domingo, 25 de julio de 2021

Montañas mágicas

 


Este montículo artificial, a cargo de MVRDV, se está elevando en el Hyde Park londinense justo al lado del Marble Arch. En los rénderes primeros la cosa prometía pero la realidad es cruel. Les está quedando un engendro. El objetivo de este bizarro proyecto temporal no es otro, según el concejal iluminado de turno, que recuperar el pulso urbano ahora que con el Covid nos hemos acostumbrado a comprar a través de grandes plataformas online que al mismo tiempo que arruinan al pequeño (y gran) comercio local hacen inmensamente ricos a sus dueños, que hasta se permiten el lujo de ir al espacio como quien va a Torremolinos. Alguien en el ayuntamiento londinense vio lo que MVRDV hizo hace algunos años en Róterdam y decidió traerse la idea a Londres: se trataba un descomunal andamio-escalinata (180 peldaños) que permitía acceder, 30 metros más arriba, a un poderoso edificio de oficinas de Maaskant, el arquitecto que más hizo por reconstruir la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial. De nuevo, había al parecer un objetivo loable en el gesto efímero: llamar la atención sobre el potencial desaprovechado que suponían las abundantes azoteas planas de la ciudad (que suman en total más de 18 kilómetros cuadrados). De hecho existe un festival anual, los Rotterdamse Dakendagen, con diferentes eventos como concursos musicales (en el último festival eurovisivo, celebrado en la ciudad, hubo un guiño a la iniciativa ya que se pidió a viejas glorias festivaleras -sí, yo veo Eurovisión, ¿pasa algo? Es más, ahora voy y te enlazo a mi tema favorito de esta edición- que interpretaran sus canciones desde diferentes azoteas de la ciudad). Además, hace poco más de un mes el ayuntamiento ha editado un catálogo de azoteas  junto precisamente a MVRDV en el que se proponen nada menos que 130 posibilidades de utilizar dichos espacios, a los que el pertinaz virus nos ha hecho volver la mirada. Pero volviendo al montículo londinense (que Oliver Wainwright dice parece salido del paisaje de un videojuego cutre), la idea como decíamos es que en estos tiempos de Instagram subas al montículo de 25 metros (hay ascensor también) tras pagar 4,5 libras (5,25 eurillos de nada), te hagas la foto de rigor, la compartas en los medios como está mandado y ya puestos, tras bajar y tomarte algo en una cavernosa cafetería alojada en el interior, te vayas por Oxford Street de compras, que el comercio londinense ha perdido casi un 20% de negocio con la pandemia. Dos millones de libras ha costado la iniciativa, y podría haber sido más, ya que el estudio holandés pretendía encapsular el Marble Arch (1827) de John Nash dentro del andamiaje. Por cierto que hay que ver el juego que dan los andamios en arquitectura, fíjate en esta tremenda casa de Suzuko Yamada, totalmente reconfigurable o la intervención que hicieron Carmody Groarke para cubrir una histórica mansión de Mackintosh mientras se la restaura (con calma: podría llevar la friolera de 15 años). De todas formas, para mí que el que ha utilizado con más glamour la idea del andamio en arquitectura es Nouvel, en el francés dicha estructura deviene estrategia de desmaterialización volviendo sus edificios etéreos, casi metafísicos (ver la fundación Cartier).

Pero regresemos a Londres. Rowan Moore, que también ha publicado crítica del montículo de marras, en principio valora positivamente la idea por su componente ecológico. Y es que como ves en la foto se quiere forrar la estructura de vegetación y sufridos árboles, toda una tendencia en arquitectura últimamente (la famosa resilvestración): los mismos MVRDV no paran de repetir el patrón ya desde su pabellón holandés para la Expo 2000 de Hannover hasta por ejemplo el proyecto para Azca en Madrid, que como te comenté perdió frente a DS+R. Wainwright a su vez ve la presunta voluntad ecológica de este "montículo pop-up" como una estrategia para blanquear (o más bien verdear: greenwashing lo llama) la operación que tiene como apuntábamos un objetivo principalmente comercial. Moore también ve en el monte fake un postureo que busca llamar la atención y poco más (propone utilizar el dinero que ha costado en plantar árboles en las ciudades), lo compara con el High Line neoyorquino (para dejar más aún en evidencia su corto recorrido) y propone que se hagan más montículos arbóreos pero de carácter permanente (este solo estará en funcionamiento 6 meses).

Si pudiéramos, le diríamos a Moore que en Madrid ya tenemos eso, un montículo artificial permanente y con vegetación en nuestro Hyde Park. Y desde hace más de 200 años. Sí, es la Montaña Artificial del Retiro, que, como el Marble Arch Mound, se encuentra en una esquina del parque madrileño (junto a la Puerta de O´Donnell), y, para más coincidencias, no anda muy lejos de la Puerta de Alcalá que, aunque de mayor empaque, puede recordar al Marble Arch. Su autor, Isidro González Velázquez, como del resto de los caprichos promovidos por Fernando VII en el parque (solo quedan algunos, como la chinesca Casa del Pescador), fue nuestro mayor arquitecto neoclásico solo tras Villanueva, aunque es mucho menos conocido ya que no tuvo la oportunidad de dejar en la ciudad una gran huella: la que consideró siempre su principal obra, la remodelación de la plaza de Oriente frente al Palacio Real, nunca se llevó a cabo. Otras se han perdido, quedan en la capital obras menores (el colegio de Medicina de San Carlos, el obelisco del Dos de mayo o la fuente egipcia frente al estanque del Retiro),  rehabilitaciones (la de la basílica de la Virgen de Atocha por ejemplo) u obras parciales (la fachada oeste del Teatro Real). En el interior de la Montaña Artificial instaló una noria que surtía el agua de la ría que rodeaba la construcción y en la “cumbre” (se eleva 15 metros) construyó un templete, hoy desaparecido. Hace algunos años su interior, recorrido por corredores de ladrillo con bóvedas de cañón, se habilitó como sala de exposiciones pero tuvo que clausurarse debido a problemas de humedad. Esperemos que si la Unesco aprueba por fin el Paisaje de la Luz como patrimonio mundial, se cuide mejor esta zona del parque.  

Ya puestos, tenemos en España otra montaña mágica, y ésta más actual (2012), en Logroño. Aloja nada menos que la estación de alta velocidad y de autobuses de la capital riojana, sobre cuya cubierta Iñaki Ábalos junto a su socia Renata Sentkiewicz crea un gran parque público, el Felipe VI. Sus líneas geométricas casi surrealistas (que recuerdan al falso monte londinense) están inspiradas en los jardines de la película de Resnais El año pasado en Marienbad, mientras que en el interior la estación adopta una configuración que los arquitectos asemejan a una gruta moderna: “Estas referencias a la tradición pintoresca unifican el conjunto y su dimensión pública”. Es obvio que no estamos ante un "proyecto boutique", como recalca el arquitecto donostiarra (ni que estuviera hablando del Marble Arch Mound). Por cierto que el proyecto se impuso a los propios MVRDV, que participaban en el concurso (como Koolhaas). Y con la intervención riojana, la más mágica de todas las que te traemos hoy, nos despedimos hasta más ver.


viernes, 16 de julio de 2021

Castellanos

 


Hoy te llevo a Tierra de Campos, que Madrid cansa. He hecho un viaje mínimo por la zona y me apetece contarte un par de historias si no te importa. Elegimos como base de operaciones un pequeño pueblo de apenas 800 almas, Becerril de Campos (Palencia), pues en él se encuentra la casa rural de una conocida que nos apetecía mucho visitar. Con sus reminiscencias escandinavas, puedo decirte que este  alojamiento recién inaugurado en una antigua casona que llevaba cuarenta años abandonada fue de lo mejor del viaje. 

Desconocíamos esta parte de Castilla, de una horizontalidad ya metafísica, y lo cierto es que no sabíamos lo que nos estábamos perdiendo. Nuestro primer destino fue la villa romana de Olmeda. En ella no solo puede descubrirse, gracias a las excelentes explicaciones de una dedicada guía, los recintos de los que constaba, muchos con soberbios mosaicos (como los del oecus o salón principal) sino también el espléndido trabajo realizado por los arquitectos Paredes y Pedrosa (hablamos de ellos cuando visitamos Valdemaqueda) al cubrir en 2009 el yacimiento con un elegante edificio que en su extrema horizontalidad resuena con el paisaje circundante. El lema del proyecto, el oportuno Noli me tangere bíblico (estamos en el Bible Belt hispano: Becerril por ejemplo llegó a tener siete iglesias y otras tantas ermitas), hace referencia a la absoluta delicadeza con la que la estructura se posa sobre el yacimiento, creando una atmósfera mágica, ni dentro ni fuera (exterior domesticado lo llaman los autores) con una luz tamizada gracias a una estructura de chapa perforada. Su techo prefabricado, en forma de bóvedas con nervaduras, da el necesario contrapunto moderno sin parecer poligonero (un mal común de este tipo de intervenciones), de hecho puede recordar a los techos renacentistas de la zona, no olvidemos que estamos en tierras del Renacimiento. Largo y tendido podríamos hablar de la imprescindible parada en Valladolid: el museo de escultura es apabullante (fue ampliado por Nieto y Sobejano, en cuya sobria intervención interior recuerda a la que llevaron a cabo en el donostiarra museo de San Telmo), ya solo la portada del colegio de San Gregorio, donde se aloja el museo, por no hablar de la de la aneja iglesia de San Pablo, flamígeros retablos en piedra, justifican la visita a la que fuese capital más fugaz de España (sólo 5 años) en los albores del siglo XVII por obra y gracia del duque de Lerma en lo que fue el primer gran pelotazo urbanístico de nuestra historia. Te dejo que tomes aliento tras esta agotadora frase de ocho líneas sin un punto y paso párrafo. 

