sábado, 28 de noviembre de 2015

White Saturday


"El color blanco en la Arquitectura, más claramente aun que en la Pintura, es algo más, mucho más, que una mera abstracción. Es una base firme y segura, eficaz, para resolver problemas de Luz: para atraparla, para reflejarla, para hacerla incidir, para hacerla resbalar. Y controlada la Luz e iluminados los blancos planos que lo conforman, el espacio queda controlado. ¿Y cuál es la magia de la Arquitectura sino este poner en prodigiosa relación al hombre y al espacio a través de la Luz? (...) El color blanco es el símbolo de lo perenne, lo universal en el espacio y lo eterno en el tiempo. Y el tiempo, siempre acaba volviendo blancos los cabellos, y la Arquitectura. 
¿No es el blanco como la música callada frente al fragor de la superficialidad que nos acosa? Silencio ante tanto ruido atronador. Desnudez ante tanto ornamento sin sentido. Rectitud ante tanta oblicuidad inútil. Sencillez ante tanta complicación. Ausencia presente ante tanta presencia vacía". (Alberto Campo Baeza, La idea construída).

Fotos: Museo arqueológico de Praça Nova do Castelo de São Jorge en Lisboa, de Carrilho da Graça. Más aquí.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Enseñar el espacio


Así que lo del aula sin muros ya lo había inventado Gropius.


"La arquitectura es una parte muy importante de la sociedad, pero es la menos articulada de todas. Es muy extraño, todos vamos a la escuela, aprendemos a contar, aprendemos lengua, aprendemos geografía...y todos vivimos en edificios, pero apenas hay enseñanza sobre el espacio ni sobre cómo expresar nuestra experiencia dentro de ese espacio. Todo el mundo reacciona ante los edificios y se ve afectado por ellos, pero no son capaces de articular esas reacciones. Es una cuestión mucho mayor, en realidad. Creo que todas las personas deberían ser educadas en materia arquitectónica. Sería mucho mejor, habría mejores clientes, habría mejores alcaldes, todo el mundo sería mejor". (Entrevista a William J.R. Curtis en Jot Down).

sábado, 14 de noviembre de 2015

Malos humos

May the Force be with you, Manuela


"Muy en su papel de abuela entrañable, envuelta en un aroma a galleta recién horneada, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se permite el lujo de cometer algunos deslices encantadores.(...) El protocolo anticontaminación no es perfecto, pero obedece a principios muy razonables. No es tanto el plan, básicamente una perogrullada (si los motores de combustión agravan la contaminación durante periodos climáticos específicos, lo lógico es reducir el tráfico), cuanto que cualquier solución de emergencia necesita ser probada en tiempo real y con actores de carne y hueso. Y este es el asunto de importancia que se está ventilando en Madrid.

Ninguna ciudad está preparada para pasar de un marco de libertad absoluta de circulación (defendida sañudamente por el PP, a pesar de que obliga a los madrileños a respirar un aire sucio y peligroso para la salud) a un escenario de tráfico limitado en función de la calidad del aire. (...) Sólo la práctica perfecciona las medidas de emergencia.

Desde esta perspectiva, la virulencia de quienes acusan al Ayuntamiento de imprevisión, falta de recursos y conducta atropellada carece de justificación. Los argumentos son defendibles, pero carecen de relevancia ante el hecho incontrovertible de que las situaciones excepcionales exigen respuestas políticas rápidas. Mientras Botella preparó un plan con la intención expresa de no aplicarlo (no se prestó atención a las mediciones de partículas y se cambiaron de sitio las estaciones cuando los resultados eran comprometedores), el concejo de Carmena ha entendido que la virtualidad del plan consiste en demostrar que puede aplicarse." (Jesús Mota, La perfección nace de la práctica, piensa Carmena en El País de hoy).

domingo, 8 de noviembre de 2015

Abogados del diablo


El New York Times ha pedido a varios arquitectos de prestigio que defiendan un edificio maldito. Te cuento lo que ha salido.



