otras, las obras de Chipperfield en el Neues Museum, Zumthor en el Museo Kolumba, Scarpa en Castelvecchio o Witherford Watson Mann en el castillo Astley, premio Stirling 2013. Y luego llega el arquitecto que  piensa que la modernidad debe dejar su huella bien marcada, porque ella lo vale, y ahí la hemos liado parda. Francisco de Gracia lo expresa así en el Arquitectura Viva 162: "Durante la pasada centuria se produjo una aceptación incondicional del mito de la novedad, según el cual lo nuevo se justifica por el mero hecho de serlo, incluyéndose en esa apreciación también componentes morales". Aun así el autor defiende una "modernidad posible", en la que exista una "equilibrada conjunción morfológica entre lo nuevo y lo viejo, preservando sin conflicto las respectivas identidades". Fácil de decir, pero qué difícil de llevar a cabo.

Si buscas información sobre la actuación de Chinchilla en Garcimuñoz (que consiste en pocas palabras en volver a insuflar vida al castillo dándole variopintos usos culturales según un proyecto financiado por el estado con unos tres millones de euros), verás que, como era de esperar, la recepción por parte del público local no ha sido nada entusiasta. En artículos y blogs se califica al proyecto de "marcianada", "arquitectura friki", "construcción poligonera" y otras lindezas del estilo (una crítica que se une a menudo a una reivindicación nostágica del poder perdido de Castilla, otrora poderoso reino y ahora comunidad seccionada y despojada de su más rica joya, la capital del estado). Es poco probable que Chinchilla acabe, como Alhaquen, siendo alabada por los parroquianos (hay que reconocer que las fotos de la obra en el interior del castillo como mínimo impactan). ¿Y qué dice la arquitecta al respecto? En su web habla de una intervención ortográfica a base de piezas arquitectónicas que sirven para realzar y distinguir los diferentes componentes del castillo (que empezó siendo alcazaba árabe y en el siglo XV, tras Don Juan Manuel, fue nuevamente renovado por Juan Pacheco, marqués de Villena y adelantado mayor de Castilla; súmese a ello que en el XVIII se construyó una iglesia en su interior y por si fuera poco llegaría a alojar hasta un cementerio, vamos, un galimatías arquitectónico). Chinchilla inisite, probablemente consciente del impacto de su intervención, que las piezas que incorpora son completamente desmontables y que su implante es completamente sostenible.  A su vez, uno de los objetivos del programa es conseguir atraer público al recinto teniendo cuenta la cercanía de la A-3 (o sea, se busca un mini efecto Guggenheim, con lo cual el efecto llamada mediante una arquitectura impactante tendría cierto sentido; hay que tener también en cuenta que el proyecto es anterior a la crisis). A Chinchilla no la conocía más que de nombre y de otra intervención también bastante estrafalaria (pero de nuevo con un componente reivindicativo muy interesante) en Nueva York, así que me puse a ver el primer video que me apareció en Google (este en el que habla sobre el futuro de la ciudad), y la verdad es que si consigues no distraerte con su peculiar estilismo, parece tener ideas realmente originales y muy avanzadas aunque utópicas e irrealizables, da la sensación de ir muchos años por delante (seguramente demasiados).

Hasta pronto, Castillo de Garcimuñoz
En fin, no soy quién para dar un veredicto sobre esta arriesgada intervención en lugar tan colmado de memoria histórica y literaria (se me olvidaba contarte que a las puertas del castillo moría combatiendo en 1479 Jorge Manrique, el poeta guerrero autor de Coplas a la muerte de su padre). Evidentemente Chipperfield habría hecho una rehabilitación con muchos más adeptos, pero no habría costado tres millones de euros sino diez veces más como mínimo teniendo en cuenta el ruinoso estado del castillo. Por otra parte, digo yo que en algún momento la modernidad más cruda que refleje nuestro mundo caótico, fragmentario y a menudo absurdo ("el vértigo y la náusea de los abismos de la razón moderna", que decía Fernández-Galiano en aquel apocalíptico Arquitectura Viva 169)  tiene también derecho a hacer su aparición reflejada en el ámbito arquitectónico. Chinchilla ha aplicado una terapia de choque brutal al castillo de Don Juan Manuel, le ha enchufado un desfibrilador que lo devuelva a la vida por las bravas, sumando a las múltiples capas de la añeja construcción otra que refleje un espíritu radicalmente moderno. Y quién sabe, quizá en una de esas sonrisas del destino tan en boga acabe siendo, como el añadido del rey cordobés del cuento, querido por el público local. También el monstruo de Frankenstein posee una secreta belleza (o eso dice Santiago de Molina).