No es el ámbito de este tu blog hablar de pasados tan lejanos, aunque ya te adelanto que hoy vamos a ser menos últimos de lo que deberíamos. Volvamos a Becerril. La batalla contra el vaciamiento de la España interior es especialmente palpable en esta pequeña localidad. Particulares e instituciones se unen para dar vida a un pueblo que llegó a rozar los 3.000 habitantes y hoy no llega ni al tercio. La rehabilitación de la iglesia de San Pedro para reconvertirla en espacio cultural y aula dedicada a la astronomía resulta en ese sentido encomiable, la localidad quiere atraer un turismo estelar y a tal fin, por ejemplo, ha dispuesto pequeños mojones con el nombre de los planetas esparcidos por todo el pueblo, a la distancia exacta en que se encontrarían suponiendo que la localidad tuviera las dimensiones del sistema solar. Vi el de Júpiter, y de inmediato me acordé de Juno to Jupiter, el álbum de Vangelis que sigue inexplicablemente sin lanzarse al mercado. Como consuelo, la NASA acaba de editar un bellísimo video con imágenes del planeta y su luna Ganímedes obtenidas por la sonda (que acaba de acercarse al gaseoso planeta por trigésimo cuarta vez) con música inédita del griego, colaborador habitual de la agencia espacial americana (y de la europea). Pero por favor no nos salgamos de Becerril: en otra de las iglesias se ha habilitado un museo de arte sacro con obras por ejemplo del mismísimo Berruguete. No podemos olvidar tampoco al esforzado Canal de Castilla, que recorre la zona y bordea el pueblo generando unos paisajes holandeses. Con todo, lo que más me llamó la atención fue el ayuntamiento, que tienes en la foto que abre la entrada. Te cuento por qué. 

Ya desde que contemplé el skyline becerrileño por primera vez desde la carretera me llamó la atención el edificio, de un fuerte tono rojizo y con formas como victorianas que contrastaban con las adustas torres eclesiales. Vamos, que no pegaba ni con cola. Me recordó al Pierhouse Building de Cardiff, soberbia construcción acabada en 1897 (solo once años antes que nuestro ayuntamiento), también en vivos tonos rojizos y una distribución parecida, con su torre del reloj (el Little Big Ben) y a los lados dos bloques con tejados a doble vertiente. Obviamente es bastante más voluminoso y su decoración más rica (tiene hasta gárgolas), pero yo, qué quieres que te diga, le veo un aire (juzga tú mismo). Su estilo (según Wikipedia) sería Gótico francés / Renacimiento. Aún hoy, en medio de ese desastroso cajón de sastre en que se ha convertido el frente de la bahía de la capital galesa, destaca, que ya es decir. Por su parte nuestro ayuntamiento tierracampino nació como Casa Consistorial pero también escuela (hoy centro médico), necesaria dados los penosos locales donde se llevaba a cabo la actividad docente en el pueblo, algo habitual en la España de la época. Recordemos que estamos a principios del siglo pasado (el ayuntamiento-colegio se estrena en 1909), momento en el que se se aprobó la ley de las escuelas graduadas que, al contrario que las escuelas unitarias, exigían una mayor especialización y organización de la actividad docente, lo que repercutió en el diseño de los nuevos colegios: los espacios debían diversificarse, cobrando especial importancia los de uso comunitario (como la biblioteca o el patio) y los complementarios (aulas de usos múltiples, galerías, pasillos...); igualmente se introducían nuevas asignaturas tales como Rudimentos de Derecho o Nociones de Higiene y Fisiología Humana y se ampliaba la enseñanza obligatoria hasta los 12 años. Toda esa sofisticación la recoge nuestra moderna escuela, que, además, incluye viviendas para los profesores (con entrada diferenciada de la del colegio propiamente dicho para así controlar mejor a los docentes): hay dos pabellones idénticos, uno a la izquierda de la torre del reloj para alumnas y otro a la derecha para alumnos, grandes ventanales, guardarropa, salas de labores, aseo, patio (en el centro del edificio con acceso desde ambos pabellones) con tejavana por si llueve, etc. Desde el punto de vista estilístico, en la memoria del proyecto se dice: "Se ha procurado dar carácter artístico al edificio, que si bien no está sujeto á los estrechos y severos moldes de un órden ó estilo determinado, nos recuerda sus elementos y en conjunto especialmente la fachada principal el Renacimiento castellano". Es casi jocoso ver los malabares léxicos con los que se intenta describir el estilo arquitectónico de una época que transita entre los revivals de estilos pasados y un modernismo que ya se intuye pero aún no ha cuajado. Como curiosidad decir también que en su exterior el edificio hace gala de una serie de máximas moralizantes, en número de 30, que reflejan el espíritu pedagógico del edificio (como afirmaba Giner de los Ríos, "la escuela es el revestimiento de una idea" ), hay aquí un evidente intento de que la comunidad ayudara a implantar el mismo ideario del colegio, aspecto de gran importancia en las escuelas graduadas, donde se buscaba la implicación de familias y otros estamentos en la labor educativa. Como muestra, un botón: "Tus méritos nunca abultes / ni al que es inferior insultes". Tienes el resto aquí. 

El autor del edificio es Rafael Géigel Sabat, quien desempeñó el cargo de arquitecto municipal de Becerril entre finales de 1901 y 1907 según el estudio (que incluye planos originales) realizado por Lourdes Espinilla y Miguel Ángel de la Fuente. En abril de 1907, cuando el edificio estaba casi concluido, asume las obras Jerónimo Arroyo, dándose por finalizado en 1908. Arroyo es un reconocido arquitecto palentino autor de insignes edificios en la capital de la provincia, de la que fue arquitecto municipal, así como en Valladolid. Géigel Sabat, por el contrario, es un misterioso arquitecto difícil de trazar. Su huella en internet es mínima y se reduce a este trabajo. Al parecer conoció a Arroyo mientras estudiaban arquitectura en Barcelona. La razón por la que abandonó el proyecto fue seguramente una enfermedad grave ya que cuatro meses después moría en Puerto Rico, de donde era oriundo, con 38 años. Nada más hemos podido descubrir de él, salvo que pertenecía a una importante familia portorriqueña: su padre, José Géigel Zenón, fue relevante político y periodista, como su hermano Fernando. La hija de éste, Luisa Géigel Brunet, fue una escultora y pintora formada en Barcelona y Nueva York muy polémica por mor de sus potentes desnudos, que fueron piedra de escándalo en la conservadora Puerto Rico de los años 40. José, el patriarca, compiló artículos, libros y documentos de todo tipo relativos a la historia de Puerto Rico (labor continuada por Fernando y Luisa) en un corpus que fue adquirido por la universidad de Connecticut en 1982 y se conoce como The Géigel Puerto Rican Collection. 

Acabamos ya este pequeño ejercicio de recuperación de la memoria confiando no haberte cansado en exceso. Como dice Fernández-Galiano, no deberíamos olvidar a los dormidos, porque quizá somos parte de su sueño.  

jueves, 8 de julio de 2021

Ingleses

 



Madrid no para. Ya decía Fernández-Galiano hace 30 años que "de todos y de nadie, esta ciudad pública tiene el destino tierno y desgarrado de los cuerpos en tránsito". Hablábamos recién del proyecto de renovación de Azca (Renazca) y acabamos de saber que Thomas Heatherwick ha sido elegido por El Corte Inglés para construir un edificio de oficinas (en la foto) también en la supermanzana que siempre se quiso neoyorquina. En concreto se levantará en Castellana 69, justo sobre el aparcamiento en superficie que languidece frente al que fuera orgulloso flagship store de la cadena en Nuevos Ministerios y hoy no pasa de almacén ajado y abstraído. El estudio inglés, que se estrena en España, ha tenido que competir con estudios tan potentes como el de Foster o Bjarke Ingels, con los que curiosamente ha trabajado o está trabajando en otros proyectos (un edificio de oficinas en Shanghai con su compatriota o la sede californiana de Google con el danés); por desgracia no hay forma de descubrir cómo eran sus propuestas. Heatherwick suele caracterizarse por diseños orgánicos y dinámicos de una espectacularidad a veces vacua, su última obra estrenada, un muelle en Nueva York que alberga un parque y varios anfiteatros, parece cimbrearse sobre el Hudson no muy lejos de su obra más mediática, The Vessel, un mirador a mayor gloria de los Hudson Yards. En Londres trajo cola su proyecto para levantar un puente peatonal con jardines (el Garden Bridge) auspiciado por Boris Johnson, alcalde por aquel entonces, que fue finalmente descartado debido a los elevados sobrecostes del proyecto, no menos polémico fue su diseño para renovar la flota de doubledeckers, los típicos autobuses rojos de dos plantas, que lucen fantásticos a primera vista (Heatherwick estudió diseño, no arquitectura) pero resultaron ser un horno con ruedas alcanzando su interior los 30 grados con facilidad, al final tuvieron que dotarlos de ventanas tradicionales. En Madrid no ha arriesgado demasiado, quizá conocedor del cansino conservadurismo arquitectónico del patrón y/o acogotado ante la icónica torre de Oíza que se levanta justo a su vera. Pródigos en narrativas como somos, vemos el nuevo edificio, modesto en sus cinco plantas, cual hijo arquitectónico de la portentosa torre del navarro ("encarnación del rascacielos artístico" en palabras de nuevo de Fernández-Galiano en Fracturas y Ficciones), que en los rénderes parece mirar al retoño con ternura no exenta de recelo. Y aunque sus formas no dejan de recordar a otros diseños del estudio, sus aristas redondeadas y los voladizos que rodean cada planta bien podrían querer dialogar en buenos términos con su voluminoso compañero. Pero juzga tú mismo. 