El edificio más odiado de París es sin duda la Torre Montparnasse. Finalizada en 1973 fue tan aborrecida por su absoluta desproporción y desconexión (con perdón) respecto al skyline parisino que generó una normativa urbanística específica impidiendo que se pudiera volver a levantar semejante cosa en la Ciudad de la Luz. Pues viene Daniel Libeskind, abogado de causas perdidas (ver NYC) y la defiende (Viñoly también lo podría haber hecho): "Los parisinos quedaron aterrorizados cuando la vieron, y cuando abandonaron la torre también abandonaron la idea de una ciudad sostenible de alta densidad.(...) Los parisinos reaccionaron estéticamente, como son tan proclives a hacer, pero no consideraron las consecuencias de lo que significa ser una ciudad vital y viva frente a una ciudad museo. (...) No es una coincidencia que la gente vaya a Londres no en busca de trabajo sino por el espacio disponible. Ninguna compañía joven se puede permitir París". Pues tiene su parte de razón. Y es que los rascacielos son necesarios, incluso allí, como prueba el hecho de que hayan tenido que llevarlos a esa especie de parque temático-arquitectónico que es La Défense (que administrativamente no pertenece a París), un agobiante zoo de cristal donde lucen en descomunal  freak parade.


Zaha Hadid ejerce su particular defensa de un inmueble que no te podrías esperar: el edificio de gobierno del condado de Orange en Goshen (Nueva York) de Paul Rudolph. La arquitecta de la curva y las formas fluidas se descuelga apoyando un edificio rectilíneo, entrecortado y seco que quizá debería haber encontrado un apoyo más lógico en Ando, Siza o Souto de Moura. Pero no, ahí tenemos a la anglo-iraquí defendiendo al autor de la no menos maldita Facultad de arquitectura de Yale (de la que era a la sazón decano cuando se autocontrató; el incendio que dejó al edificio muy tocado un par de años después de su inauguración habría sido provocado, según el obituario que del arquitecto hizo el propio NYT, por unos alumnos de la facultad...), veamos lo que dice Zaha: "Hoy en día la gente piensa que los edificios públicos deberían ser más floridos, pero estos eran tiempos [los 60] en los que la gente hacía proyectos duros. (...) El trabajo de Rudolph es puro, pero la belleza está en su austeridad. No hay añadidos para hacerlo educado o bonito. Es lo que es" (vaya, como Gloria Gaynor). A Zaha y Rudolph al final les une su divismo autista y su inquebrantable determinación. Fíjate en la siguiente perla del americano: "Puede que Gropius se equivocara al creer que la arquitectura es un arte cooperativo. Los arquitectos nunca estuvieron hechos para trabajar juntos. La obra es tuya o es de otro" (en Norman Foster de Deyan Sudjic).


Por cierto que Foster, alumno de Rudolph, también está presente en el artículo que nos convoca hoy. Su defendido, bastante desconocido, es el aeropuerto Tempelhof de Berlín. Fue levantado por el arquitecto Ernst Sagebiel, discípulo de Mendelsohn, que acabaría convirtiéndose en un arquitecto del régimen nazi. El aeropuerto, que fue clausurado en 2008 y reconvertido en parque y equipamiento cultural, lleva además el estigma de haber sido vecino de un campo de concentración. Foster habla de una arquitectura heroica, pero no en un sentido pomposo o vacuo sino como capaz de levantar el espíritu. "Los monumentos, si investigas su ascendencia, pueden revelar cosas inquietantes sobre el pasado. Sin embargo, tienen cualidades duraderas que, consideradas desde sus propios méritos, son quizá un ejemplo para nosotros". Una elección polémica la del Lord, pero no olvidemos que lidió con ese mismo fantasma para su reforma del Reichstag con notable éxito.



Vincent van Duysen, que he de reconocer que no conocía de nada, elige el Pompidou de Rogers y Piano. Hoy en día es una atracción turística de primer orden en París, pero en el momento de su inauguración (1977), su agresiva apariencia fabril supuso toda una conmoción para los parisinos. Como dice Duysen, "la arquitectura entonces necesitaba hacer cosas de manera diferente, como un shock. El shock libera muchas emociones y percepciones". Ya te digo. Vangelis, que por aquel entonces vivía en París, compuso un album dedicado al edificio (Beaubourg) que no hay por dónde cogerlo, a ver si lo aguantas más de un minuto. A un nivel más instinto básico, una vecina que reconoció a Rogers le soltó un paraguazo en toda la cabeza. Por cierto que Rogers, genio y figura (y también alumno de Rudolph), sigue hoy en día provocando parecidas emociones. Según cuenta Vladimir Belogolovsky en Conversations with Architects, una señora (igual era la misma) señalaba alarmada al Leadenhall (Rallador de queso para los amigos) de Londres, diciendo que era peligroso que la gente pasara cerca de un edificio en construcción, cuando la torre ya estaba acabada.