domingo, 17 de enero de 2016

Ancha es Castilla

Arquitectura ¿última?
Pues sí, hoy vamos a ser algo menos últimos que de costumbre (en principio) y en un despeine nos vamos a ir al siglo XIV.  Si eres mesetario como un servidor, la próxima vez que vayas en busca del Mediterráneo por la A-3, fíjate en un desmadejado castillo que, sobre un pronunciado promontorio, vigila ya sin ímpetu las llanuras de Cuenca a unos 170 kilómetros de Madrid, prólogo de los magníficos ejemplares que más adelante podrás ver a la vera de Alarcón, Almansa, Villena o Sax. No darías un duro por él, pero sin embargo en la autopista se anuncia con uno de esos típicos carteles marrones reservados a conjuntos artísticos de interés. Se llama, como el pueblo mínimo que le rodea, Castillo de Garcimuñoz. En el improbable caso de que te decidas a tomar la desviación para verlo más de cerca, la primera impresión no variará. El castillo roto parece dormir el sueño de los justos, aunque una grúa remolona y dos relajados operarios pretenden hacernos pensar lo contrario (sin mucho éxito).

Pues este castillo, querido lector, quién lo iba a decir, fue cabeza de un señorío feudal (el de Villena), que llegó a extenderse hasta las actuales provincias de Albacete y Alicante, y fue díscola bisagra entre los reinos de Castilla y Aragón cuando España aún estaba por formarse. Desde aquí ejerció su poder Don Juan Manuel nada menos, el autor de El Conde Lucanor, que aparte de escritor fue un ambicioso señor de la guerra que no tuvo empacho en poner en jaque a reyes castellanos con tal de medrar. En este castillo se casó por poderes el 28 de marzo de 1336 su desdichada hija Constanza con el príncipe Pedro de Portugal, y allí y no en Lisboa tuvo que hacerlo porque el rey castellano Alfonso XI, temeroso de la alianza de Juan Manuel con la monarquía portuguesa, estaba empeñado en impedir el matrimonio y cercó el castillo para que la futura princesa no pudiera salir de él. Se da la circunstancia de que once años antes este mismo rey había ofrecido a Juan Manuel casarse con Constanza para asegurarse su apoyo en las innumerables intrigas palaciegas, a lo que Juan Manuel accedió gustoso. Como Constanza contaba a la sazón sólo con nueve años, se dispuso que el matrimonio (celebrado en 1325) no se consumara hasta que ella cumpliera los doce. Lo que son las cosas, Alfonso XI poco después vio la posibilidad de afianzar una alianza ventajosa con Portugal y casó con una princesa lusa alegando que el matrimonio con Constanza aún no se había consumado. Para más inri, la confinó en un castillo en Toro convirtiéndola en rehén para tratar de evitar así las iras de su padre. Don Juan Manuel no se arredró y combatió a Alfonso hasta que finalmente pudo recuperar a su desdichada hija. Me vas a permitir que siga la pista de Constanza un poco más, porque su vida es de película y aquí nos pierden las narrativas. Volvamos a su boda con el príncipe Pedro de Portugal, que como decíamos hubo de celebrarse en un primer momento por poderes en Garcimuñoz, aunque finalmente la ceremonia oficial pudo celebrarse con todo el boato en Lisboa. ¿Será al fin feliz doña Constanza?

Arrea  ¿y esto qué es?
En el séquito real viaja una bella dama de compañía, Inés de Castro. Y mira tú por dónde que Pedro se enamora perdidamente de ella. Hasta varios hijos tuvo el príncipe con la amante, que ante el escándalo fue expulsada de la corte por el padre de Pedro, el rey Alfonso IV. Pero tan enconado era el amor que  su hijo profesaba por ella, y tan cierto el peligro de que la dinastía portuguesa que el rey quería salvaguardar se viera afectada, que se ordenó matar a Inés. Ya unos años antes había muerto también Constanza  tras dar a luz al que sería futuro heredero del reino portugués, Fernando. Hasta después de muerta fue Constanza ninguneada: Cuando Pedro subió al poder a la muerte de su padre declaró reina póstuma a Inés alegando que se había casado con ella en secreto, y según la leyenda hizo que toda la corte rindiera pleitesía a la nueva soberana cadáver, a la que previamente había exhumado y sentado en el trono. 29 óperas nada menos se han compuesto hasta la fecha sobre la vida y muerte de Inés, ninguna que sepamos sobre Constanza, que yace en un olvidado convento en Santarem, mientras que Inés lo hace en una fastuosa sepultura en Alcobaça...

Tras tanta intensidad dramática te veo exhausto. Casi mejor dejo el resto de la entrada para otro día, que queda tela por cortar. Hay que ver el juego que da el castillo de Don Juan Manuel.