Seguimos en Madrid. La capital, resiliente, chulesca y pujante, merece otro párrafo cuando menos. Vaya rebote se ha debido de pillar Rem cuando ha visto que OMA no pasaba el corte de los 10 finalistas para la construcción de la nueva estación de Chamartín, especialmente si entre los elegidos sí estaba Benthem Crouwel, compatriotas de mucho menor calado (aunque su cortante estación de Róterdam debió impresionar al jurado). Tras la -imaginamos- airada protesta Adif, que ciertamente no anduvo muy fina, ha incorporado en su nueva lista a Koolhaas y dejado fuera precisamente a Benthem Crouwel. El resto de los equipos rezuma glamour por los cuatros costados: Rogers con Luis Vidal, UNStudio con b720, Mangado junto a Souto Moura y Ezquiaga, Grimshaw con Rubio, Rafael de-la-Hoz con SOM, Foster y BIG.

Sin dejar aún Madrid, me pregunto qué pasa con la rehabilitación de las exánimes torres de Colón, ya no solo desmochadas (desapareció el enchufe: ¿lo echas en falta?), sino despellejadas y en cueros vivos desde hace semanas, la obra parece detenida. Igual es que Lamela está dando guerra: pueden verse mordidas en la estructura de hormigón (protegida) seguramente producidas al desprender la fachada. Luce el edificio tétrico y fantasmático, como alma en pena. Pardiez, es lo que le faltaba a esta fatigada plaza, donde conviven en muestrario inconexo estatuas de toda índole y condición formando parejas imposibles: la carnosa señora de Botero y el héroe Blas de Lezo, sus mutilaciones reflejadas con crudo realismo, o Julia, epítome de blanca modernidad, y Colón, que con los tiempos iconoclastas y justicieros que corren quién sabe si cualquier día es descabalgado de su columna por las bravas. Ya en el quinto centenario del descubrimiento don Luis (vuelvo a Fracturas y ficciones) relata unos fastos "deshuesados de cualquier núcleo castizo": "el centenario, pasteurizado y euromaquillado, nos evitaba el enfrentamiento con nuestra historia y de paso reducía el papel que en él habían de jugar los países americanos, incómodos parientes pobres del nuevo rico europeo en que España se había convertido" para rematar el argumento en metáfora salvaje: "los enemigos ideológicos del V Centenario fustigan a un caballo muerto".  Hay que ver cómo repartía estopa el bilbilitano en los 90. Ya puestos, proponemos aún otra estatua para la plaza: la de Darwin, que encargaríamos a Gormley (por seguir con el palo inglés), blandiendo en su mano derecha un bocatacalamares libertario. La colocaríamos en la esquina con Génova, haciendo pareja con la rana mutante, justo delante del edificio Axis de Foster (ya terminado pero aún rodeado de una cutrona valla), no en vano el eje ideólógico de esta ciudad tan vital tiene un punto darwinista: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. 

Sí, he percibido en remoto que echas en falta el remate-chirimbolo de las torres de Colón. No te preocupes, siempre atento a que goces de una óptima experiencia de usuario, te he encontrado otro parecido (y casi del mismo tono verde hortera) con el que acaban de coronar un rancio edificio neoyorquino. Se trata de la biblioteca de la Fundación Stavros Niarchos, muy cerca del parque Bryant, en el Midtown. Su autora, Francine Houben de Mecanoo, lo llama el sombrero del brujo (obviamente Harry Potter). Deja que amplíe someramente el foco y te sitúe en su contexto la historia que se esconde detrás del anguloso sombrero de marras. La tal biblioteca es en realidad una sucursal de la que se sitúa justo a la vera del parque, un bello edificio Beaux Arts erigido en 1906 donde en tiempos se ubicara un embalse por cuyos bordes gustaba de pasear Edgar A. Poe, especialmente de noche (no podía ser de otra manera) pues disfrutaba viendo el reflejo de la luna sobre el agua. Dicho edificio pronto se quedó pequeño y necesitó del bloque hoy rehabilitado, que nació allá por 1915 como grandes almacenes. Decir que en un primer momento se pensó en rehabilitar este edificio principal, no el subalterno, y se encargó la intervención nada menos que a Foster, quien se lió la manta a la cabeza sin miramientos. Partiendo de la base de que la era digital demandaba otro tipo de biblioteca, y que buena parte del espacio del centenario edificio lo ocupaban los 53 millones de volúmenes almacenados en anaqueles obsoletos, cortó el inglés por lo sano, abriendo uno de sus típicos atrios a varias alturas y mandando los polvorientos libros a un almacén subterráneo. El edificio se abría al exterior, que ya decía Kahn que "el hombre con el libro va hacia la luz". Pues bien, la que se montó. Nada menos que Ada Louise Huxtable, en el que sería, para más inri, su último artículo (fallecería poco después a los 91 años), se levantó en armas contra la rehabilitación sosteniendo que un icono de ese calibre no necesitaba de actualización (ni que la biblioteca fuera un templo maya). Pocos días más tarde sería Kimmelman, otro crítico estrella, quien fustigaría el proyecto desde el NYT, afirmando que el atrio era más propio de un centro comercial y las escénicas escaleras que lo recorrían parecían sacadas de un hotel de Las Vegas. El cambio de alcalde (De Blasio sustituyó a Bloomberg, con el que Foster tenía una excelente relación, de hecho acabaría haciendo la sede londinense de su emporio financiero) fue la puntilla que remataría el proyecto. Ni Kimmelman ni Huxtable criticaban directamente a Foster, sino que proponían que la reforma fuera acometida en la cercana sucursal, no en el buque insignia. Finalmente así ha sido, no con el de Mánchester, que aunque reaccionó a las críticas con impecable flema británica hizo un comprensible mutis por el foro, sino con Mecanoo. De la reforma comentar que el estudio de Delft (autor también de la principal biblioteca de Birmingham) ha hecho algo parecido a lo que planteaba Foster, abriendo a la luz el obsoleto edificio diseñado, recordemos, como un gran almacén, gracias a un hermoso atrio. En su tejado montan el peculiar sombrero que decíamos y una sugerente terraza con vistas, que la biblioteca vende como la única gratis de todo el Midtown. Como curiosidad decir que Foster acaba de añadir también una terraza para su proyecto de la ampliación del museo de Bellas Artes de Bilbao, cuyas obras empiezan en septiembre. Cosas que trae la pandemia. Un apunte más y acabo: con vistas también al parque Bryant, otro inglés (Chipperfield) terminó hace unos pocos años una sobria torre de apartamentos cuya fachada reproduce una retícula exacta, acaso homenaje al grid manhattánico. 

Damos ya fin al atrabiliario batiburrillo que ha sido la entrada hoy, tan cargada de contenidos (con perdón). Cambio y corto. 

miércoles, 30 de junio de 2021

Baile de máscaras

 


Este edificio de Zúrich lleva por nombre Ballet Mécanique. Observa en este video por qué. Su autor, Manuel Herz (al que mencionábamos el verano pasado, por cierto que ya ha estrenado su hospital en Tambacounda), arquitecto iconoclasta que gusta de jugar con dicotomías (abierto-cerrado, legal-ilegal, provocación-conformismo) proclamaba en un mini manifiesto que escribió para la Bienal de Venecia de 2004: "Al infierno con la síntesis. No necesitamos el término medio ni hacer aún más gris nuestro consensuado tejido urbano. No necesitamos anular el desacuerdo mediante la negociación en un interminable mar de conformidad. Negarse a negociar llevaría a una búsqueda de soluciones con un fundamento crítico". Algo en plan Bjarke Ingels pero con angst. En el edificio que hoy te traigo, con sus estructuras hidráulicas móviles y componentes metálicos, podemos encontrar acaso referencias a Price o Prouvé, aunque la conexión más evidente (está a escasos 100 metros) es nada menos que el museo Heidi Weber, edificio póstumo de Le Corbusier, donde el también suizo, lejos ya de su afición al blanco nuclear y el hormigón crudo, diseñara una estructura metálica adornada con colores primarios que también pueden verse en el baile mecánico de Herz. Otro referente bastante evidente es esta película de Léger. 

Dicho edificio puede además ser un reflejo de nuestro tiempo más inmediato. Andamos, como esta alocada casa que puede quedar totalmente enmascarada ipso facto, en un continuo ballo in maschera, indecisos entre cerrar o abrir. Hacemos malabarismos con la mascarilla para tomarnos el pinchotortilla, medimos cual topógrafos improvisados los metros que nos separan del convecino para ver de ajustarnos o no el dichoso apósito, gozamos, algo aún culpables, de la libertad del mask-less mientras contemplamos con pasmo las caras que se escondían tras las mascaretas. En fin. Pero para edificio enmascarado el que te muestro a continuación: la casi borde iglesia de Neviges, de Gottfried Böhm, al que acabamos de perder a los 101 años, bizarra construcción que he descubierto con asombro estos días. Brutal, se cierra a cal y canto a su entorno bajo una erizada montaña de hormigón aunque esconde, para goce de los que, intrépidos, se atreven a penetrar en su interior, espacios de una intensa belleza. O eso me parece a mí. 