Apadrina un edificio maldito. Qué culpa tiene él. 

domingo, 1 de noviembre de 2015

El museo ciego


Volvemos a Lisboa

  Asistimos hoy en día a una fiebre por reconvertir antiguas fábricas en museos, aquí hemos recogido unos cuantos, pero no te pienses que es nada nuevo. Uno de los ejemplos más curiosos está en Lisboa, donde se inauguraba en 2008 el Museu y Fundação de Oriente fruto de la rehabilitación nada menos que de un almacén de bacalao a cargo del estudio de Carrilho da Graça, seguramente el más rectilíneo de los arquitectos portugueses, título que tiene especial valor si tenemos en cuenta lo que les va el paralelepípedo puro y duro a la mayoría de sus colegas y compatriotas (a veces pienso, ya lo he dicho alguna vez, si no será por reacción a la desmesurada artificiosidad del estilo manuelino).


Carrilho da Graça, que trabajó aquí junto al arquitecto Rui Francisco, tuvo que enfrentarse a no pocos problemas, empezando por el tufo a bacalao que, según reconoce el arquitecto al frente del proyecto (Francisco Freire), les hizo dudar seriamente sobre la viabilidad de la obra. Y eso que el edificio, que se construyó expresamente como almacén para pescado, llevaba cerrado desde 1992. Junto a ello, y a pesar de su poco glamuroso uso, resulta que se trataba de un edificio protegido, levantado por João Simões Antunes al inicio de los años 40 en la estela del Movimiento Moderno. Tenía hasta nombre, que ya es raro para un mero almacén, Edifício Pedro Álvares Cabral, y no uno cualquiera (aparte de premonitorio): Cabral fue un importante explorador luso que descubriría Brasil en un viaje allá por 1500 que tenía por destino la India (el edificio además se encuentra en la zona portuaria de Lisboa, así que todo encaja).



El caso es que convertir un almacén de pescado con pedigrí en museo no fue fácil. Los techos tenían poca altura y las fachadas eran ciegas (y no se podía modificar por tratarse como digo de un Monumento de Interesse Público), pero al cabo la modélica rehabilitación, haciendo de la necesidad virtud (no hay nada como las limitaciones para fomentar la creatividad, ya lo dice, entre otros, Aravena: Sin reglas no hay libertad) ha reconvertido el contenedor lecorbuseriano en recinto mágico donde se explota la oscuridad (en algunos momentos excesiva) para dar mayor realce a las magníficas obras expuestas. Se ubica a la vera de la Avenida de Brasilia, que comunica el centro de Lisboa con Belém, una vía rápida que está atrayendo variopintos e interesantes museos como el de carruajes, la electricidad o el que ocupó la entrada de hoy.


domingo, 25 de octubre de 2015

La edad de la inocencia

El Veles e Vents de Valencia en la exposición Essentials del Museo ICO

-Cuando comenzó, en plena efervescencia del estilo high tech, ante Foster, Rogers o Piano ya defendía una arquitectura de la sustancia. A ellos les interesaban las máquinas y a usted la tierra.
-Sí, prefiero excavar que aterrizar. Pero fue una elección generacional. Me formé en los setenta, cuando el interés por la historia había regresado. Vivíamos una crisis económica. Había poco trabajo y, consecuentemente, mucho diálogo. Eso dio lugar a teorías que reconsideraban la relación entre la ciudad y la sociedad.(...)

-¿Dónde queda la identidad de los lugares?
-En palabrería. Muchos edificios no se construyen para habitarlos, sino para que su valor aumente. Vivimos un momento tóxico y las ciudades no están reaccionando a esa globalización porque trae dinero y empleo.(...)

El Jumex
-Ha recibido el Premio Imperiale, el Mies van der Rohe, el Tessenow, pero el Pritzker se le resiste.
-Tener el Pritzker no me quita el sueño. La vida me ha dado más de lo que nunca imaginé. Ahora disfruto de que no sea fácil clasificarme [!]. Eso hace que los aquitectos mexicanos consideren mi museo Jumex un edificio mexicano y estén orgullosos de él. Me dicen que he demostrado que se puede hacer buena arquitectura con los medios que sea.

-Lamentablemente, ese no ha sido siempre el caso en España. Su inmueble Veles y Vents de Valencia se cae a trozos.
-Se hizo en un momento difícil. La arquitectura se utilizó allí para una marca.