En Vilajuiga (Gerona), Luis Twose y el estudio Two-Bo han renovado un complejo de aguas minero medicinales que data de 1904. En superficie no han construido nada nuevo, se han limitado a restaurar los edificios ya existentes, pero es bajo tierra donde los arquitectos han echado el resto: alrededor de un estanque circular que se hunde seis metros en el suelo, horadan una galería que desenmascara el rugoso muro que encierra la balsa, pared ciega que se hace protagonista de un recorrido subterráneo que busca el agua y la memoria ocultas (recordando un algo a la rehabilitación de la Bolsa parisina de Ando, recién estrenada). El contraste entre el hormigón perfectamente liso de la galería de acceso y el irregular muro de la balsa debe ser espectacular. Una obra menor, dirán muchos, pero acaso es en estos espacios insospechados donde podemos librarnos de nuestras máscaras y encontrar lo que Muñoz Molina, reseñando la novela La vida pequeña de J. Á. González Sáiz (que acaso rememora la "little life" de Eliot en La tierra baldía), llama "luz de paraíso": "La vida pequeña propone, desde su título, una actitud inversa, un curarse en salud de las feroces mayúsculas que tanto daño hicieron al mundo en el siglo pasado -y siguen amenazando todavía- mediante el cultivo a conciencia de lo menor, lo concreto, lo próximo, el paraíso de cada momento presente, lo tangible de un bloque de madera que huele todavía a savia y que un artesano convertirá en un valioso objeto cotidiano, la soledad acompañada que no se rinde a las fantasmagorías narcisistas del yo, las metáforas contenidas en la lengua común de todos los días". O lo que Pablo d'Ors (en Biografía de la luz) llama "iluminación", con él me despido: "La sabiduría se postra ante la fragilidad y reconoce que solo ahí está la vida. (...) Revestimos la iluminación de tanta solemnidad y grandilocuencia que apenas resulta creíble que suceda ante la visión de algo tan pequeño y cotidiano como un niño. Un niño...¿parece pequeño? Pues la iluminación puede acontecer gracias a realidades aún más pequeñas: una gota que cae del grifo, por ejemplo, o un abrir y cerrar de ojos, un traspié que te hace caer de bruces, una llamada de teléfono...(...). La iluminación no la da el poder, sino el conocimiento, el co-nacimiento: nacer con lo que tenemos delante, nacer siempre a nosotros mismos ante cualquier realidad". 



domingo, 16 de mayo de 2021

Grises

 


He leído esta semana en Postales Inventadas que Carvajal, el autor de la torre de Valencia madrileña, recordaba cómo Aalto le dijo en una ocasión que lo que de verdad importa en la vida es servir a los problemas y resolverlos, no servirse de ellos ni crearlos. Una frase oportuna y reveladora. Desconozco si esta conversación, que me cuesta imaginar teniendo en cuenta lo contrapuesto de sus protagonistas (el brutalista y frío español frente al orgánico y cálido escandinavo, estereotipos para qué os quiero) tuvo lugar durante la famosa visita del finlandés a Madrid en la que fue conducido a El Escorial (aunque imagino que no, pues Carvajal sería muy joven por entonces). Ya que estamos, deja que te recuerde las dos más conocidas anécdotas de aquel viaje. Estamos en 1951, en una España oscura, aislada y pobre. Imagino que la llegada de una estrella de la disciplina a nuestro país supuso todo un acontecimiento para la comunidad arquitectónica, que quiso agasajar a Aalto con una visita a la que se consideraba ejemplo más excelso de la arquitectura hispana: El Escorial. Aalto manifestó no querer verlo, lo que no impidió a sus entusiastas colegas embutirlo en un coche y llevarle hasta el imponente monasterio. Aalto seguía en sus trece: cuando intentaron mostrárselo desde una terraza cercana, le dio literalmente la espalda, para pasmo de sus compañeros de profesión. El Escorial, en su retícula perfecta, su despojamiento ornamental, su geometría agobiante, era acaso un edificio ya moderno (recordemos lo entusiasmado que se ve a Le Corbusier junto a Mercadal en otra visita al edificio, en 1928, cuando dicen que dijo: "¿Qué puedo yo enseñar de arte moderno a esta nación que ha creado El Escorial?", hay quien señala que su proyecto no realizado para el Mundaneum de Ginebra está basado en el monasterio), y no olvidemos que Aalto había empezado a abandonar la rectilínea modernidad veinte años atrás con el extraño silo de Oulu que traíamos aquí hace poco. Ya de vuelta a Madrid, Aalto se fue a comprar algunos recuerdos y se encaprichó de unas castañuelas de precio exorbitante ya que el arquitecto enamorado de la madera había puesto el ojo en las más caras del establecimiento. Quién sabe si el finlandés vio en ellas un reflejo de las alabeadas formas orgánicas de sus edificios. 

Todos estamos, como Aalto, cansados del artificio de retículas perimetrales y ansiamos la libertad de las lejanas cumbres, de las azarosas formas de la naturaleza. Escucho lo último de Jean Michel Jarre, Amazonia, un soberbio muestrario de sonidos electrónicos (en formato Binaural además) inspirado en las fotografías de Sebastiao Salgado, donde nada es blanco o negro, sino un gris de paleta casi infinita, se diría que posmoderna. La jungla libertaria nos reclama: ¿estás preparado para ella? "El orden es el placer de la razón y el desorden la delicia de la imaginación" decía Paul Claudel, como nos recordaba ayer Fernando Savater. 

En la foto, la rehabilitación de la aldea de Ruesta en Zaragoza, donde Sergio Sebastián ha respetado el irregular tejido urbano de la villa y sus ruinas. 


sábado, 1 de mayo de 2021

Blanco feroz

 


Von der Leyen no ha leído a Wolfe. Harquitectes, seguramente sí. Los arquitectos de Sabadell (junto a los suizos Christ & Gantenbein) han resultado vencedores en el concurso para ampliar el MACBA, reto feroz donde los haya pues la ampliación se sitúa justo enfrente del icónico edificio de Meier al que no tiene otra que encararse. Meier, que bien podría ser uno de los dioses blancos de los que hablaba Wolfe, levantó en 1995 un bello monumento níveo, como todos los suyos, que hacía caso omiso al entorno y se erigía, no sé si autista o chulesco, en mitad del Rabal barcelonés. Harquitectes no han temido al feroz Bauhaus y han optado por ignorar la imponente presencia, que me ha recordado de pronto al Gigante Blanco que Poe imaginó en La narración de Arthur Gordon Pym, volviendo sus ojos al barrio que a su vez ignorara Meier con una arquitectura matérica, grávida y atenta a lo preexistente como es habitual en ellos (echa un vistazo a su soberbia rehabilitación de las Cristalerías Planell). Ya dice Fernández-Galiano que toda plaza es una plaza de armas a la que pugna por asomarse el poder en sus diversas formas, y en esta (de nombre Plaça dels Àngels) veremos cruenta batalla en la que se blandirán dispares estiletes estilísticos, contienda  comparable a la que se produce en la murciana del Cardenal Belluga en la que Moneo se enfrentó a cara de perro (por una vez) al contexto representado por la torturada fachada barroca de la catedral. 

Tiene su gracia que sea en esta plaza de los Ángeles donde Meier levantara el MACBA ya que es precisamente en Los Ángeles donde tiene su obra más señera, el Getty Center, una acrópolis por supuesto blanca que fuera famosa por su desorbitado presupuesto (1.000 millones de dólares); Stirling, uno de los tres finalistas, exclamó desaforado al enterarse de la victoria del americano: "Oh no! Otra condenada lavadora!" (esta vez la victoria fue para los modernos heroicos, pero en la City de Londres fue el inglés más posmoderno el triunfador en la batalla contra el Estilo Internacional frente a la torre póstuma y copypaste de Mies). Por cierto que fue en el Centro Getty, en 1997, cuando aún se ultimaba, donde recibiría Moneo su premio Pritzker. Nuestro navarro universal acaba de recibir otro galardón, el León de Oro de la Bienal de Venecia, acaso por realizar una arquitectura que aúna contrarios y por ello no se ve afectada por la "obsolescencia simbólica que tanto perturba los edificios levantados con ánimo de dar testimonio de un tiempo fugaz", en palabras de nuevo de Fernández-Galiano en Moneo el profesor. Si me permites aún una conexión más para cerrar párrafo tan disperso, decir que en esa enfilade con arcos de medio punto que podemos ver en los rénderes de la ampliación que traemos hoy, uno podría imaginar un guiño a Mérida. 

Pero volvamos un momento a Wolfe, tremendo en sus estocadas contra los arquitectos modernos a los que no duda en denominar también "jóvenes turcos". Debe referirse a los que, a principios del siglo pasado, lanzaron una encarnizada campaña de exterminación de los armenios (de Armenia hablábamos por cierto en la anterior entrada) para la que se inventó el término genocidio. Gropius, con su "empezar de cero", y el primer Le Corbusier, obsesionado con los sistemas puros, de blancura y geometría impolutas, nos remiten a un mundo binario, de blanco o negro, por el que no pocos sienten nostalgia. La complejidad, oye, es muy cansina (y a veces surrealista). En estos tiempos de unanimidades feroces, como dice Muñoz Molina al hilo de la ópera Peter Grimes, donde se da caza al diferente solo porque no cuadra, es mucho más cómodo montarte una realidad a medida (la realityvidad), elegir tu blanco y hacer tiro al ídem junto al resto de la manada. 

Cierro con cita de Moneo, del libro antes mencionado: "Realmente aprendimos muchísimo de Venturi, así que para la gente de nuestra generación que estaba, digamos, diez o quince años detrás de Venturi y Rossi en términos de cronología, la lectura conjunta de ambos seguramente fue fundamental para lo que iba a ser el desarrollo de nuestras carreras. La búsqueda del valor de la anomalía, el entendimiento de lo contingente, la sensación de que no había que excluir, porque la arquitectura no estaba llamada a la creación de un lenguaje universal como la modernidad parecía exigir, suscitaron en las gentes de mi generación una voluntad de entender de un modo más amplio, y una voluntad de actuar con mayor libertad, que sin duda debemos a Venturi."


sábado, 17 de abril de 2021

La conexión griega (2)

 


¿Qué será este pequeño edificio que se alza, aún en afanosa construcción, en Nueva York? Pues se trata de una pequeña iglesia que se dedicará al culto cristiano ortodoxo y reemplazará al templo de San Nicolás que se elevaba aquí mismo y quedó destruido por el ataque terrorista del 11 de septiembre. Estamos por tanto en plena zona cero, al lado del famoso Oculus, la fastuosa estación que diseñara Calatrava. Y no otro es el arquitecto de nuestro pequeño templo neobizantino, quien repite en tan delicado emplazamiento, esta vez con construcción más modesta. Quedará extraña entre semejantes moles, igual que la antigua construcción, un estrecho bloque de tres alturas que había albergado un bar y fue reconvertido en iglesia allá por 1922 gracias al empeño de un puñado de inmigrantes griegos. Calatrava vuelve a la Greek Connection de la que aquí hablamos, la misma que, según se cuenta, le valdría el contrato para el diseño del soberbio complejo olímpico de Atenas para los Juegos de 2004. En dicha entrada mencionábamos una versión de Las Troyanas representada en una antigua fábrica de Sagunto con escenografía del arquitecto valenciano, dirección e interpretación de Irene Papas y música de Vangelis, representación que por cierto se llevó a cabo pocos días después de los atentados de las Torres Gemelas. Con un público en estado de shock (doy fe), el mensaje de la obra de Eurípides cobró vigencia de la peor manera posible. 

La construcción del nuevo templo neoyorquino ha sufrido varios retrasos por problemas de financiación (su finalización estaba prevista para 2018) pero finalmente parece que las obras se han retomado y van a buen ritmo. Tras 20 años, la diminuta iglesia volverá a la vida. Antes de su destrucción por los ataques terroristas, ya había sido amenazada por los especuladores inmobiliarios, quienes llegaron a ofrecer al párroco (Jimmy Maniatis) 15 millones de dólares por el preciado solar, sin éxito: 34 años resistió Maniatis las tentaciones del mundo y la carne. Los monjes del monasterio de Xenophontos, en el Monte Athos, han elaborado 56 iconos para vestir la nueva iglesia, por cierto que Calatrava señala que ha ido dos veces a Athos para buscar inspiración y dice haberse basado para su diseño en Santa Sofía de Estambul, que fuera en sus orígenes basílica ortodoxa. El valenciano, que también pinta, ha elaborado un curioso boceto animado que explica las formas del nuevo San Nicolás. 

Ya puestos sigamos con más conexiones griegas. Hace unos días me regalé el recién publicado CD (y DVD) The Island of Christianity: Armenia & Artsakh, que relata en viaje musical una peregrinación que Monsterrat Caballé realizó en 2013 al primer país en el mundo que adoptó el cristianismo como religión oficial, hace 1.700 años. Se trata del último disco grabado por la soprano catalana. Mi interés mayormente se debía a que se incluía un tema inédito de Vangelis que el músico heleno había compuesto especialmente para la Caballé por su 80 aniversario, así que a falta de pan (Juno to Jupiter, que sigue sin publicarse) nos contentaremos malamente con esta pequeña canción. Se llama Habanera e incluye sorpresivamente un solo de duduk que digo yo pega más bien poco con los típicos sones dulces y nostálgicos de este tipo de composiciones que evocan las antiguas singladuras entre Cuba y España (en Torrevieja se celebra un festival anual dedicado a las habaneras desde 1955). Sí, el duduk es oriental, Vangelis ya lo había utilizado en la BSO de Alejandro Magno, pero con Cuba como que no encaja mucho. En fin, por tratarse del mago de los sintetizadores admitiremos pulpo como animal de compañía. Percibo en remoto tu sorpresa ante la conexión existente entre el griego y la catalana; te cuento en dos pinceladas. Paso párrafo, pero por favor sáltatelo si no te interesa, en el siguiente retomaré (con suerte). 

Corre el año 1994. Caballé ha probado las mieles del éxito pop con el mítico tema Barcelona cantado junto a Freddy Mercury que devendría éxito planetario. Vangelis a su vez está gozando de una tercera ola (con perdón) de éxitos tras los hits conseguidos en los primeros 70 junto al grupo Aphrodite´s Child y el bombazo de Chariots of Fire en los 80; es ahora 1492, la conquista del paraíso, la BSO para la película de Ridley Scott (el tándem repetía tras Blade Runner), la que está arrasando en toda Europa no tanto gracias a la película como al hecho de que un boxeador alemán de renombre utilizara el tema central siempre que salía al ring, lo que acabó poniéndola de moda (Vangelis siempre asociado al deporte). Pues como te decía, el griego se reunió con la Caballé y su hija Monsterrat Martí en 1994 para grabar una obra al parecer de corte ecológico que se presentaría en el Odeón de Herodes Ático de Atenas. Finalmente ni la obra ni el concierto llegarían a materializarse (aunque es cierto que Vangelis compuso para madre e hija el tema Prayer of the World que se dice podría ser parte de dicha misteriosa obra). Sea como fuere el trío entabló una duradera amistad que daría fruto poco después en la participación de Caballé en uno de los movimientos de El Greco, álbum dedicado al pintor que mejor representa esta Greek Connection que hoy nos está llevando por derroteros harto inesperados. En unos temas marcadamente impresionistas (Vangelis es el Debussy sintético), el álbum nos invita a un sobrecogedor recorrido sonoro por las densas atmósferas de Theotokópoulos. Vangelis compondría otros tres temas para Caballé y Martí, de índole más popular, entre los que destaca March with Me, himno bombástico y facilón que se convertiría en habitual del repertorio de la soprano especialmente en Rusia y Alemania y fue presentado por todo lo alto en la espectacular ceremonia de inauguración de los Campeonatos del Mundo de Atletismo de 1997. Dicha ceremonia, celebrada en el estadio Panathinaikó en Atenas (que acogiera los primeros juegos olímpicos modernos en 1896), fue diseñada íntegramente por Vangelis. No te pierdas la potente actuación de Caballé y el griego ambos en pleno apogeo profesional. La soprano cantaría también March with Me en la Puerta de Brandenburgo en 2003 para celebrar su restauración tras casi 2 años de trabajo. Finalmente decir que Caballé también participaría allá por 2008 en un video sobre la carrera del griego en el que alababa sus apabullantes dotes para la música. Como estoy entonado te podría seguir hablando sobre la conexión de Vangelis con otro español universal, Dalí, gracias a 666, un álbum maldito (1972) basado en el Apocalipsis de San Juan que realizara junto a Aphrodite´s Child y donde Irene Papas haría un peculiar cameo (el disco estuvo prohibido en España y tardó casi 20 años en ver la luz), pero eso sería abusar de tu paciencia. 

Vuelvo someramente a Island of Christianity porque tiene un inesperado componente de interés arquitectónico. En el DVD se incluye un bellísimo recorrido filmado con primor por siete iglesias armenias con el fondo musical de los temas del CD que es acaso lo mejor de este trabajo póstumo de Caballé. Algunas de ellas ya son solo desoladas ruinas: han sido víctimas de los conflictos que asolan la sufrida Armenia. 