-Usted jugó a ese juego.
-Es el edificio más extravagante que hemos hecho, el más gestual. Pero estaba allí, junto al mar, y necesitaba más energía que los edificios inscritos en la ciudad. Nunca supimos lo que pasaría con él, lo íbamos diseñando mientras lo construíamos, el objetivo no era el futuro, sino la inauguración.

-¿Se arrepiente de haber trabajado así?
-No. No somos adivinos. Como arquitecto, es importante mantener la inocencia y el optimismo; aunque al envejecer te hagas más cauto, debes mantener el optimismo si quieres construir."

("Hoy se constryen edificios que son solo depósitos de dinero", entrevista de Anatxu Zabalbeascoa a David Chipperfield para El País).


Sir David, el arquitecto fiel, en el Neues: "Creo que cuando eres un visitante debes ser respetuoso"

domingo, 18 de octubre de 2015

Extrañas parejas

Otra fábrica para el arte
Damien Hirst, el ex infant terrible de la escena artística inglesa reconvertido en miembro respetable del establishment artístico acaba de cumplir los 50. Y se nota. El genio efervescente y provocador famoso por meter en formol todo lo que se mueve  o recubrir cráneos con joyas (entre otras muchas irreproducibles excentricidades) admite estar perdiendo su "grip", que vendría a ser algo así como que ya se le está gripando el motor (y/o la pinza). Y fíjate la galería que ha abierto en Londres, pero por favor, si parece de Chipperfield. Es de Caruso St John, un estudio que tras una fachada (nunca mejor dicho) de exacta sobriedad (hay quien los compara con Loos y Asplund nada menos) esconden una retranca de aquí te espero. En su remodelación de la Tate Britain de hace un par de años, le endosaron aparte de una nueva entrada esta pedazo escalera que (según Wainwright) parece sacada de un centro comercial de Dubai. El remolino op art (sigo citando al crítico de The Guardian) vendría a coronar  la rehabilitación de un edificio erigido en 1897 para conmemorar el "jubileo de diamante" (60 aniversario) del reinado de Victoria. Según el propio estudio, liderado por Adam Caruso y Peter St John, se ha querido realzar dicho evento "sin perder un cierto punto irónico". Y que lo digas. Vamos que son un poco como los Gilbert and George de la arquitectura británica. En la galería de Hirst, otra remodelación aunque esta vez más pedestre (era un antiguo taller de elaboracion de escenarios teatrales), también se introducen toques juguetones: así, una magnífica escalera ovoidal que ha dado mucho que hablar y el típico techo industrial en sierra que ha sido retocado para que cada pico tenga progresivamente más inclinación, como si fueran a caerse uno sobre el otro cual castillo de naipes.Wainwright acaba su crítica saludando con efusión el nuevo edificio: "En el contexto del despendolado Dubai del Támesis, este discreto centinela es un recién llegado bienvenido, un modelo de cuidadoso oficio a cargo de uno de los mejores estudios hoy en día del Reino Unido".

Dejamos en paz a la pareja Caruso St John pero no a Hirst.Y es que recuerdo que he visto una de sus obras en el último número que AV Monografías dedica a Koolhaas. De nombre Lost Love, es lo que parece una consulta médica embutida, cómo no, en un enorme acuario. Está expuesta en la Fundación Prada del holandés (Dios los cría y ellos se juntan). La monografía, histórica teniendo en cuenta que la revista llevaba veinte años postergando un número dedicado en exclusiva a Koolhaas, dado, supongo, lo inasible del personaje, es una mina de anécdotas y chispeantes artículos sobre el holandés errático a cargo de Fernández-Galiano que me han aliviado más de una noche de insomnio y amnesia. Desconocíamos la peculiar (y a veces tronchante) relación de una pareja que no podría ser más oximorónica: la del arquitecto caótico, iconoclasta, cínico y ciclónico y el profesor racional, ordenado y riguroso, celoso guardián de las esencias arquitectónicas. Don Luis, en sucesivos artículos para El País reunidos para la ocasión, mete cada viaje al holandés con esa potencia semántica que Dios le ha dado que deja al autor de S, M, X, XL mirando a Cuenca, o en su defecto a Rotterdam. Mi favorito es Vanguardia de Gomaespuma, un artículo de 2004 en el que don Luis relata con indisimulado (y desternillante) horror cómo Rem ha convertido la  Nationalgalerie de Mies en bizarro bazar para una exposición-performance de irónico nombre Content. Y eso no es lo peor, en otro artículo Fernández-Galiano le compara ni más ni menos que a Bin-Laden por la mezcla de fascinación y rechazo que salvando las insalvables distancias ambos personajes provocan. Rem se quejaría amargamente de dicho emparejamiento a su vez en otro artículo, tras el que don Luis, ya por carta, le transmitiría una peculiar disculpa diciendo que su comentario en el fondo quería ser elogioso (pobre Rem. No hace mucho Perrault le llamaba anticristo. Ser un tocanarices profesional es lo que tiene). El caso es que luego no había animadversión entre ellos: Galiano le invitó a actos en España y Koolhaas le ofreció escribir un artículo para el libro Content (que surgiría a partir de la exposición berlinesa), y que se llamaría, como no podía ser de otra manera, El destino de la mariposa: elogio del oxímoron (reproducido en AV), en el que se da cuenta del fallido proyecto (el hotel Astor Place) que otra pareja imposible, Rem y Herzog y De Meuron (trío en realidad) intentaron llevar a cabo. El destino de la mariposa al que se refiere el título consiste en acabar pinchada en un tablero, metáfora del inmovilismo que probablemente provocó la falta de entendimiento entre sendos egos del tamaño de Koolhaas y H&dM.