Termino ya con una última conexión griega. Se trata de una foto que he descubierto en un libro que leo estos días con fruición. En ella vemos un hombre adusto que se sienta, rígido como un palo, en el teatro de Epidauro en 1959, cuando el mundo aún era binario (nuestro personaje iba a llevarlo crudo en nuestros días, en los que, como dice Irene Solà, nos dedicamos con ahínco a "transgredir cajones"). Parece incómodo, no sabemos si debido a la artritis que le aqueja o al desorden en forma de indómitos fragmentos que le rodea. Su figura, en contrapicado, aún acongoja. Mira al infinito, sintiéndose acaso parte de él, en pose como de profeta terrible. Ha inventado un culto arquitectónico que rinde pleitesía a la exactitud geométrica, al orden implacable y a la perfección sin fisuras (dolencia acaso más hiriente que la artritis). Severo, sujeta lo que bien podría ser bastón de mando, vara de medir, cetro incluso. Sí, es Mies: "Hermético e inmóvil entre los fragmentos del mundo antiguo, el arquitecto se sabe, en su fuero interior, eslabón de una cadena de creadores que han perseguido obstinados una cierta idea de perfección insensata que hemos convenido en llamar clásica" . (Luis Fernández-Galiano,  Fracturas y Ficciones. Las grandes esperanzas). 




martes, 30 de marzo de 2021

Silos


Hoy traemos al blog un sorprendente descubrimiento. Es un silo levantado por Aino y Alvar Aalto allá por 1931 en Oulu (Finlandia) que dormía, olvidado, el sueño de los justos. Resulta que el estudio londinense Skene Catling de la Peña, autores de la Flint House, van a restaurar el añejo edificio para convertirlo en un espacio cultural. Me han llamado la atención sus formas, creo que es el primer silo que veo con puntiagudo tejado (?) a doble vertiente. La idea que yo tenía del silo, referente para los modernos heroicos, es el de un volumen de severa ortogonalidad, epítome del paralelepípedo y paroxismo del ángulo recto. Y fíjate con lo que nos salen los Aalto: una exacerbada catedral neogótica en la tundra. 

Mira, vamos a dar una vuelta a esto desde la tranquilidad que otorga ser un error en el sistema. El tal silo me ha recordado a ese enorme granero que William Morris veía desde la Red House, también de puntiagudo tejado y que el líder del movimiento Arts & Crafts asemejaba en cuanto a dignidad a una catedral medieval. Morris diseñó su propia casa con agudos tejados, pues no olvidemos que era declarado defensor del gótico, que asociaba a una espiritualidad que siempre le acompañó y acabaría derivando en un activismo social y político (socialista) más cercano con todo a Moro que a Marx, y que le enfrentaría a la cruel deshumanización de la época victoriana (en sus postulados ecológicos y antimaterialistas el Arts & Crafts conecta bien con nuestros actuales activistas de lo slow). John Ruskin, que fuera principal referente para Morris, defendía ya el gótico en su condición imperfecta por tratarse del resultado del trabajo de creativos artesanos y no de seres deshumanizados esclavos de la máquina: "Esas horribles gárgolas, y monstruos sin forma, y severas estatuas, rígidas y sin anatomía (...) son huellas de la vida y la libertad de cada uno de los trabajadores que esculpieron la piedra; una libertad de pensamiento, un rango en la escala del ser (...) que debería ser lo primero que Europa entera deseara reconquistar hoy para sus hijos" (citado en William Morris y compañía: el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña de Manuel Fontán y María Zozaya eds.). Puede chocar aquí que Morris fuera considerado por Pevsner uno de los pioneros del estilo moderno en su canónica Pioneers of Modern Design: From William Morris to Walter Gropius. Hay sin duda puntos en común en la voluntad de Morris de despojar a las viviendas de toda decoración innecesaria en su exterior (el interior era otro cantar, ahí están sus magníficos papeles pintados siempre inspirados en la naturaleza), diseñar construcciones funcionales (pensadas de dentro afuera) y dar a la arquitectura y demás artes un componente social y político, por no hablar de la puesta en valor de la artesanía, principio que la Bauhaus llevó a gala. Sin embargo, la perspectiva cambia cuando vemos la repulsión de Morris por la máquina (tan cara al modernismo más ortodoxo) y su defensa de lo orgánico y lo vernáculo frente a la uniformidad ortogonal tan defendida por Le Corbusier (al menos en un primer momento), la que llama "horizontal omnipotente" en Arquitectura de época maquinista (1926), la horizontal "que termina la composición, en su cima, por una línea categórica, que hasta entonces se evadía por los paños oblicuos de los tejados, gabletes, lucernas, etc. Los tejados se disimulaban tras un piso de ático, cuya finalidad es enmascarar una oblicuidad que perturbaba enfadosamente el principio ortogonal de la composición". Parece que está describiendo la Red House... Habrá que leer a Pevsner. 

Volvamos a Aalto. Un año antes de hacer el silo que nos ocupa terminaba la sede de un periódico local en Turku, de líneas perfectamente modernas. Y sin embargo, aquí le vemos desaprovechando descaradamente la oportunidad de diseñar un edificio de impolutas líneas rectas (como todo silo que se precie). Indagando un poco descubrimos que fue precisamente a partir de 1930 (el silo es de 1931) cuando Aalto empezó a despegarse de los postulados modernos y a crear su estilo característico, señalado por las formas orgánicas y un mayor uso de las formas curvas. Su arquitectura evolucionó hacia la calidez y el acercamiento a la naturaleza. ¿Habrá una cita al Arts & Crafts en Oulu? 

Te dejo con tres silos (reales o imaginarios): 


The Silo, un silo reconvertido en viviendas por COBE 

La Torre de la Fondazione Prada en Milán (OMA)

La casa 4x4 en Kobe (Tadao Ando)



sábado, 20 de marzo de 2021

Silencios (2)

 


Lacaton y Vassal han ganado el Pritzker. Las quinielas no vaticinaron su elección (más bien apuntaban a Chipperfield, el eterno candidato); se hace evidente el mensaje que el jurado del galardón, presidido por Aravena, ha querido lanzar premiando una arquitectura silenciosa centrada en los cuidados frente al espectáculo y en la rehabilitación frente a la destrucción. El momento Bartleby que mencionaba Fernández-Galiano en relación a Fermín Vázquez y la torre Agbar podría también aplicarse al dúo francés cuando se negaron a reformar un parque en Burdeos alegando que salvo un par de pequeños retoques no necesitaba una mayor intervención y recomendaron al ayuntamiento que utilizara el presupuesto asignado en otros proyectos más necesarios. Ese preferiría no hacerlo se convirtió en famoso gesto antiarquitectónico, aunque siempre nos preguntamos si no fue también una ocasión perdida: todo en la vida es manifiestamente mejorable. Sus portentosas rehabilitaciones de ajados bloques de viviendas (en concreto la realizada en Burdeos) ya les hicieron ganar el premio Mies van der Rohe de 2019. Fernández-Galiano daba como es habitual en el clavo cuando en un texto escrito en 2014 (Al servicio de la vida, el título ya lo dice todo), indicaba que el estudio galo había recuperado la "fibra ética de la aurora moderna para volver a poner la construcción al servicio de lo cotidiano" (como dice Chinchilla, "la geometría, el espacio o la pureza formal son posibles medios, nunca el fin") y señalaba que en esa cierta voluntad antiarquitectónica, la misma que como veíamos en la anterior entrada manifestaba Nouvel en su famoso aserto "el futuro de la arquitectura no es arquitectónico", el dúo podía también recordar a Alejandro de la Sota ("el no hacer Arquitectura es un camino para hacerla") o Miguel Fisac ("mis mejores obras son las que no he hecho"). Cuánto de pequeña boutade hay en estas afirmaciones sería cuestión de debate. Acaso lo que necesitemos no sea menos arquitectura sino otro tipo de arquitectura. Más silenciosa, más atenta, más cuidadosa. Vuelvo a Chinchilla, que debe estar encantada con la concesión del premio a los franceses: "El objetivo último de nuestro trabajo es la mejora en las diversas condiciones de vida de las y los habitantes del entorno donde trabajamos.(...) Hemos de dejar atrás la vieja idea que nos inculcaron en la escuela de Arquitectura de que sabemos más de la ciudad que sus propios habitantes. Estos saben más del objetivo que perseguimos: qué necesitan para vivir mejor". Despido el párrafo con Aravena en el anuncio del premio:"Este año, más que nunca, hemos sentido que somos parte de la humanidad como un todo. Sea por razones sanitarias, políticas o sociales, hay una necesidad de construir un sentido de colectividad. Como en cualquier sistema interconectado, ser justo con el medio ambiente, con la humanidad, es ser justos con la próxima generación".   

El edificio de la foto que abre la entrada no es de Lacaton y Vassal. Es lo último de Gehry en Arlés, ya sabes, la ciudad donde Van Gogh se seccionó una oreja. Quizá si hubiera visto el ruidoso museo del californiano se habría cortado la otra (más fotos). En las antípodas de los planteamientos de los nuevos Pritzker, Gehry dice haberse inspirado en el famoso cuadro La noche estrellada, y apunta que el edificio circular sobre el que se inserta la agónica torre querría rendir homenaje al teatro romano de la localidad. Me toca la moral que estos arquitectos a los que el contexto se la trae laxa vengan encima con rocambolescas justificaciones para sus monumentos a sí mismos (aquí tienes otro granado ejemplo). Nos da que el autor del Guggenheim bilbaíno, triste preso del éxito de este y otros proyectos similares, se ve obligado a dar espectáculo, cual acróbata agostado en la función de un destartalado circo al que ya apenas asiste público. Como aquel rector de Oxford fan de Zaha Hadid que pidió a la arquitecta un "Zaha-Zaha" para un edificio del campus y, claro, le vino con esto. El nuevo museo del premio Príncipe de Asturias es acaso una ejemplificación de que, como señalaba Baudrillard en Las estrategias fatales, vivimos en un tiempo en el que el principio de dialéctica de contrarios ha desaparecido: lo feo no se contrapone a lo bello, sino que buscamos lo más feo que lo feo: lo monstruoso. Y tampoco interesa distinguir lo verdadero de lo falso: buscaremos lo más falso que lo falso, el artificio; o lo más real que lo real: el simulacro. Y dado que la aceleración es otro signo de nuestro tiempo (como dice en este caso Virilio), pues encima el proceso, agotador y destructivo, se realiza a una velocidad de vértigo. Son tiempos de centrifugados extremos, personalismos atronadores y polarizaciones a gogó. 