Aparte de los textos, la monografía viene, claro está, ilustrada con fotografías de los proyectos del holandés de los últimos 15 años. En su mayoría son espectaculares, y algunos de ellos, teniendo en cuenta lo irónico y provocador de su autor, dan que pensar. Esos bloques fragmentados del De Rotterdam, montados unos sobre otros en difícil equilibrio ¿no harán referencia a la progresiva desunión europea? Y esa descomunal marquesina de la bolsa de Shenzen, a mí que no me digan, tiene que tener un significado: ¿No  estará representando arquitectónicamente la brutal separación entre el pueblo llano y las élites chinas? Y qué me dices de la embajada holandesa en Berlín, recorrida por una cicatriz cristalina que quizá nos esté recordando el pasado de la ciudad tanto tiempo dividida. Acaso la arquitectura artística de estos genios de ego mayúsculo, al igual que el arte moderno más aparentemente absurdo como el de Hirst, al final sirvan para provocar en nosotros una suerte de ictus tras el que, recolocadas nuestras impactadas neuronas, volvamos a la vida lesionados pero renovados con nuevas perspectivas. Vamos, que nos liberemos del alfiler y volvamos a volar. A lo mejor deberíamos llevar a Rajoy y a Mas (otra pareja infeliz) de las orejas a ver una exposición de Hirst. "El arte es un territorio que permite hacer convivir las contradicciones de la enunciación cuando nos rebelamos frente al estereotipo. Y lo hace no para reiterar una verdad, sino para hacer visibles las formas en las que el poder gestiona sus ideas de verdad. Devolviendo al sujeto la posibilidad de preguntarse y pensar por sí mismo, es decir, tratándolo como 'sujeto'". (Remedios Zafra, Ilusionarnos con lo común).

domingo, 11 de octubre de 2015

Ibaeta


 

En la penúltima entrada planteábamos un doble reto arquitectónico: ¿Cuáles de las fotos que habíamos subido como pertenecientes a la Fundación Champalimaud no pertenecían a realidad a dicho edificio? y ya puestos, ¿de qué edificio eran? Pues al fin desvelamos el misterio. Son la quinta y la octava las que se colaron donde no debían. No es por nada pero bastaba con trabajarse un poco la octava fotografía como hacía Deckard en Blade Runner para averiguar que se trataba del Centro Carlos Santamaría del campus donostiarra de la UPV, diseñado por el estudio local JAAM. Subo a continuación otras fotografías del Musikene (el Centro Superior de Música del País Vasco), en el mismo campus de Ibaeta, equipamiento a cargo de GAZ Arkitektoak previsto para inaugurarse el presente curso pero paralizado al producirse varios derrumbes en el interior del edificio. Su color, negro y dorado, está inspirado en los pianos de cola.