Celebramos la concesión del premio Pritzker a Lacaton y Vassal. Y despedimos la entrada con Antón García Abril, fallecido estos días (padre, por cierto, del arquitecto Antón García-Abril, del estudio Ensemble). Preguntado el conocido compositor cuál es su melodía favorita dicen que respondió: el silencio. 


domingo, 14 de marzo de 2021

Silencios

 


"Es sabido que los colegas Kahn y Barragán, compartieron opiniones sobre formas de construir, y que tal y como nos cuenta nuestro compañero Raúl García, Luis Barragán le desaconsejó llenar la explanada del Salk Institute de naranjos, y qué gran acierto. El mundo pétreo de uno y las masas de color del otro tienen un denominador común; el SILENCIO. (...)

Alain Corbin parafrasea a Gastón Bachelard diciendo que «la noche amplifica las resonancias auditivas que compensan la aniquilación de los colores» y me lleva a pensar en nuestros oídos como los ojos de la noche. ¿Qué pasaría si la imagen pasara a un segundo plano e intentáramos proyectar arquitectura desde estos ojos de la noche? Quizá saldrían a relucir los múltiples beneficios del silencio. Quizá tomarían más importancia las conversaciones y la música. Quizá surgiera una aplicación para escuchar espacios.

¿Escuchamos la arquitectura? Puede que hoy sea un buen día para empezar".  (Ana Mombiedro, Arquitectura del silencio en el blog de la Fundación Arquia). 


"El silencio de quien se recoge es un silencio metodológico -literalmente, "de un camino"- que busca "ver" mejor. Afinar los sentidos, básicamente abrirlos; estar en vigilia; hacer como si los ojos fuesen el oído y el oído los ojos; ¿es esta una actitud estéril, inferior a las ilusiones de la autorrealización?" . (Josep Maria Esquirol, La resistencia íntima). 


"Esa pintura sirve, ahora lo sé, para llegar a decir que eso que llaman arquitectura ya no interesa. Nos ha dejado de interesar. Nos ha agotado. Supongo que estamos ya un poco hartos de tanto ruido en imágenes y por eso la arquitectura se ha vuelto invisible cuando verdaderamente aparece. 

Por eso, si aun algo en esta disciplina puede resultar apasionante, si hay algo por lo que creo que merece la pena mantener el entusiasmo o la elevación es por eso que no se ve; es por eso que parece no importar, que cuesta hallar. (...) (A estas alturas cabe admirar de la Arquitectura lo que no es arquitectura. Poco interesa ya una columna, pero por un intercolumnio logrado uno estaría dispuesto a perder el sueño, como aquel Paolo Ucello)". (Santiago de Molina, Eso que no se ve, en su blog Múltiples estrategias de arquitectura). 


"Nouvel ha introducido en escena materiales que no existen: la transparencia, el reflejo, la imagen cinematográfica, la emoción, la indeterminación, el vértigo, el instante...
Cada día es más cierto su principal aserto: 'El futuro de la arquitectura no es arquitectónico'. (Javier Mozas, Rashomon. La triple verdad de la arquitectura). 


"Las habitaciones son en verdad ancianos 
sabedores de secretos  y de historias (...) 
que han ocultado tras las vidrieras oscuras, 
que han escondido tras los espejos". (Georges Rodenbach, Le règne du silence, citado por Alain Corbin en Historia del silencio). 


"Hoy, al llegar la edad del frío 
-la edad de valorar los libros leídos y las calles tranquilas-
la luz del patio cae con tristeza 
en cada ventanal. (...)
Un muro de palabras, no otra cosa, 
es lo que nos separa de la muerte
y, por tanto, escuchar, viejo Crusoe, 
es un regalo lleno de penumbra
y de razones del anochecer". (Joan Margarit, La oscura melancolía de Robinson Crusoe en Arquitecturas de la memoria). 


domingo, 21 de febrero de 2021

Escenarios para la vida (2)


Pues sí, estuve en la exposición Carme Pinós, escenarios para la vida del Museo ICO, que forma parte del Madrid Design Festival. La exposición es glosada con lineal esmero y meridiana claridad en sitios como este mismo (por poner solo un ejemplo) así que, si algo novedoso queremos aportar nos veremos obligados a ofrecer nuestro aparatoso enfoque, qué le vamos a hacer. 

Como ya habrás leído en la crítica que te enlazo, la exposición culmina con una sala en la planta superior del espacio expositivo en el que se ofrece una selección de volúmenes escogidos por la arquitecta catalana de entre su nutrida biblioteca (no esperes encontrar títulos sobre arquitectura, ni uno hay en tal selección). Se me ha ocurrido entreverar mis ocurrentes comentarios al hilo de algunos de los libros que allí vi, a ver qué tal: 

-El coleccionista apasionado (del historiador alemán Philipp Blom): Nuestro coleccionista apasionado no es aquí otro que Fernández-Galiano, que vuelve al museo madrileño por tercera vez tras comisariar también una exposición sobre Kéré en 2018 y otra anterior de nombre The Architect is Present sobre varios arquitectos, Kéré de nuevo entre ellos, unidos por una voluntad de llevar a cabo proyectos para países en desarrollo donde se buscaba trabajar directamente con los interesados en fructífero diálogo. Como en dichas exposiciones, don Luis no se contenta aquí con ofrecer un anónimo contenedor donde verter la obra en cuestión, sino que busca la inmersión del visitante en una suerte de experiencia fenomenológica de la que salga acaso trastocado. Así, en lo que podríamos llamar encuentros en la primera fase de la exposición nos topamos con tres salas "lacónicas", como las describe nuestro comisario, donde en su mismo centro, de forma un tanto teatral, se exponen las planeras que guardan ocho míticos proyectos que Pinós realizara junto a Miralles, del que fue pareja hasta que se separaron, profesional y vitalmente, en 1991. Pero hete aquí que cuando te acercas a abrir subrepticiamente las enormes cajoneras para ver los planos, resulta que topas, pardiez, con un candado que lo impide. Las planeras, cual cajas de Pandora, se mantienen cerradas a cal y canto por decisión de la arquitecta que quiere quizá dar así cerrojazo a una etapa de su vida crucial pero sobrevalorada. El tono elegíaco de las desoladas salas, empapeladas con enormes fotos en blanco y negro (no olvidemos también la prematura muerte de Miralles en 2000 a los 45 años), tienen su trasunto en el libro-catálogo editado por Arquitectura Viva en el que dichos ocho proyectos aparecen explicados en funerarias hojas de fondo negro con fotografías, de nuevo, en blanco y negro. El color por el contrario invade los ochenta proyectos propios de Pinós tanto en la exposición como en el catálogo, envuelto en una cubierta de apasionado rojo fuego con una tipografía como años 20 similar a la que puede verse en las torres Cube o en la web de la arquitecta. Queda también explicado el misterio del subtítulo de la exposición, 8+80. 

-Años de vértigo (también de P. Blom): Los comienzos en solitario de la arquitecta de Barcelona fueron duros, como ella misma comenta en la entrevista que le hace Izaskun Chinchilla en el catálogo, siendo sus encargos mexicanos el punto de inflexión que marcaría su reconocimiento. Lo cierto es que la primera de las torres Cube en Guadalajara, de la que puede verse una enorme maqueta, ocupa un espacio destacado en la muestra, como también lo hace el Caixafórum de Zaragoza o su triple intervención en la plaza barcelonesa de la Gardunya que ya mencionábamos en la entrada anterior. Toda su obra  independiente está expuesta en alegre algarabía en la segunda planta de la exposición donde se concentran los 80 proyectos en vertiginosa aglomeración al objeto de dejar patente su importante producción personal, a menudo ignorada tras la sombra de Miralles. A ese mismo fin se dirige la apabullante colección de fragmentos (las plantas de los 88 proyectos presentes en la exposición) que don Luis ha agavillado en una sola página del catálogo (en la foto de arriba) y que invitan, en involuntaria gamificación, a tratar de descubrir a qué proyecto corresponde cada planta. 

-El imitador de voces (de Thomas Bernhard, un libro tan abigarrado en sus 104 mini relatos como esta exposición): Mucho se podría hablar sobre la influencia de Miralles en la obra posterior de Pinós. La voz de Miralles está presente, nos atreveríamos a decir, en esa voluntad de desafiar la gravedad (aunque de forma menos acusada), de deconstruir con pasión, de romper sin miramientos la línea recta, bien con sinuousas curvas que recuerdan a Hadid o mediante quiebros abruptos que pueden parecerse incluso a Libeskind. Y sin embargo, Pinós comenta en un video presente en la exposición que su primer maestro es Moneo, atento al contexto como nadie; el prólogo del libro de la exposición se titula por cierto Arquitecturas del contexto, donde se incluye esta cita de la arquitecta: "La arquitectura construye paisaje o construye ciudad: no es una escultura. Con cada actuación urbana hemos de tener el propósito de hacer ciudad, el propósito de dignificar nuestro entorno. Cuando trabajo, considero que mi intervención se propone, en último término, mejorar, embellecer el contexto". Añadiríamos que Pinós muestra una voluntad de crear algo personal que se distingue claramente de lo que le rodea (y a veces, lo que hace sí me parece escultórico) lo cual en absoluto es incompatible con cuidar el contexto, de hecho al contexto (especialmente si es anodino), le viene muy bien una inyección de adrenalina arquitectónica (lo de monumentalizar la periferia de Bohigas), hasta Chinchilla en La ciudad de los cuidados nos recuerda el valor de lo distintivo en arquitectura: "La reciente preferencia por las arquitecturas abstractas y sin detalle y la criminalización del ornamento dejan al ciudadano sin la posibilidad de vincularse, precisamente, al distintivo que le hacía reconocer que un edificio tenía valor para la comunidad", por no hablar de lo útiles que son dichos edificios singulares para la orientación. El problema, como en todo, es el exceso, la famosa metástasis de iconos en palabras ahora de Fernández-Galiano. Sea como fuere la referencia a Moneo, quien respeta escrupulosamente el contexto y es alérgico (con honorosas excepciones) a la significación parece por tanto algo cogida por los pelos. O no. 

-La fractura (P. Blom): Lo cierto es hay un reciente trabajo de Moneo que podría recordar a Pinós en su afán por quebrantar. Portada del último Arquitectura Viva, dedicado al navarro, se trata de un edificio en Berlín justo entre dos potentes construcciones de Schinkel (una iglesia y la Bauakademie, derribada en los 90 y ahora a punto de reconstruirse) que se abren a una plaza. El arquitecto de Atocha fractura su habitual y cabal cubo en uno de sus lados para generar una segunda fachada que mirará a la replicada Akademie (evitando así darle la espalda, o, si lo prefieres en inglés, the cold shoulder, aquí de hecho más apropiado) y lo fragmenta por el otro (lo erosiona, en palabras del propio Moneo) en exquisita deferencia a la iglesia, extrayendo varias porciones (cúbicas, por supuesto) de los últimos pisos para que desde la plaza pueda verse mejor el lateral del templo. Además, desde abajo, el bloque da la sensación de quedar abruptamente seccionado en su parte superior, como si le faltara un remate en forma de tejado, acaso queriendo ceder todo el protagonismo a la iglesia, que culmina en dos esbeltas y elaboradas torres. Tanta elegancia abruma. Ahora que tantos ansían fracturar para dividir, destruír o medrar, observar fracturas que unen llama poderosamente la atención. Desde aquí hacemos un urgente llamamiento para moneizar el mundo. 

-La mujer sin sombra (Hugo von Hofmannsthal): Fernández-Galiano pretendía, como decíamos, dejar claro con su exposición que Pinós no está ya a la sombra de nadie y no es "una figura con luz prestada". Pues prueba conseguida.

domingo, 14 de febrero de 2021

Escenarios para la vida

 



"Reivindico que tenemos que tener una idea de ciudad. Cada época, de hecho, ha tenido su propia idea de ciudad. Hoy, sin embargo, cuando todo lo determina el mercado, parece que la ciudad consistiera simplemente en disponer de un parque de viviendas vendidas como si fueran pura mercancía; un conjunto de parcelas donde construir viviendas y calles para llegar a ellas. La idea de ciudad -que se construye casi siempre desde la idea del espacio público- parece que ha desparecido. (...) 

Si algo nos va a hacer cambiar el mundo -porque los depredadores siempre llevan la delantera- es el cambio climático. El ser humano parece que lo puede controlar todo, pero toda esa prepotencia puede ser frenada por la emergencia climática. Si la naturaleza no se manifiesta y frena, pone en su lugar al capitalismo depredador, nuestro destino es la perdición". (Carme Pinós entrevistada por Izaskun Chinchilla para el libro-catálogo de la exposición Carme Pinós, escenarios para la vida, en el Museo ICO. Foto: maqueta de la intervención de Pinós en la plaza de la Gardunya, Barcelona). 

domingo, 7 de febrero de 2021

Madrid, donde no se pondrá el sol

 


Madrid, donde no se pone el sol fue el lema del proyecto de Mansilla y Tuñón junto a Peralta del Amo que ganó el concurso de ideas para levantar un centro de convenciones junto a las cuatro torres de la Castellana. El diseño, verdaderamente impresionante, consistía en un enorme disco que, apoyado en su canto, pugnaba por ir de la capital al cielo junto a sus compañeras aunque se quedaba a mitad de camino que ellas (120 metros); sin duda habría sido el icono definitivo de la ciudad. Su lema, imperial y prepotente, propio de tiempos de vacas orondas y arquitectura espectáculo, aludía al hecho de que incluso por la noche, el enorme disco iluminado ejercería de sol replicante de una ciudad que ansiaba subir puestos en el competido ránking del turismo de congresos. Pero dicho sol nunca llegó siquiera a salir por mor de la aguda crisis financiera de 2008 que estallaría tan solo un año después de que el proyecto resultara vencedor. Hoy del proyecto no queda ya casi ni la memoria. Acaso el edificio Vela del complejo BBVA en Las Tablas a cargo de Herzog y de Meuron fuera homenaje/plagio al fabuloso disco que ya nunca tendremos (la primera entrada de este tu blog se refería a esa sospechosa coincidencia de diseños), aunque el edificio de los suizos -a lo mejor para disimular- no forma una circunferencia perfecta (discoide lo llama Moneo). 

Pero parece que Madrid va a tener una segunda oportunidad de poner en práctica el lema que inventaran Mansilla y Tuñón (ya hay fecha por cierto para la esperada apertura de su museo de Colecciones Reales: 2022). Resulta que la propuesta ganadora para renovar Azca (sí, al final ha sido la de Diller, Scofidio+Renfro junto a Fermín Vázquez y su estudio b720) va a incorporar un heliostato con espejos que en invierno reflejarán la luz del sol hacia lo más sombrío de la "gran pradera verde" en que van a convertirse los espacios duros que ahora conectan los diferentes edificios del complejo. Y aún hay más, en verano, cuando estemos en plena canícula, habrá una especie de umbráculo móvil en forma de (otro) disco (el Solar Tracking Disk) que irá desplazándose por el aire cual OVNI movido por cables, es lo que DS+R llaman la Solar Symphony. Estos juguetes kinéticos nos recuerdan a The Shed y a Calatrava, confiemos no acaben como su cercana columna-obelisco de la Plaza de Castilla, cubierta por "costillas" diseñadas para bascular gracias a un complejo mecanismo que apenas se pone en funcionamiento por lo costoso que resulta. Por lo demás, dicha "alfombra urbana" incorporará cursos de agua, un auditorio, cafeterías, biblioteca, huertos urbanos y demás atractivos equipamientos. Rénders y videos aquí. 

En fin, seamos postivos. Parece el proyecto más original y trabajado de los presentados al concurso dirigido por Martha Thorne y Édgar González (al que todos recordamos por su veterano blog), y es indudable la necesidad de convertir un espacio hasta ahora regido por el principio de actuación (los negocios, la productividad, la creación de riqueza) por otro regido por el principio de realidad (que abarca otros muchos factores que inciden, afortunadamente, en nuestras vidas), como señala Marcuse en El hombre unidimensional. Es precisamente esa ciudad multidimensional la que Izaskun Chinchilla defiende en La ciudad de los cuidados, donde podemos hallar citas tan reveladoras como esta: "Si el mercado ha vuelto a los hombres unidimensionales porque encamina la comprensión de la realidad a la satisfacción de la acción mercantil, las mujeres han mantenido su comprensión multidimensional de la realidad, en parte porque muchas de las cosas que se les encomiendan se regalan, se dan sin valor de mercado. No solo cuidamos a las y los demás sin esperar compensación  económica , sino que lo hacemos o esperamos hacerlo sin la vigilancia de una regulación institucional. (...) Para mí, no cabe ninguna duda de que una de las cosas que nos ha preservado de que el principio de actuación rija completamente sobre nuestro entendimiento es que seguimos siendo, en gran medida, las encargadas de los cuidados. En el mundo de los cuidados, las caricias, los miedos, el cuerpo, las sensaciones físicas y los fantasmas de cosas que no son prácticas para el mundo laboral, pero nos aterran o animan, constituyen en realidad la base de nuestras formas de socialización y el principio de nuestras relaciones más significativas". Chinchilla defiende la creación de píxeles de naturaleza en la ciudad que sirvan de lúdica válvula de escape: "Hagamos algunas cuentas: nuestros niños y niñas tienen unos 190 días sin colegio al año, de los cuales unos 104 suelen coincidir con fines de semana. Esto implica que hay 86 días al año que no son fines de semana y en los que las y los niños no van al colegio. ¿Están nuestras ciudades tan preparadas para esta situación como lo están para para celebrar importantes congresos de dos o tres días de duración, recibir a mandatarios internacionales o celebrar el Día de las Fuerzas Armadas? ¿Emplean nuestras ciudades muchos más recursos en estos últimos eventos citados que en promocionar el desarrollo integral en la infancia y el bienestar de las y los cuidadores? ¿Genera esto un modelo social? ¿Somos conscientes de haberlo elegido?". 

No hemos elegido la actuación de Renazca que, no nos llamemos a engaño, busca la revitalización de una zona de negocios que va a quedar oscurecida por el macroproyecto de Castellana Norte, pero al menos Elizabeth Diller y sus socios van a ofrecer a la ciudad un atractivo espacio de ocio donde descansar de los tráfagos y fatigas diarios. Bienvenido sea.