domingo, 4 de octubre de 2015

Ruinas


Es curioso cómo la arquitectura se infiltra en nuestras vidas sin que apenas percibamos cómo nos acaba afectando. Desde la acristalada caja de escalera de la fachada norte del hospital madrileño Ramón y Cajal, se observa una fábrica anodina de un color grisáceo que acaba convirtiéndose en compañera fiel de los que buscan allí algo de intimidad (tan mal protegida en los hospitales) cuando se hace difícil "descifrar la realidad del mundo con la pupila seca" (Fernández-Galiano). Al cabo de los días alguno caerá en la cuenta de que se trata de la Fábrica de Clesa, de Alejandro de la Sota nada menos, que fue noticia no hace muchos meses al plantearse el ayuntamiento su demolición por tratarse de un edificio en desuso convertido ya en ruina moderna. Siendo una obra, aunque menor, de un arquitecto tan insigne, no pocos pusieron el grito en el cielo (especialmente la fundación del arquitecto gallego) y recientemente se ha decidido rehabilitarla y darle una nueva vida. Desde lo alto del hospital encontrarás metáforas esperanzadoras en la recuperación in extremis de la desahuciada fábrica.

Y qué decir de la arquitectura del Piramidón, como en tiempos se conocía popularmente al mastodóntico Ramón y Cajal. Acongojan ya desde fuera sus exagerados volúmenes y por dentro su laberíntica distribución desorienta al más dispuesto. Perdido sin remedio en sus interminables pasillos en  momentos en los que precisamente lo que más se necesita es sentirse arropado y orientado, te darás cuenta de lo que vale un arquitecto. Algún alma caritativa, consciente del sindiós, ha dispuesto planos del edificio por doquier y una colorida señalética en el suelo que indica con descomunales flechas cómo llegar a distintas zonas del mastodonte. El hospital, convertido en centro de referencia de enfermedades neurológicas (con excelentes profesionales) se convierte así, como la fábrica, en otra interesante metáfora arquitectónica, esta vez de los intrincados entresijos de nuestro cerebro. 

Piranesi, según Linazasoro, afirmaba que "la ruina es la condición mediante la cual la arquitectura se manifiesta según su verdadera identidad". Lo mismo podría decirse del ser humano. Al igual que la arquitectura permanece a través de la propia ruina conservando la "memoria del orden", devenimos más humanos cuando la enfermedad deja al descubierto nuestra desconcertante fragilidad.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Fundação Champalimaud (Charles Correa)


La sombra de Kahn es alargada...

¿Perdona? ¿Que alguna foto no te cuadra? Pero qué me estás contando, ¿tú crees que este blog, que aspira a la excelencia sin concesiones, iba a cometer error tan burdo? De todas formas, para que veas mi talante conciliador, y sin que sirva de precedente, voy a comprobarlo.
Arrea, pues tenías razón. Nadie es perfecto. Oye, ya puestos, a ver si adivinas qué fotos son las que no corresponden a la Fundación y de qué edificio se trata. Seguro que como eres tan listo lo adivinas.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Londres, out of joint.


Se veía venir. ¿Te gusta la Trance Music? A mí sí, sobre todo en septiembre. Prueba este otro tema, también de Chicane, a ver si le pillas el gusto.




sábado, 29 de agosto de 2015

Esclavos cardíacos de las estrellas




"(...) ¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre
el que no ha nacido para eso;
seré siempre
el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.

¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.(...).
(Fernando Pessoa, Tabaquería).

lunes, 24 de agosto de 2015

Museu Nacional dos Coches (Paulo Mendes da Rocha)





“-¿Por qué cree que no es posible enseñar arquitectura?
-Cada proyecto es una emergencia. Tienes que ir allí y ver qué es necesario hacer. Sólo puedes enseñar a los arquitectos a pensar dotándoles de conocimiento y destrezas.


 


 -¿Da usted clases?
-Soy ya demasiado mayor. Hay una ley en Brasil, sólo se puede enseñar hasta la edad de 70. 




-Es una lástima, los más sabios no pueden enseñar.
-Solía enseñar en el año final de estudio de diseño. No solía tratar de influir a mis alumnos demasiado porque eran casi ya arquitectos profesionales. Desde luego, piensan que lo saben todo, la verdad es que nadie sabe nada. Pero un buen profesor tiene que actuar como si supiera. La confianza es muy importante, no sólo el conocimiento. Cada problema requiere razonamiento, no soluciones preconcebidas. Sabes que no sabes, pero hay una urgencia de hacer algo. Tienes que descubrir el conocimiento, ésa es la clave”. 



 

(Paulo Mendes da Rocha entrevistado por Vladimir Belogolovsky en Conversations with Architects).